Increíble que lleve más de un año con esto, incluso recuerdo cómo empecé a escribirlo!
Disfruten, Queonda.
Chichi cambiaba por tercera vez las vendas del torso de Goku. La rabia que eso le provocaba casi le hacía sacar humo por las orejas.
—Es la tercera vez que te cambio los vendajes en dos días, ¿Por qué no te quedas quieto? Esto no es nada placentero.
—Lo siento, Chichi. Pero sabes que no puedo no ir al trabajo. Mi jefe me mataría.
—Lo que te matará es volver a quedar en este estado. Y si no es eso, seré yo. ¿Puedes decirme qué te sucedió esta vez?
Goku echó una mirada hacia los lados. La noche comenzaba a mostrar su resplandor artificial por la ventana. —¿Las puertas están bien cerradas? Podrían estar espiándonos.
Chichi levantó una ceja. —¿Quiénes?
—Ellos— le respondió con una mirada perturbadora. La dama terminó de atar el vendaje al pecho de su concubino y tomó asiento frente a él. Había tenido un día pesado, y una vez más su esperanza de mantener una noche de descanso se esfumaba.
—Estamos seguros. Necesito que me des cada detalle.
—Bueno, comenzaré desde la tarde de hace tres días. Ya era mi hora típica de trabajo, pero algo me inquietaba cuando me encontré caminando frente al departamento de policías...
Goku se acomodó el bolso sobre su hombro izquierdo mientras las sirenas policíacas irrumpieron en el aire y dos móviles policiales atravesaron el asfalto rayado a máxima velocidad. El sonido cambió de tono en sus oídos cuando cruzó la calle de derecha a izquierda, el viento despeinó su cabello enmarañado. Avanzaba impasible, aún estaba a tiempo y parecía ser otro rutinario día de trabajo. Su oído zumbaba por las patrullas de policía que iban y venían de aquí a allá cumpliendo su deber. Goku ya sabía de memoria el movimiento de esas calles y tenía conocimiento de que la estación de policías no estaba a más de una cuadra. Ahora las sirenas lo remontaban a situaciones que había vivido en los últimos tiempos, y ese era un sentimiento desagradable en su paladar.
Por eso fue que decidió, por sólo esa noche, recorrer una cuadra más de la usual sólo para ver cómo los oficiales solían trabajar. Según Chichi, ellos "no sabían lo que hacían". Pues él no creía ser quién para juzgar el trabajo de otros, ya siquiera él sabía a duras penas hacer el propio. Le gustaría ver a los hombre de acción en acción, algo que él con gusto haría si le dieran la posibilidad, claro estaba.
Dobló en la primer esquina, el gran establecimiento gris se elevaba separado de las demás casas e inspiraba seguridad y "comfort". En el frente, en su estacionamiento, sólo quedaban dos patrullas libres. Goku se preguntaba dónde podrían estar ahora en acción, salvando al mundo como a él tanto le gustaría. Al pensar eso, su memoria se remitía a su hermano, a quien hacía años que no veía. "De seguro está salvando al mundo, también" pensó, al igual que cada vez que lo rememoraba. Entonces, se imaginó a sí mismo vestido en azul y negro, con una rosquilla en mano y persiguiendo a delincuentes en una patrulla. Se detuvo frente al lugar unos momentos y la inspeccionó con la mirada, con una media sonrisa en su rostro. A veces, esa actitud propia de su persona le recordaba fielmente a su padre. Él sabía que, sobre esa coraza de indiferencia, yacía un espíritu solidario como el que él tenía. Volvió la mirada a su camino, acomodó el bolso de mano sobre su hombro y siguió caminando hasta rodear el lugar, cuando escuchó un sonido peligrosamente conocido en la oscuridad: un candado quebrado con fuerza bruta.
En un movimiento rápido, logró esconderse detrás de unos contenedores. La tenue luz callejera iluminó el rostro oculto del desconocido, pero su identidad escondida se delató con esa forma de cabello particular que Goku jamás olvidaría. Avanzó en puntas de pie, casi sin respirar, observando a Vegeta abrir con sumo cuidado la puerta trasera y entrar. Goku comenzó a maquinar ideas, en lo que inconscientemente y guiado por algo más allá de la razón, seguía los pasos del "enemigo". Ahora tendría pruebas visuales de la culpabilidad de ese hombre despreciable, además de poder llevarlo frente a los policías lo más rápido posible. Eso, si no lo agarraban primero.
