Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen, sino a su autor Kishimoto-sama, este fic lo hice solo y únicamente como diversión

Parejas:NaruxSasu

Autoras: Hatake Saori y Youko Saiyo (Lizerg-chan).

Aclaraciones y Advertencia:

Beta: Usarechan

Capítulo 11Descubrimiento

Naruto corrió lo más rápido que podía entre los oscuros pasillos su corazón bombeaba adrenalina por todo su sistema,

"Rápido, rápido" se decía incesantemente.

Mientras tanto Itachi se deleitaba con el pecho de su hermano y su delicioso sabor. El pobre Sasuke estaba desesperado; trataba por todos los medios de zafarse de aquel agarre, pero le era imposible. Aquel cuerpo era más grande y pesado que el suyo y no poseía la fuerza para moverlo.

Las lágrimas comenzaron a inundar sus ojos amenazando con salir en cualquier momento.

—Déjame, por favor —rogaba Sasuke. A esas alturas todo su orgullo y porte real se había ido ya a la basura.

— ¡Cállate! —le gritó propinándole una bofetada —Tú eres mío, me perteneces —repetía incesantemente como un lunático mientras tocaba cada parte de piel que quedaba expuesta a sus violentas caricias —. No dejare que ese plebeyo vuelva a tocarte, no… eres mío, ¡Mío!

El desequilibrado hombre le arrancó la ropa que le quedaba, destrozándola en el acto. Le abrió las piernas posicionándose entre ellas; Sasuke cerró los ojos al sentir la punta de aquel miembro –caliente y duro –, rozar sus glúteos. Tenía miedo.

De pronto Kuro ladró al sentir el terror de su amo; se lanzó contra Itachi haciendo que éste callera al lado de la cama con el enorme perro sobre él, mostrándole los dientes y gruñía amenazadoramente.

— ¡Sasuke! —todo pasó tan rápido que no se había percatado de nada hasta que unos cálidos brazos lo envolvieron haciéndolo sobresaltarse —Shhh, todo esta bien ttebayo.

— ¿Na-Naruto…? —Sasuke no pudo más y rompió en llanto. Naruto también lloraba; lloraba de rabia y culpa; si tan solo no se hubiese ido nada de eso abría pasado.

Kuro dejó escapar un gemidito a modo de llanto; tenía las orejas agachas. Puso sus patas delanteras en las piernas del azabache para luego poner su cabeza sobre estas. Los tres permanecieron así, abrazados, tratando de consolar al azabache.

Por otro lado; Itachi, quien fue sacado de la habitación por Naruto y Kuro se encontraba furibundo. Odiaba a ese alquimista y al maldito perro por haberse metido entre él y su hermano.

—Ese bastardo me las pagará —rugió furioso.

···

Días después; todo parecía haber retornado a la normalidad aunque solo en apariencia, pues, ahora Naruto ni Kuro se despegaban del lado de Sasuke convirtiéndose casi en una segunda sombra, algo que Sasuke agradecía pues temía que su hermano enloqueciera nuevamente e intentara hacer lo mismo, sin embargo ese día Naruto había sido llamado por su padre y debía ir.

—Si quieres puedes venir conmigo —Sasuke negó con la cabeza; aunque tenía miedo, sabía que eran asuntos de alquimistas y por tanto secretos.

Los alquimistas eran personas muy cerradas, no compartían sus secretos con nadie –especialmente el secreto del elíxir de la larga vida o de la piedra filosofal –, ni siquiera a sus personas más queridas y cercanas.

—Está bien —suspiró pesadamente —. No le abras la puerta a nadie y no te separes de Kuro.

—No soy un niño —lo regañó —, usuratonkashi —Naruto tan solo sonrió antes de darle un beso en la frente y salir de la habitación dejando a un sonrojado Sasuke.

···

Después de lo que intentó hacerle a Sasuke; Itachi estaba arrepentido. Se había dejado llevar por los celos y la locura del momento; y ahora no podía acercársele al azabache gracias a ese alquimista y ese perro pulgoso que no dejaban a su hermano ni a sol ni a sombra y para empeorar las cosas; cada vez que Sasuke lo veía comenzaba a temblar y lo miraba con esa expresión de terror que tanto lo lastimaba.

—Todo por culpa de ese vulgar plebeyo —se dijo Itachi con rencor.

En esos momentos, Itachi se dirigía a la sala del trono cuando a lo lejos divisó al rubio; ese maldito pseudo alquimista no había causado nada más que problemas desde que llegó.

Cautelosamente se acercó a él, jalándolo dentro de la primera habitación que encontró sin que este pudiera reaccionar.

— ¡Que demonios! —exclamó el rubio antes de caer al suelo de sentón a causa de la fuerza utilizada.

—Tú… maldito mozalbete… —gruño Itachi antes de arremeter contra él.

Naruto apenas tuvo tiempo de cubrirse la cara para evitar que el pie de Itachi, que iba a toda velocidad hacia él, le destrozara la nariz.

—¡Ven acá! —exclamó el príncipe sujetando de los pantalones a Naruto, que intentaba en vano levantarse, trató de darle un puñetazo, pero en vez de eso, su mano terminó sujetada por la del rubio, que tiró de ella con violencia, casi hasta romperle unos cuantos dedos.

—¡Todavía no se me olvida lo que le hiciste a Sasuke! —gritó esta vez él, tirándole una patada a mitad del estómago y poniéndose de pie con esfuerzo, creyendo haber ganado, hasta que Itachi se lanzó contra sus piernas, haciendo que ambos se estrellaran contra un enorme muro que a simple vista parecía de roca sólida, pero que cuando ellos chocaron contra él, se abrió conduciéndolos a lo que parecía una cripta secreta.

