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Pasado
Capítulo 11: En la sala de menesteres.
Octubre 1996
El puñetero de Potter estaba en una relación con la sangre sucia. Draco lo podría apostar, la manera en que la veía, como sin descaro alguno jugaba con su cabello, como se quedaba en la biblioteca con ella, como le obedecía en todo lo que la mandona impura le indicaba o señalaba. Patético. Por un tiempo pensó que la insufrible sangre sucia estaba prendada por la comadreja ¿quién con más de una neurona podría? Por más sangre sucia que fuera Granger no podría caer tan bajo, claro… no es que le importara, para nada. Draco alternaba la vista entre sus pergaminos y la figura de Potter y de Granger. Tenía que terminar los ejercicios de algoritmos, eran la única clave para entender cómo funcionaba la magia del armario evanescente. —¿Quién puede con esto? — le dio un golpe al papel. Tenía el mundo entero sobre sus hombros, eso lo sabía, aun así, no podía dejar de ver al frente. Granger jugaba con su pluma mientras leía atentamente un libro de aritmancia avanzada, Potter por su lado también leía un libro viejo de pociones. Quizás y los rumores del nuevo talento de Potter en pociones hayan sido verdaderos. ¿Cómo es el chico con complejo de héroe lo pueda tener todo? No lo envidiaba… sólo se ponía a pensar… Potter tenía fama, dinero, era odiosamente bueno en pociones y defensa contras las artes oscuras y para variar era el nuevo capitán de Gryffindor y ahora estaba claramente en una relación con la odiosa sangre sucia. —¡Concéntrate! — se recriminó viendo los números mezclarse con las runas.
Harry Potter salía del comedor dejando a Granger sola en la mesa de los leones. Seguramente iría a sus entrenamientos de quidditch, cómo si eso fuera realmente a evitar una guerra. El cabello castaño y rizado de la muchacha brillaba al compás de los rayos del sol, su camiseta muggle dejaba ver su escote y su piel pareja de porcelana. Le habían crecido un par de cosas a Granger durante el verano, habría que ser ciego para no darse cuenta. ¿Estaba sudando? ¿En Octubre? Raro. —"Si dos puntos se concentran en un mismo plano…"—Intentaba leer de sus resúmenes, pero el cuello de Granger estaba en medio… Algo no estaba bien, sentía sus pantalones más apretados que de costumbre. La sabelotodo mordió su labio inferior mientras apuntaba algo en una de sus tantas libretas. ¿Por qué no prohibían la ropa muggle en el castillo? No es que Granger usara las mismas atrevidas vestimentas que Pansy o Brown… simplemente… eran diferentes. Pasaron unos segundos entre que veía la parte más sureña del cuello y su rostro antes que su mejor amigo le diera unas pequeñas palmadas en la espalda.
—Se va a dar cuenta— dijo Blaise sentándose a su lado, el muchacho piel de ébano tenía una sonrisa imperdible. Draco negó fuertemente. —¿De qué hablas? — respondió rápidamente mientras bajaba la mirada a su pergamino. — Por la forma en que la miras, hasta a mí me hace sonrojar…. — Se estaba burlando de él, pero no lo iba a permitir. Suficiente tenía con las amenazas del señor oscuro, como para tolerar a un niñato. — Sin duda Granger se pone mejor cada día, no te culpo… — Zabini se sentó trayendo una taza de té a su lado. —Seguro por eso no has avanzado en tus "tareas" — volvió agregar con una sonrisa ridícula. Draco volvió la vista su amigo. —Jódete Blaise. —
— Yo lo hago todos los días, por las mañana y noches… hace bien… ¿hace cuánto que no tiras? — volvió a preguntar. Draco estaba al borde del límite, no tenía paciencia para el humor de su amigo. — tirar, sacudir el muñeco, tener sexo… me entiendes…— Draco agrupó sus cosas en un solo movimiento.
