Este capítulo (y más que nada el próximo) está especialmente dedicado a mi querida Danielo porque me cae la raja, es demasiado talentosa, dibuja cosas que me taldean y más encima este mes estuvo de cumpleaños. No alcancé a terminar el capítulo para el día en que se hizo un año más vieja (así es la laif, loca), pero oshe, ¡alcancé a terminarlo en Agosto!

Feliz cumple de nuevo, Dani~

LAWLESS


Capítulo 11. Sobrevivientes


La luna menguante brillaba en el cielo nocturno como una tímida sonrisa que a veces se escondía tras las nubes.

Vestida de negro de pies a cabeza, Mikasa reforzó el nudo de la tela que cubría su rostro. Sólo sus ojos y su cabello amarrado en un moño alto eran visibles. A su lado, Levi echó un vistazo a su reloj de bolsillo. Tras oír el galope de unos caballos, éste dio pasos sigilosos hacia el borde del techo sobre el cual habían estado esperando por más de media hora, camuflados en la oscuridad. El primer carro estaba a poca distancia de ellos.

Mikasa se agazapó junto a la figura al acecho que llevaba el mismo atuendo que ella. Entornó la mirada al divisar a una anciana que comenzó a cruzar la calle adoquinada, apoyándose con dificultad en su bastón. Su figura frágil y encorvada era visible gracias a la luz que irradiaban los faroles a la entrada de algunos hogares circundantes. La anciana iba por la mitad de la calle cuando el carro apareció en el camino. Tal como esperaban, el cochero reaccionó y tiró de las riendas de los caballos para disminuir la velocidad, intentando esquivarla.

Con su llamativa cabellera pelirroja oculta bajo un gorro de lana negro, Volker ya se había acercado rápidamente al carro y se encaramó a éste de un salto. El cochero gritó y cayó al suelo de una patada, mientras que el corpulento Luther se asomó desde una esquina y golpeó al caído en la nuca, apartándolo del camino.

Desde arriba, Mikasa y Levi fueron testigos de cómo Volker se llevaba el primer encargo. El segundo encargo, de mayor tamaño, no tardó mucho tiempo en tomar la misma ruta.

Levi saltó desde una altura de dos pisos y cayó como una pantera hambrienta sobre los hombres que manejaban las riendas de los caballos, interrumpiendo sus gemidos sorprendidos con unos zarpazos.

Mikasa le siguió menos de dos segundos después. Cayó sobre el techo del carro como una segunda sombra felina y se dirigió a la parte trasera, desde donde pudo ver el bulto de piernas y brazos tirados sobre los adoquines, brillantes por la ligera llovizna. Los dos cocheros quedaron atrás para que Luther se encargara de ellos mientras el vehículo continuaba en movimiento.

Agazapada, Mikasa apoyó una rodilla y las palmas de las manos sobre la madera húmeda, sin dejar de vigilar la retaguardia. Unos cuantos golpes irregulares que vibraron bajo ella la obligaron a cambiar su foco de atención. Para su desconcierto, logró percibir movimientos que no estaban relacionados con la marcha normal de un carro. Incluso le pareció oír quejidos ahogados desde el interior, donde se suponía estos mercaderes deberían estar transportando carne en salazón, jamón, salchichas y otros embutidos de primera calidad destinados sólo a las mesas de algunas nobles familias de Mitras.

Cuando Levi detuvo a los caballos en un callejón, Mikasa se bajó de un salto y empezó a quitar ansiosamente los pesados seguros de las puertas de carga, salvo uno que llevaba un candado de gran tamaño. Intentó romperlo tirando de él varias veces con todas sus fuerzas, pero este no cedió. Cuando volvió a escuchar ruido desde el interior, apoyó su oído en la madera y distinguió sollozos que sonaban demasiado humanos. Demasiado femeninos.

Mikasa jadeó, abriendo los ojos de par en par, y buscó a Levi en la oscuridad del sitio en el que esperaban la señal de Volker para continuar avanzando.

— Levi, por favor ven aquí — pidió en un angustiado susurro — ¡Rápido!

Él se acercó de inmediato, atento a su rostro bajo la tenue luz de la luna.

— ¿Qué ocurre? — preguntó en voz baja.

— Creo… creo que… — comenzó a decir ella, deseando estar equivocada mientras su estómago se encogía y su entrecejo se fruncía. Se mordisqueó el labio inferior poco antes de decidirse a revelar sus sospechas, con voz temblorosa — Al parecer hay… personas allí dentro.

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La primera vez que Mikasa, de sólo cinco años, lo incluyó en uno de sus deformes y manchados dibujos infantiles a carboncillo, Levi no pudo experimentar lo que es sentirse conmovido.

Ella había dibujado unas figuras que, Levi suponía, eran sus padres: una tenía el cabello largo y llevaba un vestido, mientras que la otra llevaba un… ¿palo o un rifle y un sombrero? Luego estaba ella, la mocosa que era una copia de la mitad del tamaño de la figura que debía ser Miyuki. La cosa que se suponía que era Levi, en cambio, parecía un horrendo duende malhumorado mucho más pequeño que Mikasa.

Había que decir que al menos la mocosa se había esforzado en hacer que todos parecieran tomados de las manos. En el dibujo todos sonreían, salvo por el duende, cuyos labios no eran más que una línea recta.

Mikasa, quien parecía recién salida de una mina de carbón en la que había tenido que hacer trabajos forzados, se había estado impacientando de manera evidente por conocer su opinión sobre lo que estaba muy lejos de ser una obra maestra infantil.

— ¿Qué se supone que es esa cosa? — se atrevió a preguntar Levi, sabiendo que tentaba su suerte.

— No es una cosa — lo corrigió ella, describiendo un círculo alrededor del personaje en cuestión con su dedito, pasando por encima de las líneas negras y manchando todo de gris — Este eres tú, Levi. Y mira, ¡todos estamos tomados de las manos! — dijo en un chillido emocionado.

— Sí, muy… eh, lindo… — concedió, no muy convencido.

Su falta de emoción fue rápidamente percibida por Mikasa, quien lo miró unos instantes y luego volvió a bajar la mirada a su obra, como si estuviera buscando qué podía estar mal.

— ¿No te gusta? — preguntó ceñuda y haciendo un puchero — Si no te gusta entonces no te vuelvo a dibujar nunca más — dijo, quitándole la hoja de papel y empuñando el carboncillo.

Al darse cuenta de sus intenciones, Levi cubrió el dibujo con una mano — Lo único que no me gusta es que me hayas hecho tan pequeño, cuando tú eres mucho más baja que yo, mocosa.

