Capítulo XI
Los del Yōrō-Zoku después de haber visto la fuerza de su líder y sobre todo por los beneficios que la guía de este les había traído a todos, no deseaban contradecirlo, sin embargo una hanyō nunca había vivido entre ellos.
Rin fue dejada en una de las cabañas y si bien estaba sola, los guardias que la llevaron hasta ahí prendieron fuego, le acercaron algo de carne asada y le dieron algunas pieles para que durmiera sin pasar frio.
La pequeñita se acomodó entre las pieles y comió con ansias su carne, sintiendo como su estómago y alma se iban calentando; aun no comprendía porque nadie la aceptaba y era odiada, sin embargo el gesto de aceptación de ese yôkai que olía a perro, lo agradeció y en su infantil mente deseó darle algo en compensación.
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La cena fue más serena y con las dos invitadas deseando conocer más de la familia. Al término de esta, las invitadas se retiraran a sus habitaciones alegando estar cansadas del viaje.
En Cuanto la habitación se cerró tras ellas; Kagura recorrió la habitación y abrió la puerta corrediza que daba al jardín.
Kana la miró desde el interior del lugar…
–Lo ves Kana, será muy fácil sembrar la duda en el corazón de ese pobre Hanyō.
–…
–Y pronto este castillo y su señor serán míos.
–Ellos tienen hijos.
–¿Y? Soy una yôkai yo puede darle otros y estos serán puros.
–Si ellos saben que tú, que nosotros…
–No lo sabrán. Nadie se los puede decir ¿O sí? –Kagura miró amenazadoramente a la menor.
–Pero ambas sabemos que fuimos creadas de una parte que fue robada de Naraku.
–Nos merecemos lo que él tiene. Madre nos hizo con su sangre.
–La robó.
–¿Y? ella tenía derecho, ese sucio Inu la ignoró por tener a esa humana, merecía que le robara algo de su hijito.
Kana negó. Su existencia siempre la consideró oscura, pues fue un deseo egoísta y de venganza lo que hizo actuar a esa yôkai de viento, que atacando a Naraku y al padre de este –por despecho–, del hanyō robó sangre y creo… las creó a ellas…
–Ella hizo el Kodoku* y nos lanzó ahí… –susurraba Kana.
–Y de eso nos alimentamos, pues no éramos más que un pequeño fragmento.
–Pero…
–Madre venció a los otros yôkais y por eso nos merecemos una buena vida, pésele a quien le pese.
Kana ya no siguió cuestionado a su… compañera, después de todo ella no entendía razones, sin embargo deseaba que recapacitara, pues ella creía si habían nacido de algo corrupto, no tenían por qué seguir ese camino.
Kagura tenía que recordar a base de dolorosos golpes que la madre de ambas murió al combatir con los demonios y luego alimentándolas, sin embargo los demonios que lucharon en ese momento no eran muy fuertes, no como lo eran esos Inu.
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Naraku y Sesshōmaru, como era su costumbre, vieron que todos los niños estuvieran en sus cuartos y lechos –Kōga en su habitación y vigilado, discretamente por soldados Inu– para poder ir, por fin a su habitación.
Ya estando en esta; el de cabello negro vio como Jaken ayudaba a su señor a quitarse la armadura. En cuanto Jaken salió dejándoles solos. Naraku sintió como su pareja lo abrazaba…
Sesshōmaru no era un líder nato por nada y pronto se dio cuenta de algo…
–¿Que sucede?
–Nada… mi señor.
El de luna en la frente se sentó y miró al de cabello oscuro.
–Esta es nuestra habitación y quiero estar íntimamente contigo…
–Oh claro…
Naraku se estaba desnudando cuando Sesshōmaru lo detuvo.
–Pregunte ¿Qué sucede? y veo que es mucho.
–No entiendo.
El Dai-Yôkai vio con ojo crítico a su amante…
–Naraku hace mucho que no solo eres mi siervo o mi capitán y también hace mucho que eres mi amante, mi pareja y padre de mis hijos. No alguien con el cual yacer cuando me apetece.
Naraku pareció avergonzarse y se disculpó.
–Lo siento mi…
–…
–Sesshōmaru…
Fueron centurias en las que Naraku fue ignorado por el Inugami, y por eso a pesar de ser todo lo que, esté bien decía, aun temía que solo fuese algo pasajeros para Sesshōmaru y Kagura se lo recordó esa tarde.
