Llevaba toda la tarde y parte de la noche tumbada en la cama. Su compañera de piso había salido con unas amigas y ella se había quedado allí. Sola. Sumida en una extraña tristeza cargada de nostalgia. A pesar de todo, sabía que había tomado el camino correcto. Era mejor seguir adelante el uno sin el otro. Y lo más importante, lo había hecho antes de que pasara cualquier cosa entre el médico y ella. Ya que, aunque dijese que no, sabía que tarde o temprano terminaría haciendo alguna estupidez. Como la frase del día anterior.
Los colores le inundaron las mejillas. Se llevó la almohada a la cara. Tenía que dejar de pensar en cosas extrañas o terminaría loca y obsesionada. Suspiró.
-Maldita seas, tú y tu estúpida sonrisa.-Refunfuñó.
Pero de pronto, el timbre de la puerta le robó la poca paz que le quedaba. Rápidamente, se despegó el enorme cojín y fue hacia la puerta con paso lento y desconsolado. La sorpresa le dio de golpe en la cara cuando abrió y se encontró a Rin tras ella con un cigarrillo en los labios, las gafas puestas y el pelo revuelto.
El vuelco que había sentido casi la deja caer de espaldas.
-Sen… ¿sensei?-Miró a un lado y a otro de la calle desconcertada. El moreno sonrió divertido apagando su cigarrillo.- ¿Qué haces aquí?-Los nervios se apoderaban de su voz como nunca. Era lo que le faltaba después de la conversación con Kyle, se dijo desesperada.
-¿Cómo que qué hago aquí?-Arqueó las cejas con fingida molestia.-Hemos quedado para cenar, ¿no lo recuerdas?-Se agachó un tanto hacia ella acercándose a su rostro demasiado. Como el primer día que la vio.
Rou no pudo evitar el encendido de sus mejillas. ¿A cenar?, ¿ellos dos?, ¿cuándo se había decidido eso? Por un momento se miró la vestimenta que llevaba puesta. Resopló…aquel ridículo pijama de cuadros…
-¿Y?-El de ojos azules se cruzó de brazos.
-¿Cómo qué y? No recuerdo nada de eso…-Palidecía por momentos.
-Eso te pasa por beber. Te dije que las niñas no deberían hacer eso.-La regañó. Rouge lo miró aterrada. ¿Y si estaba borracha y todo lo que había vivido la noche anterior había sido producto de su imaginación?
Pero de pronto, la risa tintineante y grave de Rin resonó en sus oídos como si fuese el timbre de cualquier ambulancia.
-¿Qué pasa?-No podía estar más desconcertada y el médico no cabía en sí de la risa.
-¡Era una broma!-Volvió a reírse. Y Rou sintió como la tensión de los músculos se relajaba y una sonrisa de alivio se apoderaba unos instantes de su rostro. Hasta que se dio cuenta de que…
-¡Oi! ¡¿Cómo que una broma?!-Gritó arrugando la nariz con el ceño fruncido.- ¡Cómo has podido! ¡Deja de reírte!-Se cruzó de brazos cual niña pequeña y el moreno tuvo que taparse los ojos para no mirarla o no pararía jamás su carcajada.- ¡Ya vale!-Un minuto más tarde, Rin se secaba las lágrimas y volvía en sí. Ella aun lo observaba con fastidio, no tenía ningunas ganas de jugar.- ¿Qué quieres?
-Te he traído la ropa que te dejaste en mi casa ayer.-Le mostró la bolsa con una enorme sonrisa y la otra mano metida en el bolsillo de sus vaqueros.-Iba de camino a mi casa y se me ocurrió pasarme en un momento a por algo importante.-Le guiñó un ojo.-¿Me devuelves mi sudadera por favor?-Rouge suspiró.
-Pasa.-Ambos entraron en la casa y Rin no tardó en curiosear a medida que caminaba por ella.
Rou salió de su habitación cuando lo pilló de lleno investigando algunos libros del par de estanterías del salón.
-¿Mascotas adorables?-El moreno arqueó una ceja.- ¿Enserio eres mi alumna?-Ella no pudo evitar suspirar y sonreír a la vez que le arrebataba el libro.
-Es de mi compañera. Deja de cotillear.-Le regañó usando su misma fórmula.
