Hola. Lo siento, lo siento, lo siento, lo siento... se que he sido mala y he tardado con el cap. Lo se, pero es que estoy muy cansada de exámenes de trabajos y... que dura la vida de estudiante. Pero no pasa nada. Este cap es un poco raro, pero es a los que lo leéis los que debéis opinar. Muchos saludos y ha leer....
LA LUZ DE MI SALIDA
by ANDAIRA
CAPÍTULO 1
Dos Ciudades, Dos Personas, Un Lazo
En Barcelona. Pov Inuyasha.
—Kagome..- dijo Miroku- Kagome se ha ido
Todos nos quedamos paralizados ante esa información, que parecía llegar lenta a nuestro procesador. Nadie se movió. En la casa, solo había un silencio incomodo, enorme y frío, que se había apoderado de la estancia. Yo reaccioné al cabo de un rato riéndome ante el chiste de Miroku. Eso era imposible.
—Venga, Miroku, no creo que sea el momento de hacer esa clase de Bromas- le dije
—No me conoces si crees que yo bromearía con esto- me dijo todo serio.
—Pero es imposible que ella se haya ido, no tiene motivos.
—La verdad es que si los tiene, y son grandes. —dijo Miroku.
Dicho esto, Miroku se había puesto a explicarnos los motivos que habían llevado a Kagome ha irse. Me quedé sorprendido, la verdad, es que no me di cuenta de eso. ¿qué había pasado? ¿cómo habíamos llegado ese extremo? El padre de Kagome era un capullo, eso estaba claro, dejar a su hija con una deuda tan grande era vomitivo pero ¿por qué no pidió ayuda? Es Kagome, ella no pide ayuda. Ahora se había ido, sin intentar hacer las cosas de otra manera, se había ido.
Pero había una cuestión más importante, Miroku la había dejado ir. ¿por qué?
—La has dejado marchar- le dije despacio. Un sentimiento nacía en mi interior. Rabia, impotencia, añoranza. Kagome se había ido sin decirme nada, a mi. —¿por qué no la has detenido?
—Pues porque ella me lo pidió. Me pidió que no lo hiciera, que la dejara marchar. Yo se lo prometí, ella ya lo tenía decidido.
—¡Imbecil!- le dije y le agarré de los hombros enrabietado. El coraje me inundaba, la impotencia y el instinto se habían apoderado de mi. Ella no se tenía que haber ido, ella se tenía que haber quedado- ¡pudiste haberla detenido! ¿es que no querías que se quedara o que? ¿Por qué no la has retenido?
—Inuyasha ya basta él no tiene la culpa- decía Sango detrás de mi
—¡Ya estoy harto!- dijo Miroku echándome hacia el sofá donde caí de espaldas. La imagen que él daba era sorprendente. Se le veía dolido, frustrado, abandonado, triste... Nunca había reaccionado así, él, sobretodo, era una persona pacífica, comprensiva y dialogadora, nunca se enfadaba, que ahora lo hiciese, solo me sorprendió mas. —¡¿crees que no sufro yo o que?! ¿crees que me hace feliz que no esté? ¿quién eres tu para echarme las culpas? ¿quién es el que la hizo daño? tu, solo tu eres el culpable de que no nos lo dijera antes. Tu eres el que viniste y te hiciste su sombra y la adoraste, le diste ánimos y fuerza, ¿prometiéndole que? que no la ibas a abandonar, que estarías con ella. ¿quién faltó a la promesa? Tu, solo tu eres el culpable. No yo, ni nadie mas. –se irguió y me miró serio y dolido-
Es como mi hermana, Inuyasha, ella lo es todo para mi después de sango, la conozco más que tu, ¿cómo me puedes decir eso? Tu eres el que decías conocerla y entenderla. Tu eres aquí el único que sobra, Inuyasha. Me duele no sabes cuanto que ella se haya ido, pero yo la quiero y ella me lo pidió, me dijo que era la única manera de salir de todo, que también la daba una oportunidad para ser libre, conocer y empezar de nuevo. ¿la has dado tu una opción así antes? No, solo la has acorralado, la has jodido y lastimado. Por que la heriste, Inuyasha y no te hemos dicho nada, pero sabes que la lastimaste yendo con Kikyô, lo sabías y lo hiciste.- dicho esto, s fue a su habitación dando un portazo dejando a todo el mundo mirándome mal, enfadados por la manera en como había reaccionado.
Me quedé como una piedra. No dije nada, ¿para que replicar si cada jodida cosa que decía era cierta? ¿si no había mentido? Lo sabía, yo era quien la había lastimado, yo fui quien la separó de todos, pero nunca lo reconocería, no delante de alguien. ¿pero ahora de que me servía?
No dije nada, no podía, porque sabía que no tenía razón en nada. Salí de la casa sin decir nada, ignorando los llamados de Sango y Rin, los chicos no me dijeron nada, ellos sabían que era mejor no añadir nada mas. Salí de casa de Miroku y me fui a mi casa, donde mi novia me estaría esperando, pues esa noche la pasaba en mi casa.
En efecto. Cuando entré, vi las cosas de Kikyô por el piso, entré a la habitación y allí estaba ella, quien había pasado de buscar a Kagome. Me metí en el baño y me lavé la cara. ¿qué haría ahora? Kagome se había ido y no me había disculpado por lo del beso. ¿me quería disculpar? Una parte en mi, sabía que no, que ese beso había sido deseado, pues no estaba tan borracho. Los celos de que ella mirase al resto y no a mi, que sonriera a todos menos a mi, su indiferencia me había dolido.
