Hermione no podía dormir. Seguía pensando sobre su interacción con Snape horas antes. Había sido igual de sarcástico que siempre, pero le había parecido como si él hubiera estado mirando mucho hacia su vestido. Obviamente, el hábil Oclumante no había mostrado ninguna reacción al largo collar, y aún así el simple hecho de sus oscuros ojos escaneando su cuerpo como habían hecho anteriormente hacía que su piel hirviera de deseo.

Habían estado teniendo una conversación decente, también. Hermione hubiera jurado que él había estado retándola. Y después McLaggen lo había arruinado todo con sus sobreansiosos labios. El simple pensamiento de ello le hacía querer patearle las pelotas con las esperanzas de que perdiera la sensibilidad ahí abajo. ¿Qué hubiera pasado si Cormac nunca hubiera aparecido? Ella notó como la aparición del Gryffindor había hecho enfadar a su profesor. ¿Había sido sólo la grosería por parte de Cormac? ¿O estaba molesto porque yo tuviera una cita? Hermione se quería pegar a sí misma por pensar eso. ¡No seas ridícula Hermione! ¡Es tu profesor!

Pero aún así…esos ojos que habían viajado hacia la obertura de su vestido unas cuantas veces mientras estaban hablando. Quizás sólo estaba admirando el color. Pero ese era un pensamiento tan ridículo que se encontró a sí misma riéndose sola. ¡Me estaba mirando! ¡Y si McLaggen no hubiera aparecido, él no habría estado tan enfadado al descubrir que estaban debajo del muérdago! Hermione se dio cuenta de ello mucho antes que su profesor. Durante su pequeña conversación ella había estado esperando a que él se diera cuenta. Hermione cerró los ojos.

A lo mejor él se hubiera apartado. Después la hubiera mirado disculpándose y quizás incluso explicarle la situación a ella, como si ella no lo supiera ya. Lo habría mirado con una mirada inocente, pero le hubiera dicho que eran lo suficientemente maduros como para no darle importancia. ¡Mentirosa! Él hubiera estado de acuerdo y se hubiera acercado a ella. Podía imaginarse la manera en que ella estaría presionada contra la mesa de detrás. Él muy suavemente colocaría sus manos en su cintura y se inclinaría hacia su boca.

En el último momento, él se detendría y llevaría sus manos a su cara, después las llevaría a su pelo para mantenerla firme para él. Sus labios rozarían los de ella tan ligeramente que ella a penas lo sentiría, y aunque ellos podrían sentir la magia desvanecerse, él presionaría los suyos contra los de ella una vez más, esta vez con más presión. Ella respondería inclinándose contra él y abriendo sus labios. Él gemiría por la sorpresa de su compañera y se presionaría más fuerte contra ella. La lengua de él astutamente se colaría entre sus labios, rogando entrar y ella gemiría en respuesta a ello. Cuando él lo hiciera otra vez, ella lo recibiría con la punta de su propia lengua.

Ante eso, los brazos de él se estrecharían alrededor de ella, llevando uno de ellos por encima de su cintura y ejerciendo presión gentilmente mientras hundiera su lengua en su boca. Ella gritaría de placer y de dolor mientras él la acercara más a su cuerpo. Cuando él se apartara, sería sólo para saborear la piel de su mandíbula, la parte debajo de su oreja y el cuello hasta su clavícula.

Gimiendo, Hermione se imaginó que se volverían a las habitaciones de él donde la presionaría contra la pared. Al final, sus ansiosas manos encontrarían sus pechos y él gemiría de placer al tenerlas por fin en sus palmas. Ella deslizaría sus manos por el pecho de él y empezaría a quitarle sus tantas capas de ropa.

Hermione se moría de deseo. Deslizó una mano por debajo de las sábanas y entre sus piernas. Su profesor deslizaría sus manos por sus piernas, por debajo de su voluptuosa falda, primero moviéndose hacia su trasero. Luego las deslizaría entre sus piernas para tocarla ahí. Ella gemiría y buscaría su cara para volverlo a besar otra vez y él la cogería en brazos y la llevaría a su cama. Con magia él los desvistiría a los dos, demasiado impaciente para hacerlo a mano, y finalmente hundiría su cara entre los pechos de ella y se apoyaría entre sus piernas.

Ella deslizaría sus manos por el pelo de él, llevándolo hacia ella mientras él tomara sus pezones en su boca. Después ella se presionaría contra él, rogando que se acercara; que la tomara. Introduciendo su lengua en la boca de ella, él se restregaría contra ella en una erótica estimulación de lo que estaría por llegar. Entonces se retiraría y la miraría, preguntando en silencio, con lo que ella respondería con un ''¡Por favor!'' Y él se introduciría dentro de ella. Dolería, ella lo sabía, pero él la sujetaría gentilmente y esperaría a que se relajara. Entonces después se introduciría dentro de ella con una creciente urgencia y fuerza. Ella le rodearía con sus piernas mientras él la mirara a los ojos mientras el placer se formaba y después se derrumbaría.

Hermione gritó mientras un increíble placer la sacudía. Su cuerpo latía de liberación mientras lentamente se relajaba contra la almohada una vez más. Nunca había deseado a nadie más de lo que deseaba a Severus Snape.