Cuando entró al establecimiento, se sorprendió con la oscuridad del pasillo. Una puerta largaba una tenue e imperceptible luz, que diferenciaba el cuarto de las que se encontraban a sus lados. Las botas de cuero chillaban en el suelo resbaladizo mientras se acercaba al objetivo. Logró escucharlo decir: —Concéntrate—. Una sonrisa de una satisfacción inigualable se dibujó en su rostro cuando encontró a Vegeta con las manos en la masa. Los expedientes abiertos, mientras él revisaba unos documentos clasificados del Estado. Si acaso Goku se equivocaba con la culpabilidad de Vegeta, por esa ofensa podría lograr sacarlo de las calles por un tiempo y así evitar que él entorpeciera la investigación —como parecía estar haciéndolo en esos instantes— hasta que se descubriera su verdadera culpabilidad. La de él o la de la peliazul, le daba igual. "La justicia es la justicia".
—¿Qué hace usted aquí?— exclamó.
Vegeta volteó para encontrarse con Goku.
—... y recuerdo haber mirado los documentos que llevaba en sus manos los datos del caso de Lunch. ¡Mis ojos no fallaron! Estoy un noventa y nueve por ciento seguro de que intentaba cubrir su trasero borrando todo eso. Entonces, le dije: "¡Ya sé lo que estaba haciendo! La mató y quiere deshacerse de las pruebas." Y él me dijo "¡Cabeza de simio!", y de pronto le di un gancho en la quijada, y él un puñetazo en...
—Ya, no te exaltes— Chichi se levantó de su asiento. Goku se veía más emocionado que de costumbre, le recordaba a los niños en navidad. Él le devolvió una sonrisa radiante y mantuvo la mirada de la dama pegada a sus ojos. Ella evitó ruborizarse y miró hacia otro lado. —Esto es todo tan extraño. Quizá deberíamos dejar todo esto pasar.—Goku perdió su sonrisa.—No me mires así. Mira cómo estás, pudiste haber muerto. Y quién sabe en qué estado estará el otro. —Aún el hombre no le había confesado su buena acción para con Vegeta. Observó el último destello amarillento del sol al otro lado de la ventana.— Temo que esto se convierta en una cadena de dolor. Tal vez esto sea un advertencia, no debemos meternos con esos sujetos.
Goku no podía creer lo que oía. — Entonces, ¿rendirnos?
—Es el curso de las cosas.
—La Chichi que yo creía conocer no se asustaría por eso...
—Acá— ella guardó el alcohol y las vendas en la caja de emergencias—, la Chichi que conoces no tiene jurisdicción. Y no creas que es sólo por esto. Esas carpetas con la insignia de Venganza, las peleas con su mujer, su actitud, ¡su mujer!, particularmente. ¿Sabes lo poderosos que son?
Él mantuvo su mirada con la de ella, confuso. Para él, la justicia estaba sobre todo, incluso la vida humana. De pronto, pareció tranquilizarse. Levantó los pies sobre la mesa y se relajó en la silla. —¿Salimos? Habrá trasnoche en el cine hoy.
Ella estaba preparada para una efusiva negativa, hasta que comprendió lo que él había pedido. Ahora no pudo evitarlo, su rostro se pintó de todos colores. —¿Qué?
El sonido de la calle enmudeció para sus oídos— y ella odió que le sucediera eso, con su alma. Su rostro enigmático no podía entender el porqué de tal propuesta. Intentaba buscar respuestas en las facciones de Goku, peor la límpida inocencia en su mirada le daba a entender que era otra de sus impulsivas acciones que siempre terminaban en desastre, y seguramente esta no sería la excepción.
—Salgamos. Esto del crimen sí que da tensiones. Si quieres, mañana mismo vamos a la estación de policías a insistir. —Se levantó de su silla. —Será divertido. Hay películas de horror hoy, y...
La puerta sonó. Tres golpes, uno detrás de otro. Ambos dejaron de mirarse y dirigieron sus ojos a la entrada al unísono. Instintivamente, Goku se colocó frente a Chichi, quien se relegó y escondió detrás de su espalda. Ambos avanzaron hacia adelante de a un paso a la vez sin detenerse, aunque asustándose cada vez que el golpeteo se repetía. El hombre de cabello oscuro pegó su rostro a la puerta y en un hilo de voz preguntó:
—¿Quién es?—, a lo que siguió un silencio que se prolongó perturbadoramente demasiado.
