El druida y el hechicero
Sucedió una semana después, a la luz de un sol naciente sobre el pueblo de Ealdor.
Mordred y Hunith estaban preparando el desayuno, puesto que durante ese mes habían desarrollado una pequeña rutina. Ella, que comenzaba a amarlo como si fuera su propio hijo, se sentía reconfortada de ver que el niño, aunque era callado, parecía ser feliz. Así mismo, a Mordred le agradaba muchísimo su nueva vida, porque él nunca había tenido una madre y Hunith no tenía problema en adoptar ese papel.
Ambos saldrían a checar los nabos después y hablaban sobre eso cuando el niño miró hacia la puerta; fue como sentir la llegada de la primavera, pues un viento cálido sopló en el pueblo y le de llenó la sensación más dulce. Abandonó la casa en una carrera que Hunith encontró intrigante pero adorable y, justo cuando se asomó a la puerta, vio que corría a toda prisa por el sendero hacia la figura alta que apenas alcanzaba a ver.
Ella se sintió muy feliz aunque —como toda madre—, preocupada de que su hijo estuviera allí, porque solo podía significar una cosa. Sin embargo, Merlín no parecía estar huyendo en absoluto y les dijo que había ido para quedarse con ellos, porque su trabajo con el rey estaba terminado y solo quedaba esperar. Hunith no pudo negarse y Mordred nunca estuvo más feliz en toda su corta vida.
Pasaron el verano atendiendo animales y aprendiendo sobre sanación; ambos incluso practicaron magia de los libros de hechizos de Gaius. Resultó que, tal como Hunith había dicho, en Ealdor eran más receptivos con la magia y cuando supieron que Mordred la tenía, por salvar a una pequeña niña de una rama que se quebró unos días después de llegar, le aceptaron de la mejor forma posible.
A nadie le molestó que Merlín y Mordred pudieran hacer crecer las plantas o remover grandes trozos de tierra, tampoco que ahuyentaran a los bandidos sin que estos supieran que sucedió. Ambos fueron el secreto mejor guardado de Ealdor por común acuerdo, porque ninguno podía olvidar que Merlín llegó para auxiliarlos en un momento terrible, llevando ayuda desde el otro reino; con su ayuda, el pequeño pueblo tuvo una gran cosecha.
Y así vivieron durante un tiempo, en la tranquilidad y la rutina. Después de Camelot, el descanso fue más que bienvenido.
Durante ese tiempo, las noticias de Camelot eran relativamente constantes, enviadas por Gaius mediante el cuervo, al que nombraron Budín, ya que le gustaba mucho. Al parecer, el rey estaba demasiado callado y el reino seguía prosperando.
La primera noticia importante llegó a la siguiente primavera, después de un invierno helado.
Mi querida familia:
Tengo noticias impresionantes: la princesa Morgana decidió revelarle al rey que tiene magia.
Al parecer, una niña que ayudé a salvar hace mucho tiempo atrás, y que es su media hermana, volvió a Camelot para conocerla. Ella también tiene magia y llevan algún tiempo en contacto. Yo sospechaba de sus dones desde que era niña, pero con Uther acechando decidí no mencionarlo.
El rey aún no puede creerlo y ha pedido mi consejo sobre lo que debería hacer. Me es grato decirles que tal vez haya un análisis de la prohibición con el concejo, pero aún no estoy muy seguro del resultado. Espero todo esté yendo muy bien, me hizo muy feliz leer su carta pasada.
¡Que Mordred siga comiendo sus verduras!
Con amor, Gaius.
Fue esa misma primavera cuando un grupo de druidas acudió para presentar sus respetos y compartir sus conocimientos al gran guía y ofrecieron a Merlín y Mordred la oportunidad de acompañarlos en un viaje de procesión para el solsticio de verano al gran Nemeton. Allí, Mordred convivió de nuevo con su gente y sus tradiciones, compartiendo con Merlín lo poco que conocía.
Sin saberlo, aquel viaje daría comienzo a una gran aventura.
