Hola… si aun sigo viva y quisiera pedir disculpas (principalmente) por mi retraso de amm…. ¿Un mes?

Pero aquí estoy, dispuesta a continuar y no dejar de menos el ficc.

Antes de dejarlos con el capitulo 11, quisiera decirles que de aquí en adelante se verán como recuerdos, porque dejé un largo tiempo inconcluso y quiero atar los cabos, para cuando acabe el ficc, hacer un buen final.

Gracias por seguirme y por comentar…

Muchas gracias y disculpas.

Disfruten…


8 años después.

El futuro es un lugar incierto donde todo puede cambiar significativamente, es donde el pasado y el presente quedan olvidados para dar un comienzo de una nueva época a la cual se conoce como destino.

Absolutamente nadie sabe cuál es su destino, obviamente al igual que su fututo, pero muchos, lo planifican a la perfección. Crecer, ir a la escuela, después graduarse, enamorarse, tener hijos, ver a sus nietos y finalmente morir. Es un ciclo vital que en ocasiones nunca se rompe y es seguro que todo esto pase. ¿Por qué? Sencillamente por el hecho de que somos humanos y eso nos hace vulnerables a absolutamente todo lo que nos rodea.

¿Quién no se ha equivocado? ¿Quién no se ha enamorado de una persona que no le corresponde? ¿Quién no ha sufrido por amor? ¿Quién no se ha tropezado en su camino?

Lo que nos hace seres vivos, esenciales en la biodiversidad del planeta, es que siempre se nos da una segunda oportunidad para remendar nuestros errores, para aprender de nuestros fracasos, para vivir plenamente.

¿Acaso era tan difícil pedir eso?

Era la pregunta de toda la vida de Santana, muy larga he de decirlo. Ella siempre había deseado por tener una vida normal, una existencia plena y segura, sin embargo, en las vueltas que da la vida las cosas cambian inesperadamente dejándote en las mínimas posibilidades de hacer algo. El pasado de Santana no fue nada bueno, inclusive se podría decir que fue la peor tortura que pudo tener en la vida, tortura que duro varias horas y que termino para marcarla durante toda su vida.

A compás del suave viento de primavera un nítido cabello castaño claro y ondulado en las puntas que golpeaba en la espalda de una persona con rapidez, sus movimientos eran rápidos, sencillos, únicos, pero aun así no descartaba la posibilidad de poder moverse como una persona ordinaria.

-Beth, más rápido.-animó la pequeña castaña haciendo un mohín con sus labios observando la posición lastimosa y divertida en que se encontraba su acompañante.

-No… Pue...Puedo.-Resopló dejándose caer de rosillas en el suelo ensuciando su perfecto vestido blanco un poco pomposo para su estilo, pero le quedaba perfecto. Lucia únicamente hermosa. Su cabello rubio se esparció por toda su cara ocultando sus perfectos ojos verdes, y sus labios delicados enmarcados con una mueca de cansancio.- ¿Podemos descansar?

-¿Descansar?-repuso con fastidio observando con desdén a la pequeña rubia- Aun faltan 25 minutos para llegar a casa caminando, de seguro mamá va a matarme.

-Van a matarnos.-susurró Beth para sí misma, cosa que no paso desapercibida por la castaña.- ¿Tú crees? -repuso levantándose de tierra firme y sacudiéndose restos de tierra que se habían adherido a su vestido blanco.

-No, no lo creo. Son las 11:30 y sabes que mamá nos quiere en casa a las 11:15.-balanceó su pequeño cuerpo en forma singular para pasar su mano por su cabello castaño.

-No es mucho tiempo, podemos decirles que nos perdimos en el bosque.-Si algo que Liliana podía hacer y tenía la capacidad, era mentir muy bien, claro que solo era descubierta por sus madres. Así que eso era una nefasta idea, tomando en cuenta que era Beth la que ideaba ese pequeño plan.

-No es mala idea, pero conocemos perfectamente el bosque y tú… –apuntó al pecho de la rubia.-…y yo…-se señaló ella misma remarcando sus palabras.-… y ellas…- señaló el punto donde debería estar su casa.- lo saben.

