N/A: Hola adsfadsf *vomita arcoíris* Disculpen xD
Bueno, les traigo el capítulo final de Mi adorable y limpia familia, espero que les guste.
MaBo lloró como nena mientras beteaba este cap, okno xD
Siempre lo recordaré, siempre, ese día… cuando estabas solo
Ese día cuando lloraste y me dijiste: "Tengo miedo, hermanita…"
Siempre lo recordaré…
Miraba al suelo apretando los puños y mordiéndose el labio inferior. ¿Por qué? ¿Por qué estaba pasando todo esto? Se levantó de la silla y caminó en círculos de manera desesperada, comenzaba a perder la poca paciencia que tenía.
—Senor Jaeger —la voz del médico lo sacó de sus pensamientos.
Detuvo su andar y se giró para encarar al hombre vestido de blanco.
—Mi hermana… —titubeó—. ¿Cómo está ella?
—Ya está estable —aseguró. Por un momento Eren por fin pudo respirar tranquilo, pero había algo en el semblante del doctor que no era del todo alentador.
—¿Pasa algo?
El hombre solo pudo acomodarse los lentes y suspirar.
—Pues —se aclaró la garganta—, la señorita Mikasa… —el medico dudó en decirlo, no le veía un buen estado emocional al joven. Sin embargo su trabajo le obligaba a ser sincero y directo—. La señorita ha sufrido una lesión parcial en la médula espinal, el golpe que recibió por el impacto del auto fue muy fuerte. En este momento tiene una paraplejía.
Paraplejia, uno de los tantos términos que había escuchado en el hospital mientras él estuvo internado. Lo había oído de las enfermeras, nadie se recuperaba de una paraplejia, estaba más que claro. Unas pequeñas lágrimas empezaron a caer por sus mejillas.
—Lo siento —dijo en un hilillo de voz—. Lo siento, Mikasa.
—Puede pasar a verla cuando quiera —dicho lo último el médico se apartó del lugar, lo mejor era darle un poco de tiempo al muchacho. Después de todo el diagnóstico era terrible.
—Mikasa, lo siento, lo siento tanto —se sujetó la cabeza y las lágrimas empezaron a caer aún más. El dolor era insoportable.
Mikasa, su hermana, la acosadora, la que lo llamaba por su nombre todo el tiempo, la niña que había compartido su infancia con él, su amiga, la única familia que tuvo cuando era universitario… Ella ya no podría correr tras de él, ya no podría simplemente perseguirlo. Quiso llorar aun más fuerte, pero ahora no era momento de ser débil. Tenía que levantarse e ir a verla. Ahora él sería quien cuide de ella.
—Cinco minutos —se dijo a sí mismo—. Solo lloraré cinco minutos —murmuró. A partir de ahora cuidaría a Mikasa, no importaba qué.
Pasados los cinco minutos que él mismo se había puesto como límite, se acercó a la puerta de la habitación y la abrió. Respiró lo más profundo que pudo, pues tenía que estar tranquilo, y dio unos pasos hacia la cama. Abrió los ojos sorprendido. Era la primera vez que la había visto tan frágil, tan débil.
—Eren —escuchó su nombre salir de los labios de su hermana y se aproximó rápido.
—Aquí estoy —dijo con una sonrisa sentándose en una silla al lado de la cama.
—¿Estás bien? —preguntó. Estaba preocupada; a pesar de que ella corrió al lado de Eren para empujarlo y evitar que Petra lo arrolle, nadie le aseguraba que tal vez Eren se haya fracturado alguna costilla.
—Claro que estoy bien, tonta —la regañó. Se cruzó de brazos y la miró de manera desaprobatoria—. Yo debería preguntarte eso. ¿Te duele algo?
—No, en realidad no siento nada de dolor —sonrió levemente—. Bueno, debe de ser parte de la paraplejia. Ahora siento que el apodo Mujer de Hierro me vendría bien —intentó hacer una broma.
—No eres nada graciosa —las lágrimas comenzaban a formarse de nuevo en sus ojos—. No lo eres…
Mikasa suspiró. No quería que Eren estuviera triste por lo que había pasado, ya tenía bastante con todo lo que había sufrido estos años.
