Esta es una traducción de la historia de Sensibly Tainted, "Growing Pains".
Los personajes originales son de J.K.Rowling, por supuesto.
Creciendo con dolor
Capítulo 11
Como había hecho en el desayuno y en el almuerzo, Narcissa puso un hechizo repelente sobre la ropa nueva de los niños, para evitar que las arruinen durante la cena. Harry comía con cuidado, pero aún así, ocasionalmente se le escapaba algo de comida. Los adultos también cenaron, pero sólo Narcissa y Severus hablaban. Remus todavía trataba de adaptarse a la nueva condición de Harry y su atención se enfocaba en los dos niños. Estaban terminando cuando Severus recibió un llamado en la chimenea.
- Ya vuelvo, para bañarlos a ustedes dos-. Prometió Severus a los niños y fue a contestar la llamada.
- Profesor Snape- dijo respetuosamente la voz de Madam Pomfrey. –llegaron las vacunas para Harry. ¿ Cuándo las recibirá ?
- Mañana-. Severus se inclinó. -¿ Sería mejor para Harry que tuviera el estómago vacío ?
- Sería preferible una comida liviana. De ese modo va a poder dormir sin efectos secundarios, y habría que darle como mínimo unos quince minutos de digestión antes de traerlo.
- Entonces, estaremos allí a las siete. Asegúrese de que la Enfermería esté vacía.
- Lo haré, Profesor. Buenas noches.
- Buenas noches, Madam Pomfrey.
Severus se puso de pie y se dirigió al baño. Los niños estaban desnudos, Narcissa y Remus ya tenían el agua preparada. Draco sostenía algunos juguetes y Harry salpicaba suavemente la bañera. Narcissa le sonrió y lo dejó, Remus la siguió. Severus se arremangó, frunciendo el ceño en broma, haciéndolos reír.
- Muy bien. Tratemos de no hacer un desastre-. Suspiró y los colocó a los dos en el agua caliente.
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Ron esperó impacientemente. La biblioteca estaba cerrada, Madam Pince se había retirado hacía bastante tiempo. Los Slytherins le habían pedido encontrarse fuera de la entrada de la biblioteca a las diez en punto, pero eran casi las diez y media. Movió sus pies nerviosamente y se prometió a sí mismo que se iría pronto si los rubios idiotas no aparecían en los próximos diez minutos. Apenas lo pensó, escuchó que alguien se acercaba. Se tensó y se escondió en un rincón oscuro al lado de las enormes puertas dobles.
-¿ Weasley ?- Murmuró Goyle.
- Aquí-. Ron gruñó y salió de su escondite. Los dos rubios se relajaron al verlo y le hicieron gestos para que los siguieran. Ron los miró con enojo, pero los siguió. -¿ Por qué tardaron tanto ?
- Tuvimos que esperar. El Profesor Snape comenzó a patrullar las mazmorras, otra vez-. Contestó Crabbe y cerró la puerta cuando los tres entraron a un salón vacío y oscuro. -¿ Tienes una copia del reporte médico ?
- No-. Ron se sonrojó. No había podido hablar con los otros Gryffindors, aún. Continuaba enojado y herido.
- Nosotros vimos a Draco-. Sonrió Goyle. –Es pequeño, como tú dijiste. Su madre dijo que lo iba a llevar a algún lugar para esperar que pase el efecto del hechizo. Ellos no mencionaron a Potter.
Ron frunció el ceño. -¿ Cuándo se lo va a llevar ?
- Ya se fueron, anoche, por lo que dijeron-. Respondió Crabbe.
- No puede ser-. Ron sacó el mapa. Los Slytherins se lo habían pedido, pero Ron no les dijo la contraseña, así que era algo inútil. Ron les mostró lo que él ya sabía, porque había estado vigilando el mapa por si había cambios; Narcissa Malfoy tenía una habitación fuera de las habitaciones de Snape y Bebé Potter y Ray Malfoy estaban unas habitaciones más abajo. Los Slytherins se extrañaron, mirando el mapa.