Reviví la sensación de tenerla cerca, en mis brazos, como tantas veces, el calor de su cuerpo, su alegría y la suave sensación de ser querido. Esa noche, al tenerla bailando cerca de mi, en mis brazos, después de tanto tiempo, sus labios, que se movían contra los míos, su sabor. Sabía que nunca probaría algo así, que nunca lo sentiría en alguien más que en ella. Lo que sentía por Kagome, no se podía comparar con nadie mas, ella me entendía sin palabras, con una mirada. De repente, la cara de ella al separarse del beso vino a mi. Su crispación, su tristeza. Su cara, era de arrepentimiento y vergüenza. ¿por qué? Esa cara, que había sido la sustituta del deseo, se me había clavado desde entonces como un astilla, no me la podía sacar. Y sabía el porque. Ella no era de las que salen con alguien que está con otra, ella sabía lo que era eso, lo había sufrido, yo, estando con Kikyô, la había besado, la había deseado, la sola idea de parecerse a ella, le repugnaba. Esa, al menos, era mi teoría, aunque sabía que había algo más que eso, algo que no sabía. Ella se había ido por necesidad sin despedirse, solo de su hermano. El hecho de que no se hubiera despedido de mi, me encogía el corazón de una manera sorprendente. ¿Pero que era yo de ella? Lo que me había dicho Miroku antes volvió a mi memoria. No era nada, solo había sido otro peso en su vida, otro problema, otro dolor. Le había prometido que la cuidaría, que no le haría daño... todo lo ue yo había dicho solo habían sido palabras, palabras que como ella decía, se las llevaba el viento. Un recuerdo vino a mi para hundirme más en la culpa.
"Supongo, pero para que seas mi amigo tienes que aceptar dos condiciones.- yo asentí diciendo que estaba de acuerdo y que prosiguiera.-la primera es que todo lo que pase entre nosotros, cosas que te cuente yo a ti o al revés, no sale de nosotros. La segunda condición es que no quiero que me hagas daño.- le miré raro, así que se explicó.-no quiero que, si esta amistad empieza, me hagas daño o me mientas. Por experiencia, se que eso duele. Para mi una amistad es confianza, y eso para mi es muy importante, por lo tanto no quiero que eso se rompa. Estás de acuerdo Taisho?
-De acuerdo. No podría estar más de acuerdo- dije después de un rato"
¿En que momento había rota el pacto? En el momento que me acerqué a ella y me sentí celoso de James. En el momento en el que sentí lo que ellos compartían, en el momento en el que ella me dijo que no me prometía nada.
-¿Por qué siempre que digo que no te dejaré nunca o algo así te vas o me lo refutas?- le pregunté enfadado
-Porque no quiero promesas. No es que no confíe en ti. Las promesas son palabras sin sentido de una persona que en un momento cree que podrá cumplir, pero las palabras se las lleva el viento, Inuyasha, no todo dura y no siempre se logra lo que queremos.- me dijo
Aquella vez ella fue sincera. Yo le prometía estar siempre con ella y solo dos o tres horas más tarde la estaba traicionando con la persona que más daño le había hecho. Ella había tenido razón, yo lo solo había agravado su estado anímico hasta esos puntos. Yo solito me había ganado cada una de las malas palabras de ella, cada uno de sus gestos indiferentes, cada una de las críticas de los demás, ya había cavado este agujero.
Me lavé la cara por tercera vez y me di cuenta de que era imbecil, me estaba trastornando. Salí del baño. Hacía mucho calor para dormir en pijama. Retiré la sabana de la cama destapando a Kikyô, ella llevaba un camisón turquesa corto, eso me recordó a que Kagome siempre dormía en camisón, a diferencia de Kikyô, que solo lo hacía en verano. Me quité la ropa y me quedé en Bóxers, metiéndome después en la cama al lado de Kikyô. Esta, como siempre, se acurrucó a mi lado encima de mi pecho para buscar calor. La rodeé con un brazo y cerré los ojos dejándome llevar por la noche. Esperaba en vano que, si dormía, me levantaría sabiendo que todo había sido un sueño, una horrible pesadilla. Kikyô se movió más hacia mi, por un momento, volví a recordar a Kagome, cuando dormíamos juntos en el sofá, o cuando estuvo mala. ¿qué haría ella sola en Londres? Ella era muy fuerte, pero estaba sola, sola como me sentía yo en ese momento, deseando que Kikyô fuera Kagome, al menos un momento, para disculparme, para rogarle que volviese. Sin duda, eso me lo había buscado yo mismo. Cerré los ojos más fuertes y, entre el cansancio y las noticias, me dejé llevar por la oscuridad, una oscuridad fría, sola, de donde no escaparía hasta mucho tiempo más tarde, cuando el sol que se había ido volviese.
En Londres, Pov Kagome
Estaba en la cama de lado medio dormida. Tenía mucho sueño, casi no había dormido nada con lo del viaje. El viaje. No me lo acababa de creer, eso no me podía pasar de verdad, era lo típico que sale en las pelis y libros pero no en la vida real, pero para que engañarse, las cosas sí se habían dado así, era tan real como la cama en la que dormía. Me daba miedo abrir los ojos. Sentía como algo que no me gustaba. Hacía una temperatura normal, unos 20 grados más o menos. La cama era cómoda, la cama de mi nueva casa, de mi nueva vida. Había dejado tantas cosas, tanto, que me asustaba perderme y no volver. Pero no, había venido para volver a empezar y eso era lo que iba a hacer. Con esa firmeza me di la vuelta sin abrir los ojos. El recuerdo del avión estaba como fuego en mi piel de marcado.
Flash Bak¡ck
Miraba el súper avión de grandes dimensiones que estaba delante. Mi primer vuelo, sola, bueno, no sola pero si. Me daba respeto más que nada. Subí por las escaleras siguiendo al señor Glosum, quien me había recibido sonriente y animado. El avión era enorme por dentro, las mozas de vuelo me sonrieron, como a todos los pasajeros. Seguí al señor Glosum hasta el asiento que el escogió y me tendió la ventana. Él sabía que aquel era mi primer viaje y me había dicho que al ser el primero, era obligatorio la ventana. Acepté sonriente y me senté para sacar luego mi mp4. El rió si me dijo que solo me los podría poner cuando la luz que había en las cabezas se apagara. El porque era muy simple me dijo "no vaya ha ser que se caiga el avión" quizás era broma, pero ante la ignorancia, todo precaución era poca.
El cacharro, osea el avión, se puso en marcha y me agarré con fuerza al brazo del asiento nerviosa. Las hostesas de vuelo empezaron a hacer gestos extraños como los de un mimo a la vez que una voz gravada en inglés nos decía algo. La situación era bastante graciosa, pero mi preocupación estaba en el cacharro que se había elevado y elevado hasta estar muy alto. Solo la voz de Glosum que me decía que mirara a la ventana me distrajo lo suficiente. En efecto, miré la ventana y los miedos se me fueron. El paisaje a vista de pájaro era inmejorable, las nubes, pocas, se alzaban como nata en el cielo, una preciosidad. El miedo a volar que tenía se me había ido al ver ese deslumbrante paisaje.
