Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer. Solo la trama me pertenece.

Muchísimas gracias por los reviews, los alertas y favoritos.

Soundtrack: No puedo dejarte de amar, de Camila, Reik y Kalimba, w w w . youtube watch?v=c_Tt8C_vpqo

"… Y es así
yo ya no creo en milagros,
si tú no estás a mi lado,
soy un velero en el mar del pasado.
Y sigo aquí
un soñador sin noches,
un alma sin destino
que paga por sus errores.
Y no puedo dejarte de amar,
y no puedo dejar de esperar,
no puedo perderte al final
y no te puedo olvidar
no sé vivir si no estás…"


Edward salió corriendo de las instalaciones del Stanford Medical Center después de haber terminado su guardia, desesperado por llegar a su dormitorio en la residencia de la universidad de postgrado.

Físicamente se sentía más que un poco agotado, había estado allí por veinticuatro horas y había resultado fulminante; entre evaluar los records, hacer las visitas, atender las emergencias de cuatro pacientes con cardiopatías, indicar las analíticas, hacer las evoluciones y las órdenes medicas, no había dado abasto. A pesar que aún no le habían permitido hacer su primera operación solo, el doctor Mcfly le había asegurado que antes de terminar el programa haría un par de procedimientos. Lo esperaba con ansias.

Emocionalmente, el tema era totalmente distinto, estaba acelerado, ansioso y casi extasiado, no tenía idea que su vida iba a cambiar tan radicalmente como lo había hecho en ese último mes y medio, no creía que podría ser posible y ver que lo era y la forma en que lo había hecho le hacía sentir totalmente dichoso.

Incluso algo tan normal como llegar al apartamento de residencia que compartía con Emmett, que era un sitio que nunca había tenido mayor importancia, ahora era lo que más anhelaba, pero eso se debía a que desde casi dos semanas atrás Bella estaba allí. Los pocos compañeros de la residencia que lo sabían se hacían los ciegos, como él había hecho a su vez en casos anteriores, y ella tenía cuidado al salir y entrar de los edificios. Sobre todo en la noche, que era cuando supuestamente no podía quedarse allí. Habían tenido que montar una especie de operación comando para lograrlo y cada vez que golpeaban la puerta ella corría a esconderse; sin embargo, no importaba los contra, eran muchos más los pro, la tenía y quería consentirla y hacerla sonreír y ser feliz como él lo era con ella allí.

Subió las escaleras de los tres pisos imaginando dónde la encontraría, si estaría dormida, vagando alrededor o sentada en el alfeizar de la única ventana, perdida en sus pensamientos y en total silencio; el duelo solía ser así, o por lo menos era lo que tendía a repetirse, ya que lo había visto en ella varias veces y tendía a abrazarla o a dejarla tranquila, la verdad todo era aún muy nuevo para comprender bien qué necesitaba, esperaba que el tiempo le diera una respuesta.

Entró al apartamento, caminó hacia la habitación y sonrió ampliamente, al encontrarla sentada sobre el alfeizar.

Hola —saludó cerrando la puerta y agradeciendo que su amigo no estuviera, aunque sabía que estaba únicamente cuando quería cabrearlo, ya que muy bien podría irse a dormir con cualquier mujer de turno.

Lo cual, afortunadamente había hecho unas cuantas veces.

Llegó a su lado y colocó una mano sobre su cabello acariciándola, ella la arqueó ligeramente haciéndole ver que lo había sentido. Él bajó su cabeza para enterrar su nariz en sus cabellos, oliendo profundamente, embriagándose con el aroma de su champú afrutado.

¿Cómo te fue ayer? —le preguntó ella subiendo la mano para acariciar su cuello, amaba que hiciera eso.

Bien, extrañándote, ¿y tú? ¿Saliste a hacer turismo? —indagó y la sintió asentir de nuevo.

Salí un rato… pero no tenía nada que hacer y me sentí… perdida —comentó y después suspiró profundamente.

Es porque aún no te has habituado, no tienes ni una semana y media aquí —comentó acariciando su cuello y rozando su cabello—, pronto estarás en tu total ambiente…

Bella se levantó y caminó apartándose unos pasos, se movía como si estuviese de alguna manera atrapada. Él se tensó por esa visión y por como pasaba las manos por su cabello desordenando sus ondas.

Creo que cometí un grave error al venir —confesó sin aún encararlo—, aunque ahora tú estás aquí, estás estudiando, pero yo… yo creo que debo irme… —espetó ella moviéndose más ansiosamente y comenzando a caminar hacia el closet.

No entiendo… —Las palabras murieron en sus labios cuando vio que sacaba su bolso donde había llevado la ropa—. No… —susurró aturdido, sintió que su corazón se quebraba y se llevó una mano a su pecho, buscando controlarse, sin obtener mucho éxito—. ¿Qué estás haciendo? —le preguntó con voz ahogada y vio cómo ella se enderezaba y tensaba a dos pasos de distancia.

Es mejor así, estás donde perteneces, ya no renunciarás a todo por algo que no vale la pena… Tienes que ser un gran médico, eso es lo que siempre has querido.

Edward se tensó y se apartó un paso como si lo hubiese golpeado con cada una de sus palabras, su pecho se hundió aun más y negó con la cabeza.

¿Por eso es que viniste aquí? —le inquirió y la vio pasarse la mano por el cabello de nuevo.

No… Sí… —suspiró y la vio encorvarse ligeramente—. Fue una buena fantasía, y yo sabía que no era real, pero… me ayudó y si no lo hubiera hecho tú tampoco hubieras regresado.

¿Te ibas a ir y me ibas a dejar así? —le preguntó Edward sintiendo que su temperamento explotaba e ignorándola—. ¿Vas a largarte y olvidar todo lo que hemos conseguido?

¿Cómo algo de esto podría funcionar? ¿Qué hemos conseguido? —le preguntó ella girando y mirándolo con la expresión más triste que alguna vez hubiera visto en su cara, ni siquiera en el funeral…

Yo fui quién te pidió que vinieras… —le interrumpió y ella cerró los ojos con fuerza, asintiendo.

Sí, estabas tan preocupado por mí que te estaba afectando en todo también, pero ya no hay punto de preocupación, y míranos aquí, me estoy imponiendo e incomodándolos a todos, viviendo arrimada y con miedo, soy una carga, simplemente eso, y necesito… controlar… —negó con la cabeza cortando sus palabras—. No puedo quedarme aquí, no tendría sentido, debo hacerme cargo de mí yo sola porque ya no tengo excusa, solamente que la muerte de mi madre y… —tragó grueso y respiró hondo—… y todo lo demás me impidió ver claramente.

Edward parpadeó un par de veces mientras sus palabras se hundían en su interior.

Es decir, que todo lo que hemos tenido este tiempo no significó nada, ninguna noche, el tiempo en Seattle, nada… yo no valgo nada para ti… Me desechas como si nada… —inquirió furiosamente y ella lo miró apretando los labios con fuerza. Después suspiró, y él la felicitó en silencio por poder respirar, ya que en cambio, sentía que se le iba el aliento.

Significas todo para mí —le respondió—, ¿no lo ves? Es por eso por lo que me voy, yo únicamente te estoy deteniendo y obligándote a preocuparte por cosas que no deberían interesarte, tu preocupación debería ser tu universidad… Yo… Yo… No…

Tú eres mi única preocupación… —declaró vehementemente.

