Hola!
¿Pues qué pensaron? ¿Qué había abandonado el fic? No señor, este fic lo termino porque lo termino. Solo tuve complicaciones: la escuela, problemas personales, y bueno, también me metí de lleno en otro fandom, pero no por ello voy a dejar esta historia a medias.
Antes de empezar quiero aclarar un par de cosas: a partir de este cap otros personajes de Death Note aparecerán, aunque sus roles no serán necesariamente como en el anime o manga. Y bueno, a partir de este momento podría declararse una especie de "segunda etapa" en el fic.
Y también quiero dar gracias a:
PaotCraft, nangrayson, lizAckerman , Cissy , VioletJoy, Cana Lawliet-san , nico ale, May-chi , Samantha, KIM JEEVAS, Karen Hikari, Osanai senpai y a 0-Luna Love-0.
Sus reviews me animaron a retomar esta historia y me regresaron la inspiración. También a aquellas otras lectoras (o lectores, a lo mejor hay alguno por ahí) que han puesto en alerta, favoritos o leen sin más. Gracias!
Y sobretodo a Hikari Blossom, es una gran Beta.
En fin, vayamos a lo importante, el fic.
Death Note pertenece a Tsugumi Obha y Takeshi Obata, yo no gano nada con esto.
Capítulo 11: Bon Jorno
Ese día era especial.
El molesto despertador sonó. Linda sacó su mano de entre las sábanas intentando apagar el molesto aparato, cosa que logró luego de varios intentos fallidos. Se incorporó en la cama y lanzó un bostezo para luego levantarse e ir a tomar una ducha rápida. Tenía la mala costumbre de levantarse tarde y ese día tenía una cita muy de la ducha, fue corriendo a su pequeña cocina y del refrigerador sacó un cartón de jugo de naranja; ni siquiera tomó un vaso, lo bebió directamente, ya iba demasiado retrasada como para perder más tiempo y la persona con la que se encontraría detestaba la impuntualidad. Dejó el cartón en el mismo lugar y salió de su departamento a paso apresurado.
Tomóun taxi y se dio la oportunidad de tomar un leve respiro. Ese día sería largo y ajetreado, no solo por la cita que tendría, sino por lo que ocurriría una vez entrada la noche. Había esperado ese momento durante tanto tiempo que casi le parecíairreal que efectivamente fuese a suceder. Era una fecha demasiado importante para ella y para él. Todo debía salir a la perfección.
El taxi detuvo su andar y con ello Linda salió de sus pensamientos. Una vez que sus pies tocaron el suelo, se adentró en la que había sido su escuela mucho tiempo atrás: la Universidad de Camberwell. Saludó a las personas que pasaban junto a ella y recorrió los pasillos que hacía apenas unos años transitaba para ir a sus respectivas clases. Hasta que llegó a esa oficina. La secretaria la reconoció de inmediato y le permitió la entrada. Linda no esperó ni un momento más y abrió la puerta con delicadeza; lo primero que vio fue el rostro sonriente de la que había sido su maestra:MerrieKenwood,apodada por el medio artístico como Wedy,había sidoascendida en la institución, por ello había dejado de impartir clases en la universidad. Con la mirada, la mujer le pidió a Linda que tomara asiento en una de las sillas frente a su escritorio, la chica obedeció y sonrió al tener de nuevocara a cara a la que había sido su profesora favorita.
—Hace tanto tiempo que no te veo, Luciana —comenzó a hablar la mujer con ese acento tan peculiar que tenía; a leguas se notaba que era americana.
Su ex maestra era la única persona que la llamaba por su verdadero nombre; a Linda no le molestaba en absoluto, ya se había acostumbrado a ello.
—A mí también me agrada volver a verla, maestraWedy, aunque me sorprendió el hecho de que me hubiera citado de forma tan repentina.
—Hay una razón para ello. De hecho, hay tres.
—¿Y cuáles son ? —inquirió Linda, curiosa.