— Pero yo soy una niñita — se defendió Mikasa, arrastrando descuidadamente el carboncillo por encima de la mano de Levi y dibujando varios círculos negros que dieron forma a una flor — Papá dice que tú ya no crecerás más y que yo puedo crecer mucho. Voy a ser más alta que tú. Tan alta como papá o como el tío Kenny — afirmó sin malicia alguna y muy concentrada en su labor.

Vaya, la franqueza de los mocosos podía llegar a ser cruel.

Y con que en esas andaba Kaspar, el muy traidor. No se podía confiar en el lado Ackerman de esta familia.

— ¿De qué demonios hablas? — Levi quitó la mano para que la niña no siguiera dibujándole encima — Tch. Ni siquiera conoces a Kenny.

Tch. Papá dice que el tío Kenny es el más alto de todos y que es tan flaco como un fideo, pero uno bien raro, con barba y sombrero — dijo Mikasa, con una sonrisa adorable.

Levi no pudo evitar contagiarse un poco con aquella sonrisa. Por suerte la capacidad de atención de los niños de esta edad era corta y Mikasa ya parecía haberse olvidado de su molestia.

— Un fideo adicto al tabaco.

— ¿Qué es "tabaco"?

Seguro que tampoco tenía idea qué significaba la palabra "adicto".

— Una mierda asquerosa que huele a culo quemado y que le gusta a los adultos.

— "Mierda"… — repitió la niña en tono confundido. Levi podía apostar que sus padres sólo le habían enseñado la palabra caca por razones prácticas — ¿Y por qué a los adultos les gusta la mierda asquerosa?

— Porque son imbéciles.

Mikasa parpadeó y Levi supo que Kaspar y Miyuki lo regañarían más tarde por enseñarle palabrotas a su inocente hijita. Sin embargo, jamás pensó que a la niña se le ocurriría la genial idea de preguntarle a su madre si a ella también le gustaba la "mierda asquerosa", además de pedir que le describiera el olor a "culo quemado" y una explicación sobre qué significa ser "imbécil". Gracias a eso, Levi se ganó un buen tirón de orejas a los diecinueve años y, como castigo, tuvo que permitir que una emocionadísima Mikasa le rayara toda la puta cara con la excusa de dibujar la barba de Kenny, guiada por la arpía de su madre. Por supuesto, al final todos se partieron de risa gracias a su aspecto ridículo y a su expresión malhumorada. Kas hasta se había llegado a atorar y llorar de tanto reír. En ese entonces Levi a duras penas había conseguido sofocar su propia risa.

Era una de aquellas anécdotas que podían alegrar hasta a un amargado como él, de no ser porque las cosas habían cambiado tanto menos de tres años después de eso, justo cuando la familia Ackerman había estado tan cerca de volver a crecer.

Las risas y la alegría del preciado recuerdo pronto fueron reemplazadas por las malditas imágenes que Levi preferiría olvidar.

Las lágrimas y últimas palabras de una abnegada madre, cercada por sangre tanto ajena como propia.

El destrozado e irreconocible rostro de un padre que alguna vez había sido dueño de la sonrisa y personalidad más amable.

La brutal conciencia de que a una pequeña niña unos desgraciados acababan de arrebatarle todo, salvo el dolor con el que tendría que lidiar el resto de su vida.

El cándido brillo de los ojos de Mikasa se había extinguido mientras ésta aún respiraba. Continuaba viviendo sólo por acto reflejo. Una vez Levi consiguió llegar con aquella frágil existencia destrozada hasta el escondite en Orvud, el insípido médico al servicio de Kenny la había examinado y había informado con indiferencia que ella "simplemente" estaba en shock.

El estado de shock le duró casi una semana completa. Mikasa no hablaba, no reaccionaba y no se movía. Apenas parpadeaba. Su mirada permanecía fija en un punto invisible y sus ojos estaban tan opacos que parecían los ojos de un muerto. Se rendía al sueño sólo porque llegado un punto era incapaz de mantenerse despierta, o porque el médico le daba una infusión de amapolas.

A medida que pasaban los días, el médico admitió no tener conocimientos suficientes en psiquiatría y recomendó internarla en un sanatorio en caso de que ésta continuara sin responder. Levi se negó de inmediato a tomar aquella alternativa, mientras que Kenny sólo respondió con un ambiguo "ya veremos."

Levi se había encargado de que Mikasa bebiera agua y comiera a la fuerza, mientras que Traute había sido encomendada con la tarea de llevarla al baño un par de veces al día y de bañarla al sexto día, que fue cuando Mikasa al fin lloró. Lloró y gritó hasta que se desvaneció en la bañera.

A Traute le temblaba ligeramente la barbilla cuando le avisó a Levi que ya podía entrar a la habitación donde la pequeña de ocho años dormía con los párpados hinchados y enrojecidos.

— La sequé. La vestí. Aún tiene el pelo un poco húmedo… — dijo Traute en aquél entonces, con los ojos brillantes por las lágrimas que se resistía a derramar mientras se pasaba los dedos por los rizos rubios — Necesito un momento.

Levi la entendía. El llanto y los gritos desgarradores de Mikasa también le habían puesto los nervios de punta y, lamentablemente, no sería la última vez que aquello ocurriría. A veces serían los llantos desgarradores, otras serían las expresiones de ira. Ambas situaciones incontrolables y frustrantes.

Durante un tiempo habían tenido que poner todas las armas, en particular los puñales, bajo llave o vigilancia, pues en más de una ocasión Levi casi había sido apuñalado por una fiera e irreconocible Mikasa luego de entrar en su habitación. Cuando se desestabilizaba la pobre niña se transformaba en un desastre emocional. Mordía, forcejeaba, peleaba, pataleaba, gritaba y lloraba siempre que Levi intentaba contenerla y hacerla entrar en razón. Aquella desagradable situación se transformó en algo recurrente durante meses y su frecuencia sólo fue disminuyendo luego de que Kenny sugiriera que tal vez lo mejor sería permitir a la mocosa merodear con mayor libertad, pues a nadie le gustaba estar encerrado en el mismo lugar día y noche.

— Si no podemos contener al pequeño monstruo, no queda otra que soltarlo antes de que empeore — había dicho Kenny poco después — Habría que enseñarle una que otra cosa, claro. Entrenarla en el arte de la violencia apropiadamente dirigida… — sonrió con satisfacción antes de agregar — Empoderarla.