-¿ Por qué están aquí, todavía ?- Gruñó Goyle.
- Tal vez porque necesitan estar aquí mientras los profesores descubren cómo revertir el hechizo-. Dijo Ron, pensativo. – Diciendo que se iban se están protegiendo de cualquier ataque. Escondiéndose a plena vista.
Los Slytherins compartieron una mirada antes de hacerse los tontos. Habían captado inmediatamente, sin la ayuda de Ron, lo que eso implicaba, pero no podían dejar que el pelirrojo lo supiera. Draco estaba en peligro, mucho más de lo que Ron se imaginaba. Ambos habían recibido cartas de sus padres preguntando qué protección tenía Draco en el colegio, y si el chico podía ser sacado de allí para que sean ellos los que capturen y asesinen al traidor. Ellos habían contestado, aliviados, que Draco ya no estaba en Hogwarts. Deberían ser muy cuidadosos para que no se sepa que todavía estaba allí. Aún así, se preguntaban cómo explicaría el Profesor Snape su intervención, al Señor de las Tinieblas. O el hecho de que no lo mató cuando tuvo la oportunidad.
Hermione levantó la vista cuando escuchó que se abría el retrato. Ron vaciló cuando la vio, pero pasó con toda la intención de ignorarla. Por supuesto, la chica no se lo permitiría, y menos cuando ella tenía tanto para decir. Alargó la mano para tomarle el brazo, pero se quedó dura al ver que él le lanzaba una mirada furiosa. Reprimió las lágrimas y habló con calma.
-¿ Dónde estuviste ?
- ¿ Es asunto tuyo ?- gruñó él, pero se suavizó cuando vio su cara afligida.
- Yo me preocupé-. Dijo suavemente, pero luego se enderezó y levantó la cabeza. –Además soy una Prefecta, Ron y tú estabas afuera después del toque de queda.
- ¿Y qué vas a hacer ? . ¿ Vas a castigarme ?- preguntó él, genuinamente curioso.
- No-. Ella frunció el ceño. –Pero voy a tener que hacerlo si mantienes tu actitud. Ron, por favor. Háblame. Todos estamos preocupados. Además, le envié una lechuza al Profesor Lupin. Pensé que él, más que nadie, podría asegurarse del bienestar de Harry. Recibí su respuesta esta mañana, diciendo que iba a ver a Dumbledore. Pronto podremos saber más. Pensé que te gustaría saber que Harry y Draco ya no están en la Enfermería. No sabemos dónde están, creemos que es tiempo de confrontar al Profesor Snape para que nos informe sobre el progreso de Harry, y trataremos de que nos deje verlo.
Ron la miraba, pensando. Él sabía donde estaban Harry Y Draco, pero Hermione podía saber más sobre el estado de los niños, y eso era más importante que saber adónde estaban¿verdad?. Además, Hermione lucía cansada y triste. Él quería acercarse a ella y besarla, pero continuaba enojado. Lo habían tratado como la mierda¿ por qué tenía que volver a ellos ?. Pero, además, estaba Remus. El ex-profesor podría llegar a información clave que él querría conocer.
-¿Ron? Lo siento. Estuvimos mal al excluirte, no pensamos correctamente. Por favor, perdónanos-. Hermione le pidió, esperanzada al ver que lo consideraba.
- Harry es mi mejor amigo. Le fallé en cuarto año; tú lo sabes. No puedo hacerlo otra vez.
- Lo sé- replicó ella y se adelantó un paso. Él suspiró y la abrazó. Hermione se pegó a él y comenzó a llorar. Ron la dejó. –Te extrañé. Te amo.
- Yo también te extrañé, Hermione. Juntos encontraremos el modo de solucionar esto-. Ron sabía que no iba a abandonar a Crabbe y a Goyle, así que decidió seguir encontrándose con los Slytherins sin decirle a los demás. Los grandes idiotas podían tener ideas que a los otros no se les ocurrirían. No tenía sentido rehusar su ayuda, especialmente porque el problema no se arreglaría solo.
