La verdad que daña siempre es mejro que la mentira que alegra - Proverbio Árabe

Mulder abrió la puerta con su llave y lo primero que percibió fue el olor. Un olor familiar y levemente dulce, agradable sin llegar a ser empalagoso que le abordaba y le transportaba a tiempos mejores.

De hecho empezaba a pensar que cualquier tiempo había sido mejor

Lo segundo que percibió fue el calor. No solo la temperatura física del piso que Scully se afanaba en mantener siempre en un equilibrio perfecto, sino toda esa templanza que parecían desprender los muebles y las pinturas, las alfombras y las paredes, una sensación cálida que llegaba a su piel y le abrazaba haciéndole saber que estaba en casa.

Podría sentarse en el cómodo sofá de Scully, cerrar los ojos y olvidarse del mundo, concentrarse en la sensación de los cojines rodeándole e incluso encontrar familiar la humedad y levedad del aire sin polvo y con un ligero olor a la tierra húmeda de las macetas, a polvos de talco y a Scully.

Estaba tan cansado…

Lo tercero fue el silencio. Algo no iba del todo bien

-¿Scully? –Preguntó en voz alta mientras a su espalda Mónica y Krycek cerraban la puerta del apartamento- ¿Scully?

No hubo respuesta y su estómago empezó a encogerse y doblarse sobre sí mismo

Alex Krycek acaba de caer desplomado del cansancio en el sofá aún con los informes en la mano cuando una llave introduciéndose en la cerradura hizo que Mulder se girase hacia la puerta desde su posición en el centro geométrico del salón.

-Mulder…

No era quién él esperaba aunque se alegró de ver caras conocidas y el nudo que se había estado formando en su aparato digestivo se relajó unos milímetros.

En una especie de tropel desconcertante y casi caótico aparecieron por la puerta Skinner y los tres pistoleros.

Frases de bienvenida, algún que otro abrazo y casi lágrimas de Frohike en menos de medio minuto, quizá incluso en menos de medio segundo. Todo era confuso, frenético y abrumador y Mulder no lograba recordar si siempre había sido así o llevaba demasiado tiempo fuera. Por fin el silencio mermó los ánimos y se extendió como una plaga mortal por la atmósfera de la estancia.

Había muchas cosas que explicar y una colonización por parar pero lo primero era lo primero

-¿Dónde está Scully?

-¿Dónde está John?

Preguntó Reyes casi a la vez

-¿Dónde está Wally?

Se burló Krycek con voz oscura desde el sofá. Un día de estos iba a tener que cerrarle su estúpida boca. Dolorosamente.

De nuevo el silencio cundió como la pólvora en el apartamento y casi paralizó a sus ocupantes

-Pareces cansado Mulder ¿por qué no te sientas y te hago unos huevos rancheros?

-Creo que voy a pasar Frohike ¿Dónde está Scully?

Hubo un momento de vacilación, parecía que ninguno de los cuatro se atrevía a hablar y apenas si se atrevían a moverse; Mulder incluso hubiese podido jurar que lo que vio alivio en los ojos de Frohike cuando Krycek le interrumpió.

-Yo sí quiero huevos de esos, enano

-¿Enano? ¿Y si te corto tus huevos para cocinarlos?

La situación empezaba a ser demasiado ridícula ¡¿Es que nadie se daba cuenta de que Scully no estaba en casa?!

-Frohike… ¿Dónde. Está. Scully?

Aún tardó unos segundos más en contestar.

-Ehmmm. Mulder siéntate. Tenemos que hablar

Supuestamente era simple.

Solo tenía que conducir hasta Raleigh, buscar la dirección que llevaba apuntada en un post-it pegado al salpicaderos escrito con la letra de Byers, meterse en un cibercafé a una página web determinada que desaparecería en 24 horas bajo un login y una contraseña determinada que le daría acceso a la información que necesitaba. Cual era su nueva identidad, qué recursos tenía a su alcance y dónde estaría su nueva residencia. Coger el coche de nuevo, conducir hacia su nuevo destino y olvidarse de que una vez fue Dana Scully.

Por más que pensaba en ello no encontraba la "simpleza" de la situación

Proteger a su hijo

Eso se suponía que estaba haciendo pero no dejaba de preguntarse cómo. ¿Escondiéndose? ¿Esperando que otros luchasen y ganasen una causa que ella había abandonado?