—Por cómo te pones… yo diría unos… ¿seis meses? Sabes que Parkinson está dispuesta a hacerte el favor…—
—Ya basta Blaise. ¿Crees que estoy para eso? El que no debe ser nombrado tiene su varita en mi espalda, mi padre está en Azkaban y mi madre amenazada. Si no cumplo con sus órdenes…— Draco estaba hablando casi en susurros, pero con severidad. Estaba atento a los gestos de Blaise mientras hablaba. — Y para variar mi mejor amigo no quiere unirse porque… Merlín sabrá… si te unieras al menos el señor oscuro no estaría tan molesto conmigo… En la sala común no estarían tan cabreados… Crabbe piensa que puede estar por encima de mi… Si tú te unieras a la causa…—
—Ya sabes lo que pienso acerca de tu Lord… Malfoy… es una pérdida de tiempo y dinero. Si ganan la guerra de todos modos querrán aliarse con los negocios de mi familia y si el otro bando gana también. Yo soy como Suiza, no me meto en los asuntos que no lleven dinero en medio. — terminó de decir. — No es nada personal dijo encogiendo los hombros. Además… yo no veo nada de malo en enrollarme con sangre sucias… especialmente si pueden hacerlo todo… sucio. — dijo lo último viendo en dirección a la mesa de los leones. Draco tenía ganas de pegarle justo detrás de la cabeza, pero se contuvo porque necesitaba convencer a Blaise.
—Si entras podré alargar el tiempo que nece…
—No. Draco entiéndelo: No es rentable. — Sentía que toda la sangre de su cuerpo se iba en dirección a su cabeza. ¿No se suponía que esa era la casa de las alianzas?
—Eres un traidor…
—Y tu un insensato. Si te vas a poner así… mejor me voy con Nott, es aburrido, pero al menos no dice estupideces… — terminó de decir sacando su taza de la mesa. Draco no quiso decir nada más solo se quedó en la mesa viendo su pergamino. Sin puñetera idea de cómo continuar y con Hermione Granger a unos metros de él.
Presente.
Por más que pusiera el hechizo alrededor de la habitación no pasaba nada, la brisa no comenzaba el calor que sentía. Las habitaciones eran grandes y tenían todo lo que pudiera necesitar. El director era muy amable con ellos, les habían dado una habitación para cada uno en una de las cabañas que estaban a las afueras del castillo, al no ser alumnos inscritos no tenían las mismas obligaciones que un estudiante normal. Hermione salió de la cama, quitó el mosquitero (la fina tela que la protegía de los bichos de la noche) y se puso los zapatos. Con un movimiento de varita alumbró su habitación. El lugar era en cada uno de los aspectos mágico. CastiloBruxo era un lugar especial, donde los alumnos eran entrenados en el pensamiento crítico desde el primer día. Si bien se especializaban en criaturas y plantas mágicas todo el currículo estaba pensado en el desarrollo integral de los estudiantes. Todo acerca del castillo le encantaba, nunca pensó que un lugar tan alejado del mundo terrenal le pudiera gustar tanto. El castillo en medio de la selva era un tesoro en medio de Sudamérica. Cada examen era un reto, hasta casi se podía olvidar de todos sus problemas, casi. Porque a pesar de que hayan pasado un mes desde que había llegado a las instalaciones, y ya había dado todos los exámenes que debía, no estaba contenta consigo misma.
Las noches eran especialmente problemáticas. Además…. Estaba la copia de Draco a cada lado que volteaba. Scorpius no era su padre, eso era un hecho. Draco jamás hubiera hundido su mano en un terreno de estiércol de unicornio, no habría atendido el parto de un hipogrifo y definitivamente no usaría artefactos muggle como lo hacía su hijo. Aun así, Scorpius lucía exactamente igual que su padre, quizás sus ojos no sean del mismo tono, ni la curvatura de sus labios, pero… la magia que corría alrededor de ellos era la misma. Quizás por eso trataba de no aparecerse en su laboratorio ni hacer demasiada conversación en el almuerzo. Hermione abrió la puerta de su habitación caminó por la rústica sala de estar y salió a la puerta. Albus y Scorpius estaban alojado a dos cabañas más al norte, gracias a merlín no compartían cabaña, estaba segura que le preguntarían por sus actividades nocturnas y siendo sincera no necesitaba a nadie fijándose en que hacía y qué no. Albus a pesar de ser hijo de su padre era más parecido a Ginny, tenía rayos x como ojos, podía ver tras sus acciones. —"No lo superas… pero cuando lo hagas… te darás cuenta que mejor es recuperar tu nombre, tu vida." — le había dicho sólo días atrás. Ella no quería regresar. No sabía cómo luchar. Todo en lo que había creído se había desmoronado. Su familia estaba muerta, y ella lo estaba para toda la comunidad mágica.
No le importaba estar en piyamas, a las hadas de la selva no le importaban, a ella tampoco. Se sentó en la pequeña escalera de y fijó la vista a las estrellas. Según la posición de las estrellas podía saber qué hora eran: "Las tres de la mañana". Hermione estiro sus brazos en dirección al cielo, suspiró hondo caminó en dirección al riachuelo que estaba aproximadamente a diez minutos de donde estaba, era un lugar prohibido para los estudiantes menores de quince años, porque se encontraba en una zona algo resbaladiza.