Empoderar a Mikasa había sido clave, pero no había conseguido eliminar el problema raíz. Era de esperarse, por supuesto, pues nadie podría superar un evento tan traumático como el que a ella le había tocado vivir sólo por aprender a pelear, a defenderse y a matar de ser necesario, sin embargo no había mucho más en lo que él y Kenny podían ayudar.

Levi observó a una ya crecida Mikasa que se paseaba de un lado a otro como un león enjaulado, cuya mirada tensa iba de las chicas a los cocheros. Empuñaba y liberaba las manos mientras Volker y Luther buscaban información en los listados de entregas de los mercaderes bajo la luz de la única lámpara al interior de aquella fría bodega clandestina.

— Da la impresión de que estos nombres y direcciones son falsos — señaló Volker — O están mezclados. No existe una calle con este nombre en Mitras, pero sí en Utopía, y ninguno de los nobles de la zona se apellida Fischer, a menos que alguno de los Fischer del embarcadero haya escalado socialmente en tiempo récord.

Levi asintió.

Los tres cocheros a los que habían asaltado se encontraban amarrados, amordazados y con los ojos vendados, mientras que las cuatro muchachas de diferentes edades que habían sacado del interior del segundo carro permanecían con los ojos vendados y se abrazaban unas a otras.

Había sido una desagradable sorpresa encontrarse con víctimas de trata de personas aquella noche, en particular para Mikasa, quien se había quedado sin palabras al verlas y se había agobiado tanto en tan poco tiempo que no había podido hacer otra cosa que vomitar.

Mientras Mikasa se reponía, Levi y los demás habían trasladado a las chicas al interior de la bodega. Luego de liberarlas de sus amarras y mordazas, les ofrecieron agua y algo para comer. Levi les dijo que nadie les haría daño y les pidió que se mantuvieran tranquilas y en silencio. Además les ordenó no quitarse en ningún momento la tela que les cubría los ojos.

Una de las chicas, que debía tener la edad de su prima, se removió en su sitio y se aclaró la garganta.

— Si no nos harán daño… Si nos están ayudando… ¿Por qué no nos permiten verlos? — cuestionó, abrazando con fuerza a la víctima más joven, una niñita de menos de ocho años que respiraba a través de la boca abierta — Estaban robando las mercancías, ¿verdad? ¿Acaso sabían que nosotras íbamos allí dentro…? ¿Son… traficantes también? ¿Criminales?

Levi abrió la boca para responder, pero Mikasa lo interrumpió y la chica que se había atrevido a hablar jadeó de sorpresa al oír su voz femenina.

— Sí, estábamos robando y sí, somos criminales — afirmó Mikasa entre dientes — Pero no de la misma calaña que estos cabrones — se acercó a uno de los cocheros y lo pateó tan fuerte en el estómago que el tipo se elevó unos cuántos centímetros del suelo, gimiendo de dolor — No tenemos nada que ver con esta escoria.

Con un breve silbido, Levi llamó la atención de Volker y Luther, quienes observaban a Mikasa sorprendidos ante su arrebato.

— Llévense a los cocheros a la parte trasera e interróguenlos — les ordenó en voz baja en cuanto ambos llegaron hasta él.

Antes de que Mikasa fuera tras ellos, Levi la agarró con firmeza de un brazo y en un susurro le pidió - no, le ordenó que lo acompañara. Tiró de ella hasta que se detuvo lo más lejos que pudo de las chicas.

— Sé que esta es una situación complicada para ti, pero necesito que por favor intentes mantener la cabeza fría — murmuró.

— Eso es mucho pedir — espetó ella, intentando soltarse de su agarre con brusquedad. Tenía los ojos entornados de rabia y el cuerpo tenso — Déjame ir. Quiero matarlos. Necesito matarlos.

— ¿Te das cuenta de lo que estás diciendo? — le preguntó Levi, aumentando la presión en su brazo — No estás pensando con claridad. Si los matamos antes de interrogarlos no conseguiremos nada.

— Perfecto — concedió Mikasa — Ustedes los interrogan y luego yo los mato. Esos malditos depravados no sirven para nada más que para arruinar la vida de los demás.

— Hoy no matarás a nadie, Mikasa.

— ¡Eso no depende de ti!

— Claro que sí. Yo estoy al mando — dijo Levi, remarcando sus palabras.

Mikasa lo taladró con la mirada.

— Siempre terminas diciendo la misma mierda… — masculló, irritada.

— Así es como funcionan las cosas. Nuestras cosas. Si no te gusta, ve a hablar con Kenny y sugiere cambios — bufó, soltándole el brazo.

— ¡No estás entendiendo! — protestó Mikasa, negando con la cabeza y dedicándole una mirada colmada de decepción y reproche — ¿Cómo…? ¿Cómo puedes no entenderlo cuando sabes mejor que nadie por lo que he tenido que pasar? — se llevó de un golpe una mano al pecho, en donde parecía haberse alojado gran parte de su dolor.

Levi le sostuvo la mirada, imperturbable ante la impotencia y el pesar que él mismo estaba sintiendo.

Por supuesto que lo sabía, aunque jamás lo sabría tan bien como ella.

— Tú eres la que no lo está entendiendo — la corrigió con cierta dureza — Estamos en medio de una misión, de un trabajo, y no podemos convertirlo en un asunto personal. Nuestra propia mierda no debe influir en estos casos, mucho menos cuando hay una jerarquía que respetar y un equipo involucrado. No tenemos otra alternativa que enfocarnos en cumplir con la tarea en el menor tiempo posible… Eso ya deberías haberlo aprendido. Te lo enseñé hace bastante tiempo atrás.

Ella apartó la mirada y frunció los labios. Pareció mantener una implacable lucha interna por un largo rato.

Levi vio cómo los hombros de Mikasa se desplomaron y su espalda se fue encorvando lentamente, cediendo bajo un peso invisible.

Mikasa se encogió y su rostro se contrajo, como si estuviera a punto de largarse a llorar.

— Necesito hacer algo, Levi. Siento tanta… tanta impotencia y… rabia… y…— Mikasa se volteó hacia las chicas que habían rescatado y se abrazó a sí misma — No puedo soportarlo. Si no me dejas matar al menos a uno de esos bastardos no podré contener las malditas lágrimas ni un segundo más… Siento que… ¡siento que voy a colapsar! — admitió con los ojos vidriosos y la voz temblorosa.

Levi apretó la mandíbula y posó una mano sobre el hombro de Mikasa.