-No es fácil correr como tú lo haces.- refuñó echando su cabeza hacia atrás con cansancio.

-Podemos hacer algo.- inquirió curiosa con una sonrisa maléfica a centímetros de sus rostro. Y antes de que la rubia pudiese pronunciar algo, la pequeña castaña tomó sus brazos y sus piernas para colocarlas sobre su espalda y correr a toda velocidad mientras escuchaba un estruendoso grito en su oído.

-No grites, nos van a escuchar.- repuso al momento que su delicado sentido de audición palpitaba como de un corazón salvaje se tratara.

-Como no quieres que lo haga, solo veo rayitas y no es bonito.-concluyó escondiendo su rostro asustado en la espalda de la pequeña castaña.

-Confía en mí.

Sin duda Liliana Pierce-López era una niña con muchas aptitudes y extraños dones. Desde su nacimiento creyeron que sería igual que Santana y Jonathan, pero la sorpresa de todos fue cuando nació una pequeña indefensa con ojos hermosos y piel delicada llorando por alimento. Nadie sabe como sucedió esto, sin embargo el destino es incierto y solo nos da lo mejor de la vida.

Los piel de Lily se movían con rapidez, cada vez más buscando contacto o más bien tratando de soportar una incomodo peso extra en su espalda. Lo hacía muy bien, demasiado bien para su edad, era una persona nata.

-Vez, todo está bien.- dijo con suavidad al detenerse y ayudar a Beth a respirar con normalidad.

-¿Tu madre sabe que puedes hacer eso?- Preguntó con curiosidad acomodándose su vestido.

-No.

-¿Piensas decirle?-insistió observando como la castaña se alejaba de ella con signo el de enfado plasmado en su rostro. Era tan parecida a Santana en su actitud y hacia lo mismo que su madre cuando quería huir de situaciones que lo le agradaban, ladeaba su cabeza en señal de fastidio e ignoraba a todo lo que le hablaba.

-No lose. Tío Jhon me dijo que bajara la guardia frente a mamá.-contestó tajante y suplicó a todos los cielos que Beth dejara de hablar de ese tema, no le gustaba para nada.

-Pero… ¿con tía Brittany?

-Con mami es más sencillo, sin embargo me observa y me conoce muy bien, asusta.

-No deberías decirles…

-Cambia de tema ya.-sus ojos la miraron con furia contenida y su voz suave y delicada se convirtió en una áspera e insoluble. La rubia guardo silencio, pues sabía que estaba jugando con fuego y no quería quemarse.

-¡Elizabeth Fabray a la casa!

-Mama…-Beth solo rodó los ojos haciendo pucheros y mirando a su madre con piedad. Sabía que este momento no estaría muy lejos.

-Además que les dijimos que no salieran, llegas toda sucia.-regaño la ojiverde dándole miradas de desaprobación por el estado de su hija- ¿Dónde estaban?-continuó sin quitar sus ojos verdes de Lily.

-Por ahí.-contestó disimulando muy bien el tierno rostro confundido de Brittany.

-Niñas no es seguro.-espetó con inseguridad abrasando a su pequeña mientras que Beth respondía el abraso con menos fuerza, no porque no quisiera, o por estar enojada, si no porque toda la fuerza de Quinn estaba siendo utilizada en ese abraso.

-Tía estábamos en un claro...

-No me mientas Liliana, sabemos que cuando entran ahí.- dirigió su vista al bosque- No salen hasta que Santana o yo vamos a sacarlas de ese lugar. No es bueno que dos niñas estén solas, por favor se los repito. Si quieren ir díganle a alguien y las acompañamos.

-Sí, mama.

-Beth a cambiarte.

-Liliana que te dije sobre el bosque.-La mirada seria de su madre la hizo recapacitar y darse cuenta de todos sus errores. En primer lugar, si entraban ahí y algo malo les pasaba, era obvio que ella podía defenderse a ella misma y a Beth, pero luego que diría cuando llegaran a su casa sanas y salvas. En segundo lugar, Santana podía visualizar bien todos sus movimientos y tenia que se discreta. Muy discreta.

-Es es malo y que no debó entrar ahí sola.- repitió enfadada las palabras que solía usar Santana contra ella, acercándose a su madre con paso calmado.