Fue entonces cuando me fijé mucho más en lo que me rodeaba. Las hostesas iban y venían con gracia con esos súper tacones y hablaban con los pasajeros, unos cuantos. Miré la luz que se tenía que apagar para que yo pudiera escuchar música. La luz, al cabo de unos minutos, se apagó. Saqué el mp4 y lo desenrollé. Lo miré antes de encenderlo. Eso más la ropa y unos objetos más eran lo único me llevaba en ese viaje. Ese objeto en especial era el que siempre iba conmigo fuere el sitio que fuere, era mi compañero. Lo encendí, y la canción de Stantd in the rain de superchic era la primera en mi play list. Cerré los ojos y me estiré en el asiento, dejando que la música me hiciera recordar todo lo que era.
No supe el rato que había dormido. Al ser de noche, todo el avión viajaba en silencio con sus pasajeros durmiendo. Glosum también dormía y solo entonces me di cuenta de que tenía la cabeza en un cojín de esos de respaldo y una manta encima. Todo estaba en calma, por lo que supuse que el viaje aún iba a durar un rato mas.
Fin flash back
El resto había pasado más rápido. El viaje de avión había sido fantástico, una pena los motivos que me habían llevado a pisarlo. No tenía más sueño y me senté en la cama intrigada en mi nuevo hogar. ¿cómo sería? La cama no estaba pegada a ninguna pared, es mas, era de matrimonio. Me levanté y decidí abrir la ventana grande que daba a un patio con fin de ver mejor mi hogar. Me quedé asombrada y una vez mas, la sensación de irrealidad me asaltó. Pero eso era muy real.
La habitación era grande y tenía una forma rectangulares. En la pared del fondo, aparatado de la puerta estaba la cama, que era más bien baja con el cobertor negro con franjas doradas con la separación entre líneas muy grande, con lo que contrastaba muy bien el negro con el dorado. Me giré, y al lado de la cama, a la derecha, estaba la pared con la puerta de entrada. A mi izquierda, había una pared la mitad de corta que la derecha con una puerta por la que se podía entrar a otro cuarto. Avancé y me di cuenta de que era un baño, al entrar, vi la bañera blanca ovalada pero a lo largo y un lavabo con el vidé en una pared y el lavamanos y el toallero junto a la ventana enfrente de estos. Salí del baño con los ojos como platos y me fijé en el resto de la habitación. No había nada mas, puesto que no estaba amueblado, era una habitación muy grande con un ventanal para acceder al Balcón en frente de la pared de la cama pero más lejos.
Salí por puro fascine y contemplé la vista. Estaba enfrente de un parque muy cuco pero no muy grande, mediano y alargado a lo largo de la calle con una fuente. A su alrededor había una carretera que iba en los dos sentidos, uno en cada lado y la fuente era la rotonda. En el parque había mucha gente paseando y corriendo. Por lo visto era un sitio tranquilo, donde mi acera, era la parte donde empezaba lo comercial, con las tiendas y el ajetreo pero en menor medida.
Volvía entrar para seguir viendo el resto de la casa. La puerta de mi habitación daba al final de un pasillo con una puerta enfrente. Entré y me di cuenta de que era otro baño igual al anterior pero más pequeño y con la bañera rectangular..
Salí del baño y recorrí el pequeño pasillo que daba a parar a lo que era un gran salón-comedor-cocina. Abrí las ventanas para verlo mejor y me quedé sin habla. Había una tele en la pared que daba al pequeño baño, y una cocina, sin pared de separación, a la otra punta del habitáculo rectangular. La cocina era de esas que tienen la encimera con el horno y el extractor en un armario rectangular en el medio y separado de la pared y pegado en la pared estaban el resto de muebles para poner el resto de cosas, con el microondas. Sin duda una cocina enorme. Siguiendo el pasillo que queda interrumpido en una pared por el salón, había una puerta mas, aparte de la de la calle, que acababa con un pequeño pasillo que separaba la cocina de la puerta.
Entré en esa habitación y abrí la ventana, que en este caso solo era eso, una ventana con una pequeña baranda para apoyarte a mirar. Esa habitación era más pequeña, no tenía baño ni nada, estaba toda vacía.
Estaba alucinando colores con ese piso. Era enorme y muy moderno. Salí al balcón del salón y volví a quedarme impresionada. Des de ahí (el balcón era muy grande) podía ver la continuación del paseo, que seguía haciendo esquina, y la inmensidad de edificios contiguo al mío, que había en esa manzana y en las demás.
Estaba tan feliz. En parte estaba triste, ya que había tenido que irme de mi país, mi casa para poder ser libre y salir adelante. Me dolía en parte, pero como decía mi canción predilecta para estos momentos
"So stand in the rain
Stand your ground
Stand up when it's all crashing down
You stand through the pain
You won't drown
And one day what lost can be found
You stand in the rain"
Yo haría eso, aguantar el dolor, luchar contra la soledad, seguir bajo la lluvia de Londres, que había cambiado su rutinaria aparición en los cielos del país para darme la bienvenida.
Estaba perdida en el paisaje, los ruidos de la ciudad a una hora entrada en el día. Las ciudades siempre me habían gustado más que los pueblos. En las ciudades, la gente está por lo suyo, los acontecimientos de la gente normal no corrían como la pólvora en la s bocas de la población. El camisón de color negro azabache se movió a causa del viento acompañado por mi cabello, que se alzó sobre mi espalda alborotándome las puntas rizadas. Estaba tan ensimismada que el pequeño ruido que oí a mis espaldas fue como el ruido de una bomba. Me giré y me quedé helada.
La penetrante mirada de unos ojos azul tan grandes como el cielo me devolvieron la vista, y con esa mirada, la realidad volvió a llamar a mi puerta.
En Barcelona. Pov Inuyasha.
Saqué la cafetera con el café hecho. El olor a café inundaba la casa. Me senté en la mesa y sorbí el café con tranquilidad. Eran las once de la mañana y hacía cinco minutos que me había levantado. Solamente vestía unos pantalones cortos del pijama para andar por casa.