Un cartel en la carretera le indicó que la siguiente ciudad era Ritchmond y ella tenía la sensación de que se estaba volviendo loca mientras imágenes fugaces pasaban con claridad absoluta por delante de sus ojos

Mulder de pie junto a su cama de hospital ofreciéndole un tubito con chip dentro

Mulder mojado, frío y agotado sacándola de aquel zulo en medio de ninguna parte, Antártica

Y luego también esas otras escenas

John Doggett, Gibson Prise y una nave que tenía a Mulder preso, en el desierto y que no fue capaz de encontrar

Una luz cegadora que se llevaba a Jeremiah Smith y con él la esperanza de recuperar a Mulder. A pesar de que el propio Jeremiah la había advertido al respecto

No se percató de que estaba llorando hasta que sintió la humedad de sus lágrimas caídas sobre sus brazos extendidos hacia el volante. Últimamente había llorado más y se sentía más impotente que en toda su vida junta.

Absolutamente vulnerable

Y tenía que confiar en que estaba haciendo lo correcto, que esta vez era la decisión adecuada, que Mulder estaría bien y les encontraría. Que no le estaba dejando atrás.

Miró de reojo a William que dormía plácidamente en su asiento para bebés alojado en el puesto del copiloto y mientras atravesaba Richmond en dirección a Raleigh, siguió llorando

-¿Y bien?

La habitación se llenó de miradas esquivas que parecían describir figuras con miles de ángulos para no encontrarse con él.

-Voy a ponerme una copa

La voz de Langly sonó ahogada en su propia garganta y si bien Mulder era consciente de que Langly bebiendo alcohol a las 5 de la tarde ya era, de por sí, una mala señal, no fue hasta que Skinner añadió "Que sean dos" que supo con certeza que algo malo, realmente malo, pasaba con Scully.

Se le dispararon los niveles de adrenalina y el corazón comenzó a latirle como si fuese un plusmarquista en plena competición, le faltaba oxígeno en sangre y hubiese podido jurar que los pulmones se le estaban secando. Tenía que saber qué estaba pasando y tenía que saberlo en ese momento.

Clavó la mirada en Byers y avanzó un par de pasos hacia él con aire un tanto tenebroso

-Byers, o me dices ahora mismo qué es lo que pasa con Scully o… - desvió la mirada de su presa una milésima de segundo buscando algo efectivo con lo que poder amenazarle -…o te instigo a la rata – dijo inclinando la cabeza ligeramente hacia donde Krycek se encontraba. Hubiese resultado casi cómico de no ser por su tono de voz casi hiriente.

Byers inspiró hondo a medio metro de él y miró fugazmente a Alex Krycek que le miraba socarronamente por encima de los informes que continuaba leyendo

-Scully está bien – lo dijo como si fuese todo una misma palabra y Mulder respiró como si fuese la primera vez – solo que no sabemos "dónde" está

El planeta dejó de girar bajo sus pies y Mulder habría jurado que escuchó el globo terráqueo derrapar

Por primera vez en su vida desde que escuchó la cinta de su propia regresión hipnótica por primera vez, Fox Mulder se quedó sin palabras, sin palabras que decir, sin palabras que pensar…totalmente sin palabras.

-¡Era el plan B!-se apresuró a intervenir Langly -… no sabíamos nada… no llegaban transmisiones y… ¡¡era el plan B!!

No sabía dónde estaba Scully. Ni William. Nadie lo sabía. Después de todo lo pasado. No podía terminar de asimilarlo.

La realidad parecía diluirse a su alrededor como un óleo recién pintado al que se le lanza una botella de disolvente. Las paredes, el suelo, los muebles, los olores, los colores… todo se encogía y se difuminaba a su alrededor ahogándole como un habitación de paredes móviles en pleno ataque de claustrofobia, y justo cuando creía que sus pulmones reventarían por falta de espacio una especie de Big Ban se expandió por todo su cuerpo, algo parecido a la rabia que nace de la injusticia mezclado con la necesidad de hacer cualquier cosa por miedo a no hacer nada contagiándose célula a célula

Se había pasado toda su vida adulta buscando a su hermana y si ahora tenía que pasar lo que le quedaba de ella buscando a su hijo y a Scully, lo haría. Día y noche y vuelta a empezar, de Norte a Sur y más allá, hasta el fin del mundo y dos días después.

Si el karma existía, era una mierda pero estaba dispuesto a darle una patada en el culo.

-Dadas las circunstancias nos pareció lo más adecuado como medida preventiva

"Medida preventiva" sí, sonaba remotamente razonable en la voz de Skinner

-¡Mierda!