···

Kakashi daba vueltas, intranquilo, fuera de la habitación de la reina, donde Minato y Jiraiya hacían sus mayores esfuerzos para mantener a la débil mujer con vida.

—Es inútil —anunció Minato, observando el pálido rostro de Mikoto—, le quedan muy pocas horas de vida —dijo mientras le daba de beber un líquido púrpura espumoso, con la intención de hacer menos dolorosos sus últimos momentos en el mundo de los vivos.

—Hay cosas que ni la alquimia puede arreglar —le contestó su padre, deprimido. Ya ni siquiera le importaba que el bueno para nada de su nieto no se hubiera aparecido allí para ayudarles.

—Sólo quiero ver a mis hijos… sólo… quiero ver a Sasuke una vez más y asegurarme que está bien —pidió Mikoto mirando con desesperación a Minato—. Quiero… darle mi bendición antes de haberme ido para siempre.

El joven alquimista la miró con lástima. Jamás creyó que esa joven reina terminaría en esa forma, tan débil y suplicante. Y sola. Ninguno de sus hijos se había aparecido por ahí las últimas semanas, y ni hablar del rey. Hace meses que no lo veía.

—Iré a buscar a Sasuke —anunció Kakashi saliendo con rapidez sin cerrar la puerta.

Mientras su madre agonizaba; el joven príncipe estaba sentado en el alfeizar de la ventana mirando a la enorme y luminosa luna, preguntándose cuánto tiempo más tendría que esperar a Naruto mientras le rascaba las orejas a Kuro.

—Sasuke —dijo Kakashi sin siquiera tomarse la molestia de tocar a la puerta—; rápido, debes venir conmigo.

— ¿Para qué? —preguntó el príncipe receloso —Naruto aún no ha vuelto.

—No hay tiempo —le contestó el peligris tomándolo del brazo y sacándolo de la habitación—, se trata de tu madre, quiere verte a ti y a tu hermano en este momento, ¿sabes dónde está Itachi?

—No sé, ni me importa—contestó el joven caminando a zancadas por los pasillos, preocupado por su madre.

Kakashi no dijo nada, pero apresuró el paso. Sabía que a la reina le quedaba poco tiempo, y lo menos que podía hacer por ella era llevarle a su hijo favorito.

···

— ¡Eres un grandísimo imbécil! —le gritó Itachi a Naruto una vez que consiguió ponerse de pie y sacudirse las telarañas —Ahora encima de todo hemos terminado perdidos.

—Cállate—bramó Naruto mirando a su alrededor en busca de alguna especie de salida para alejarse lo más que podía de Itachi. Incluso una cuerda para colgarse le hubiera sido útil, con tal de no tener que estar con ese idiota.

En aquel lugar, no había más que un estrecho pasillo donde apenas se podía caminar con la espalda pegada a la pared, no había ventanas ni ninguna luz que alumbrara el camino.

—No veo nada —susurró Naruto tanteando los ladrillos llenos de polvo.

—Al menos no tengo que ver tu cara —respondió Itachi caminando con mala cara por el oscuro pasillo hasta que divisó una pequeña pero esperanzadora luz, a la que corrió para llevarse una enorme decepción al descubrir que apenas era una rendija por donde se colaba la luz.

Naruto se acercó a Itachi que intentaba ver algo a través de la pared.

— ¿Dónde estamos? —preguntó sin mirar al príncipe.

Itachi estaba a punto de responderle cuando se escuchó un ruido muy parecido al de una puerta cerrándose y las pisadas de un par de hombres entrando a la habitación al otro lado del muro.

— ¡Es tu padre! —exclamó Naruto antes de que Itachi le tapara la boca para que se callara por una vez en su vida y no los delatara.

El príncipe pegó la oreja para poder escuchar lo que decía Fugaku que al parecer discutía sus planes con un noble de la corte.

— La reina morirá pronto —dijo Orochimaru con parsimonia.

—Será una lástima perderla—se lamentó el monarca con falso tono triste—, pero ella se lo buscó al interponerse en mis deseos.

Los dos jóvenes que se mantenían ocultos no comprendían a que se refería monarca, ¿propósitos? ¿Qué quería decir? ¿Acaso la enfermedad de Mikoto era obra de Fugaku?

— ¿Qué pasará con el príncipe Sasuke? —Fugaku sonrió con crueldad.

—Mi pobre hijo será asesinado por los alquimistas—se lamentó el rey. Itachi y Naruto fruncieron el ceño. Ese miserable planeaba matar a Sasuke y culpar a los Namikaze.

—Pondré en marcha su plan, su majestad —los dos hombres se fueron. Itachi y Naruto salieron de su escondite pocos minutos después, cuando estuvieron seguros que no regresarían.

—Debemos sacar a Sasuke del reino —dijo Naruto con seriedad.

—Sasuke no puede salir, el sol lo mataría —habló Itachi con seriedad. El rubio se llevó la mano a la barbilla, pensando.

— ¡El carruaje! —exclamó al recordar el transporte que había creado para Sasuke —El carruaje que hice está diseñada especialmente para él.

Itachi observó al joven alquimista; quizás se había equivocado con él y no era tan inútil como lo pensaba, tal vez, si hacia las paces con ese rubio desquiciante podría acercarse a su hermano y ser perdonado y quien sabe, tal vez, conseguir que lo amara de la misma forma que él lo hacia.