Al llegar a las orillas, puso sus pies en el agua.
—Ya se te ha vuelto una costumbre salir a mitad de la noche. — dijo una voz detrás de ella, no había que volver la vista para saber quién era. —¿Me estás controlando? — preguntó molesta. Recogió su cabello hacia un lado, se sentó sobre una roca más grande mientras dejaba reposar sus pies en el agua cristalina.
—No— Scorpius estaba sentado a su lado. —¿Siempre me vas a tratar así? — preguntó
—¿Cómo? — respondió ella sin mirarlo. Expidiendo la palabra como si fuera una bala.
—Como si fuera mi padre… y estuvieras tratando de castigarlo…— Hermione volvió su vista hacia el joven por primera vez. Scorpius estaba usando solo un par de pantalones cortos y al igual que ella estaba dejando reposar sus pies en el riachuelo. Tenía razón no era la definición de cortés con Scorpius, sinceramente en todo el tiempo de conocerse no habían hecho demasiado por romper el hielo.
—No sé que decirte. — Hermione fue lo más sincera que pudo.
—Me parezco a él. Eso lo entiendo… pero… llegar al punto de no querer a sentarte en la misma mesa porque estoy sentado me parece… un poco… —
—¿infantil? — preguntó ella.
—No, extremo. — Sorteó una mueca parecida a una sonrisa. — Entiendo por qué no quieres salir a la luz, entiendo que estás deprimida… pero de cierta manera…. la vida sigue, el mundo sigue moviéndose, y bueno… no estaría mal si fueras más amable con la gente que te está tratando de ayudar. — Sus ojos bailaban en direcciones curiosas. Quizás sea solo el reflejo de la luna, pero podría jurar ver el mismo tono carmesí en sus mejillas esas que una vez había visto en su padre.
—Está bien. — resopló el rubio tenía razón. No podría pasarse toda su vida amargada. — Mi padre… me escribió… ¿sabes? — dijo Scorpius jugando con el agua. — no sé cómo decirte esto…— se llevó una de sus manos a la cabeza.
—déjame adivinar. Se casó con Parkinson. ¿Es eso? — no pudo vomitar las palabras con todo el odio que sentía. Draco había sido enfático ese día en San Mungo, no quería recordarla, se casaría con Parkinson y claro… como olvidar que nunca la quiso. El rubio se quedó callado por unos momentos. —No, de hecho… la boda se pospuso… aun así mi padre quiere que vaya a Londres… no planeo hacerlo…— El corazón de Hermione quería salirse de su pecho. — pero me amenazó que si no iba el vendría por mí. Y tú lo conoces… — Sí, cómo lo conocía.
—Ya rendí los exámenes que me propuse dar. Puedo irme… no seré un problema para ustedes... — Respondió Hermione reincorporando sus pies para pararse.
—Granger… en verdad eres insoportable. — bufó molesto. La luna llena estaba por encima de ellos, el aroma de las flores nocturnas inundaba el lugar. Era delicioso la mezcla del ruido del rio y el aroma afrutado. — No se trata que te escondas… se trata… uff… déjalo— Scorpius se paró del lugar de un salto, pero las piedras no le permitieron moverse a gusto cayendo encima de ella. Hermione podía sentir la respiración de él sobre ella. Sus manos estaban a los lados de su cara. Sí definitivamente Draco y Scorpius no tenían el mismo color de ojos, porque en ese momento los tenía apenas a unos escasos centímetros. Las mejillas del muchacho se encendieron al instante, quiso moverse, pero el resultado fue mucho peor. El chico cayó con todo el peso sobre ella. Hermione no pudo reprimir una risa. Era ver gracioso ver a alguien tan torpe. Scorpius después de unos cuantos intentos más rodó a un lado.
—Las... piedras… musgo … pum... hierbas... caí— Scorpius tropezaba sus palabras, estaba hablando cosas que no podía entender. Hermione con cuidado se paró sonriéndole. — Bueno… creo me has convencido, si él viene… no escaparé. — dijo con total tranquilidad.
