Parte IV

Luego de que Rory le contara a Christopher sobre el incidente en Londres, el esposo de Lorelai cerró los ojos y se tomó la cabeza con las manos, evidentemente angustiado, pero para el desconcierto de Lorelai, no demasiado sorprendido. Los tres estaban en el salón de la mansión de Hartford.

-Papá, ¿Hay algo que no nos has dicho de mamá? -Preguntó Rory, probablemente igual de desconcertada que ella- ¿Hay algo que no sepamos?
-Esto ya ha pasado antes, Rory.
-¿Qué es lo que ha pasado antes?

Christopher se levantó del sillón y comenzó a dar vueltas alrededor del salón como un loco. Lorelai se ponía cada segundo más nerviosa.

-Cuando tu madre despertó del coma luego del accidente, no estaba todo bien con ella como te dije.
-Pero…
-Lorelai y yo decidimos mentirte para no preocuparte.
-¿Qué le pasó a mamá?
-Despertó diciendo exactamente lo mismo que te dijo en Londres, sobre una vida diferente.

Mientras escuchaba a Christopher hablar, la punzada y los vértigos regresaron, y Lorelai se vio en el hospital, enajenada, gritándole a todo el mundo que estaba soñando, que ésa no era su vida. Algo frío comenzó a recorrer su cuerpo.

-¿Qué dijeron los doctores? -Preguntó Rory, tapándose la boca de la impresión.
-Que Lorelai había sufrido una pérdida temporal de memoria y aparentemente su mente había rellenado los espacios con imágenes que no eran ciertas, imágenes de un sueño. Luego de una semana o algo así, Lorelai comenzó a recuperar su memoria y pudimos traerla de regreso con nosotros. No me explico por qué esto se está repitiendo. Voy a llamar al doctor de inmediato.

Lorelai ni siquiera fue capaz de contradecir a Christopher. Su cabeza se seguía llenando de imágenes, de recuerdos que ya no podía asegurar que eran falsos, todos después de despertar del coma.

¿Toda la vida que creía recordar había sido un sueño? No, no era posible. Estaba segura de haberlo vivido, estaba segura que había sido real. ¿Pero y si de verdad su cerebro estaba rellenando su memoria con recuerdos falsos? No, no podía ser. Ella no estaba loca, solo estaba soñando. Soñando.

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Lorelai entró a la habitación de Will. Era un sitio sencillo, nada extravagante para ser un adolescente. Tenía una computadora a un lado y un equipo de pescar en el otro. Sobre el velador, una fotografía llamó su atención: él y Luke sosteniendo un pescado muy grande, con sonrisas triunfantes. Salvo los ojos, que eran los suyos, Will era la imagen viva de Luke: la misma piel trigueña, los brazos anchos, la postura… la mirada.

-¿Qué estás haciendo aquí? -Preguntó Will al entrar a su habitación y encontrársela sentada en la cama, con la fotografía.
-Nada… disculpa, no debí entrar.
-Está bien, puedes quedarte si quieres -Lorelai asintió y Will se sentó al otro lado de la cama, apoyándose en la pared- Christopher ya me contó. El doctor cree que tienes algo llamado Síndrome de Korsakoff. ¿Lo pronuncié bien?
-Creo, yo tampoco sé pronunciarlo.
-Lo siento, mamá.
-Gracias.

Lorelai bajó la mirada, incapaz de digerir la noticia aún. El neurólogo que la trató después del accidente llegó a la mansión una hora después de la llamada de Christopher, y luego de que le contaran el episodio en Londres y la examinara brevemente, el especialista concluyó que Lorelai probablemente padecía el Síndrome Korsakoff, un trastorno cerebral que producía amnesia y que incluía la creación de recuerdos falsos. Y, si bien todavía debían hacerle exámenes para comprobarlo, el doctor se veía bastante convencido de ello. Era una enfermedad que solían desarrollar los alcohólicos, pero existía un porcentaje menor de no-alcohólicos que lo padecía y ella parecía estar entre ellos. La teoría del doctor era que el síndrome se había comenzado a manifestar desde el accidente, pero que no era la causa, y de una u otra forma iba a aparecer, tarde o temprano.

-Mamá, ¿No nos recuerdas? A mis hermanos y a mí.

Lorelai miró los ojos de Will y pensó en el bebé que recordaba haber tenido menos de un año atrás. ¿Era ese bebé también un recuerdo falso?

-Discúlpame.

Lloró. Lloró porque comenzaba a aceptar la posibilidad que todo lo que estaba viviendo era real y se había olvidado de sus propios hijos y de toda su vida los últimos 17 años. Y comenzar a aceptar esa posibilidad le dolía.