-Es por su seguridad.-insistió la holandesa hincándose para poder ver a su pequeña con mayor comodidad, Liliana al tener 8 años de edad, no era tan alta como se esperaba, más que Beth si, pero no que los demás adultos.

-Lose, solo estábamos jugando.

-¿No es suficiente el kilometro de pasto para jugar?

-No, no lo es.

-Algo te pasa.- inquirió segura alejando la mirada de su madre. ¡Maldición! Se reprendió en su mente, Brittany la conocía perfectamente bien para saber todas las antimaras y secretos que tenía su hija. Siempre que quería ahuyentar algo, evadía su mirada al igual que Santana, porque ahí ambas daban a doblegar su orgullo.

-Me siento cansada, ¿puedo ir a dormir?- se rindió pidiendo piedad con sus ojos a su madre. Brittany observó aquella preciosa niña, de piel suave y pálida, de una estatura no muy aprobada, con su cabello castaño sedoso y largo cayendo por sus hombros mientras que el travieso flequillo arremetía contra su rostro, vio que los hoyuelos que invadían sus mejillas cuando mostraba su tímida sonrisa, como sus labios, eran una replica que los de Santana y por último se perdió en sus ojos. Nunca pudo predecir la galaxia infinita que habitaba en ellos, era un color inusual. Jonathan dijo que no podía explicarlo con palabras, como ella había tenido rasgos tan detallados de ambas, pero explico que en sus ojos se encontraba el alma de sus madres, ahí albergaba la combinación perfecta entre colores creando aquella perfecta mezcla. Un azul celeste y un color marrón obscuro eran aquella la mezcla perfecta

-Ven aquí.- la tomó en sus brazos apoyándose en su esbelta cintura para luego levantarla con lentitud, mientras sentía como su hija sonreía en su cuello dejando un nítido beso en la zona.

Era imposible despegar sus ojos áureos de la cabellera castaña y la rubia que se ondeaban al compás del viento, era toda una gloria observar aquellas dos mujeres tan perfectas en su vida.

-Aun sigues pensando.-la melodiosa voz masculina la hiso regresar a la realidad, pero sin embargo no dejó de observarlas.

-Sí.-musitó haciendo aparecer su tierna sonrisa. John rio a lo fuerte al ver a Santana así, la adoraba como persona y nunca creyó que esa niña morena de actitud fuerte y a la vez tímida pudiera renacer de las cenizas de su pasado.

-No puedes dejar de verlas ¿no es así?

-Son hermosas, ambas.- admitió con voz aterciopelada recargando todo su peso en el pequeño barandal de metal en el balcón de una improvisada sala de estudio.

-Lose, y eso que no querías reconocer a Lily como hija tuya, es un retrato vivo de ti.- Los ojos de Jonathan miraban asombrados de nuevo a su hermana, a su verdadera hermana, la tranquila, apacible, divertida y en algunos casos un tanto molesta, pero al fin y al cabo había algo que los mantenía unidos, el amor.

-Mi pequeño Elfo –soltó una ligera carcajada. Así solía llamar a Liliana, no sabía el por qué, pero le recordaba a ella de pequeña. Nunca fue alta y lo supo hasta que poco a poco fue creciendo, sin embargo al mencionar este sobrenombre una idea llana de Rachel aparecía en su cabeza. "Estará mejor, Quinn hizo lo correcto"-¿Crees que hice lo correcto?

-¿Tú qué piensas?-contraatacó intentando saber qué demonios ocurría en la cabeza de Santana.

-No lose. Brittany…. No lo sé. Me aterra pensar en convertirla en alguien como yo.

-¿Aun tienes miedo?-Preguntó observando el cambio repentino de actitud de la vampira. Él entendió de lo que ella hablaba cuando su tez cambio, sabía que lo dolía recordar, pero después de todo era pasado, un muy amargo pasado.

-Sí.

-Déjalo ir.

-Quisiera, en verdad quisiera.-susurró con esperanza, una que sabía que estaba cerca de ella.