Al levantarme esta mañana pensaba que lo pasado la noche anterior era solo un sueño, una pesadilla más bien, pero no, no lo había sido.
—Pues que sorpresa con la niña esa. Todos buscándola y ella en Londres, que cara, y luego se las da de responsable- dijo Kikyo viniendo hacia mi.
—Ella se ha ido par trabajar por unos problemas, no para otra osa, no tenía opción- Le contesté cansado de su desagradable aura.
—Ya, pero sin avisar ni nada. Eso, inu, me parece una desconsideración y una cobardía en toda regla, vaya geta.
—Bueno, bueno, ya basta, que estoy cansado- le dije haciendo que dejara el tema, su opinión no iba a cambiar por mis comentarios.
—Oye, inu- dijo sentándose a mi lado- ¿qué tal si nos vamos por ahí hoy?
—Vale- le dije- ¿a dónde?
—¿Que te parece a la playa? A l'Estartit estaría bien.
—Bueno, me parece bien, la playa con el sol y el agua.
—Pues voy a cambiarme- dijo yéndose dándome un beso.
Me quedé solo. Alejarme de todo era lo que más necesitaba, aunque no estuviera solo del todo. Kikyô era una parte importante de mi vida, me aportaba muchas cosas positivas y tenía una manera de arreglar las cosas de persona madura, como mucha gente no hacía. El único problema que había tenido con ella se había ido, seguía teniendo el recelo de mis amigos, auque me dijeran siempre que no era así. Sorbí el último trago de café y cerré los ojos en el éxtasis. Había aprendido a amar muchas cosas, entre las que figuraba el café. Estaba por levantarme para cambiarme cuando llamaron a la puerta. Me dirigí hacia ella y la abrí.
—Hola- dijo Sango
—Hola- dije bajito, pero ella me escuchó.
—¿Crees que puedo pasar?
—Claro, pasa- le dije dejándole pasar y sentándome después de ella en la silla de la mesa- ¿qué pasa?
—Tienes la misma cara que Miroku- dijo y yo bajé la cabeza.
—La verdad es que siento mucho lo que dije ayer, me pasé y él no tenía la culpa de nada.
—No te diré que no. Miroku es el que más quiere a Kag. Siempre han tenido una relación que va más allá de la amistad, es mucho más que eso. Creo que lo que le dijiste ayer era tu forma de desahogarte, pero lo pagaste con la persona equivocada y él no actuó como pensábamos.
—Lo se, estaba muy enfadado. Es que, él la pudo haber detenido y...
—¿Crees que no lo intentó?- me dijo severamente- Porque si es lo que piensas no le conoces. Mira, ya te he dicho que su relación es muy compleja. Me dijo que él hizo todo lo posible, pero que ni él se lo pudo prohibir. Me dijo que para ella, ese paso, aunque era muy complicado, era un paso necesitado, uno que debía de dar ella sola y él, ante eso, no pudo decir nada.
—Si lo se, Sango, pero, es muy difícil. Se ha ido, está sola en un país muy lejano y... me preocupa.
—¿Te preocupa ahora y no antes cuando fuiste tú el que la hizo daño?
—...
—Mira, yo también estoy preocupada y miroku está muy decaído por lo que ha pasado, sobretodo por lo que te dijo ayer.
—No se ha de sentir mal, solo me dijo la verdad, la pura verdad. Me he portado mal con ella, me acerqué a ella y le prometí que no le haría daño. Cuantas veces me dijo que no le prometiera nada, que las promesas solo son palabras que dice una persona, solo palabras que crees que puedes mantener en ese momento, pero que a veces, no se puede mantener en un futuro. Se lo prometí, me acerqué a ella y al final resultó ser que la hice daño yo.
Me volvía a sentir como todas las veces que Kagome me decía que no quería nada conmigo, cuando me echaba de su casa, cuando me giraba la cara. Me sentía como un estúpido, un estúpido que en vez de arreglar las cosas las empeora. Un estúpido que descubría que lo era.
—Si, eres un completo imbecil, no es novedad- dijo Sango- pero eso lo sabemos todos así como entendimos tu reacción ante la noticia, pero hay que dejar eso atrás. Ella es fuerte, siempre lo ha sido, esté donde esté ella saldrá adelante.
—Si, tienes razón.
—Pero eso no es lo a que he venido. He venido a pedirte algo
—Dime.
—Mira, Kag se fue muy rápido y ha dejado dos trabajos sin decir nada. La cuestión es que necesito que vayas tu al trabajo de Barcelona y le digas a la dueña lo que ha pasado.- me dijo dándome un papel con la dirección.
—¿y al otro?
—Irá Miroku de aquí a un rato y yo me voy a llevar a los niños al parque en Granollers.
—De acuerdo y ....
—¡No!, Inu me habías dicho que iríamos a la playa.- dijo Kikyô saliendo de la habitación enfadada.
—Lo se, Kikyô, pero es un asunto delicado, iremos después, o mañana y pasamos el día allí. ¿qué te parece?-dije intentando ser conciliador
— ¡¿Sabes? estoy harta¡ ¡siempre lo mismo, aún no estando ni el país te preocupas más por ella! ¿yo soy tu novia, joder!-dijo enojada y saliendo con su bolso por la puerta
—La verdad es que tiene razón- dije para mi mismo
—¿Tu crees?- dijo Sango levantándose- ¿sabes? Creo que no supiste escoger. Para hacerse notar ante alguien no es necesario liarte con su enemiga ni con otra. Creo que eso lo hiciste mal. Mira, intenta planteártelo de otra manera, la cuestión está en ¿por qué me preocupo o estoy por Kagome antes que por mi novia u otra persona?
—...
—Por cierto- dijo Sango antes de salir por la puerta- Me ha llamado Houshiro. Me ha dicho que tiene algo que darte. Está en casa de Kag, te está esperando.
—Gracias- musité.
Oí como sango salió por la puerta.
¿Por qué me preocupo o estoy por Kagome antes que por mi novia u otra persona?
No lo sabía. Kagome despertaba en mi un sentimiento muy extraño. Siempre me instaba a protegerla de todo. Cuando apareció James y me enteré de que él la amaba, un sentimiento de rabia, de miedo se había apoderado de mi hasta llevarme a ir a su casa. ¿La explicación? No tenía ninguna, pero solo me pasaba con ella.