—Eren —lo llamó y el castaño levantó la mirada—. Esto no es nada comparado a lo que tú pasaste, así que quiero verte tranquilo. Además, era obvio que haría cualquier cosa por ti, siempre te lo dije y lo seguiré haciendo —su rostro se suavizó—. Eres la única familia que tengo.
—Mikasa…
—¿Seguirás llorando?
—No —se limpió con las mangas de su camisa y sonrió—. Tú también eres parte de mi familia.
La pelinegra soltó una risita.
—Pero yo no soy adorable ni tampoco tan limpia como al enano de Levi le gustaría que fuera.
El castaño sacó su celular de su bolsillo y le tomó rápidamente una foto al rostro de Mikasa. Levantó el aparato enseñándosela.
—Esta carita es adorable —movió el celular de un lado a otro y le guiñó un ojo—. Y lo de limpia pues… Al menos te bañas todos los días, a Levi le basta con eso, supongo.
—Gracias, Eren.
—¿Por qué?
—Por volver a sonreírme de nuevo —mentía si decía que no poder mover gran parte de su cuerpo no le causaba frustración o temor, pero ahora con tan solo ver esa sonrisa bastaba para darle tranquilidad.
Eren le sacó la lengua divertido.
—Vas a pagarme un dólar por cada sonrisa que te dé.
—De acuerdo —rodó los ojos—. Entonces también pediré todo el dinero que te presté, señor Te-lo-pagaré-luego.
A él también le agradaba sentir que de nuevo había esa confianza en ellos dos. Le dio una palmadita en la cabeza y sonrió.
—Claro, claro.
Estaba molesto, furioso, todo el ambiente comenzaba a fastidiarlo. Se frotó la sien irritado y suspiró por enésima vez.
—Le repito por quinta vez que esa mujer está loca, prácticamente vive para acosar a mi familia —golpeó la mesa con un puño y miró al policía que tenía en frente, no podía comprender tanta incompetencia—. No estoy aquí para llenar papeles. Simplemente quiero que la metan a la cárcel y no la dejen salir nunca más. Hace dos horas arrolló a mi cuñada con su auto, ¿quiere más pruebas?
—Señor Levi, nosotros comprendemos su frustración, pero es necesario seguir el procedimiento adecuadamente —intentó explicar el policía. Tener en frente suyo a ese hombre con un aura asesina solo lo hacía ponerse más nervioso—. Trate de calmarse.
—No tengo tiempo para esto —se levantó de su asiento—. Mi abogado se encargará de todo el papeleo —después de haber dicho lo último se retiró de la comisaría a pasos apresurados para tomar un taxi. Le preocupaba mucho el estado de Mikasa y también el estado emocional de Eren. Aún no podía asimilarlo. Hace unas horas estaba tranquilo y con un humor que nadie podía alterar hasta que su teléfono sonó y escuchó la voz desesperada de Eren, quien le contó la terrible noticia. ¿Acaso Petra nunca los dejaría en paz?
Durante el recorrido al hospital no pudo evitar pensar en métodos para condenar a Petra a una vida tras los barrotes. Quería verla tras las rejas, era lo que menos que se merecía.
—Ya llegamos —anunció el taxista con una sonrisa. Sacó de su cartera el dinero y pagó. Apenas pisó el asfalto de la calle, corrió en dirección al hospital y preguntó por el cuarto de Mikasa. Las enfermeras le dirigieron una mirada de desconfianza, pero aun así accedieron a darle el número de la habitación.
Después de encontrar el lugar, abrió la puerta y caminó hacia Eren. Lo vio destrozado; a pesar de que Eren trataba de mantenerse firme, él podía percibir su tristeza y desolación. Lo abrazó y le besó la frente.
—Tranquilízate —le pidió.
—Estoy bien —Eren le respondió con una sonrisa algo decaída.
—¿Cómo está ella? —Levi preguntó dirigiendo su mirada a Mikasa.
—Mal —bajó la cabeza y cerró los ojos—. El doctor me dijo que está parapléjica —soltó tratando de aguantarse las ganas de llorar.