Edward… —Ella negó con la cabeza y se giró para empezar a sacar cosas del closet mientras continuaba hablando—: Es mejor así, antes que haya mayor daño. Yo regresaré a Seattle o… no sé, cualquier sitio, y tú seguirás con tu vida y este tiempo, y todo lo que te hice perder con ello quedará en el pasado. No nos conocemos, no importa…

La miró por unos instantes sintiendo que su alma se desgarraba. Él la había deseado por tanto tiempo, se había muerto por besarla cuando era niño, hasta que no pudo aguantar más y la besó cuando estaban en el bosque. Estaba seguro que si ella no se hubiese ido hubieran sido novios hasta ese mismo instante, y eso solamente fue reafirmado cuando la vio en su graduación.

Frente a Bella todas las mujeres habían palidecido y no podía controlarse a su lado.

Y ahora… ahora ella iba a volver a irse, porque ya no lo necesitaba, porque era remplazable.

"¡No!", gruñó su interior, él la tenía ahora, la había tenido por fin, en su cama, en su vida, y no permitiría que ella se fuera, más bien la tendría completamente, la ganaría, le haría entender que tenía que estar a su lado, haría que se enamorase de él tanto como lo estaba de ella. Haría lo que fuera para conseguirlo. Le daría lo que fuera.

Sí importa… —respondió él dando los pasos necesarios para acabar con la distancia que los separaba y la jaló, girándola para que le mirara—. Te amo… ¿qué es lo que quieres? ¿Qué es lo que necesitas que te dé? Te lo daré todo, Bella, te haré sentir orgullosa, ¿piensas que lo que quiero es ser un gran médico? No podría lograrlo sin ti… no podía lograr nada sin ti, pero lo haré si estás a mi lado, te lo garantizo… Te necesito en mi vida, quiero casarme contigo, no me dejes, quiero todo contigo, siempre…

Ella suspiró y lo miró largamente, él la jaló aun más y la tomó en brazos, para envolverla con fuerza.

Quiero que estés conmigo, quiero que seamos familia, que estemos juntos. ¿No es lo que quieres tú? ¿No significó nada lo que hemos tenido? Sé que no ha pasado mucho tiempo, pero no me importa, lo necesito…

Yo… Me has hecho sentir lo que nunca he sentido, Edward —le susurró Bella colocando las manos en sus mejillas—, pero, ¿de qué puedo servirte en verdad? No tengo estudios, y no quiero acostumbrarme a algo para que cuando se acabe me destroce. No creo que pueda soportarlo de nuevo, no sé si tampoco lo resistiría a pesar que sé que sucederá, no quiero ser una carga, y es lo que sería si me quedo aquí…

Nada se va a acabar —le prometió besando su cabello—. Sé que cómo iniciamos todo por fin fue apresurado, pero no importa, porque tú y yo superaremos todo. Siempre seré tu familia, y esa inestabilidad es por todo lo que has pasado en los últimos meses, —corrigió y ella asintió desviando la mirada—. Pero no entiendes que te necesito conmigo para que todo tenga sentido, necesito tu fuerza, que me la des para sobrevivir, ¿lo sabes, verdad? No sé qué haría sin ti ahora, me moriría si no estuvieras aquí conmigo, no después de tenerte. Bella… Déjame amarte, no me apartes… Por favor…

No puedo hacerlo —reiteró ella y él sintió que la desesperación llevaba lo mejor de su ser—, ni estar sin trabajo pensado que no sirvo de nada, que no te puedo dar nada…

Podremos alquilar un apartamento —propuso—, trabajar, mantenernos, vivir juntos… me muero sin ti, de verdad lo hice cuando no estabas, no quiero contarte mi vida antes que llegaras, no me hagas volver a eso… No lo hagas. Y nada de esto importa si me quieres… ¿lo haces? —le preguntó y ella lo miró fijamente sin decir palabra.

No se lo había dicho en esos meses que habían estado juntos, no lo esperaba tampoco, con la forma en como las cosas iniciaron y como todo se había arruinado una y otra vez en el pasado, sabía que llevaría tiempo.

Él sí se lo había dicho, desde la primera vez de todo, prácticamente se lo podía haber gritado desde que la besó en su graduación, lo que sentía por Bella iba más allá que un simple enamoramiento, era tocando más en la obsesión, y la principal prueba de eso era la forma en que le había rogado minutos atrás, humillándose, sin que le importara.

La miró por un par de segundos, era como si ambos estuviesen paralizados, y se sintió como un imbécil por preguntárselo, la sensación de rechazo invadió cada poro de su ser. ¿Por qué, maldita sea, había sido tan idiota y preguntado algo tan estúpido? Su pecho se ahogó y bajó la cabeza. "Deja que se vaya", le rogó su subconsciente.

Dio un paso hacia atrás, pero antes de alejarse por completo sintió que ella se acercaba y lo tomaba por ambos lados de su cara, se puso en puntillas, bajó su cabeza y tomó sus labios. Él se quedó estático por unos instantes, dejando que dominara el beso, pero jadeó casi inmediatamente. La había besado muchas veces, incluso fue su primer beso; en esos meses la había besado también incontables de veces, pero nada se parecía a ello. Ninguna de ellas.

Bella se pegó a su cuerpo y lo abrazó del cuello, pegándolo tanto que parecía que quería asfixiarlo, le abrió los labios e introdujo su lengua y no era tanto los movimientos que guiaba, la humedad de ambos entrelazándose, sus labios suaves y la forma en como sus dientes casi se rozaban por la intensidad en que se tomaban.

Era la sensación que lo invadió, era la tranquilidad, explosión, deseo, amor, anhelo, nostalgia, todo reunido de alguna forma y que casi lo ahogaba y era como si lo traspasara. La abrazó con fuerza, ella lo hizo a su vez, y por un instante casi perdió el equilibrio, porque era como si ese simple gesto significara demasiado.

Bella se apartó en un momento dado de sus labios, y allí vio claramente que él nunca podría haberlo hecho. ¿Qué diablos significaba eso? Lo miró entre sus pestañas y acarició su mejilla, antes de asentir.

Te hare sentir orgullosa —prometió él—, me volveré lo que quieres que sea, seré el más grandioso de todos, si estás a mi lado…

Todo será mejor, todo lo será… —le susurró ella y él frunció el ceño por esas palabras, antes de poder hablar lo volvió a besar, así que perdió cualquier pensamiento coherente y la jaló para llevarla a la cama.

Edward dio un puñetazo al asiento del taxista sin importarle que el conductor lo viera con el ceño fruncido por el retrovisor. Estaba de un ánimo asesino y tenía su víctima en la mira, Isabella. Quizás lo que debió haber hecho era haberla dejado ir la primera vez que intentó irse, como tanto le quemaba en su subconsciente en ese instante. "Debiste hacerme caso", le reiteraba cabreándole aún más, pero es que es lo que debió haber hecho, haber entendido en ese instante que no importara lo que le diera, lo que sintiera por ella, ella jamás sentiría lo mismo. Debió haberlo comprendido y así evitar tantos años perdidos, furias y tristezas por frustraciones que jamás se irían.

Sin embargo, lo que hizo fue luchar para enamorarla, para hacerle ver que le merecía, para que lo eligiera para siempre y estuvieran juntos contra todo. Pero no lo consiguió y cuando comprendió que eso no sería posible, la había intentado abandonar, reaccionando por su propio egoísmo y desinterés, pero ella lo había jugado al máximo botándolo al final, alejándolo.