Las notas del piano finalizaron junto con una agradable voz que susurraba una de las últimas notas de una suave canción. Inmediatamente el ambiente en penumbras iluminado por unas cuantas lámparas de gas, estalló en aplausos para joven y hermosa chica ubicada en la tarima sentada sobre un banco alto de madera.

Santana sonrió como agradecimiento y sin decir nada más, bajo por unas pequeñas escaleras hasta encontrarse con un hombre de una sonrisa encantadora.- Estuviste estupenda, como siempre.- susurró a su oído al momento que la abrasó para levantarla unos centímetros del suelo.

-Gracias papá.-contestó con el mismo entusiasmo recuperándose del repentino abrazo.

-No es para tanto Santana, eres espectacular. Ten paciencia empezaras por aquí, pero pronto, llegaras a convertirte en algo grandioso.-Santana asintió con una gran sonrisa.- no seas tímida hija, por favor.

Santana López, una chica de 15 años de edad, tímida para muchos, era lo principal que se podía observar en su persona, una joven cohibida y un poco asustada de la gente. Pero cuando cantaba o realizaba otra actividad se veía su verdadero ser. Contaba con un alma luchadora y facciones delicadas.

-Podemos irnos, me siento un poco cansada.- suplicó cuando observó que dos chicos entraban creyéndose los reyes de todo. Simplemente no le gustaba estar acompañada de nadie que no conociera, y sentía como aquellos jóvenes podían desnudarla con la mirada.

-Claro princesa, iré por tu abrigo.- la morena asintió fruitivamente y se dedico a permanecer del lado del bar de Jazz donde se dedicaba a estar la mayoría de gente de categoría que había en New York. Espero con paciencia hasta que sintió como la tocaban su hombro desnudo, a causa del vestido rojo de gala que llevaba para la ocasión.

-Estas hermosa hoy, como siempre.-susurraron a sus espaldas causando un respingo que paso a desapercibido para muchos, pero no para el padre de la latina que al llegar al lugar donde se encontraba su hija, dedico una mirada de ira y de rudeza, para tomar delicadamente la mano de Santana y apartarla bruscamente de aquel sujeto que solo sonrió con victoria observando cada paso que daban los dos morenos.

-¿Estás bien?-preguntó el señor López tratando de controlar la ira en su voz, era Santana de quien se trataba, de su niña.- ¿Te molesto el estúpido? Sabes que puedo regresar y patear algunos traseros, aun estoy joven.

-Papá no paso nada.- el abrigo cubrió delicadamente los hombros de Santana.- Se eres joven. No dudaré de eso padre.

-Eres mi niña.

-No soy una niña.

-Tienes 15 años, por eso eres mi niña.-Los ojos castaño del hombre miraron a Santana con adoración. Admirando el pequeño cuerpo de su hija, no iba a decir que Santana no era toda una mujer, porque no lo era. Apenas contaba con su cintura marcada y un busto no tan abultado como lo deseaba, sus facciones de niña aun atacaban su rostro, sin embargo su belleza era indudable.

-Lo sé.-ambos caminaron hacia la entrada donde un carruaje los esperaba a mitad de la calle, donde los faroles eran iluminados por lámparas de gas.

El tiempo fue enemigo de Santana en todo momento, siempre supuso que lo sería.

En menos de un parpadeo se vio a ella sola, sola y absorta de todo mundo, observando cómo tomaban a su padre de los hombros y varios hombres empezaban a golpearlo sin piedad.

Trató de moverse, pero inmediatamente unas rudas manos se lo impidieron.

-Estas acabada preciosura.

Desde esa frase, su vida cambio por completo. Nunca lo pensó, nunca pasó por su mínimo la idea de que esto le estaba pasando a ella. Trató de defenderse moviendo sus manos y piernas con rapidez y rudeza, pero aquellos hombres se aferraban a sus hombros aplicando fuerza sobre ellos para debilitarla aun más.

Al no tener a donde correr ni a donde huir, ni las fuerzas suficientes para escapar de ellos, se dejó hacer, solo asintió con rabia y cerró los ojos entregándose a su cruel destino.

Las lágrimas desbordaban de sus mejillas mientras sentía como su cuerpo estaba siendo usurpado por manos ajenas, manos que no tenían sentido carente de lo que hacían. Gimió de dolor al momento que sintió su cuerpo desnudo estamparse contra el suelo.