Se escuchó un carraspeo. —Soy Krilin, el encargado. Vengo a revisar la tubería del baño. — Ambos exhalaron con calma. Chichi había pedido la revisión de la ducha hacía más de un mes a Yamcha, que parecía siempre tener algo mejor que hacer que ocuparse de su empleo.
Goku se acercó a la puerta, mientras ella ordenaba el botiquín y lo volvía a llevar a su lugar. Él giró el cerrojo de la puerta y la abrió, encontrándose con un hombre de cabello corto pero en crecimiento, con forma similar a la de una escoba; con un uniforme azul y una mirada neutral. No se lo notaba molesto como el otro encargado cuando debía revisar el lugar. Se arreglaba las mangas del traje de trabajo cuando él lo invitó a pasar. Apenas le dirigió la mirada, un rápido montaje de recuerdos fugaces pasó por sus ojos. Quedó allí, petrificado en la puerta, mientras el otro pedía permiso para pasar y saludaba a la dama con una sonrisa. Chichi lo llevó hasta la regadera y volvió con Goku, que todavía sostenía la puerta abierta con la mirada perdida.
—¿Estás bien?— le preguntó, a lo que Goku se limitó a sacudir su cabeza de un lado a otro. Cerró la puerta y echó un vistazo al baño, desde donde podía observarse al muchacho trabajando.
—Sí. Sólo recordé a ese hombre de algún lado. — Chichi pareció incomodarse.—Lo recuerdo perfectamente, vivía en frente. Varias veces lo crucé por la calle.
—Eso sería bastante extraño— respondió ella, con un dedo sobre su mandíbula.— ¿Por qué decidiría mudarse al edificio que está frente a su casa? —Entonces, y cómo si ambos hubieran sincronizado sus mentes, abrieron desmesuradamente sus ojos oscuros y se miraron. —¡Los policías!— exclamaron. Parecían moverse como una misma persona esa noche joven, ambos miraron al trabajador una vez más.
—¿Quieres oír algo más extraño?— le dijo él. Ella sintió, sin mover sus ojos.—La habitación de enfrente que ahora está clausurada, es la misma que tenía unos binoculares apuntando a aquí. Lo vi ese día que...— recordó la pelea, los gritos, el beso caluroso. Aclaró su voz—... bueno. ¿Crees que tenga alguna relación?— Ella se encogió de hombros.
Juntos, avanzaron en puntas de pie a su propio y sincronizado ritmo hasta la puerta del baño. Ambos asomaron sus cabezas al otro lado del marco y observaron a Krilin trabajar de espaldas a ellos. Silbaba una pegadiza canción que comenzaba a hacerse popular entre los jóvenes. Sintió unas cosquillas en su nuca, por lo que cuando quiso rascarse, se encontró con los jóvenes espiándolo. Krilin pestañeó dos veces. Goku y Chichi sonrieron, cómplices y avergonzados. Ambos se hicieron hacia atrás y desaparecieron detrás de la pared. El empleado estaba atónito. Cualquiera que hubiera visto esa escena la habría considerado humorística, pero el joven vestido de azul sintió su cuerpo petrificarse, junto a un escalofrío agonizante atravesando en su cuerpo; sin embargo, disimuló su terror con una mirada indiferente.
Una vez acabó con la tubería, se marchó del departamento casi sin intercambiar palabras y con una duda que carcomió sus pensamientos esa noche, y la siguiente, y la que le siguió a esa.
Chichi cerró la puerta de un golpe a penas él se marchó. Goku terminó de preparar el bolso de mano para el trabajo y se lo cargó en el hombro, pero ella no lo dejó ir. Apoyó sus manos de largos dedos sobre su pecho fornido y lo miró directamente a los ojos, en esa forma autoritaria innata que sólo ella poseía en su mirada.
