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Había decidido dejar de pensar en las reacciónes que había tenido con el señor Abadeer. No supo cómo, pero había llegado a la cocina, así que simplemente se preparó un sandwich y tomó algunas fresas para Marceline. Había tratado de llamar a Lu, preguntarle qué era lo que había pasado, preguntarle por qué él se había comportado de esa manera tan arrogante, pero Lu no le contestó.

Y él se sintió solo.

Solo con su oscuridad interior.

Y caminó de vuelta a la enfermería, caminó diciendose a sí mismo que Marcy debía de haber despertado ya, y que seguramente tenía mucha hambre, caminó ignorando el dolor en su pecho y el extraño cosquilleo en sus manos...

Caminó tratando de convencerse a sí mismo de que no estaba huyendo.

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Despertó con una terrible sensación de vacío.

Sentía... un agujero en el pecho. Sentía miedo y dolor, sentía angustia y confución y esos sentimientos iban creciendo, poco a poco.

Volteó la vista y se dió cuenta que Finn no estaba. Un nuevo sentimiento se instaló en ella, sintió la desesperación inundándola, sabía que era imposible que lo que sentía estuviera directamente relacionado con Finn, pero... Tenía un presentimiento, una especie de familiaridad con esos sentimientos ajenos, porque estaba más que claro que no eran de ella, por más absurdo que pareciera.

Tenía que encontrar a Finn.

Con un rápido movimiento se puso de pie y un temblor le recorrió de pies a cabeza. Asustada, miró abajo.

Eran sus pies, descanzaban desnudos sobre el piso de mármol. Eran sus pies el lugar en donde empezó el temblor, era en sus pies en donde había empezado a sentir frío.

Frío.

Ella nunca había sentido frío. Ella... ella nunca había sentido.

-Creí que sentías algo por ese chico-. Le dijo una voz en su cabeza, que sonaba bastante divertida con la situación.

Ella se asustó, pero reconoció la voz. Tuvo que sentarse nuevamente en su cama, porque no estaba segura de poder seguir en pie con todos esos sentimientos, ajenos y propios, que se acumulaban en ella.

-No sé que te hizo llegar a semejante suposición-. Pensó ella para Scor, cansada.

Claro que sentía, sentía comodidad, sentía algo parecido a la preocupación, sentía cosas superficiales, sentimientos ambiguos y vacíos, no sentía felicidad, nisiquiera cuando estaba con Finn, con Finn se sentía cómoda y eso era todo, pero... nunca había sentido frío, ni miedo ni nada parecido a lo que estaba sientiendo en ese momento. Eran propios, era su miedo el que le hacía querer encontrar a Finn, era su frío el que le erizaba la piel.

-Vas por buen camino, almenos has aceptado que sientes-. No, le iba a tomar algun tiempo acostumbrarse a que alguien pudiera escuchar sus pensamientos. Se sintió irritada, pero esa vez fue diferente...

sintió una pesadez molesta en la boca del estómago, que luego explotó y se fue regando por su cuerpo, algo caliente que hizo que se tensara, que sus manos temblaran levemente y que sus mejillas se encendieran.

Se paralizó.

¿Que dialos era eso?.

-Es tu ira-. Le dijo Scor, con total naturalidad.

-Es imposible, yo no siento-. Pensó, desesperada. Ahora estaba nerviosa. Se sonrojaba muchas veces cuando estaba con Finn, pero era un sonrojo vacío, su piel se sonrojaba, no ella. Pero esta vez, era ella la que se había sonrojado de ira, era ella que no se podía controlar.

-Pues todo lo que acabas de pensar me dice otra cosa, eres una constante contradicción querida-. Scor sonaba divertido y arrogante, como lo supiera todo, como si...

-Eres tu-. Pensó, convencida. Era evidente que era Scor el causante de todo eso, ella no podía sentir tan vívidamente, su cuerpo no podía tener esas reacciones.

-No querida, no quieras safarte del asunto conmigo. Yo puedo ver tus pensamientos, puedo ver en ti, pero no puedo sentir lo que tu sientes, así como tu tampoco puedes sentirme, por más que alguno de los dos lo intente... Lo que sientes es tuyo, de nadie más-. Estaba quivocado, claro, porque había otros sentimientos en ella que eran ajenos. Ella lo sabía, eran familiares, pero no eran propios, no se sentían suyos, no se sentían como su frío y su miedo, para nada.