A su regreso, se encontraron con que el padre de Merlín había resucitado de entre los muertos, lo que en este caso se traduce a: fue visitado por Kilgharrah e informado de que, sorprendentemente, tenía un hijo. Merlín lloró como nunca en su vida y, aunque tardó un poquito, consiguió aceptar a su padre por completo. Ambos recuperaron el tiempo perdido; Balinor habló a su primogénito sobre su herencia y conocimientos. Le platicó del mundo que él recorrió cuando era joven y de las maravillas que vio, sobre su familia y sobre los dragones.
Vivieron en Ealdor poco más de un año como una familia feliz y, tras pensarlo por mucho tiempo, tomaron las bolsas de viaje y se despidieron de Hunith y Balinor para recorrer el mundo juntos.
La siguiente noticia de Camelot les llegó cuando estaban a orillas del mar, en un reino aterrorizado mayormente por piratas. El rey había declarado que los druidas y los usuarios mágicos podían vivir libremente en las tierras de Camelot si no hacían uso de la magia. Para entonces Mordred tenía catorce años y había dado un estirón impresionante, aunque todo el que los conocía seguía pensando que eran hermanos.
Pasó mucho tiempo antes de se dieran cuenta de que Merlín no envejecía como todos los demás, porque allí dónde Mordred se hacía más alto, más grueso y más fuerte, el brujo permanecía casi igual.
Como viajeros, Merlín y Mordred conocieron tierras imposibles. Y aunque Kilgharrah pensaba que era el último de su especie, Merlín descubrió en lejanas tierras que no era así. Los había de todo tipo, desde dragones orientales hasta dragones de hielo, a los cuales descubrió en una tierra fría donde casi nunca salía el sol.
Cruzaban a través de un gran desierto cuando la noticia tardía llegó; el corazón de ambos se llenó de regocijo y esa noche se miraron, con los ojos más brillantes que un hombre puede tener. La magia estaba permitida en Camelot y todas las personas serían juzgadas por sus actos y no por su origen o su religión.
Pero eso no detuvo su viaje.
Hubo muchas aventuras después; por ejemplo, cuando Mordred cumplió dieciséis, una sirena intentó robarlo. Merlín, a quien por supuesto que no le hizo gracia, terminó iniciando una guerra con los Merds y no pudo pisar de nuevo el reino de la Atlántida.
Hay quienes dicen que llegaron a conocer el fin del mundo.
Merlín y Mordred pisaron Ealdor un día, casi cinco años después. Hunith y Balinor los vieron desmontar, vistiendo ropas extrañas y con magia cruda brillando en sus ojos. Ellos contaron historias de criaturas extraordinarias, pueblos mágicos en mitad de la nada y castillos blancos que brillaban al sol cual cristal, donde la magia era venerada y practicada. Hablaron de selvas y pantanos, de ciudades bajo tierra e incrustadas en montañas.
Y cuando Hunith les dio la noticia de que la reina Guinevere dio a luz a un heredero, Merlín decidió que era tiempo de volver a donde todo comenzó.
Camelot jamás había sido tan próspero y diverso como la segunda vez que ambos lo pisaron. El pueblo bajo bullía de vida, mientras los puestos eran adornados con magia. Por todos lados, las personas sonreían y se respiraba un aire de dicha, tal como Hunith lo había descrito un día muy lejano.
La noticia de que el gran mago Emrys llegaba a Camelot de nuevo fue motivo de alboroto y celebración, pues con él fue que la era dorada había iniciado. Todo el mundo conocía la historia. La ciudadela se adornó de flores y listones de colores; y cuando Merlín entró a su viejo hogar, vio al gran rey con una sonrisa de bienvenida para su amigo y antiguo sirviente. A su lado, Gwen lloraba lágrimas de alegría, un bebé regordete en sus brazos.
La sorpresa fue mutua, porque Arthur no esperaba para nada que Mordred y Merlín lucieran exactamente iguales a cuando se marcharon. Se había enterado por Gaius de muchas cosas y por Morgana de otras, pero el chico druida era ligeramente diferente a como todos recordaban. Si bien Mordred ya tenía la edad que aparentó con el hechizo, este jamás le había hecho muy buena justicia. Era un poco más grueso de los hombros, con caderas esbeltas y piernas torneadas, una mandíbula fuerte y cuadrada; él lucía más serio y maduro, pero su inocencia seguía allí, casi intacta. Y Merlín, él lucía mucho más sabio que un viejo.