-De acuerdo.-Ambos se intercambiaron las bolsas.- ¿Has empezado el que te dejé?-La joven negó. Por un momento, su mirada se había llenado de una extraña tristeza. A decir verdad, se había pasado más de la mitad de la tarde echa un ovillo en su habitación, llorando y preguntándose si estaba haciendo lo correcto o no.-Oi, Rouge… ¿estás bien?-Alzó sus pupilas verdes hacia las de Rin que la observaba con el rostro lleno de preocupación. Algo bastante poco habitual viniendo de él.
-¿Recuerdas lo que te dije ayer sobre esa persona con la que estaba saliendo?-El de ojos azules asintió.-Pues…-la joven agachó el rostro lleno de pena,-ya no…-Al oírla, el médico abrió los ojos de par en par. Sintió como su corazón empezaba a correr una carrera que sabía, no tendría un final próximo. Y lo peor de todo, es que era la primera vez que le pasaba.
-¿Y eso por qué?-No pudo evitar preguntar como si de una abuela cotilla se tratara, pero en realidad lo había hecho por desasosiego.
-Tenemos, sueños diferentes. Y…la piratería no es lo mío a pesar de todo…-Sonrió tristemente a la alfombra encogiéndose de hombros. El moreno suspiró.
-Espero que no lo hayas hecho por lo que te dije esa noche.-Su tono de voz se llenó de una seriedad terriblemente innecesaria. Ella negó.-Supongo que no debí haberme acercado tanto desde el principio. Te he confundido sin querer.-Suspiró.
-No es cuestión de que estés más o menos cerca, al fin y al cabo, entiendo que forma parte de tu personalidad.-Rin abrió los ojos de par en par sorprendido por la madurez de su alumna. No se esperaba para nada ese grado de comprensión.-Es solo que…todo lo que hay en ti me desconcierta tanto…y no sé cómo debo sentirme.-Lo miró a los ojos.-Crees que es mejor distanciarnos porque eres mi tutor, pero después me buscas y me dices que tienes miedo de enamorarte de mí…-Unas finas lágrimas descendieron por su rostro.- ¿Qué es lo que quieres? Necesito saberlo para poder hacer lo correcto.-El labio de temblaba. La sonrisa del moreno se había esfumado desde hacía rato. El silencio se apoderó de la estancia durante unos minutos, le mataba verla llorar por alguien como él.
-¿Qué harías?-Rouge se quedó totalmente descolocada con esa pregunta.
-¿A qué te refieres?-Se sorbió la nariz.
-A qué harías si me enamorara de ti. No podría seguir en la clínica. Dudo mucho que el médico jefe lo acepte. Tendría que marcharme y posiblemente lejos de esta ciudad puesto que es el único hospital que existe en Enies Lobby. Eso supondría empezar casi desde cero en otro lugar diferente. Arriesgándonos a que pase lo mismo.
-Me adaptaría.-Confesó.-Iría contigo si tu quisieras. Te seguiría hasta el fin del mundo si fuese necesario, me da igual la clínica y todo lo demás si con eso puedo ser feliz contigo.-Se sentó sobre el sofá. Él no apartaba su mirada grave y seria.
-Rouge…-Era la segunda vez que la llamaba por su nombre desde que se conocieron y sonaba increíblemente bien viniendo de sus labios. Un enorme vuelco se apoderó de su alma. Se había perdido por completo en él y no tenía manera de negarlo.-No puedo permitir que tires tu futuro por la borda por mí.-Rin ocupó un lugar justo en la mesa baja frente al sofá. La joven sintió como un enorme puñal se atrincheraba en su corazón.-Ni siquiera voy a aceptar que renuncies a tu sueño de ser la mejor médica del mundo para escapar conmigo. En este mundo real, eso es imposible. No puedes enamorarte de mí. Además, soy un desastre y...
-Ya lo he hecho.-Confesó interrumpiéndolo. Las lágrimas seguían su curso. El de ojos azules se mordió el labio.-Sé que soy una niña para ti y quizás no te parezca coherente pero…es que no puedo evitarlo.-Se sorbió la nariz.-Dame un motivo por el que no luchar por ti, Rin…
Su nombre nació de sus labios por primera vez.
