Capítulo 11: Noche estrellada.

Sin siquiera ser perturbada aún por el sonido de su alarma, Sakura siguió con la mirada el trayecto de luz que atravesaba las vaporosas cortinas de su terraza. Aunque no era un evento muy común despertar en un sábado muy temprano, no podía dejar de culpar a su creciente ansiedad por ello.

Los latidos de su corazón retumbaban con frenesí y no podía borrarse una ridícula sonrisa de su rostro… había esperado varios días para que llegara ese fin de semana, que apenas sí pudo dormir solo unas cuantas horas.

Estaba segura que aún le restaba tiempo suficiente antes de que el despertador resonara en sus oídos, así que sintiéndose libre de navegar una vez más en el océano de su memoria, dio la vuelta del otro lado de la cama para así reconstruir el evento suscitado días atrás.

El pesado ambiente generado en el auditorio principal del instituto, se había convertido en un calvario a causa de la tediosa exposición del Dr. Minagawa. Y es que la castaña no era la única que detestaba su falible comportamiento; sino que existía un número considerable de colegas que podrían estar dispuestos a lo que fuera con tal de presenciar su renuncia, esto debido al comportamiento presuntuoso y altanero que constantemente ejercía hacia la población estudiantil. Pero, esta actitud se destacaba especialmente hoy, o mejor dicho, en la hora y media que llevaba alardeando sobre sus "inmaculados" resultados frente a toda la comunidad científica.

Así que mientras la chica frotaba energéticamente sus ojos producto del cansancio acumulado, una violenta vibración en el bolsillo de su pantalón le produjo un sobresalto que casi la hizo resbalar de su asiento.

A diferencia del expositor quién le dedicó una mirada mezquina por el hecho de haber sido interrumpido, algunos otros colegas, solo rieron habituados ya a sus desatinados modales. Una vez que todo retornó a la normalidad en la sala, tomó discretamente su teléfono para abrir el mensaje que recién había recibido e irremediablemente se sonrojo al ver de quién trataba…

"Los argumentos de Minagawa son igual de inconsistentes que la cremallera de su pantalón"

Realmente no encontró gran sentido a esas palabras, hasta que con curiosidad fijó su mirada hacia la parte baja del presentador quien efectivamente su cierre se encontraba abajo…

"No sabía que estabas aquí" escribió divertida.

"Y por mi grado de aburrimiento no sabes como me arrepiento de ello"

"¿Por donde estás?"

"No le puedo revelar esa información Dra. Kinomoto"

Con ello, la chica se tomó unos segundos para buscarlo entre el público, pero una vez que falló en ello, regresó hacía la pantalla de su móvil. Antes de volver a retomar la conversación, suspiró y tomó la decisión de cambiar drásticamente a un tema que no podía sacar de su cabeza, y es que no se habían definido muchas cosas aún, ya que apenas habían transcurridos pocos días desde esa experiencia en su balcón.

Era bastante perceptible que él había cambiado su trato con ella, es decir, aún gustaba de molestarla o hacerle bromas sarcásticas, pero ahora solía obsequiarle una sonrisa mucho más auténtica, como sí esta vez no tuviera miedo de mostrársela. Fuera de ello, debido a que era la primera vez de todo para ambos, aún dudaban cómo interactuar cuando se encontraban a solas.

«Ni siquiera habían tenido un segundo beso…» Sakura se ruborizó por el rumbo de sus pensamientos.

"Syaoran…"—escribía pausadamente. —"¿Estarás ocupado este sábado?"

"Muy probable… pero aún necesito confirmar mis planes"

"Oh, entiendo" —contestó la chica con tinte de decepción, y aunque se sintió un poco tonta por ser la primera en tomar la iniciativa de invitarlo a salir, no podía culparlo si tenía alguna ocupación… así que prefirió retomar su buen humor, pensando en que quizás, después con más calma él se lo propondría.

Me lo acaban de pasar… dicen que es de parte del Dr. Li— le murmuró su compañero de alado mientras le entregaba un diminuto papel doblado.

Con algo de confusión, la investigadora tomó el papelillo, no sin antes buscar nuevamente a Syaoran entre el bullicio de la gente, así que, sin éxito obtenido, finalmente desenvolvió la misteriosa nota.

"Sakura, necesito que mires debajo de tú asiento"

Tentada por la curiosidad, la chica no tardó en obedecer a esta extraña petición, por lo que una vez que deslizó una de sus manos hacía el sitio en mención, descubrió una gruesa tarjeta oculta en la parte inferior de su silla. El mensaje comenzaba de la siguiente forma:

«SÍ DESCUBRIR EL ACERTIJO QUIERES, PRIMERO TENDRÁS QUE DEMOSTRARME QUE TAN ASTUTA ERES»

Con una sonrisa desafiante en sus labios, la joven científica se terminó de acomodar en su asiento para finalizar de leer el resto de la nota que se encontraba al reverso.

«PREFIERE LAS TARDES FRÍAS, PESE A SUS PROBLEMAS DE OFTALMÍAS… ASÍ QUE POR TRADICIÓN TOMA SU TÉ PARA NO CONGELARSE, AUNQUE SOLO NECESITA ENVOLVERSE EN SU BUFANDA PARA ENTIBIARSE»

Espera… ¿Qué diantres?

Pese a la confusión, no olvidaría en agradecerle después a Syaoran por esa gran estimulante que la ayudarían a combatir la tediosa presentación de Minagawa.

El único problema radicaba en que no tenía ni idea de cómo resolver aquella adivinanza. Así que instintivamente repitió en su mente múltiples veces el verso, con el objetivo de que alguna palabra pudiera hacer clic en su cerebro.

Después de minutos de pura frustración, sintió como su móvil oscilaba nuevas vibraciones a causa de un nuevo mensaje en su bandeja de entrada.

"¿Aceptas tú derrota?"

"Por supuesto que no" —refutó ella de inmediato.

"Bien, sabría que no me decepcionarías Dra. Kinomoto"

Pero francamente la chica estaba a punto de darse por vencida, esto debido al reciente cansancio emocional acumulado. Tenía bastante apetito, sin restar que se acumulaba bastante frío en aquella insípida sala…

Pensó con desagrado en cómo se comenzaban a sentir los cambios de la nueva estación del año y como con ello habían sido sustituidas las cálidas brisas veraniegas por el frívolo tiempo otoñal de Tokio.

Es verdad…—El tan esperado impulso sináptico electrizó su mente.

«El escrito menciona una persona que tenía frío y para calentarse requería solamente usar una bufanda… quizás sí buscó dentro de los presentes a alguien que tenga esa prenda, estaría más cerca de encontrar la respuesta»

Pero no importaba lo alentador que resultaba esa conclusión… la joven observó con desilusión que numerables personas llevaban puesto dicha prenda, algunos incluso exageraron con guantes y abrigos de corte inglés.

Un clic más.

¿Un lugar donde hace frío? —reflexionó la chica—¡Claro, en Inglaterra!

Ahora todas esas palabras cobraban sentido… el té tradicional, alguien que tenía problemas oftálmicos, es decir, probablemente tenía miopía….

Eriol…

«Ahora solo restaba encontrarlo entre el mar de gente»

¿Por qué él tendría que darle una respuesta?, no lo sabía con certeza, pero sí de algo estaba segura es que Eriol sería su guía en esta nueva pista. Así que, sin perder más tiempo, se propuso en buscarlo por todos lados… hasta que afortunadamente lo distinguió casi hasta el fondo de la sala y para su dicha efectivamente portaba una bufanda color azul marino.

Después de la enorme odisea que fue llegar hasta él sin llamar demasiado la atención, se sentó triunfante a su lado.

Eriol... —pese a que musito de manera silenciosa su nombre, no pudo evitar causarle un ligero sobresalto.

¡Sakura! Me asustaste…

Lo siento, sé que sonara extraño… pero estoy resolviendo un acertijo de Syaoran—dijo ella, para después mostrarle la tarjeta con el suscitado problema plasmado —¿será posible que me prestes solo por un momento tú bufanda?... quizás él puso algo por ahí sin que lo notaras.

A diferencia de lo que la chica había esperado, Eriol no se mostró muy cooperativo con esto.

Es imposible que hable de mí…

Con esto Sakura expresó un gesto de confusión … estaba segura que había acertado por esta ocasión. Como si sus pensamientos fueran leídos, el inglés no tardó en explicarse.