Noviembre 1996
No entendía porque sentía que algo no andaba bien. No es que no le gustara ver a su mejor amigo sobresalir en pociones, lo que no le gustaba era ese bendito el libro. Podría sonar descabellado que ella, Hermione Granger, desconfiara de un libro, pero las anotaciones contradigan las indicaciones era sospechoso. ¿Quién habría sido su dueño? Sin duda alguien con profundos conocimientos en el arte de entender a las plantas y cómo mezclarlas. Quizás y si Harry le prestara el libro para poder estudiarlo con detenimiento. Hermione suspiró, estaba agotaba, había terminado los ensayos pendientes: Transformaciones, pociones, encantamientos y aritmancia. No tendría problemas hasta el próximo año. Esa era clave del éxito, adelantarse a los hechos. Hermione miró a los lados sonriendo, no había nadie. Miró el reloj en la pared de la biblioteca. ¿Sólo las seis de la tarde? ¿Qué les pasaba a los alumnos de Hogwarts? ¿Preferir un partido de quidditch sobre el futuro académico? Sólo los insensatos. Agrupó sus libros y pergaminos y salió de la habitación.
Hermione caminó por el pasillo, subió a las escaleras, llegó al pasillo del tercer piso. un sonido la detuvo. Eran gritos. Su piel se escarapeló. Corrió hasta donde se oían los alaridos de dolor. En una de las esquinas se podía ver a Theodore Nott y Draco Malfoy. — Lo siento, pero tendrás que ir a la enfermería por algo… no hay nada que pueda hacer. No debiste decirle eso a Crabbe… sabes que se pone como loco cuando le hacen recordar que no tiene cerebro… —dijo el chico alto y delgado a un adolorido Draco Malfoy. —¿Y decir qué en la enfermería? No seas ridículo… — escupió el rubio sosteniendo su brazo. Hermione no podía creerlo, sabía que algo andaba mal con Malfoy, pero no al punto de llevarse tan mal con sus antiguos amigos. — ¿por qué no le pides ayuda a Zabini? Estoy seguro que si te disculpas él puede ayu…. No pongas esa cara… sólo estoy dándole ideas. — Nott alzó los brazos. Hermione podía notar que el brazo del rubio estaba totalmente morado, era como si se hubiera caído desde un tercer piso y no hubiera ido a que le arreglen el brazo. No eran sus asuntos, sin embargo, se escondió detrás de la puerta más cercana al notar que el par de Slytherin caminaban en su dirección. — Nunca, es un traidor… le pedí que se uniera… ¿y qué me dijo? No es rentable. — Malfoy sonaba amargo, más que de costumbre.
—Puede ser bueno… uno nunca sabe… nosotros no tenemos alternativa, pero Blaise…— Hermione nunca antes le había escuchado más de una oración a Nott. Esa era la primera vez en mucho tiempo, sonaba resignado. La castaña salió detrás de la puerta para ver donde se encontraban los dos Slytherin. Nott estaba de espalda y contraluz, mientras que Malfoy estaba apoyado en una de las paredes de piedra aun sosteniendo su brazo. ¿Qué habría pasado? Odiaba admitirlo, pero los años habían sido gentiles con Malfoy, quizás era tan guapo como desagradable. Jamás diría eso en voz alta, preferiría ser confundida con Lavender Brown antes que decir algo por el estilo.
—No me importa… — contestó Draco sosteniéndose el brazo. —Tomaré unos analgésicos y seguiré intentando más tarde… — volvió a contestar.
—Más te vale, si te sigues demorando… todo será mucho peor… Crabbe, Goyle y el resto tendrán razón al desconfiar de ti. — Nott se estaba separando del rubio. —Y recuerda… no puedes seguir evitando hacer las rondas de prefectos… ya sabes quién se puede quejar con Dumbledore, Parkinson no siempre puede cubrirte. — Sabía que Malfoy no estaba cumpliendo con sus obligaciones, a pesar de haberle presionado Malfoy se estaba burlando de ella. Nott estaba corriendo en dirección a las escaleras. ¿Era su imaginación o no quería ser visto con Malfoy? — No me hagas recordar… Granger puede ser un verdadero dolor en el trasero. — Draco caminaba tambaleándose. Esa noche Malfoy se iba a enterar quien era Granger.
Hermione sujetó bien su mochila, miró a Draco quien caminaba de espaldas y corrió en su misma dirección. Con todo el peso de su cuerpo cayó sobre él haciendo que rubio gritara aún más. —¡Mierda!¡Mi brazo! — gritó Malfoy con todo el aire de sus pulmones. Hermione se levantó despacio, quizás y en su afán de descubrirlo se le había pasado la mano. — Disculpa Mal…— Hermione no era muy buena mintiendo, pero podría fingir demencia por un par de segundos. Hermione buscó el brazo izquierdo de Malfoy esperando poder ver el tatuaje de los mortífagos, pero en vez de eso vio el tono purpura y deprimente del brazo de su enemigo. —que…— Hermione subió la vista a su rostro, estaba morado, como si le hubieran pegado hasta perder el conocimiento. — Por Merlín Malfoy… tienes que ir a la enfermería. — dijo parándose e intentando ayudar al muchacho. Pero este estaba en el piso sin querer moverse.