—La primera es que necesito pedirte un favor, ¿podrías dar hospedaje a una nueva estudiante que vendrá de intercambio? Es japonesa y desconoce por complete la ciudad. —Linda la miró sorprendida—. Descuida, será temporal, solo mientras la chica se adapta.
—Bueno, vivo sola y eso… pero, ¿de quién se trata?
—Su nombre es Sayu Yagami, es una joven fotógrafa con mucho talento.
—Bueno… —Meditó su respuesta. Realmente no teníaningún inconveniente y si la profesora le estaba pidiendo ese favor personalmente,¿cómo podría negarse?—. De acuerdo. Será un gusto recibir a la señorita Yagami en mi casa.
—Gracias, entonces… ¿también podrías ir a recogerla al aeropuerto el lunes, como a eso de las diez de la mañana?
—Por supuesto, serépuntual.
Wedy sonrió y tomó la taza de café que se encontraba a su izquierda, bebió un poco y volvió a dejarla en el mismo lugar. Su mirada se posó nuevamente en la joven.
—Habiendo arreglado eso, quería informarte que el domingo es la boda de mi hija ¿la recuerdas?
—Heather, ¿no? ¿Cómopodría olvidarla? Es una chica entusiasta. —Y sí que la recordaba, aquella chica se había autoproclamado su más grande fan.
—Ella me pidió que te invitara a su boda personalmente. Si lo deseas, Mihael puede ir, él también está invitado.
Linda se ruborizó al escuchar ese nombre.
—El domingo no tengo nada que hacer, tal ves asista. Y respecto a Mello, ya veré.
—Sabes Lucy, mi esposo tambiénestá interesado en verte —le informó seria —. Tiene una propuesta que hacerte, por eso requiero tu presencia.
—Entonces ahí estaré sin falta —declaró animada—. Y dígame, ¿cuál era la tercera razón por la que me citó?
—Quería verte—respondió con simpleza y ensanchando su sonrisa—, saber cómo estas, qué tal te va. Fuiste mi alumna preferida, es normal que sienta curiosidad sobre tu vida. Dime, ¿cómo van las cosas con Mihael?
Linda desvió la mirada apenada. Por alguna extrañarazón ese tipo de temas aún lograban hacerla sentir incómoda. Sabía que su rostro debía encontrarse completamente rojo, un gesto que su profesora siempre encontraba tierno.
—De hecho, hoy es nuestro aniversario —murmuró por lo bajo.
—Enhorabuena, Lucy¡muchas felicidades! —La mujer se levantó de su asiento y la abrazó fuertemente, casi hasta dejarla sin aire—. Y mucha suerte, ojalá y lo suyo dure muchos años más. Quizá en un futuro no muy lejano, seas tú la que me invite a su boda.
Linda abrió los ojos lo más que pudo ante el comentario. Solo pudo asentir de manera nerviosa mientras Wedy aún la estrujaba entre sus brazos. Luego del emotivo momento, Linda salió del lugar. Se sentía extraña; después de las palabras pronunciadas por su ex profesora no podía alejar esa palabra de su mente: "matrimonio". Jamás se había detenido a pensar en esa palabra, todavía se creía demasiado joven como para atar su vida a la de alguien y por alguna razón desconocida para ella, nunca pensó en Mello de esa forma.
Comenzó a caminar, buscaba un taxi el cual pudiese llevarla de vuelta a su departamento, pero parecía que la suerte no estaba de su lado ya que todosiban ocupados o ignoraban sus señales de parada. Chasqueó la lengua molesta y refunfuñó un par de insultos en su lengua natal. ¿Por qué tenía que pasarle eso?Justo el día que más ocupada estaba.
—Hey, Linda.
Escuchó una voz a lo lejos. Buscó con la mirada a la persona que la había llamado, encontrándose con Matt a unos metros de ella. Sutípica sonrisa adornaba su rostro, aunque eso era algo sin relevancia,Matt siempre sonreía.
—¿Qué haces aquí? —preguntóMatt,frunciendo el ceño.
