Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen.
Capítulo 11
Desde el exterior, y con elegancia, la luz del sol entraba por las amplias ventanas de la escuela. Casi la totalidad de los estudiantes ya se habían retirado a sus hogares minutos atrás, dejando a sus espaldas un ambiente de quietud que contrastaba con el bullicio que, diariamente, reinaba en los pasillos y salones de la preparatoria.
La biblioteca, como de costumbre, rebosaba de una calma y silencio que permitía escuchar hasta al más diminuto insecto volando alrededor. Estantes repletos de libros decoraban las paredes, incontables escritorios y sillas complementaban el decorado de un sitio cuya soledad se vio interrumpida con la llegada de dos apuradas siluetas.
Ireza, poniendo su mochila en una de las mesas desocupadas, no se demoró en buscar sus cuadernos desesperada por despejar el océano de dudas que agobiaban su mente. A su lado, un distraído y pensativo Gohan hacía lo mismo pero no con la misma rapidez que la rubia. La cual, levantando su mirada, miró a Gohan percatándose de inmediato de su conducta abstraída.
– ¿Pasa algo? –Ireza, cuestionándole, lo obligó a reaccionar.
– ¿Qué, dijiste algo? –Sacudiéndose, Gohan se volteó hacia la chica y le habló con torpeza–perdóname, no estaba escuchando.
– Sí, ya me di cuenta–la blonda, con suspicacia, le comentó–te pregunté que si te pasa algo, es que de repente te noté muy distraído.
– Ahh, lo siento–avergonzado, Gohan se carcajeó con nerviosismo al frotarse la nuca como lo hacía su padre–es que no puedo dejar de pensar en qué estarán hablando Videl y Shapner…
Instantáneamente después de haber dicho eso, Gohan se reprendió en su interior al dejarse llevar demasiado por su honestidad.
– Ya veo, yo también pienso en ellos dos–poniéndose cómoda y sin dejar de hablarle a Gohan, Ireza fue hojeando algunas páginas de su libreta de anotaciones–Videl siente mucha culpa por la herida que recibió Shapner en el hombro, ambos necesitaban un tiempo a solas para charlar de lo ocurrido.
– ¿No te parece que Shapner se está comportando muy extraño? –nuevamente, siendo víctima de su sinceridad y preocupaciones, Gohan dijo algo que no quería expresar en voz alta–bueno, me refiero a…
– Sí, es cierto. No es el mismo Shapner de siempre–alzando una ceja, Ireza apoyó su rostro en una de sus manos–aunque creo que eso es algo normal y muy comprensible. No puedo ni imaginar lo que Shapner sintió en el instante en que le dispararon, supongo que él creyó que iba a morir ese día y por eso creo que se comporta diferente. Estar al borde de la muerte y tener la oportunidad de continuar debe ser una experiencia que te cambia la vida.
Volviendo a su estado silencioso y ensimismado, Gohan agachó la vista viéndose rodeado por las palabras de Ireza. Quién mejor que él mismo para saber lo que era estar al borde del abismo, hallándose a milímetros de morir. Él, desde su infancia, vio en numerosas oportunidades como su existencia pendía de un delgado hilo que daba la impresión de romperse en cualquier momento.
Asimismo, presenció en primera fila como sus amigos, su maestro y su padre murieron defendiendo este mundo sin que la humanidad imaginase el peligro que corría. Y al llegar a ese punto, Gohan le cedía la razón a Ireza. Estar a punto de morir realmente producía un cambio, un cambio que dejaba la enseñanza de atesorar más el precioso regalo que significa vivir.
– ¡La Tierra llamando a Gohan, hay alguien en casa!
– ¡Qué!
– Hoy estás muy raro, Gohan…
– Lo siento, es sólo que hoy ha sido un día un poco pesado.
– Te comprendo, para mí igual–recordando el motivo por el cual estaban allí, Ireza decidió no perder más tiempo valioso–bien, ahora si no es mucha molestia, me gustaría pedirte que me ayudes con esta cosa. Sinceramente no entiendo nada.
– Claro Ireza, con mucho gusto–sonriéndole, Gohan tomó asiento enfrente de Ireza dándole un vistazo al cuaderno que la rubia sostenía– ¿exactamente qué es lo que no entiendes?
Desesperada por aprobar ese examen de matemáticas que, literalmente, podía en peligro su destino, Ireza le enumeró sus varias inquietudes a Gohan al señalar los ejercicios aritméticos que le eran imposible de resolver. Gohan, por su parte, no decía absolutamente nada. Solamente se limitaba a escuchar lo que Ireza le decía, a su vez, que veía las anotaciones escritas por ella.
Si bien él se encontraba físicamente allí, los pensamientos de Gohan se alejaban a pasos agigantados de ahí como si estos fueran absorbidos por la impotencia de no saber que se estaban diciendo Shapner y Videl. A pesar de ocultar su recelo y desconfianza, estos iban ganando terreno en él haciendo que la voz de Ireza fuera debilitándose volviéndose un eco apenas audible.
– Escúchame Gohan, eres un buen tipo, me caes bien aunque no lo creas, pero pienso que tus preguntas no tienen ningún sentido–reviviendo su agitada conversación con Shapner, Gohan no logró evadirla por más que lo intentó–en cierto modo, lo que me sucedió pasó porque yo lo permití. Perfectamente me hubiera quedado parado justo donde estaba, mientras Videl recibía el disparo dejándola gravemente herida o peor aún, muerta.
Atrapado, más y más en sus profundos recuerdos, Gohan no conseguía escapar de ellos.
– Pero no lo hice, ni siquiera pensé en las consecuencias de lo que hacía, sólo me puse frente a ella y la cubrí–endureciendo sus aseveraciones, Shapner le hablaba sin rodeos–ella y yo hablamos hace unos días, me dijo que se sentía culpable por lo ocurrido pero sé que ella no tiene ninguna responsabilidad. Aunque, conociéndola como la conozco, le tomará algo de tiempo quitarse la culpa de encima. Y como es una chica muy testaruda, la ayudaré en todo lo que pueda.
– Y eso me recuerda una cosa, en el hospital dijiste que el Gran Saiyaman era un…
– No menciones ese nombre otra vez, sabes muy bien lo que pienso de ese infeliz estafador–sintiendo el veneno en la boca de Shapner, Gohan evocaba con sumo detalle el rostro enfadado del rubio–desde que ese payaso apareció no ha hecho más que hacerle la vida imposible a Videl, no es más que un farsante que busca fama. Si tan sólo tuviera la oportunidad de tenerlo frente a mí, les demostraría a todos lo que realmente es.
¿Eso era lo que quería?
¿De verdad Shapner quería confrontarlo?
Dicha petición, a pesar de su osadía, a Gohan le parecía más que justa y necesaria. Tal vez, ese era el único modo de arreglar las cosas. Tal vez, sólo así se podría disipar esa espesa niebla que los enceguecía. Tal vez, esa sería la solución que le quitaría la culpa que llevaba consigo. Y si bien sospechaba que más roces y fricciones se producirían, Gohan estaba dispuesto a correr el riesgo.
– ¿Me estás escuchando, Gohan? –Ireza, con cierta molestia, le cuestionó al verlo otra vez perdido en su mente.
– Claro que sí, Ireza. Comprendo tus dudas y ya sé cuáles consejos darte.
Con rapidez, Gohan le explicó a Ireza cómo solucionar aquellos ejercicios algebraicos que tantos dolores de cabeza le han generado en las últimas semanas. Para el hermano de Goten tales ejercicios eran más que familiares, ya que gracias a su estricta madre, Gohan ya los enfrentaba desde que era niño y estudiaba solo en su casa envuelto de montañas de libros.
Esforzándose por captar toda la información que le fuese posible, la rubia se concentró totalmente en Gohan quien hablaba del tema con una pericia que, asombrosamente, parecía ser superior a la de cualquier profesor que ella conociese. Minutos más tarde, y repitiéndose mentalmente todo lo que Gohan le indicó, Ireza se dispuso a luchar sin ayuda de nadie contra sus demonios académicos.