—Lárgate Granger… — musitó Malfoy con pesar. Se notaba que le estaba costando respirar. —¿Estás loco? Tienes que ir a la enfermería, esa herida se va infectar. — dijo viéndole el corte en el cuello, se podía ver el músculo.
—¡No! — Respondió desde el suelo, estaba intentando levantarse, pero el rubio no podía. Malfoy estaba tan adolorido que no la había insultado. —Déjame aquí. — Malfoy estaba doblando los ojos para caer inconsciente. Hermione tomó por la espalda al rubio y lo arrastró hasta la habitación más cercana. La herida en su cuello estaba profunda, era como si le hubieran clavado un cuchillo, la sangre estaba salpicándole.
Con una de sus manos contuvo la hemorragia mientras buscaba su varita. ¿Por qué Malfoy no quería ir a la enfermería? No había tiempo de averiguarlo. Malfoy estaba cubierto en sangre. En un movimiento de varita contuvo la hemorragia, con sus manos le quitó la camisa, acomodó su cuerpo en el piso. Revisó el brazo que estaba morado. Analizando cuidadosamente las marcas podía notar las pequeñas venas sobre salir en su pálida piel. Hermione no sabía muy bien qué hacer. Se sentía culpable de haber tropezado con el chico apropósito. Miró a su alrededor… ¿Dónde demonios estaban? Estaba segura que no era la sala de menesteres que ella conocía… era diferente. A su lado pudo hallar un pequeño armario que tenía cientos sino miles de ingredientes en pequeños frascos. La sala estaba intentando ayudar a Hermione con Draco. Rápidamente corrió hasta el armario de madera. Sacó un par de hierbas, las mezcló con pociones ya preparadas. Y en menos de un minuto puso la nueva mescla sobre el brazo morado de Malfoy. Gracias a Merlín y Cirse el color de su brazo empezaba a tomar un color más natural. Hermione secó las leves gotas de sudor en su frente. Inhaló todo el aire que pudo.
—¿Malfoy? — preguntó intentando moverlo. Hermione observó como una cama aparecía justo delante de ellos. Con un "acció" movió a Malfoy hasta la cama. Hermione con cuidado volvió a revisar cada herida que tenía el muchacho, moretones, cortes y una pequeña herida debajo del labio. Sin duda había sido atacado con magia y con puños. Los hombres tenían códigos que no entendía, pero los sangre pura eran aún peor. No podría quedarse ahí ¿o sí? Volvió hasta donde estaba el armario con las hierbas y pociones. Buscó una que pudiera ayudarlo con la energía corporal. Sabía que tenía que introducirla vía sanguínea, según sus libros de pociones medicinales los efectos podrían ser cien veces mejores. Con miedo y mucho cuidado introdujo la aguja en su antebrazo. Sí, Malfoy estaba recuperando color.
Por primera vez desde que llegó a la sala de menesteres se fijó en el bolso que Draco había traído junto a él. No quería ser entrometida, pero… no podía con su genio. Había pergaminos con ejercicio de aritmancia mucho más avanzada de lo que jamás hubiera imaginado, libros de objetos encantados y un libro muggle de física. ¿qué hacía Malfoy con todo aquello? Jaló una silla a su lado y empezó a desarrollar un par de ejercicios.