–Dime en este instante lo que pasa, y es una orden.
La entonación en la voz del Lord no admitía demoras y a pesar de que su temor se estaba volviendo pavor, el capitán de cabello oscuro habló.
–Soy… el gestante de sus hijos… pero no soy su…
Las palabras fueron cortadas y por supuesto Sesshōmaru supo que iba después de eso. No era algo que le hubiese interesado antes, no cuando todos los clanes sabían lo que Naraku era él, cualquiera con dos dedos de frente trataría al Taisho como su pareja. Por eso estaba incrédulo al ver que este no lo comprendía.
–Esposo… ¿Lo quieres?
–Bueno… yo… yo –tartamudeaba el de cabello negro y es que ya poniéndolo de ese modo se dijo que ni siquiera lo había pensado, no antes de esa tarde.
–Si así estarás más seguro, lo haremos, sin embargo nunca consideré que mi palabra y mis hijos necesitaran comprobación.
El aludido miró al Inugami frente a él y se dijo que tenía mucha razón.
–No… es solo mi inseguridad hablando.
Sesshōmaru suspiró resignado y tomando el rostro de su pareja le besó castamente.
–Eres un tonto, pero yo lo soy contigo, pues lo que desees, si puedo dártelo te lo daré.
Naraku sonrió y sintió las manos de Sesshōmaru desnudándolo y sin dilación correspondió, ayudando en todo a esa entrega.
Tiempo más tarde los dos adultos descansaban en los brazos del otro; ya listos y dejándose llevar por el sueño…
–Hoy llegó una invitación. –dijo el Lord.
–¿De qué?
–Tomohisa se casa.
–¡¿Qué?!
–Con esa yôkai extraña.
–Oh…
–Lo ves, el amor no tiene nada que ver con eso de matrimonio.
-¿Cree que no la quiera?
–No lo sé, sin embargo con solo conocerse poco tiempo no creo que lo que sienten sea tan fuerte…. No como lo nuestro.
Naraku suspiró y se acomodó mejor entre los brazos de su amante, pensando en cómo es que le había importado una nimiedad como el casamiento, si Sesshōmaru le demostraba como lo quería, en formas que nunca conocerían –los otros– del Lord.
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Pasada la media noche y con las ideas sin dejarlo dormir, Tomohisa salió de su cabaña y caminó alejándose de la aldea.
Se acercó uno de los picos de la montaña nevada y de ahí miró el horizonte…
Sintió una presencia y se congratuló de saber quién era.
–¿Qué haces despierto y aquí solo?
–Pensaba.
–Ya…
Ayame se acercó hasta el Inu y se recargó en este. El Inu la atrajo con un brazo y besó el cabello rojo de la menor.
–Las invitaciones ya fueron enviadas, sin embargo no hubo necesidad de muchas. Pues el Rīdā del Ôkami está en el castillo de Sesshōmaru-sama. –Tomohisa comentó esto, para ver la reacción de Ayame, mas esta no pareció afectada y por eso el yôkai perro prosiguió– Conociste a mi lord…
–Sí, él es… –La yôkai se quedó un instante callada y luego agregó– impresionante.
Tomohisa se rió.
–Se a lo que te refieres, no lo quieras suavizar.
–¡Es aterrador! –por fin aceptó la pelirroja.
El Inu asintió:
–Por eso mismo, cariño; él no aceptara ni un solo gesto de desprecio hacia su hermano, ni hacia su pareja por lo de su origen.
–Ya lo creo. Espera… ¡¿Naraku-san también es hanyō?!
–Si.
Ayame no podía creer lo dicho por Tomohisa, pues su abuelo le aseguró que la fama de desprecio a los hanyō de Sesshōmaru-sama, era legendaria.
–Imagino lo que piensas Ayame, pero créeme que el amor hace cosas increíbles.
–Comprendo.
–Como líder del Yōrō-Zoku no deseó ningún mal a este y por eso debo hacer entender a todos que se comporten, no quiero perder a todos por una tontería
–¡¿Todos?!
–Todos… hasta los cimientos de esta montaña, te lo puedo jurar.
Ayame suspiró resignada y asintió dejándose abrazar por Tomohisa.