– Discúlpame un momento, Ireza. Iré al sanitario, no me tardaré en volver–ansioso por irse de la biblioteca, Gohan le dijo la primera excusa que se le ocurrió con tal de poder marcharse–continúa resolviendo esos ejercicios, si no entiendes algo me lo dices cuando regrese.
– Sí, no hay problema Gohan–sonriente, la chica le regaló una mirada coqueta–te agradezco tanto que me estés ayudando, si no apruebo ese maldito examen mis padres me matarán.
– No hay de qué, ya verás que te irá bien en la prueba–le replicó devolviéndole la sonrisa–vuelvo enseguida, no me tardo.
– Está bien…
Simultáneamente a que Gohan se daba la vuelta, su semblante alegre desapareció de su cara convirtiéndose en una expresión de seriedad y hostilidad que rivalizaría con la agresividad de Vegeta. Caminando con impaciencia, Gohan abandonó aquella habitación y se encaminó por los corredores de la preparatoria; no obstante, su apurado andar se detuvo ante un puntual dilema:
¿Cuál ruta debía tomar?
Frente a sus ojos, se extendía un largo pasillo que lo llevaría directamente hasta la salida principal del edificio. Aún así, a Gohan le preocupaba que Shapner, y sobre todo Videl, se percatasen de su presencia al vigilarlos. Tal problema se solucionaba si elegía la segunda opción, la cual consistía en utilizar el mismo camino que con regularidad usaba para entrar y salir de allí.
Sin pensarlo mucho, y queriendo reanudar su caminata, Gohan descartó la primera alternativa y corrió a toda máquina por las escaleras llegando en unos segundos a la azotea. Ahí, y con su corazón agitado, Gohan se aproximó con cautela a la barandilla observando, en la lejanía, dos figuras solitarias que platicaban entre sí.
– Son ellos, los encontré…
Efectivamente, eran ellos. Videl y Shapner, uno frente al otro, conversaban sumergidos en su charla sin notar a Gohan quien los espiaba con sigilo. Manteniéndose de cuclillas y sin moverse, Gohan los vio hablar sin ser capaz de oír lo que decían. Recordando a su mentor, Gohan deseó tener por unos instantes la increíble capacidad auditiva que Picorro ostentaba por naturaleza.
Sin aviso, y llamando la atención del pelinegro, Gohan vio como Videl se alejaba de Shapner con gran prisa mientras éste le seguía de cerca. Deteniéndose, Videl se giró hacia Shapner quien continuaba hablándole al hacer incontables ademanes. Gohan, mirando la hora en su reloj de pulsera, sabía que Ireza debía estarlo esperando; sin embargo, decidió seguir un poco más.
Y tal decisión trajo como fruto una visión que, petrificándolo, borró por completo sus cavilaciones siendo incapaz de desviar la mirada: Shapner, abrazando a Videl con su brazo sano, la atrapaba con fuerza entretanto la besaba depositando su amor por ella en sus labios. Gohan, todavía sin reaccionar, no supo definir la amalgama de sensaciones que sentía al verlos juntos.
Pero su memoria, consiguiendo reactivarse, evocó más de las palabras de Shapner:
– Como muy bien sabes, Videl ha estado bajo mucha presión por razones que no son necesarias explicar, por eso quería pedirte que le des espacio, déjala respirar tranquila, ya verás que se repondrá.
– Me doy cuenta que las cosas son muy diferentes a como las recordaba, hasta tú te comportas muy extraño, Gohan–retumbando como férreas campanas, la voz de Shapner hizo estragos en Gohan–entiendo tu preocupación por Videl, yo también me preocupo por ella, pero creo que estás exagerando de más. Videl no me está evadiendo ni tampoco la estoy presionando, solamente quiero que se sienta bien consigo misma y que vuelva a hacer la Videl que conocí por muchos años. Así que por favor Gohan, saca de tu cabeza esa idea disparata que hay algo malo entre ella y yo.
¡Mentiroso!
¡Era un maldito mentiroso!
Apretando los puños y gritando en sus adentros, Gohan golpeó el suelo buscando alivio a la avalancha de ideas que chocaban unas con otras en su mente. Shapner le aseguró que no la presionaría y que simplemente buscaba el bien para Videl; pese a eso, para Gohan sus acciones lo contradecían, llenando al saiyajin de una ira y cólera que le quemaban la garganta al tragarlas.
Shapner no había cambiado en lo más mínimo, ni remotamente. Era el mismo charlatán de siempre, el mismo oportunista que buscaba el beneficio propio al sacarle provecho a las vicisitudes que sacudían a los demás. Shapner, mejor que nadie, conocía de la amarga aflicción y el intenso remordimiento que Videl padecía por la herida que él recibió.
Usando eso a su favor, y de la manera más ruin, Shapner cristalizaba sus fantasías con Videl sabiendo que ella no se resistiría a sus trucos. Tal cosa fue el indicio final que destruyó cualquier vacilación, confirmando, con dureza, las sospechas de Gohan. El cual, sintiéndose forzado a intervenir, no era consciente de lo que realmente sucedía ignorando las futuras consecuencias.
– ¡Ya fue suficiente de esta farsa!
Cubriéndose con el disfraz del Gran Saiyaman, Gohan intercambió lugares con su álter ego justiciero quien continuaba mirando en la distancia a la chica con coletas y al rubio. El héroe, luchando ferozmente por contenerse, los observó con enojo hasta que aquel beso que Videl y Shapner compartían se acabó. Al ver como Videl se alejaba de Shapner, Gohan se lanzó al aire.
En tanto Videl corría apresurada pensando en reencontrarse con Ireza y Gohan, el Gran Saiyaman descendió con prisa acercándose hacia Shapner quien, notándolo en un santiamén, permaneció inmóvil como si sus pies se hubieran convertido en piedra. Aún así, Shapner no pensaba en irse. Al contrario, para Shapner tal suceso le era obra de un auténtico milagro.
Posándose en tierra firme, la capa roja del Gran Saiyaman terminó de agitarse detrás de él a su vez que Shapner recobraba su movilidad. El rubio, aproximándosele sin miedo y sin titubear, se paró justo ante el enmascarado encarándose mutuamente sin decirse nada. Empero, tal afonía no duró mucho ya que el Gran Saiyaman fue quien disparó el primer dardo.
– Tú y yo tenemos que hablar.
– Sí, es cierto. Ya es hora de aclarar muchas cosas.
Valiente y determinado, así lucía Shapner al responderle con un asombroso temple que tomó desprevenido a Gohan. A pesar de esto, el Gran Saiyaman no retrocedió en lo absoluto. Cerrando, aún más, la corta brecha que los separaba, un impulsivo y enérgico Gohan trató de intimidar a Shapner con su musculatura tal y como lo haría un guerrero dispuesto a morir en batalla.
– He escuchado que querías verme en persona–Gohan, usando su voz de Gran Saiyaman, le dijo con esa rudeza característica de los saiyajin–pues, aquí me tienes…
– No tengo idea de cómo lo supiste; pero ya que estás aquí, no desaprovecharé la ocasión–hablándole de igual modo, Shapner señaló el paisaje urbano a sus espaldas–quizás hayas engañado a toda la ciudad, pero a mí no. No me voy a tragar esa farsa de tus supuestos poderes, estoy convencido que eso no es más que un truco barato.
– ¿Eso es todo, eso es todo lo que pensabas decirme? –intuyendo que le diría eso, Gohan soltó una burlesca carcajada que molestó a Shapner–si no piensas decirme algo importante, entonces yo te diré lo que pienso de ti.
Shapner pretendía objetar; no obstante, el Gran Saiyaman se le adelantó.
– Te he estado observando, Shapner. Sé lo que has estado haciendo, sé muy bien lo que planeas hacer…
– ¿Cómo diablos sabes mi…?
– Yo lo sé todo de ti, sé mucho más que sólo tu nombre–actuando con agresividad, Gohan distaba mucho de ser el Gohan que todos conocen–no voy a repetirte dos veces lo mismo, así que te recomiendo que obedezcas a la primera. Aléjate de Videl, aléjate de ella lo más que puedas. No permitiré que le hagas más daño.