La habitación giró en redondo junto con todas las miradas hacia el sofá de Scully donde Krycek se levantaba más enérgicamente de lo que su maltrecho cuerpo debería ser capaz.

-¡Joder vamos Mulder!- cogió su cazadora apoyada en el respaldo del sofá de camino hacia la puerta y sólo se volvió levemente para abrir la puerta – tenemos que encontrarla.

Sí, vale, bien. O a Krycek le había crecido una sensibilidad incontrolable en los últimos cinco minutos o él se había vuelto gilipollas de remate en aproximadamente el mismo tiempo porque Mulder seguía sin entender nada, claro que tampoco parecía haber un plan alternativo mejor. Echó a andar ligero hacia la puerta siguiendo a Krycek y fue entonces cuando le oyó murmurar y algunas piezas volvieron a colocarse en su sitio

-Su nombre está en la lista

-¿Qué demonios ha pasado?

La voz confusa de Frohike era poco más que un susurro aunque en el silencio quieto de la habitación se intensificaba su volumen.

Mónica Reyes sabía exactamente lo que había pasado y lo sabía porque llevaba más de un mes presenciando escenas similares. Lo que había pasado es que es que a los muy estúpidos mírame y no me toques de Mulder y Krycek se les habría ocurrido un estupendo plan de acción –otra vez- y por supuesto olvidando que el resto de humildes personas no tienen telepatía –otra vez- ni se habían planteado comentar, mínimamente qué es lo que se proponen hacer dónde o a quién -otra vez- dejándolos a todos, incluida ella, por supuesto, esperando a verlas venir –otra vez.

Genial, simplemente genial. Al menos esta vez no era la única que se quedaba al margen.

Buscó con cierta desazón algún cigarrillo en sus bolsillos sabiendo que le tenía que quedar alguno de ese paquete que se compró en Chicago que juró sería el último y tras unos momentos de creciente ansiedad, lo encontró semi envuelto y casi olvidado entre el forro de uno de sus bolsillos

-Ajá

Fue un "ajá" triunfal, obviando las miradas reticentes de los hombres que la observaban moverse casi histérica mientras buscaba ahora el encendedor

-¿No… no deberíamos seguirlos?

Sacó con satisfacción el mechero del bolsillo trasero de su pantalón y se dirigió a la cocina para encenderse el cigarro casi ignorando la pregunta de Skinner

-No

Ni siquiera se dignó a mirarle al contestar, aquella pregunta solo merecía un monosílabo como respuesta.

-Pero… pero… si

Apoyada en el fregadero dio la primera calada aspirando con visible placer, concentrándose en el humo entrando y saliendo de sus pulmones buscando la relajación en el ritmo e intentando desechar toda su irritación. Aunque no era fácil con Langly balbuceando con las palmas extendidas hacia el techo y su cara de circunstancias desde la entrada a la cocina

-Son mayorcitos, están armados y saben lo que hacen, aunque Dios les libre de compartir una pizca de su infinita sapiencia con nosotros, los simples mortales. Creo que voy a hacer una tila ¿alguien más quiere una tila?

Mientras ella habría y cerraba cajones y alacenas buscando lo necesario los cuatro hombres fueron entrando en la cocina, sigilosamente, como si temiesen encontrase con arenas movedizas a cada paso, y se sentaron alrededor de la mesa que presidía la estancia.

Puso la tetera con agua a calentar al fuego y se sentó con ellos a la mesa. Era posible que no subiese todo sobre todo, bueno, más que posible era cierto, pero ya no estaba en Chicago, obligada a agazaparse en un rincón, estaba en casa y como Doroty con los zapatos de la bruja puestos respiró hondo buscando esa calma interior que la ayudase a aclarar las cosas. Cerró los ojos y despacio, con cada nueva expiración dejaba que el aire hiciese vibrar sus cuerdas vocales haciendo un sonido gutural de bajo tono

-Langly, tío, dame un poco de lo tuyo, ahora sí que necesito un trago

Salió de la cafetería habiendo pagado la cuenta pero sin mirar atrás y sin despedirse de Bárbara.

Era una sensación extraña

La sensación de que llevaba mil vidas diciéndola adiós de mil formas diferentes en mil ocasiones distintas y por mil motivos equivocados, y justo en aquel momento en el que su vida parecía de nuevo algo vivo, no había tenido el valor de despedirse de ella.

O quizá simplemente, no sabía como hacerlo.

O no quería hacerlo.