Severus regresó a sus habitaciones después de una breve ronda por sus mazmorras. Usualmente, recorría todo el colegio, pero con las clases y el cuidado de los niños, a pesar de la ayuda de Narcissa, estaba exhausto. Remus estaba sentado en un sofá, solo. Lo había dejado hablando con Narcissa, ahora parecía que ella ya se había retirado. Los niños habían sido arropados hacía horas, pero él se sentía intranquilo con el lobo allí, así que fue a observarlos.
Dormían pacíficamente. Draco, de costado, con su cabeza descansando al lado de la de Harry, su respiración acariciaba gentilmente la mejilla del pequeño y movía algunos de sus cabellos negros. Harry yacía de espaldas, su pulgar en la boca. Severus suspiró, sabía que esto significaba que Harry aún estaba alterado por el episodio con Dumbledore. Por lo menos, no tenía pesadillas. Eso era alentador. Severus cerró suavemente la puerta, antes de volver a la sala de estar.
- Gracias por permitir que me quede-. Dijo Remus, despacio.
Severus no respondió, pasó al lado del sofá y entró a su cuarto. Volvió unos minutos después con sábanas y una almohada. Se las alcanzó, con un rostro inexpresivo. – No hay problema.
- Buenas noches-. Remus suspiró con tristeza.
- Estaré levantado un rato más, trabajando en mi estudio. Puedes encontrarme allí si necesitas algo. Buenas noches-. Respondió Severus, tenso. Él tenía buenas maneras, Remus era un huésped y debía ser tratado como tal, pero ambos sabían que no era algo sentido. Había mucha historia entre ellos, como para que Severus esté cómodo con el lobo en su casa o cerca de Harry. Pero le permitía quedarse, y eso era todo lo que le importaba a Remus.
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Harry se despertó primero y sonrió cuando sintió los brazos del rubio alrededor suyo. Se acurrucó más, hasta que Draco frunció la cara y abrió sus ojos grises. Estornudó porque el cabello de Bebé le hacía cosquillas en la nariz y Harry rió. El rubio sonrió y se estiró hacia la mesita de noche. Con esfuerzo pudo alcanzar los lentes, y finalmente se los alcanzó.
- Gracias-. Dijo Harry suavemente y trató de colocárselos, pero le costaba.
Draco le ayudó y entre los dos, colocaron la cinta negra alrededor de la cabeza de Harry y enderezaron los lentes. Draco rió porque Bebé frunció el ceño, gruñón, molesto por tener que usarlos. Narcissa entró y les sonrió. Los niños estaba sentados, listos para empezar el día, aunque el sol aún no había terminado de salir.
-¡Buen día, Mami!- gritó Draco, feliz y levantó los brazos para que lo levante de la cama con barandillas. Harry se levitó a sí mismo.
-¿ Qué quieres usar hoy, Dragón ?- Preguntó y abrió los cajones de Draco para ofrecerle tres equipos. El niño eligió pantalones cortos azules oscuros, medias blancas, zapatos negros y una camisa blanca de mangas cortas. Narcissa se rió, mientras lo ayudaba a vestirse. -¿ Cuál es la ocasión ?
- Me gusta- Respondió Draco con altanería, su madre le sonrió amorosamente.
- Bueno, estás muy guapo.
- Gracias. ¡ Ahora Bebé !
- ¿ Qué quieres usar, Harry ?- Ella levitó sus tres equipos. El niño los miró por un minuto y tímidamente señaló el del medio. Ella rió y le entregó la ropa a Draco para que ayude a Harry a vestirse. Les tomó varios minutos, pero al final, Harry usaba unas zapatillas blancas brillantes, pantalones negros y una luminosa camisa amarilla. Personalmente, Narcissa hubiese elegido zapatos, pero no dijo nada. Ambos lucían adorables.