– ¿Quién demonios te crees que eres para venir a amenazarme? –gritándole al rostro, Shapner expulsó una parte del desprecio que le profesaba–no me importa que sepas mi nombre, ni me importa lo que creas saber de mí, así que graba esto en tu cabeza: no pienso dejarme amedrentar por ti y tampoco retrocederé. Eres un maldito charlatán mentiroso, un desgraciado infeliz que quiere fama a costa de los demás.
– Eso no es cierto.
– ¡Mentira, mentira! –Shapner, vociferando nuevamente, lo interrumpió–eso es una vil mentira y lo sabes. No me voy a alejar de Videl, ni un sólo milímetro. Me voy a quedar a su lado, junto a ella, protegiéndola de ti y tus malditas mentiras. Yo no le he hecho ningún daño, ni uno. Pero tú la has destrozado por dentro, la hiciste pedazos. Destruiste a Videl y no permitiré que te salgas con la tuya, te haré pagar por tus engaños.
– No quieras verme la cara de tonto, ni siquiera lo intentes. Sé muy bien que siempre has querido estar con ella, lo sé perfectamente–hundiendo un dedo en el pecho de Shapner, Gohan dejó salir sus paranoias infundadas–ella te rechazó por años, nunca te quiso a su lado. Y ahora, valiéndote de tu herida, tratas de aprovecharte de ella para que esté contigo.
– ¡Cierra la boca, cierra tu maldita boca! –Furioso, lleno de ira, Shapner lo silenció–yo la amo, la he amado toda mi vida. Videl es única para mí, es la única mujer que existe en mi cabeza y jamás me atrevería a provecharme de ella, jamás. No pretendas desviar las cosas con tus falsedades, no me detendré hasta mostrarles a todos la verdad sobre ti.
– ¿Y cuál es esa verdad?
– No eres ningún superhéroe, no tienes súper poderes; esa es la verdad–desafiante, Shapner le afirmó–debajo de ese ridículo disfraz de payaso se esconde un cobarde, un cobarde patético que quiere llamar la atención.
– ¿Estás seguro de eso? –Completamente enceguecido e irracional, Gohan le cuestionó con la misma soberbia que lo poseyó en su niñez al luchar contra Cell– ¿de verdad crees esa patraña?
– Búrlate si quieres, no me importa. Pero cuando mi brazo haya sanado y pueda usarlo, te borraré esa estúpida sonrisa del rostro.
– ¿Acaso entendí bien? –Gohan le indagó con mofa– ¿pretendes luchar conmigo, Shapner?
– Sí, exactamente eso. Tal vez todos te amen y te adoren, pero yo no. Destruiste por completo la vida de Videl, y para mí eso es una declaración de guerra–sintiendo como su corazón latía con vigor en su interior, Shapner se envalentonaba gracias a la ardiente adrenalina que corría como magma por sus venas–no me interesa cuántos trucos uses a tu favor, voy a hacer que desaparezcas por toda la eternidad.
– Sabía que eras un presumido y un patán, pero no imaginaba que también fueras tan cómico–Gohan tenía unas ganas inmensas de mostrarle todo lo que era capaz de hacer; sin embargo, prefirió no hacerlo–voy a ser piadoso contigo, vienes saliendo del hospital y no me gustaría enviarte de regreso tan pronto.
Pese a esa amenaza, Shapner no decayó.
– Te daré una oportunidad, sólo una Shapner y ésta será mi última advertencia–Gohan le sentenció levantando un puño que, por muy poco, casi rozó la barbilla del rubio–aléjate de Videl, no te le acerques más. Si continúas tratando de aprovecharte de ella haré que te arrepientas de por vida, no permitiré que la lastimes ni que te salgas con la tuya.
Vertiginoso, sin esperar respuesta, el Gran Saiyaman emprendió el vuelo convirtiéndose en un insignificante punto que se difuminó en el brillante firmamento. Gohan, diciéndose reiteradamente que recuperara la cordura, se esmeraba al máximo por tranquilizar su explosivo temperamento no queriendo hacer algo que, persiguiéndolo sin piedad, lo atormentaría por años.
La sangre le hervía a borbotones; aún así, fue gradualmente recuperando la calma recordando que Ireza le esperaba en la biblioteca. Sin más retrasos, Gohan se enrumbó a dicho sitio. Entretanto, Shapner, que aún permanecía anclado al suelo, lo veía volar con sus propios ojos quedándose mudo al atestiguar como aquel sujeto desafiaba a la gravedad llegando inclusive a derrotarla.
Y si bien tal cosa era asombrosa en un inicio, Shapner descartó casi en un santiamén que aquello ciertamente fuera real. Era tal su nivel de convencimiento que, desafiando lo recién visto, seguía creyendo que todo eso no era más que un truco y que el Gran Saiyaman no era más que un charlatán embustero hambriento de popularidad.
– Nunca me engañarás con tus mentiras, no eres más que un fraude–susurrante, Shapner le dijo aunque el Gran Saiyaman ya no se hallaba junto a él–no eres un superhéroe ni tampoco tienes súper poderes. Y si quieres alejarme de Videl, tendrás que matarme…
A Shapner poco le importó averiguar cómo lo encontró el Gran Saiyaman, ni cómo sabía su nombre y mucho menos que éste lo estuviera vigilando. Su única prioridad era cumplirle a Videl la promesa que le hizo un día antes de que todo comenzara, la promesa que fue el génesis de su inevitable confrontación: vencer y desenmascarar al Gran Saiyaman, cueste lo que cueste.
Porque poder abrazar a Videl, rodearla con sus brazos y embriagarse con el sabor de sus labios valía el riesgo.
Callada, sosteniendo una cuchara en su mano, Videl parecía una estatua viviente al no mover ni un dedo. Ella, sentada en la mesa del comedor, veía su propio reflejo en la acuosa superficie de la sopa que le habían servido para cenar. No tenía idea de cuánto tiempo llevaba en esa postura, solamente comprendía que aquel día no fue para nada ordinario ni normal.
Dando un fugaz vistazo a una ventana a su izquierda, Videl miraba la oscuridad de la noche asombrándose que las horas hayan pasado tan deprisa desde su charla con Shapner. En un instante estaba junto a él hablándole de lo ocurrido en el hospital; un parpadeo más tarde, ya se encontraba en su casa acabando de asimilar y aceptar que su sendero era irreversible.
Aunque, si era más sincera con ella misma, era capaz de recordar lo que sucedió después de hablar con Shapner hasta su retorno a la mansión de su padre. Y el primer recuerdo que explotó en su cabeza fueron los pasos frenéticos de Gohan que, sudoroso y muy agitado, finalmente reapareció en la biblioteca de la escuela provocando que Ireza se levantara de su asiento en el acto.
– ¡Gohan! –Enojada, la rubia no escondió su molestia– ¡por fin apareces, te fuiste hace casi una hora!
– Una hora…–completamente desubicado, Gohan exclamó anonadado.
– ¡Sí Gohan, una hora! –Reiteró la chica poniendo sus manos en su cintura; tal gesto, le recordó a su madre cuando se enfadaba–dijiste que no te tardarías en volver, que sólo te irías por unos minutos…
– De verdad lo siento mucho, Ireza–apenado, Gohan aún no notaba a Videl quien le miraba sin decir nada–es que…es que sufrí un fuerte malestar estomacal y por eso me tardé tanto en volver.
Tal excusa era falsa, pero sobre todo, era muy vergonzosa. Pese a eso, Gohan optó por decir tal cosa para encubrir su nada amistosa charla con Shapner.
– Ohh, vaya. No me imaginaba algo así–incómoda, Ireza bajó el tono de su voz apaciguando su enojo–supongo que no puedo culparte…
– Muchas gracias por comprender, me siento muy apenado…
– No te presiones, Gohan. Todos alguna vez nos hemos enfermado del estómago, quizás comiste algo que te cayó pesado…
Y fue justo allí, al pronunciar esa corta frase, que Gohan se volteó pasmado a un costado descubriendo a Videl que leía tranquilamente una de sus libretas de apuntes.