En ese par de meses no había podido sacarla de su cabeza, de ninguna manera, pero para ella fue totalmente lo contrario, había significado tan poco y le había costado nada sacarlo de su cabeza, tanto que terminaba la relación y decidía cuándo romperían toda conexión también.

Sí, estaba más que claro de su doble discurso y sí, también tenía claro que eso era lo que le había rogado cuando le dijo que no la amaba esa maldita noche. Lo sabía con toda certeza, al igual que la había traicionado. Pero no podía aceptar que ella lo hubiese despachado de esa manera, sin explicación, sin nada.

No podía aceptar que fuera ella la que se fuera como si nada, cuando él se estaba quemando por dentro. Así que la insultaría, la mataría, haría lo que fuera para sacarla de dentro de su piel y después le tiraría el divorcio firmado en su cara, haciéndole ver que ese matrimonio no significaba una mierda para él tampoco. Quizás fuera vengativo, e imbécil, pero tal vez era lo que necesitaba para acabar con todo de una puñetera vez, para romper esa relación y conexión que tanto había significado para él y que en cambio para ella no había sido malditamente nada.

Observó la entrada de su antigua casa con tanta furia que sentía que su cuerpo quería vomitar, solamente que en vez de líquido seria algo más incendiario, una mezcla de lava y odio. Ante ambos involucrados.

—Pare aquí… —ordenó lanzándole un billete de cien sin preocuparse por el cambio y salió del vehículo casi saltando porque este no se había detenido por completo.

Caminó hacia la casa con la resolución llenando cada poro y abrió la puerta con su llave, tirándola con fuerza, tal vez fuera dramático pero tampoco le interesaba demasiado, si ella hubiera cambiado la cerradura seguramente habría pateado la puerta hasta destrozarla. Se quedó estático lo que pareció un latido del corazón cuando observó hacia dentro de la sala y encontró a Bella parada frente a él apoyada en dos muletas. Toda la furia se fue en ese instante, no había ardor ni lava dentro de su cuerpo por motivo del documento donde ella decidía el final de su relación y por el que había viajado durante cuatro horas en un avión después de haber entrado en lista de espera casi inmediatamente que se fuera el abogado. Todo eso quedo olvidado, dejando paso al terror puro, porque esa no era la mujer que había dejado atrás.

Esta mujer que estaba frente a él llevaba muletas, había perdido peso, se veía amarilla y desmejorada, y eso era simplemente lo que podía ver, ya que sabía que ello venía por algo interno, lo cual no tenía ningún tipo de sentido, y en ese instante se llevaba la mano a su pecho izquierdo como si le doliera. Literalmente, no como le dolía a él.

—¿Qué estás haciendo aquí? —escuchó que Jacob preguntaba, pero no pudo moverse o reaccionar.

Ni siquiera ante la idea de que un imberbe hijo de papi que la había molestado desde el día uno que empezó a producir el programa, estuviese ahora a su lado, con una aura protectora, mirándolo fijamente.

—Es mi casa —respondió sin dejar de observarla.

Estaba ojerosa y ahora sudorosa, veía las gotas correr por su frente. "¿Está jadeando? ¿Se está ahogando?"

Dio un paso hacia ella.

—Creo que debes respirar profundamente en este instante, Edward —escuchó que Jacob le recomendaba y volvió a detenerse.

El pánico no le dejaba concentrarse, mil preguntas se arremolinaban a su alrededor. ¿Dónde estaba la mujer sana y llena de vida que había dejado atrás? ¿Por qué cortó su cabello? ¿Qué tenía? Su mente en una velocidad aturdidora le susurró miles de diagnósticos con su percepción evidente, ninguno era mejor que el otro.

—¿Qué mierda está sucediendo? —preguntó por fin. Sintiendo que su desespero aumentaba.

—Es mejor que te calmes antes de acercarte, ella no podría soportar una pelea.

Frunció el ceño ante esas palabras, recordando un detalle que había escuchado de su abogado pero que había ignorado por asuntos con mayor prioridad. "Ella no se encuentra en condiciones…". "¿A esto era lo que se refería?", se preguntó pero antes de poder abrir su boca para exponer sus pensamientos en viva voz y confirmar por sus labios que ella estuviera bien, comenzó a caerse hacia el suelo.

—¡Bella! —gritó Edward al verla caer sin sentido. Se sentía inmerso en una pesadilla, atornillado al piso mientras todo parecía moverse en cámara lenta a su alrededor.

Sintió el golpe de adrenalina quemando su cuerpo y eso lo hizo reaccionar, apartó a Jacob y corrió a su lado para atenderla. Se concentró en lo que tenía entre manos. El hombre aterrorizado y el esposo enojado se esfumaron, el cirujano tomó el mando intentando descubrir rápidamente la gravedad de lo que estaba sucediendo, a pesar que un poco de ello seguía allí, ya que sus manos temblaban.

—¡Bella, diablos!… —escuchó gimotear a Jacob. El chico destilaba terror por todos los poros, lo ignoró forzándose a concentrarse, y a evaluarla. Ella estaba fría y cada vez más sudorosa.

—¡Llama al 911! —le ordenó firmemente—. ¡Necesitamos una ambulancia!

Unos segundos después, escuchó que Jacob gritaba a un teléfono, indicando los datos de Bella.

—¿Está respirando?

Él asintió a la vez que comenzaba a sentir su pulso, el cual estaba sumamente elevado, al igual que su respiración. Revisó todos sus signos vitales, notando taquicardia y negó con la cabeza con total incredulidad.

—No puede ser… —susurró tocándola con cuidado.

—¿Su corazón está latiendo? —preguntó Jacob a indicación de la operadora de emergencia y Edward alzó la mirada hacia él.

—Debe ir al hospital, puede estar presentando un infarto, ¡que muevan el culo y traigan la maldita ambulancia rápido…! —vociferó. Jacob abrió los ojos desmesuradamente mientras volvía a gritar el teléfono.

—Ya vienen, me dijeron tres minutos —le informó mientras corría a abrir la puerta para que pudieran ingresar.

El tiempo pasó tortuosamente lento, a pesar que no podía hablar ni pedir respuestas, lo único que conseguía era tocarla y mirarla fijamente.

Escuchó pasos entrando y alzó la mirada para encontrar a los paramédicos entrar a la sala.

—Paciente femenina veintiocho años, pulso de 110 y respiración en 26—informó Edward— con pérdida de conocimiento, antes de caer agarró con fuerza su seno izquierdo, presunta angina, por lo que hay que descartar un probable infarto además puede presentar conmoción cerebral debido al golpe.

Ellos asintieron y comenzaron a revisarla. Él quedó a su lado con el corazón en la boca, deseando arrancarles los aparatos y hacerlo por sí mismo.

—Cuidado con la cabeza —dijo uno de ellos mientras la montaba en la camilla.

—Presenta taquipnea —comentó el rubio más joven, imaginaba que era el médico rotatorio—y su presión es 90/50, el FC es 110 y FR 26. Llevémosla.

Corrieron fuera de la casa, iba a meterse como acompañante en la ambulancia cuando sintió como Jacob lo tomaba del brazo y lo desplazaba de un tirón.

—Ahí no te subes, mi carro es el corvette azul que está en el frente, te veré allá si te da la gana de ir —le ladró poniendo en su mano un manojo de llaves.