Al día siguiente, Harry separó a sus dos amigos a un lado para contarles lo que había escuchado por encima después de la fiesta de Slughorn la noche anterior. ''¿Qué pasa, Harry? ¿Por qué estás siendo tan misterioso?'' preguntó Hermione mientras él se aseguraba de que estaban solos.

''Tengo que contaros algo importante. Ayer por la noche, seguí a Malfoy y Snape cuando abandonaron la fiesta…''

''Profesor Snape, Harry,'' le recordó Hermione. Podía sentir sus mejillas sonrojarse al recordar su fantasía de la noche anterior.

''Lo sé y me escondí en el pasillo mientras hablaban en una de las clases. Era muy raro y no sé lo que quiere decir, pero Malfoy aparentemente tiene algo que le han encomendado hacer y se supone que Snape tiene que ayudarle. Dijo que había hecho un Juramento Inquebrantable.'' Antes eso Hermione y Ron jadearon a la vez.

''¿Estás seguro que dijo eso, tío?'' insistió Ron.

''Si. ¿Qué es exactamente un Juramento Inquebrantable?'' respondió Harry.

''Bueno…quiero decir…no puedes romper el Juramento.''

''Buena aportación, Ron. ¿Entonces, qué pasa cuando lo rompes?''

''Mueres.'' El corazón de Hermione se salía de su pecho. Snape podía morir si no era capaz de cumplir los requerimientos de su pacto y Malfoy estaba haciendo casi imposible que lo cumpliera. Ni por un momento se paró a preguntar qué horrible cosa iba a hacer Snape. Sólo esperaba que pudiera llevarlo a cabo.

Antes de irse para las vacaciones de Navidad, Hermione decidió hacer un viaje a la biblioteca. Su misión era doble: saber más sobre Juramentos Inquebrantables, y coger todos los libros que cubrieran la asignatura de Oclumancia. Con todos los sueños que había tenido donde el Profesor Snape estaba involucrado, y con el hecho de que él era un hábil lector de mentes, no quería que tuviera la oportunidad de descubrir su secreto.

No. Se pasaría las vacaciones enseñándose a sí misma a ocultar sus pensamientos y de encontrar más sobre el Juramento Inquebrantable.


Las Navidades en el castillo eran un acontecimiento muy aburrido. Severus normalmente disfrutaba tener un descanso con los estudiantes, pero esta vez era diferente. Nadie estaba en su laboratorio elaborando pociones cuando entraba. Nadie le dejaba ensayos interesantes para leer. Nadie lo retaba con su pequeño y dulce cuerpo y boca tentadora o mirándole con admiración en sus ojos color canela. Gruñó.

Aparentemente el intento de Severus de crear un espacio entre él y Granger había tenido el efecto contrario. En vez de alejarla de él, eso sólo había hecho que la deseara más. La larga separación de las vacaciones era una prueba de ello. No podía cerrar sus ojos sin evitar recordarla en ese vestido verde.

Y después estaba Draco. Ciertamente él era un asunto mucho más insistente. El chico estaba utilizando todo lo que tenía en mano para evitar que Severus llevara a cabo sus planes. ¿A caso no entendía que su profesor estaba intentado ayudar? Si sólo pudiera mantener al chico lejos de cometer alguna locura, podría ser capaz de salvarlo al fin. Después de todo, como Albus había apuntado prudentemente, él mismo estaba jodido, así que no pasaría nada si fuera él quién lo hiciese. Severus se alimentaba de la actitud del Director respecto a la situación.

El día de Navidad llegó y pasó sin darse cuenta para el Maestro de Pociones. Al menos este año no había ningún gran plan por parte de los Mortífagos. Extrañamente, se encontró a sí mismo contando los días para que Hermione Granger volviera.

Esto definitivamente era un asunto insistente. Ella ahora mismo estaba lejos de su patética vida. Podría haberla alejado, pero al contrario, se aferraba a su existencia como si la paz del mundo dependiera de ello. Aún así, él sabía que muy pronto ella lo odiaría para siempre. Si sólo hubiera una manera de contarle. Por mucho que sus pensamientos al levantarse fueran sobre lo feliz que era cuando estaba con ella, sus sueños estaban llenos de pesadillas sobre lo que podría pasarle a ella por su culpa. Habían sido esos sueños los que habían llevado a Severus a darse cuenta de que no sólo sentía lujuria por la chica; se preocupaba por ella. Y eso era algo que definitivamente se negaría a admitir.

Pero, Granger ocupaba un puesto estratégico dentro del papel también. Había muchas probabilidades de que se convirtiera en Director el próximo año, y mucho más distante de la Orden que nunca. Lo que significaba que irían justos de pociones. Pero, si pudiera establecer a Granger como su proveedora de pociones, podría encontrar una manera de tenerlas siempre a mano.


Hola! Siento muchísimo de verdad la tardanza de estos dos últimos capítulos, pero he tenido un semestre muy liado y además he tenido que ir a recuperación de dos asignaturas por lo que mi vida dependía de ello y mi tiempo libre estaba ocupado por el estudio. Pero he conseguido pasar limpia este semestre y prometo que esta semana pretendo subir uno capítulos más! Gracias a todos los que seguís la historia, y no me matéis! jajajjajaja saludos!