Miré la taza donde antes había estado el café. Sonreí ante la imagen de ella bebiendo su preciado café, su cara de felicidad, su cara de niña pequeña ante su sabor. Ella se había ido.
Me levanté y fui hasta mi habitación para cambiarme. Hoy hacía un día de perros, con una calor insoportable. Me puse unos pantalones negros con un polo de color rojo, cogí las gafas y salí de mi casa cerrándola después.
No tardé en coger el coche y plantarme ante la casa de ella. Me bajé del coche y miré la casa a la que había ido muchas veces antes, que tiempos aquellos, pensar que des de hacía tiempo no entraba en ella libremente sin salir escaldado. Las ventanas estaban abiertas y un sentimiento hizo que mi corazón latiera con violencia, con desesperación. ¿y eso? ¿por qué sentía eso? Algo le decía que lo que allí iba a encontrar era algo importante, algo muy importante. Había alguien en casa...
Entre a toda prisa y oí pasos en la planta de arriba de la casa. Había alguien en esa casa. Intenté localizar la procedencia del ruido en la estructura de la casa. Abrí los ojos como platos cuando me di cuenta de que el ruido venía de...
Corrí y crucé como un rayo, como demonio perseguido, como ladrón... El corazón me latía a mil por hora, podía ser ella, podía haber vuelto y todo quedar en una tontería.
—Kagome- grité al entrar en su habitación corriendo.
Pero me había dejado llevar por el impulso y no por la realidad y la lógica. Ella no podía haber vuelto.
Un hombre estaba en el centro de la habitación. El habitáculo estaba impecable. En la cama solo estaba el colchón, sin funda ni nada, el armario vacío, el escritorio más muchísimas cosas de las estanterías desaparecidas junto a su dueña. La habitación, en ese entonces, me pareció el Polo Norte.
—Ella no está aquí
—Lo se, es solo que...
—Esperabas que lo estuviera- dijo Houshiro.
El hombre parecía cansado, triste y solo. Siempre había respetado a ese hombre, lo hacía porque Kagome le tenía un enorme respeto. Pero él había sido el que le había dado a ella la idea de irse. La rabia me indicó y quise recriminarle, decirle que él no tenía derecho a nada, no podía apartarla de su lado, no podía. ¿o si?
—La verdad es que estoy aquí pare mirar si algo valioso se queda aquí, cuando vendan la casa no quiero que nada bueno se pierda.
—¿Tan mal estaba todo para que ella se tuviera que ir?- dije sentándome en la cama, su cama, pero sin ella.
—La verdad es que si- dijo sentándose él también- des de hace mucho. La verdad, es que las cosas llevan tiempo estando muy mal, demasiado.
—¿Tanto como para irse? me parece que no- le reproché.
—¿Sabias que su padre le pegaba?- yo giré la cara asombrado, paralizado, estático. ¿qué?- si, ella me venía a ver o yo la venía a ver y ella estaba con moratones. Una caída me decía ella, pero una caída no hace esas marcas. Ella no dijo nada, claro está, cuidaba como si nada a su hermano, creo que la ha pegado más de una vez. ¿la madre? La madre se lió con uno y solo venía a dejarles lo justo para poder comer. más tarde vino y se despidió de ella diciendo que ella no quería saber nada del fraude de su padre.
—¿Le...le pegaba?- dije enrabietado y impactado por la noticia. No podía ser.
—¿Sabes lo mejor?- dijo irónicamente- No era su hija biológica. Ella había sido adoptada des de que nació por su "madre" para atar a su padre a ella por su dinero, dinero que al no tener dejó de importarle.
Kagome si que lo sabía. Se lo dijo su madre biológica un día después de cumplir los 18. No pasó nada. He visto a Kagome sufrir des de pequeña. La he visto perderse su infancia, ir de niñera en niñera, prepararme cafés a los 5 años, ir sola a todos los sitios, no jugar nunca, planchar y, en fin, todo los quehaceres de la casa. Cuando nació su hermano, le vi cuidarle como a su hijo, le daba el biberón, le cambiaba, le duchaba, le llevaba al medico... todo. Le he visto sufrir, Inuyasha, no ser feliz, estar atada. La oportunidad que yo le ofrecí fue para que ella se sintiera libre, se alejara. Ella se lo merece, ¿no crees? Lo hice por eso, para hacerla feliz. ¿se lo ibas a negar tu? Miroku se negó al principio, lo dijo porque Sango me contó lo de anoche, él se negó en rotundo hasta que ella le dijo lo que significaba para ella eso. Él lo entendió, por eso, en contra de su voluntad, la dejó ir, no por otra razón.
—No sabía- dije traumado y enfadado- ¿por qué no pidió ayuda? Yo podría haberla ayudado y...
—Ella es así, no hay mas.
La orgullosa Kagome que no pedía ayuda. Había estado sufriendo delante de mis narices tanto tiempo y no me había dado cuenta. ¿yo que había hecho? Solo empeorar las cosas, hacérselo más difícil aún, no ayudándola, enfadándome con ella y traicionándola. No me lo perdonaría. En este momento, me odiaba más que nadie en el mundo. Era despreciable.
—Bueno. Yo la verdad es que aquí ya he acabado. Solo te esperaba para darte esto para cerrar la casa de una vez.
Le vi ir al escritorio de Kagome y coger un papel doblado blanco con una cosa escrita en el exterior. Él lo cogió y anduvo hacia mi con paso lento, lastimero, cansado...
—Limpiando esto para no dejarme nada he encontrado esto. No lo he leído, he llamado a Sango para que te llamase en cuanto he leído lo que ponía en la cara. Es tuyo de Kagome.
Me tendió el sobre y yo lo miré como si subiera sosteniendo algo imposible e irreal. Ella se había ido pero me había dejado algo. Mi corazón latía apresuradamente por el ansia de saber el contenido del papel. ¿qué me diría? Pe5ro el ansia estaba en tablas con el miedo, miedo de lo que pudiera decir en ese papel, miedo a que lo que estuviera escrito no me gustara, miedo.
Lo cogí y salí de la casa sin decir ni pío. Dejando a Houshiro con una sonrisa triste en la boca, como si me entendiera. Me invadió el miedo con la privacidad, no quería que nadie me viera leyendo eso, no quería, quería irme de ahí. Cogí el coche y lo puse en marcha con el papel en el asiento del copiloto que me llamaba sin parar.