—Esto es acerca de… probabilidades… y el manejo de planos paralelos. — musitó apenas. ¿Por qué Malfoy invertiría en magia tan avanzada? Hermione vio como Draco se acomodaba en la cama en posición cúbito ventral. Al parecer necesitaba dormir. Hermione no podía dejarlo ahí. Malfoy podría ser desagradable, pero era un ser humano. Al menos estaría hasta que despertara. Hermione se acomodó en un sillón y con total parsimonia empezó a hacer los ejercicios que había encontrado. "Al fin algo interesante". —¿Hermione? — a la castaña se le heló la sangre. Fijó la vista donde estaba el rubio durmiendo. Draco seguía en cama con la poción corriendo por sus venas. Sus mejillas estaban inyectadas en color, parecía como embriagado. —¿Qué hacessss en mi habitaaaaación? — alargaba las palabras. El extracto de amapola le estaba causando ese efecto. — shh… duerme… tus músculos están desgastados…— dijo ella en tono calmado. —escóndete… te pueden ver…— Draco se estaba tratando de sentar. Hermione lo contuvo en la cama. — me duele… — dijo señalando su brazo ¿era su imaginación o estaba haciendo puchero? Después de eso se quedó mirándola fijamente. —¿Estás bien? ¿Malfoy? — puso su mano en su frente con cuidado no sabía cómo reaccionaría. No había rastros de fiebre, pero debía tener cuidado porque las heridas se podrían infectar. — … Granger… eres tan bonita…— Era como si le pegaran en el estómago, Sus mejillas estaban ardiendo, aun así, no dejo de medir su temperatura. —shhhh…— dijo el rubio sin que ella hubiera abierto la boca. —Potter nos puede ver… no le va gustar que te vea junto… Hermione… eres demasiado buena como para estar… con… ese… imb...— sus ojos bailaban, las mejillas le ardían. Era perfectamente normal, la amapola debía hacer ese tipo de efecto para que las heridas no le dolieran después. —… estas en mi habitación… Potter se va enojar… su novia en mi…—
—Harry no es mi novio. Y tú estás mal. Échate de una vez. — le señalo la cama. Draco se echó de una vez sin perder la sonrisa tonta. Draco había aprovechado la cercanía para enrollar el brazo derecho sobre la cintura de la castaña en un gesto totalmente narcótico.
—Me gusta cuando te pones mandona… — Hermione no sabía cómo responder a eso. Está envuelta en Draco Malfoy, su peor enemigo. —¿Te vas a ir?... No te vayas… pueden venir… —Hermione no sabía a qué se refería, Draco estaba acostando su cara a su estómago. —puedo ser un niño bueno…— poco a poco las energías del muchacho se iban disipando, Draco se volvió acomodar en la cama. Estaba empezando a cerrar los ojos. "¿Qué acaba de pasar?" preguntó una voz en su cabeza, no tenía ni idea. Hermione se quedó sentada al lado de la cama de Malfoy… No podía estar bien…
Diciembre 1996
Las doce y media de la noche. ¿Quién creía que era ella? ¿Acaso creía que no tenía nada mejor que hacer? Hermione miró de nuevo su reloj de pulsera. Era una locura estar ahí, a veces no podía creer como el castillo pudiera permitir una locura como esa. ¿Ella y él? Debía de ser un chiste de la magia. Hermione se había quedado en las vacaciones de navidad a pesar que su familia le había pedido quedarse con ellos, a pesar que sus propios amigos pensaban que ella estaba con su familia. Hermione había aceptado a quedarse en el edificio solo por él. ¿Por qué? ¿Por qué no podía comportarse como ella con él? Era como pisar las nubes, era… vivir en otra galaxia. Claramente él no podía sentir lo mismo. Hermione bufó molesta. —me voy— musitó tirando la manta que estaba en sus pies. El sistema de comunicación no fallaría tanto si es que Draco se decidiera a usar el patronus. Pero claro, siendo él un auténtico cabezota no quería reconocer que no sabía cómo evocar el hechizo. Estaba por salir del salón cuando algo envolvió su cintura atrayendo su cuerpo hacia atrás.
—¿A dónde vas? — su voz ronca rosó su nuca. Miles de destellos se sintieron en su pecho y estómago. Maldita sea las formas de seducción de Draco Malfoy, eran efectivas como un chocolate caliente en una noche helada. Sus manos se abrían paso por debajo de su blusa. Unos besos nocivos se encaminaron en su piel desnuda. Con desfachatez Draco le quitó el sujetador, ella volvió su cuerpo y alzó su dedo. —No tan rápido… ¿dónde demonios estabas? — Hermione pudo ver directamente a los ojos del rubio. Mordió sus labios… Estaba frita, Draco tenía esa media sonrisa de lado que la exasperaba… estaba segura que podría manejar la situación. Draco no podría ganar cada discusión sonriendo… no, tenía que dejar en claro que ella tenía que ser respetada. No podía esperar como si fuera Penélope. No, ella no sería ese tipo de brujas.
—Tenía cosas que hacer— Draco sumergió su rostro en el espacio entre el cuello y su pecho pequeños besos iban en dirección a sus senos. Felizmente estaba usando un sweater de lana. — Te he esperado 3 horas…— la castaña estaba intentado que su voz sonara determinada, pero estaba segura que por la forma en que su cuerpo se estaba derritiendo no lo estaba consiguiendo. Se armó de valor y se desprendió de él con dirección a la puerta. —¡Hey! —
—No estoy para juegos…— ella tomó sus cosas del piso.