Arthur sonrió, porque a pesar de que había escuchado historias y profecías, no podía dejar de verlo como su joven torpe sirviente, con el que había corrido al peligro y escupido a la cara de los villanos.
—Es bueno verte, viejo amigo —Estrechó su mano, un apretón fuerte inundado de respeto. Merlín supo entonces que Arthur igual había cambiado, no solo tenía más edad, tenía más corazón—. Espero este tiempo fuera te haya hecho bien.
—No tienes una idea de todo lo que he visto —Merlín rió—. Nuestras pequeñas aventuras siguen siendo extrañas, pero hay cosas aún más raras allá afuera.
—Tendrás que hacerte tiempo para contarme —Respondió el rey, llevando una mano a la espada que colgaba de su cintura. Era nada más y nada menos que Excalibur—. Por cierto, Gaius me dio tu regalo.
Se unieron en un abrazo emotivo, el primero que realmente se habían dado desde que se conocieran. Merlín tuvo la plena certeza de que Arthur estaba disculpándose por lo sucedido, pero ninguno habló de eso, porque pertenecía al pasado. Y su futuro lucía brillante.
Arthur y Mordred se dieron la mano de forma solemne, destinos unidos pero convicciones grandes; el rey también había escuchado su profecía. Para demostrar su buena voluntad, el druida se inclinó, posando una mano en su corazón y le declaró su único y futuro rey. Merlín le miró orgulloso.
Gwen se adelantó entonces para abrazar a Merlín y besarle las mejillas. Su hijo, que aún no cumplía ni el año, tenía unos enormes ojos azules como los de su padre y el cabello castaño, como su madre; en el futuro le conocerían como un rey justo y benévolo, que ganó una gran guerra contra los sajones; pero esa es otra historia.
Después de dar su bendición al pequeño príncipe, ambos se reunieron con Gaius para almorzar; el viejo médico seguía viviendo en el castillo como Físico de la Corte. A ellos se unió Lancelot, que era uno de los más fuertes caballeros de la mesa redonda. Recordaron los viejos tiempos y Gaius les relató que, después de su partida, el rey había estado presionando al concejo para una revisión de las leyes. Y, cuando se dio cuenta de que los viejos miembros eran fieles a Uther y jamás cambiarían su visión, disolvió el concejo y creó uno nuevo y mejor.
Al poco tiempo, Morgana había decidido confiar en Arthur, inspirada en la valentía de Merlín y la reacción del rey a su revelación. Cuando ella también se marchó para recibir conocimiento de las altas sacerdotisas de la vieja religión —quienes eran nada más y nada menos que Nimueh y Morgause—, Arthur cambió de nuevo las leyes y levantó la prohibición de la magia en Camelot.
Merlín y Mordred decidieron que visitarían a Morgana en el templo y así fue que marcharon a la Isla de los Benditos. En cuanto lo vio, la princesa se lanzó a los brazos de Mordred, derramando lágrimas de felicidad.
—Has crecido —Le dijo, aunque era una incoherencia porque siempre lo había visto de la misma forma. Mordred supo que hablaba de su espíritu, de su magia y de su corazón.
—Has crecido también, Morgana.
Eso era lo más cierto que había en el mundo, porque ella era ahora una Alta Sacerdotisa también y su magia era fuerte, enlazada a la tierra tanto como la suya. Nimueh dio un paso hacia Merlín.
—Nos volvemos a encontrar, Emrys.
—¿No vas a intentar matarme esta vez, o sí? —Él dijo, medio en broma, medio en serio.
—Nunca quise tu muerte, solo eras un poco entrometido —Nimueh rió—. Pero lograste lo que estabas destinado a hacer y mucho más. Has liberado la magia.
—Sí —Merlín sonrió, mirando a Mordred y Morgana con especial suavidad—. Tuve un poco de ayuda con eso.
La bruja sonrió, enigmática pero conocedora.