— Gracias a ti, a nosotros, esas chicas no tendrán que seguir sufriendo a manos de unos asquerosos puercos esclavistas — comenzó a decir Levi, esforzándose por encontrar las palabras adecuadas — Así que, hoy has hecho y harás algo más útil que ensuciarte las manos con sangre podrida… — apretó el hombro de Mikasa — Oye. Escúchame bien, mocosa, tengo dos órdenes para ti: en primer lugar, te prohíbo tocarle un pelo a esos mugrientos malparidos.

— Pero-

— En segundo lugar, te ordeno que te hagas cargo de las víctimas hasta que terminemos el interrogatorio y las llevemos con Reiner. Creo que definitivamente se sentirán más seguras hablando con otra chica, aunque no puedan verla.

Era eso o enviarla de vuelta a casa. Si la enviaba de vuelta a Orvud, Mikasa se sentiría humillada y pensaría que había fracasado, y Levi no quería que ese tipo de ideas se alojaran en la mente de una persona tan autoexigente como ella.

En un principio, esta situación de mierda dio la impresión de sólo ser una cruel jugarreta del destino, pero era más que eso. Si bien en estos momentos Mikasa se fijaba sólo en la parte negativa del asunto, Levi esperaba que pronto ampliara su visión y aprendiera una cosa o dos de esta experiencia, de aquellas cosas que ni él ni mucho menos Kenny podían enseñarle.

La violencia no podía ser la única forma de empoderamiento.

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Levi no le había dado tiempo de decir ni de oponerse a nada. Sólo se había alejado y desaparecido por la puerta tras la cual Volker y Luther estaban sonsacándole información a los hijos de puta con los que ella no podría siquiera desquitarse. Y era injusto, tan injusto…

Mikasa tuvo que luchar con todas sus fuerzas contra el impulso de desobedecer a Levi, correr tras él y colarse en la habitación para moler a los cocheros a patadas.

Su cuerpo se había tensado tanto que vibraba. Sus dientes chirriaban de lo apretados que estaban.

Sus ojos empañados vagaron a través de la oscura y amplia bodega. Había cajas de madera y sacos de arpillera apilados unos sobre otros, dispuestos de manera organizada en los alrededores, mientras que en el medio había algo de espacio libre. Ese poco espacio libre se sentía denso y agobiante, como si el oxígeno se estuviera solidificando.

Cerca de la única esquina iluminada, se encontraban sentadas las cuatro chicas que ella misma había descubierto al interior de uno de los carros. Su mente retrocedió al momento en que Levi y los demás las habían sacado una a una y su estómago se revolvió otra vez, aunque ya no tenía nada que expulsar.

En vez de avanzar, Mikasa retrocedió dos pasos y su espalda chocó contra una caja de madera enorme. Entonces se dio cuenta de que había dejado de respirar. Empuñó y soltó las manos una y otra vez, al tiempo que inspiraba y exhalaba aire de sus contraídos pulmones. Un dolor punzante le atravesaba el pecho. Podía sentir las rápidas palpitaciones de su corazón en los oídos y la cabeza embotada.

¿Cómo esperaba Levi que no transformara todo esto en algo personal, cuando lo único que podía hacer era verse a sí misma en cada una de esas chicas?

Para colmo, una de las pobres niñas era tan pequeña que debía tener la misma edad que tenía Mikasa cuando el mundo se le había ido abajo.

Volvió a ver sangre. Escuchó disparos fantasmas y la invadió una oleada de pánico.

La vista se le nubló por completo y tuvo que cubrirse la boca con las manos para ahogar un sollozo.

No. No.

Basta.

Sacudió la cabeza, intentando con todas sus fuerzas alejar los terribles recuerdos que albergaba su mente. Este no era el momento.

Necesito que por favor intentes mantener la cabeza fría.

Levi tenía razón. Tenía toda la razón. Si permitía que sus emociones se apoderaran de ella, acabaría hecha un desastre y no podría hacer nada útil. Ni siquiera sería capaz de terminar el trabajo porque le sobrevendría una de esas malditas e invalidantes crisis que estropearían todo.

Tenía que mantenerse bajo control. No ceder al miedo. No permitir que sus emociones la desarmaran por completo.

— Respira — se susurró a sí misma — Respira...

Poco a poco el ambiente se fue sintiendo menos pesado y Mikasa logró recuperar lentamente la compostura.

Inspirando hondo, se secó con el antebrazo las lágrimas que habían conseguido deslizarse a través de sus mejillas. Empuñó las manos, irguió la espalda y caminó a paso decidido hacia las chicas. En cuanto estuvo a menos de un metro de ellas, se sentó en el suelo con las piernas cruzadas y fijó la vista en la suela de sus botas negras.

Las dos chicas mayores dieron un respingo cuando se aclaró suavemente la garganta, pues no la habían visto venir por tener los ojos cubiertos. Tampoco habían sido capaces de oír sus pasos. Mikasa estaba acostumbrada a andar con tanto sigilo que al desplazarse no emitía ruido alguno.

— Lo siento mucho — dijo Mikasa de repente, y su propia voz le sonó extraña. Hizo una mueca incómoda, levantó las rodillas y se abrazó las piernas, presionándolas contra su retumbante pecho. Ya no tenía miedo, aunque sí se sentía un tanto ansiosa — Odio que… hayan tenido que pasar por todo esto. Les prometo que al menos ya están a salvo.

La mayor del grupo hizo el amague de extender un brazo para tocar a Mikasa, pero lo retrajo y lo situó sobre su regazo, donde dormitaba la más pequeña con el largo cabello rubio desparramado en todas direcciones.

— ¿De verdad estás con ellos? — preguntó la muchacha, su voz teñida de preocupación — ¿Cuántos años tienes?

— Sí, estoy con los hombres que las sacaron del carro — afirmó Mikasa. Las manos le habían comenzado a sudar. No estaba segura de lo que estaba haciendo, pero tampoco sabía qué otra cosa hacer aparte de que no podía jugar su papel de indolente — Tengo dieciocho.

— Oh, eres menor que yo… Yo tengo veinte años — la chica se llevó una mano hacia la tela que le cubría la vista y, al igual que cuando había intentado tocar a Mikasa, se arrepintió a medio camino y dominó el impulso de quitársela. Deslizó su mano a través de su cabello cobrizo y maldijo por lo bajo — Sé que no puedo quitarme esta porquería, así que aquí estoy, tratando de imaginarte y de creer que realmente tienes dieciocho y no unos quince años. ¿Cuál es tu nombre?

— M.

La joven soltó una risita.