—Yo iré con ella, ¡es mi esposa!

—Casi exesposa, ¡y no sabes una mierda de lo que le pasa! Si das un jodido paso dentro de esa ambulancia te parto la mandíbula —amenazó Jacob.

Uno de los paramédicos terminó de instalar la camilla y los miró a ambos con ferocidad, claramente había decidido que parecían dos niños peleando por el mismo juguete y no estaba dispuesto a entrar en el juego. Se iba con alguno de ellos o si se quedaban berreando francamente le daba lo mismo. Su prioridad era la paciente. Empezaba a cerrar las puertas cuando Jacob saltó dentro mientras gritaba.

—Yo conozco su condición y sus antecedentes y él no. —El hombre asintió empujándolo dentro y cerró. La ambulancia partió a toda velocidad.

—¡Maldita sea! —gruñó Edward antes de lanzarse prácticamente corriendo hasta el coche de Jacob.

Se montó tirando la puerta y arrancó pitando cauchos, pegándose detrás de la ambulancia.

Su mente era un completo revoltijo de preguntas sin respuestas y la imagen de Bella pasaba por su cabeza una y otra vez como si hubiese quedado grabada en su cornea.

Negó con la cabeza lleno de incredulidad, nunca la había visto así antes, bueno, la había visto así una vez en el pasado, cuando llegó al funeral de su madre, había estado ojerosa, demacrada, había temido por su vida. Pero en ese momento acababa de pasar por un infierno de años, luchando por mantenerse a flote, lidiando con su madre, con su trabajo, y con todo lo demás que se había callado, así que lo había justificado.

Su mente seguía conjugando la situación una y otra vez, el impacto que sintió cuando la vio parada allí, lo desmejorada que estaba, su expresión de dolor cuando se llevó la mano al pecho, el horror de verla caer sin sentido… y temió por las respuestas. Temió por cada diagnóstico que surgía por su cabeza ya que a diferencia de los demás, él había sido bendecido y maldecido por la carrera que había estudiado.

Sabía demasiado.

Y con ese conocimiento, estaba seguro que Bella estaba lejos de estar bien. Parecía que tenía una insuficiencia cardíaca, él quería pensar que no, que ese no había sido un diagnóstico verdadero, que simplemente había tenido un ataque de pánico o no sabía qué mierda, pero sabía a ciencia cierta que no era así. Gabe se coló en su pensamiento y su estómago se retorció, lo había perdido hacía poco más de un mes… el pánico comenzó a invadirlo… "Podría perderla"

Trató de deshacerse de ese pensamiento, el hombre en él clamaba, "no pienses, no pienses, no llames a la desgracia…", pero el médico necesitaba comprender, tener idea a qué se estaba enfrentando. Dos meses atrás ella no estaba así, ¿qué había ocurrido desde entonces? ¿Qué demonios está mal con ella?

La ambulancia volaba por las calles de Seattle y todo se sentía irreal. Golpeó el volante con fuerza cuando se dio cuenta que no se dirigían al Swedish ¡¿dónde demonios la estaban llevando?!

Unos minutos después, observó el edificio de cuatro pisos con fachada marrón del Hospital y maldijo por lo bajo, ¿por qué diablos la habían llevado al North West? Esperaba que hubiera un buen cardiólogo, y buenos médicos, porque quebraría al mundo si perdía a Bella, con algo que él mismo podía solucionar o por lo menos ponerla bajo las órdenes de los médicos en los que sí confiaba y conocía.

Maldijo de nuevo cuando se dio cuenta que tenía que deshacerse del auto antes de poder ingresar al área de urgencias. Se estacionó en cualquier puesto, y corrió como si le fuera la vida hacia la zona de ingreso de emergencias. Cuando llegó ella ya no estaba ahí, se la habían llevado hacia adentro del precinto.

Su parte racional comprendía que no había mucho que pudiera hacer, que por más que se enfureciera, gritara o pataleara no podría entrar con ella al cubículo. No pertenecía a la plantilla del hospital, no había forma que le permitieran participar. En ese lugar simplemente estaba reducido a la condición de familiar. Su parte irracional estaba que echaba chispas porque necesitaba estar a su lado, sostenerla y saber que nada había acontecido en el trayecto de la ambulancia.

Sus emociones se dispararon cuando vio a Jacob parado a unos pasos, prácticamente temblando. Sin pensarlo se dirigió hacia él y lo agarró por el cuello para sacarlo del área de espera, tirándolo hacia el pavimento de la entrada del hospital.

—¡¿Por qué mierda la trajeron aquí?! —bramó enfurecido—. ¡¿Por qué no la llevaron al Swedish?!

—¿Quién te crees que eres? ¿Piensas que porque apareciste después de dos meses tienes derecho a cuestionar algo? —le preguntó mirándolo con expresión helada. Edward jadeó sorprendido por la respuesta—. La trasladamos aquí porque aquí es donde la están tratando.

—¿Qué tiene Bella? ¡Vas a contármelo todo en este maldito momento o juro que te matare! —le gritó fuera de sí. Jacob se enderezó y lo miró con una ceja enarcada.

—¿Dónde estabas cuando deberías haber estado con ella? —le preguntó de forma directa—. ¿Quieres saber qué tiene Bella? Pues, no lo sé…

—No actúes como un imbécil, tengo derecho…

—No, idiota, no tienes derecho a nada, pero realmente no lo sé, ni ella tampoco, ha pasado el último mes es un martirio de pruebas y aún no saben qué le sucede.

Edward parpadeó y miró hacia el hospital.

—¿Pruebas? —preguntó aturdido.

—Sabes, no tengo idea de por qué te fuiste, o porqué ya no están juntos, ella no me cuenta y yo no pregunto, así de fácil, pero está claro que debes ser un maldito bastardo si fuiste capaz de dejarla tan enferma sin que te importara.

—¿De qué estás hablando? —le preguntó sin poder comprender, no entendía una palabra, la Bella que había dejado no estaba enferma. No lo estaba. "No…"

—Ella no estaba bien desde hace tiempo, hasta un ciego lo veía. Nadie le decía nada para no joderla, pero no era la misma —empezó a contarle—. Hace un mes tuvo un accidente de tráfico, Edward, se tomó una caja de pastillas y chocó contra un árbol, ella dice que no intentó suicidarse, pero los médicos le prescribieron antidepresivos, y eso no se lo prescriben a todo el mundo, ¿o sí?

—¿Antidepresivos? —balbuceó dando un paso hacia atrás, sentía que un frío lo invadía y sintió como todo su cuerpo temblaba.

—Sí, además de que se le jodió la pierna, no es que me importe cargar con ella, pero uno tiene que sentir que vale una mierda para alguien, y la persona a la que debía valerle una mierda se había ido… Y Bill, bueno, él no cuenta. Así que la traía aquí, la acompañaba con sus consultas con la doctora Hale y a hacerse las pruebas, pero aún no sabemos qué tiene. Me parece maravilloso que quieras saber su historia, por fin, ya sabes, después de que la mujer ha pasado todo sola —comentó irónicamente—. Pero si te vas a ir de nuevo es mejor que te largues antes que despierte… si despierta —terminó un poco titubeante—. Creo que ya ha pasado por suficiente tortura…

Edward simplemente se quedó allí, sin poder decir una sola palabra, su pecho estaba comprimido y parpadeó repetidas veces, ya que sentía que iba a explotar en cualquier momento.