Aunque provengo de Inglaterra, Syaoran sabe de antemano que detesto el frío…

Oh

Pero hey, no te desanimes ¡te ayudare a descifrarlo! —le dijo con aliento.

Al escuchar, la joven mostró una expresión mucho más resuelta. Y mientras avanzaba el aburrido y monosilábico discurso de fondo, ambos dedicaron tiempo a estudiar a cada parte del críptico mensaje.

¿Sabes de alguien más del centro de investigación que sea de Inglaterra? O ¿allá vivido allí?

De hecho, sí… —contestó su acompañante de gafas.

Eriol se sintió por primera vez algo taciturno al no haberlo considerado desde primera instancia.

El Dr. Makimura… nuestro jefe

Ante el rostro desconcertado de la científica, su amigo no tardó en detallarle su reciente deducción.

Cuando estudiábamos en Inglaterra, un día nos convocaron en el auditorio principal porque un doctor japonés nos daría una presentación acerca de los mecanismos moleculares del cáncer… —explicó— cuando finalizó esto, sentí un gran entusiasmo por el campus de dónde provenía, él en ese entonces desconocido para mí Dr. Makimura, así que no tarde en insistirle a Syaoran que me acompañara para conversar con él… de hecho así fue como obtuve mi invitación para ingresar a este centro de investigación.

¡¿En serio?!, no tenía idea de todo eso…

Así es, bueno para no desviarme del relato… después de la charla, el Dr. nos comentó brevemente que había pasado sus mejores años viviendo ahí en Londres con su esposa de donde ella era originaria, mencionó además, que por ende el frío y el té eran sus más grandes adicciones…

¿Y los problemas oftálmicos? —pregunto ella, aun no muy convencida de esta resolución.

¿No lo sabes? El año pasado lo operaron de astigmatismo…

Sakura no pudo ocultar su sentimiento de triunfo, ya que, gracias a esta última frase, básicamente parte de la incógnita se había resuelto, así que con gran entusiasmo le fue fácil localizar entre el bullicio a su superior, luciendo además una reluciente bufanda alrededor de su cuello. Con premura le avisó a Eriol y de esta forma, los dos se trasladaron sigilosamente hasta posicionarse en los asientos traseros de donde se encontraba su jefe, la joven científica prestó atención a cada detalle significativo en la tela de interés que llevaba puesta su superior. Pero fue su amigo inglés, quien al final le señaló un diminuto papel entre la etiqueta de la bufanda, algo que curiosamente recordaba a los mensajes ocultos de los piratas por la forma enrollada en la que se encontraba.

«¿A qué hora Syaoran se había tomado la molestia de ponerlo ahí sin que el Dr. se diera cuenta?»

Sin embargo, en el momento preciso en el que la investigadora tomó la nota, su ligero roce no fue desapercibida por su jefe, quien instintivamente capturó su mano en el acto.

Tanto usted como al Dr. Li necesito verlos en mi oficina inmediatamente, necesito hablarles de algo muy serio.

Así que, pese al nerviosismo del momento, Syaoran no dejó de sorprenderla cuando al instante de escuchar esto, decidió descubrirse del capuchón de su suéter. Resultaba que el castaño había estado todo el tiempo de incógnito al lado de Makimura.

.

Felicidades Dra. Kinomoto, creí que te tomaría más tiempo encontrar la respuesta.

Syaoran, deberías de mostrar mayor preocupación—le recriminó ella— ¿que no ves que es posible que perdamos nuestros trabajos con esto?

El hecho de que ambos se encontraban en la oficina principal en espera de la llegada de su jefe, recordaba a Syaoran sus viejos tiempos en preparatoria cuando lo mandaban a llamar con el director por mostrar constantemente una conducta desafiante y engreída con sus profesores que impartían temas científicos, de los cuales a su punto de vista minucioso, no estaban bien informados. En cambio Sakura, siempre fue una chica tranquila y bien educada con todos, que no conocía lo que era meterse en problemas.

Sí así fuera y nos despidieran—le contestó Li con sonrisa despreocupada— no tendría más remedio que regresar a mi antiguo laboratorio en Hong Kong.

Pero envés de contestar con palabras, ella solo lo miró en silencio, ya que se encontraba ocupada meditando el impacto que tendría para ella ese hipotético suceso.

Estoy seguro que China también te gustaría… quizás podría ayudar para que también te incorporaras en la universidad de allá—retomó nuevamente él.

¿Qué?

No creerías que te dejaría aquí sola ¿verdad?

Al escuchar eso, la castaña dejó escapar una deslumbrante sonrisa. Era la primera vez que le escuchaba decir algo tan genuinamente tierno.

Porque déjame decirte Sakura Kinomoto, que no sobrevivirías ni un día sin trabajo, entonces sí te abandonara, mi trabajo social contigo quedaría inconcluso…

Uno: Syaoran eres un idiota y dos: no soy una mascota ¿lo sabes?, claro que puedo subsistir sin tú ayuda… —aunque fingió estar indignada con aquel comentario, francamente se estaba reprimiendo la risa. Odiaba que últimamente le costara más trabajo molestarse con él.

Ajá

Ajá ¿Qué?

En fin, ¿alcanzaste a leer el mensaje escondido en la bufanda?

Después de todo lo que había pasado, no era posible que hubiera extraviado el papel ¿o sí? Por lo que para comprobar este hecho, comenzó a rebuscar desesperadamente entre los rincones de sus bolsillos hasta que Syaoran puso fin a su sufrimiento cuando de la nada extrajo de su saco el susodicho objeto, así que sin perder más tiempo se lo ofreció, como si toda la vida hubiera pertenecido únicamente a ella.

Lo dejaste tirado antes de venir hacia acá.

Con gran exaltación, la científica lo desenrollo impacientemente, pero justo antes de leer el contenido, su atención se vio frenada por unos sonoros pasos que recién hacían acto de presencia.

Disculpen por la tardanza—se excusó el Dr. Makimura.

Con una breve reverencia, ambos investigadores, asentaron en silencio permitiendo con ello que el inminente señor procediera a hablar.

Bueno iré al grano… es evidente que su relación ha fructificado a algo más que a simples colegas de laboratorios.

Al decir esto, fue inevitable que ambos se incomodaran, especialmente la única mujer del grupo, quien su rostro se elevaba en un exagerado color rojizo.

No sabía que una situación así podría causar alguna clase de conflicto—dijo Li un tanto a la defensiva.

En situaciones ordinarias, normalmente no tendría por qué haber problema, pero…—creó un poco de suspenso para después continuar— su caso va más allá de lo usual, y no lo digo porque estemos sujetos a políticas inflexibles en nuestro instituto de investigación.

¿Entonces? —preguntó el otro, a este punto Sakura se estaba comenzando a preocupar por la actuación impertinente de su acompañante frente a su superior.

Entonces Dr. Li—terminó de decir Makimura con cierta repulsión—el problema recalca en el comportamiento poco profesional que ustedes mismos han representado en nuestra institución, por ejemplo, incitar una pelea con nuestro profesor de música, jugar en medio de las presentaciones de nuestros colegas… —dijo esto último mientras le lanzaba una mirada desaprobatoria a la castaña.

Aunque Syaoran odiaba que le hablaran de esa forma, no tuvo más opción que reprimirse, después de todo, ¿con que cara podría contradecir aquellos deslices por los que había atravesado últimamente?

Sin embargo…—suspiró el hombre de facciones endurecidas—no los cite para reprenderlos… francamente estoy desesperado y necesito ayuda con urgencia…

Frente a estas extrañas palabras, ambos jóvenes se miraron desconcertados. Por lo que inmediatamente el hombre que yacía frente a ellos, terminó de esclarecer la situación.

Ustedes saben que no suelo hacer esta clase de demostraciones sentimentales, pero mi esposa me ha pedido el divorcio hoy en la mañana… y quiero que ustedes me den consejos para recuperarla.

¡¿Q-qué?!

¿Nosotros? —dijo Li imitando la misma sorpresa que demostró Sakura.

