¡Hola a todos!
No suele gustarme dejar "notas" por aquí, porque prefiero dar paso al fanfiction y ya, sin embargo hay un par de cosas que sí que me gustaría decir:
1. Primero de todo: ¡muchas gracias por leer y por el apoyo al fanfiction! Y aún más gracias a todos los que comentáis qué os parece. Me alegra mucho que os guste. Lo escribo principalmente porque me desestresa y porque me ayuda a seguir haciendo mano, nada más. Si encima os gusta, es agradable. Gracias a todos.
2. Alguno de vosotros me ha escrito comentando que los héroes de Overwatch se dirigen unos a otros por el nombre de pila y no por el apodo como ha pasado en algún capítulo del fanfiction. Efectivamente supongo que se dirigirían unos a otros por el nombre de pila, pero el hecho de que aquí no lo hagan en alguna ocasión, tiene una explicación: puede que sea porque les suena más cariñoso, se han acostumbrado o cualquier otra razón que me haya interesado escribir. El hecho de que en alguna ocasión leáis que se llaman por el apodo siempre tendrá algún sentido, pero, de todas maneras no os toméis todo al pie de la letra ;) al fin y al cabo esto es un fanfiction.
Dicho lo cual: ¡Empezamos!
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
DVA
Caminando a través del desierto a lomos de mi Meka y guiada por Winston aún no puedo creer que fuera a volver a ver a mis antiguos compañeros de Overwatch. Mientras atravesamos las dunas vuelven a mi mente recuerdos de cuando nuestro equipo era realmente un equipo: planes de ataque, asistencias a los ciudadanos, evasiones, duros entrenamientos... Pero sobre todo había amistad. Nunca olvidaré el día en que interceptamos a un grupo de soldados de Talon que se dirigían al Ministerio a causar un atentado contra el Primer Ministro. Por aquel entonces sus fuerzas aún no estaban centradas en nosotros en su totalidad y tenían planes a un nivel superior. Mi Meka y yo nos encargamos de deshacernos de todos con la ayuda de Lúcio y de Tracer. Más tarde llegaron Zarya y Reindhart para hacer un reconocimiento en la zona con nosotros. Tras aquella dura batalla volvimos juntos a la base recordando los mejores momentos del combate. Lúcio reía, subido sobre las espaldas de Tracer que parecía no estar levantando peso en absoluto. Reinhardt iba hablando animadamente con Zarya que le contaba sus técnicas para sorprender al enemigo. Cuando llegamos a la base, Mercy nos esperaba para curar nuestras heridas, ansiosa porque le contáramos el resultado. Éramos un buen equipo... hasta su disolución. Años después no puedo creer que esté volviendo a la primera base que construimos.
—Ya estamos llegando—anuncia Winston.
—La base tiene interceptores de radares, ¿no? Borra rastros. ¿Cómo has podido encontrar a Tracer?
—Olvidas que yo puse esos interceptores—contesta divertido, aunque le noto nervioso—sin duda alguna estamos a pocos metros.
Asiento. Mis nervios también aumentan. Me siento extraña porque ha pasado mucho tiempo. Cuando el grupo se disolvió y algunos de nosotros fuimos a parar a sitios diferentes, nunca dudé de que quisiéramos volver. En mi caso de no haber encontrado a Winston nunca lo hubiera conseguido.
Por fin se para delante de un montón de lo que parecen piezas de metal, pero que reconozco como la puerta a nuestra antigua base. Me bajo del Meka y lo llevo hasta la parte de atrás donde escondíamos viejas naves para intentar ocultarlo. Cuando vuelvo Winston tiene una mano en la puerta.
—No va a pasar nada—susurro con calma—nunca ha pasado nada.
Traga saliva y asiente, dirigiéndome lo que pretende que sea una sonrisa. Le imito y abro la puerta lentamente, esperando a que suceda algo o se accione algún dispositivo de seguridad que nos expulse inmediatamente. Pero nada pasa. Avanzamos hasta la sala de mando, vacía, y nos miramos desconcertados temiendo lo peor.
—¿HANA?—pregunta una voz familiar desde algún punto de la sala.
Miro a mi alrededor, intentando acostumbrar mis ojos a la penumbra después de haber viajado bajo el potente sol del desierto y por fin la veo. Es ella, con el pelo alborotado y sus inconfundibles gafas de aviador.
—¡TRACER!—exclamo y corro hacia ella.
Nos abrazamos durante largos segundos. Aspiro su aroma, tan familiar y tranquilizador. Noto que actúa como un bálsamo que me hace sentir que estoy en casa de nuevo.