Dejé a Houshiro en la habitación. En todo ese rato que había estado con él, todas sus expresiones no superaron la línea de la tristeza. Él había perdido a lo que era para él una hija mas.
En Londres, Pov Kagome
—Em... hola
¿quién narices era ese chaval?
Un hombre musculoso, vestido con una camisa negra y unos tejanos ajustados y un cabello negro y largo recogido en una cola alta me miraba un poco turbado des de la puerta de la calle. Sus ojos eran lo que más me había impresionado. Azules. Poseía unos ojos azules enormes que se dejaban ver con asombrosa facilidad. Pero la cuestión no era como era el chaval sino qué hacía en mi casa.
—Oye... ¿se puede saber quie...?
pero no me dio tiempo a decir nada mas, porque una joven de unos veinticinco años había pasado delante del joven tapándome la vista y me miraba toda emocionada con unos ojos verdes como esmeraldas e iluminados por una extraña razón.
La joven tenía mi cuerpo, tenía una bonita figura, mejor que la mía incluso. Vestía una falda con vuelo de color rosa palo con una camiseta de tirantes blanca y una chaqueta de esas finas de lana o de un tejido suave y ligero de color negro. Los zapatos de tacón sencillos de color blanco no le daban un aspecto formal, sino todo lo contrario, era como quien lleva bambas ya que eso no le había impedido soltar una bolsa enorme de compra y su bolso para lanzarse a toda velocidad hacia mi y abrazarme como si fuera su peluche. Me quedé parada y perdida. Esa reacción por parte de una persona que no conoces y por lo tanto te es desconocida totalmente te deja sin habla.
—¡Ohhh! ¡¡Kagome! ¡que mona eres! Que alegría conocerte a fin ya tenía ganas. ¿cómo has dormido? ¿qué te parece la casa? ¿y la ciudad? Oh, pero no te preocupes por los muebles, hoy después de desayunar iremos a comprarlos, tenemos un servicio que te los llevará a casa, ya hemos informado de tu llegada y la urgencia de tener al menos una mesa para comer ¿no? Ya veras como te gustará esto vamos a ser muy...
—La estás mareando, Ayame- dijo el joven preocupado pero sonriente ante la escena según el graciosa.
—Oh, lo siento-dijo un poco desanimada por el corte que le había hecho su compañero.
—No te preocupes- me dijo el chico sonriendo- es muy animada con las personas que aprecia, además se le acaba adorando pese a su espontaneidad-dijo riendo- bueno, creo que hemos empezado un poco mal, ¿no?. Soy Kouga Wolf y este monstruito es Ayame Bysshe- dijo siendo fulminado instantáneamente por su compañera.
Yo sonreía a esa pareja de extraños que, pese a ser eso, extraños, no me infundían ningún sentimiento negativo, al revés, solo ánimo y calor. Me gustaba la mirada y el recibimiento cálido de Ayame, que, aún estando un poco cortada, me seguía sonriendo. En otra situación hubiera reaccionado mal, pero era como si su alegría reflejada en su aura me relajara y me instara a confiar en ellos.
—Gracias, me presentaría, pero por lo que veo ya sabéis quien soy.
—Lo siento- dijo ayame dándose un golpe en la frente- nos hemos presentado aquí tan efusivos sin decirte quien somos, que tontos.
—Tonta tú, que te has lanzado a sus brazos tan así, la pobre se debe de haber llevado un susto que tela-dijo Kouga y ella le miró dolida, pero su gesto cambió al ver la sonrisa escondida este.
—¿Qué te parece si te lo explicamos las cosas desayunando?- añadió Kouga señalando la bolsa del suelo- hemos pesado que no tendrías nada que comer y... bueno, aquí estamos.
—Claro, pero las sillas...-dije yo
—No hay problema, coloqué sillas ayer por la tarde al traer la tele y acomodarlo todo para tu llegada por si acaso, voy a buscarlas.
Me quedé esperando con Ayame en el salón vacío. Ella, contenta, me sonreía y se alejó para coger la bolsa del suelo.
—Vamos. Seguro que tienes hambre he traído café y muffins.
—¿Café?- le dije abriendo los ojos como platos. El café era lo que más me apetecía tomar en ese momento, un café, solo o con leche, me daba igual. Sonreí y me fui con ella hacia la parte de la cocina.
Ella dejó la bolsa en la encimera mientras me apoyaba en el mármol de pie mirándola. Ella sacó todo lo que contenía la bolsa más el café que lo calentó en el microondas.
—¿Te gusta la casa, Kagome?- aún no sabía como ella sabía mi nombre.
—Si, es grande y bonita.
—Ya lo creo que si- Dijo riendo- yo tengo una parecida pero un poco más pequeña, la empresa que nos las da suelen hacerlas así
—¿La empresa que os las da?
—Si, cuando les hacemos una compra o algún favor, muchas veces preferimos que nos paguen con bienes o servicios en vez de dinero. Como los coches de las empresas que nos las da una empresa de coches por ciertos favores empresariales.
—Vaya- le dije sorprendida- Está muy bien- dije mirando la casa otra vez- la pena es que he de comprar los muebles- dije para mi, pero ella me había oído
—No pasa nada, por eso estamos aquí y tienes tres días para ponerte a tono con la casa
—Tomad- dijo el chico, cortando mi siguiente pregunta, acercándose con las sillas y poniéndolas para sentarse-
—Gracias- dije sonriéndoles- pero hay algo que no entiendo, ¿Cómo sabéis ambos mi nombre? Yo no os lo he dicho
—Eso es muy fácil de explicar. El señor Glosum nos pasó ayer una ficha con tus datos- dijo Ayame sonriendo
—¿Qué ponía de mi en esa ficha- dije nerviosa. Yo había venido aquí para empezarlo todo de nuevo, no quería que nadie supiera nada de mi aquí.
—Tranquila- dijo Kouga sonriendo- en la ficha solo ponía tu nombre y apellidos, tu estado civil, lugar de nacimiento, nacionalidad... nada de tu vida allí, no has de porque preocuparte, solo pone lo justo y necesario.
—Ah- dije más tranquila- ¿cómo es que sabéis Español si sois londinenses.