-No es tu culpa que estés enferma -Dijo Will, esquivando su mirada- Es solo mala suerte.
-¿Sabes qué es lo peor? -Acarició la cabeza de su hijo, secándose las lágrimas- No estoy segura si quiero recuperar mi memoria. Tengo estos tres hijos preciosos que no puedo recordar y que me odian por cosas que tampoco puedo recordar, y así parece todo menos real. Parece menos real que destruí la vida de mi familia y la mía por una estúpida decisión que tampoco recuerdo haber tomado.
-No te odiamos, mamá -Will le recordaba demasiado a Luke. Esos ojos tímidos, esa forma introvertida de ser, esa dificultad para expresar lo que estaban sintiendo realmente- En realidad, te extrañamos un poco. Yo lo hago, Andrew me lo dice todo el tiempo y Alice… bueno, ella no dice nada, pero ha leído siete veces Moby-Dick el último mes.
-¿Moby-Dick?
-Fue el libro que le regalaste para su último cumpleaños antes del divorcio. Lo había tenido guardado desde que nos mudamos a Hartford.
-Oh…
-Y si nos comportábamos de la forma que hacíamos era porque… bueno, porque creíamos que tratándote así ibas a dejar a Christopher y volver con papá.
-Suena como un buen plan.
-No funcionó, en realidad. El punto es que no te odiamos, mamá. Estamos enojados, sí, y no sé cuándo dejaremos de estarlo. Pero creí...pensé… -Will bajó la cabeza y apretó sus puños, algo que Luke siempre hacía cuando estaba nervioso- Pensé que no era justo para ti que creyeras eso de nosotros.
-Gracias, Will -Lorelai tocó el rostro de su hijo y lo miró directo a los ojos. Esos grandes ojos azules, que nada habían cambiado de los que recordaba- Puede que seas un adolescente, pero para mí sigues siendo el mismo dulce bebé que le gustaba chupar mi mentón y picarme los ojos.
-¿Significa que me recuerdas?

Lorelai pensó en Will, el que creía haber tenido a los cincuenta años con Luke. Él tampoco era real, nada de lo que recordaba de él era real. Una lágrima escapó de su mejilla.

-No estoy segura.
-Está bien, no te presiones. Tarde o temprano vas a volver a ser la madre que todos conocemos.

Lorelai iba a responder, pero un pensamiento atravesó su cabeza.

Madre. Su madre.

Había olvidado hablar con Emily. Y por más rara que la idea le parecía, necesitaba hablar con ella. Necesitaba de alguien que, sin importar los años que hubieran pasado, sabía que seguiría siendo la misma. Necesita de alguien que no la hiciera sentir una completa desconocida.

-Will.
-¿Qué?
-Creo que debo contarle a tu abuela sobre mi enfermedad. Nunca me lo perdonará si espero demasiado tiempo en contarle.
-¿La abuela? ¿La abuela Emily?
-Sí. Probablemente sugerirá que tengo algún tipo de problema con el alcohol y por eso terminé así, pero creo que puedo soportar sus estúpidas frases por un rato.
-Mamá… -Lorelai notó cómo su hijo bajó la mirada y apretó sus nudillos, con los ojos cristalinos.
-¿Qué pasa? ¿Te sientes bien?
-La abuela Emily falleció el año pasado.

Lorelai sintió cómo su cuerpo se puso helado en cuanto Will completó la frase.

-¿Cómo dices? -Negó con la cabeza repetidas veces, sintiendo como sus ojos se llenaban de lágrimas- Claro que no está muerta, Will. ¿Por qué habría de estarlo? Emily Gilmore hizo un pacto con el diablo, vivirá más que todos nosotros.
-Mamá…discúlpame, no debí decírtelo así -Will acarició su brazo- No pensé que te afectaría tanto.
-¿Enterarme de la muerte de mi madre no me afectaría tanto? -Se levantó y comenzó a dar vueltas por la habitación, temblando y negando repetidamente con la cabeza- ¿En qué mundo eso no podría afectarme, Will?
-Ustedes no eran tan cercanas. Eso me dijiste en su funeral.
-Deja de repetirlo.
-¿Qué cosa?
-Que está muerta. Mi madre no está muerta, no puede estar muerta. ¿Por qué se hubiera muerto? Es la mujer más saludable del puto estado de Connecticut.
-Nos dijiste que nunca pudo recuperarse de la muerte del abuelo Richard.
-No, no… por supuesto que se recuperó, es Emily Gilmore por el amor de Dios.
-Mamá…

Lorelai se cubrió el rostro con las manos y se largó a llorar al ver los ojos de Will confirmar la noticia. Emily estaba muerta. Su madre. Su madre estaba muerta.