– Videl, no me di cuenta que ya estabas aquí.
– ¿Todavía te sientes mal? –La otrora justiciera, mirándolo con suspicacia, le preguntó–estás muy pálido, como si hubieras visto a un muerto.
– No, no. Estoy bien.
– ¿Seguro?
– Sí, no te preocupes–riéndose con torpeza, Gohan tomó asiento uniéndoseles–es sólo que me tomaste por sorpresa, apareciste de la nada…
– ¿Aparecí de la nada? –Videl, arqueando una ceja, aseguró con extrañeza–pero si sabías que estudiaría con ustedes dos, incluso les dije que vendría cuando volviera de hablar con Shapner…
Videl podía asegurarlo sin temor a equivocarse, estaba convencida de ello: al pronunciar el nombre de Shapner, juraría que el rostro de Gohan se endureció borrando su típica expresión penosa y jovial. Desconocía el motivo de tal cosa, pero sin duda ese gesto por parte de Gohan se añadió a la larga lista de sucesos que, innegablemente, tachaban ese día como uno fuera de serie.
– ¿Pasa algo malo, Gohan?
– No Videl, no pasa nada.
Durante el resto de su sesión de estudio, Gohan mantuvo esa seriedad en su cara sin tan siquiera hacer el intento por disminuirla o encubrirla. Aún así, Videl no le cuestionó nada más al respecto creyendo que no era lo más conveniente, teniendo en cuenta el interés de Ireza por aprobar ese examen. Además, Videl ya no quería más misterios por resolver que involucraran a Gohan.
Porque él, lo quisiese o no, mágicamente siempre le hacía pensar en el Gran Saiyaman y ese era un hombre al cual no deseaba evocar. Videl no entendía por qué, pero era como si Gohan estuviera atado al enmascarado con un hilo invisible e irrompible. Dentro de ella todavía existían sospechas sobre Gohan; sospechas e inquietudes que amenazaban con avivar aquel voraz fuego en su alma.
Sin embargo, temiendo que el dolor y la culpa volverían para atormentarla, Videl recurrió por millonésima ocasión a su anestesia: Shapner. Pero esta vez, a diferencia del primero, el beso que compartieron en las afueras de la escuela no fue ni frenético ni celestial. Pese a saberlo, y con cobardía, Videl se mintió a ella misma obligándose a sentir sensaciones que él no le provocaban.
– Videl, veo que ya estás cenando.
Su padre, el campeón mundial, entró de improviso en el aposento acercándosele con lentitud sacándola de sus tambaleantes pensamientos. Mr. Satán, deseando limar aún más las asperezas que existían entre los dos, le regaló un leve abrazo que dejó desconcertada a Videl quien meramente le respondió con una suave sonrisa.
Mr. Satán, en contraste a como normalmente lo hacía, se sentó junto a ella siendo atendido con velocidad por sus sirvientes. Teniendo los dos su cena ante ellos, Videl pensó que sería mejor que comiera un par de cucharadas esperando que con eso su papá no le cuestionara su falta de apetito, evitando así, que él iniciara con una conversación que sólo enturbiaría más las aguas.
– ¿Cómo estuvo la escuela hoy? –Cuestionándole con un interés sincero y comprensivo, Mr. Satán se giró a verla–noté que llegaste más tarde de lo usual.
Si bien, no quería verse envuelta en la típica charla paternal, Videl no tuvo más remedio que participar en ella.
– Pues no estuvo mal, fue un día tranquilo–le contestó la pelinegra antes de darle un sorbo a su comida–y llegué tarde porque me quedé estudiando un poco con unos amigos, en unos días habrán exámenes en la escuela y honestamente no entendía muchas cosas.
– Comprendo, comprendo–se repitió el campeón al asentir–me alegra que la hayas pasado bien, hija.
El Mr. Satán de antes hubiese sido más directo, confrontándola con enfado sobre lo que descubrió en su habitación al husmear en ella durante su ausencia. No obstante, y entendiendo que eso muy probablemente empeoraría la tensa relación con su hija, él prefirió no cometer más equivocaciones y le platicó con cautela y simpatía.
Aún así, Mr. Satán sentía la necesidad de tocar el tema que ha puesto de cabeza su vida y la de Videl. Por ende, y con muchísima mesura, Mr. Satán meditó por varios segundos buscando la manera más sutil de hacerlo. Y como si fuese un milagro, el campeón posó su vista por casualidad en las manos de Videl entretanto ella continuaba comiendo.
– Tienes las mismas manos de tu madre, todavía me asombra lo parecidas que son las dos–rogándole al cielo que eso funcionara, Mr. Satán aguardó ansioso por la contestación de su primogénita–echo tanto de menos a tu madre, desearía que estuviera con nosotros.
– Mamá estaría muy decepcionada de mí…
– No digas eso, Videl. Tu madre estaría más que orgullosa de ti, te lo aseguro–viendo que todo parecía ir por buen camino, Mr. Satán vio su oportunidad para tocar aquella fibra sensible que le hacía sudar con preocupación–es curioso, siempre cubrías tus manos con aquel par de guantes que tu madre te regaló hace muchos años.
– Dejé de usarlos hace unos días, ya no me quedan muy bien–le mintió esperando que no tener que dar más explicaciones–además ya estaban muy gastados, preferí guardarlos antes de que se rompieran.
– Entiendo, Videl. Esos guantes son muy valiosos, guárdalos en un lugar donde estén seguros–le comentó el campeón mundial, dispuesto a dar otro señalamiento de importancia–de hecho, ahora que lo pienso, te ves muy diferente con la ropa que traes puesta. Ya me había acostumbrado a tu otro atuendo.
– Ya te lo había dicho antes, papá. Ya era hora de un cambio de aires, necesitaba desconectarme de muchas cosas del pasado–sin girarse a verlo, Videl le alegó con sequedad–no te sorprendas si llegas a entrar en mi habitación, al verla notarías que ya no se ve como antes.
Sabiendo a la perfección de lo que hablaba, Mr. Satán experimentó un infinito vacío en su interior que, en gran parte, era responsabilidad suya.
– Por cierto, papá–recordando su cita con Shapner, Videl se dispuso a notificarle a su padre aunque hubiera preferido mantenerla en secreto–mañana tengo planeado llegar tarde a casa otra vez, así que no te preocupes si no vuelvo a la hora de siempre.
– ¿Piensas estudiar otra vez con tus amigos? –curioso, Mr. Satán le indagó.
– Bueno, en realidad, saldré con Shapner.
– ¿Shapner? –Para Mr. Satán, ese nombre resonó como una estridente campana que trajo a colación sus deseos por conocer a dicho joven buscando alguna solución para la crisis de Videl– ¿ese no es el nombre del chico que…?
– Sí papá, es el amigo que me cubrió y recibió el disparo por mí–Videl, para su desdicha, revivió fugazmente aquella noche en su memoria–hablamos esta mañana cuando nos vimos en la escuela, lo que sucedió fue muy doloroso para los dos y nos gustaría encontrar un poco de paz luego de lo ocurrido.
– Pues me parece que es lo más saludable que pueden hacer, ustedes dos son demasiado jóvenes como para cargar semejante peso en sus espaldas. Tienen todo el derecho del mundo de disfrutar de su juventud, lo que pasó es muy duro pero sé que lo superarán–acabándose su cena, Mr. Satán se ladeó hacia Videl quien también dejó de comer–sabes Videl, me gustaría poder conocerlo.
– ¿A Shapner? –con nerviosismo, la adolescente le habló en tono interrogativo– ¿te refieres a Shapner?
– Sí, por supuesto que me refiero a él–le aseguró–estoy infinitamente agradecido con él por haberle salvado la vida a mi hija, quiero conocerlo y darle las gracias en persona.
Videl pretendía decir algo más pero su padre se le adelantó.
– Se me ocurre una idea–controlando su ansiedad, el campeón hizo un par de ademanes con sus manos–ya que los dos van salir, deberías invitarlo a cenar. De verdad estoy muy entusiasmado por conocerlo y darle las gracias.