—¿Qué haces a...? ¿WINSTON?
No se nota, pero intuyo que Winston se ruboriza cuando Tracer se agacha para abrazarle. Acaricia su cabeza peluda y le coloca las gafas que le ha torcido por su impetuoso abrazo.
—¡Veréis cuando lo sepan los demás! Llegáis en el mejor momento, vamos a...
El gruñido de Winston ahoga el efusivo discurso de Tracer. Su pelo se encrespa mientras avanza hacia ella, aunque sin mirarla. Sus ojos en realidad se dirigen hacia otro punto de la sala, situado detrás de ella. Gruñe hacia una figura que lo hace retroceder mientras avanza. Parpadeo un par de veces hasta que la tenue luz de la sala me deja ver de quién se trata. Su imponente figura se revela ante nosotros. Lleva puesto un uniforme antiguo de escuadrón de Overwatch aunque no se ha quitado su infalible visor de la cabeza. Camina hacia nosotros de forma sibilina, dejando ondear su largo pelo oscuro. Widowmaker.
—¡Apártate, Lena!—grito, dándome cuenta de que he adoptado un tono más serio al pronunciar su nombre de pila—de esta me encargo yo...
Winston se coloca detrás de mí, dispuesto a seguirme al primer movimiento.
—¡Espera, Hana!
Tracer se pone delante de Widowmaker, que nos mira desafiante.
—¿Pero qué haces? ¡Es el enemigo! ¡Pertenece a Talon! Quítate de ahí...
Me lanzo hacia Tracer mientras intento sacar mi arma de su funda. Ella pone su mano sobre la mía para impedirme hacerlo mientras forcejeamos juntas.
—Tú no lo entiendes... deja que te lo explique.
Paro en seco. Widowmaker no intenta ningún movimiento. Simplemente se cruza de brazos y nos mira aburrida. Winston no para de gruñir detrás de mí y da vueltas sobre sí mismo, haciendo alarde de su naturaleza.
—¿Qué es lo que pasa? ¿Qué hace aquí?
—Deberías calmarte, conejita, no vaya a ser que te sangre la nariz—escupe Widowmaker con su lengua viperina. Su voz es suave, felina.
—¡No vuelvas a llamarme así!
Levanto un puño hacia ella dispuesta a golpearla pero Tracer vuelve a interceptarme y es ella quién recibe el golpe. La mejilla de mi amiga queda enrojecida a causa del puñetazo, pero no dice nada. Solo se queda unos segundos en la misma postura antes de incorporarse. Widowmaker me lanza una mirada envenenada mientras contemplo como la asiste, acariciando por un momento su mejilla.
—¿Qué...?
—Déjalo de una vez, Hana—gruñe Tracer, molesta—y tú también.
Winston para de girar y nos mira, aún respirando con dificultad, enfurecido.
—Escuchad... Os guste o no Amélie es nuestra protegida ahora. Nos está ayudando en las incursiones contra Talon y está aportando información muy valiosa a la causa.
—¿Que está haciendo qué? Lena, no crees lo que dices, ¡os está engañando! Está más que claro que todo esto es una trampa y Talon no tardará en asomar sus narices por aquí—bramo indignada.
—No es como tú crees Hana—Tracer parece agotada—simplemente vas a tener que lidiar con ello, ¿de acuerdo?
—Sí que han cambiado las cosas durante todos estos años—gruño—ahora confraternizáis con el enemigo. ¿Algo más que deba saber? ¿Está también Gabriel Reyes por aquí?
—Si estuviera aquí lo sabría.
La voz de Jack se impone sobre la de todos nosotros, que callamos al instante. Avanza hacia el grupo con paso firme, como siempre, haciendo alarde de su impetuosa planta de líder. Se acerca hasta mí y relaja las facciones, esbozando una pequeña sonrisa cuando por fin me estrecha entre sus brazos.
—Bienvenida de nuevo, Hana—susurra afablemente.
—Hola, Jack—le devuelvo el saludo con dulzura. Le echaba de menos.
—Winston—saluda Jack con una inclinación de cabeza que el simio le devuelve—me alegra veros otra vez, nunca que pensé que...
—... volveríamos a encontrarnos?—terminé su frase—¡Sorpresa! Venimos para ayudar, Winston me contó que se encontró con Tracer y le dio un par de armas nuevas, pero no es lo único nuevo por aquí...
Vuelvo a dirigir mi mirada hacia Widowmaker y Jack relaja los hombros.
—Está bien, Hana, te lo explicaré a ti y a Winston en la sala de mando. Lena, ve a buscar a los demás, es hora de que os cuente mis planes.