El azabache abrió los ojos desmesuradamente. A pesar de que Mikasa había actuado mal en su momento, no se merecía semejante castigo. Después de todo había sido engañada.
—¿No hay nada que se pueda hacer? ¿Tratamiento? Podemos llevarla a otro país si es necesario —Eren simplemente negó con la cabeza y abrazó a Levi—. Maldición —entrecerró los ojos. El destino volvía a ser cruel con ellos.
—¿Qué es lo que hacen ustedes dos? —ambos voltearon al escuchar la voz de Mikasa, la cual les sonreía.
—Hola —levantó la mano Levi acercándose a la cama—. ¿Cómo te sientes?
—No puedo sentir nada, pero aquí —señaló su corazón—, me siento de maravilla —respondió tranquilamente—. Debo de parecer una momia con todos los vendajes que tengo encima —bromeó.
—No es gracioso —el azabache le dedicó su típica mirada de gato estreñido. No se sentía bien escuchar de los labios de Mikasa que ya no podía sentir nada.
Mikasa se percató de los rostros demacrados de la pareja. Lo que menos quería era seguir preocupándolos.
—Vaya, ustedes dos —los señaló son sus dedos—, piensan igual, me dijeron lo mismo. Supongo que están destinados.
—Claro que sí —Levi le extendió una mano a Eren para que se acercara—. Nosotros dos no podemos vivir sin el otro.
—Estar sin él sería como morir —Eren desvió la mirada tratando de disimular su vergüenza.
—Me alegra. Seguramente ya es tarde para decir esto, pero estás aprobado, enano —Mikasa los observó y les regaló una sonrisa—. Quiero verlos siempre felices.
—Lo seremos —Eren contestó con entusiasmo. Su hermana por fin aceptaba de buena gana su compromiso con Levi, ahora sí podía decir que sentía completo.
—Eso espero.
Ellos serían felices, Eren sería feliz… Sí, se sentía bien con eso. No había nada mejor que una sonrisa sincera de Eren.
Caminaron por los pasillos de la prisión. Todo se encontraba sucio y había un horrible olor.
—Solo tienen cinco minutos —avisó el policía a los recién llegados, para después dirigirse al interior de la celda—. Tienes visita, muñequita.
Petra levantó la mirada y sonrió. Justamente a ellos quería verlos.
—Buenos días —saludó formalmente y actuando de manera refinada—. No los esperaba —se acercó a las rejas.
—Esto no es una visita —Levi la miró con desprecio—. Deberías limpiar este lugar.
—Esto es una cárcel, cariño —se pasó una mano por los cabellos—. No encontrarás adornos ni mucho menos un servicio de limpieza.
—No le hables, Levi —Eren lo sujetó del brazo—. Ella solo quiere provocarte.
—Eren —Petra lo miró fascinada—. Mírate, eres una belleza. Me alegra verte.
¿Cómo se atrevía siquiera a hablarle de esa manera? Tenía que ser sincero: sentía mucho rencor hacia esa mujer, ella había sido la causante de todo desde el principio. Por su culpa se había separado de Levi, por su culpa tuvo que sufrir tres años, por su culpa su hermana nunca más volvería a moverse.
— También me alegra verte, Petra. Aun estando en prisión mantienes el perfil de toda una dama, pero, ¿sabes? Este castillo es el que te sienta mejor.
—¿Ah? —no lo podía creer, el pequeño e indefenso Eren estaba siendo sarcástico—. Al fin me hablas claramente, Eren. Esto debíamos de resolverlo hace años.
—A eso he venido —era momento de zanjar ese capítulo de su vida. En realidad, Levi estuvo en contra de que él fuera a la prisión, pero esto era importante. Tenía que hablar con esa mujer.
—Eren —el azabache lo sujetó de la mano y entrelazó sus dedos, brindándole confianza con ese gesto—. No tienes por qué discutir con una mujer que claramente está enferma de la cabeza.
—No estamos discutiendo —sonrió—. Estamos conversando, no voy hacer nada malo. Además tú estas aquí conmigo.
—Eso es justamente lo que odio —interrumpió Petra. Ya no sonreía, había dejado de fingir. Se puso seria y en una postura rígida—. Odio verlos juntos.