—No lo comprendo, ella estaba bien… —continuó Jacob pasando una mano por el cabello y después maldijo por lo bajo—. Debo llamar a Jasper…

—¿Qué dijo el médico? —preguntó casi sin voz.

—Llamaron al cardiólogo y se la llevaron a unos los cubículo aislados, pero no me dijeron mucho más… —respondió Jacob antes de dejarlo solo.

Edward se quedo un instante paralizado, y salió caminando hacia el puesto de enfermeras, necesitaba más información, algo técnico, algo que de verdad le dijera y explicara lo que acababa de suceder. Al llegar sacó su credencial médica.

Una enfermera rubia lo miró, observó la credencial y le sonrió ligeramente.

—¿Puedo ayudarlo, doctor? —preguntó aleteando sus pestañas.

—Quiero ver la historia de Isabella Masen —ordenó firmemente.

La enfermera asintió y caminó hacia el registro de historias médicas, regresó un par de minutos después.

—La física está en estos momentos en emergencia —indicó la rubia.

—¿La electrónica? —preguntó y la chica asintió mientras trataba de ingresar a esta por la computadora.

—Me llamaron, Kara, ¿Isabella Masen está en emergencia? —Una mujer preguntó justo a su espalda y Edward giró para observar a una rubia casi tan alta como él, con cola de caballo y vestida totalmente casual, con una bata colgándole debajo del brazo.

—Doctora Hale, ¿no estaba libre esta noche…? —Edward se tensó al reconocer el nombre de la doctora que había mencionado Jacob.

—Estaba por la zona, ¿dónde está Isabella?

—¿Eres la doctora de mi esposa? —le preguntó mirándola fijamente. La rubia lo miró y entornó los ojos.

—Doctor Masen —saludo rígidamente, mostrándole que lo reconocía.

—Doctora Hale, ¿qué está sucediendo con Bella? Tengo que tomar decisiones respecto a la salud de mi esposa y no puedo hacerlo a ciegas —le dijo intentando mostrar una calma que distaba de sentir.

—De acuerdo a lo que me informaron, ustedes están separados —le refutó la rubia—. Isabella es mi paciente, ella tiene su propio representante y cualquier decisión relativa al caso la tomaré yo mientras no se me indique lo contrario.

Él se quedó sin habla ya que no se había imaginado, ni por un instante, que iba a ser segregado de la historia médica de su esposa o que su doctora no le diera por lo menos su opinión particular, sabía las normas y sabía que estaba pidiendo algo ilegal, pero también sabía que iba a explotar si no se enteraba de lo que estaba sucediendo. Además que no entendía quién demonios era ese representante, ¡él era su esposo, él tenía que ser ese representante!

—Aquí está la historia electrónica, doctor Masen —le dijo la enfermera comenzando a mover el monitor y Rose parpadeó sosteniendo la máquina para evitar que girara.

—No puede ver la historia, doctor Masen —informó la doctora Hale y la enfermera parpadeó y se apartó saliendo de la habitación—. No voy a permitirle inmiscuirse ni voy a luchar contra usted, mi única prioridad es la salud de Isabella.

—No puede dejarme en blanco… —gruñó desesperado, a pesar que sabía que podía perfectamente hacerlo.

—Lo siento, no haga más difícil mi trabajo. —Él la miró furibundo y ella por lo menos tuvo la delicadeza de lucir preocupada—. Tengo que ver a mi paciente, cuando tenga alguna información concreta saldré a informarle como al resto de las personas que se interesan en la salud de Isabella…

Ella se apartó dejándolo solo. La cabeza le daba vueltas sin poder creer lo que estaba sucediendo. Ciertamente él se había ido, pero… No podía pensar en esos peros… No lograba asimilar que de no ser por la furia y los instintos asesinos que lo embargaron cuando el abogado le presentó los papeles de divorcio ni siquiera hubiera estado ahí ese día… "Ella podría haber muerto y yo ni siquiera lo hubiese sabido…".

Giró sobre sus talones y encaró hacia la sala de espera, necesitaba tranquilizarse un poco para poder pensar con claridad. Reparó en Jacob, quien estaba sentado en la sala de espera con su cabeza entre las manos. Se lo veía destrozado, aunque ni la mitad de lo que él se sentía, caminó hacia donde estaba y se sentó a su lado. El moreno reparó en él pero lo ignoró mayormente así que apoyó los codos en sus piernas y comenzó a frotar sus manos, como hacía siempre cuando estaba a punto de perder el control, generalmente cuando eso ocurría, Bella posaba sus manos en las de él y después se sentaba en su regazo… sintió que su pecho se constreñía por ese recuerdo y apretó la mandíbula hasta casi hacerse daño.

—Necesito saber qué está pasando —le rogó—. Dime todo lo que te venga a la cabeza. —Jacob levantó su vista, lo miró por unos instantes y asintió.

—No sé nada técnico, Me enteré de todo cuando la hospitalizaron por el accidente, Bill me dijo que había ido a su casa cuando lo llamaron para ver si lograban identificar qué había tomado. —Edward sintió que los celos lo machacaban con fuerza pero forzó para controlarse—, y me dijo que se había cortado su cabello y que todo estaba lleno de sangre, por todos lados… —Se estremeció—. Yo no le creí, pero hoy entre a su cuarto y encontré una mancha gigante en la alfombra y me di cuenta que debió haber sido cierto…

Edward se tensó y se giró a mirarlo horrorizado.

—¿Por qué nadie me informó de esto? —preguntó—. ¿Por qué nadie me llamó?

Jacob se encogió de hombros.

—Ni idea, no es a mí a quién debes preguntarle eso —respondió—, pero asumo que no estarías muy disponible que digamos o te hubieran localizado te gustara o no. —Edward se quedó paralizado, jamás se le había pasado por la cabeza cuando se fue a Beumont que pudiera pasarle algo a Bella. Había puesto distancia, sin pensar en nada más—. La cuestión es que se había tomado un pote de analgésicos completo y con el asunto de la hemorragia tuvieron que hacerle una transfusión y dejarla hospitalizada. La doctora Hale ya la estaba tratando y Bella estaba empeñada con que tenía cáncer, leucemia, eso fue lo que me repitió varias veces, incluso hizo que la doctora le repitieran las pruebas cuando salieron negativas… —comentó estremeciéndose.

—¿A qué te referías con que ella no estaba bien desde hace un tiempo?

Jacob lo miró confundido y después negó con la cabeza, como si comprendiera que estaba hablando en serio.

—Desorientada, se desconcentraba muchas veces, pedía que le repitiéramos las cosas, a veces le sucedía… ¿sabes cuando alguien puede dormir con los ojos abiertos? —Edward lo miró parpadeando repetidas veces y frunció el ceño antes de asentir—. A ella le sucedió varias veces… La verdad había una apuesta que las veces que lo hacia más seguido era porque tuvo una noche con bastante esfuerzo… Evidentemente una mierda de mentira. Simplemente no era la misma Bella que todos conocíamos, pero pensamos que era no sé, una etapa, al principio sucedía esporádicamente, pero últimamente…

—Era todo el tiempo… —le interrumpió pasándose una mano por el cabello y jalándolo como si quisiera arrancárselo—. ¿Hace cuánto? —Preguntó queriendo pasarse las uñas por su piel hasta desgarrársela, acabar consigo mismo.

"¿No era solamente conmigo?".