Trafalgar le mantenía la mirada con seriedad. Si en algo se parecía a su padre por entero era en aquella expresión. Al ver que no decía absolutamente nada, Rou agachó el rostro con pesadumbre y se mordió el labio con fuerza.
Sabía que no podía hacerle aquello. Su pasado se lo impedía, sin embargo…
Sin previo aviso, la agarró de la muñeca con fuerza, tiró de ella clavando sus ojos en los suyos de una forma terriblemente intensa, y la besó con urgencia, cerrándolos después. Sus manos grandes y cálidas se apoderaron de sus mejillas. Rou se dejó llevar y se aferró al pelo oscuro y revuelto que descendía por su nuca.
El beso empezó a avivarse como si llevasen demasiado tiempo necesitándolo. Sus lenguas empezaron a corretear en el interior de bocas ajenas. La joven de ojos verdes no pudo evitar sentirse en el cielo al saborear su aroma. Llevaba deseando aquellos labios desde que lo conoció prácticamente.
Poco a poco, empezó a tirar del cuello de la camisa del moreno apresurándole para que se levantara. Él la siguió, aun así, no pudo evitar tropezarse en el camino y caer en el sofá justo encima de ella. Fue el momento en el que se separó.
Ambos sentían sus rostros arder y la respiración ir a toda velocidad. Se miraron notando como sus corazones latían desbocados. Ella se atrevió a rozarle la mejilla esbozando una leve sonrisa en sus labios. El peso de Rin sobre su cuerpo, su aroma, sus labios, su pelo negro revuelto que caía sobre su frente, era como si estuviera envuelta en un sueño del que no quería despertar. Volvió a alzarse para darle un corto y suave beso.
-No podemos.-Negó el moreno. Ella había llevado sus manos a su nuca donde tenía un pequeño y seductor lunar. Él escondió el rostro entre el cuello y la clavícula de la de ojos verdes. No dejaba de dudar. Sin embargo, Rouge sintió su respiración pausada sobre su oído y se enamoró más de él.
-Impídelo…
…..…
En otro lado del mar, en un punto incierto entre varias islas del Nuevo Mundo, dos embarcaciones permanecían amarradas una junto a la otra. El frío de aquellos lares helaba los huesos de cualquiera. Y Burgess lo sabía porque tiritaba a horrores al lado de Laffitte.
-¿Cuánto tiempo más piensa durar esa maldita reunión?-Frunció el ceño golpeando la barandilla del barco. Había dejado el resto de la flota amarrada en su "isla secreta".
-Solo llevan diez minutos. No te impacientes.-Laffitte agarró el hombro de su compañero para que se tranquilizara.-Además, es importante decidir qué paso dar a continuación. Hay que ser cuidadosos.
-No hace falta tanto plan.-Gruñó.-Lo más sensato es hacer que todos se junten y acabar con ellos en el mismo punto.
-Tenemos la ubicación de Portgas D. Gray. Será el cebo perfecto…-Sonrió siniestramente.
Dentro del barco más grande, Kurohige junto a Miss Bucking, seguían planeando su mejor estrategia. Weeble aún estaba lo suficientemente herido como para permanecer en cama un par de días más.
-Reuniremos a todos en el mismo punto. Los revolucionarios ya están siguiéndonos la pista. La madre de Portgas no fue lo suficientemente lista como para poder resistirse al poder de uno de mis hombres, ¡zehahahahaha!
-A nosotros nos perseguirá Marco, por supuesto.-Sonrió la arrugada mujer.
-Encontremos a ese chico y entreguémoslo al gobierno. Cuando se estén peleando, llegaremos allí y arrasaremos con todo lo que quede vivo.-Volvió a reír.-Seguro que Monkey D. Luffy irá a su encuentro igualmente. Derrocaremos al Rey de los piratas y a todo lo que le sigue de una sentada. Ambos quedaremos contentados.