—¿Por qué? —Eren la enfrentó.
—Tú me lo quitaste —apuntó con un dedo a Levi—. Yo debía de estar en tu lugar, me quitaste mi felicidad.
—¿Qué felicidad? Desde un principio Levi te dejó todo claro, nunca te mintió. Nosotros comenzamos nuestra relación una vez que él terminó contigo, no te quité nada.
—¡No es cierto! —gritó alterada—. Yo lo amaba, me esforcé mucho para conquistarlo. Estuve tras él durante muchos años y cuando lo conseguí, llegaste tú y solo te bastó unos días para quitármelo. ¿Se sintió bien, Eren? ¿Te sentías superior a mí? No lo soporto, fue como tirar todo mi esfuerzo a la basura. Ambos lo hicieron, me pisotearon —agachó la mirada, no quería lucir débil frente a ellos.
—Eso no era amor, Petra.
Comenzó a reírse burlonamente.
—No quiero escuchar eso de ti. Crees que lo sabes todo, Eren, pero no es así —levantó la vista y jugueteó con sus dedos volviendo a su papel de dama—. Eres un arrogante y justamente por eso te castigué. No me arrepiento, lo volvería a hacer una y otra vez.
—¡Cállate! —gritó furioso.
—Cálmate, Eren —Levi le apretó más fuerte la mano—. Respira.
—Eres un idiota, Eren —Petra le dirigió una sonrisa socarrona—. Cada vez que mires a Mikasa, te acordarás de que lo que pasó fue tu culpa. Por tu culpa ella ni siquiera puede mover un dedo. Todo es tu culpa, Eren, tú trajiste la desgracia para tus seres queridos.
El castaño relajó los hombros. Esa mujer no lo alteraría nunca más, no lo permitiría.
—Tus palabras no me afectan. Eres tú la que ahora está en este lugar y no vas a salir de aquí nunca. Ni siquiera tu amante te ayudará. No voy a decir que me das lástima ni que deseo que te arrepientas. No me importa lo que pase con tu vida, este es el final que te mereces —dicho lo último, respiró profundo y se giró. Eso fue todo, no la volvería a ver nunca más—. Vámonos —miró a Levi y este asintió con la cabeza.
—¡No vas a ser feliz, Eren! —Petra gritó desde su celda. Odiaba a Eren, siempre lo odiaría— !Te lo juro!
Levi paró en seco. Esa mujer estaba volviéndolo loco.
—Te equivocas, la que no va a ser feliz eres tú —habló sin siquiera voltear a mirarla. Eso fue suficiente para callarle la boca. No dijo nada más y salió con Eren a su lado. Su pasado ya había quedado zanjado.
Mikasa miraba todas las flores y también los globos que le habían traído. Se sentía dichosa, los niños habían estado visitándola casi diario. La mantenían contenta sobre todo cuando los dos gritaban a coro: ¡Tía Mikasa! Qué lindos, pensaba todo el tiempo. Estaba ansiosa por salir del hospital y poder estar junto a ellos. Su nuevo sobrino le había caído muy bien; físicamente se parecía mucho al enano, pero emocionalmente era lo opuesto.
—¿Estás lista? —Eren entró a la habitación con una sonrisa.
—Sí, he vivido dos meses en este hospital, ya quiero salir de aquí —nunca le habían gustado los hospitales, no le cabía en la cabeza cómo pudo aguantar tanto—. ¿A qué hora nos iremos?
—Dentro de poco —peinó los cabellos de Mikasa con sus dedos—. Levi está haciendo unos papeleos.
—Eso estoy esperando —estuvieron así unos minutos hasta que la pelinegra recordó algo pendiente que tenía con Eren. Era un tema serio—. ¿Lo hiciste, Eren? —preguntó.
—¿Eh, qué cosa? —se hizo el desentendido.
—Sabes de lo que hablo. La prueba… ¿la hiciste? —le clavó la mirada. Necesitaba saberlo, la curiosidad estaba matándola.
—Iba a ser una sorpresa, Mikasa —hizo un puchero—. Lo arruinaste.
—Lo siento —la joven soltó una risita—. Así que la familia crece.
—Sí —respondió contento.