—No lo sé… —dijo él con el ceño fruncido —. ¿Dos años? ¿Más, menos? Diego lo sabe con exactitud, juro que ese hombre está seriamente enfermo… obsesionado por Bella, del tipo que es capaz de contar la cantidad de litros de orina que la mujer segregaba diariamente…

Él abrió los labios aturdido aunque no consiguió formar ninguna palabra, primero quería patear a Diego aunque conocía la sensación, Bella la causaba en los hombres; además necesitaba arrancarle cada palabra, cada visión de ella, entender lo que estaba sucediendo, pero la voz de la enfermera llamando a los familiares de Isabella Masen produjo que ambos saltaran de sus asientos y se dirigieran hacia el mostrador. Las puertas del sector de emergencias se abrieron y vio salir a Laurent Barriot acompañado por la doctora Hale. Por un instante se sintió aliviado, era uno de los mejores cardiólogos de Seattle.

—¿Masen? —preguntó Laurent cuando lo vio llegar—. ¿Qué haces aquí?

—Es mi esposa a quien estabas tratando…

—Oh, bien… —comentó con un ligero suspiro, lo cual le alivió a su vez, ya que significaba que no la había perdido.

—¿Cómo está, Barriott? —preguntó apretando las manos en forma de puño.

—Se le realizo el EKG, el cual mostró alteraciones de repolarizacion por bloqueo de rama, taquicardia sinusal, lo que son signo de hipertrofia ventricular. Presenta también alargamiento de segmento ST, las enzimas cardiacas elevadas CK y troponina por lo que le aplicamos oxigeno y nitroglicerina, y la situación fue controlada.

—También hicimos un hemograma y tenía la hemoglobina a siete —agregó Rose.

Edward cerró los ojos con fuerza mientras consideraba lo que Barriott le estaba diciendo y sintió que sus ojos se humedecían.

—Mmmm, disculpen, ¿qué significa todo eso? Ya saben, para los simples mortales —preguntó Jacob.

—Tuvo un infarto y ya fue controlado —informó Edward declarando lo que había temido desde que comenzó a ver los signos en su casa, pero no era posible. Nada tenía sentido.

—Fue un infarto agudo al miocardio por hipovolemia, los cuales son comunes las anemias severas —informó Barriott y sintió más que vio cómo Jacob se echaba para atrás—. Fue trasladada a la Unidad coronaria.

—¿Presenta insuficiencia cardíaca de gasto elevado? —preguntó Edward sabiendo que eso significaba que su corazón estaba obligado a mantener un elevado gasto cardíaco para mantener una respiración tisular normal.

—Sí —respondió Barriott y él parpadeó repetidas veces luchando para calmarse.

—Ya la había derivado al hematólogo principal del hospital, el doctor Goodwill, pero dadas las circunstancias lo necesitamos en esta emergencia. Acabo de mandarle un radio y veremos qué me dice cuando se comunique conmigo —informó Rose.

—No podrán verla esta noche pero los mantendremos al tanto de su evolución —informó Laurent incómodo.

Jacob asintió y preguntó—. ¿Esperamos aquí?

—Pueden esperar en el hall de terapia en el cuarto piso —le respondió Rose—, allí hay sillones y estarán más cómodos mientras lo hacen. —Jacob volvió a asentir mientras la doctora Hale y el doctor Barrott giraban y se retiraban de la sala.

—Va a ser una noche larga. Pasaré por la cafetería y te veré allí —le dijo dejándolo de pie en medio de la sala.

Se quedó muy quieto por unos instantes antes de ir a hablar con la doctora Hale de nuevo que ya se había apartado junto con Laurent y caminaban intercambiando opiniones.

—Tengo un amigo que es hematólogo —les informó cuando se acercaron a hablarle—, es uno de los mejores del campo, podría llamarlo…

—El doctor Goodwill la verá lo antes posible —le interrumpió Rose.

—No sea un grano en el culo, doctora Hale, soy su condenado esposo.

Rosalie apretó los labios y respiró hondo intentando tranquilizarse.

—Mi paciente, Isabella Masen, me informó una semana atrás que su representante establecido legalmente era el abogado Jasper Whitlock —le informó y Edward frunció el ceño—. Dicho hombre, acaba de comunicarse con el hospital, para interiorizarse sobre su estado. Estará aquí mañana, podría discutirlo con él.

—Pero… —gruñó Edward sintiendo que la furia volvía a invadirlo. ¡¿Qué mierdas iba a hacer un abogado desconocido opinando por ella?!

—Es una decisión del tribunal, puede ir contra ella, pero mientras tanto tiene que acatarla al igual que todos nosotros. El señor Whitlock informó que se montaría en el próximo avión y estaría aquí lo más pronto posible.

—Hale —la increpó Edward—. ¿Quién en su sano juicio rechazaría contar con la opinión de James Wadlow?

Ella lo miró sorprendida y Barrott se metió en la conversación increpándola.

—Rose, llama al maldito abogado y no aceptes un no por respuesta. No estamos en situación de andar compitiendo para ver quién la tiene más grande… —Ella asintió y se alejó por el pasillo. Se giró y el ambiente se volvió animoso, después de todo Laurent y él habían trabajado juntos anteriormente, compartido diagnósticos y asistido a varias conferencias—. Tu esposa está muy grave, hombre —le indició colocando una mano en su hombro—. La sacamos por un pelo. Necesitamos toda la ayuda que podamos recibir.

—¿Puedo verla? —pregunto sintiendo que se hundía.

—Ella tiene descansar, no creo prudente…

—No me importa que esté dormida, necesito verla, sé cuál es el procedimiento, no me meteré en tu camino, solamente tengo que… —Su voz se rompió al final. Laurent asintió lentamente.

—Me cago en toda la parafernalia legal que viene únicamente a complicar nuestro trabajo, ven conmigo —le indicó arrastrándolo por un pasillo—, no la jodas porque ella está dormida y necesita descansar. —Edward asintió agradecido.

Se concentró únicamente en respirar tratando de controlar su temperamento y la sensación de deriva que lo dominaba. Era como si hubiese sido exiliado de la vida de Bella, y sabía que lo merecía, pero dolía como el demonio, sobre todo por lo que eso conllevaba.

Un par de minutos después le indicaron que podía entrar a la Unidad de Coronaria, para prepararse y verla, le pusieron el bata desechable, tapa boca, y entró al área de camillas. Escuchó los ruidos familiares, vio los pacientes, las enfermeras especializadas, pero por una vez nada le importaba, solamente necesitaba llegar a la camilla de Bella. Siempre había sido tan sana, y ahora estaba así, le rompía el corazón.

—¿Por qué no me lo dijiste? —le preguntó al sentarse y mirarla fijamente, sus manos temblaban cuando se levantaron para acariciar su cabello.

Se veía tan frágil, con la mascarilla para la respiración, los dos sueros, y el monitor para la presión y la frecuencia, estaba aún fría, notó incluso con un guante de por medio, y aún su piel era amarillenta.

Él podía haberla perdido. Mientras estaba deseando atención y acostándose con Renata y acusándola de todo, ella lo estaba necesitando, y él no había estado para ella. La había dejado sola. Había hecho lo que tanto había prometido que no iba a hacer nunca.

—Perdóname… —rogó y la maldijo por no decírselo, pero se maldijo a su vez por no saberlo.