Comenzó a caminar por la calle sin importar hacia dónde se dirigía, con las manos en los bolsillos y la mirada fija en sus propios pasos.

Anduvo durante horas o minutos, por parques, calles y avenidas sin pensar en nada más que en sus zapatos golpeando el asfalto a cada paso y solo paró cuando el paisaje que pasaba casi desapercibido por el rabillo de sus ojos empezó a resultarle tremendamente familiar.

Alzó la vista y un bloque de apartamentos le dio la bienvenida como cada tarde con la diferencia fundamental de que aquella tarde no habría nadie dentro de ellos que le quitase de las manos el café que no llevaba.

El bloque de apartamentos de Dana Scully le miraba burlón desde su fachada al otro lado de la calle y la realidad le golpeó en la cara sentándolo en el banco más cercano.

El tiempo pasaba más rápido de lo que creían y no conseguían ningún logro importante. Sí tenían localizados a los supersoldados infiltrados en el FBI y en altos puestos estatales, tenían sus seguimientos, los casos que habían estado investigando y la gente con la que se relacionaban, pero era todo lo que tenían y al menos que Mulder y Mónica consiguiesen algo, la humanidad en general y ellos en particular, iban de culo.

Todavía no sabían cómo impedir que humanos se transformasen en replicantes y aún siendo optimistas y suponiendo que lograsen anticiparse a sus movimientos e impedir las abducciones, tampoco sabían cómo acabar con los que ya andaban entre ellos.

John Doggett jamás lo admitiría, por supuesto, pero se sentía totalmente desubicado. Desde que entró en los expedientes x siempre había tenido un objetivo tangible y claro; encontrar a Mulder primero, proteger a Dana después y en todo este tiempo siempre la había tenido a ella al lado. A veces distante, tensa y con el "Mulder hubiese" en la boca más veces de las humanamente soportables para cualquiera que no fuese Mulder, pero siempre capaz, fuerte, decidida. Invencible.

John Doggett solo había admirado realmente a dos personas en su vida: a Clin Eastwood y a Dana Scully.

La Colonización seguía su curso y tenía que hacer algo pero ni Clin, ni Dana, ni Mulder, ni Mónica estaban ahí y él no tenía ni puñetera idea de cuál era el paso siguiente.

Miró hacia la ventana del apartamento de Scully y dejó escapar un murmullo

-Dónde demonios estáis, joder

-Está en la lista

Estaba entre una aseveración y una pregunta.

Krycek sujetó el volante en posición con la prótesis para cambiar de marcha mientras aceleraba, saltándose impunemente todos los semáforos de Washington que se interponían en su camino.

-¿Qué significa exactamente que su nombre esté en la lista?

A 140 kilómetros por hora atravesando la ciudad Krycek se arriesgó a dejarse la piel en el asfalto y apartó la vista de la carretera para dirigir la mirada hacia el cacho de carne con ojos que estaba sentado en el asiento del copiloto y que la gente solía llamar Mulder

-¿Realmente eres tan gilipollas Mulder o solo lo haces para provocarme?

Pisó el freno bruscamente para tomar una curva a la derecha dejando atrás sonidos de cláxones por doquier y volvió a acelerar

- No seas creído Krycek, cuando te esté provocando lo notarás

-¿Y exactamente dónde lo notaré?

Krycek sabía tan bien como Mulder que ambos conocían las implicaciones de que el nombre de Dana K. Scully estuviese en esos archivos pero para ser un tío que se jugaba la vida de un modo tan arbitrario y estúpido sin pensárselo dos veces, Fox Mulder era demasiado lento a la hora de asimilar las verdades. Tardó 27 años en aceptar que su hermana no volvería, meses en contemplar que Scully se moría, vidas en admitir que el bastardo del Fumador era su padre…

-Vamos al Edgar Houver

Mulder lo dijo como si hubiese sido poco menos que una revelación, con la boca entreabierta arrastrando las consonantes y mezclándolas con las vocales y mirando perdido al frente

-¿Se te ocurre un mejor sitio para esconder cosas que no quieres que encuentren?

Krycek podía oír el ruido del cerebro de Mulder discutiendo, sopesando, uniendo y descartando

Nunca lo admitiría ni siquiera ante sí mismo pero siempre encontraba cierto placer morboso contemplando a Mulder pensar en aquellas situaciones, intentando averiguar lo que él ya sabía y en ese preciso instante, el instante en el que se intensificaba el brillo de sus ojos y se le cortaba la respiración era su favorito, el momento en el que encontraba la respuesta y el juego se volvía aún más divertido.