Will la abrazó y ella lloró en su hombro un buen rato. Había perdido a su familia, al amor de su vida y ahora se enteraba que también a su madre, para siempre. No podía soportarlo más. No podía soportar esta vida en la que había despertado.

-Will… -Se separó de su hijo con los ojos cerrados, intentando recuperar la compostura frente a él. Le avergonzaba que la viera así, tan destrozada. Necesitaba recostarse, tomar una pastilla para dormir y pretender por un buen rato que toda la mierda que le estaba pasando no era real. Pero al abrir los ojos para enfrentarse a su hijo, su pecho se apretó y su boca se abrió de la impresión- ¿Pero qué…?

Algo había pasado. No estaba en la habitación de Will, estaba en un cementerio. Will estaba junto a ella y ambos miraban la lápida de su padre, solo que esta vez el nombre de Emily estaba escrito también.

-¿Mamá, estás bien?
-¿Cómo llegamos aquí?
-¿Qué?
-Estábamos en tu habitación… estábamos en tu habitación hace un segundo, no es posible que estemos aquí.
-Me dijiste que querías visitar a los abuelos, ponerles flores, por eso vinimos. ¿No lo recuerdas?
-No lo recuerdo porque eso nunca pasó -Lorelai se alejó de su hijo, sintiendo cómo comenzaba a tener un ataque de pánico- Estábamos en la habitación y….y…
-Mamá, tranquila -Will tocó su brazo- Esto es normal, ¿Recuerdas lo que el doctor te dijo? Dijo que podías tener problemas con la memoria a corto plazo también. Eso es todo lo que pasó, todo está bien.
-¡Claro que no está bien! ¿Me estás diciendo que está bien que no recuerde horas que acabo de tener?
-Es la enfermedad, mamá, pero con el tratamiento…
-¡No!

Lorelai empujó a Will y salió corriendo en cualquier dirección. Su pecho le ardía y su corazón se agitaba como nunca. Podía soportarlo todo, menos sentir que estaba perdiendo su propia existencia en manos de una enfermedad de la cual aún ni siquiera se podía hacer a la idea que tenía.

Mientras corría y sentía cómo sus zapatos se llenaban de lodo y pastizal, escuchaba los gritos de Will llamándola y suplicándole que se calmara. Pero por más que el chico gritaba, Lorelai no podía detenerse. Era como si sus pies se hubieran desconectado de su cabeza y se comandaran por sí solos. No sabía dónde iba, ni siquiera por qué corría, solo sabía que necesitaba huir de esta vida de mierda y encontrar la suya, la que le pertenecía, en la que era feliz y en la que no se estaba volviendo loca. Pero eventualmente sus pies cedieron, y como ellos no estaban hechos para andar sin un cerebro que los guiase, una piedra del suelo la hizo tropezar y volcarse en un pequeño desnivel, rodando hacia abajo.

No sabía si había sido el golpe de la caída, o el pánico que hacía rato se había apoderado de ella, o quizás simplemente una acumulación de angustias y temores, lo cierto era que a los pocos segundos de caer sus ojos se cerraron y su consciencia se apagó. Will acercándose a ella fue la última imagen que reconoció.

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Al abrir los ojos, Lorelai sintió su cuerpo anormalmente adormecido. Le costó reconocer su habitación, a pesar de que podía contar varios días viviendo en ella y siendo consciente de ello. Estaba acostada en la cama, sola, con un arsenal se pastillas en el velador. Se miró las manos, notando algunas venditas cubriendo lo que suponía eran las consecuencias de la caída, y también el anillo de matrimonio.

¿Estaba despertando de la caída o habían pasado nuevamente un montón de horas, o días, que había vuelto a olvidar?

Miró su celular en el velador, junto a las pastillas, y por simple costumbre lo prendió, pues no esperaba un mensaje o un llamado precisamente. Pero se sorprendió al ver una llamada perdida de Luke. Luke. Lo llamó de vuelta, y mientras el sonido del aparato sonaba y sonaba dejándola en espera, Lorelai sintió la ansiedad apoderarse de ella de nuevo. ¿Iba a sentirse siempre así al llamar a Luke? No lo soportaba.

-Lorelai -Contestó Luke al rato, con una voz suave y tranquila.
-Hey Luke… tengo una llamada perdida tuya.
-Sí.
-¿Pasó…algo?
-Llamé para avisarte que traje a casa a Alice y Drew. Sé que tú los tienes durante la semana, pero Will me contó lo que ha estado pasando y pensé que sería mejor para ellos quedarse aquí. Espero que no te moleste.
-No, está bien. ¿Will te contó?
-Sí.