– Bueno, se lo diré mañana cuando nos veamos en la escuela–escondiendo las demostraciones de afecto que el rubio le ha dado recientemente, Videl luchó por sonar lo más normal posible buscando el modo de poder retirarse del comedor–aún su hombro lastimado no ha sanado por completo, y sinceramente me tomó por sorpresa que regresara tan rápido a la escuela. Creí que tardaría más.
– Bien, entonces está decidido–haciendo mucho ruido, como es su estilo, Mr. Satán le acotó–tráelo mañana para la cena, le ordenaré al chef que prepare sus mejores platillos.
– Sí papá.
Luego de eso se produjo un sepulcral lapso de tiempo en el cual ninguno dijo nada; sin embargo, ambos, por igual, tenían tanto que decirse pero no hallaban la manera propicia para romper con su mudez. Con mucha delicadeza y maquillando su impaciencia, Videl se puso de pie deseosa de refugiarse en su recámara dando por terminado el coloquio.
Su padre, por otro lado, apetecía con desesperación llenar el agujero que los distancia pero comprendía que apresurar las cosas sólo lo alejarían más de ella. Y a pesar de sus aspiraciones, Mr. Satán fue capaz de calmarse y le deseó buenas noches sin tratar de detenerla. Ella, sin dejar de caminar, le devolvió la cortesía para seguidamente desaparecer al cruzar el umbral de la puerta.
Aunque Videl ya no se encontraba presente, Mr. Satán seguía percibiendo esa amarga atmósfera que irradiaba su primogénita. Pero por primera vez desde que regresó de su viaje fuera de la ciudad, el campeón mundial dibujó una pequeña sonrisa en su semblante al llenarse de esperanza. Mañana, al conocer a Shapner, él confiaba que al fin sanaría el dolor que golpeaba a Videl.
– Este día no puede ponerse más raro–Videl se susurró a sí misma–hasta papá está actuando muy diferente…
Cerrando la cerradura a sus espaldas, Videl respiraba más aliviada al hallarse en absoluta soledad. Mr. Satán, desde que ella entró en su adolescencia y su silueta femenina se hizo más notoria, siempre le impuso los más absurdos y ridículos obstáculos para impedirle salir con un chico. A Videl, sinceramente, tal cosa no le importó así que eso nunca le preocupó ni la inquietó.
No obstante, al comentarle de su cita con Shapner, su padre olvidó por completo aquellas trabas que él mismo levantó para alejar a cualquier pretendiente de su hija. Al contrario, él inclusive quería conocerlo en persona. Para Videl, eso sólo confirmaba la inmensa hipocresía que se estaba adueñando, aún más, de su familia. Una hipocresía que parecía no tener cura.
Y dejándose devorar por esta, Videl se acercó a su armario haciendo algo que años atrás juró nunca hacer: buscar un atuendo bonito que usar. Ante ella, únicamente encontró la poca ropa que con regularidad solía vestir. Dichas prendas, daban más la impresión de ser de hombre que de mujer por su estilo robusto y atlético.
– ¿Y ahora qué se supone que me pondré?
En realidad, y muy en el fondo de su ser, a Videl no le interesaba ponerse algo para sobresalir. Pero sabía que Shapner, si bien no lo dijo, le gustaría verla arreglada para la ocasión y máxime al tratarse de esa cita que él ha querido desde la primaria. Y Videl, pretendiendo darle más realismo a su mentira, se resignó a usar lo que sea con tal de cumplirle ese detalle al rubio.
– No debí decirle nada a Ireza, tengo que aprender a quedarme callada cuando me conviene…
– Gohan, muchas gracias por los consejos, no tienes idea de lo agradecida que estoy.
– No hay de qué, Ireza. Sólo sigue practicando un poco más y verás que te irá bien en la prueba.
Oyendo las voces de Ireza y Gohan en su mente, Videl se vio de regreso en la escuela al ser halada por sus interminables remembranzas.
– Espero que tu mamá no se enoje contigo por llegar tarde, Gohan–preocupada, la blonda le argumentó a Gohan recordando cómo él describía a su madre–además, como vienes desde tan lejos, llegarás a tu casa cuando ya sea muy de noche.
– Puedes estar tranquila, Ireza. A mí mamá le encantará saber que me pasé toda la tarde estudiando–con cierta ironía, Gohan le restó gravedad a los temores de la rubia.
– Entonces no te retraso más, nos vemos mañana.
– Sí, nos vemos–con esa misma seriedad que mantuvo durante toda la tarde, Gohan se giró hacia Videl para despedirse de ella antes de marcharse–adiós Videl, nos veremos mañana.
– Adiós Gohan, cuídate…
Y eso fue todo. Habiéndose despedido de ellas, Gohan se apresuró a retirarse dirigiéndose en el sentido opuesto en el que las dos chicas se enfilaban. Ireza, parloteando como es su naturaleza, le comentaba a Videl la angustia que la mataría si llegaba a reprobar tal examen. Por su parte, Videl solamente asentía sin decir mucho ni compenetrándose demasiado en la plática.
– Discúlpame, sé que en ocasiones hablo más de lo debido pero…
– Tranquila, no pasa nada.
– Ahora que lo recuerdo, mañana saldrás con Shapner después de la escuela–cambiando el tema, Ireza esbozó un rostro pícaro en su faz que incomodó notoriamente a Videl–conociendo la forma de ser de tu papá es posible que te diga que no o algo así.
– Sinceramente no tengo ni idea de qué me dirá, últimamente papá anda muy raro así que tal vez no se lo diga.
– Quizás lo mejor sea que se lo digas, no ganas nada con mentirle.
– Lo sé, lo sé–le repitió no queriendo hablar más sobre eso–ya se me ocurrirá cómo decírselo.
– ¿Y qué piensas ponerte mañana? –Ireza, señalando un elemento crucial, le preguntó a su amiga– ¿no pensarás ponerte la misma ropa de siempre?
– ¿Qué tiene de malo mi ropa? –a la defensiva, Videl le refutó–además, tampoco es para tanto.
– ¡Qué no es para tanto! –exclamó la rubia con incredulidad–Videl, es una cita. Y en una cita es una obligación verse bien.
– No exageres.
– No exagero, es la verdad. Además Shapner tiene años queriendo salir contigo, imagina lo ilusionado que debe estar en este momento–adivinando con precisión los pensamientos y sentires de Shapner, Ireza dio en el clavo–no puedes llegar y actuar como si nada, tienes que ponerte algo bonito para él.
– De acuerdo, buscaré otra cosa para ponerme mañana–para no darle más leña a la hoguera, Videl se rindió–pero ni creas que me pondré un horrible vestido.
– Lástima, me hubiera encantado verte con vestido–gimoteó Ireza–pero al menos podrías usar una pizca de maquillaje y peinarte diferente.
– Estás exagerando de nuevo.
– No estoy exagerando Videl, sólo te estoy dando sugerencias.
Guardando silencio, Videl escuchó como Ireza intensificó su cotorreo dándole miles de recomendaciones de cómo vestirse al día siguiente. No pretendía ser grosera con ella, estimaba demasiado a Ireza pero a veces la jovencita de cabellos dorados la enloquecía. Vestidos, zapatos, maquillaje y peinados, Ireza la bombardeó con cada idea que su ingenio creó al pensar.
Más adelante, y habiendo sobrevivido a otro de los infinitos parloteos de Ireza, ambas se despidieron llegado el momento de separarse. Ireza dobló a la izquierda en una intercepción; entretanto, Videl continuó hacia el frente viendo la inmensa mansión de su padre en la distancia. Al ver su hogar, la ojiazul creyó que encontraría un poco de paz; pero lamentablemente no fue así.
– ¡Demonios! –Blasfemó Videl con fastidio– ¿por qué todo tiene que ser tan estúpidamente complicado?
Agotada luego de tantas bajas y altas, Videl decidió no complicarse más. Tomó el primer vestuario que sus ojos hallaban sin fijarse mucho si era muy revelador o no, se preocuparía de eso al despertar. Por ahora sólo pensaba en tirarse en su cama y dormir como si no lo hubiera hecho en siglos. Así pues, sin más preámbulos, Videl se refugió en sus sábanas y se dejó llevar.