-Hijo de Puta

-Que cosas tan bonitas me dices, Mulder.

Sonrió y aceleró hasta 180 kilómetros por hora por la gran avenida que llevaba al edificio federal. El aparato localizador del chip que Scully llevaba en la nuca estaba solo a unos minutos de distancia.

Mónica se recostó en su silla e inspiró hondo por la que debía ser, la enésima vez en los últimos quince minutos. Alrededor de la mesa, Frohike, Langly, Byers y Skinner la miraban casi asombrados y anotaban algunos datos.

-Eso explica muchas cosas –dijo Frohike con voz distante - ¿y los últimos archivos?

La gran pregunta del día, qué ponía en los dichosos archivos que eran tan necesarios conseguir pero por lo visto, no tan necesarios compartir

-No sé nada de lo que pone en ellos, salvo que debe ser algo importante

Hubo un silencio cargado de algo que pesaba más que el humo del cigarrillo que se había fumado Reyes

-Vamos a repasar todo un momento porque no estoy seguro de haber atado los cabos correctamente

Era curioso como Skinner era capaz de decir que no tenía claro todo lo que estaba pasando y a pesar de ello seguir pareciendo al cargo de la situación, con su imponente pose de estatua de mármol sentada y su tono de voz de "no quieres meterte conmigo", pero aún así Mónica hubiese podido cubrirle de besos y bailar la conga con un gorrito de cartón en la cabeza.

Por fin alguien más al que se le escapaba la visión de conjunto.

-Según lo recopilado en los archivos del Consorcio en Chicago, el proyecto Control de Pureza para intentar crear una raza híbrida perfecta capaz de soportar la invasión extraterrestre no era el único gran proyecto del Sindicato

Casi en una sincronización perfecta, Langly le tomó la palabra a Byers siguiendo la exposición

-Había también un segundo proyecto que se ocupaba tanto de encontrar los sujetos adecuados para la hibridación como de intentar localizar entre la población civil un determinado genotipo, al parecer, ya de por sí resistente…

-¿Resistente? - Mónica alargó el brazo por encima de la mesa y arrastró hacia sí el bloc de notas y el lápiz que había estado usando Frohike

-Sí, resistente, a enfermedades degenerativas, terminales, condiciones extremas, al cáncer negro y presumiblemente, también al proceso de transformación en supersoldado. La Agente Scully averiguó hace tiempo que las campañas de vacunación contra la viruela de los años 60 y 70 no fueron más que una tapadera para poder realizar ciertas pruebas encubiertas y colocar marcadores genéticos a los sujetos

Esta vez fue Frohike el que tomó el relevo de Langly ante la todavía atenta mirada de Mónica Reyes y Walter Skinner. Sentía cierto placer morboso cada vez que algún tipo como Skinner o Doggett le necesitaban para poner las cosas en claro. Oh sí, le gustaba e iba a disfrutarlo tanto como le fuese posible.

-Buscaban una especie de… supergenotipo, un ser humano más fuerte que los colonizadores, capaz incluso de derrotarlos, un humano más humano que humano, naturalmente no encontraron ningún genotipo de estas características; lo que sí encontraron, sin embargo, fue dos cuadros diferentes de predisposiciones a este supergenotipo no muy comunes en la población y con sus propias… señales fisiológicas. El primero de ellos, tenía la capacidad de desarrollar y controlar actividad cerebral en el 100 del cortex cerebral, como Gibson Prise, aunque solo podían mantener esa actividad por cortos periodos de tiempo ya que su metabolismo no está preparado para ese gasto de Energía

-Por lo que nos has contado y el tipo de pruebas que dices que Krycek le hizo a Mulder y teniendo en cuenta el historial de Mulder, él debe estar dentro de la lista de sujetos con este genotipo

Frohike aprovechó la interrupción de Byers para dar un sorbo de agua y continuó

-El segundo genotipo se caracteriza en cambio por tener una especie de metabolismo reforzado, capaces de obtener mucha más energía de la común de los compuestos simples de carbono y tener unas proteínas ligeramente modificadas capaces de almacenar de un modo mucho más eficiente toda esa energía extra

Mónica sonrió satisfecha, por fin empezaba a ver la pintura entera y no retazos y pinceladas aquí y allá – Energía y control – murmuró

- Yo no lo hubiese dicho de un modo tan zen pero sí… supongo que sí.