Los hombres no parecían tener control, abusar de una pequeña niña no tenia perdón de nadie, y aun así proseguían la dolorosa acción que de seguro dejaría a Santana con muy ácidos recuerdos.

-Suel…tenme.-rogó con pena en su voz mientras sentía como sus agresores se desnudaban frente a ella para comenzar a tocar con más necesidad y brusquedad a la morena. Sus oídos se hicieron sordos ante las palabras de Santana y sin más continuaron su labor de la manera más placentera que pudiera ofrecerles el cuerpo de la mujer.

-Con que virgen, mejor aun.-susurró uno de los hombres mordiendo con fiereza el cuello de Santana al momento que hacia lo mismo por sus senos y abdomen.

Un gritó salió de la boca de Santana al sentir dos dolores agudos, uno arremetiendo sobre su intimidad y otro que se posaba ardientemente en su mejilla.

No tenía escapatoria.

¿Cómo era posible que la vida de una persona cambiara en tan poco tiempo? ¿Por qué a Santana? ¿Por qué a ella?

No sabía absolutamente que tenía la vida contra ella.

Su cuerpo desnudo y cubierto de sangre descansaba en posición fetal en un callejón obscuro de New York. No podía moverse, y si trataba de hacerlo sentía como todos sus huesos estuvieren rotos ¿lo estaban? Después de que abusaron de ella, los tipos, le propiciaron una paliza que creyó no sobrevivir. Y sin embargo ahí estaba, sufriendo a dolores, llorando en silencio, sintiéndose sucia, usada, sin vida. ¿Qué pensaría la gente de ella? ¿Acaso alguien vendría ayudarla?

Sus preguntas era las que cualquier persona que desde su perspectiva se preguntaría, pero Santana mucho tiempo después se arrepintió. Deseó haber muerto en aquel callejón, húmedo, y obscuro que seguir viviendo.

Algo que no percibió, fue que desde lejos una figura robusta presenció todo en silencio, esperando con paciencia hasta que los hombres se marcharan para acercarse paso a paso a Santana.

Los zapatos finos del chico resonaban en la humedad y pestilencia del suelo que pisaba, sin embargo Santana no escuchaba nada, no sentía, no pensaba. Dave observó detenidamente a la señorita absolutamente desnuda, comenzando desde su cabello hasta la punta de sus pies, se observaba a simple vista de la sangre mermaba con abundancia desde uno de sus costados mientras se deslizaba hasta el barro del suelo. Dolorosamente apartó su vista de ella y se dedicó a mirar con inteligencia el final de aquel callejón donde la obscuridad le brindaba una seguridad única. Se arrodillo frente a ella, principalmente observando sus ojos negros empapados de lágrimas, procedió a palpar lentamente su cuello y sin más arremetió su mordida en él.

Santana no sabía si ser golpeada y violada era peor o al dolor que estaba sintiendo en estos momentos. Al momento que pudo observar una sombra hacia ella supuso que toda su vida estaba en un tacho de basura. ¿Y no era así?

Ahora su garganta ardía con intensidad al igual que todo su cuerpo mientras los espasmos y temblores se hicieron presentes desde un comienzo. Sentía como si se estuviera consumiendo tortuosamente en el fuego, como si se quemara y su piel se fuese consumiendo. Su cuerpo temblaba con ferocidad mientras unas toscas manos aseguraban la figura de la chica tratando de detenerla puesto que su cuerpo no tenía control de sí. Debería estar sufriendo.

Después de esos minutos la vida de Santana dio un giro de 180 grados. Fue hasta que ya no sintió el ardor recorrerle cada poro de su piel, se levanto de un brinco observando a Dave con temor.

-Acompáñame.- dijo decidido el castaño pasando su abrigo por los hombros de Santana e intentándola calmar con su mirada cobriza. Pero algo logró atemorizarla, la sangre que se acumulaba en sus dientes y labios era demasiada para su tolerancia, sin embargo algo curioso sucedió, al oler aquel líquido rojizo su garganta empezó a rasparle y sus manos comenzaron a temblar.