—Bueno, la verdad es que... -dijo Ayame
—Yo soy Español, vivía en Madrid con mis padres y he viajado mucho de allí a aquí, por eso se Español, aparte de que he estudiado allí.- dijo Kouga- Ella es de allí también, pero ella vino por unos motivos más complicados a los diez años, lo suficiente para saber la lengua y querer seguir estudiándola aquí.
—Vaya- dije cogiendo el café y un moffin que me ofrecía Ayame, que se había quedado en silencio-¿y que sois de la empresa del señor Glosum?
—Aunque no te lo creas, somos accionistas de la empresa, además de que él es el director de producción y yo la comercial- dijo solemne Ayame bebiendo café
—Pero eso es imposible- dije yo asombrada- no debéis de ser mucho más mayores que yo, sois muy jóvenes para tener un puesto así.
—Si, es atípico, pero todo tiene una explicación- dijo Kouga- Mis padres eran los que antiguamente ocupaban mi puesto en la empresa, Ellos, lamentablemente murieron hace unos dos años y yo, que estaba en un puesto más bajo que ellos, al conocer su funcionamiento y al heredar las acciones, Glosum me hizo el director de producción.
—Lo siento- dije
—Yo soy un poco más nueva que él. Entré hace un año como directora comercial. Yo nací en España y a los diez años me quedé huérfana, por eso me vine con mi nana, que era mi abuela, aquí. Todo fue gracias a Glosum, que era amigo de mis padres, me ofreció casa y estudios, más tarde salí de la universidad con estudios de marketing y él me colocó como encargada del marketing junto con la directora comercial y accionista. La directora comercial se retiró por una enfermedad y Glosum creyó que yo era la mejor para ese puesto.
—Vaya, que suerte, se ve que el señor Glosum es querido por todos.-comenté
—Si, el señor Glosum nos ha dado trabajo a muchos extranjeros, sobretodo españoles que se han ido de sus países por motivos de peso, por eso en la empresa nos llevamos todos muy bien, casi todos hablamos español un poco.
—Por cierto, antes me has dicho que tenía tres días para ponerlo todo a tono con la casa. ¿qué querías decir?- le pregunté a Ayame, quien me sonrío después.
—Mira, tienes tres días para acomodarte en la casa. ¿no pensarías que ibas a empezar viviendo en una casa sin muebles y fría, verdad?- me dijo cogiéndome de las manos mientras Kouga negaba con la cabeza- Mira, hemos hablado con una empresa muy cercana a la nuestra para que puedas obtener los muebles necesarios es unos tres días, iremos hoy a mirarlos. Ah, también pintaremos la casa.- dijo con los ojos como estrellas de la emoción.
—Pero no cre...
—Nada de peros, Kagome- me dijo seria de repente- como mucha gente supongo que has venido aquí para empezar de nuevo. A nosotros nos da igual qué dejas allá, solo queremos que empieces de cero en un lugar que te haga sentir como en casa, a gusto, solo eso.
Me quedé asombrada por lo que ella me había dicho. Era verdad, pero la amabilidad y la confianza que me tenían me estaba haciendo sentir rara, esto, no era lo que me había imaginado al subir al avión. Pero sabía que ahora no estaba sola, de alguna manera, le veía futura a esa amistad que ellos querían tener conmigo. Pero había de ser cuidadosa, las cosas no son siempre como parecen, pero necesitaba tanto la cercanía de alguien... Miré a Ayame, quien me miraba esperando una contestación o algo. Me miraba con alegría, sinceridad y calor, Kouga, estaba serio, Pero serio por que apoyaba a su compañera en lo que había dicho. Quizás era hora de cambiar un poco en mi carácter desconfiado con según que gente, quizás esto era una manera de empezar de nuevo. De repente sonreí, y fue una sonrisa sincera, llena de expectativas e ilusión, esa sonrisa no era fingida, era una sonrisa feliz y verdadera.
De repente, la idea de ir de compras con la que parecía una compradora compulsiva, y un joven apuesto y misterioso, me pareció interesante y apetecible.
—Pues vamos a comprar los muebles y la pintura- dije poniéndome de pié.
—Pues ve a cambiarte- me dijo Ayame riendo- que no creo que se veas bien ir en camisón por la calle.
Me miré y enrojecí de vergüenza, aún llevaba el camisón, que dejaba poco a la imaginación, y descalza.
—Ups, si creo que es mejor vestirse- dije, y ellos asintieron tranquilos y alegres.
Me fui a mi enorme habitación y miré por un momento la vista. Sonreí alegre.
Empezaré de nuevo
En Barcelona. Pov Inuyasha.
Estaba en el coche con el papel en el asiento del copiloto, donde siempre iba ella.
Ella me había dejado algo para mi, una nota con una explicación o algo. Pero me daba miedo leerlo, mido o solo que no quería, no podía. Hacía una hora que había saldo de la casa de Kagome, ahora estaba en Barcelona, aparcando en el paseo marítimo tras una caravana de narices. Me bajé del coche y miré al mar.
Recuerdos invadieron mi mente, recuerdos a los que no me podía permitir hacer caso ahora, no, ahora tenía algo que hacer. Me metí en el metro y miré la dirección que había de tomar para ir al Carrer Balmes, como me había dejado Sango en el papel. Me metí en el metro con el papel de Kagome en el bolsillo de los pantalones y escuchando música con el móvil. Tardé bastante, dado que era complicado llegar a esa parte de Barcelona, al llegar me puse a buscar el bar, no tardé en encontrarlo, el color de la fachada le hacía destacar de los demás edificios. Entré, y en ese momento solo el silencio me dio la bienvenida, nada mas. Me adentré más y fui a la barra, donde una mujer salió de detrás del mostrador.
La mujer me miró sorprendida y luego se acercó a mi, dándome una vista de cómo era. La mujer tenía una cara bondadosa, sus ojos verde esmeralda, su pelo, de color cobre tirando a rubio dorado, largo, liso y recogido en una cola baja acentuaban el aspecto amable de la mujer. Vestía una bata de esas con muchas flores blancas con el fondo negro, los guantes de goma marcaban lo que eran unas manos viejas ya arrugadas, futuro de unas manos finas y envidiables.
—¿Qué quiere un joven tan guapo de una vieja a estas horas, cielo?- me dijo la anciana
—Vengo de parte de Kagome, señora.