-Y supongo que lo que hemos recogido esta mañana de ese mismo archivo es la otra lista con los nombres de…

No terminó de formular la idea en voz alta aunque tampoco fue necesario para que el resto de los presentes la oyese. Genotipos, supersoldados, Mulder, Krycek… nombres fechas y datos se abalanzaban sobre ella y las piezas caían y encajaban por todas partes.

El nombre de Scully debía de estar en la otra lista

Raleigh parecía tan buen sitio como cualquier otro. Una ciudad no demasiado grande pero prácticamente con todas las comodidades de una gran urbe, sin grandes atascos, ni altos grados de delincuencia. Naturalmente Scully era consciente de que no pasaría allí mucho tiempo, unas horas, unos días a lo sumo. Llevaba 10 minutos parada en una amplia calle de Raleigh, con el motor apagado y agarrando el volante como una tabla de salvación.

Un segundo más, un minuto más, una vida más.

Escrutó con la mirada las construcciones bajas y anodinas que escoltaban la calzada a ambos lados, pequeños comercios, transeúntes despreocupados y un ligero viento que mecía las ramas de los árboles que aquí y allá salpicaban las aceras y jardines.

Sí, Raleigh parecía tan buen lugar como cualquier otro, uno de tantos municipios que había visitado a lo largo y ancho del país en los últimos años.

William seguía dormido en su silla especial que ocupaba el asiento del copiloto aunque Scully sabía que si el coche seguía parado no tardaría demasiado en empezar a protestar y despertarse. Miró su reloj con aire de preocupación y calculó mentalmente las horas que quedaban hasta el punto de no retorno en el que hubiese decidido lo que hubiese decidido la dirección de Internet que le habían facilitado los pistoleros desaparecería para siempre. Se quitó el cinturón de seguridad y con sumo cuidado se inclinó hacia su derecha tratando de sacar a William de su sillita y ponerle su abrigo el más delicado de los cuidados.

Con maniobras digas del más prestigioso malabarista consiguió coger a William con cuidado de mantener su pequeña cabeza bien sujeta, salir del coche y cerrar la puerta. Quería dar un paseo y quizá tomarse un café y quería mantener a William en sus brazos durante el proceso, cálido, delicado y suyo, totalmente suyo. Pasase lo que pasase y estuviese donde estuviese en aquel momento o diez milenios después aquel pequeño siempre sería suyo, suyo y de Mulder.

Sus tacones resonaban sobre el cemento de la acera, pasos grandes y seguros y calmados mientras el viento le volaba suavemente el abrigo sin abrochar y el pelo sobre los hombros y William comenzaba a revolverse en sus brazos. Hasta la luz del sol parecía tener un tono melancólico.

Se sentó en el primer banco que se cruzó en su camino y consultó su reloj una vez más, esta vez para comprobar la hora de la siguiente toma de William que agarraba con fuerza el cuello de su camisa. Aún tenía tiempo. Vio pasar niños y viejos, mujeres y hombres, gente de diferentes razas, tamaños y formas sabiendo que pronto ella tampoco sería nada más que un rostro anónimo en la multitud, condenada a recoger toda su vida, sus recuerdos, su identidad y esconderlos tan hondo como le fuera posible para que nadie pudiese encontrarlos, quizá ni siquiera ella fuese capaz de rescatarlos de ese lugar.

Se separó unos centímetros de William para poder observarle mejor. Ahí estaba, su hijo, el último de los Mulder y el más reciente de los Scully, todo un legado corriendo por sus diminutas venas aunque es posible que el nunca llegase a saberlo.

Quién lo iba a decir, después de todo las últimas horas de Dana Scully se reducían a aquello y lo cierto era, que a la hora de la verdad no hubiese cambiado ni la milésima de un suspiro. Ni siquiera aquello del platelminto gigante.

Cerró los ojos dejando escapar las últimas lágrimas y sonrió

Entró en su despacho como si el estado de la economía mundial hubiese dependido del ímpetu con el que abrió la puerta.

Era tarde y buena parte de las luces del edificio se habían atenuado o apagado y el frenético repicar de teléfonos de primeras horas de la mañana estaba prácticamente extinto, ideal para sacar los expedientes del edificio sin levantar demasiadas sospechas.

Skinner había salido a toda velocidad de casa de Scully, ahora que Mulder, Reyes y Krycek habían vuelto era el momento de sacar de su despacho toda la información que habían estado recopilando sobre los supersoldados y ponerla sobre la mesa.