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El silencio contrastaba con los habitantes del castillo descansando. En la habitación del invitado del Ôkami, uno de los lobos que se quedó con Kōga, se removió molesto, pues alguien le jalaba una oreja…
–Shinki… Shinki… –El lobo se desperezó y miró a su amo– Lo siento amigo, pero vas a tener que dar una vuelta en el castillo.
El lobo se estiró perezoso, mas obedeció al de ojos azules y salió de la habitación. Sin que Kōga lo pidiera, el compañero del lobo le siguió.
Por su parte el líder del Ôkami, esperó un rato y luego caminó sigiloso siguiendo el camino de sus amigos de cuatro patas, más en dirección de…
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Uno de los guardias Inu que hacían la ronda y vigilaban habitaciones, oteó el aire y negó mirando a su compañero.
–¿Crees que el Rīdā de los lobos, haya…?
El otro negó.
–No creo que se arriesgue a molestar a nuestro señor, además –este también olió– el aroma viene de dos direcciones, deben ser sus mascotas.
Con esa conversación los guardias siguieron su ronda sin investigar…
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InuYasha tenía un oído muy fino, por lo que se removió en su lecho, molesto al escuchar la ventana corrediza abrirse…
–¿Quién…?
No terminó la pregunta, pues vio a cierto yôkai lobo que lo llamaba.
–¿Qué quieres Kōga?
-–Ven Inu…
–Tengo sueño, roñoso…
–Vamos, orejitas de perro.
–¡¿De diablos?! ¡No me llames así! –se enfurruñó el hanyō.
El lobo sonrió y dijo zalamero…
–¿No me extrañas un poquito?
–Te vi hace un rato.
Cortó InuYasha y se acomodó en su lecho, dándole la espalda a Kōga.
El de ojos azules, suspiró y sacó algo de entre sus ropas.
–Y yo que quería darte este regalo…– Una orejita se movió como señal de que Inu lo escuchó– vamos a dar un paseo y te lo doy…
–No…
–Es un paño de la piel más fina que pude cazar, lo hice para que limpies a Tessaiga.
InuYasha cedió ante eso último y se levantó acomodándose la ropa de dormir.
Kōga casi babeó al ver a su prometido de ese modo, pero se dijo que debía aprovechar la distracción que sus cuadrúpedos amigos le estaban dando y si bien no lo hizo notar, apuró el paso llevando a InuYasha fuera del súper radar de hermano mayor, de Sesshōmaru.
El par de jóvenes demonio, salieron del castillo caminando por entre el bosque.
–Oye Kōga ya démelo, ya salimos.
–En un momento.
–No juegues conmigo lobo.
–Ya casi, no te impacientes.
Los dos caminaron hasta cerca de la cascada donde era su lugar favorito
–¡Ya pulgoso, hasta aquí y dame mi…!
Kōga se giró y sin previó avisó, cazó los labios del de orejitas que si bien se removió al principio después se dejó llevar.
Cuando el contacto concluyó, Kōga se separó del otro y sin quitar la sonrisa le entregó…
El paño era de un color café muy claro y sumamente suave al tacto. InuYasha lo observó, mientras Kōga sin desaprovechar se acercaba a este y besaba su cuello.
–Es suave… –comentó InuYasha.
–…
Kōga no respondió, pues ya colaba las manos bajo la poca ropa del hanyō, que seguía admirando el obsequió.
–Debió ser un animal muy raro. –siguió el hanyō.
–…
No, Kōga no estaba en la labor de confirmar o desmentir los comentarios de su prometido, pues estaba mas que entretenido pasando las manos por sobre la piel de este.
InuYasha por fin…
–¡Oye eres un abusivo! –Los ojos azules por fin se enfocaron en el rostro del de cabello plata– Bueno no niego que podemos jugar un rato ¡Pero solo un rato!
Advirtió InuYasha. Kōga asintió y con el permiso concedido, guió a su novio a sentarse sobre el pasto.
Ambos sabían que solo podían estar un rato, juntos, pues los guardias vigilaban y Sesshōmaru también lo haría, en algún momento de la noche.
Se retiraron las ropas y se recostaron, buscando que la fricción de su pieles desnudas, les hiciera llegar antes al orgasmo, sin embargo InuYasha deseó encender más al lobo y tomó los miembros de ambos frotándolos juntos, sin que esta tarea evitara o molestara que ellos siguieran besándose y acariciándose.