—Me cuido.— respondió él a una pregunta que no se hizo verbalmente, pero que él esperaba. Los dos jóvenes ahora se sentían inseguros, como si lo que funcionara como el suelo fijo en sus vidas hubiese comenzado a tambalear. Era lógico, cualquiera se sentiría así al saber que su propia casa es el lugar más vulnerable— Yo también lo siento, y no te preocupes. No voy a dejar que pase nada. Si este hombre está trabajando en conjunto con el desagradable sujeto de los cabellos en punta, lo sabré antes de que puedan ponerte un dedo encima. — Le dio un beso en la mejilla y se dirigió a la puerta. —Recuerda que pasada la medianoche te pasaré a buscar. —Y despareció en la noche.
Chichi se arrojó de lleno en el sillón. Un sentimiento de claustrofobia la invadió, ya que no se sentía segura dentro de esas cuatro paredes que parecían querer devorarla. Pero el hecho de la invasión a la privacidad no era lo que más le preocupaba, sino que era parte de un problema mayor.
Porque parecía estar rodeada de enemigos, de rostros que jamás olvidaría y que parecían no olvidar. Porque verlo a Ten Shin Han, como esa vez en su juventud cuando se habían cruzado sus caminos en un altercado violento; o al que solía ser calvo, que ella podía estar casi segura de que era el joven de los binoculares que no sólo una vez la había perturbado y que, además, tenía acceso a su dormitorio cuando ella no estaba; o a Vegeta, que parecía tener a sus enemigos entre ceja y ceja, y eran contadas las veces que ambos se habían visto enfrascado en peleas tontas y verbales, por no agregar que ella haría lo que fuere por verlo culpable del asesinato, aunque eso no fuese así. Porque recordaba cuántas cabezas había tenido que pisar su padre para llegar a la cima, y sospechaba que la torre de naipes que él había logrado construir tenía varios del mazo de cartas de ese sujeto. Porque la venganza era algo que llevaba a flor de piel muchas veces, y sabía cómo quemaba ese sentimiento negro. Porque las cosas, cada vez que desataba un nudo en la trama que comenzaba a ligarse entre sí, parecían volverse más peligrosas.
Porque su vida personal comenzaba a mezclarse con el caso del asesinato, y el camino de los "buenos" se volvía borroso.
Encendió la televisión y dejó el canal de noticias. No escuchaba ni miraba, dejaba que las noticias corrieran por sí solas de un oído a otro, hasta que un nombre en particular llamó su atención. Centró su vista en la pantalla y distinguió una mansión filmada desde un plano exterior. Un cartel azul resaltaba las palabras impactantes de la conductora del programa, que exclamaba con fervor:
—"¡Último momento! El ministro de economía y relaciones exteriores, Freezer, ha sido asesinado a causa de una redada de movimientos inexplicables".
Ella conocía al hombre, todo mundo lo hacía. Llevaba las riendas del mercado nacional e internacional, su nombre era leyenda, por las razones desagradables que eran conocidas. Era imposible deshacerse de él, por más escoria que fuese. "Funciona como la mafia misma", pensó Chichi ", todos lo saben".
El rostro de Vegeta apareció de pronto en sus pensamientos, cuando la puerta de entrada del departamento se tumbó al suelo. Chichi saltó de su asiento y en cuestión de segundos, la habitación se vio repleta de hombres uniformados que rápidamente la arrojaron al suelo y esposaron contra su voluntad.
—¿Pero qué…?
—Ox Chichi, queda arrestada por el asesinato de Lunch.
El mundo se esfumó para ella frente a sus ojos mientras, al otro lado de la ciudad, Bulma colgaba el tubo del teléfono luego de haber terminado de confundir la virtud de lo correcto y su propia vida personal con una simple llamada.
Goku llevaba las entradas para la película en la mano cuando subió al ascensor con una sonrisa. No podía esperar a divertirse fuera del ámbito odioso que solían llevar ambos cada vez que se encontraban. Deseaba otro beso fugaz con sabor a gloria, pero no lo admitía. Mantuvo su inocencia hasta que las puertas se abrieron y él trotó como niño hasta su departamento. Las entradas se deslizaron de sus dedos cuando se encontró con la casa prácticamente dada vuelta y la puerta destrozada.
—¿Chichi?
Sintió el miedo suspirar en su nuca, y lo sintió como nunca mientras, al otro lado de la ciudad, Vegeta arrojaba un par de guantes negros de cuero al contenedor de basura más cercano, tachando mentalmente a Freezer de la lista, que cada vez se volvía más corta.
¿Desean lemon? Me he visto reacia a colocar alguno, pero no estaría mal si desean leer un poco.
Gracias por leer!