—De verdad... no podía…—
—¿Y no podías mandarme un mensaje? ¿Tan difícil es? — preguntó ella alzando los brazos. Siempre era lo mismo… pensaba que ella estaba a su disposición…
—No, no podía… no tenía ni pergamino ni tinta— respondió con su típico tono cabrón. Ella volvió la vista hacia él. El rubio estaba a un centímetro de ella. Sus labios buscaron a los suyos con desesperación, con las mismas ansias de siempre. Sus manos grandes estaban en su quijada y la otra en su espalda como esperando que el lazo pudiera sellarse. —No…— dijo ella desde el beso. —nada de nada… no sé qué es lo qué tengamos. pero si no podemos comunicarnos… no quiero…— Otra vez Malfoy seguía sosteniéndola encerrándola en sus brazos. Era totalmente aprensivo, la forma en que lo habían criado le impedían entender las negativas. Era un niño mimado.
—Está bien… prometo aprender… el patronus— dijo cuándo re capturó el aire. La castaña relajó los brazos. — Pero no puedo prometer que me salga… — dijo el en tono pastoso. Ella sonrió dándole un pequeño beso en la comisura de los labios. —Si esta es tu nueva manera de engañarme para que no…— ella estaba entrecerrando los ojos
—Está bien, lo juro… — dijo alzando la mano derecha. —prometo aprender el Patronus así sea lo último que haga. — Ella le sonrió.
—No me vas a decir en donde estabas ¿verdad? — sabía que no lo haría, eso era parte de lo que tenían. Sin preguntas y compromisos.
—No. — respondió
—idiota…— murmuró mientras él llevándola hasta el sofá más cercano en donde los dos empezarían lo que cada día después de las ocho hacían en el salón de los menesteres.
Presente.
Draco había estudiado mitología griega en su infancia y sabía que en esos momentos Pansy se estaba comportando como la misma medusa. Había tirado cada libro en su oficina, arrojado los vasos de cristal contra las paredes como también intentado incendiar los cuadros que colgaban en sus paredes. Blaise le había advertido, el mundo entero lo sabía, hasta su misma madre le había pedido que no alterara a la bruja, después de todo — "Ella es lo mejor que nos pudo haber pasado, pertenece a una de las familias más puras de todo el mundo ¿por qué exasperarla con post poner la boda?" — le había dicho unos días atrás. Ahora entendía mejor a qué se referían todos. Su amiga de antaño no se estaba comportando como una bruja razonable.
—No puedes decirme eso ¡Una semana antes! — gritaba mientras le tiraba lo que parecía una enciclopedia antigua. Draco pudo evitar el impacto agachándose. Pansy estaba verde de la ira, sus cabellos parecían cobrar vida como verdaderas serpientes. Draco le había pedido retrasar un mes la boda en lo que resolvía ciertos asuntos. La bruja no tenía idea a qué exactamente se refería con eso. Si Hermione no estaba viva… estaría perdiendo mucho dinero, pero si lo estaba quizás… estaría perdiendo el resto de vida que le quedaba. —¿Qué puede ser más importante que esto? — volvía a gritar mientras lloraba.
—Pansy… sólo…— quiso volver a decir, pero otro libro fue arrojado en su dirección.
—No. ¡He esperado ese día desde que tenía once años! ¡No puedes venir a decirme que no puedes casarte en esa fecha! — El rostro de ella estaba tan rojo que parecía un tomate, los años no habían sido del todo gentiles con la bruja, se podía notar en esos momentos que el maquillaje mágico no funcionaba muy bien con la sal de las lágrimas.
—Sólo te estoy pidiendo un mes más… ¿por qué no puedes ser razonable? — preguntó el esquivando con magia otro objeto. La bruja se paró a observarlo detenidamente, él la observó sin dejar que el miedo se infiltrara.
—Escúchame bien Draco, si este es otra manera para verme la cara… te juro que te vas arrepentir. Te puedo dar en donde más te duele. Me conoces. — La bruja se limpió la lágrima que se estaba resbalando en su mejilla. — Si no soy la señora Malfoy al terminar el año te juro que ese apellido tampoco existirá. — tomó el pomo de la puerta, volvió la vista hacia él. — Le vamos a decir a la prensa que estamos esperando a tu hijo de su viaje … así que lo quiero ver en la recepción del próximo mes. Es una advertencia. — Parkinson tiró la puerta tras ella. Pansy estaba loca si creía que el aceptaba amenazas, en primer lugar, él se estaba casando con ella por dinero, no por capricho, ni por sus padres. Ya no era un niñato a que sus padres podrían controlar. Ya no era el mismo muchacho que fue engañado por las personas que más quería.