No he visto a otras personas profesándose sentimientos tan profundos como ustedes… les ruego que por favor me ayuden…

Ante estas palabras proclamadas, los científicos se consumaron en un pronunciado sonrojo. Así que, con la firme intensión de no centrarse en lo anteriormente dicho, Sakura le brindó a su jefe la seguridad de que todo saldría bien y para ello estuvieron más de dos horas, pensando y recreando un plan maestro para salvar el matrimonio de su superior.

Dr. Makimura ¿Qué tan bien canta? —preguntó la chica mientras veía con ternura a ciertos ojos marrones.

¡Estoy agotada! —exclamaba con pereza la castaña a la vez que estiraba sus extremidades superiores, para después introducir la llave a la respectiva cerradura de su apartamento. El tiempo con su jefe se había prolongado tanto, que cuando por fin terminaron, era ya la hora de su salida.

No te quejes, a diferencia de ti, detesto con todo mi ser esta clase de escenarios cursis y todavía me vi obligado a recrearlos durante dos horas…

Eso no lo pareció cuando subiste a mi balcón—ella misma comprobó por el grado de su sonrojo, como lo había avergonzado con esta inofensiva frase.

De esta forma mientras él aguardaba silencio, la chica recordó nuevamente de aquel mensaje suspendido y aún indescifrable. Cuando sacó de entre sus cosas el papel, ansiosamente lo desenvolvió por segunda ocasión, y una vez abierto de par en par, solo procedió a mirarlo con molestia y desilusión.

Syaoran…

¿Sí? —contestó con falsa inocencia.

Quizás no eres consciente de lo odioso que eres a veces.

Te equivocas—rio él—estoy muy enterado de ello.

Y con un "espero tú respuesta cuando lo comprendas" el hombre se introdujo casi de inmediato en su hogar, dejando atrás a una furibunda chica con un diminuto papel de palabras chinas escritas en él.

«¡Meiling!»

Con este último pensamiento, Sakura no tardó en hacer una foto con su celular a la pequeña hoja para enviárselo a la impaciente prima de Li, que como era de suponer no tardó ni un segundo en responder.

"¿Tendrás una cita con Xiao Lang?"

¿Eh?

"Te está invitando a salir este sábado, tontita"

Claro… primero tenía que confirmar mi respuesta— recordó la chica de su primer intentó fallido cuando lo invito a salir.

….

Después de que el sonido de la alarma saturó sus oídos, fue cuando se hizo consciente de que finalmente había logrado dormirse durante un rato, así que, sin perder tiempo y con gran entusiasmo se incorporó de la cama para terminar de estirar sus músculos e ir directo a su armario en busca de ropa… aún no había decidido su atuendo, pero afortunadamente Meiling junto con Tomoyo habían creado un grupo en el celular para aconsejarla en el proceso de su anhelada cita. Así que, una vez que sacó sus prendas favoritas, tomó algunas fotos para enviarlas y con ello sus amigas no tardaron en cumplir con su deber.

"¿No tienes algo más provocativo?"

"¿Eh?... c-creo que… no"

Era obvio que la extrovertida prima del castaño, ansiaba más que nadie que las cosas entre Sakura y Syaoran se aceleraran, después de todo, tardaron casi todo un año en aceptar mutuamente sus sentimientos. Y aunque ante sus ojos eso podía ser adorable, en su opinión eso también los convertía en un par de atolondrados.

"Yo prefiero la blusa clara con la falta rosa de lunares blancos" —contradijo Tomoyo.

"Mmm necesitaría verlo con otra pose una vez más" —opinó la otra no muy convencida.

La científica agradeció internamente que su prima saliera al rescate con algo mucho más conservador a diferencia de lo que exigía la otra chica, así que por décima ocasión para complacerlas se desvistió para colocarse otra vez aquel conjunto.

"Agrégale un pañuelo en el cuello" comentó Meiling ya un poco más satisfecha.

De esta forma Sakura cumplió a cada una de las peticiones, hasta que finalmente sus juezas más duras quedaron complacidas.

"No olvides mandar fotos de tu peinado" Ordenaron ambas.

"Por favor haz que Xiao Lang te dé más que un simple segundo beso, ¡no sean aburridos!"

Con el rostro sonrojado, la joven castaña decidió no contestar al último comentario…

Suspiró, francamente estaba muy emocionada, pero a la vez temía tener que retrasar más la hora, ya que aún le faltaba mucho por quehacer. Sin embargo, sus pensamientos se vieron congelados gracias a una ligera brisa de aire de su balcón. Denotó por primera vez como se había paseado en ropa interior todo este tiempo con la ventana abierta… así que de mala gana se dirigió a cerrarla, no sin antes encontrarse con la mirada coqueta de un constructor de obra, quien no dejaba de guiñarle el ojo con galantería, al parecer llevaba un buen rato admirando todo su ritual desde el edificio de enfrente.

«¿Pero qué demo…?»

De esta forma se apresuró a cerrar la ventana, y avergonzada contempló el montículo de ropa acumulado por toda su habitación.

«¿Desde qué hora la había estado espiando aquel sujeto?»

Así que resignada, continuó arreglándose con la esperanza de estar presentable a la hora acordada.


Syaoran terminó de abrocharse su camisa predilecta de color verde. Llevaba un atuendo ligeramente formal que lo hacían lucir presentable y relajado al mismo tiempo.

Había planeado invitar a salir a Sakura casi de inmediato de haber esclarecidos sus sentimientos hacia ella, pero prefirió maquilar con cuidado una manera original para pedírselo; después de todo a las chicas les gustaba eso ¿no?, es por ello que decidió hacerlo mediante el lenguaje de acertijos que era una de las formas en la que solía divertirse con su propio padre cuando era pequeño…

Una vez que verificó la hora, como toque final pasó sus largos dedos entre su revoltosa cabellera color chocolate, y antes de dirigirse a su destino, tomó un sencillo ramo de flores de cerezos que había adquirido el día anterior.

Finalmente salió de su departamento y tocó el timbre de su vecina que durante el lapso de espera escuchó como una agitada voz le contestaba desde el otro lado de la puerta un "enseguida voy" acompañado de un estrepitoso sonido de algún objeto con el que seguramente había tropezado, aunque esto le provocó algo de diversión, su aliento cesó cuando la puerta por fin se abrió y reveló detrás de ella a la chica más linda que habían visto sus ojos.

No sabía mucho de modas femeninas, pero la forma en que iba arreglada acentuaba a la perfección su belleza natural, por lo que durante varios segundos se encontró así mismo admirándola en cada detalle. Una vez consciente de ello, Syaoran recordó la ofrenda que llevaba en sus manos, así que con timidez y sin mucha delicadeza se las entregó sin siquiera saludarla primero.

—Gracias por las flores… son muy lindas… la pondré en agua antes de marcharnos—anunció ella con una dulce voz.

—Como quieras—contestó él, mientras trataba de disimular su sonrojo.

Una vez que llegaron hasta el estacionamiento de su edificio, el científico le abrió con caballerosidad la puerta de su auto, a lo que la joven se introdujo suavemente en el asiento del copiloto acompañada de una ligera sonrisa entre sus labios.

—¡Vaya! te estas tomando tú papel muy en serio —se jactó ella.

—Búrlate todo lo que quieras, pero ambos sabemos que tampoco pudiste resistirte mucho tiempo a mí.

«Touché»

El prominente rubor que le provocó esto, se extendía por todo su rostro, pero lo que más le encantaba a Syaoran, era la facilidad con la que le nacía esa expresión infantil de inconformidad tan típica en ella, y es que no importaba lo mucho que le gustara Sakura Kinomoto, jamás se cansaría de molestarla ya que amaba profundamente a cada una de sus rabietas.

—No te sientas tan importante Dr. Li— a lo que él solo respondió con una engreída sonrisa—. Bueno y a todo esto ¿A dónde iremos?

—Prediciendo a tú pregunta, ¿puedes tomar la hoja que está justo en mi bolsillo derecho de mi camisa?

Así que mientras el mantenía sus manos al volante, la castaña siguió disciplinadamente a sus instrucciones. Una vez que desdobló el papel, leyó en voz alta una especie de itinerario en él.

Ir al cine (14:30)

Visitar la feria local (16:30)

Consumo de refrigerios (18:20)

La lista continuaba con numerosos detalles en los que se planteaba la hora y el lugar de forma muy concreta.

—Qué ordenado…—dejó escapar ella con ironía.

—Así que solo tenemos que seguir el protocolo.