Lanzó el abrigo hacia la mesa de juntas y apoyo sin mucho cuidado el maletín en el lado derecho de su escritorio. Ahora si solo pudiese recordar dónde había archivado los malditos informes…

Diablos. Presionó levemente el botón del intercomunicador

-Kim, podría venir un momento por favor

Eficiente y serena su secretaria no tardó ni medio minuto en llamar a la puerta y aparecer sigilosa en su despacho

-Tengo un problema con el… -dijo intentando terminar la frase moviendo la mano nerviosamente indicando a la pantalla del ordenador

-¿Con el sistema de archivo?

Kimmberly ni siquiera esperó una respuesta, para esbozar un gesto de fastidio y rodear la mesa para situarse al lado de Skinner desde donde pudiese manejar el ratón y el teclado colocándose detrás de la oreja el mechón de pelo que se empeñaba en escaparse de su logrado recogido

-¿Ve este icono de aquí parecido a un calendario? Bien, pues aquí tiene que introducir la fecha y una vez seleccionada, al lado de este otro icono de aquí con la letra A, introduce las iniciales del caso- se apartó del ratón muy despacio y se cruzó de brazos antes de abandonar su puesto al lado equivocado del escritorio – por enésima vez, señor, primero el año, y luego la inicial

Sonrió levemente. Maldito sistema de archivo del infierno, nunca conseguía acordarse del todo. Introdujo la fecha y la inicial y el primero de los informes saltó a la pantalla del ordenador

-Si necesita algo, señor, estaré tomándome mis generosos diez minutos de descanso visual cada ocho milenios en la salita

Afirmó con la cabeza por instinto y siguió guardando el segundo de los informes en un CD. Estaría en la salita… ¿en la salita? ¿Qué demonios era "la salita"? Levantó la vista a tiempo de ver a su secretaria encaminada con devoción hacia la puerta.

-Kim ¿qué demonios es la salita?

Era una pregunta simple y concisa aunque por la expresión en el rostro de Kim bien habría podido parecer que le había preguntado por el conflicto judeo-palestino. Dio media vuelta andando apenas dos pasos muy muy despacio hasta poder apoyar su mano derecha en el respaldo de una de las sillas de Skinner

-La salita –dijo como si fuese algo obvio – ya sabe, el lugar de descanso del personal administrativo

-¿Tenéis una sala solo para secretarias?

-¡Para personal administrativo!

Era una batalla perdida por mucho que ella insistiese, Walter Skinner se consideraba demasiado viejo a sí mismo como para perder el tiempo en eufemismos de lo políticamente correcto. Clickeó sobre el icono del calendario de nuevo y apenas alzando la vista por encima de las gafas siguió con la conversación.

-¿Cómo es que hay una sala solo para secretarias?

Kimberly puso los ojos en blanco y esbozó un fastidio cambiando el peso del cuerpo sobre el pie derecho y apoyando su mano en la cadera izquierda. Algo la decía que se iba a quedar sin descanso

-Ya sabe, porque somos una agrupación secreta de empleados administrativos federales, una especie de secta. Nuestro objetivo es que entiendan el concepto de "orden cronológico y alfabéitico" y dominar el mundo

-¿Y eso no es trato discriminatorio?

-¿Lo de dominar el mundo? Un poco, supongo.

Skinner seguía con la mirada puesta en la pantalla del ordenador, cuanto antes terminase de guardar aquella información mejor para todos aunque siempre se había considerado un hombre suficientemente capaz como para realizar dos tareas a la vez Cerró el archivo que acaba de guardar y contestó en tono ausente intentando aparentar una cierta indiferencia

-Lo de la salita

-¿Trato discriminatorio con respecto a quién? ¿El guarda de seguridad del parking? Él tiene una caseta para el solo

Guardó en el CD otro informe más y volvió a la ya rutina, de los iconitos intentando obviar la mueca y los ruiditos de indignación que estaba haciendo su secretaria

-Con respecto a los agentes, claro

Kim extendió los brazos en un gesto de incredulidad y se sentó en la silla que había estado sujetando en un deliberado gesto de irritación

-No sé si la salita llega a ser tan grande como este despacho

- No todos tienen despachos como este

-Si bueno, tampoco tienen salita – cruzó los brazos defensivamente y cambió a un tono de voz vehemente- que vayan a la cafetería

-Y el problema que vosotras tenéis con la cafetería es…

-…que van los agentes

-Lógico – dijo Skinner con aire descreído

-No es agradable tomarse un café cuando a dos metros de ti están hablando sobre desmembramientos… además, necesitamos un sitio para cotillear sobre ustedes a gusto… y para planear la dominación mundial claro

-Claro

Kimberly suspiró y miró su reloj de muñeca. Podía despedirse de sus diez minutos de descanso visual y de su café, al menos hasta que terminase todo el papeleo que se había empeñado en invadir su mesa. Se abalanzó sobre el escritorio buscando un bolígrafo y un lugar donde escribir, garabateó algo con fuerza y pegó el trozo de papel en la parte superior de la pantalla en un movimiento rápido antes de incorporarse totalmente e iniciar la poco deseada vuelta al trabajo.

