Capítulo 11:
"Estación King Cross y una carta"
El último mes de los mellizos con los Dursley no fue divertido. Es cierto que Dudley les tenía miedo y no se quedaba con ellos en la misma habitación, y que tía Petunia y tío Vernon no los encerraban en la alacena, ni los obligaban a hacer nada, ni les gritaban. En realidad, ni siquiera les dirigían la palabra. Mitad aterrorizados, mitad furiosos, se comportaban como si las sillas, que los niños Potter, ocupaba estuviera vacía. Aunque aquello significaba una mejora en muchos aspectos, después de un tiempo resultaba un poco deprimente. Ellos se quedaban en sus habitación, con sus nuevas lechuzas como compañía. Tabatha decidió llamarla Phoebe y Harry, Hedwig.
Los libros del colegio eran muy interesantes. Por la noche los leían en la cama hasta tarde, mientras que sus lechuzas entraban y salían a su antojo por las ventanas abiertas. Era una suerte que tía Petunia ya no entrara en las habitaciones, porque Phoebe llevaba ratones muertos. Cada noche, antes de dormir, la pelirroja marcaba otro día en la hoja de papel que tenía en la pared, hasta el primero de septiembre.
El último día de agosto pensaron que era mejor hablar con sus tíos para poder ir a la estación de King Cross, al día siguiente. Así que juntos bajaron al salón, donde estaban viendo la televisión. Harry se aclaró la garganta, para que supieran que estaban allí, y Dudley gritó y salió corriendo.
-¿Tío Vernon?-llamó Harry, aclarándose la garganta. El hombre gruñó, para demostrar que los escuchaba. -Necesitamos estar mañana en King Cross para... para ir a Hogwarts.-Vernon gruñó otra vez.
-¿Podría ser que nos lleves hasta allí?-preguntó Tabatha. Otro gruñido. Que interpretaron como sí.
-¡Muchas gracias!-exclamaron. Estaban a punto de volver a subir la escalera, cuando tío Vernon finalmente habló.
-Qué forma curiosa de ir a una escuela de magos, en tren. ¿Las alfombras mágicas estarán todas pinchadas?- ellos no contestaron nada.- ¿Y dónde queda ese colegio, de todos modos?
-No lo sé.-dijo Harry; dándose cuenta de eso por primera vez. Sacó del bolsillo el billete que Hagrid les había dado.-Tenemos que tomar el tren que sale del andén nueve y tres cuartos, a las once de la mañana…-leyó. Sus tíos lo miraron asombrados.
-¿Andén qué?
-Nueve y tres cuartos.-repitió la pelirroja.
-No digan estupideces.-gruño tío Vernon.-No hay ningún andén nueve y tres cuartos.
-Eso dice el billete.-
-Equivocados.-sentenció Vernon.-Totalmente locos, todos ellos. Ya lo verán. Ustedes esperen. Muy bien, los llevaremos a King Cross. De todos modos, tenemos que ir a Londres mañana. Si no, no me molestaría.-
-¿Por qué van a Londres?-preguntó la pelirroja tratando de mantener el tono amistoso.
-Llevamos a Dudley al hospital.-gruñó Vernon.-Para que le quiten esa maldita cola antes de que vaya a Smeltings.-
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-Creo que voy a extrañar un poco vivir aquí, los regaños de la tía Petunia, los berrinches de Dudley, y los enojos del tío Vernon.- comentó Tabatha, mientras estaba en su habitación, terminando de guardar las cosas que le faltaban. Su lechuza parda, la observaba mientras ella le hablaba.-Pero al fin y al cabo solo será un año que estaremos fuera, para las vacaciones volveremos y todo será como antes.- el ave bramaba suavemente.-Phoebe, estos últimos días fueron grandiosos con tu compañía y la de Hedwig.- se acercó a la jaula de su mascota y le acaricio algunas plumas de la cabeza.
-No sé cómo haces para jugar con una cosa como esa.- dijo la voz de su primo desde el marco de su puerta.
-¿No te enseñaron a tocar, Dudley?-
-¿Por qué debería hacerlo? Es mi casa después de todo, bicho.- ante lo último, Tabatha comenzó a enojarse.
-¿Sabes? No quiero tener que pelear contigo, ahora si me permites debo seguir guardando mis cosas.- sin esperar respuesta alguna, empujo a su primo y le cerró la puerta en la cara.-Retiro lo dicho, no voy a extrañar nada de aquí.- luego de haberse asegurado de haber guardad hasta el último libro que habían comprado, se apoyó en el alfeizar de la ventana, mirando hacia afuera, observando como una madre jugaba con su pequeña hija.
-¿Tab? ¿Estás?- pregunto la voz de Harry desde afuera. Abrió lentamente la puerta y observo a su hermana con la mirada fija en la calle.
-¿Cómo crees que hubiese sido nuestras vidas con mamá y papá?- él soltó un suspiro y la abrazó por la espalda.
-Sin duda mejor que está.- Tabatha se dio vuelta para ver a la cara a Harry, acaricio su mejilla y contemplo esos hermosos ojos esmeraldas que reflejaban una tranquilidad que nadie podía llegar a entregarle.
-Me hubiese gustado poder haber vivido con ellos.- cerró los ojos y dejo que su imaginación viajase y tratase de volver a ver el rostro de su madre o de su padre.
-¡BAJEN A CENAR!- ordeno Petunia desde la sala.
-¿Vienes?- ella se vio obligada a abrir los ojos y deshacerse de sueño.
-No tengo hambre, ve tu.- Harry le sonrió y antes de salir abrazo a su hermana como si fuese él último que se darían en toda su vida.