—¿Sabes? No estamos en el laboratorio trabajando.

—¿A qué te refieres?

—Pues… parecería que es la primera vez que planeas una cita con alguien.

Y pese que la investigadora dijo aquello a manera de broma, le fue inevitable percatarse de como las orejas de su acompañante se teñían de un adorable color escarlata.

—Syaoran… no me digas que…

—Bueno, creo que hemos llegado.

Sin dejarla terminar la frase, la castaña denotó que efectivamente habían aparcado afuera de un cine con la hora exacta tal y como precisaba aquella lista, concluyó finalmente que Syaoran podía ser aterradoramente metódico, y es que una vez dentro, el joven entregó dos boletos que les permitieron introducirse sin escala hacia la sala.

—¿Para qué película compraste? —le susurró ella a la vez que se acomodaba en la butaca.

—Es una película de arte llamada la gran evasión, de todas las opciones era la mejor aclamada por la crítica, así que por eso no me moleste en preguntarte que función querías ver.

Era obvio que el científico no contaba con la experiencia suficiente en cuanto al trato delicado con mujeres… pero por lo menos parecía que lo intentaba, pensó la joven con resignación.

Una vez que dio inicio la película, durante los primeros minutos Sakura puso su mejor empeño por mostrar interés en aquella lenta y tediosa trama, sin embargo, no pudo evitar sentir como sus parpados pesaban en cada segundo una tonelada más.

Por otro lado, Syaoran estaba más que absorto en el filme, estudiaba cada complicada escena y meditaba al respecto de la misma, hasta que de la nada percibió como el rostro de su acompañante había quedado hundido en su hombro.

La chica estaba profundamente dormida, así que, haciendo un esfuerzo por no despertarla, intentó acomodarla con cuidado para que no presentara tortícolis al día siguiente, no obstante, no vio venir como ella en su estado soñoliento prefirió acurrucarse en su regazo.

Pese a que este acto lo tomó completamente desprevenido, con cierta timidez acarició de sus cabellos cual sí fuera una pequeña niña que duerme plácidamente. Y es que las cosas no marcharon mal hasta que después de unos minutos la castaña comenzó a deliberar guturales sonidos que incrementaron gracias a la acústica de la sala.

El ruido no se detuvo pese a las protestas de varios presentes que molestos pedían de una forma no muy cortes que acallaran los ronquidos. Pero, aunque Syaoran no podía negar la vergüenza por la que estaba pasando, no se inmuto en interrumpir su siesta. Así que con abucheos y reproches se limitó a ver la película de esa manera no muy convencional.

Finalmente, cuando aparecieron los créditos, Sakura abrió lentamente sus ojos con credulidad y una vez que fue consciente en cómo había caído dormida, miró con preocupación al dueño de aquel reconfortarte refugio en el que estaba acomodada.

Pero lejos de estar enfadado y sin pronunciar ninguna palabra, sacó un pañuelo de su bolsillo y comenzó a frotar con cuidado sobre la barbilla de ella quien solo le correspondía con una mirada desconcertada.

—Tienes residuos de saliva…—le explicó, bastante concentrado en su maniobra.

—L-lo siento…

—No importa, no te perdiste de mucho, la película era bastante mala en realidad.

—¿Syaoran?

—Dime.

—¿Por qué me miran molestos muchas personas?

….

Feria Local de Tokio: 16:30

—Que sea triple por favor.

—¿Qué sabor señorita?

—Fresa—contestó ella sin vacilar.

—¿Y usted caballero?

—Un cono sencillo de chocolate por favor.

Cuando el investigador recibió su respectivo postre, miró a través del rabillo del ojo como la chica que tenía a su lado parecía degustar de su helado con extremo deleite. Era una de las cosas que más le gustaban de ella, podía disfrutar como nadie de esas experiencias tan triviales que incluso tenía el poder de contagiar ese entusiasmo a los demás.

—¿Podemos subirnos ahí? —apuntó con su dedo índice Sakura, mientras interrumpía las cavilaciones del otro.

Syaoran observó con cuidado el punto de referencia, descubriendo una estrafalaria montaña rusa que no dejaba de removerse con violencia entre los diferentes pendientes.

— ¿Estás segura? Esa cosa no sé ve muy confiable…

—¡Vamos! Será divertido.

Y tomándolo sin pensar de la mano, lo arrastró rápidamente hasta llegar a la taquilla de boletos.

….

—No me siento bien…

—Sakura, esa cosa era una pesadilla…

—Lo sé—contestó con malestar.

—Cada segundo era un maldito tormento con solo escuchar el rechinido de la mala soldadura del asiento…

—Syaoran…

—Además el cinturón de seguridad era todo menos seguro—se quejó.

—Syaoran…

—No puedo creer que me hayas convencido de subi... —Sin embargo, su frase quedó entrecortada cuando al estómago de la chica le fue imposible retener un segundo más todo el conjunto de alimentos depositados en él.

Durante este incómodo proceso, Sakura reparó hasta el final como una parte de su contenido estomacal había terminado en su propia blusa y otra parte en los zapatos del castaño, que no dejó de sostenerle su cabeza en todo momento.

—E-estoy terriblemente apenada—dijo ella por fin, casi sin aliento. —creo que lo mejor será regresar a casa…

Sus propias ropas eran un desastre… esta era la segunda ocasión del día en que gracias a sus descuidos había arruinado todo. Producto de este amargo pensamiento, una lágrima amenazó en salir de sus ya cristalinas cuencas esmeraldas.

No obstante, antes de comenzar a sollozar, una cálida sensación embargo su cuerpo. Era Syaoran quien preocupado por verla en ese estado tan decaído se retiró su propia camisa para entregársela.

—Hey… fue un tonto accidente, aún quedan muchas cosas que hacer ¿sabes? —le hablaba suavemente mientras le ajustaba mejor la prenda en sus hombros— ¿Quieres que busquemos donde cambiarte?

—No es necesario—Con esta respuesta parcial, la chica se deshizo de su actual desastrosa prenda frente a él, por lo que agradeció llevar puesta una sencilla blusa con tirantes debajo, de esta forma terminó por abotonarse la camisa verde del científico, pero mientras terminaba la maniobra le fue inevitable ruborizarse al percatarse por primera vez del torneado abdomen de su acompañante.

«Con tanto trabajo en el laboratorio ¿A qué hora tiene tiempo de hacer ejercicio?»

Inmediatamente la joven agitó su cabeza de una lado a otro con el objetivo de deshacerse de esa reflexión tan boba, para después pensar con preocupación que no era especialmente conveniente para su salud que permaneciera descubierto de esa manera.

—De verdad creo que deberíamos de irnos… podrías enfermarte por mi causa Syaoran—dijo ella con culpabilidad.

—¿Por qué querría eso? sí la estoy pasando bien en compañía de cierta chica distraída y descuidada.

Y fue así que casi la joven desfallece a causa de la adorable sonrisa que le obsequió, era notorio que el investigador hacia su mejor esfuerzo por reconfortarla pese a su reducida experiencia por mostrar afecto, y es que, sin ser consciente, esos pequeños gestos la consolaban más que mil palabras.

—Aunque Sakura… hace un poco de frío, creo que será conveniente buscar sí venden camisas en los puestos ambulantes.

—¡La rueda de la fortuna fue más divertida! —gritó la chica con entusiasmo.

—Por lo menos no vomitaste esta vez…

Ignorando este último comentario, la castaña observó apenada hacia la única prenda que había podido conseguir para Syaoran en uno de los negocios de la feria. Trataba de una camisa muy ajustada (ya que la talla chica había sido la única medida en existencia) con una imagen de my little pony en el centro de la misma con una frase que citaba "girl power" … pero pese a que algunas personas lo veían con rareza, él trató de olvidar este hecho, comportándose con la mayor normalidad posible frente a ella.

—¿A que otro juego quieres subir? —preguntó cuanto notó como Sakura reflejaba una mirada de angustia hacia su ropa.

—Deja pensar…—posó un dedo en su barbilla, sin embargo, un gruñido en su estómago contestó por ella a lo que Syaoran no pudo evitar reprimir una risa.

—Debe ser porque devolviste todo lo que tenías en tú estomago… entonces ¿Qué quieres comer?