Quien lo diría, deseaba su propia sangre. No hizo nada más que seguir a aquel corpulento chico que creyó que le daría el mayor de sus problemas en su vida, y si que lo hizo.

No caminaron mucho, alrededor de 2 minutos bajo algunas avenidas se encontraba una casa pequeña, ambos entraron en ella sin hacer mucho ruido y una elegante morada recibió a Santana.

La madera de la habitación era perfecta, reluciente, la alfombra roja que adornaba su camino era un más perfecta, la hizo sentir bien. Los muebles aterciopelados de un reclinatorio estaban perfectamente ubicados, todo era perfecto, hasta su visión. Se dio cuenta que podía ver aquellas pequeñas partículas que de algún modo se sostenían como plumas delicadas en el aire.

Dave tomó una vela que descansaba en una repisa en la parte superior de la pared y se acercó a Santana que miraba con concentración absolutamente todo.

-Acércate.- pidió con voz amable para percibir como la joven chica se acercaba con lentitud.

Santana no estaba muy convencida de que demonios hacía ahí, pero accedió y ser acercó hasta él. Cuando el castaño de ojos rojos hizo que se colocara a espaldas del espejo y la dejó desnuda frente a su vista. La cabeza de Santana trabaja a mil por hora pensando que hacer para salir de ahí, empezó a alarmarse y su primer pensamiento le dijo que tenía que alejarse de él.

-Obsérvate.- la latina volteó poco a poco para encontrarse con una persona que no era ella.

Principalmente vio sus ojos castaños reluciendo un obscuro color a lo largo de iris. Abrió su boca recorriendo lentamente su mirada por el espejo de cuerpo completo. Su cuerpo ya no era el mismo, eso lo pudo comprobar por que su estatura no era la misma, había cambiado por unos 10 centímetros y hacían mucho la diferencia. Su piel canela ahora era pálida, muy pálida y totalmente refinada, parecía porcelana. Ya no era una niña. Sus suave tez se trasformó en una más delineado y firme. Su cabello negro que antes era lacio, se ondulo un poco dándole un relieve de estar elegantemente peinado. Sus pechos no eran del tamaño que ella solía recordar, al igual que su abdomen marcado y sus piernas largas totalmente firmes. Absolutamente todo había cambiado.

-¿Recuerdas lo que paso?-inquirió Dave caminando alrededor de la latina que solo se miraba en silencio. Santana al escuchar las palabras del chico se tensó.

Claro que recordaba lo que había pasado y ahora con más definición y más detallado, cada mínima parte estaba granada en su mente reproduciéndose una y otra vez en su cabeza sin parar. Habían abusado de ella de una manera muy cruel, y por extraño que pareciera no sentía tristeza, ni ganas de salir corriendo y largarse a llorar como lo hacía antes. Ahora una completa ola de ira y rabia le recorría el cuerpo al recordar todo.

Una sonrisa se posó en el fino rostro de Dave. Sabía lo que estaría por venir y eso le encantaba más que nada.

-Podría decirte como mataron a tu padre o como te violaron brutalmente, enserio casi me tentaron a poder matarlos.

Las palabras, su padre, las imágenes, abordaban su mente, era como una película repetitiva en su cabeza. No sentía cansancio, ni sed, ni sueño, pero si unas enormes ganas de venganza le recorría el cuerpo.

-Se donde los puedes encontrar.- su cabeza se ladeó con rapidez e intensidad buscando respuestas.

-Quiero venganza.- una parte muy interna se asusto de escucharse a sí misma, pronunciando esas palabras. Sita la biblia "no mataras" "no robaras" "no levantaras falsos" "no cometerás actos impuros" Todo eso se fue al carajo en el momento que abusaron de ella.

Esa noche corrió sangre como nunca antes se hubiese visto.

Esa noche murió una Santana, para darle el paso a otra nueva criatura.

Esa noche empezó todo su martirio.

Esa noche su deseo felino de venganza emano de ella como nunca antes.

Desde esa noche, todas sus pesadillas se volvieron realidad.

...

-Cuando llegue la hora yo misma la convertiré.- musitó para volver a ahogar su mente en sus recuerdos, buenos o malos, pero al fin y al cabo recuerdos que siempre albergarían su mente.