Unas semanas después, bajo la luz de luna llena, ella invistió a Merlín como Alto Sacerdote de la vieja religión. A la preciosa ceremonia acudieron druidas de todos lados, un par de Cathas llamados Alator y Finna; Anhora, el guardián de los unicornios y Osgar, quien llevó la bendición de la Corte de las Disir. Ellos iluminaron la noche con magia y chispas.
Mordred besó a Merlín en las almenas cuando todos fueron a dormir; después de muchos años de práctica, ambos sabían llevar el ritmo del otro a la perfección y sus besos eran casi como un ritual, lleno de amor y devoción.
Fueron vistos por Morgana, quien se asomó sin ninguna mala intención; ella simplemente sonrió y decidió que lo que quería tratar con sus amigos podía esperar.
Los tres volvieron a Camelot juntos, llenos de alebosía y fueron recibidos con un banquete. Ante toda la corte, Arthur le ofreció a Merlín un puesto en su casa como su consejero y Hechicero de la corte, que el brujo aceptó con una brillante sonrisa.
Mordred volvió a ocupar su lugar como ayudante de Gaius, y aunque a esas alturas sabía casi tanto como él, jamás dejó de aprender y enseñar; Arthur también le utilizó como un medio de contacto con su gente. Eventualmente, el viejo galeno se retiró y él fue nombrado oficialmente Físico de la Corte de Arthur.
Aunque muchos conocieron a Merlín durante sus años de servicio, nadie se sintió exento de asombro al notar que, mientras los años pasaron sobre su rey, no así con el hechicero, que lucía igual de joven que cuando volvió.
Tampoco podían evitar dar segundas miradas cuando lo veían pasear por el pueblo tomado de la mano del Físico de la Corte o cuando los veían compartir un beso bajo el sol, las estrellas o la luna. Nadie podía negar que había magia en ellos, en el lazo invisible que les rodeaba y les hacía parecer que brillaban.
Pero nunca nadie reaccionó como el rey lo hizo —este, desde luego, es un secreto a pena de muerte, así que es mejor que no lo cuenten a nadie más—; la mandíbula de Arthur cayó bien abajo cuando, en un arrebato, Merlín besó a Mordred frente a todos sus amigos durante la cena. Gwen tuvo que darle un golpecito con el codo y está de más decir que Morgana se burló de él durante mucho tiempo, por no haberse dado cuenta de nada durante todos esos años.
Arthur intentó convencerla de que lo sabía, pero que no había visto nada más allá de que se tomaran de las manos y que él lo encontraba muy normal. Lancelot aprovechó para preguntar al rey si podía tomar su mano también y todos estallaron en risas.
En todo Camelot se apreciaba y veneraba a la familia real, cuyos integrantes mayormente no poseían sangre real, más allá de Arthur y Morgana. No existió jamás una corte más feliz y querida.
Fue un día de primavera, después de que el druida había partido en un viaje al Nemeton con su gente por Beltane, cuando Mordred se reunió con Merlín en el claro cubierto de flores. El hechicero llegó un poco antes y espero pacientemente.
Su druida apareció momentos después, corriendo hacia él con una amplia sonrisa y un ramo de margaritas en sus manos.
Tuvieron un picnic tranquilo, todo risas y besos suave. Cuando sus estómagos estuvieron llenos y sus copas vacías, Mordred atrapó a Merlín mirándole con mucha atención.
—¿Te gusta lo que ves, Emrys? —Le preguntó, una sonrisa pícara bailando en sus labios. Merlín se sonrojó.
—Ugh, ¿qué le ha sucedido a mi pequeño niño tímido e inocente?
—Te dije que crecería —Mordred se incorporó, arrodillándose frente a Merlín, como lo había hecho aquella vez antes de partir a Ealdor—. Emrys —Le dijo, mirando directamente a sus ojos—. Ha pasado mucho tiempo desde que te hice esa promesa y no ha pasado ni un día en el que no pensara en ello.
—También yo —Merlín respondió, cariñoso y un poco bromista—. He esperado mucho tiempo a que tuvieras una edad más adecuada a la mía.
—Lo has hecho.
—Pero ha valido la pena.
—¿De verdad lo crees?