-¿Qué es eso? – Skinner sonaba realmente interesado por primera vez en la conversación

-Un post-it –en letras grandes sobre el fondo amarillo se podía leer "cronológico y alfabético" – la próxima vez concertaré cita con un tatuador profesional y haré que se lo escriban en algún sitio muy muy doloroso

Pasar los controles de seguridad del cuartel general del FBI fue poco menos que pan comido, tanto Krycek como Mulder habían pasado el suficiente tiempo entre aquellos muros como para saber cuándo y cómo atravesar cada una de sus puertas y pasillos.

No era muy reconfortante pensar que aquella era una de los mejores servicios de seguridad del país aunque sí les resultaba muy conveniente.

-Desde cuándo

Solo dos palabras que susurradas entre las sombras de los despachos vacíos y ordenadores apagados podían significar cualquier cosa y en cambio Krycek sabía exactamente a qué se estaba refiriendo.

-No es que me importe mucho cargarme a uno de esos comedonuts de seguridad Mulder, ¿pero crees que podrías estar callado durante dos minutos?

Cruzaron uno de los pasillos principales de la planta agachados y alerta a cualquier indicación de una linterna acercándose y atravesaron la puerta que separaba el pasillo de las escaleras, primero Krycek, después Mulder.

-Cuándo

Esta vez el tono de voz de Mulder era menos susurrante y más exigente con empujón contra la barandilla incorporado en la oferta

-Esos no son modales Mulder ¿para eso te he llevado a los mejores colegios? – Krycek decidió ignorar la provocación de Mulder, al menos hasta que pudiese partirle el cuello libremente y comenzó a descender hacia el piso de abajo – vamos, está en el sótano

Eso último lo había dicho únicamente para torturarle un poco más aunque no por ello dejaba de ser cierto. Podía oír el rechinar de las muelas de Mulder por encima de sus pasos machacando los peldaños a cada paso a toda velocidad.

Alex llegó al descansillo de la planta y abrió la puerta con toda despreocupación, que hubiese un guardia de seguridad vigilando el sótano que contaba con la sala de fotocopiadoras, los Expedientes x y los lavabos, era tan probable como a Krycek le volviese a crecer el brazo izquierdo. No esperó a que Mulder le alcanzase, caminó con paso ligero por el pasillo que llevaba al antiguo despacho de Mulder y apenas un metro antes de de llegar se paró en seco y se giró hacia la pared

-¿Qué crees que se esconde detrás de la puerta número uno Mulder?-dijo sacando una navaja y empezando a destornillar la rendija de ventilación que parecía mirarles burlona desde la pared - ¿Será un maravilloso viaje a Hawai con todos los gastos pagados? ¿será un estupendo set de cacerolas de acero inoxidable ideal para cocinar en vitrocerámica? ¿O será un fantástico aparato localizador de chips subcutáneos?

Lo llevaba viendo venir por lo menos 10 minutos y no pudo evitar sonreír burlonamente cuando Mulder le dio un puñetazo en el estómago que no llegó a cortarle la respiración. Tan predecible que casi no resultaba divertido. Casi.

-¡Cuánto tiempo!

Mulder se había unido a la tarea frenética de quitar la rejilla del túnel de ventilación y trataba de desenroscar con las manos los tornillos que Krycek ya había aflojado con la navaja

-Un par de años – yo tenía que adiestrar a y él Spender era el encargado del localizador y de su seguimiento. Decidió esconderlo aquí poco antes de "suicidarse"

-Si tenía que aguantarte todos los putos días no me extraña

La rejilla por fin cedió ante los dos pares de manos y una tenue cascada de polvo la siguió, más allá el hueco de la pared daba paso a un aparato poco más grande que un mando de televisión con una pequeña pantalla incorporada.

-Ey Mulder, lo mismo hay suerte y también se puede pillar el canal playboy