— ¿Sólo "M"? "M" de Misteriosa, desde luego — dijo, sarcástica, y una de las chicas rubias del grupo rio, pero pronto se cubrió la boca como si acabase de cometer un error garrafal — Esa a la que le pareció gracioso tu nombre es Heike y tiene catorce años. La pequeña que duerme en mis piernas es Vivianne y tiene siete años. La otra pequeña, que al parecer también está durmiendo en alguna parte, es Elsa, de diez años.

— Estoy despierta — susurró Elsa, jugueteando con las puntas de su cabello oscuro con cierto nerviosismo mientras se recostaba sobre uno de los sacos de arpillera.

— Ya veo… Bueno, M, como ya sabes tengo veinte años — sonrió hacia donde se suponía que estaba Mikasa — Y mi nombre es Petra.

Mikasa asintió pese a que nadie podía verla.

Le llamaba la atención que Petra fuera tan amigable con ella. Que incluso le sonriera, en especial teniendo en cuenta la situación de la que hasta hace poco ésta había salido. Se preguntó si las habían salvado a tiempo, si es que a pesar de haber sido usadas como mercancía humana ningún degenerado había alcanzado a ponerles un dedo encima… Bueno, al menos a las más jóvenes, porque podía ser que Petra llevara demasiado tiempo viviendo cosas horribles y aun así fuera capaz de sonreír.

Pero tal vez esa sonrisa no le llegaba a los ojos.

— Petra… — murmuró Mikasa, titubeante — ¿Cómo fue que terminaron dentro de ese carro?

Las manos de Petra acariciaron la cabeza de la pequeña Vivianne unos instantes antes de responder.

— Después de algunas brevísimas conversaciones… — dijo en un susurro — La pobre Vivianne me dio a entender que fue vendida por su propia madre a un hombre "elegante". Un proxeneta, de seguro. No sé hace cuánto tiempo habrá sido eso, pero la niña terminó en la misma celda que yo hace una semana o algo así. La verdad es que he perdido un poco la noción del tiempo.

Los ojos de Mikasa se habían abierto de par en par. Se le hizo un nudo en la garganta mientras observaba a la niñita. Era tan pálida, delgada y frágil que daba la impresión de estar enferma. Si lo estaba, al menos Eren podría ayudarla. Tendría que decirle a Levi que había que llevarla con ellos.

— No quiero y creo que no es necesario entrar en detalles — continuó Petra, en voz baja —, pero una mujer que le hace eso a su propia hija no merece ser llamada madre — suspiró, sin dejar de acariciar a la niña dormida — En cuanto a las demás, bueno… Heike y Elsa son huérfanas. Las llevaron hasta mi misma celda poco después de que llegó Vivianne. No sé si Heike y Elsa tengan ganas de decir algo sobre sus propias circunstancias…

Aún consternada por la breve historia de Vivianne, Mikasa vio a Elsa negar con la cabeza, mientras que Heike se humedeció los labios, dispuesta a hablar.

— Yo… — musitó Heike, sentándose algo más derecha y estirándose la falda — Yo me decidí a trabajar en un burdel hace unas semanas atrás porque me estaba muriendo de hambre. Una amiga había empezado antes que yo y me había dicho que al menos tenía una cama donde dormir y dos comidas al día — dijo, encogiéndose de hombros — Un día, cuando mi segunda semana de trabajo recién empezaba, llegó un hombre flaco y de bigote que nos examinó una a una. Después de hablar a solas con mi jefa, me llevó con él. No tengo muy claro qué pasó entre medio, creo que me drogó con algo porque de repente me di cuenta de que estaba en una celda, atontada y confundida, aunque no era la única que estaba ahí.

Mikasa observó a Heike, curiosa por la manera en que había hablado acerca de su experiencia. Era como si estuviera contando lo que le había pasado a alguien más y no a ella misma, o como quien comenta acerca del clima.

— Heike, ¿recuerdas el rostro del hombre de bigotes? — preguntó Mikasa, con un hilo de voz.

— Creo que sí — asintió.

— Bien, necesito que por favor intentes recordar lo máximo posible sobre ese hombre — había que encontrar a ese tipo — Alguien podría hacer un retrato hablado con tu información. Es importante.

— De acuerdo.

Mikasa suspiró.

— Gracias… por contarme un poco de ti, Heike.

— ¡De nada! — sonrió ampliamente la chica.

Volvió a sorprenderla el hecho de que alguien que había llevado una vida de mierda pudiera sonreír de aquella manera.

Podía ser que, a pesar de todo, Heike fuera una persona optimista. Al igual que Petra, tal vez. Aunque Mikasa dudaba que se tratara sólo de una cuestión de optimismo.

Escrutó la parte visible del rostro de Heike y luego su mirada descendió hasta las manos de ésta. Notó que tenía las puntas de los dedos un tanto hinchadas, quizás enrojecidas, pero no podía asegurarlo bajo la tenue luz de la única lámpara que había allí dentro. Se inclinó hacia ella y pudo ver que tenía tan mordidas las uñas que la piel debía estar en proceso de envolver lo poco de uña que le quedaba en los dedos. Algunos hasta tenían costras oscuras, sangre seca.

— ¿Qué hay de ti, Petra? — preguntó Mikasa después de un momento de silencio, no sin cierto temor.

Los labios de Petra se estiraron en una pequeña sonrisa.

— Yo no he llevado una vida tan complicada como la de ellas, muy por el contrario — dijo, como si ello la avergonzara — Se podría decir que en general he tenido suerte en la vida, hasta que hace unos meses atrás la policía militar se llevó y encarceló a mi padre por una supuesta evasión de impuestos. Mi padre siempre los había pagado, pero supongo que ya sabes cómo son de corruptos esos sujetos — Petra bufó, indignada — Es obvio que el recaudador y los policías se quedaron con el dinero. Lo gracioso es que los mismos policías que habían acompañado al recaudador cada vez que nos cobró fueron quienes se llevaron a mi padre, ¡fue absurdo! Les enseñamos los comprobantes de pago, firmados por el mismo recaudador, y no les importó. Los rompieron ante nuestros ojos y se los echaron al bolsillo.

Mikasa negó con la cabeza. Tendría que hablar al respecto con Annie.

— ¿En qué distrito fue esto? — preguntó, curiosa.

— En las afueras de Karanes — respondió Petra, continuando con su relato — Como sólo vivía con mi padre, tuve que hacer todo lo que pude para mantener nuestra pequeña granja y negocio por mi cuenta. Vendemos huevos, leche y queso. Tenemos algunas gallinas y cabras.

— Me gustan… las cabras — susurró Elsa con voz somnolienta, antes de quedarse dormida.