-¿Sabes que te quiero, verdad?- ella sonrío y beso la mejilla del chico.
-¿Y no hace falta que yo diga lo mismo?- Harry se sonrojo y dejo a su hermana en la habitación.
El tiempo paso, y Tabatha miraba con mucho interés el techo de su habitación. Phoebe, dormitaba en su pequeña jaula, el reloj de pared era lo único que se escuchaba. Era la cuarta vez que Tabatha suspiraba.
-No puede ser tan difícil imaginar el rostro de una mujer igual a mí.- se repetía una y otra vez.-Vamos, Tab concéntrate y lo conseguirás.- cerró los ojos y trato de imaginar a la mujer de la cual se sacrificó para salvarlos. Lo estaba consiguiendo, pero la puerta de su habitación se abrió, la luz del pasillo casi la deja ciega.
-¿Estás bien?- pregunto la seca voz de su tía.
-Sí, gracias.- contesto de la misma forma.
-¿Sigues pensando en lo que te contaron acerca de tus padres?- a Tabatha le sorprendió que le hablase con tanto cariño.
-Es difícil, después de 10 años enterarte que tus padres son magos y que fueron asesinados.-
-Solo quiero que entiendas que lo hicimos por su bien.-sin decir más dejo la habitación.
Cuando todos quedaron dormidos, la joven Potter, aún seguía intentando imaginarse el rostro de su madre, pero cada vez se le hacía más complicado y estaba comenzando a dolerle la cabeza.
"Tranquila cariño, ahora estoy yo", esa frase se repetía una y otra vez en su mente.
-¿Quién está ahora conmigo?-pregunto al aire.-Tal vez sea la voz de mi papá, pero es imposible eso me lo dijeron después de…- no quiso seguir hablando de eso y corrió la cabeza.- ¿Quién será, Phoebe?- su lechuza al no entender solo erizó las plumas y se acomodó en el palito en cual se mecía.-Sera mejor que descanse, mañana es el gran día.- se puso de pie y tapo la jaula
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A la mañana siguiente, los mellizos se despertaron a las cinco, tan emocionados e ilusionados que no pudieron volver a dormir. Tabatha se levantó, se ducho y se cambió utilizando unos jeans azules claros con una remera simple. Cuando estuvo terminada, volvió a revisar la lista de Hogwarts, asegurándose de tener todas las cosas que pedían. Destapó la jaula de Phoebe, para darle de comer. En todo ese tiempo, no salió de su habitación y esperaba sentada en la cama a que los Dursley se levantaran.
Al bajar a la cocina, vio como Dudley la miraba de una forma un tanto rara, acostumbrada no le dio mucha importancia y siguió caminando.
-Buenos días.- saludo a sus tíos y comenzó a preparar el desayuno. Ninguno le contesto, solo se limitaron a verla y a seguir con lo que hacían. A los pocos minutos, Harry se sentó a su lado y le sonrío.
-¿Tienen todo listo?- pregunto amargamente Vernon.
-Si.- contestaron ambos.
Después de volver a revisar que nada le faltase, Tabatha soltó un suspiro y se apoyó en el armario de su habitación. Cerró los ojos una vez más tratando de imaginarse a su madre, pero otra vez fue interrumpida "Acaso nadie quiere que vea a mi mamá" se decía a si misma mientras abría la puerta.
-Solo venía a ver sin necesitabas algo.- su tía miro de reojo las pertenencias de la niña y comenzó a mover las manos como si tuviera que decir algo.-Antes de que te vayas, quería darte algo.- del bolsillo de su blusa saco un sobre algo amarillento, con un sello rojo y con una L en él.
-¿Qué es esto?- tomo el sobre con las manos temblorosas y no se amino a abrirlo.
-Tú madre me lo dio antes de que nacieran, te sugiero que lo abras cuando estés sola.- sin decir nada más se fue. La pelirroja, lo guardó entre sus cosas y tomó la jaula de su lechuza.
Dos horas después, los pesados baúles de los mellizos estaban cargados en el coche de los Dursley y tía Petunia había hecho que Dudley se sentara con ellos, para poder marcharse. Llegaron a King Cross a las diez y media. Tío Vernon cargó, nuevamente, los baúles en dos carritos y los llevó por la estación. Ellos pensaron que era una rara amabilidad, hasta que tío Vernon se detuvo, mirando los andenes con una sonrisa perversa.
-Bueno, aquí estás, muchachos. Andén nueve, andén diez... su andén debería estar en el medio, pero parece que aún no lo han construido, ¿no?- tenía razón, por supuesto. Había un gran número nueve, de plástico, sobre un andén, un número diez sobre el otro y, en el medio, nada.-Que tengan un buen curso.-dijo tío Vernon con una sonrisa aún más torva. Se marchó sin decir una palabra más. Harry se volvió y vio que los Dursley se alejaban. Los tres se reían. Harry sintió la boca seca. ¿Qué harían? Estaban llamando la atención, a causa de las lechuzas. Tendría que preguntarle a alguien, ¿pero a quién?
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¡Hola!
Gracias a todas las personas que comentan y tienen mi historia en favoritos
Bueno quería decirles que si quieren consultar mi perfil, ahí van a encontrar detalles de las cosas que tiene Tabatha, (ropa, uniformes y todo eso) También quería agregar que a finalizar cada libro, voy a continuar con el otro pero sepárandolos, osea que no van a estar todos juntos
Segundo aviso; si a alguien le gustan los Juegos del Hambre, tenía pensado subir una historia, así que yo después les aviso cuando la subo.
Gracias
Dany.