-Es un plan perfecto.-La señora le tendió la pequeña mano, Teach se la estrechó.-Tenemos alianza y trato Almirante…
…..…
Abrió los ojos cuando los rayos del sol se empezaron a colar por el enorme ventanal de la habitación. Intentó incorporarse antes de darse cuenta de que unos fuertes brazos la rodeaban. Sintió el pecho del revolucionario en su mejilla izquierda y como su respiración, pausada, le movía un tanto la cabeza. Sonrió perdiéndose por completo en su piel y su aroma. Luego, se mordió el labio y se incorporó. La calidez volvió a colarse de lleno en su corazón cuando lo observó dormitar con el pelo rubio revuelto y los labios entre abiertos. No dudó en apartarle un tanto el flequillo y acariciarle el rostro con dulzura. Después bajó la vista. Las sábanas tapaban lo justo y necesario de su desnudez y ella se vio con su camisa puesta. Suspiró. No sabía nada de la otra Nerumi ni de lo que quería a Ace. Lo único que para ella era real en aquel instante, era el amor que sentía por el padre de su futura hija y no podía sentirse culpable por ello. Todo lo demás estaba en blanco.
De repente, Sabo se removió debajo de ella estirándose un tanto. Se llevó ambas manos a los ojos para frotárselos un par de veces antes de abrirlos. En cuanto lo hizo, sonrió al verla allí arriba. Con el pelo rizado, corto y revuelto. Rodeada de luz. Tenía que guardar esa imagen en sus retinas para siempre. No habría otra ocasión igual.
-Hola…-Le sonrió.
-Buenos días.-Neru descendió un tanto para robarle un corto y tierno beso de los labios.-¿Has descansado?-Jugueteó con su pelo.
-Lo justo y necesario.-Él soltó una simpática risita y ella lo siguió.- ¿Y tú qué…? ¿Menos agobiada?-Le acarició el antebrazo que tenía al descubierto. Nerumi asintió con las mejillas sonrosadas.
Aunque de pronto, sintió como su cuerpo empezaba a pesar más de la cuenta. Tuvo que sujetarse la frente y cerrar los ojos para no perder el equilibrio que mantenía su mano derecha sobre el colchón.
-Ei, ei…-El rubio se incorporó inquieto.- ¿Estás bien?-Ella apoyó la cabeza contra el cabecero. Mantenía los ojos cerrados.
-Me he mareado un poco.-Sonrió en la misma posición llevándose las manos al vientre.-No te preocupes.-Sabo suspiró aliviado hasta que ella abrió los párpados de par en par y se incorporó sobresaltada.- ¡Oi!
-¿Qué?-El revolucionario la miró asustado.
-¡Se ha movido!-Se giró hacia él, entusiasmada.-Mira, dame…-Le agarró la mano llevándola hasta el mismo sitio donde ella la tenía. Tras la piel, Sabo pudo sentir un leve movimiento. Abrió los ojos sorprendido, alzando la vista hacia ella. Su sonrisa era impresionante.
-Se mueve…-Nerumi asintió divertida. El rostro de Sabo estaba lleno de fascinación. Desde que Kyle estaba en el interior de Aiko, no había vuelto a sentirse así. Aquella cosa diminuta dentro del vientre de la mujer de sus sueños era totalmente suya. Se mordió el labio sintiéndose el hombre más feliz del universo. Volvió a clavar sus pupilas grises en las de ella.
-¿A qué es impresionante?-Le sonrió. Pero él no pronunciaba palabra.- ¿Qué…?-Le acarició la mejilla derecha con ternura, no dejaba de mirarla. Hasta que por fin…
-Mary.
-¿Mary?-Él asintió.
-Si fuese una niña, me encantaría que se llamase Mary.-Con suavidad besó el vientre de la joven para después incorporarse un tanto y besarla a ella en los labios.
-Es un nombre perfecto.-Le susurró Neru mientras él clavaba sus dientes en sus labios y ella cerraba los ojos sintiendo como las manos del revolucionario se perdían en el interior de la camisa blanca.
-Oi, Sabo-kun…espera…-El rubio mordió con suavidad su cuello desprotegido de la camisa.
-¿Qué pasa…?-Seguía con su labor desabotonando la prenda que comenzó a deslizarse por los hombros de la joven.
-¿Cómo fue?-El rubio paró los besos para mirarla con una sonrisa pícara.
-¿Quieres que te lo explique? Creo que ya lo sabes bien…-Su tono burlón y seductor le ponía los bellos de punta. Ella rió.
-No digo eso. Me refiero a nosotros.-Jugueteó con los mechones que caían por la nuca del revolucionario. Inconscientemente se mordió el labio.