—¿Así me saludas? Y yo que planeaba darte un aventón.
—Está bien… —suspiró exasperada, a veces detestaba esa actitud tan infantil del chico—. Hola, Matt,¿cómo estás? —saludó con una felicidad demasiado fingida, parecía una de esos actores sobreactuados de televisión abierta—. ¿Me puedes llevar a mi casa?
—Por supuesto, cuñada. Sube —le dijo, a la vez que señalaba su automóvil rojo que estaba estacionado a unos cuantos metros.
Ambos se dirigieron hasta el vehículo, ellase sentó en el lugar del vez que ambos se colocaron el cinturón de seguridad, emprendieron marcha. Linda estaba absorta en el paisaje, a pesar de que lo conocía de memoria, jamás dejaba de admirarlo, cada día descubría un nuevo detalle que la hacía maravillarse aún más. Matt, por su parte, parecía muy concentrado en el camino, algo bastante raro en él. El silencio fue roto cuando el chico encendió la radio, cambió varias veces de estación, ninguna parecía convencerle, hasta que dejó una donde, al parecer, pasaban éxitos del pasado. Linda lo miró extrañada.
—No sabía que te gustaban The Beatles.
—¿A quién no le gustan?—contestó sorprendido.
Luego Linda comenzó a tararear la canción emitida, a pesar de que ella no se consideraba fanática de ese grupo de inmediato identificó la canción: se trataba de Yestarday.
Despegó su vista de su amigo para volver a enfocarse en el paisaje. Mattla notó seria, demasiado, y eso no era normal en ella. Decidió hacerle plática, pero antes de si quiera formular una pregunta, ella se le adelantó.
—¿Qué hacías por aquí Matt? —cuestionó—. No es muy común verte por estos rumbos.
—Una pequeña empresa de por aquí solicitó mis servicios, al parecer necesitaban actualizar su base de datos.¿Y tú qué hacías?
—Mi maestra me llamó para pedirme algunas cosas. Quiere que aloje a una estudiante de intercambio de Japón.
—Japonesa,¿eh?—repitió pícaramente. Linda ya sabíalo que significaba que él utilizara ese tono de voz—. ¿Y es guapa?
—Eso no lo sé.Pero te advierto, no te acerques a ella con esas intenciones, ¿escuchaste?
—Está bien, está bien, como tú digas. Pero debes presentármela. He oído que las japonesas son ardientes, solo que esconden todo eso debajo de una fachada de timidez.—Linda solo pudo rodar los ojos ante ese comentario tan fuera de lugar. Pero no podía hacer nada, Matt era así y al parecer no cambiaría… por ahora—.¿Y a dónde irán Mello y tú esta noche a cenar? Ya sabes, por lo del aniversario.
—A un restaurante italiano que abrieron hace poco —contestó—. ¿Cómo sabes que es nuestro aniversario?
El pelirrojo sonrió de medio lado.
—Mello no se ha cansado de repetirlo. No te imaginas el humor que trae, quiere que todo salga perfecto.
Linda no pudo evitar esbozar una pequeña sonrisa al escuchar aquello. Mello, a pesar de ser frío, a veces distante y no muy dado a expresar su cariño, se preocupaba por ella, porellos. Eso la alegraba.
—Llegamos—anunció Matt cuando estuvieron frente al edificio en el cual se alojaba Linda.
—Gracias, Matt. Te debo una.
Se bajó del auto y agitó la mano a modo de despedida, Matt hizo lo mismo.
—¡Que pasen buena noche!—gritó antes de arrancar el auto. Haciendo que Linda se ruborizara a más no poder y que las miradas de sus vecinos se clavaran en ella.