OoOoO
OoOoooooooooOOooooooOoOoOoO
TRACER
—Ya solo faltaban otro par de miembros de Overwatch para terminar de ponerme la soga al cuello—comenta Amélie mientras caminamos hacia el hangar donde reposan nuestras antiguas naves—a esa conejita no le gusto nada.
—¿Y desde cuándo te importa?—pregunto divertida—¿acaso te sientes intimidada, cielo?
—Si así fuera yo misma me pondría esa soga al cuello, chérie—contesta—pero bueno, en cuanto Jack os cuente el plan y os lancéis a la batalla no creo que sea muy difícil.
—¿Qué quieres decir?—comento extrañada.
—Pues que la batalla será la excusa perfecta para abandonarme a mi suerte, Lena—responde tajante—sé que Overwatch no me querrá mucho tiempo más entre sus filas. No se fían de mí. No me dejarán quedarme. El fragor de la batalla es el medio perfecto para deshacerse de mí sin que eso afecte a vuestra moralidad.
—¿Cómo puedes decir eso? Nunca te haríamos...
—¿Seguro? El ninja verde no me mira bien. Ni Hana. Ni ninguno de los demás. No se olvidan de que pertenezco a Talon por más que haya demostrado lo contrario. ¿Acaso crees que no se enfrentarían a mí en algún momento? No les culpo tampoco, no te confundas.
—No dejaré que te hagan daño—añado con seriedad—Confío en ti.
Me mira como si no pudiera creerlo. Como si nadie jamás hubiera pronunciado esas palabras para ella. Observa a su alrededor como buscando algo y entonces se acerca a mí y me atrae hasta ella. Deposita un suave beso en mis labios, que le devuelvo con la misma dulzura.
—Ya no puedo frenar estos impulsos—susurra cuando se separa de mí. Parece que se siente culpable.
—Creo que eso está bien—sonrío y acaricio su mejilla lentamente.
—Cada vez se hace más incontrolable.
Borro mi sonrisa.
—¿Y eso te disgusta?
—Me disgusta no saber quién soy—confiesa—estaba acostumbrada a no sentir. A ser una máquina de matar. A no tener nada que perder... Nadie podía herirme precisamente porque no había nadie que me importara, así que no podían amenazarme con nada. Pero ahora es distinto. Soy vulnerable, porque si... si vamos contra Talon y te cogieran... tendrían todo lo que quisieran de mí.
—Hay algo que debes saber, cielo—contesto con picardía, para animarla.
—¿Qué?
—Nadie me ha podido capturar jamás.
ooooooooo
ooooooooo
Doblamos en la esquina del hangar directas a la entrada. Unos murmullos comienzan a hacerse cada vez más fuertes a medida que avanzamos pero no logro distinguir a quién pertenecen. Me asomo por la rendija de la gran puerta de metal entreabierta y aviso a Amélie para que se coloque detrás de mí. Reconozco su nombre entre los murmullos y aguzo el oído para intentar discernir de qué trata la conversación.
—No puedo aguantarlo—la voz de Genji es ahora más clara—ella está aquí, como si nada. Y nosotros esperando como unos idiotas a que nos ponga las manos encima.
Una figura se mueve entre las sombras.
—Cálmate—la dulce y conciliadora voz de Angela se impone a los gruñidos de su interlocutor—ha sido de utilidad a la causa. Puede que su traición a Talon sea por motivos de venganza, pero les ha traicionado.
—Puede que no—masculla Genji—puede que sea todo una trampa. ¿Cómo podéis estar tan seguros de que todo esto no lo ha pactado con Talon?
—Porque ahora tiene algo que perder.
Se hace el silencio, y trago saliva hasta que Genji vuelve a hablar.
—No lo entiendo.
—¿Quieres decir que no lo has notado?—susurra con dulzura—No se ha despegado de Lena desde que ha llegado aquí. Cualquiera diría que su jueguecito del gato y el ratón ha acabado con los dos siendo pareja de baile.
—¿Te recuerdo que le lavaron el cerebro? Es otro juguete más de esa organización.
—Se le está pasando el efecto de lo que quiera que le hayan hecho. La forma en la que mira a Lena no es interpretada.
—¿Te vas a guiar por una forma de mirar a la hora de argumentar que Widowmaker jamás nos traicionaría?—pregunta Genji furioso.
—A nadie se le puede escapar la manera en que se comporta con ella. Es... algo más.
—Dime una cosa... ¿cómo puedes ser tan observadora con todo lo que pasa a tu alrededor menos con lo que pasa contigo?