- Estás maravilloso, Harry. Ahora¿ listos para el desayuno ?
Los niños asintieron y Draco tomó a Harry de la mano, saliendo rápidamente del cuarto. Narcissa los siguió. Entraron a la cocina y encontraron que Remus y Severus ya estaban levantados. Los hombres sonrieron a Draco cuando se exhibía para ellos en sus nuevas ropas. Harry se sonrojó cuando lo elogiaron por las suyas.
- Están adorables, niños-. Les dijo Severus.
- ¡Guau¡ Lucen como caballeritos !- Remus sonrió. - ¿ Cuál es el motivo para estar tan bien arreglados ?
- Nos gusta-. Explicó Draco, nuevamente, y levantó los brazos para que su madre lo suba a su sillita alta. Remus se inclinó para levantar a Harry, sin pensar.
Harry no se retiró como hubiese hecho si Narcissa lo hubiese intentado, pero se mordió el labio, y levantó una mano hacia Severus, diciendo suavemente. –Quiero a Papi-. Remus le sonrió y dejó que Severus levante al pequeño. Harry abrazó el cuello del Profesor y apoyó su cabeza en el hombro del hombre.
-¿Cómo dormiste?- Preguntó Severus, masajeándole la espalda.
- Bien, Papi.
- Bien-. Severus lo ubicó en la silla alta y Harry se acomodó con una sonrisa feliz. -¿ Qué quieren hacer después del desayuno ?
- Yo quiero comprar juguetes nuevos-. Dijo Draco comiendo cuidadosamente. –Estoy cansado de esos juguetes.
- Son juguetes buenos-. Harry frunció la carita.
- Los guardamos- aseguró Draco- solamente compramos más y podemos jugar con todos.
- No planeamos salir hoy-. Le respondió Narcissa, sabiendo que todavía no habían pensado en un lugar seguro fuera del castillo. –Tal vez otro día.
- ¿ Qué les parece si jugamos a las escondidas ?- preguntó Remus, antes de que el niño enojado pudiera explotar. – Podemos usar todas las habitaciones, no sólo el cuarto de juegos.
- Y más tarde, después de la cena, debemos volver a ver a Madam Pomfrey- agregó Severus. – ella va a darle medicamentos a Harry, para que no se enferme. Si los dos se portan bien mientras estamos allí, tal vez merezcan juguetes nuevos.
- Pero Bebé no está enfermo-. Draco frunció el ceño, confundido. -¿ Verdad ?
- Estoy bien, Ray-. Le aseguró Harry, sonriéndole.
-¿ Entonces, para qué ?
- Todos los bebés reciben vacunas para que cuando crezcan no se enfermen-. Le explicó Narcissa. –Tú ya tienes las tuyas.
- Ah-. Asintió. –Está bien.
Los niños terminaron el desayuno y a continuación, todos jugaron a las escondidas por algunas horas. Parecía que los niños llevaban ventaja. Rápidamente, las habitaciones de Severus se silenciaron, los adultos y los niños se escondían y se buscaban, pero frecuentemente el silencio se rompía por las risas de los niños al ser perseguidos. No les importaba cuando eran descubiertos porque les hacían cosquillas ( Harry dejó que Remus lo haga dos veces, pero se alejaba de Narcissa ). A la hora de la siesta todos estaban cansados, especialmente los niños.
- ¿ Nos cuentas una historia ?- Draco le pidió a Remus. Severus debía ir a arreglar un problema entre dos Slytherins del último año que peleaban, y Remus los acostó porque Harry estaba más cómodo con él. A Narcissa no le molestaba.
- Seguro-. Sonrió, con sus ojos ámbar brillando de alegría. Se sentó. - ¿ Sobre qué quieren su historia ?
- Dragones-. Harry rió y besó a Draco en la mejilla. El rubio sonrió a su vez y pasó un brazo sobre el pecho de Harry.