Con esta nueva pregunta, Sakura deliberó una alegre sonrisa, había recordado que en su bolso se encontraban unos deliciosos panqueques que había preparado la noche anterior para él. Así que sin perder tiempo, le ofreció ir de inmediato a degustarlos tranquilamente debajo de un árbol de cerezos aledaño.

—Sé que el chocolate es tú favorito. — Le entregó el panqué con timidez.

—Gracias… Sakura.

En ese instante el paladar de Syaoran no solo se regocijó ante el predominante sabor del chocolate semiamargo, sino que también saboreo ese cálido momento en el que los ojos jade de la chica lo miraban con ansiedad esperando una pronta respuesta con respecto a su opinión del panqué.

—Esta delicioso.

—¡¿En serio?! —se ilumino la mirada de la chica.

—Sí, ¿Qué le pusiste?

—Chocolate, obviamente —comenzó alegremente a enumerar con los dedos—harina, huevo, canela, una pizca de vainilla… ¡ah y un poco de nuez!

—Espera… ¿dijiste nuez? —contestó él sin poder ocultar su tono de alarma.

—Ajá y algo de azúcar refinada también.

—Sakura… ¿Cuánto pusiste de nuez? —quiso saber el otro con bastante seriedad.

—Como media taza por porción ¿Por qué?

—¡¿Tanto?!, es que…—comenzó a sentirse sofocado.

Sin embargo, le fue imposible expulsar nuevamente alguna palabra de su boca, ya que el investigador se encontró así mismo en un torbellino de sensaciones asfixiantes, sintió como su rostro comenzaba a inflamarse, al tiempo que experimentaba el escaso oxígeno que llegaba en sus pulmones.

—¿S-Syaoran? —murmuró la chica quien fue testigo del suceso con terror, quería reaccionar y hacer algo más, pero su cerebro había dejado de funcionar. Solo fue consciente de como unas gruesas lagrimas comenzaron a mojar su rostro sin reparo.

—¡Sakura! —se escuchó vociferar un conjunto de voces familiares.

Al girar su cabeza se encontró con la presencia de dos caras conocidas, que debido a la demanda enérgica por llegar hasta ahí corriendo, le hablaban sin aliento.

—Es una reacción anafiláctica… Xiao Lang es alérgico a las nueces—exclamó Meiling, quien no tardó en tomar a su primo por los hombros, al tiempo que Tomoyo sustituía su cámara de vídeo que llevaba en sus manos por su celular y con él comenzó a marcar el número de emergencia.

Mientras todo eso ocurría en un parpadeo, antes de que perdiera la consciencia, el cerebro de Syaoran grabó el rostro cubierto de lágrimas de Sakura. Quería decirle que no se preocupara, que todo saldría bien. Pero era muy tarde porque sus sentidos se desvanecieron junto con este deseo.


—¿En serio está bien? Porque de lo contrario, no entiendo porque es necesario que pase aquí toda la noche.

—Ya le expliqué como mil veces que ese es el protocolo del hospital—contestó el Dr. Kurogane al borde de la exasperación.

El fornido hombre quien fungía como médico general en turno, observó una vez más con irritación a la pequeña chica de cabello color miel que tenía en frente, pero pese a ésta hostil mirada, ella no parecía captar la indirecta de que lo dejara en paz.

Había creído que pasaría una noche tranquila con los enfermos que escaseaban ese día en urgencias, hasta que esta joven llegó junto con su escuadrón de amigas dementes, armando un alboroto para que atendieran a su novio o lo que fuera, el cual presentaba claros síntomas de intoxicación alérgica, pero a pesar de que se le subministró de forma inmediata el tratamiento pertinente y como era de esperarse el paciente respondió sin complicaciones, el problema radicaba en que la chica no dejaba de perseguirlo literalmente hasta en el sanitario para hacerle los mismos cuestionamientos.

—¿Puedo quedarme a cuidarlo toda la noche?

—Ya le dije que no, solo familiares.

—¿Y afuera de su habitación?

—Señorita Kinomoto… está invadiendo mi espacio personal—dijo el hombre que quería de una vez por todas que lo dejará a solas para poder hacer lo suyo en el mingitorio— Sí no se retira de aquí me verá obligado a llamar a seguridad…

—P-pero...

—¡Ku-ro-rín! No seas un pesado, ella solo está preocupada.

El dueño de aquella reprenda resultó ser de un hombre rubio de aspecto escuálido, que no solo estaba adornado con una bata de clínica, sino que poseía una excéntrica sonrisa que al parecer le servía para ejercer un extraño control en el otro médico quién solo le respondió con una mueca iracunda.

—Me presento, soy el químico de laboratorio Fai D. Floweight—saludó a la chica con una teatral reverencia, haciendo con esto que ella también se presentara. —espero que la falta de educación del primate de mi Kuropon (1) no te haya causado un mal rato…

—No importa… finalmente, ha sido todo mi culpa y es que me he comportado bastante tonta el día de hoy—se lamentó Sakura, sintiéndose realmente como la peor escoria con todo lo que había provocado en tan solo un día, esta vez sí que había batido récord en ser tan tonta…

—¡No es hora de estar triste! —exclamó el chico rubio mientras aplaudía— Usaré mis propias influencias para que puedas pasar la noche con tú Romeo.

—¡¿En serio?!

Así que mientras el otro joven le asentaba con esmero, Sakura se preguntó cómo lograría ayudarla, sin notar que mientras pensaba en eso, Fai le guiñaba el ojo al Dr. Kurogane quien solo giraba sus ojos en respuesta.

...

Cuando por fin se pudieron resolver las cosas gracias a la amabilidad de Fai, Sakura les anunció a sus dos amigas, las que se habían quedado en la sala de espera, que podría pasar la noche al cuidado de Syaoran sin inconvenientes.

—¿Segura que no necesitas ayuda? —le preguntó Meiling aún no muy convencida de dejarla sola.

—Sí quieres podemos relevarte en ratos…—ofreció Tomoyo.

—No se preocupen quiero hacerlo por mi cuenta, el médico me aseguró que él está completamente bien, solo estará en observación como parte del protocolo del hospital. Es una fortuna que ustedes me auxiliaron—suspiró y después de una breve pausa continuó con algo que no dejaba de darle vueltas en su cabeza cuando las cosas se tranquilizaron—por cierto chicas… ¿Qué hacían también en la feria?

En consecuencia a esa pregunta, sus dos amigas rieron nerviosas y sin responder concretamente a algo, ambas se excusaron alegando en que tenían asuntos pendientes que atender.

—Por favor avísanos sí necesitas de algo…—dijo brevemente Meiling sin dejar de sujetarle las manos.

—Te queremos Sakura—la abrazó su otra amiga, para después esfumarse por la salida del hospital junto con la prima de Li casi en automático.

…DÍAS DESPUÉS…

—¡Aquí están los dos tórtolos!

Con este sonido en coro, los dos jóvenes estudiantes se soltaron de inmediato de las manos avergonzados.

—Es que son tan adorables—continuó diciendo Naoko.

—Es divertido verlos sonrojar—añadió Rika.

—¡Hacen una linda pareja! —opinó con sinceridad Akiho.

Los chicos que hasta ahora se habían mantenido en silencio se levantaron del pasto. Era de conocimiento público que ahora tenían una relación, pero como especialmente a Chiharu le era complicado mostrar sus sentimientos, Yamazaki prefirió cambiar de tema con sus amigas para de esta forma no incomodarla más.

—¿Alguien ha hecho ya la tarea de la Dra. Kinomoto y el Dr. Li?

—Ni me digas—se preocupó Naoko— Son casi los finales de este periodo y ni siquiera la he empezado…

—Tenía varias dudas con respecto al cuestionario que nos dejaron—apuntó Rika

—Pues sí quieres resolverlas, ellos están caminando justo hacia la misma dirección a punto de estrellarse—dijo nuevamente la chica de gafas.

—¿Será prudente alertarlos?...

Pero todos decidieron contestarle a Akiho con un prolongado "Nooo" y acomodándose en sus respectivos lugares, el grupo estudiantil decidió ser parte una vez más del entretenimiento brindado por los dos investigadores.

"Sakura, no olvides que mañana es el cumpleaños de papá, así que nos vemos por allá"

Al leer este mensaje de texto, la joven no tardó en contestarle a su hermano con una simple respuesta afirmativa. Eso significaba que mañana tendría que partir temprano para pasar el fin de semana en Tomoeda. Menos mal que el camino era corto y no tendría que preocuparse por madrugar demasiado.