Draco se sentó en su sillón viendo como las cosas en el piso se veían… quizás y debía de pensar en maneras más efectivas de conseguir la información que necesitaba. Eso significaba hablar con cierto personaje. Personaje que juró quemar en el minuto que se enteró de la muerte de Hermione y que no había tenido suficiente coraje para hacerlo. Draco se paró de su asiento. Caminó hasta uno de sus estantes, jaló la caja de madera del tercer gabinete y lo abrió. En una tela estaba el cuadro de su antiguo padrino y profesor de pociones.
Estaba igual que la última vez que lo vio. Esa noche… en él podía oler la sangre de Hermione en su propia ropa. —Snape…— dijo ahogándose en su propia saliva. La figura no se movió, sólo parpadeó. —Draco… después de tanto tiempo, pensé que siempre estaría de visita en otros cuadros… — era cierto, no recordaba la voz de su maestro. —Ella ¿Está con vida? — preguntó con cuidado. La figura de su maestro y director resopló. Su última conversación fue acerca de ella y la primera que tenían después de años volvía a ser ella. —Sí. — dijo en tono grabe. —"eres un niño estúpido… búsquela y lárguense…"— eran las palabras de su padrino justo dos noches antes que él muriera a manos del señor oscuro. —"por razones que no entiendo… ella te quiere… ráptala y lárgate antes de que se arrepienta..." —esa era otra de sus frases cuando estaban enclaustrados en la mansión, por ese entonces Severus Snape le había advertido que era mejor dejar a todos detrás e ir por lo que quería, su profesor no aceptaba los motivos de sus miedos. —"tus padres entenderán… no en el futuro cercano… pero no puedes salvarlos… es el futuro que ellos buscaron. Tu no "— Si tan solo le hubiera escuchado en ese momento.
—¿Si? — preguntó casi sin voz
—Sí, estuvo en el castillo el mismo día que tú. — respondió la imagen. Sus manos estaban juntas como cuando daba malas noticias.
—¿Cómo?...
—El hijo de Potter la llevó a ver a McGonagall… — el aire de sus pulmones. Sabía que el hijo de Potter estaba metido en todo aquello. — Está bien. Igual al mismo día que desapareció. — terminó de decir.
—Ella vino a verme…
—Sí, lo sé. Y te comportaste como digno hijo de tu padre. — respondió tosiendo, poniendo el rostro aún más rojo. —Te dije que para gente como nosotros no hay segundas oportunidades…. Te lo advertí— Snape le miraba directamente. —Pero… me equivoque… porque ella te fue a buscar. ¿verdad? — Draco asintió retrocediendo un par de pasos. —¿cómo… cómo… es posible? — volvió a preguntar sintiendo que algo se escurría sobre su rostro. —Juré que te ayudaría… hasta la muerte… pero ya estoy muerto. — Agregó en un tono irritado
—no te atrevas… nada de esto hubiera pasado si no hubiera sido por tus estúpidos consejos… ¡TU ME DIJISTE! — Le gritó al cuadro con violencia, como la última vez.
—YO TE DIJE QUE DECIDIERAS… NO ELEGÍ POR TI. Asume tus responsabilidades… yo no soy tu madre, ni menos Lucius… A mí no me eches la culpa de tus decisiones… con las mías tengo suficiente. — sentenció. Draco quiso tirar el cuadro por los aires… pero necesitaba saber cómo había aparecido Hermione y dónde demonios estaba. — Recuerdo haberte dicho... fue el mismo día que crearon este cuadro… que si no huías de tu apellido con ella te arrepentirías. — agregó.
—Mi madre…
—Sabías que te estaban manipulando… ¡no eras un niño! — La imagen de Severus Snape cruzaba los brazos. — Ahora nada de eso importa…
—Ella está viva. — agregó él. —¿qué hubieras hecho si tu sangre sucia hubiera sobrevivido? ¡dime! — acusó Draco. Una risa amarga inundó la habitación. —La diferencia, Draco. Es que Evans no me juró amor eterno… ni se puso delante de mi cuando un imperdonable iba en mi dirección. — Draco subió el brazo para tirar el cuadro. —Pero… si tanto quieres verla… si quieres encontrar la verdad… busca a tu propio hijo. Ese es mi consejo.
Hola a todos,
Como sigo en la ciudad aprovecho en subir otro capítulo. A los que me pregunten por la boda… bueno habrá boda. Habrá más Snape, habrá drama.
Les mando un abrazo del tamaño del sol,
Nos leemos
Dlila.