- Muy bien-. Remus pasó sus manos por los cabellos suaves de los pequeños y comenzó su cuento.
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-¿ Qué sucede aquí ?- Demandó Severus con voz suave, pero glacial. Se paró detrás de Theodore Nott, que apuntaba su varita hacia un alumno de séptimo año, Terence Higgs. Ninguno bajó su varita cuando el Jefe de su Casa emergió de las sombras del corredor de las mazmorras. –Respondan. Batirse a duelo abiertamente donde pueden ser vistos¿ no tienen orgullo, o inteligencia ? Son de los mayores Slytherins, no voy a permitirles que sean causa de vergüenza para la Casa.
- Estábamos discutiendo exactamente eso-. Higgs lanzó una mirada furiosa a su rival.
- Están autorizados a hablar libremente, por el honor de la Casa- gruñó Severus, con un brillo peligroso en sus ojos negros. –Que las diferencias sean claras antes de que nos retiremos de aquí.
- Como Slytherins, debemos respetar al Jefe de nuestra Casa, sin importar nuestros sentimientos personales. Bajo ninguna circunstancia debemos ofender públicamente al Jefe de la Casa.
- Yo voy a respetar al Jefe de la Casa Slytherin...- dijo Nott con desprecio. –siempre y cuando haya un verdadero Slytherin en ese puesto.
- ¿ Me estás cuestionando, Nott ?- Severus se deslizó hacia delante.
- ¿ Usted dejó que Draco se fuera, no es cierto ?- dijo el chico, retrocediendo hacia el otro. –Usted sabe que hay un precio sobre su cabeza, nuestro señor lo quiere. Pero usted le informó lo que sucedía a la Señora Malfoy y ella lo sacó de aquí; ahora está fuera de nuestro alcance.
- Hablas de lo que no sabes- Severus murmuró. –Eres una vergüenza para Slytherin. No hay sólo un motivo, razón u objetivo para una acción. ¡ Tú sabes eso ! Sí, el Señor de las Tinieblas quiere a Draco Malfoy. Pero se nos ha ordenado no exponernos para capturarlo. Yo mantuve mi posición y me gané la confianza de la Señora Malfoy, así que cuando yo quiera, sin que nadie sospeche de mi, voy a poder cumplir la voluntad de nuestro señor. Eres un niño patético, Nott. No intentes cuestionar a quienes son más poderosos e inteligentes que tú. Eso sólo va a causarte dolor.
Nott cayó al suelo, quejándose. Su cuerpo se dobló tratando de protegerse, como asaltado por poderosos golpes. Higgs miraba, impasible, aunque Severus podía ver el asombro que la magia sin varita le causaba. El muchacho le hizo una inclinación y se retiró. Severus esperó unos momentos más antes de levantar el hechizo. Nott jadeaba, un hilo de sangre le salía de la boca, se había mordido el interior de la mejilla.
- Tienes suerte de ser uno de mis Slytherins- le dijo Severus. –De otro modo, hubieses sufrido bajo la maldición Cruciatus por cuestionarme y mancillar mi nombre. Vete, y no te salgas un milímetro de la línea, no quiero oír de ti por un buen tiempo.
El muchacho tropezó con sus propios pies, y se fue cojeando, lo más rápido que pudo. Severus lo observó irse, con su rostro inexpresivo, pero en su interior estaba triste. Se veía a sí mismo en sus alumnos. Cada año los veía cometer los mismos errores que él había cometido. Y sabía que no todos se darían cuenta de que eran errores. Era algo doloroso de contemplar, doloroso de recordar. ¿ Pero qué más podía hacer ?