La vieja levantó los ojos como platos y me miró. Me hizo una ademán para sentarme en una mesa y ella me trajo un baso de agua para sentarse delante de mí.
—¿Qué le ha pasado a mi niña, cielo?- me dijo preocupada
—Se ha ido por motivos importantes a Londres, he venido a decírselo, pues el viaje fue repentino y ella no ha podido hacérselo saber como le hubiera gustado.
La vieja bajó la mirada y bebió un sorbo del agua de su baso, despacio.
—Sabía que algo así podía pasar. ¿Pero tan pronto? O, pobre de mi niña, que mal.
—¿Lo sabía usted?
—Si, pero solo era mi intuición. Kagome no me contaba mucho de ella, solo lo justo, es muy cerrada, pero supongo que eso ya lo sabes tú..
—Si.
—Gracias cielo, eres muy amable de venir a decírmelo. Tienes una cara muy preocupada, ¿estás preocupado por ella?
—¿Intuición?
—La misma.
— Si, estoy preocupado, pero ya da igual.
—¿Sabes? No creo que nunca sea tarde para algo, cielo. Creo que debes de aprovechar el tiempo que no pasas con ella ahora para arreglar lo que sabes que has hecho masl, no que cambies las cosas, sino que cambies tú. Solo es un consejo de vieja, cielo, pero deja las cosas como son, todo vuelve a su cauce algún día, solo hay que esperar, solo entonces podrás arreglar lo que se supone que has hecho.
—Gracias
Me giré para irme y antes de que pudiera tocar la puerta para abrirla la anciana me dijo:
—No dejes nada inacabado, no estropees más las cosas, piénsalo.
Me fui por la puerta, bajé por la calle hasta dar a la gran vía. De repente me acordé de la cantidad de veces que había venido con Kagome aquí. Me acordaba de su cara, su mirada al ver la ciudad, sus calles, sus edificios... No entendía como una persona puede querer tanto a una ciudad. Me metí en el metro otra vez pero con diferente objetivo. Me bajé en la parada Arc de Triomf. Ese sitio fue donde nos encontramos, bueno, en realidad en un autobús. Sonreí al recordad lo mal que me había tratado ella, bajé por la callé por la que ella bajó esa vez al separarnos. A ella le encantaban todos y cada una de las calles pequeñas. Salí a la catedral, y me interné en el claustro, donde sabía que ella iba muy seguido. El patio interior estaba lleno de plantes y de animales, patos, para especificar. Me metí en la placita interior donde estaba la fuente de los deseos, la típica a la que todo el mundo echaba monedas para los deseos. Salí de allí y me compré un chocolate caliente con vainilla. Me lo bebí mientras bajaba por la Gran Vía hacia el puerto.
Fue llegar y ver el atardecer. Era una vista preciosa, los barcos meciéndose por la brisa, los niños jugando en los jardines. Yo me encaminé por el paseo marítimo. La brisa me daba en la cara suave y cálidamente.
Pensaba en lo que la anciana me había dicho. No dejar nada inacabado, a medias. La carta de Kagome me ardía en el pantalón, pidiéndome a gritos que la leyera. Me acerqué al espigón y miré el mar que millones de veces había visto, pero nunca solo, siempre en compañía. La soledad dolía. Me senté, y dejé que el aire me moviera el cabello, la brisa... el olor a sal... el sonido de las olas, de la gente, todo era familiar pero insuficiente.
Haciendo acopio de todo mi valor saqué de mi bolsillo la carta y me dispuse a leerla, sabiendo que después de eso, todo cambiaría.
Inuyasha
La verdad es que te escribo esto solo para que sepas que no huyo de ti, pero lo pensarás. Ahora has de estar enfadado, furioso por que me he ido. Creo que ya te habrán explicado el porque me he ido, pero no puedes hacer nada.
Te escribo esto cuando tengo a Miroku llamándome des de el coche para irme, echaré esto de menos, pero creo que he de acabar esto como se ha de hacer, bien.
Creo que he sido muy mala enfadándome contigo por lo de Kikyô, la verdad, es que no soy nadie para hacerlo, pero solo me molestó. Me voy a Londres por mucho tiempo, puede que vuelva para irme otra vez, o puede que no y me quede, no lo se, solo se que espero que al volver seas feliz, sigas con lo que eres... Puedes y tienes el derecho de estar mosca conmigo, de no hablarme más o de odiarme, la verdad es que es justo, pero bueno, no te lo reprocharé si se da el caso.
Solo espero que me entiendas y me puedas perdonar. Me han dicho que me estás buscando, pero la verdad es que entre esto y la resaca, no tenía humor de ningún modo. Se porque me buscas. No pasa nada, no pasó nada, estás perdonado de todo, lo que uno hace ebrio no se toma en cuenta, yo no lo hago, así que no te preocupes, no se lo diré a nadie, es nuestro secreto, como muchos otros. Solo te voy a pedir un favor, solo espero que lo hagas por esa persona, no por mi, por si estás enfadado. Cuida a Souta ¿podrás? No me lo puedo llevar, es una condición, él sabe que volveré, yo cumplo lo que prometo, solo quiero que le vigiles por mi hasta que vuelva, sin compromiso ¿eh?
Bueno, espero que esto te haga saber lo necesario para seguir con lo tuyo. Espero que todo te vaya bien, sobretodo con Kikyô, que está muy enamorada de ti, espero que seáis felices, de verdad.
Muchos besos.
Kagome
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Bueno ¿Qué tal el cap? Para llegar tarde a actualizar no está mal¿ eh? Bueno, espero que os haya gustado mucho, creo que es el que más me ha costado, y mira que es decir, pero bueno. ¿Molan los nuevos personajes, no? ya habrá barullo en Londres y espero que mi vivencia allí de una semana sea buena para no cagarla, pero nada. Sobre Inu, creo que he dejado la cosa bastante colgada, pero no creo que se diga nada más de él hasta... no lo se, hasta de aquí a unos caps, a la vuelta de Kag, que tardará, voy a darle vida londinense. Muchos besos.
Por problemas de ordenador, que no chuta, contestaré a los reviews mas tarde perosnalemte, a los anónimos, en el próximo cap. (es problema de mi ordenador que se para y me lo borra todo. BESOS