— Ojalá un día de estos puedas conocer a las mías — sonrió Petra — En cuanto se enteró de mi situación, un amigo comenzó a ayudarme casi todas las tardes. Él salía de su propio trabajo en el centro del distrito y cabalgaba hasta la granja por casi cuarenta minutos. Le dije al muy idiota que no era necesario que me ayudara — apretó un puño y lo alzó en el aire — O que al menos no fuera tan seguido, pero continuó haciéndolo hasta que se exigió tanto que se enfermó. Una noche, pocos días después de que Oruo ya no pudo ir a ayudarme, llegaron unos tipos con la excusa de que querían comprar una docena de huevos — soltó una risa amarga — Era una mentira, por supuesto.

Mikasa frunció el ceño.

— ¿Fueron esos los que te llevaron en contra de tu voluntad? — preguntó.

— Sí. Me pusieron una pistola contra la cabeza y me obligaron a escribirle una carta de despedida a Oruo. Claramente habían estado espiándome y sabían de mi relación cercana con él. Incluso… — Petra titubeó — Incluso sabían que Oruo se había quedado un par de noches conmigo. Creo que sólo eso les bastó para asumir que ya casi que era mi futuro marido… Y bueno, me hicieron escribir mentiras como que había decidido ir a probar una nueva vida a otra parte y más tonterías, como pedirle que me olvidara porque era lo mejor para él — chasqueó la lengua — Si es que Oruo encontró la carta, dudo que se crea la mitad. O al menos eso espero. Y también espero que él, o alguien más, esté cuidando de mis pobres animales… Si es que siguen allí.

Mikasa podía apostar que ese tal Oruo, desde que se había enterado de la desaparición de su amada Petra, no había dejado de buscarla, y se alegraba por ellos porque pronto esa búsqueda llegaría a su fin. Quién sabe, a lo mejor volverían a verse mañana, o en un par de días. Como fuera, estarían juntos nuevamente, aunque fuera en un lugar diferente.

Por seguridad, Petra no debería regresar a la granja durante un tiempo.

Fue en medio de sus divagaciones que Luther y Volker salieron de la otra habitación llevando a los tres cocheros, quienes no parecían estar lo suficiente magullados, para su gusto.

Levi salió poco después, llevando unos cuantos papeles. Él se le acercó y le hizo señas para que se pusiera de pie. Mikasa lo siguió hasta el mismo lugar en el que antes habían conversado.

— Ya terminamos. Hemos decidido llevarlos a todos a manos de una de las cabecillas de la Legión, que vive aquí en Stohess — informó Levi — Luther llevará a todos los tipos amarrados en un carro y tú te irás en otro junto con las chicas. Volker conducirá.

Mikasa asintió. Era mejor que las chicas fueran con los de la Legión antes que con alguno de sus infiltrados en la policía militar, en particular Petra luego de su injusta experiencia.

— ¿A dónde irás tú? — le preguntó Mikasa.

— Yo iré a buscar a Reiner. Nos vemos luego.

Antes de que Levi pudiera alejarse, Mikasa lo retuvo.

— No, espera. Una de las niñas parece estar enferma — dijo ella — ¿Podríamos llevarla con Eren?

Levi suspiró, cansino.

— Te refieres a la más pequeña, ¿no? Dudo que Eren pueda serle de ayuda, al menos como médico… —evadió la mirada desconcertada de Mikasa — Esa niña me recuerda demasiado a ti después de Shiganshina. Creo que su mayor problema es que está triste. Desconsolada… por sentir que lo perdió todo.

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Eren se percató de que su espera era inútil cuando ya eran casi las cuatro de la mañana y aún no se oían otras señales de vida en la casa, aparte de la suya. Mantenerse despierto no había sido un reto, pues tenía dificultades para dormir desde el encuentro con la Legión y el falso cadáver de Frieda.

Las otras noches lo único que lo había ayudado a conciliar el sueño, y en especial a mantenerlo, había sido el compartir habitación con Mikasa. Juntos llevaban su colchón de un lado a otro. Por las noches lo cargaban hacia el cuarto de Mikasa y por las mañanas lo llevaban de vuelta al cuarto de Eren. El ajetreo había resultado divertido, como un juego, pues siempre debían evitar que Levi los pillara.

Sólo logró dormir unas dos o tres horas seguidas cuando el cansancio le ganó. Sabiendo que no podría volver a quedarse dormido pronto, se levantó a buscar un vaso de agua a eso de las siete de la mañana y encontró a Levi en la cocina. Sus habituales ojeras estaban más oscuras que nunca y su aspecto general indicaba que éste no había pegado el ojo en toda la noche.

Eren saludó a Levi, quien respondió con algo parecido a un gruñido.

Escueto, Levi le contó que había llegado al escondite con Mikasa a las cinco y algo de la madrugada. Eren hizo algunas preguntas al respecto, pero Levi lo hizo callar para decirle de mala gana que hoy no lo supervisaría y que tendría que bajar a entrenar por su cuenta. Luego le ordenó que fuera al despacho de Kenny cuando terminara la hora de almuerzo, que era el sitio en el cual ahora se encontraba Eren.

Echó un vistazo a su alrededor y se sentó en una de las sillas frente al maltraído escritorio.

— Pensé que Kenny también estaría aquí — dijo Eren — ¿Vendrá más tarde?

— Kenny no vendrá — Levi se bebió de un gran sorbo todo el té que quedaba en su taza. A Eren siempre le había parecido peculiar manera en que éste cogía las tazas y los vasos — Dudo que regrese hoy.

Levi debía de haberse echado una siesta y un baño, porque su rostro se veía un poco menos exhausto, en comparación a cuando se había topado con él en la cocina.

— ¿Qué hay de Mikasa? No la he visto. ¿Comió contigo arriba?

— No. Mikasa sigue durmiendo — dijo Levi, restregándose los ojos — La misión de anoche se complicó, en especial para ella.

— No está herida, ¿cierto?

Si Mikasa hubiese sufrido algún tipo de lesión, a Eren no le cabía duda alguna de que Levi se lo habría informado hace horas, sin embargo, no pudo evitar preguntarlo de todas formas.

Levi bufó.

— Supongo que siempre ha estado herida — el cansancio se reflejaba en su voz — Al menos desde lo que le pasó en Shiganshina… Es por eso que te cité aquí. Necesitamos hablar sobre tu próximo viaje a ese sitio, sobre Mikasa y otros asuntos.

— ¿Puedo… saber qué pasó anoche? — preguntó Eren, un tanto inseguro.