Sintiendo que ese instante de entrega culminaba; dejaron que sus gritos de liberación se perdieran en la boca del otro.
Con algo de pereza del post-orgasmo se levantaron y llegaron hasta las cascada donde al lavarse compartieron más caricias.
Kōga fue hasta sus ropas y sacó algunas yerbas olorosas para que los dos se tallaran. El de orejitas vio esto y…
–Oye ¿Qué tanto traes escondido en la ropa?
La sonrisa divertida de Kōga y su pose chulesca, hicieron entrecerrar los ojos al hanyō y…
–¡Idiota!
Kōga se rió y quiso componer el humor de su prometido:
–Pero te juro que solo a ti te lo he mostrado.
InuYasha arqueó una ceja y masculló sin querer…
–¿Seguro que esa zorra pelirroja no vio nada?
–No era zorra Inu, es una loba como…
–…
–Oh ya… –Kōga sonrió y pasó la yerbas por sobre la piel amada de su Inu– No, nunca además cuando fuimos a visitar al Yōrō-Zoku, noté que miraba con algo más que admiración al capitán de tu aniki.
–Oh, bien. –cortó InuYasha.
Al terminar su excelente limpieza; los dos regresaron sobre sus pasos y vieron que un par de lobos con cara de pocas pulgas, los aguardaba.
–Seguro ya están cansados –opinó InuYasha.
–Si.
Dijo Kōga y entraron los cuatro. Kōga llevó a InuYasha a su habitación y regresaba a la propia, cuando vio a uno de los guardias ir en su dirección.
–Kōga-san…
Saludó el guardia.
–Oh yo… estaba paseando, pues no tenía mucho sueño, pero ya regreso a mi cuarto.
–Bien. Le acompaño.
El de coleta sonrió nervioso, pero dejó que el soldado fuese con él. El lobo entró en su habitación y vio como el guardia se quedaba fuera de esta; mas una sonrisa pícara se extendió en sus labios… ya era tarde se dijo.
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Era un nuevo día y ya avanzado este. Rin se desperezó y estiró, oyendo como la aldea de los lobos del norte, ya estaba más que activa.
La pequeña, se levantó y acomodó las pieles. Se asomó tímida por la puerta del lugar y vio como los yôkais sonreían e iban de uno a otro lado, alistando algo.
Rin salió con sigilo, tratando de pasar desapercibida, sin embargo no lo consiguió: más esperando que alguien la echara de ahí o la insultara, no notó como la mayoría de los yôkais la dejaban en paz.
La de cabello negro, sintiéndose más en libertad, caminó buscando el aroma del Yôkai que le ayudó.
La infanta recorrió un tramo hasta que sus ojos brillaron felices. El yôkai salió de una cabaña y al verlo, corrió hasta él.
Ella sonrió al estar frente a este y Tomohisa la miró.
–Hola ¿Cómo estás?
La niña sonrió y el Inu se rió con ella, pues a esta le faltaban algunos dientes y se veía muy graciosa.
Tomohisa acarició el cabello negro de la pequeña y avanzó para ir a desayunar y luego para ir a alistar la cacería, debía conseguir buenas presas para su boda al siguiente día. Después de todo irían su antiguo señor y el Rīdā del Ôkami estaban invitados.
El Inu caminó y notó que cierta hanyō le seguía como corderito.
El Capitán no le dio importancia, pues la nena le recordaba a otro hanyō que con pasos tambaleantes, seguía a su aniki cuando esta daba órdenes a sus huestes.
El Rīdā Inu, se sentó en el círculo para comer y llamó a la pequeña que se había detenido un poco antes.
La sentó cerca de él y se encargó de que ella comiera.
Algunos de los ancianos esperaron la reacción de los mas jóvenes ante las acciones del Inu, más el Comandante vio a su alrededor, advirtiendo con la mirada que nadie hablara de más.
Pero la tensión reinició cuando notaron que Ayame caminaba en su dirección; de todos era bien sabido como ella menospreció a los hanyōs… alguna vez.