Él debió haberlo sabido, debió haber estado a su lado. Debió haberla cuidado un mes atrás con el accidente, ahora estaba allí y estaba tomando antidepresivos y casi la había perdido ese día también. Sin haber siquiera estado allí o acompañarla.

La culpa, el dolor y el terror lo invadieron con tanta fuerza que su pecho amenazó con explotar. Deseaba hacer tantas cosas, devolver el tiempo, abrazarla cuando tuvo un chance o entenderlo todo; estar allí cuando debió haberlo estado y no haber tomado la salida más fácil y más difícil a la vez.

Deseaba hacer tantas cosas, que su cuerpo temblaba por la desesperación. Lamentablemente, solamente pudo tirar su cabeza hasta sus manos alzadas y comenzar a llorar.

—Maldición, te he fallado una y otra vez… —susurró con voz ronca.

La volvió a observar entre lágrimas, viendo como dormía y besó su mano con la mascarilla dándoles distancia.

Ella siempre había significado todo, apretó sus labios al rozar su mejilla al lado del respirador y apretó sus labios.

—¿Qué había pensado alguna vez cuando pensé que podría dejarte y sobrevivir? —se preguntó escuchando como su voz salía quebrada.

Solamente tenerla había sido el momento más feliz de su vida. Ella era su luz. ¿Cómo alguna vez creyó algo distinto?

—No puedo vivir en un mundo donde tú no existas, Bella —dijo tomando su mano entre las suyas, sintiendo como temblaba profusamente y que su centro se había roto—. Por favor… no me dejes así… no me dejes así, amor… no podría sobrevivir sin ti…

Estuvo así unos instantes, no sabía cuánto tiempo, pero a pesar que sus ojos se habían secado cuando sintió que alguien apoyaba una mano en su hombro, parecía que fueron simplemente segundos. Giró su cabeza y encontró a Barriott mirándolo fijamente.

—Vamos —le indicó.

Edward se levantó sin protestar y lo siguió. Mientras se sacaba el equipo estéril él y Laurent y salían de la UC hasta el cuarto piso, para el hall de espera, le explicó que la doctora Hale aún no había tenido respuesta por parte del abogado pero le había dejado un mensaje. Laurent no indagó en la situación y Edward se lo agradeció en silencio. Salió del área y caminó por el largo pasillo hasta llegar a la recepción. Jacob estaba allí.

—¿Te permitieron verla? —Edward asintió—. ¿Cómo está?

—No lo sé. Me dejaron verla por unos instantes pero no me dan acceso a la historia clínica —confesó sintiéndose totalmente abrumado.

—Todo esto es una reverenda mierda —exclamó Jacob sin poder contenerse. Edward no podía estar más de acuerdo con él.

Pasó la siguiente media hora sentado junto a Jacob en silencio. Sentía el peso del mundo sobre sus espaldas y como si todo estuviera a la deriva, en ese instante entendió lo que tanto le repitió Bella sobre el papel del familiar en una situación de emergencia, la desesperación y el anhelo por respuestas.

Se abrió una puerta y vio acercarse a la doctora Hale haciendo que interrumpiera sus pensamientos.

—Me han autorizado a mostrarte la historia clínica y a que llamemos al hematólogo —le dijo—. No estás autorizado para verla pero Laurent me dijo que te dejó pasar de manera que vamos a hacer de cuenta que eso jamás sucedió. —Edward asintió—. Vamos a mi oficina —le ordenó. Se puso de pie y Jacob hizo lo mismo. Rose lo miró extrañada.

—Estuve con ella este último mes —le dijo tímidamente—, tal vez pueda ser de utilidad si pregunta algo. Bella no le contó todo…

Rose apretó los labios y lo miró fijamente, antes de asentir.

—Síganme —les indicó.

Cruzaron a la izquierda y entraron en una oficina. Rose tomó asiento en su escritorio y Edward se sentó del otro lado. Jacob se quedó de pie apoyado en la pared.

—Ya he pedido la historia clínica pero los voy poniendo en antecedentes. La paciente llegó a consulta con cefalea profusas —informó—, sin predominio de horario, debilidad general, astenia, fatiga, hemotisis, con una serie hematológica baja, por los antecedentes familiares, se le realizó un serie inmunológica, la cual mostró una elevación de la inminoglobulinas, en el nuevo hemograma reporta siete de hemoglobina, reticulositos elevado, test de coombs positiva, anticuerpos negativos para lupus y marcadores tumorales negativos también, por lo que descarté un trastorno de etología oncológica, y la he puesto con suplemento de hierro, se le realizó una transfusión después del accidente pero los niveles de hemoglobina no han aumentado solamente tienden a bajar, por lo que estoy interconsultando a un hematólogo, o por lo menos eso fue lo que quedé con Bella ayer, antes que ocurriera esto.

—Es decir, que aún no hay un diagnostico viable… —respondió, y Rose asintió.

—Hemos hecho todo lo posible.

—¿Han hecho todo lo posible? ¿Qué hospital de pacotilla están manejando aquí? ¿Apenas la va a referir a alguien más? —preguntó alterándose. La doctora respiró profundamente como si estuviese calmándose a su vez. De nuevo.

—Bella tenía la idea fija de que era un caso oncológico, evidentemente los síntomas concordaban con su idea y tuvimos que descartar esa patología primero, después vino el accidente y hemos hecho lo que pudimos para...

—No me parece que lo hayan hecho —le rebatió inmediatamente, sin dejarla acabar—, ¡si hubiese sido así ella no estaría postrada en una cama presentando un infarto agudo miocardio por hipovolemia con apenas veintiocho años! ¡Han pasado dos meses y aún saben qué demonios tiene!

—Pues, doctor Masen —espetó Rose—, con todo respeto, lo mismo puedo decir de usted, es médico después de todo, mi paciente me comentó que tiene más de un año presentando síntomas, ¿en algún momento lo detectó? Quizás no hubiera evolucionado tanto la patología si su esposo, quien estuvo más que capacitado y más que cerca de ella, lo hubiera notado un poco antes… Es algo lógico, ¿no lo cree?

Edward sintió que lo golpeaban varias veces y se enderezó en su asiento. Maldiciéndose a sí mismo, porque era más que lógico, era cierto, y eso no ayudaba en mínimo a que el odio contra su persona que llenaba su interior disminuyera.

En ese momento tocaron la puerta del despacho evitando que contestara, y entró una enfermera con la carpeta amarilla que imaginaba tenía la historia de Bella, se levantó de su asiento, la tomó antes que se la entregara a Hale, y la abrió desesperado.

Sintió que se desvanecía por un instante cuando vio la fecha de la primera consulta.

Un día antes de que la hubiese dejado. Los resultados de los primeros exámenes, pocos días después, ya mostraban que había problemas, es decir, que evidentemente algo estaba mal desde tiempo atrás.

Apretó los bordes de la carpeta mientras sentía que una furia innecesaria lo invadía, además de miedo. Furia porque ella no había confiado lo suficiente en él para decírselo. Miedo porque no quería siquiera considerar que todo estuviera perdido. Odió su mortalidad y la de ella, y la sensación de impotencia que llevaba el hecho que teniendo todas las herramientas para ello y habiendo salvado a tantas personas, la mujer que lo significaba todo para él había estado en riesgo y no lo había sabido. Esa misma noche, cuando ella cayó al suelo, él había tratado de controlarse, de pensar coherentemente. Apenas, solamente lo había conseguido mínimamente.

Luchó por controlarse y miró a la doctora.

