Perdón por la tardanza! He tenido mucho trabajo y así :( pero les dejo un capítulo más. Espero que les guste y por favor dejen sus reviews!
Saludos
Cuando todo termine
Capítulo 11. Destino en contra
Kagome no podía reaccionar, pero para su suerte, Kirara y Sango llegaron justo a tiempo para tomarla y alejarla de él, con solamente unos rasguños en su cuello y espalda. Miroku corrió hacia el demonio tratando de detenerlo, pero resultó gravemente herido, dejando uno de sus brazos casi inmóviles. El olor a sangre comenzaba a inundar el lugar, haciendo que los aldeanos salieran de sus casas para ver lo que sucedía.
Inuyasha comenzó a verse desconcertado, pero nada lograba detener su transfomación.
- Sango por favor bájame, tengo que ayudarlo, por favor.
- Kagome, estás loca. Estuvo a punto de matarte, ¿qué acaso no te diste cuenta? Al que tú ves ahí no es Inuyasha.
- Ya me está matando al verlo así… por favor.
Mientras el demonio comenzaba a atacar nuevamente todo lo que se encontraba a su paso, Sango se apresuró a tomar a Miroku para llevarlo a algún lugar seguro. En su descuido, la joven sacerdotisa bajó corriendo de Kirara hacia donde estaba el hanyou y lo abrazó por la espalda. El chico detuvo sus ataques, respirando agitadamente sin moverse ni un centímetro. La voz de la chica parecía calmarlo.
- Inuyasha, tú no eres así. Tú eres más que esto. Tienes que reaccionar, serías incapaz de hacerle daño a nadie. Mucho menos a mí, ¿verdad?- sus lágrimas mojaban el haori del joven, quien en momentos parecía recobrar el sentido.
- Aléjate… ahora- pero ella no se movió.
- Todo es culpa de ese espíritu… este no eres tú.
- Qué tonta. Ese espíritu sólo me hizo recordar lo que quiero ser. ¡Siempre he querido esto!
Y su transformación nuevamente recobró fuerzas, haciendo que lanzara a la chica por el campo. Comenzó a caminar amenazante hacia ella, quien ahora lloraba incontrolablemente. Los demás observaban la escena, horrorizados. Esta era la primera vez que Inuyasha no escuchaba a Kagome. ¿Qué había pasado cuando el hanyou fue a terminar con el espíritu? ¿Acaso estaba poseído por él?
La sacerdotisa, asustada, desesperada, ya había intentado todo a su alcance para hacer que todo esto terminara. Todo menos atacarlo, como alguna vez lo hizo Kikyo. Con las pocas fuerzas que le quedaban después del golpe que se había dado, tomó su arco y flecha apuntando directamente al chico. Sus ojos estaban hechos un mar de lágrimas.
- No quiero hacer esto… por favor, basta.
- Feh, no eres capaz de atacarme.- dijo Inuyasha con voz áspera.
- No voy a permitir que… le hagas daño a personas inocentes… mucho menos a nuestros amigos. ¿Dejarás que se repita la historia de hace 50 años?
El demonio se paró en seco. El joven parecía estar teniendo una lucha interna, pues de pronto se detenía y su semblante se volvía desconcertado, confundido. Pero segundos después volvía a verse lleno de rabia, de sed de matar.
- Un paso más y no dudaré en sellarte de nuevo…- Kagome ya no podía ni hablar. Su voz se cortaba y le temblaban las piernas, pero sabía que no habría otra manera.
- Ka… Kagome… tú no, por… favor. Tú… no eres ella.- replicó él.
Por su mente pasaron los recuerdos de hace 50 años. La mujer que él amaba estaba herida igual que Kagome, le apuntaba con una flecha también. La única diferencia era que aquella mujer jamás se tentaría el corazón, y ella si lo haría. Ella confiaba en él sin importar nada. Creía en él y no se dejaría llevar por una estúpida venganza.
- Entonces escúchame, te lo suplico. Te amo como un medio demonio. ¿No lo has entendido aún?
Entonces Inuyasha se quebró. Cayó de rodillas en el suelo, las lágrimas de dolor bajando por sus mejillas. Estaba consciente de que esta vez sí había sido él el responsable de las heridas de quien tanto amaba, no como hace 50 años. Y así fue como entendió que Kagome en realidad lo amaba... y él a ella... más de lo que había imaginado. Nunca se había sentido tan culpable de hacerle daño a alguien.
La joven se percató de que él al fin había reaccionado, por lo que corrió en segundos hacia donde él se encontraba. Lo abrazó por la cabeza intentando calmarlo.
Sango, Miroku, Shippo y Kaede estaban atónitos. Jamás habrían imaginado que algo así pasaría. Entonces el monje se dio cuenta del aura negativa que rodeaba al medio demonio, y con uno de sus conjuros se deshizo de ella.
Los aldeanos empezaron a retirarse poco a poco de la escena, aún asustados. Después de un rato de silencio, Inuyasha se alejó de Kagome con la mirada escondida bajo el cabello.
- Dime Inuyasha… ¿te encuentras bien?
- Te hice daño, ¿cierto? ¿Y a Miroku?
- Esto no es nada Inuyasha, estaremos bien.- se apresuró a responder el monje.
- No… esto no está bien. ¡¿Qué no entienden?! Esto es lo que… ese espíritu sólo fortalece… los verdaderos deseos del corazón… yo…
- ¡No! Eso es lo que te quiere hacer creer pero yo sé que tú…- Kagome intentaba consolarlo pero estaba demasiado agotada.
- ¡Aléjense de mí!- gritó el hanyou desesperado. Todos obedecieron al instante, sabían que necesitaba su espacio. Sólo la sacerdotisa permaneció a su lado. Inuyasha se acercó lentamente a ella, pero seguía asustada, y se apartó ligeramente de él agachando la mirada. Él fijó sus ojos dorados en las heridas que le había hecho.
- ¿Ya te diste cuenta? Ahora me temes y así… así no puedo quedarme contigo. Mi vida siempre ha sido así, y no quiero que la tuya termine igual. Kagome… éste no es nuestro destino.
Se levantó lo más rápido que pudo y salió huyendo en la oscuridad del bosque, mientras ella se quedó sentada ahí, sin poder articular ni una palabra.
Continuará...
oh oh oh que cosas jajajaj gracias por leer