La noche llegó más rápido de lo que ella hubiera querido. Para empezar, aún no terminaba de alistarse. No podía decidirse entre el vestido negro o el azul cielo; el primero le parecía demasiado casual, y el segundo era demasiado corto para su gusto. Como si eso no fuera suficiente, su cabello estaba más rebelde que de costumbre. Al final optó por la prenda negra, a final de cuentas ese era el color favorito de Mello y, respecto a su cabello, decidió dejarlo atado en una coleta baja, de esa manera podía disimular un poco el mal estado en el que se encontraba. Su aspecto no era el que a ella le hubiera gustado tener, pero al parecer la suerte no estaba de su lado. Finalmente, solo retocó un poco su maquillaje. Se miró al espejo, no lucía tan mal, solo esperaba que su aspecto le agradara a Mello. Se suponía que la noche sería especial y no iba permitir que pequeñeces como esas opacaran la maravillosa velada que ambos tendrí cuanto se colocó los zapatos, llamaron a la puerta. Linda sabía perfectamente que se trataba de él; Mello tenía una forma peculiar de tocar el timbre —lo tocaba varias veces seguidas esperando sacarla de quicio—. Se dio un último vistazo en el espejo y se encaminó a abrir la primero que vio cuando lo hizo fue el semblante serio del chico. Sabía que trataba parecer desinteresado, aunque según lo que Matt le había contado ese mismo día, era todo lo contrario. Mello le dirigió una mirada rápida, de arriba hacia abajo sin perder ni un solo detalle.
—Te ves bien.—Fue lo único que atinó a decir. Pero para Linda fue el mejor halago que le hubieran dicho en toda su vida. Mello jamás hacía cumplidos, y ese "te ves bien" para ella era como si le hubiera dicho "luces hermosa"—. ¿Nos vamos?
Linda asintió enérgicamente y salió acompañada del chico. Esa noche debía ser especial, algo dentro de ella le decía que quizá eso no duraría para siempre.
Definitivamente la noche no fue lo que ella hubiera esperado. No solo porque su arreglo personal no terminó por convencerla del todo, tampoco porque en el restaurante italiano se habían quedado sin reservación debido a que un político "prestigioso" hubiera reservado todo el lugar de la noche a la mañana, ni mucho menos fue porque terminaron pasando la velada en el departamento de ella. Fue una simple y odiosa razón: Linda se rehusó a pasar "tiempo de calidad" con él.
No la entendía, realmente no podía. Se suponía que eso era lo que estuvieron esperando toda la noche; pero al llegar el momento ella se retiró sin siquiera darle una explicación lógica. Linda lucía enfadada y por más que intentaba encontrar una buena razón para ese estado de ánimo no pudo hacerlo. No fue sino hasta que la misma chica se lo dijo.
—No puedo creer que eso fuera lo único que esperabas de la noche, ¡es nuestro aniversario, Mihael!
Cuando ella lo llamaba por su nombre real eso no significaba nada bueno. Se recostó en el sillón de la sala y la miró despreocupado.
—No es eso, Linda. Pero si no pudimos cenar en ese maldito lugar al menos podemos aprovechar el momento en otras cosas.
—¡Ni siquiera me has preguntado qué hice hoy!
Suspiró agotado y rodó los ojos. Había ocasiones en que su novia lo sacaba de quicio.
—Bien, ¿qué hiciste hoy?
—Fui a ver a Wedy.
—¿Tu ex maestra? —Linda asintió—. ¿Para qué?
—Me pidió que hospedara por un tiempo a una estudiante de intercambio japonesa. Y acepté.—Mello le prestó más atención, ella continuó con su relato—. Y nos invitó a la boda de su hija.
—¿Nos?
—Sí, a los dos. Aunque entiendo que no quieras ir, tal vez tengas cosas más importantes que hacer…
—Linda —la interrumpió de forma abrupta —, todo lo que tenga que ver contigo me importa. Puedo parecer indiferente a veces, pero realmente me interesa lo que hagas.
Ella se sonrojó ante sus palabras. Sabía que quizá Mello solo las decía con la intención de quedar bien y arreglar su falta de consideración de unos minutos atrás, pero aun así, adoraba cuando el chico tomaba esa faceta ligeramente dulce.
—¿Me acompañarás? Es el domingo.