Hundiéndose en su almohada, Videl fingió que en las afueras de su dormitorio no existía nada ni nadie. No existía el entrometido del Gran Saiyaman, ni el misterioso Son Gohan, ni su padre, ni Ireza y ni siquiera Shapner. Y a pesar de ser una falacia, Videl se aferró a ella respirando con verdadera tranquilidad dejando para después los desafíos que su cita con Shapner le traería.
Para bien o para mal, aquel descanso le fue merecidamente reparador.
Los automóviles iban y venían con intensidad al ser una mañana ajetreada; del mismo modo, los peatones avanzaban en direcciones contrarias sin mirarse los unos a los otros. Tal escena era más que cotidiana en Ciudad Satán, una urbe que con el pasar de los años fue llenándose de más y más habitantes que se sentían atraídos y, máxime, seguros al ser la ciudad natal del campeón mundial.
Y precisamente, entre todos aquellos ciudadanos apurados, se encontraba uno que llegó a la metrópoli en su infancia junto a sus padres huyendo de la destrucción provocada por Cell. Atravesando una calle en ruta a la preparatoria, Shapner caminaba a buen paso ansioso por llegar a su salón y ver a Videl sentada en su asiento.
Mientras los demás lucían serios y malhumorados, Shapner sobresalía de la multitud gracias a que su rostro era adornado por una enorme sonrisa jovial y optimista. No era para menos, finalmente, y después de millones de rechazos, el día que tanto esperó había llegado: saldría con Videl como siempre lo deseó desde el primer momento en que supo que la amaba.
Pensando en eso, Shapner se miró a sí mismo comprobando su atuendo queriendo verse impecable para ella. Justamente, al ver que usaba su chaqueta favorita, Shapner se pasmó al descubrir que su brazo derecho lucía sano y en perfectas condiciones. El cabestrillo que sostenía su extremidad brillaba por su ausencia, y el dolor que lo aquejaba también desapareció.
– No es posible–deteniéndose en seco, Shapner se dijo en voz baja– ¿acaso alguien me está jugando una broma o qué?
Aproximándose al ventanal de una tienda, Shapner observó con cuidado su propio reflejo buscando el más ínfimo detalle que le pareciera fuera de lugar. No obstante, el rubio no notó nada de eso. Por el contrario, no encontró nada que no debería estar allí. Confundido y sin explicación para tal milagro, como él lo llamaba, Shapner comprobó la hora y reanudó su marcha a la escuela.
– ¿Qué importa que mi brazo no esté lastimado? –Presumido e indiferente a tal suceso inexplicable, Shapner no le tomó importancia–voy a salir con Videl, eso es lo único que me interesa.
Cegado por su amor por Videl, Shapner corrió sin detenerse por ningún motivo sintiendo como su corazón galopaba como un corcel imparable. Por dicha prisa y muerto de impaciencia, Shapner no se tardó mucho en llegar a su destino entrando en el edificio educativo. Cualquier otro hubiese notado la extraña calma y silencio que reinaba en los pasillos, pero él no lo hizo.
No se alarmó ni asustó al ser el único a la vista, aquello le tenía sin cuidado. Viendo en la lejanía la puerta de su aula, Shapner fue deteniéndose progresivamente deseoso de recuperar el aliento y reacomodar su ropa. Peinó su larga cabellera rubia y resopló profundo, una vez hecho eso, Shapner sujetó el pomo y lo giró veloz adentrándose en la habitación.
– Buenos días…
Alegre, lanzó un sincero saludo que no llegó a los oídos de nadie. Atestiguando la desolación que allí se desbordaba, Shapner posó su atención en la abandonada silla que Videl utilizaba preguntándose dónde diantres estaban todos. Rascándose la barbilla, el chico escaneó sus alrededores sin comprender lo que ocurría. Aquello, ni remotamente, era normal.
– ¿Acaso suspendieron las clases? –Esforzándose en pensar con lógica, Shapner se interrogó–esto no me puede estar pasando, y menos hoy que saldré con Videl.
– ¡Shapner, Shapner, Shapner!
En ese instante, y como si fuera un acto divino o celestial, la voz de Videl llamándolo le robó las palabras de la boca reavivando sus ilusiones con ella.
– ¡Es Videl, es Videl! –eufórico, Shapner exclamó– ¡sí, es ella!
Como si su vida dependería de ello, literalmente, Shapner salió de allí oyendo como los llamados de Videl se alejaban de él paulatinamente, perdiéndose en la laberíntica red de corredores que interconectaban las diversas secciones de la preparatoria. Rogándole que aguardara, Shapner emprendió una frenética carrera por encontrarla guiándose por los ecos que repetían su nombre.
Una vuelta a la derecha, una a la izquierda. Subir incontables escalones, bajar un millón de peldaños. Al cabo de una eternidad, un exhausto Shapner frenó su andar alimentando sus pulmones al reclinarse en una pared repleta de casilleros. Simultáneamente, los gritos de Videl no se detenían dando la impresión de ser inacabables.
– ¿Qué demonios está ocurriendo aquí? –Agitado, respirando muy acelerado, Shapner alzó la mirada buscando alguna pista que le explicara lo que sucedía– ¿dónde está todo el mundo, adónde se metieron?
La verdad era más que obvia, otra persona se hubiese percatado de ella desde el comienzo; empero, Shapner no lo conseguía. Se hallaba más que atrapado en aquella edificación, su prisión no era más que una recóndita creación del universo onírico que se divertía con él. Un sueño, un retorcido sueño que desde otra óptica se catalogaría como una pesadilla.
– ¡Shapner ayúdame, por favor Shapner!
Incapaz de liberarse de esa alucinación, Shapner reinició su búsqueda vagando por todas las instalaciones pedagógicas corriendo en un infinito círculo que lo absorbía como una vorágine. Los clamores de Videl, repentinamente, empezaron a ganar más intensidad haciéndole creer que se le acercaba. Frenando en seco, Shapner pestañeó más confundido aún al notar un ligero pormenor.
– ¿Pero qué…?
La voz de Videl provenía del interior de su salón de clases, precisamente el mismo salón el cual visitó al llegar a la escuela. Ya no sabiendo qué esperar, Shapner no se anduvo con rodeos y abrió la puerta de golpe quedándose petrificado al ver la silueta que allí halló. El rubio, impactado, trató de decir algo pero su confusión lo despojó, temporalmente, de su don del habla.
– ¿Qué…qué haces tú aquí? –Logrando formular una sencilla pregunta, Shapner le consultó a su nada grato acompañante– ¿dónde está Videl, qué hiciste con ella?
De pie, y sin emitir ni el más insignificante ruido, el Gran Saiyaman le veía estoico al estar rodeado por los escritorios vacíos y olvidados por sus dueños.
– ¡Te hice una pregunta! –Gritándole, Shapner fue superando su asombro inicial a pasos agigantados–escuché claramente que Videl estaba aquí, será mejor que no le hayas hecho algo…
Nuevamente, el héroe enmascarado no dijo nada.
– ¿Qué te pasa, por qué te quedas callado? –Entrando totalmente en el aula, Shapner caminó hacia él para encararlo– ¿acaso crees que tus amenazas de ayer me asustaron?
Mudo, el Gran Saiyaman no replicó.
– ¡Ya me tienes harto! –Furioso, Shapner vociferó–sé que te encanta llamar la atención, que la gente te vea como un héroe. Pero comienzo a creer que eso ya no es suficiente para ti, quieres más fama, más reconocimiento. Quieres que te vean y te traten como un dios; pero ya sabes lo que pienso de ti, maldito estafador charlatán…
– Y tú ya sabes lo que pienso hacer contigo…
Al fin, hablándole con un tono casi de ultratumba, el justiciero le respondió sujetándolo de su chaqueta.
– Eres un cobarde, sólo ahora que estamos solos te atreves a ponerme un dedo encima–sin inmutarse, Shapner no le dio el placer de mostrarse asustado–ayer no me hiciste nada porque no deseabas que te vieran; de haberlo hecho, tu reputación se habría manchado.