—Ustedes no pueden estar tranquilos. No te conocía esa faceta Eren. Así que mi hermano resultó ser todo un per…
Eren se sobresaltó y antes de que su hermana dijese algo más, le tapó la boca con las manos. La charla estaba tornándose vergonzosa.
—Tampoco te conocía la faceta de hermana curiosa —resopló y después apartó su mano.
—Es una de mis tantas facetas que no conoces. Seré tía por tercera vez, no me extrañaría verme dentro de unos años llena de niños.
—Claro que no.
—Claro que sí. El enano no puede estar quieto.
—¡Mikasa! —gritó sonrojado.
—Ok, lo siento —volvió a reír. La familia crecía y con ello la felicidad también.
Miró hacia todos los lados buscando una salida. Tenía que huir, tenía que salir corriendo si era posible, ya no quería que esas señoras le siguieran probando esa ropa. Se bajó del asiento y corrió hacia la puerta, pero antes de que pudiera alcanzarla, alguien más la abrió.
—¿Chibi?
—¡Junior! —sus ojitos se cristalizaron y abrazó a su hermano.
—¿Qué pasó? —preguntó preocupado y correspondió al abrazo mientras le frotaba la cabeza a su pequeño hermanito.
—Es que esas señoas —empezó a sollozar—, me poen mucha ropa. Ya no quelo estar ahí.
Con que eso era. Sonrió divertido y apartó a Chibi de su abrazo, lo tomó de su manito y lo dirigió de nuevo a la silla.
—Esto es necesario. Mamá y papá van a casarse mañana, tenemos que estar vestidos de gala —explicó detalladamente mientras movía su dedito.
—¿Gala? —inclinó la cabeza—. No etiendo.
—Gala es vestirse con toda la ropa que te están probando —se cruzó de brazos con una mirada seria, típica pose de Levi.
—No quieo —negó con la cabeza y volvió a bajarse de las sillas. Odiaba eso, se sentía apretado y no podía caminar normalmente—. No quieo ser un robot.
Junior volvió a sujetar a Chibi y lo llevó hasta su asiento.
—Hazlo por mamá y papá, mañana es un día especial para ellos.
—Peo —infló sus cachetes y trató de convencer a Junior con su mirada.
—Hmm… —era difícil convencerlo de que se probara los trajes, así no quedaba de otra. Si Chibi usaba su carita de gatito abandonado, él también lo haría. Chocó su frente con la de su hermano y suspiró—. Hazlo, por favor.
—¿Eh? —sus mejillas se tiñeron de rojo. No era justo, Junior se estaba aprovechando de su cariño—. Malo.
Se alejó de la frente de su hermanito y sonrió.
—Tú también lo hiciste.
—Malo —repitió nuevamente haciendo un puchero.
—Oh, entonces… Ya que soy malo, debería irme —fingió tristeza y se giró, poco a poco conocía mejor a Chibi y sabía cómo persuadirlo.
—¡No! —corrió y se interpuso en el camino de Junior, moviendo sus manitos de un lado a otro—. No te vayas.
—¿Te probarás los trajes? —sonrió para sus adentros.
—¡Sí! —afirmó aun estando en su lugar—. Me pondé la gala.
—¿De verdad? —Chibi asintió enérgicamente.
Junior sonrió triunfante, cogió de la mano al otro y caminaron juntos nuevamente al asiento. El menor se sentó tranquilito sin quejarse y estuvieron en silencio durante unos minutos.
—Junior —el más pequeño llamó su atención.
—¿Hmm?
—Tú… ¿me queles? —jugó con sus deditos. Le parecía bonito cada vez que Junior se ponía rojo y decía que sí.
—Claro —respondió seguro sin sonrojarse—. Eres mi hermano.
—¿Eh? —se sorprendió por la respuesta y levantó la vista para ver a Junior.
—Somos hermanos —entrecerró los ojos—. Los hermanos se quieren —aclaró.
—Yo decía como mamá y papá.
—No —respondió serio—. Así no —calló abruptamente y alejándose de Chibi, corrió hacia la puerta.
Respiró profundo tratando de calmarse. Este debía de ser el mejor día de su vida, no podía arruinarlo. Su estómago crujió.