Mientras la chica caminaba y escribía con el celular en total distracción, una repentina colisión la devolvió al presente. Así que cuando alzo la mirada descubrió la barrera de un dorso masculino con el que había tropezado, sin embargo, al darse cuenta específicamente de quién trataba, su rostro se camufló de un rojo cereza.

—Sakura…

—S-Syaoran lo siento—dicho esto, se dio la media vuelta con nerviosismo, pero sus planes de escape se vieron frustrados cuando se vio presa entre el agarre de una de sus muñecas.

—Sakura… deja de evitarme, sé que yo lo hacía en el pasado… pero creí que ya habíamos superado esa etapa.

—Lo sé—suspiro—. Es solo que…

—No tienes por qué sentirte mal, además, admito que fue mi culpa por no comentarte antes de mi problema alérgico…

—No solo fue eso, es que soy tan torpe que…

Antes de pronunciar algo más, le tomó su mano con suavidad, dejándola con este simple contacto sin armas suficientes para contradecirlo.

—Los médicos dijeron que habías pasado toda la noche en mi habitación, con lo sedado que estaba no me di cuenta, así que también supongo que te marchaste poco antes de que despertara…

—E-es lo mínimo que podía hacer…—balbuceaba la chica debido al efecto que le otorgaba su estrecha cercanía.

Por lo que, oprimiendo ligeramente más su mano, observó directamente hacia esas profundas cuencas esmeraldas.

—Entonces volvamos a salir mañana…

—Me gustaría, pero…

—¿Pero?

—Tengo que ir a Tomoeda este fin de semana—contestó con un poco de desánimo. —Es el cumpleaños de papá…

—Ya veo—. Aunque realmente no deseaba esperar otra larga semana para pasar tiempo con ella, comprendía a la perfección la importancia de los asuntos familiares.

—P-pero sí no te molesta, podrías acompañarme... nos iríamos mañana temprano sí estás de acuerdo.

Cuando propuso aquello, la investigadora no creyó realmente que aceptaría, ya que pese a todo lo que habían pasado juntos, cierta parte de su interior seguía conservando la imagen de un hombre apático incapaz de soportar las reuniones familiares.

—No te quedes dormida. —anunció él después de unos cuantos segundos meditabundo, para después con una sonrisa enigmática caminar hasta alejarse de ahí.

«Syaoran comenzaba a ser la persona más impredecible que había conocido»


El viaje a Tomoeda había sido más relajado de lo que pensó, esto debido a los chistes sin gracia que hizo ella durante todo el trayecto (sus bromas eran tan malas que de hecho solo por eso le resultaron tan cómicas) y por otro lado también, había descansado al no ejercer como conductor en esta ocasión, así que cuando la chica apagó el motor de su auto, Syaoran no dejó de explorar con la mirada desde su ventana, la casa a la que habían llegado y es que ésta no distaba mucho de lo que siempre se había imaginado.

Era un lugar amplio sin llegar a lo ostentoso, pero especialmente lo que puntualizó, fue el ambiente hogareño que se destacaba a muy simple vista. El jardín estaba perfectamente podado y dentro del mismo se distribuían cientos de pequeñas figuras de duendecillos y ranas, además, una vez que llegaron a la entrada principal, en ella se decoraba una simpática leyenda que decía "Familia Kinomoto" con caricaturas en miniatura de todos los integrantes, sin embargo, entre todos había un personaje desconocido que llamó la atención del investigador, éste portaba gafas y parecía tener cabellos plateados.

—¿Es un pariente tuyo? —apuntó con intriga hacia el dibujo.

—Pues… algo así.

Pero a pesar de que tenía contemplado precisarle más, Sakura olvidó retomar la conversación cuando por fin de un arduo trabajo de búsqueda en su desordenada bolsa de mano, encontró la llave que les permitiría entrar.

—Mi papá debe de estar ya en casa esperándonos.

Y es que una vez dentro, el castaño se encontró así mismo concentrado en todos los artefactos que lo rodeaban, como si con esto, construyera el rompecabezas que le relevaría como es que ella había adquirido esa personalidad tan afectuosa.

En múltiples rincones de la pared reposaban incontables fotografías de la familia en diferentes ángulos y lugares. El joven se sorprendió al notar que incluso la madre de ella abundaba en muchas de esas imágenes. En su casa era todo lo contrario, Ierán reservaba las contadas fotos de su padre, casi exclusivamente en su habitación principal y pese a que nunca cuestiono el porqué, siempre especuló que esto era para no generar un ambiente nostálgico en su casa.

—Antes de que se enfermara, mi mamá era modelo—le reveló la chica, quien había notado como su acompañante no dejaba de ver con curiosidad hacia un portarretrato de una ilustración muy profesional de Nadeshiko.

—Ya veo.

—No parece que mi padre este por aquí—se percató de repente—¿Me acompañas a buscarlo en el patio trasero?

Así que cuando llegaron hasta ahí, ambos se encontraron con la presencia de un hombre que aparentaba 20 años menos de su edad real. El padre de la chica, muy concentrado en lo suyo, rebotaba energéticamente una pelota de baloncesto y esto continúo así hasta que el objeto fue lanzado hacia la canasta, donde anotó con una limpia jugada. Una vez mostrado el digno espectáculo deportivo, los explosivos aplausos de su hija hicieron que se percatara por primera vez de la presencia de ambos castaños.

—¡Veo que sigues entrenando papá!

—¡Vaya! En verdad es bastante hábil con el balón señor Kinomoto—comentó Syaoran con autentico asombro que, pese a que Fujitaka era muy generoso con él, no podía evitar sentirse un poco nervioso a su lado.

—Hola muchachos—decía el hombre maduro, a la vez que se inclinaba cortésmente en correspondencia con Li. —Una disculpa por no atenderlos personalmente en la puerta, creí que llegarían más tarde.

—No te preocupes, de hecho, esta vez llegue mucho antes gracias a la obsesionada puntualidad de Syaoran…—Con esto último, el recién nombrado tuvo un involuntario rubor por todo su rostro.

—Eso es bueno hija, deberías de aprender más de él.

—Lo intentare papá—rió la chica— por cierto, ¡Feliz cumpleaños!

Por lo que el padre de la chica correspondió al energético abrazo. En contraparte al otro castaño quien tímidamente solo le felicito de manera simple.

—Por cierto ¿sabes cuándo llegaran Touya y Yukito?

Con esto, su amable progenitor, revisó su reloj de pulso para comprobar la hora.

—Creo que tenían un poco de trabajo hoy, pero con suerte llegaran a tiempo para la cena—sonrió—. Así que sería bueno aprovechar el tiempo… joven Li ¿Qué tan bueno eres en el baloncesto?

—¿Eh?


En realidad, la chica no preciso el tiempo exacto en el que ambos hombres terminaron su partido, y es que francamente, tenía pensado no solamente visitar a su padre, sino además mostrarle un poco del pequeño pueblo de Tomoeda a Syaoran; pero a pesar de que esta intensión no pudo consolidarse por la invitación del juego, realmente no existía forma de que esto le afectara, sino todo lo contrario.

Sabía muy bien que, aunque su padre tuviera mucho trabajo en la universidad y que tanto ella como su hermano nunca dejaban de estar pendiente de su bienestar. La realidad es que también era una persona que pasaba gran parte del tiempo en soliario.

Por ende, ahora que veía que ambos hombres no solo habían generado gran afinidad, sino que aparentemente cubrían ciertas necesidades de compañía, le nació un sentimiento más que reconfortante. Principalmente en Syaoran de quien le resultaba evidente la ausencia paternal en su vida y esto resultó muy notorio cuando el chico, en alguno que otro intervalo del partido, fue a tomar agua en la cocina y pese al cansancio obtenido, tenía casi los segundos contados para retornar con entusiasmo al patio con Fujitaka.

—¿Sabes Sakura? Tú padre es una persona increíble, aunque al final no quedamos muy desiguales, honestamente es un gran oponente—le decía el chico cuando ambos se encontraban ya arreglando los preparativos para la cena.