– Hablas demasiado, no te vayas a arrepentir más adelante…
– ¿Arrepentirme, por qué? –Retador, Shapner no se dejó doblegar– ¿por decirte la verdad en tu propia cara?
– Ni modo, niño bonito, tendré que enseñarte a cerrar la boca.
Apretando su agarre sobre él, el Gran Saiyaman no le dio la oportunidad de contestarle y lo lanzó a un costado provocado un gran alboroto al caer sobre algunos pupitres desocupados. Shapner, parpadeando a su vez que recuperaba la visión, se dio cuenta que el impacto por muy violento que fue no le generó ninguna dolencia.
Dicho descubrimiento no lo llevó a preguntarse el porqué de éste, sino que se enfocó en la ventaja que eso significaba. Por otro lado, el Gran Saiyaman caminó hacia él tomándolo otra vez de su ropa mientras el rubio se levantaba. Con la clara intención de herirlo, el héroe le obsequió un cabezazo que lo empujó hacia atrás chocando con la pizarra del salón.
Viendo como el Gran Saiyaman pretendía atacarlo por tercera vez, Shapner instintivamente se colocó a la defensiva empleando los conocimientos de boxeo que aprendió luego de participar en numerosas competiciones escolares. De repente, y causándole más enojo, el Gran Saiyaman comenzó a reírse con sonoras carcajadas burlándose de él.
– ¿Qué hiciste con Videl, qué hiciste con ella? –Ignorando las burlas, Shapner fue poco a poco pasando a la ofensiva–oí claramente como pedía ayuda, sé que era ella.
– Te dije que no permitiría que te acercaras a ella de nuevo–haciendo ademanes de indiferencia con sus manos, el Gran Saiyaman le contestó–sólo te diré que me aseguré que nunca más volverás a verla.
– Si la lastimaste, yo…
– Nada, no le hice nada. Solamente me la llevé tan lejos de ti que jamás podrás encontrarla–reclinándose hacia él, el malévolo encapuchado le afirmó con frialdad–olvídate de ella, Shapner. Videl ya es historia antigua para ti.
– ¡Cállate!
Encolerizado, fuera de sí, Shapner contraatacó disparándole un puñetazo que explotó en la mandíbula del Gran Saiyaman. Tal arremetida, desafiando los pronósticos más lógicos, sí logró dañarlo con éxito arrebatándole el equilibrio al tastabillar. De inmediato, el Gran Saiyaman recobró la compostura y se enfiló hacia Shapner como un toro desenfrenado y sin control.
El rubio, no dejando nada a la suerte ni al azar, se plantó firme como un roble dispuesto a soportar lo que sea que el Gran Saiyaman le tuviese preparado. Así pues, y usando el mismo movimiento de Shapner, el Gran Saiyaman quería regresarle el golpe pero se vio sorprendido al atestiguar como Shapner bloqueó su derechazo con su otro brazo libre.
No obstante, la sorpresa no se reservó únicamente para él. Shapner, también atónito por haberle detenido su embate a un sujeto que, aparentemente, poseía la fuerza de un millón de hombres, no le daba crédito a lo que él mismo alcanzó a lograr. Pero, y en menos de un santiamén, ese incidente lo convenció todavía más de que él tenía la razón sobre el Gran Saiyaman.
Debajo de ese traje de carnaval, no había más que un fraude viviente.
– ¿Lo ves, ahora lo ves? –Dibujando una expresión de seguridad y convicción, Shapner le aseveró con confianza–a mí no me puedes engañar, no tienes ningún súper poder. Eres una mentira, y como tal, voy a desenmascararte.
Furioso por la osadía del rubio el superhéroe no desistió; por el contrario, reintentó otra vez esa acometida obteniendo como resultado que Shapner desviara su puñetazo. Recurriendo a su otro puño, el Gran Saiyaman persistió pero en esta oportunidad el rubio atrapó su mano halándolo hacia él, consiguiendo así, castigarlo con un topetazo que desequilibró al héroe.
No queriendo que su ímpetu se enfriara, Shapner lo acribilló con un derechazo al rostro que lo hizo tambalearse todavía más. Shapner, teniendo a Videl en sus pensamientos en todo momento, fue perdiendo la calma volviéndose más violento a medida que los segundos pasaban. Poco le interesó si aquello era un espejismo o no, solamente deseaba destruirlo.
– ¡Te mataré, te mataré! –endemoniado, Shapner le decía una y otra vez al Gran Saiyaman– ¡te mataré, te mataré!
Respondiendo a las agresiones de Shapner, el enmascarado lanzó una patada al aire pero Shapner al inclinarse a su derecha la eludió retomando las riendas de la contienda. Obsequiándole un punzante rodillazo al estómago, Shapner consiguió que su enemigo se reclinara hacia adelante dando sonoras bocanadas al tener dificultades para respirar.
– Eres un tipo común y corriente, no tienes nada de especial. Nada–inclinándose para estar a su altura, Shapner le masculló expulsando una pizca del inmenso desprecio que le tenía–apuesto que cuando eras niño tus padres no te prestaron mucha atención, por eso se te ocurrió la genial idea de hacerte pasar por un superhéroe. Pero, para tu mala suerte, te metiste con la mujer que amo y eso, maldito malnacido, no pienso perdonártelo.
Apoyándose en un pie, un callado Gran Saiyaman fue irguiéndose con lentitud y muchísima torpeza. Shapner, quien iba ganando más destreza y audacia, dio una media vuelta para tomar impulso y conectarlo con un potente puntapié que lo tiró contra las sillas vacías detrás de él. Recobrando el aliento, Shapner posó su vista en su rival contemplando el fruto de sus acciones.
Indefenso, tirando en el suelo casi sin moverse, así se encontraba el icónico justiciero de Ciudad Satán al sucumbir ante la ira de un joven loco de amor. Tal espectáculo era algo inaudito, una imagen salida de la más demente fantasía. Una parte de la mente de Shapner ya se percataba de ello; aún así, él disfrutaba con enorme placer de aquel show cuyo protagonista era la venganza.
La más cruda y enloquecida venganza.
– Por más que te esfuerzos, por más que lo intentes, Videl nunca estará contigo–escupiendo un poco de sangre, el Gran Saiyaman soltó una burlesca risa que retumbó en los tímpanos de Shapner–ya despierta, pobre iluso, Videl no te ama. Tal vez yo no te gane esta pelea, pero no hace falta que lo haga. Cuando admitas que ella nunca te amo, yo habré ganado. Esa será mi victoria.
– ¡Cállate, ya cállate! –frenético, Shapner no se contuvo.
Corriendo hacia él, Shapner hundió su bota tan adentro en el abdomen del Gran Saiyaman que estuvo a punto de atravesarlo. Experimentando un deseo casi psicópata por asesinarlo y borrarlo para siempre de su vida, Shapner lo ayudó a levantarse meramente para estrellarlo en una de las paredes de concreto del salón llegando a incluso a abrir un gigantesco agujero.
Aquello sólo demostró la falsedad de tales acontecimientos, y aprovechándose de eso, Shapner sujetó la capa roja del Gran Saiyaman con sus dos manos haciéndolo girar más y más rápido tomando una considerable velocidad. Continuó así por varios minutos, el avanzar de las manecillas del reloj había perdido todo su significado. El tiempo dejó de ser una constante, no valía nada.
– No sé de cuál asquerosa cloaca saliste, pero ya es hora que vuelvas a ella…
Era como si los papeles se hubieran invertido, el chico normal se volvió extraordinario mientras el superdotado se convirtió en una frágil víctima de sus debilidades. Y como resultado de esa descompensada ecuación, Shapner lo liberó mandándolo a volar provocando que el enmascarado traspasara el pizarrón destruyendo dicha pared hasta llegar al aula contigua.