—Llamemos.

Ella le acercó el teléfono. Se comunicó con James y le explicó someramente la situación. Su amigo estuvo unos instantes digiriendo el asombro a la situación, le aseguró que se pondría en el caso apenas le llegaran los antecedentes y asegurándole que llamaría lo antes posible.

.

Había pasado casi una hora en donde el aire en la oficina podía cortarse con un cuchillo, unos minutos atrás Laurent había llegado a la oficina, en uno de sus descansos de la guardia. El sonido del teléfono y todos brincaron del asiento, vio el código de área y asintió para sí mismo, era James. Rose contestó y lo puso en manos libres.

—James, ¿tienes alguna respuesta? —le rogó.

—Puede ser, pero primero tengo más preguntas —comentó James, Edward vio que Jacob se acercaba pero lo ignoró—. Primero, ¿qué fue exactamente lo que sucedió hoy? —Edward procedió a informarle en forma sucinta lo que había sucedido hasta que fue interrumpido por Laurent.

—Disculpa, James, pero tengo que destacar lo progresivo de su insuficiencia cardiaca por hipovolemia para una paciente sin antecedentes cardiacos conocidos —informó.

—Vale… —respondió con tono analítico, antes de mascullar algo en voz baja—. Edward, ¿tu esposa había presentado algún signo o síntoma de una IC, como tos nocturna, debilidad general…? —Pregunto James

—No… Creo que no —respondió Edward rápidamente.

—¡Sí! —Le interrumpió ahora Jacob—. Ella se despertaba tosiendo en las noches y me decía que se sentía como si se estuviera ahogando cuando salíamos de sus terapias.

—¿Desde cuándo estaba así… quien quiera que seas? —interrogó James.

—Bueno… Creo que desde el accidente —contestó Jacob enarcándole una ceja a Edward, que lo estaba fulminando con la mirada. "¿Cómo es esa mierda que despertándose en las noches? ¿Ella estaba durmiendo con él?".

—Esa sería la respuesta a tu pregunta, Laurent, la insuficiencia cardíaca es crónica a consecuencia de los niveles sanguíneo bajos que ha estado reportando durante estos años, lo que llevó a su organismo a trabajar en un estado de hipovolemia, como ustedes sabrán mejor que yo, se conoce como ICC de gasto cardíaco elevado, esto con tiempo produce una difusión ventricular… —lo último lo dijo exasperado—. Todos pasamos años estudiando esto, gente, sabemos de qué va esto…

—Mmmm, yo no soy médico y no entiendo una mierda —informó Jacob y Edward rodó los ojos antes de verlo exasperado.

—¿Por qué tenemos un civil aquí? —masculló James y gruñó frustrado.

—Su corazón se vio forzado a aumentar su capacidad, tamaño y bombeo por falta de sangre, hasta que el agotamiento produjo el infarto —contestó Laurent como si estuviese dando una clase magistral y Edward parpadeó mientras consideraba eso… Su Bella… su corazón casi había dejado de latir… la idea, como había hecho en toda esa noche, lo hacia sentir enfermo.

—Antes de eso, ¿cuánto tiempo llevaba en cama? —Preguntó haciendo que volviera su atención—. ¿Meses?

—No… —respondió apresuradamente. Ella siempre había sido muy activa, cierto, cuando la dejó decía que estaba más cansada de lo habitual y tenía apatía pero… él había asumido que era por su relación, al parecer bastante erróneamente.

—Lo digo porque no comprendo cómo alguien con estos resultados que me enviaste obtendría la fuerza para hacer algo, siquiera pararse de su cama… —declaró y él sintió que se congelaba por dentro—. ¿Tuvo fiebre, nauseas, vomito últimamente? —interrogó.

Edward parpadeó porque no tenía respuesta a esa pregunta, a ninguna pregunta en realidad. Jamás se había sentido tan inservible en su vida.

—Sí, a todo eso… —escuchó que Jacob contestaba y alzó la mirada para encontrarlo mirándolo fijamente.

—Por supuesto… —suspiró profundamente y después gruñó—. Edward, ¿podrías quitar el altavoz?

Edward se apresuró a hacerlo ignorando cualquier réplica que estuviesen produciendo la doctora Hale y Jacob.

—¿Qué sucede? —preguntó con el corazón en la garganta.

—¡¿Eres medico o qué mierda?! —Le reclamó James casi cercenándole sus tímpanos—. ¡¿Cómo diablos dejaste que tu esposa llegara a estos límites?! ¡Qué diablos!

Se tensó y gruñó desesperado, se produjo un silencio en la sala así que no estuvo de verdad seguro si lo habían escuchado o no. Imaginaba que sí lo habían hecho.

—No lo sabía… —completó a decir—. Tenía dos meses sin verla… No lo sabía…

—Pues esta patología es de más de dos meses, hermano —le interrumpió—, si es lo que sospecho ella debió de querer estar siempre en cama, no querría moverse, dormir mucho, siempre sentirse cansada… no lo sé, ¿te suena algo parecido?

—¿Entonces es hematológico? —le preguntó evitando responder algo que más bien le estaba carcomiendo.

—¿Cómo no viste nada de esto antes que llegara a un jodido infarto? —le preguntó ignorando su pregunta.

—¡Quiero una maldita respuesta, James, deja de seguir preguntando lo idiotamente obvio y dame una solución!

—No me hagas cabrear que acabo de pasar de una conferencia que tenía meses esperando para estudiar el caso de tu esposa y de allí salir corriendo al hospital para hacerle la pelota a mi jefe a fin que me diera el permiso de viajar a Estados Unidos por una temporada para ayudarte… —le advirtió.

—Gracias… —dijo y se pasó una mano por la cara, mientras lo escuchaba decirle qué pruebas debería realizarle antes que llegara al país.

—Ya reservé el próximo vuelo para Seattle, sale en cuatro horas, debería llegar en la noche de allá porque son nueve de vuelo, o en la madrugada si este se retrasa.

—¿Tienes idea de lo que tenga? —preguntó mirando fijamente el teléfono, sabía que había dos personas más escuchando esa conversación, pero la verdad no le interesaba.

—Varias, pero no puedo dar certeza hasta que tenga el resultado de las pruebas que te mencioné y examinarla, solamente te digo algo, si es lo que me temo, pues… deberías estar de rodillas en estos momentos, amigo…

—¿De rodillas? —preguntó recordando el humor negro de James que siempre le cabreaba—. ¿Rezando, imbécil? —masculló furioso.

—No, dando gracias a cualquier ser divino, porque no sé cómo demonios esa mujer todavía está viva… —respondió y Edward dejó de respirar en ese instante.

"Oh, Dios, no, por favor…"


Muchas gracias a Gine, por estar allí y saber qué hacer en cada momento conmigo, a Gise que la quiero a pesar de sus arranques astrales!

Gracias también por su orientación técnica a Pao, eres lo máximo, ya te lo dije, así no hayas inventado el chocolate, y a Elisa, me han ayudado muchisimo y que está en su semana de cumpleaños :D

PD: Muchísimas gracias a todos los anónimos por sus comentarios. Si quieren que les responda déjenme el correo, háganlo sin el arroba —que yo lo entiendo— y en espacios, o colóquenlo en el titulo del review así, betzacosta gmail . com. (RECUERDEN LOS ESPACIOS PORQUE FF LOS BORRA)

Gracias por leer. Si les gusto o no dejen reviews :D