—Lo sé ¿Quién crees que fue mi gran mentor en los deportes?, además estoy segura que le agradó pasar su "tiempo de hombres" contigo —sonrió con diversión— mi hermano es médico y trabaja tiempo completo en un hospital, así que te imaginaras que no siempre puede venir a frecuentarlo como quisiera…

—Quizás yo debería de venir más seguido a visitarlo… digo para continuar con la práctica, además el campo de arqueología es uno de mis favoritos, tú padre prometió enseñarme algunos libros—exclamó el científico con algo de ilusión.

—Seguramente eso le haría muy feliz. —contestó ella con calidez.

—Por cierto ¿Dónde está él?

—Oh, se está tomando una ducha, pero no debe de tardar… al igual que mi hermano y Yukito.

Con esta última expresión, y por la cara que desenvainó su compañero, la castaña recordó que aún le debía cierta explicación sobre el papel actual que representaba dicho joven en su familia.

—Hace tiempo, cuando mi hermano hacía sus estudios de preparatoria—comenzó—nos presentó inesperadamente a un chico de su clase, que con el tiempo se convirtió en su mejor amigo, de esta forma, sus visitas a mi casa también se volvieron cada vez más frecuentes. Después supimos que parte de esto se debía a que Yukito no tenía familia, así que no tardamos en encariñarnos con él y en cierta forma adoptarlo como parte de la nuestra… realmente le había generado mucho aprecio desde que lo conocí.

Aunque Syaoran la escuchaba con interés, no pudo evitar que llamara su atención como las mejillas de su acompañante se pigmentaban de un ligero color carmesí al término de su última frase.

—¿Qué fue eso?

—¿Qué fue qué?

—¿Por qué te sonrojaste? —preguntó con un poco de recelo.

—N-no lo hice.

—Claro que sí—insistió.

—Está bien te lo diré—y antes de continuar suspiró—pero no importa como comience la historia, eso es algo que ya pasó.

«¿Porque no le gustaba el inicio de esa advertencia?» pensó el chico.

Sin embargo, después del incidente con Mikya se había prometido que ya no actuaría como un ser irracional por culpa de los grandísimos y enormes celos del que a veces le poseían cuando se trataba de cierta chica de ojos esmeraldas. Y todo esto se lo recordaba cada vez que coincidía con el respectivo profesor de música en el instituto, quién pese que aún se encontraba en un aspecto deplorable debido a la molienda de golpes que le había propiciado, había aceptado humildemente sus disculpas. No cabía dudas en que en esa ocasión se había comportado de la manera más salvaje e incivilizadamente posible.

—Está bien, te escucho…—decía Syaoran mientras hacía su mejor esfuerzo por sonar sereno.

—Cuando conocí por primera vez a Yukito, yo era apenas una niña de 9 años y b-bueno…

—¿Y bueno? —alentó el otro para que continuara.

—Pues… fue mi primer gran amor platónico.

—Recuerdo que dijiste que nunca te habías enamorado… (2)—seguía tratando de sonar controlado.

—¡Que memoria!—rió—. Bueno es que era una niña, ahora no me lo tomo muy en serio.

—¿Y cuando terminó esa atracción? —quiso saber impaciente.

—No duró mucho tiempo, precisamente ocurrió cuando…

Pero antes de culminar, el sonido de la puerta se hizo presente al instante, apareciendo con ello el hermano mayor de ella en compañía del nombrado chico de gafas con apariencia tranquila y gentil.

—¿Ya está la comida monstruo? —dijo Touya, quien después de dar una mejor vista al panorama, reparó por primera vez en unos ojos marrones que le correspondían de la misma forma despectiva con la que lo miraba a él. —¿Qué hace éste mocoso aquí?

Así que, ignorando la pregunta, Sakura se abalanzó al chico de lentes para poder abrazarlo de una forma que incómodo bastante al castaño.

—¡Yukito!

Al investigador le resultaba más que extraño, que el neandertal de su hermano no se viera afectado por el grado efusividad que mostraba la chica frente a otra persona del género masculino. Así que, mostrando gran autocontrol, solo empuño sus nudillos y respiró profundo, con la esperanza de que su rostro no delatara su nivel de recelo.

—L-lo siento, creo que casi te asfixió—se disculpó la joven cuando notó como las pálidas facciones del hombre a quien abrazaba se tornaban casi púrpuras.

—No te preocupes—le sonrió con amabilidad a la vez de que se colocaba nuevamente sus anteojos removidos en su lugar—Por cierto, te traje un obsequio de la India.

—¡En serio!

No obstante, frente a ese comportamiento tan emotivo, la chica fue consciente por primera vez de lo irrespetuosa que había sido al ignorar la presencia de su otro gran invitado especial.

—L-lo siento Syaoran… he sido muy grosera al no presentarte anteriormente—se disculpó— Él es Yukito Tsukishiro, es piloto de avión y tiene algunos meses que no coincidíamos en vernos, es por eso mi reacción tan exagerada…

—Tú debes ser Li Syaoran del que tanto me ha platicado la pequeña Sakura, ¡todo un placer!

Y por alguna misteriosa razón, cuando el castaño lo tomó políticamente de la mano para saludarlo, este simple contacto le generó una extraña sensación de empatía y tranquilidad.

La velada había resultado más que exitosa para Sakura, quien no solo disfrutaba de la compañía usual de su familia, sino que esta vez la cena estaba variaba con la presencia de su peculiar científico cascarrabias.

Ambos eran conscientes de que no estaban retomando del todo su cita pendiente, pero todo marchaba tan bien que lo único que importaba era el ambiente acogedor que se palpitaba, así que con excepción de alguno que otro duelo de miradas con Touya, el castaño parecía sentirse encajar en ese pequeño entorno hogareño.

Además no solo se encontraba el pastel de cumpleaños de Fujitaka adornado en el centro de la mesa, sino que con él se desenvolvieron muchas anécdotas de cuando sus hijos eran pequeños. Entre ellos estaban muchas historias divertidas a la vez que vergonzosas en las que Sakura era la protagonista.

—¿Te acuerdas cuando creíste haber recibido una invitación para entrar al colegio de magia de Hogwarts (3)?" —decía Touya en una carcajada.

—Imbécil—le contestó la castaña con un puchero.

—Tengo una ligera idea de quién te escribió eso—ironizó Yukito.

—Y no solo eso Yuki...—Touya solo había esperado un pretexto para continuar relatando su hilarante broma — En la carta decía que para abordar el expreso de King's Cross, era necesario a travesar una barrera de ladrillos, pero como claro, ella era una niña mágica no habría ningún inconveniente con eso.

—De verdad que eres un zopenco—pero a este punto nadie la escuchaba, ya que hasta el científico estaba absorto en el relato.

—Entonces, la lleve a una estación antigua de trenes de Tomoeda… y cuando llegamos al muro de ladrillos de la entrada…

—sí, gracias a eso tengo una cicatriz en el brazo.

—Touya eso fue algo muy cruel—le reprendió el joven de gafas.

—¡Ella tenía ya 13 añ…! —pero su hermana lo acalló con un golpe en su espinilla del pie bajo la mesa.

—No me enteré hasta una semana después—terminaba de contar el padre de ambos—Por obvias razones Touya no me lo diría y Sakura me lo ocultó porque se avergonzó haber caído en la broma ya a esa edad… pero en realidad esa no es mi historia favorita… recuerdo un día…

Y así transcurrió gran parte de la velada, entre risas y remembranzas de los años más memorables de los dos hermanos. Por otro lado, resultó bastante revelador para Syaoran darse cuenta de lo mucho que añoraba de algo así. Y es que, desde la muerte de su papá, Ierán se había vuelto inclusive más fría, esto nunca le había generado conflicto ya que él estaba hecho de la misma madera, pero lo que sí infirió en ese momento fue de como quizás por eso Sakura siempre había llamado de alguna forma su atención, porque ella era igual de afectuosa como lo había sido su padre en vida.

De igual forma, Yukito también comenzó a charlar acerca de los detalles de sus últimas experiencias de vuelo. El castaño una vez más se sorprendió así mismo por quedar absorto en todas aquellas aventuras de viaje, aún le resultaba incomprensible como intercambió los celos que le género en aquella primera impresión por una gran empatía.

Pero el sujeto tenía algo en cuestión, alguna clase de simpatía natural que se transmitía con facilidad.

Después de la amena conversación, muchos de los presentes comenzaron instintivamente a bostezar, especialmente el chico trigueño y su acompañante quienes habían tenido un pesado día de trabajo.