Ambos se quedaron callados y Lorelai comenzó a llorar en silencio, sintiéndose decepcionada y contrariada. Decepcionada porque lo único que esperaba en el mundo era que Luke le consolara y le dijera que todo iba a estar bien, que iba a salir adelante; contrariada porque sabía que esperar aquello era estúpido, que Luke la odiaba, que su familia ya no existía.

-Lorelai.
-¿Sí? -Se secó el rostro con las manos y trató de recomponerse, como si Luke pudiese verla a través del teléfono.
-Discúlpame por la forma en que traté el otro día. Debí creerte cuando dijiste que estabas teniendo problemas para recordar.
-Está bien, yo tampoco me hubiera creído -Otra vez se quedaron callados, y Lorelai se sintió cansada- Luke… Necesito pedirte un favor.
-¿Qué cosa?
-Necesito conversar con mi mejor amigo y hace 17 años tú lo eras. No puedo recordar otro, quizás lo tuve con el tiempo, no lo sé. Pero en estos momentos eres la única persona a la que le puedo confiar todo en el mundo, y sé que me odias y que no quieres saber nada de mí, pero ¿Podrías por un momento olvidar todo aquello y ser mi mejor amigo?

Lorelai pensó en la primera vez que terminaron su relación y Luke acudió a ella luego de escuchar su mensaje de voz. Aunque sabía que aquel no era un recuerdo real y solo producto de su enfermedad, debía al menos intentarlo. Podía eso no ser real, pero Luke sí lo era, y las personas no cambiaban tanto, era imposible.

Un silencio prolongado al otro lado de la línea le hizo dudar, al menos un segundo.

-Sí.

Lorelai volvió a largarse a llorar, sin contenerse esta vez. Seguía siendo el Luke que ella amaba, y recordar que lo amaba le atravesó el espíritu como una estaca cuyas astillas se impregnaban en la carne y de los agujeros explotaba sangre invisible que no podía controlar, pero que la hacía desfallecer más y más cada instante.

-¿Voy a estar bien, Luke?
-Claro que sí, Lorelai. Eres la mujer más fuerte del mundo.
-Tengo miedo.
-Es normal que lo tengas.
-Si me vuelvo loca, ¿Seguirás pensando en mí?

Lorelai se arrepintió de sus palabras casi al momento de pronunciarlas. Se produjo un eterno silencio al otro lado de la línea. ¿Por qué lo había dicho? Por fin había logrado conversar con él sin que comenzara a gritarle, ¿Por qué tenía que arruinarlo todo?

-¿Lor? -Christopher entró a la habitación, quedándose parado mirándola- ¿Por qué lloras? ¿Con quién hablas?
-Ehhh…
-Tengo que cortar -Dijo Luke, con una voz que volvió a sonar fría, distante- Cuídate, Lorelai.
-Espera… -Fue inútil, Luke cortó la comunicación. Lorelai se quedó mirando la pantalla del celular más de lo necesario, evitando lo máximo posible enfrentarse al rostro de Christopher.
-Mi amor, ¿Estás bien? ¿Con quién hablabas?
-Hablaba con Luke.
-¿Y qué te dijo? ¿¡Te trató mal!?
-No, al contrario.
-¿Y por qué lloras?
-Porque… -Lorelai pensó en decirle todo lo que sentía. Que nunca lo había amado de verdad, que sus sentimientos hacia él no habían sido más que una fantasía alimentada por veinte años de incertidumbre, de preguntarse cómo sería. Quería decirle que lloraba porque el hombre de su vida la odiaba, y porque daría su alma con tal de cambiar todo lo que estaba pasando. Pero, en el fondo, lloraba porque no quería aceptar esta vida que aparentemente le pertenecía. Y, por más que quisiera decirle eso, Lorelai sabía que no podía. Decirlo en voz alta solo aumentaría su locura, solo le haría más difícil aceptar la realidad, y necesitaba aceptarla para volver a ser ella misma. Si no era por ella, al menos por esos niños preciosos que parecían ser sus hijos y que, a pesar de todo, parecían todavía amarla- Porque se me hace difícil toda la situación. Ya sabes.
-Es porque Luke se llevó a los niños.
-Sí. Pero es lo mejor para ellos, lo entiendo. Es solo difícil.
-Todo va a estar mejor, ya verás -Christopher acarició su rostro- Toma esas pastillas del velador, una de cada color. Te harán mejor.
-Bien, gracias.
-Terminaré una reunión y volveré contigo. Te amo.

Lorelai simplemente asintió, porque su capacidad de mentir llegaba hasta ahí. Sin pensarlo demasiado tragó las pastillas que Christopher le había indicado y recostó su cabeza en la almohada, esperando que mañana las cosas comenzaran a mejorar.

Continuará.