Para su sorpresa, a Levi no le fastidió su pregunta e incluso estaba más que dispuesto a hablar.

— Tuvimos una situación de mierda. Encontramos a cuatro chicas al interior de un carro donde se suponía debía haber sólo embutidos y eso, por supuesto, afectó a Mikasa — Levi se pinzó el puente de la nariz — Pero fue en el viaje de vuelta cuando terminó de quebrarse por completo. Después de dejarla en su cuarto, hablé con Kenny porque creo que es el peor momento para que ella vaya contigo a Shiganshina... pero todos aquí sabemos que la mocosa es más terca que una mula y que insistirá en ir de todos modos. Ahora, más que nunca. De hecho… en medio de su crisis, Mikasa me exigió las indicaciones para llegar a su antigua cabaña y al sitio donde enterré a sus padres — apuntó una hoja amarillenta sobre el escritorio en la que Eren no había reparado antes — Hice un mapa con indicaciones sobre cómo llegar hasta allí desde el centro de Shiganshina. El único problema es que la cabaña ya no existe.

Eren observó el mapa. Había líneas discontinuas aquí y allá, además del nombre de algunos sitios de referencia, los puntos cardinales y distancias aproximadas.

— No conozco muy bien esa zona, pero creo que no nos será tan complicado llegar — murmuró Eren — ¿Qué pasó con la cabaña?

— La quemé hasta los cimientos — Levi mantuvo la vista fija en el mapa — Le explicaré a Mikasa las razones antes de que dejen Orvud mañana.

Eren asintió.

— ¿Quemaste los cuerpos de los padres de Mikasa con la cabaña también?

Levi le dedicó una mirada ofendida.

— Claro que no.

Luego de un momento de silencio entre ambos, Levi le explicó que no sólo había conversado con Kenny sobre el viaje, sino que también con algunos de los miembros de la Legión. En conjunto, habían decidido que pese a que era más seguro mantener a Eren en el escondite la mayor parte del tiempo, ahora lo más conveniente era simular que poco a poco su vida iba regresando a la normalidad, es decir, a todo lo que él hacía antes de que los Ackerman lo raptaran.

Los labios de Eren esbozaron una sonrisita amarga.

— La única diferencia es que ya nada será realmente lo mismo — su mirada vagó pesada hacia el reloj cucú y el póster de Kenny, cuya frente de papel tenía una marca oscura justo en el medio, como si la hubiese atravesado un cuchillo — No con lo que sé ahora.

Sería difícil hacer como que la vida continuaba siendo lo mismo de siempre, cuando Eren estaba seguro de que Rod Reiss estaba detrás de la repentina muerte de su padre.

Si el rey hasta había mentido acerca de la muerte de su propia hija - por razones que aún les eran desconocidas - entonces éste debía tener muchos más secretos y mentiras a su haber.

— Hay algo más… — la expresión de Levi se tensó de repente — Obviamente, tú y Mikasa deberán continuar con la farsa.

Eren se desconcertó, no por lo que Levi acababa de decir, sino que por su lenguaje corporal.

— Bueno, no hay problema con eso — dijo, levantando y dejando caer un hombro — Es lo que hemos hecho desde un comienzo.

Levi frunció el ceño.

— Ya lo sé, pero ahora tendrá que verse como algo que se tornó serio. Deberás reconocerla como tu… — hizo una mueca — Ugh, novia oficial. Presentarla en la alta sociedad y todas esas porquerías.

Eren sintió que su rostro se ruborizaba un poco y esperó que Levi no lo hubiera notado.

— Supongo que tiene sentido — carraspeó — Sería hora de que la pasi-, digo las supuestas co-cosas que hay entre nosotros empiecen a, no sé, ¿calmarse? — ¿De qué demonios estaba hablando? Tenía que cerrar la boca — Que recuperemos el juicio y que la relación… evolucione hacia algo más, uh… ¿estable? Como lo que hace la gente, uh… ¿normal?

— Tu balbuceo es interesante — Levi lo escrutó con los ojos entornados — Yo no tengo idea sobre cómo funcionan este tipo de cosas, pero la cuatro ojos de la Legión trató de explicarme algo al respecto. Además, me dio a entender que tú tampoco tienes idea, porque supuestamente no te interesa el tema… Pero quizás sabes más de lo que ella pensaba. Es eso o ahora sí que te importa — dijo en tono acusador.

¿Eh?

Eren sintió un estúpido apremio por intentar justificarse.

— Oye. He tenido padres. He visto a un montón de gente enamorada por ahí, en especial pacientes. Alguna idea tengo sobre qué pasa con las relaciones amorosas, ¿de acuerdo? — dijo Eren, un tanto a la defensiva — Y existe algo llamado sentido común.

Levi no parecía muy convencido.

— Como sea. Te diré lo que deberías hacer para sostener la farsa — gruñó, alzando el dedo índice para iniciar una enumeración — Uno: deberás llevar a Mikasa contigo en todos tus viajes, no sólo por la bobada del romance, sino que por seguridad. Dos: Mikasa te acompañará a todos los eventos sociales a los que seas invitado. Tres-

— Espera — lo interrumpió Eren — Si de repente empiezo a aceptar todas esas jodidas invitaciones, ahí sí que lo verán como algo sospechoso, o por lo menos raro. En general siempre he inventado excusas para no ir a esas aburridas reuniones repletas de snobs. No sólo son molestas, sino que son una pérdida de tiempo.

— Me imagino, pero tienes que ir a algunas para que esos cabrones snobs vean lo, ugh, "colados"que están el uno por el otro — Levi rodó los ojos ante lo que él mismo acababa de decir — Es jodidamente estúpido pero necesario para que el gordo ese no intente apresar a Mikasa. Después de todo, ella usó una identidad falsa para asistir a la fiesta. Si varias personas aparte de Rod Reiss se enteran y confirman lo importante que ella es para ti, éste no va a querer ponerte a ti ni al resto de los bobos pro-romance en su contra metiéndola en una celda. En serio, este es uno de los puntos más importantes y la principal razón de por qué estoy gastando saliva en hablar sobre toda esta mierda.

Eren asintió lentamente. Le parecía razonable.

Ya que la noticia de la escapada romántica había llegado incluso a la llamada sección rosa de los periódicos locales, mucha gente estaba al tanto de su supuesto enamoramiento a primera vista. De seguro más de algún bobo pro-romance, como los había denominado Levi, suspiraba pensando que se trataba de algo parecido a lo que se contaba en las típicas historias de amor. Por lo tanto, Eren y Mikasa tendrían a un público a su favor.