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Narcissa miraba cómo Remus hablaba y jugaba con los niños mientras cenaban, pero su atención estaba sobre Severus. El hombre había vuelto hacía horas, pero aún no había hablado ni se había disipado ese brillo de dureza de su mirada. Este era el Severus que ella había conocido por años. Era sorprendente verlo otra vez, y hacía evidente cuánto había cambiado desde que estaba a cargo de Harry. Por primera vez, ella comenzó a comprender cuánto Severus necesitaba a Harry. El pequeño lo estaba ayudando a sanar interiormente, y nada, ni siquiera el tiempo, había podido hacer lo mismo.
-¡ Listo !- dijo Draco en voz alta con una sonrisa.
- Ven, vamos a limpiarte-. Narcissa sonrió. –Luego vamos a darle sus vacunas a Harry.
-¿ Le va a doler ?-preguntó Draco mientras era colocado con cuidado en el suelo.
- Por supuesto que no. Pero puede ser que tenga un poquito de fiebre más tarde. Esperemos que pueda dormir enseguida y no lo note.
-¿ Terminaste Harry ?- preguntó Remus al pequeño. Harry asintió, su cabello negro se meció enmarcando su bella sonrisa. -¿ Puedo ayudarte a que bajes a lavarte, con Draco ?
-¿ Papi ?- Harry miró hacia Severus.
Severus lo miró sin verlo, una mueca le torció el rostro. –He visto que has dejado que el Sr. Lupin te toque. Ve con él, Harry. Estarás bien.
-Sí, Papi-. Murmuró Harry, con sus ojos verdes brillando de lágrimas. Remus frunció el ceño al Profesor, no obstante levantó a Harry de la silla. El niño se retorció para que lo baje y corrió al baño.
- Severus...
- Ve-. Dijo cortante. Se puso de pie y se dirigió a la sala de estar sin decir palabra, a esperar a que los niños estén listos. Unos minutos más tarde, Narcissa entró, seguida por los niños. Remus al final. Severus tomó la urna que contenía el polvo flú.
Remus se dirigió al lloroso Harry, se arrodilló y se puso a su altura. –Harry, voy a hablar con algunas personas, volveré en la mañana¿ está bien ?
- Está bien-. Harry dijo en un susurro. Draco se acercó y lo abrazó. Harry inclinó la cabeza en su hombro.
- Pórtense bien, ustedes dos-. Remus sonrió y les desarregló el cabello. Se paró y le lanzó una mirada de advertencia a Severus, se volvió a Narcissa. –Gracias.
- De nada-. Ella sonrió y lo acompañó hasta la puerta. -¿ Podemos esperarte para el desayuno ?
- Sí-. Remus la saludó con una inclinación y salió de las mazmorras.
- Vengan aquí-. Dijo Severus a los niños, sin esperar a Narcissa. Draco soltó a Harry y se acercó, asombrado. Pero Harry dudó. –Harry, ven.
El niño caminó, con cada paso temblaba más. Draco se volvió hacia él, pero Narcissa lo tomó del brazo. Se arrodilló a su lado y le murmuró algo al oído. El niño se quedó tenso, inmóvil, con los ojos brillosos, disgustado; pero no trató de salirse del abrazo de su madre. Severus gruñó a todo esto y se movió para tomar el brazo de Harry. El pequeño se lo permitió, pero comenzó a llorar.
-¿ Qué sucede ?- Preguntó Severus con frialdad.
- P-po'favor. P-perdón. Voy a s-ser b-bueno-. Harry suplicó.
- ¿ De qué estás hablando ?- El hombre espetó. -¡ Deja de llorar, ya mismo !
- ¡ P-p- perdón !- Harry lloraba con fuerza. -¡ P-Perdón, Pa-pi !. ¡ No mme hagas d-doler !. ¡ V-vo a ser b-b-ue-no !
Severus se quedó helado. Bajó la vista hacia el pequeño que lloraba aterrorizado, pero que no trataba de alejarse de él a pesar de su miedo. Luego comenzó a entender, lentamente. Giró la cabeza y miró a la chimenea. Una claridad dolorosa descendió sobre él. Recordó lo que la casa le había mostrado, recordó a un Harry de tres años siendo arrastrado hasta la estufa donde Vernon lo castigaba poniendo sus manitos y brazos contra las hornallas. Severus recordó los gritos de Harry, recordó el horrible olor. Recordó a Harry luchando salvajemente. Pero ahora, Harry no luchaba. Realmente lo amaba y no quería desobedecerlo, ni siquiera para evitar el dolor.