La pelirroja se colocó a lado de su prometido y miró en dirección de la hanyō que creyendo no sería bien recibida, se encogió un poco; más…
–¿Tomohisa-san ya te contó de InuYasha? –Ayame dijo en dirección de Rin. La pequeña hanyō, negó. Rin puso toda su atención y es que si bien no sabía a ciencia cierta que significa Hanyō, si lo escuchaba cuando la agredía– Él es como tú, y es hermano del Señor del Oeste, del gran Inugami Sesshōmaru.
La niña abrió la boca impresionada y… no fue la única. Tomohisa sonrió en dirección de su futura esposa y con esa presentación; él habló del bochan del Ichizoku Inu, deInuYasha: hanyō, hijo de Inu-no-Taisho, hermano menor y muy querido de Sesshōmaru, cuñado de Naraku –otro hanyō–, tío de los tres herederos del Señor de Oeste y… futuro esposo de Kōga, Rīdā del Ôkami.
Si alguno de los lobos del norte no comprendió el mensaje de esa platica, cualquiera de los ancianos se lo hizo comprender –mas tarde– con algo más que saña, relatando que tan despiadado podía llegar a ser el Ichizoku Inu y unido al Ôkami, pues…
Por su parte la pequeña deseó conocer a esos yôkai perros, de lo que su salvador hablaba con tanta admiración y cariño.
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Era otro día y en el castillo de primogénito del General Perro, la familia de este, ya se levantaba para almorzar. Y alistarse para el viaje a las montañas nevadas.
En la habitación de los pequeño Inu. Las ayas cambiaban a estos, cuando Kagura al notar que Sesshōmaru iba en esa dirección, entró en el lugar.
Kagura se acercó a los bebés y vio a la pequeña Yûko.
–Oh, pero esa vestimenta no le queda para un evento como al que irán.
Las Inu se miraron entre ellas y una respondió:
–Naraku-san los escogió y…
Kagura sintió la presencia de Sesshōmaru y a propósito comentó inocentemente:
–Bueno él es varón, después de todo no sabe de esto y menos si no es noble, pues… deberían cambiarlos.
Ella se volteó:
–Oh no lo había visto mi lord. Buenos días.
Sesshōmaru miró a la de cabello oscuro y saludó con un movimiento de cabeza a la reverencia de esta.
Kagura se retiró esperando haberle recordado algo al de luna en la frente y su sonrisa no podía ser más grande.
Cuando ella avanzó por uno de los pasillos; Kōga salió de este y oteó el aire…
–Me digan lo que digan esa tipa no se me hace de confianza. –masculló– Ya se lo diré a mi Inu. Comentó viendo a sus lobos.
Y Kōga no estaba muy alejado de la realidad, pues con Kagura ya llegando al salón comedor, saludó efusivamente a Yû y a Naraku, y al hacerlo con InuYasha…
–¡Oh pero si tú estás más guapo que siempre, InuYasha! –El de orejitas la miró sin comprender– apuesto que tuviste muchísimos y muy poderosos pretendientes, antes de que eligieras a Kōga-san… aunque es extraño que lo hayas ele… ¡Olvídenlo!
InuYasha negó, mas no dijo nada, pues no se sentía muy a gusto relatando como sucedió su compromiso, lo apreciaba demasiado y era un recuerdo muy íntimo.
Naraku se levantó:
–Voy a ver si mis pequeños ya están listos, les dejo en buena compañía Kagura, Kana.
–Si hermanito.
Respondió amable la de abanico.
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Las ayas de los más pequeños bochan; en cuanto la yôkai salió; miraron a su señor y este…
–¿Qué pasa? Naraku les dijo que ponerles.
–Sí, mi señor –respondieron las yôkai perro.
Sesshōmaru esperó y algo en su ceño decía que estaba molesto con el atreviendo de la pelinegra, al inmiscuirse en lo que… ¡No le importaba!
….
*Kodoku: En un contenedor muy grande –como el interior de un volcán inactivo se encierran varios yôkais y la lucha entre ellos devorándose, deja aun, el más fuerte y el sobreviviente es llamado Koduko.
Muchas gracias por seguir leyendo. Me tarde un poco, pero es que es más largo jejeje
Lunatica Drake Dark, gabycha, kane-noona, Alba marina, Ying Fa Malfoy de Potter, Alea –Sip, si es. Muchas gracias por leer y comentar-, yuric09 y Gelygirl.