La opinión pública era en extremo importante para un rey como Rod, al que le faltaba algo más que carisma. Si de repente decidía encarcelar a una simple joven enamorada, al público aquello le parecería una completa guarrada. Además, traicionaría la confianza de Eren y lo perdería como "aliado".

Eren apostaba que incluso Historia depreciaría algo así y se pondría de su parte.

Por primera vez, agradecía ser relativamente conocido y popular entre la gente debido al alcance de su profesión.

— Espero que eso funcione y que, si no lo hace, tengan un plan alternativo para no permitir que Mikasa termine tras las rejas.

— Ya lo tenemos — afirmó Levi — Tú sólo encárgate de hacer lo que tienes que hacer y de fingir que todo está bien con el rey. Si consideras que es hora de visitar el Palacio, o si él mismo te invita, entonces Mikasa debe ir contigo para que el tipo crea que aún confías en él, y para que vea que ustedes son una "verdadera" pareja — soltó un gruñido y sacó un papel doblado de su bolsillo — La loca esa escribió algunas sugerencias. Esto es algo así como el tercer punto. Toma.

Eren estiró la pequeña hoja de papel y se encontró con la caótica pero extrañamente legible caligrafía de Hange Zoe. Le echó un rápido vistazo a la lista de sugerencias. Abrió muchísimo los ojos, tragó saliva y volvió a doblar el papel.

Levi lo perforaba con la mirada.

— Mi consejo es que no sigas esa lista al pie de la letra — le advirtió con frialdad — Es más, si me entero de que te has pasado de listo, te rebanaré las bolas. Sólo dedícate a comportarte como un baboso en público, pero siempre teniendo cuidado con dónde pones las manos y otras cosas — dijo entre dientes.

— Sí… — fue todo lo que Eren consiguió decir, asintiendo sin pestañear.

Su respuesta sólo empeoró las cosas. Eren podría jurar que a Levi se le acababa de hinchar una enorme vena en la frente y lo miraba como si lo único que deseara en la vida fuera estrangularlo. Pero, ¿por qué? Si no había hecho más que aceptar todo lo que Levi le había dicho que tenía y no tenía que hacer, para así seguir de la mejor manera posible aquella justificada locura.

— Ese "sí" sonó muy flojo — se quejó Levi — No me gusta.

¿Pero qué otra cosa podía decir?

— Eh… Bueno, si no estás de acuerdo y no te gusta lo que está escrito en esta lista… — comenzó a hablar Eren con lentitud — ¿Para qué me la diste?

La mandíbula de Levi estaba demasiado tensa.

— Sólo intentaba comprobar algo — murmuró una vez que pareció calmarse un poco — Pero supongo que ya lo sabía. Era obvio que pasaría tarde o temprano.

Eren alzó una ceja.

— ¿A qué te refieres?

Levi hizo un gesto impaciente con la mano para descartar su pregunta.

— Olvídalo — espetó, huraño — Lo único que importa es que la jodida farsa amorosa tiene que ser creíble para que ambos estén de algún modo a salvo.

— Entonces… — el tono de Eren era ahora lo más cuidadoso posible — Mikasa y yo tendremos que conversar acerca de las cosas que mi profesora escribió en la lista — Levi frunció el ceño y Eren prosiguió, escondiendo su nerviosismo y rezando para que el maldito ardor de sus mejillas no lo delataran — Oye, te juro que no haré nada que a ella le incomode. El problema es que si sólo lo reducimos a tomarnos de las manos y nos sonreímos estúpidamente el uno al otro, los más observadores no creerán que somos una verdadera pareja. En especial Rod Reiss, ese viejo no es tonto… Y Mikasa y yo no tenemos doce años, ¿comprendes a qué me refiero?

El silencio de Levi se le hizo eterno.

— Lo sé — habló al fin, con una expresión tan agria y derrotada que parecía veinte años más viejo — Supongo que es realmente inevitable.


N/A: me dio como vergüenza ajena - aunque ni siquiera es ajena - escribir la escena entre Levi y Eren por varias razones asfjhjbsdf. Si llegaron a sentir algo similar a un "jijiji" leyéndolo, entonces misión cumplida (?)

Se podría decir que con este capítulo se cierra un primer arco de esta historia, en donde Mikasa y Eren pasaron de ser desconocidos a ser amigos. A partir del próximo capítulo, que se llamará Shiganshina, la relación entre ambos se tornará más profunda y bueno, me imagino que ya más o menos saben qué esperar de este par de pavotes... O quizás no *inserten cara de Lenny aquí*

Pronto voy a publicar en Tumblr el extracto del recuerdo de Levi con mini Mikasa que ya leyeron aquí y agregaré el SUPER DIBUJO de Mikasa jajaja. El post va a estar en Inglés, eso sí. También podrán ver el dibujo cuando publique el cap 11 en AO3. Más abajo les dejo el link.

Noticias varias: A fines de Mayo publiqué la versión en inglés de Lawless en AO3 y, como ha estado ahí tan poco tiempo comparado con todo el tiempo que realmente llevo escribiéndolo, éste no alcanza a tener la cantidad de feedback que quizás podría tener a estas alturas. Si alguien quiere, puede ir dejar kudos allí para ayudar a que el fic tenga más visibilidad en esa plataforma. La verdad se los agradecería un montón c: el link es archiveofourown . org / works/ 14802566 (junten los espacios) Además, varios de los dibujos que Dani (lolakasa) ha hecho del fic están adjuntos en algunos de los capítulos correspondientes o_o échenles un vistazo~

En Junio publiqué un fic eremika basado en Terminator :x así que si les llama la atención, revisen mi perfil. Lamentablemente, se me han estado quitando por completo las ganas de actualizarlo en español porque lo ha leído poca gente y sólo tiene un par de reviews en meses. El fic se llama Recuerda el Futuro.

AGRADECIMIENTOS ESPECIALES Y GIGANTES a las personas que me dedicaron hermosas palabras en el capítulo pasado: Littner Yoko, lore, Eikaros, MariLau1327, Dani, roxalex, Jeagerboom, DidNothingWrong, Mikaightru y Guest.

Siempre que recibo, leo y re-leo reviews me pongo demasiado contenta. Saber que disfrutan lo que escribo o que incluso lo tienen considerado entre sus favoritos es askfjsdhfjdsbf LOS AMO!

Muchísimas gracias a todas y cada una de las personas que me han dejado sus comentarios sobre el fic. No saben cuánto aprecio y agradezco su apoyo~