Narcissa vio que Severus se arrodillaba y envolvía a Harry en un abrazo. El hombre mecía al pequeño hacia delante y hacia atrás, susurrándole que nunca lo lastimaría de ese modo; que él no iba a castigarlo y que no había razón, que no había hecho nada malo. Harry se pegó a él, llorando con fuerza. Narcissa cambió su posición y quedó anonadada, viendo que había lágrimas en las mejillas de Severus. Ella se puso de pie con Draco en sus brazos. El niño quiso protestar, pero ella sacudió la cabeza en advertencia. El rubio obedeció y dejó que lo saque de la habitación.
Después de largos minutos, Severus se separó apenas de Harry. –Yo no estaba enojado contigo, Harry. Estaba enojado por otras cosas. Te prometo que siempre voy a hablar contigo si haces algo que está mal.
-¿ Me amas todavía ?- preguntó Harry, cansado y con los ojos brillantes, mirando a Severus a los ojos.
- Te amo-. Prometió Severus suavemente y Harry le regaló una bella sonrisa.
- Está bien, Papi-. Dijo él, sus manitos barrieron las lágrimas de Severus. El Profesor estaba asombrado, no se había dado cuenta de que había llorado. –Yo también te amo.
-Bien-. Severus lo abrazó con fuerza. –Ahora, vamos a lavarnos las caras. Estoy seguro de que Draco está desesperadamente preocupado.
Harry rió. Severus sonrió y lo cargó hasta la cocina. Narcissa hablaba con un Draco disgustado. La cabeza del rubio giró rápidamente cuando ellos entraron. Harry dejó que Severus lo baje; Draco corrió y lo abrazó, lanzándole una mirada furiosa al Profesor.
- Lo siento, Draco-. Le dijo al niño. –Trataré de no asustar a Harry, nunca más.
- Más vale-. El niño siguió mirándolo enojado; tomó la mano de Harry y lo llevó al baño.
-¿ Podrías llamar a Madam Pomfrey vía flú, Narcissa ? Creo que deberíamos dejar las vacunas para mañana.
Narcissa afirmó con la cabeza y él sonrió apenas, antes de seguir a los niños. Ella lo vio irse, sintiéndose muy agradecida por el pequeño niño de cabello negro que se estaba instalando en sus corazones y los estaba haciendo cambiar, para mejor.
Remus suspiró, saliendo de la sala común de Gryffindor. Recién había terminado la cena. Se preguntaba cómo había ido la vacunación de Harry…y qué sucedió con Severus. Esperaba que todo haya salido bien, pero tenía cosas que hacer antes de volver. Visitó a los Gryffindors para contarles algo sobre la condición de Harry, y para asegurarles que estaba en buenas manos. Les debía eso, al menos, ellos le habían informado sobre el estado del niño.
Habiendo cumplido, siguió su camino a la oficina de Dumbledore. Cada paso que daba, su autocontrol se desmoronaba y su ira ganaba terreno. Para el momento en que subía las escaleras tras la gárgola, sus ojos estaban dorados brillantes y su rostro era una máscara fría y dura. El Director no dijo nada cuando Remus cruzó la habitación a grandes pasos y se paró frente a su escritorio. Ambos hombres se miraron, uno esperando y el otro luchando por recobrar el control.
- Tú lo sabías-. Puntualizó lentamente, con sus ojos dorados abrasando al anciano mago.
Dumbledore suspiró. - Remus, muchacho…
-¿LO SABÍAS?- Rugió Remus, y una quebradiza calma volvió a su rostro. –Respóndeme, Albus.