– Pero antes de mandarte de regreso, quiero ver la cara que escondes debajo de ese ridículo casco…
Triunfante, y gozando de verlo en agonía, Shapner caminó lentamente acercándose sin quitarle los ojos de encima. El Gran Saiyaman, cubierto por los escombros, yacía tendido en el piso apenas moviendo los dedos unos cuantos milímetros. Un grueso manto de polvo lo dotó de un sombrío color gris que, metafóricamente, representaba el ocaso de su existencia al caer frente a Shapner.
– Nunca fuiste un héroe; los héroes son valientes–hablándole con voz clara, Shapner se detuvo a su costado–siempre fuiste un grandísimo cobarde, jamás tuviste la valentía de mostrarle tu rostro al mundo. Un verdadero héroe no se esconde con un disfraz de carnaval, un verdadero héroe muestra su cara ante todos tal y como Videl lo hacía…
Arrodillado ante su némesis, Shapner se preparó para descubrir quién era.
– La mentira se termina aquí y ahora.
Shapner, con impaciencia, desató las correas que mantenían en su lugar la máscara del derrotado encapuchado. Habiendo hecho eso, el rubio le dio un tirón al casco del Gran Saiyaman dejando al descubierto la faz que se guarecía bajo éste. Boquiabierto, petrificándose por su descubrimiento, Shapner entró en shock sintiendo como su lengua se negaba a articular palabra.
Un par de orbes azules le miraban, largos mechones de cabello negro cubrían el rostro ensangrentado de Videl quien, progresivamente, fue deteniendo su respiración. Anonadado, no sabiendo qué demonios sucedía, Shapner reaccionó tratando de auxiliarla al ver como la muerte se le acercaba para reclamarla como suya.
– ¿Cómo es posible que él seas tú, Videl? –Apartando la esparcida melena azabache de su cara, Shapner pudo lanzarle una pregunta hambrienta de explicaciones–yo…yo…yo sólo quería ayudarte, sólo quería ganarme tu amor.
– Debiste haberme escuchado, debiste escucharme cuando te expliqué todo…
Tomándolo por sorpresa, la voz de Videl, la Videl de sus sueños, resonó detrás de él obligándolo a girarse para confrontarla.
– ¿Qué haces aquí, cómo diablos llegaste hasta aquí?
– Eso ya lo sabes. Todo esto no es más que un sueño, y como tal, yo formo parte de él.
– Me habías dicho que no volvería a soñar contigo, creí que no te vería nunca más.
– Pensaba lo mismo, pero milagrosamente estoy aquí. Aunque no sé por cuánto tiempo.
– ¿Tú sabes por qué está pasando esto, lo sabes?
– Ya te lo había dicho, Shapner: ella no te ama, no siente nada por ti. Nada.
Frunciendo el ceño, el enojo regresó a Shapner explotando esta vez contra ella.
– ¿Para eso volviste, para seguir diciéndome la misma estupidez? –Encarándola, Shapner no quería volver a escuchar ese disparatado discurso–si sólo regresaste para eso entonces vete, no quiero verte.
– No olvides mis palabras, Shapner. Nunca las olvides–ella, usando aquel lindo y provocativo vestido que siempre usaba en sus encuentros imaginarios, se le acercó haciendo resonar con elegancia los tacones que llevaba puestos–nadie te amará tanto como yo, nadie. Ni siquiera la verdadera Videl, ella nunca te querrá…
– ¡Ahhhhhhhh!
Normalmente, el horrible sonido de su despertador le hacía blasfemar con rabia al regresarlo al mundo real; no obstante, en esta ocasión, Shapner le daba las gracias de todo corazón al considerarlo su salvador. Empapado en sudor, con su piel goteando, Shapner se sentó en su cama tirando lejos de él las mantas que le cubrían deseando refrescarse.
– Maldición, sólo fue un sueño. Nada más.
Viendo la hora en su reloj, Shapner se dispuso a iniciar su jornada sabiendo que ésta no era para nada normal. Se duchó, se vistió y se peinó, tratándose de una fecha tan especial se aseguró de verse lo más arreglado y apuesto posible. Sin embargo, mientras se preparaba para su gran día, se quedó sin habla al no poder sacar de su mente aquella pesadilla.
Tal pesadilla sembró en él las más retorcidas y bizarras dudas, dudas que amenazaban con destruir aquellos pilares que eran la fuente de su seguridad y entereza. Aún así, Shapner se dijo a sí mismo que se olvidara de eso, hoy por fin saldría con Videl como lo soñó desde que le confesó sus sentimientos cuando era un chiquillo que apenas comenzaba su adolescencia.
Ninguna extraña creación de su imaginación, por muy realista que pareciera, lo iba a perturbar. Y aferrándose a esa creencia, salió de su habitación despidiéndose de sus padres con muchísima prisa. A pesar de continuar diciéndose que no pensara en eso, al caminar por las bulliciosas calles de Ciudad Satán, los recuerdos de esa visión se materializaban a cada paso que sus pies daban.
El paisaje urbano, las carreteras atestadas de autos y los peatones caminando apresurados eran detalles que calzaban casi a la perfección con lo que vivió dentro de sí. Por ende, por más que se esforzó, la advertencia de la Videl de sus fantasías retumbaba en su cabeza alimentando la semilla de la incertidumbre.
– Buenos días, Shapner.
– Buenos días, Ireza.
Sin darse cuenta, Shapner llegó a su salón en menos de un parpadeo y se colocó en su habitual lugar sin tomarse la molestia de saludar a un serio Gohan que le vigilaba en silencio y con disimulo. Shapner, internamente, luchaba por refutar esa amarga idea que ponía en tela de juicio su naciente relación con Videl.
– ¡Videl!
Gritando, como es la costumbre de Ireza, la rubia sacudió a Shapner forzándolo a levantar la mirada hacia la puerta del aula. Y allí, al ver la hermosa criatura parada en la entrada, todas las preguntas y temores de Shapner se disiparon convenciéndolo, aún más, que fue un completo idiota al tan siquiera dudar de Videl y sus intenciones.
– Videl…
Nunca antes, en todos los años de conocerla, Shapner la vio como ahora. La Videl de carne y hueso superaba, por mucho, a la más atractiva imitación que Shapner pudiera crear en su mente. Verla como estaba; arreglada y levemente maquillada, era una maravilla más impresionante que cualquier pintura hecha por el pintor más diestro del planeta.
– Hola Shapner…
Tímida por las miradas puestas sobre ella a raíz de su radiante apariencia, Videl se dirigió a él tratando de representar su papel como si fuese una estrella digna del séptimo arte. Y Shapner, cayendo rendido ante su actuación, sólo fue capaz de mirarla de arriba a abajo diciéndose por millonésima vez que Videl es y será la mujer más bella que sus ojos han visto.
Poco le importó a Shapner la expresión enfadada de Gohan, ni la cara embobada de Ireza al ver el atuendo de su amiga de la infancia, a él únicamente le interesó ella. Videl no era la única que se anestesiaba, Shapner también se adormecía al degustar su figura y al imaginar la romántica cita que les esperaba a los dos más tarde. Ambos, por igual, se creían sus propias mentiras.
Porque, como todo efecto somnífero, entre más subieran más fuerte sería el golpe al caer.
Fin Capítulo Once
Hola, muchas gracias por leer un nuevo capítulo de este fic. Bueno, las cosas poco a poco han ido cuajando y como si fueran tres trenes sin control ya es sólo cuestión de tiempo para Gohan, Videl y Shapner terminen colisionando. Ojalá sea capaz de representar y mostrar esa colisión lo más claro posible, así cada uno de ustedes podrán entenderlos mejor.
Es un fic raro, no paro de repetírmelo, pero esa rareza me gusta. En ocasiones es bueno salirse de la zona de confort para enfrentar retos diferentes, este fic en particular me agrada mucho y me entusiasma ver cómo terminará todo. Espero que ese mismo entusiasmo que yo siento lo sientan ustedes al leer, y si no es así, les agradezco montones por darle una oportunidad al fic.
Ya para marcharme por hoy, les doy las gracias a Vanessa neko chan, HnW, Guest, Ferunando, El Calabazo, Majo24, SViMarcy y a Linkyiwakura por sus comentarios en el capítulo anterior.
Gracias por leer y hasta la próxima.
