Buenas tardes, gente!

Aquí les caigo con un nuevo capítulo de esta historia, la cual podría terminar dentro d capítulos... XD. En fin, les aviso de una vez que el próximo capítulo va a ser un lemmon. ¿Entre quiénes? Es una sorpresa...

¡Saludos!

Vicka


X.

Sentimientos (I).

- A… B… C… D… E… - leía Fiamma en voz alta mientras que Butters, con la paciencia de un santo, le animaba a que continuara leyendo.

Cristina, quien observaba todo sentada al borde de la ventana, sonreía con cierto orgullo y con cierta tristeza.

Quince días atrás, Butters les había abierto las puertas de su hogar; les había permitido quedarse hasta que llegara el momento en que él, si es que viviera, tuviera que desocupar el loft…

Hasta que muriera de manera inesperada…

Quiso llorar en ese momento; quiso llorar porque no creía justo que gente tan bondadosa como el rubio tuviera que sufrir de lo peor, sobre todo una enfermedad incurable como el cáncer en la tráquea. Quiso llorar porque aquél chico que trabajaba como gigoló de noche trataba de dar lo mejor de sí mismo para que ella y Fiamma estuvieran cómodas, desde cederles la cama hasta salir a practicar con la guitarra en las noches.

Pensaba en retribuirle de alguna forma, pero no veía el cómo; Butters no esperaba nada de ella, ni siquiera la genuina amistad que había surgido en ambos. Simplemente hizo un acto de buena voluntad, un acto de bondad que, tal parece, podría borrar cualquier pecado que haya cometido, especialmente el de enrolarse con Marcus Fenix, un hombre que estaba comprometido con otra chica, pero que ambos se habían dado tiempo para experimentar otras sensaciones.

Excusa estúpida desde su perspectiva, pero sonaba a que la pareja estaba en crisis… Pero eso no importaba ahora…

- Marcus – llamó la chica con voz queda.

Marcus se volvió hacia Cristina y, con una sonrisa, le devolvió el saludo:

- ¡Hey, Cristina! ¿Cómo has estado? ¿Todo bien?

- Todo bien, Marcus… Uhmmm… Quisiera hablar contigo. ¿Tienes tiempo?

- Por supuesto… Ven. Vamos a la cafetería que está en la esuqina y ahí podemos hablar.

- Ok.

Los dos fueron entonces al lugar que había mencionado Fenix y, una vez instalados en una mesa junto a la ventana, el hombre de la pañoleta le preguntó:

- ¿Qué pasa, Cristina?

- Marcus… Yo… Yo quiero retribuirle a Leo de alguna forma toda la generosidad que tiene para con nosotras.

- ¿Compensarle? ¿Por qué?

- Yo… Marcus, Leo se está endeudando de nueva cuenta por nosotras. Nos ha comprado ropa, le ha comprado libros y juguetes a Fiamma, le ayuda a leer… Me ha ayudado junto con Lucy a obtener un trabajo en la cafetería en lo que estudio para entrar a la preparatoria el próximo año… Yo…

Unas lágrimas empezaron a salir de sus ojos.

- ¡No es justo! ¡No es justo, Marcus! ¡Él no debe morir! ¡No, no puede!

- Cristina…

- ¡Su familia debería apreciarle! ¡Es un buen chico, Marcus, un buen chico!

- Lo sé, lo sé… Yo… Yo también pienso que no es justo, pero no podemos hacer nada por remediarlo, Cris.

La chica sollozó y sollozó. No obstante, Marcus puso una mano en el hombro de la joven Corso y le dijo:

- ¿Lo quieres?

Cristina, sorprendida, le respondió:

- S-sí… Lo quiero.

- Entonces eso es más que suficiente.

- ¿Suficiente?

- Sí…

- ¿Por qué dices eso?

&%&%&

Butters tocaba la guitarra en el borde de la cama mientras que Marcus, quien yacía desnudo en el lecho, empezaba a acariciar los bucles rubios del adolescente.

- ¿En qué estás pensando, Leo? – le inquirió el varón musculoso – Deja de tocar esa guitarra y ven aquí a dormir en mis brazos.

- No tengo sueño… Solo tengo deseos de tocar más y más…

- Tocarás al menos cuando descanses un poco… A no ser que lo estés haciendo porque estás pensando nuevamente en tu Cristina.

El rubio dejó de tocar y, volviéndose hacia su amante, le replicó con seriedad:

- ¿Estás celoso?

- No… Más bien estoy seguro de que estás enamorado de ella.

- Cristina y yo somos amigos, Marcus.

- Pues yo creo que eso ya no aplica mucho en tu caso.

- Je… No seas necio.

- No soy un necio, Leopold. Sé identificar bien a alguien enamorado… Y tú, mi pequeño amante, lo estás como cuando yo conocí a Ciara. Créeme, sé que es eso.

- Marcus…

Levantándose de la cama, añadió:

- Cristina sabe que estoy próximo a fallecer. Sabe que en cualquier momento puedo morir… ¡No me parecería justo decirle mis sentimientos si sé que no viviré por mucho tiempo!

- Leo…

Marcus se incorporó y, con un ademán, le dijo:

- Ven aquí.

- Pero…

- Ven…

Butters se acercó a Marcus; el ex militar rozó entonces sus labios con los suyos y le dijo:

- Somos amantes sin compromiso desde hace 21 días, Leo… Que esto no sea un impedimento para ir a por la chica y decirle lo que sientes.

- Marcus… No sería justo.

- Lo es… Porque hoy en la mañana hablé con ella.

- ¡¿Qué tú qué?!

- Lo que oíste.

- ¡¿Por qué hiciste eso?!

Lo empujó y, recogiendo sus cosas, añadió:

- ¡¿Por qué hablaste con Cristina?!

- Men, ella me pidió consejo sobre qué hacer para compensarte por todo lo que has hecho por ella y por su hermana.

- ¿Y qué le dijiste?

- Simple: Que ella hiciera lo que creyera que es correcto.

- ¿Lo correcto? ¿Y qué es lo correcto, si se puede saber?

- ¿Por qué no vas al loft y lo ves por ti mismo?

Butters se lo quedó viendo por un instante…