- No-. Respondió, firmemente, sin retirarle la mirada. –No lo sabía. Estaba consciente de que Harry no era feliz allí y que no le agradaba ir a casa, pero nunca imaginé que fuera tan terrible. Nunca dejaría a un niño en semejante situación.
-Sí sabías que era infeliz¿ por qué no lo solucionaste ?- preguntó Remus en voz baja. -¿ Por qué no lo sacaste de allí ?
- No podía llamar la atención sobre la casa, Remus. Tú lo sabes. Los Mortífagos lo rastreaban, y ahora es peor, con Voldemort de vuelta entre nosotros. Las barreras que lo protegían en la casa de su tía no hubiesen soportado por mucho tiempo un ataque directo.
- Esa no es una excusa válida-. Replicó Remus. –Podrías haberte hecho de un tiempo para una visita corta, cinco minutos para asegurarte que él estaba bien. Esa era tu responsabilidad.
- Lo sé-. Dumbledore parecía a punto de colapsar miserablemente en cualquier momento. –Le he fallado, pero sólo trataba de protegerlo, de mantenerlo a salvo.
Remus lo miraba fijo. –Y ¿ todo lo sucedido mientras él estuvo aquí ?. Estabas observándolo directamente¿qué excusas tienes para haber permitido que esas situaciones se tornaran tan peligrosas como lo hicieron?
-Remus¡ no creerás que yo sabía lo que sucedía y no hice nada !- El Director frunció el ceño, severamente.
-¿ Por qué no me contactaste cuando Harry volvió al colegio en este estado? Yo soy el padrino de Harry, ahora que Sirius murió-. La voz de Remus bajó a un gruñido.
–No, no interesa por qué o cuáles son tus razones. No tomaré más misiones, Albus. No trabajo más para ti. Harry es mi única preocupación. Esta noche vuelvo a la manada a avisarles que no regresaré.
-Remus- Dumbledore se enderezó.
- No estoy negociando, Director-. Dijo Remus en un murmullo peligroso.
Dumbledore no intentó detenerlo cuando se retiró de la habitación. Se quedó mirando fijamente y suspiró con pesar. Las cosas se precipitaban. Fawkes trinó, pero no eran trinos consoladores, hasta él estaba preocupado. El Director frunció el ceño, los tiempos se estaban precipitando, tendría que actuar ...y rápido.
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Severus se sentó sobresaltado, su cabello estaba desarreglado, su respiración era rápida y superficial. Sus ojos escrutaron la oscuridad alrededor del cuarto, sus oídos se esforzaron por escuchar . Nada. Parpadeó y descubrió qué lo había despertado. Había una presión contra su piel, un pulso rítmico que lo empapaba hasta los huesos como un enorme y silencioso latido. El aire estaba lleno, se retorcía cargado de magia.
Saltó de la cama, tambaleándose y corrió hacia la puerta de los niños. Narcissa ya estaba allí, golpeando la puerta, ocasionalmente lanzando hechizos para tratar de abrirla. Nada funcionaba. Severus agregó sus habilidades, pero la puerta permanecía firmemente cerrada. Narcissa gritaba por Draco, pidiendo que le responda, pero no se oía nada del otro lado de la puerta. Todo lo que podían hacer era esperar.
Remus llegó a las habitaciones de Severus a las seis en punto de la mañana. Severus abrió, pero casi ni lo miró y volvió corriendo a la puerta de la habitación de los niños. Los ojos de Remus se agrandaron y entró con rapidez, cerrando la puerta tras de sí. Al instante sintió que la magia lo presionaba, lo travesaba. Ahogando una exclamación, siguió a Severus.
-¿Qué sucedió?- demandó. Narcissa miraba fanáticamente la puerta, sin decir nada. Severus se pasó la mano por el cabello, cansado. Le dijo lo que sabía, que no era mucho. Remus asintió y se quedó allí, con ellos; los tres preocupados y tratando de que la puerta se abra.
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