—No creo poder, ese día quedé de terminar unos trabajos en la empresa.—Ella suspiró, sabía de antemano que era un tanto complicado que él pudiese acompañarla; el trabajo de Mello era demandante—. Pero te compensaré, lo prometo.
Antes de que él pudiese pronunciar alguna palabra más, ella se acercó, tomando asiento a su lado en el sofá. Sin previo aviso le besó de forma apasionada, él correspondió casi de inmediato. Sin darse cuenta, ya se encontraban en la habitación de la chica.
Al parecer sí pasaría "tiempo de calidad" con ella.
Según lo que la profesora Wedy le había informado, la boda de Heather se realizaría en Royal Garden, uno de los tantos hoteles que Tierry Morello—el esposo de su maestra— había fundado; además, su cadena hotelera era de las más reconocidas en todo Londres. Una vez que puso un pie en el hotel no pudo evitar maravillarse. El lugar era realmente grande y maravilloso, tenía un leve toque que recordaba a la época victoriana pero a la vez era combinado con un aire moderno y sofisticado. Cruzó el vestíbulo hasta toparse con el organizador, que al verla la reconoció de inmediato y la guió hasta el salón donde se realizaba la ceremonia.
Todo transcurrió con normalidad. La novia y su cortejo cruzaron el pasillo hasta donde estaba el padre —y por ende, el novio— mientras los demás lanzaban pétalos de rosas blancas; a Linda la imagen le pareció adorable y, por un momento, cuando los novios estaban recitando sus votos matrimoniales, se imaginó a ella frente al altar, con un vestido blanco y abombado, tomando las manos del que sería su futuro marido. Pero había algo extraño en su fantasía y no fue consciente de ello hasta que se percató de que no eran las manos de Mello las que sostenía, sino las de… Sacudió su cabeza al tan solo pensarlo. Decidió centrar su total atención en lo que restaba de la ceremonia. En cuanto escuchó al padre recitar el "los declaró marido y mujer" no pudo evitar esbozar una sonrisa. Aunque Heather fuera un dolor de cabeza, no dejaba de alegrarse por su felicidad y ella se veía regocijante de alegrí ceremonia terminó y esta dio paso a la recepció el lugar estaba adornado de forma elegante, la decoración era minimalista pero era justamente eso lo que le daba elegancia. Los manteles eran de un tenue color perla el cual combinaba a la perfección con las paredes y la vajilla, ¡y qué decir de la cristalería!, la cual era preciosa. La música del trió de cuerdas lograba hacer másameno el ambiente del lugar, dándole un toque sofisticado. El aroma a flores acompañaba la armonía: rosa blancas y orquídeas adornaban cada riñón del salón. Linda nunca había visto nada más precioso en toda su vida, sin duda alguna, era de las mejores recepciones a las que había asistido. Todas las personas vestían de forma elegante. Por un instante, se preguntó si su vestimenta estaría a la altura; había puesto bastante empeño en su imagen, intentando no perder la sencillez que siempre solía caracterizarla. Usaba un vestido color lila de corte sirena, largo, y su cabello lo había peinado en tirabuzones que caían a cada lado de su rostro. El maquillaje no era muy llamativo, ya que jamás le gustó usar tanto, ella era de las firmes creyentes en la belleza natural. Un mesero pasó por su lado y le ofreció una copa de vino, Linda dudó por un memento, pero al final la aceptó gustosa. Apenas iba a tomar el primer sorbo, cuando alguien la llamó a lo lejos.
—¡Luciana!—Escuchó la voz de su profesora y volteó el rostro para encararla.
Wedy se encontraba atareada en un vestido rojo bastante revelador para su edad —al menos eso creía Linda—, pero eso no hacía que la mujer dejara de verse despampanante. Su ex maestratenía el cuerpo que cualquier jovencita de veintitantos años —incluso Linda—deseaba.
—Lucy, me alegra que hayas venido. ¿Y Mihael?
—Él no pudo venir, tenía demasiado trabajo. Pero manda saludos.