-¿Nosotros? Si te refieres a porque nos acostamos aquel día aunque estuvieses con Ace es…bueno, no es una pregunta fácil de contestar.-Se separó un tanto de ella.-Te dije lo que sentía por ti después de darle vueltas durante mucho tiempo y tú…simplemente, te…perdiste…
-¿Así de sencillo?-Lo miró sorprendida.-¿No dude?
-Bueno, las ganas venían de años atrás. Tuvimos un calentón antecedente que no llegó a nada.-Le sonrió seductor.-Pero yo creo que siempre ha existido cierta tensión sexual entre nosotros.
-¿Quieres decir que solo fue un "calentón"?, ¿no estaba enamorada de ti?
-¿Qué…? Bueno…amabas a Ace por encima de todas las cosas pero a la vez, me…querías…
-No sabía que podía pasar eso.-Abrió los ojos sorprendida. Sabo rió.
-Pues a la otra Neru le pasó.-Sonrió. Pero de pronto tras unos segundos de silencio, la seriedad se apoderó del rostro de la joven.
-Quiero quedarme.-Esta vez fue Sabo el que se quedó totalmente desconcertado.
-¿Cómo dices?
-No quiero que recuperes mi memoria.
-Neru…
-Te quiero.-La voz le empezó a temblar, pero se mantuvo firme. El revolucionario sintió un vuelco en su corazón.- Y si lo haces, me olvidaré de este instante. Del nombre de nuestra hija.-Negó con los ojos llorosos mirándolo fijamente, recorriendo sus hombros desnudos con sus dedos suaves.-No quiero…-Sabo agachó el rostro entristecido.
-Lo hablaremos, ¿de acuerdo?-Su sinceridad le había pillado completamente desprevenido.
-No, no quiero hablarlo.-Se abalanzó hacia él y lo abrazó con fuerza.-No quiero olvidarme de ti, ni de lo que siento. Quiero quedarme contigo. Quiero formar esa familia contigo…-El rubio abrió los ojos de par en par mientras la estrechaba contra sí.
-Nerumi ya…-Pero se mordió la lengua antes de seguir. Nadie le había hablado de Rou y Gray a la joven de ojos esmeraldas.
-Por favor,-le susurró el oído,-no vayas. Hablaré con Ace si es necesario. Haré lo que sea. Pero no me dejes…
….
Rika juró que nunca había estado en un barco tan grande como en el que se encontraba. Recorrió con la mirada cada una de las partes de la cubierta con fascinación. Era impresionante.
-Acomodaos, partiremos en media hora.-Jozu las sobresaltó a ambas que parecían perdidas en aquel mundo de piratas. Sin embargo, su sonrisa las tranquilizó un tanto.
-Señorita, deberíamos de contactar con vuestros hermanos.-Le aconsejó su acompañante.
-Y con la marina…Pero no creo que sea buena idea revelarles nuestra ubicación.-Se cruzó de brazos pensativa, sabía que si daban con el barco de Barba Blanca, no acabaría muy bien la cosa. Suspiró resignada.
-¿Está segura de que no nos harán daño?-Miraba a todos lados miedosa. Ese barco estaba repleto de hombres con miradas lascivas, se dijo la criada.
-Cálmate Ren.-Intentó tranquilizarla con una bonita sonrisa.-Lo que si haré será intentar contactar con Gray, busquemos un Den den Mushi.
Ambas se adentraron en los pasillos ajetreados del barco sintiéndose terriblemente observadas por sus tripulantes. Rika rezaba para que Ace volviera lo más pronto posible y les explicara a los demás su intervención en aquel lugar. Estuvieron caminando varios minutos hasta que finalmente dio con un despacho con uno de aquellos peculiares caracoles sobre el escritorio.
-No deberíamos de estar aquí señorita.-La exótica mujer de piel morena y pelo negro como el carbón observó el lugar dejándose llevar por la curiosidad innata que caracteriza a toda mujer. Cogió un libro de un estante cercano y lo ojeo.
-Ya lo sé, dame cinco minutos.