Mordred sonrió y entonces sacó de uno de sus bolsillos lo que había ido a buscar realmente al Nemeton. Era un aro de plata grabado con runas. Había traído otro exactamente igual, ambos bendecidos en Beltane y hechos con el soplo de un dragón. El muchacho había trabajado muy duro junto a Balinor para conseguirlos.
—¿Aceptarías pasar el resto de tu vida junto a mí, Emrys?
Nadie podría expresar en palabras la emoción que inundó a Merlín aquel día, y muchos años después el diría que jamás se había sentido tan feliz, aunque existían otras situaciones que se le acercaban. También diría que fue cuando supo que Mordred al fin era un hombre y podía comenzar a disfrutar de ello.
—Para siempre.
Fue así como se cumplió la visión de Morgana.
Arthur aceptó oficiar una pequeña ceremonia y le obsequió a Merlín un juego de ropas dignas de un príncipe, con una chaqueta de un azul profundo y pantalones oscuros. Gwen colocó un fino aro de plata en forma de enredaderas sobre su cabeza para finalizar el conjunto y le dio el visto bueno.
Morgana se encargó de Mordred y, cuando entró en la sala, estaba ataviado en ropa blanca con bordados druidas de azul verdoso. Había un aro idéntico al suyo sobre su cabello. Todo él brillaba, desde sus ojos hermosos hasta el último de sus cabellos. Mordred pensó lo mismo de Merlín, que lucía como el héroe que él siempre adoró.
Arthur estaba parado, su corona brillando a la luz del color del ámbar más puro y ató un listón rojo alrededor de sus manos. En primera fila estaban todos sus amigos; Gaius, Lancelot, Hunith, Balinor, un pequeño dragón blanco posado en su hombro al que habían llamado Aithusa; había gente del pueblo, druidas y hechiceros. Todos con la emoción visible en sus rostros.
—¿Tú, Merlín, Emrys, Hechicero de la corte de Camelot, Alto Sacerdote de la Vieja Religión y último de los grandes señores del dragón, aceptas a este hombre para unir sus vidas por la eternidad?
Merlín sonrió, amplio y extenso.
—Acepto.
—¿Y tú, Mordred Físico de la Corte de Camelot, embajador e hijo del pueblo druida, aceptas a este hombre para unir sus vidas por la eternidad?
Mordred tampoco dudó.
—Acepto.
Solemne y feliz, Arthur rompió en una sonrisa inevitable y extendió los brazos, abarcándolos a ambos en su totalidad.
—Por el poder investido en mi, Rey Arthur Pendragon de Camelot, declaro que este vínculo no podrá ser roto en esta era u otra. ¡Que la felicidad inunde sus días!
Y mientras Merlín y Mordred compartían un beso, Morgana lanzó chispas de colores al aire y todos sus amigos corearon:
—¡Hoy y siempre, que así sea!
N/A: ¡AHHHHH! ¡No puedo creer que esté terminado! ¡Realmente no puedo! ToT
Cuando comencé este fanfic, fue en diciembre del año pasado, más o menos. Se quedó en mi portapapeles por un rato, hasta que me decidí a publicarlo hace unos meses. Siempre tuve una idea clara de lo que quería de este fic y ahora, con 172 páginas en el documento original (¡Es casi un libro!) puedo decir que lo logré =3
Ha sido tan hermoso compartirlo con ustedes 💙 y leerles, sus opiniones, su emoción. Es de los primeros fanfics de Merlín que escribí y de los más comentados. Muchas gracias por eso 💙 💙 Tendrán siempre mi corazón ='D
A itsyfernanda, MyMindPalace221b, SuicideFreakWord, los maravillosos anónimos y a todas las personas que agregaron a sus favoritos y que simplemente dedicaron su valioso tiempo a leer. Esta historia fue divertida, pero sin ustedes no lo habría sido tanto.
Como regalo, publicaré pedacitos de amor de diversos momentos, pueden pedirme el que quieran; si por ejemplo, quieren que ahonde más en algún momento o ver algo en específico, será mi obsequio de agradecimiento =D pueden dejarlo en los comentarios.
¡Un beso enooorme!