—Mihael, siempre tan encantador —comentó la mujer entre suspiros—. ¿Y ya hablaste con mi hija? Ella tenía demasiadas ganas de saludarte.
—No he podido, Heather está muy ocupada —señaló a la aludida la cual se encontraba tomándose un sinfín de fotos con su ahora esposo—. Creo que la saludaré después.
—Bueno, en ese caso acompáñame, mi esposo desea hablarte de algo.—Antes de que Linda se diese cuanta ya la había tomado por la muñeca y comenzado a arrastrarla en dirección desconocida.
Caminaron entre demasiada gente, Linda temía que se le resbalará la copa de vino que, al juzgar por el color, debía tratarse de vino tinto y, según lo que sabía, esa era de las manchas más complicadas de quitar en cualquier prenda. El salón parecía hacerse máspequeño a cada segundo que pasaba. Para su gusto, había demasiada gente en el lugar y muy apenas la dejaban caminar. Para suerte de Linda, su maestra se detuvo y le soltó; Linda enfocó su vista al frente, encontrándose con varias personas que, al juzgar por sus elegantes trajes y movimientos casi calculados, debían tratarse de empresarios. Entre ellos sobresalía un hombre alto, de cabello rubio y de buen porte, al cual identificó de inmediato como TierryMorello, el cual se encontraba charlando con un tipo de menor edad y de cabello negro; por la pinta de este,debía suponer que también se trataba de alguien importante, quizá eran socio de Morello o algo parecido.
—Cariño —saludó Wedy, llamando la atención de su esposo—, ¿adivina quién vino?
Empujó levemente a Linda para que se uniera a la conversación. Ambos hombres la saludaron.
—Un gusto, Luciana. Soy TierryMorello, aunque tal vez me conozca con el sobrenombre de Aiber, preferiría que me llamarade la última manera—se presentó educadamente y luego señaló a su acompañante—. Él es Stephen Giovanni, mi socio.
El más joven la saludó también, con un leve apretón de manos.
—Confieso que soy un gran admirador suyo —mencionó Stephen aun sin despegar su vista de ella —. Mi esposa y yo hemos seguido de cerca su carrera.
—Muchísimas gracias, es un honor para mí.
—Bueno, pero eso no era de lo que quería hablarle, señorita Auditore—intervino Aiber—. Seré directo: estamos trabajando en un nuevo proyecto, la creación de un nuevo hotel aún mejor que que supere a la competencia y anuestras propias expectativas.
—Así es —secundóStephen mientras bebía un poco de su copa de champagne—. Queremos que nuestro hotel se convierta en el más popular de todo Londres. Hemos contratado al equipo más capacitado, además de tener a nuestro servicio a uno de los mejores arquitectos de la actualidad.
—¿Pero eso qué tiene que ver conmigo?
—Es simple, necesitamos su opinión. Sabemos que usted es artista, su buen gusto podría ayudarnos —continuó el otro hombrela vez que abrazaba a su esposa—.Usted podría trabajar en conjunto con nuestro arquitecto y así lograr un diseño innovador.Él vino desde Estados Unidos únicamente para participar en este proyecto. De hecho, él está aquí, permítame presentárselo.—Aiber comenzó a buscar a alguien con la mirada entre todos los invitados.
Stephen se retiró unos pasos para encontrarse con aquella persona y la encaminó hasta donde se encontraban los demás.
—Señorita Auditore—le llamó el hombre joven, logrando captar su atención. En cuanto Linda se giró, sus ojos se abrieron desmesuradamente y su rostro adquirió una expresión ó sus piernas temblar, parecía que se desmayaría en cualquier momento—, permítame presentarle a la personaque participará en nuestro proyecto.—Stephen sonrió y con un movimiento de cabeza lo señaló—, él es Nate River, nuestro arquitecto.
Lo último que sintió Linda fue como la copa de vino se resbalaba de sus manos.
…Near
Espero que les haya gustado y que la demora sí haya valido la pena.
¿Review…?