-¿Va a decírselo?-Nada más escucharla, Rika alejó su mano del caracol un tanto. Su rostro se llenó de una extraña tristeza. Sabía que no sería capaz de hacerlo, sin embargo…
-No tengo otra alternativa.-Se giró hacia la mujer que alzó la mirada hacia ella empatizando con sus sentimientos.
-Tiene la opción de negarse. ¿La ha pensado? Puede que quizás sea lo mejor para su familia, pero no lo mejor para usted.-La rubia suspiró.- ¿Está dispuesta atarse a un hombre que no ama solo por el dinero?-Rika se mordió el labio.-El mundo está cambiando, cada vez hay menos Tenryubitos entre nosotros. Sabe cómo yo…que lo más sensato es que empiecen a vivir de una forma más humilde.
-Eso es fácil decirlo…
-No lo es.-La contradijo.-Piénselo. Usted puede no sacrificar su felicidad.-Aun así, la de ojos miel volvió a girarse para cumplir con su misión pero en cuanto se apoderó del aparato, la puerta se abrió de par en par, sobresaltando a las dos muchachas.
El capitán entró en su sala de reuniones y se quedó observándolas desconcertado. ¿Cómo habían llegado hasta allí?
-¿Qué estáis haciendo?-Su tono fue seco e imponente. Ambas se quedaron totalmente en blanco por el repentino descubrimiento.
-Queríamos comunicarnos.-Rika subió el Den den mushi poco a poco. Pero Marco frunció el ceño.
-¿Con la marina?
-¡¿Qué?! ¡No! ¡Por supuesto que no!-Rika movió a un lado y a otro sus manos con nerviosismo.
-¿Entonces con quién?-Se cruzó de brazos justo delante de la puerta para que ninguna de las dos pudiera salir de allí.
-Con Gray.-Le sonrió la rubia intentando apaciguar la tensión del ambiente. Pero el capitán aún no se fiaba para nada de aquellas dos chiquillas que habían investigado lo suficiente como para dar con su despacho.
-Déjalas.-De pronto, la voz de Ace se alzó por la espalda de Marco. Este se hizo a un lado mirándolo con el ceño fruncido.-De acuerdo, me equivoqué. Deja de mirarme así, maldita sea.
Marco soltó una risita por lo bajo dejándolo pasar. Le encantaba picar a su comandante.
-¿Sabéis dónde están?-Ace entró en la sala y Marco cerró la puerta tras de sí.
-Lo cierto es que no sé nada de él desde que dejamos la isla, salvo lo que he leído en los periódicos y las cosas que se escuchan por el cuartel.-Rika sonrió nostálgica. En realidad lo echaba muchísimo de menos pero, no era el mejor momento para expresar aquel sentimiento.
-¿Y cómo fueron capturadas?-Marco se sentó al frente de la mesa y las observó curioso. Por un momento, las dos se miraron y asintieron. Si querían salir bien paradas en un barco de piratas, sabían que tenían que decir la verdad a toda costa.
-El reino de Aldrum, siempre ha estado protegido por esta tripulación.-Marco y Ace asintieron ante esa afirmación. Sabían de la existencia de ese pacto.-Pues bien, mi hermano mayor es su rey.-Nada más decirlo, Ace abrió los ojos de par en par, ahora entendía lo de la doncella.-Y hace unos días fui a hablar con él un asunto urgente, pero la noche que llegué, Weeble atacó la ciudad arrasándola por completo.-Agachó el rostro.-Y…supo que yo era alguien importante no solo para el reino sino también para Gray,-miró al pecoso,-así que, como un desafío más, nos secuestró y aquí estamos…
-Pero lo que no entiendo es porqué te buscaba con la intención de hacerle daño a Gray.-Marco se tocaba el mentón pensativo.
Fue ese, el momento en el que Ace cayó en la cuenta de todo lo que estaba pasado. La revuelta en Impel Down, el ataque de Teach a los revolucionario, el supuesto hijo de Shirohige atacando de nuevo las islas de su padre, secuestrando a Rika…Todo apuntaba a una única cosa.
Él.
-Están buscando a Gray.-Sonó tajante. Todos los presentes lo miraron.-No sé exactamente por qué motivo aun, pero van a por él.-Frunció aún más el ceño. Tenía un mal presentimiento.-Tenemos que encontrarle de inmediato.-Se giró hacia Marco con el corazón en un puño.