—Demonios… —murmuró para sí mismo. Los nervios comenzaban a traicionarlo, pero hoy nada iba impedir que se case con Levi.
—¿Estás bien, Eren? —Hanji, quien lo acompañaba en la limosina, lo miraba preocupada.
—Sí —sonrió cálidamente—. No pasa nada, estoy mejor que nunca.
—¿Seguro? —no le convenció mucho la respuesta.
—Nada puede arruinar esto —habló decididamente mirándola. Era su día especial, su boda, algo que sinceramente estaba esperando desde hace mucho tiempo.
La limosina se detuvo y se escucharon los murmullos entusiasmados de los presentes de "ya llegó el novio". El castaño sonrió enormemente y apretó sus puños.
—Llegó el momento —sentía cómo las manos le temblaban, malditos nervios que no lo dejaban tranquilo.
—Suerte —le dijo la castaña guiñándole un ojo antes de salir del auto.
—No la necesito —aseguró. Le abrieron la puerta y bajó decidido, era momento de su felicidad.
Se dirigió con pasos firmes hacia la entrada de la iglesia. Todo estaba perfectamente decorado con rosas blancas, su color favorito. Sus conocidos y compañeros de trabajo estaban presentes, observándolo con emoción en sus rostros mientras avanzaba hacia el altar. Pudo ver a Jean y a Armin entre la multitud, quienes también habían sido testigos de su sufrimiento y lo apoyaron en su momento. Estaba feliz de compartir ese momento de felicidad con todos ellos.
Después de caminar lo que le pareció una eternidad, finalmente llegó a su lugar, junto a él. Levi lo esperaba. Le tendió una mano y se sujetaron fuertemente, no se soltarían nunca.
—Eres hermoso —susurró el azabache para no interrumpir el discurso del padre.
—Claro que sí —Eren soltó una risita disimulada y también musitó—. Estoy dejando muchos corazones rotos por tu culpa.
—Oh —alzó una ceja divertido—. ¿Es así?
—Sí, pero no importa. Yo solo quiero estar contigo —apoyó su cabeza en el hombro de Levi—. Estoy muy feliz.
—Entonces, Eren —el padre comenzó con la parte importante de la boda—. ¿Aceptas a Levi como tu esposo y prometes serle fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, y, así, amarlo y respetarlo todos los días de tu vida?
—Por supuesto que sí —entrelazó sus dedos con los del mayor y los frotó con ternura—. Claro que sí acepto.
—Y usted, Levi —el padre procedió a repetir los votos, haciéndole la misma pregunta al azabache, quien miraba embelesado a Eren.
—Sí, ya esperé mucho tiempo por este mocoso.
—Entonces si no hay impedimento para esta boda… —el padre frunció el ceño—. Aún no he dicho que puede besar al novio —reclamó molesto, mas no le hicieron caso.
Estaban juntos, ahora ya oficialmente casados. Aún les faltaba un largo camino por recorrer, pero lo harían juntos y sobre todo, felices.
—Levi —habló bajito Eren separándose del beso.
—¿Qué pasa?
—La familia crece —señaló su vientre con una sonrisa.
Levi sonrió y lo jaló hacia él.
—Ya lo sabía —volvió a plantarle un beso mientras todos gritaban y vitoreaban a la pareja, que parecía estar en su propio mundo.
Se sentían completos. Ellos eran los pilares de su nuevo hogar, ya que…
Solo era el comienzo de mi adorable y limpia familia.
Fin.
N/A: Me quedo cursi, lo sé, pero era necesario :'D Sobre el final de Mikasa, seguramente ya muchas se lo imaginaban, era obvio que ella se sacrificaría por Eren :c
También quería aclarar que no odio a Petra. Solo la puse de mala, porque nadie la ponía así. Quería salir de lo tradicional… Además tampoco hay muchos personajes femeninos de donde escoger :'D (?)
Bueno, todavía no me despido, porque quedan los extras que prometí sobre Chibi y Junior. Ellos también tendrán su historia. Por cierto, también habrá un extra de Mikasa, ella no merece morir sola :c Nos vemos en el primer extra :DD