—Genji...
—¿Cuántas veces voy a tener que pedirte que mires lo que te rodea?
Se hace el silencio de nuevo y abro un poco más la rendija de la puerta. Genji se ha acercado a Angela y la mira fijamente a través de su armadura. Ella parece apurada, dolida de algún modo, y va dando pequeños pasos hacia atrás. Genji avanza poco a poco sin dejar de mirarla mientras ella continúa retrocediendo y da con su espalda en la pared metálica del hangar. Genji apoya sus manos en la pared, rodeándola.
—¿Aún sigues sin darte cuenta?—pregunta desesperado.
—Genji, por favor—suplica Angela.
—Dime que lo sabías. Dime que lo sabías y que no querías decirme nada por alguna razón de peso. ¿Cuál es? ¡Sé que te has dado cuenta! Tú lo observas todo, ¿no? ¡Sabes lo que siento por ti! Y no me has dicho nada.
Da un golpe contra la pared de metal, al lado de Angela. Ella cierra los ojos un segundo, a causa de la sorpresa y los vuelve a abrir, abatida.
—Yo... no... no puedo—susurra angustiada—... no puedo... corresponderte.
—¿No soy lo suficientemente bueno? ¿Es eso?
—¡Claro que no! No es nada de eso.
—¿Entonces? ¡Dímelo! Porque después de tanto tiempo creo que me merezco saberlo. Has estado evadiéndome. Evadiendo todas las señales. Durante todo este tiempo me he mantenido en mi sitio. Mi maestro me ha enseñado a no perder los nervios, a dar importancia a la batalla y las vidas de mis aliados ante todo. Pero tú... tú has conseguido que me salte todo eso. Has logrado que pierda los estribos. ¡Mírame!
La respiración entrecortada de Genji ahoga el suspiro de Angela. Me debato entre si interrumpirles ya o no, pero Amélie pone una mano sobre mi hombro. No es el momento.
—Dímelo—vuelve a pedir Genji, agotado—solo así estaré tranquilo.
—Eres bueno, Genji—comienza Angela—Pero he ignorado toda señal lanzada hacia mí. No puedo corresponder a nadie... Yo... Yo estoy...
La puerta entreabierta ya no soporta el peso de mi cuerpo que, sin darme cuenta, he ido echando hacia delante. Antes de caer al suelo, mi acelerador cronal se activa y vuelve a incorporarme de nuevo. Genji se aparta de Angela rápidamente y esta lo mira unos instantes, abatida. Ambos se vuelven hacia nosotras, esperando una explicación.
—Os estábamos buscando—balbuceo rápidamente—Jack nos quiere en la sala de mando.
Los dos asienten, y salimos de allí antes de que la situación se vuelva más incómoda.
oooooo
ooooooo
Cuando llegamos a la sala de mando, ya está todo el mundo reunido. Junkrat charla animadamente con Winston que parece más relajado y Hana y Satya se ríen de algo que han comentado a McCree que refunfuña un momento, pero luego las sigue.
Jack se acerca al panel del control y pulsa un par de botones que hacen que aparezca un holograma con un mapa justo por encima de nuestras cabezas.
—Está bien, escuchad, es hora de que os diga lo que vamos a hacer. En el plazo de tres días saldremos de nuestro escondite para pasar a una posición más ofensiva—comenta Jack, imponiéndose a las voces de los demás, que callan al instante—es nuestro deber hacernos con los sueros de Talon y destruirlos.
Un ruido como el de un papel de caramelo al desenvolverse se escucha al final de la frase de Jack.
—La idea es suministrar el suero a cuantos soldados de Talon nos sea posible para que sean ellos mismos los que destruyan su propia organización—añade satisfecho—Durante estos tres días, Winston nos proveerá de nuevas armas y mejoras para la misión.
El ruido, como el de un papel al arrugarse, vuelve a escucharse esta vez más fuerte.
—Mientras tanto os prepararéis para...
—Ov...
Mis compañeros giran sus cabezas de un lado a otro, desconcertados. Parece que una voz, que sale de la nada, intenta comunicarse con nosotros.
—Overw...
El ruido entrecorta la comunicación.
—Overwatch. Agentes de Overwatch.
Todos contenemos la respiración.
—Agentes de Overwatch. Estamos listas para la misión.
La voz de Ana nos deja a todos quietos y alerta.
—¿Estamos listas? Ha hablado en plural—interrumple McCree, cortando el silencio—¿a quién más se refiere?
—A Pharah—contesta Angela, decidida.