—Muchachos no quiero sonar aguafiestas, pero son casi las 12 de la noche, es oportuno que todos nos vayamos a descansar ya—sugirió Fujitaka.

—Un momento—habló Touya, a la vez que nacía una corrosiva sensación que revolvía su estómago— ¡¿El mocoso se quedara a dormir aquí?!

Una vez que tanto su padre como el resto de la compañía comprendida por su hermana y Yukito lo regañaron por la forma tan irrespetuosa en la que se expresaba, el joven no tuvo más remedio que aceptar que ese sujeto se alojaría en el cuarto de invitados, no sin antes prometerse así mismo que no le dejaría las cosas tan fáciles…


Touya Kinomoto lo tenía más allá del límite del mal humor, no existía palabras exactas para describir lo mucho que lo detestaba en ese momento. Si no hubiera sido por las intervenciones constantes de Tsukishiro, sería muy probable que ya desde hace rato hubiera perdido el poco juicio que le quedaba.

«Tienes que guardar compostura» se recordaba que más que encontrarse en calidad de huésped, las atenciones de todos, especialmente las del señor Kinomoto, habían sido invaluables.

Y es que la razón por la que se encontraba tan alterado, era causada por la décima intromisión que le hacía el hermano de la investigadora en la habitación que se hospedaba. El hombre en cuestión hacia su entraba triunfal sin siquiera tocar a la puerta, acompañado de una actitud prepotente.

Llegaba de este modo como sí quisiera descubrirlo con su hermana… por ello, Yukito quien al parecer estaba confinado en el mismo dormitorio que Touya, al percatarse de lo sucedido tenía que hacer de intermediario para sacarlo de ahí pacíficamente, alegando por él para que ya lo dejara descansar con tranquilidad.

«Seguramente el sujeto, en parte estaría feliz de encontrarme con Sakura nuevamente en la misma alcoba ya que de este modo por fin encontraría una excusa para matarme» Con esto en su cabeza, se removió molesto del otro lado de la cama.

Pero antes de intentar volver a retomar su sueño, una vez más se escuchó como se abría su puerta, solo que esta vez de una forma menos abrupta.

—¿Qué tengo que hacer para que me dejes en paz? —espetó Syaoran ya fuera de sus casillas.

—¿Hoe?

Esa simple expresión infantil causó que el científico dedujera que esta vez no era la presencia del chico Kinomoto quien lo persuadía, sino que solo era la menor de la casa, que al parecer se deslizaba sigilosamente para llegar hasta él.

—Sakura ¿estás loca? Tú hermano parece que está patrullando esta habitación…—le reprendía en voz baja.

—Pero no conoces mis tácticas para engañarlo—le reveló con astucia.

Así que después de que él le mostró una desconcertada mirada, ella lo invito a levantarse del lecho, para después comenzar a abultar por debajo de las sabanas como toda una experta, dejando al final una voluptuosa forma que figuraba una persona durmiendo.

—Se ve que eres una experta en esto—ironizo él—P-pero ya en serio dime ¿qué pretendes?

—Ven conmigo, quiero enseñarte algo.

Después de decir eso, el joven se vio aprisionado entre los hermosos rasgos de la chica que se magnificaban gracias a la resplandeciente luz de luna. De esta forma, su silencio resultó el consentimiento requerido para tomarlo de la mano y de este modo dejarse guiar a ciegas por ella.

….

Sakura nunca dejaba de sorprenderlo. No podía ignorar como sus deslices, ocurrencias y su enorme empatía por todo formaban parte integral de lo que era ella. Sin esos elementos, su esencia quizás se disgregaría en algo diferente y es por eso que la quería tal y como era.

Pero aún no podía expresarse con palabras exactas como le hacía sentir, no era bueno para ello. Estaba seguro que lo haría quizás con el tiempo, cuando aprendiera a manejar el propio lenguaje de sus sentimientos.

Por el momento solo prefirió recostarse junto con ella, disfrutando por debajo del basto océano de estrellas adornadas entre los diferentes espacios del cielo nocturno.

La joven lo había arrastrado hasta su tejado, donde después le confesó que era el lugar especial de su madre y ella. Hasta ese momento le había compartido los recuerdos más preciados que tenía en el poco tiempo que convivió con Nadeshiko.

—Supongo que este sería el momento adecuado para impresionarte en mis conocimientos de astronomía—murmuró Syaoran accidentalmente en su cuello justo en el momento en el qué giró su cabeza.

—¿Y lo harás? —tragó saliva, ni siquiera la había tocado y el efecto que le provocaba ese simple acto era bastante tempestuoso para su sistema nervioso.

—No, no realmente… no es mi campo de especialidad. —luego de que dijo esto con indiferencia, volvió a sonreír con malicia—Pero seguramente le debe de funcionar bastante bien a Eriol con tú amiga.

—¿Tú crees?

—Que no te sorprenda sí te convierte en tía a mediados del próximo año.

—¡Oye! —exclamó, para después propiciarle un ligero golpe con su codo.

Pero después de que sus risas cesaron, el pulso de la joven comenzó a acelerarse cuando se centró en la sonrisa cautivadora del hombre que tenía en frente.

—Por cierto, perdón por no mencionarlo antes… pero el día en que mis sentimientos por Yukito se materializaron a algo mucho más fraternal fue cuando…

—¿Cuándo te confesó que estaba con tú hermano?

—¿Cómo lo supiste?

Syaoran realmente no deseaba explicárselo, ya que para eso tendría que confesar que en un momento de la cena, cuando se ataba las agujetas, observó accidentalmente por debajo de la mesa el instante preciso en el que Touya tomó cariñosamente la mano de Yukito.

—Pura intuición. —mintió.

—Es por eso que yo y mi padre le queremos como un miembro más… aunque veo que también te comienza a tener una alta estima.

Pese a que no le disgustaba para nada la idea, el castaño prefirió cambiar de tema para no centrarse en ese nuevo cariño paternal que él también estaba consolidando con Fujitaka.

—¿Y huías con frecuencia de tú habitación?

—A veces, cuando me escabullía a conciertos o fiestas con Tomoyo.

—¿Y cuál era la probabilidad de que te descubriera tú hermano?

—Pues…—mordió su labio inferior—¿quizás 8/10?

—Esa no es una cifra muy alentadora para nosotros…

Como sí el destino siempre confabulara contra ellos, un estrepitoso ruido hizo eco desde su habitación.

—¡¿SAKURA DÓNDE ESTÁS?! —se escuchaban los gritos de Touya desde la parte inferior de la casa.

—Ups, con suerte y solo ha revisado mi alcoba.

Con el claro objetivo de ir a tranquilizar los nervios de su hermano, la chica aceptó de inmediato la mano de apoyo que le brindó Syaoran, quien realmente no tuvo la intensión de ayudarla a levantarla, sino más bien, de burlarse de ella cuando la atrajo con un acentuado empujón entre sus brazos y una vez envuelta en ellos comenzó a explorar sus dulces labios sin permiso.

Ante esta circunstancia tan inesperada, la chica tardó unos segundos en procesar lo que pasaba, pero una vez guiada por sus más profundas emociones comenzó a corresponderle, al principio con timidez hasta evolucionar en un beso cada vez más hambriento en el que ella se aferraba a sus enjambres de cabellos color chocolate de la misma forma en él que lo hacía hacia su cintura.

—¡SAKURA! — seguían retumbando los ecos de Touya, acompañado de algunos ladridos de perros callejeros que comenzaban a estimularse con sus gritos.

Sabiendo que todo había valido la pena, Syaoran fue el que decidió culminar con todo, pero no sin antes revelar una irónica expresión.

—Tengo entendido que las citas oficiales terminan en un beso, lo que no sabía es que también finalizaría con tú hermano furioso justo enfrente de nosotros...

Notas del Autor:

(1) Referencias de Tsubasa Chronicle Reservoir

(2) Referencia del capítulo 8

(3) Referencia de Harry Potter

Hola a todos, espero haberles podido transmitir toda la diversión que tuve al escribir este nuevo capítulo. El siguiente será uno de mis favoritos, así que por favor no olviden alentarme con sus gentiles comentarios que son sumamente importantes para mí.

No los conozco, pero les quiero. ¡Nos vemos pronto!