Se rindió. Problablemente había empezado a enloquecer o algo así.

Sintió una suave brisa entrar desde donde se suponía que estaba la puerta, volteó y vió a Finn ahí parado, mirándola. Se veía asustado, cansado, pero lentamente se fue acecando. Ella notó como los sentimientos ajenos a ella iban disminuyendo, y cuando Finn estuvo enfrente de ella, solo hubo paz.

-Te traje fresas-. Le dijo él mientras abría la palma de su mano, en donde 5 fresas descansaban, una estaba arriba de las otras cuatro, esa fue a primera que tomó. Una a una fue absorviendo el color, sorprendiendose al notar cuán hambrienta estaba. Cuando terminó, Finn le sonrió y tomó las fresas, se sentó junto a ella, y las comió.

Marceline lo observó comer en silencio, disfrutando. Miró sus labios finos y rosas, miró su lengua que no dejaba que ni una gota del jugo de las fresas escapara, miró sus mejillas adquirir un suave tono rosa por el sabor tan dulce y luego...

Luego él la miró.

Sus brillantes ojos curiosos la miraron mientras comía el último trosito de fresa y ella lo sintió de nuevo.

Un calor casi insoportable en su estómago que fue creciendo hasta explotar, y pequeñas bolitas de fuego viajar por todo su cuerpo, transmitiendole un poco de placer, y un calor terriblemente sofocante. Sintió que grán parte de su sangre abandonaba diferentes áreas de su cuerpo para acumularse en sus mejillas.

Eso definitivamente no era ira. Era algo más, mucho más inenso.

Bajó la vista, incapaz de sostenerle la mirada a Finn.

Empezó a jugarse las manos, nerviosa. Finn la había descubierto miránlodo, y eso normalmente no era un problema, normalmente ella se burlaba, normalmente le hacía algún comentario sobre lo gracioso que se veía.

Pero ahora estaba ahí, sientiendo que se desmayaría en cualquier momento, sintiendo sus movimientos torpes, sus mejillas encendidas como si estuvieran en llamas, sientiendo la mirada de Finn sobre ella...

Sintiendose desnuda.

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Finn lo sintió.

Mientras veía, sorprendido, como Marceline bajaba la vista, sintió una presión en el estómago, una presión que se liberó, haciendolo experimentar una sensación de... Plenitud. Algo lo invadió de repente, un sentimiento increíblemente cálido.

Un sentimiento que no era de él.

Era bastante bestia con eso de los sentimientos, pero sabía bastante bien como eran los suyos, y a pesar de la familiaridad y comodidad de ese calor en su cuerpo, supo que no era de él.

De un momento a otro el calor se transformó en incomodidad, al parecer, sea quién sea que estviese compartiendo sus sentimientos con él, quería que la tierra se lo tragara en ese instante.

Seguía mirando a Marceline, y notó sus mejillas bañadas de un color intenso y rojo, casi como sus ojos. Por un momento se preguntó si...

No tuvo tiempo ni de terminar de formular el pensamiento, porque una luz proveniente del pecho de Marcy lo alertó.

-Tu pecho-. Le dijo, poniendose de pie.

Marceline miró su pecho extrañada, y cuando notó la luz, lo volvió a ver a el, mientras se paraba.

-el tuyo también-.Le dijo, y se acercó para tocarlo. Se sintió nervioso, pero Marcy pareció no notarlo y acortó la distancia. Con solo levantar su mano, Marceline tocó su pecho, y entonces él recordó que llebaba el medallón.

Se miraron, extrañados.

¿Sería acaso posible que Marceline tuviera un medallón igual? ¿Por qué brillaban?

Él también puso su mano en el pecho de Marceline, de donde provenía la luz. Justo en el segundo en el que él lo tocó, sintió como si un gancho lo jalara de la boca del estómago provocadole una sensación de vértigo, como si estuviera flotando. Luego, simplemente sintió su cuerpo entero chocar contra algo. Dolor, y luego...

Todo se volvió oscuro.

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Voces.

Había voces en su cabeza, susurros.

Sintió su cabeza y su cuerpo descanzar sobre algo suave y al instante supo que eso era una cama. Lentamente se incorporó, le dolía el brazo.

Una vez que su vista de adaptó a la escasa luz, miró a su alrededor. La única luz que había provenía de afuera y entraba por la puerta abierta de la habitación en donde él estaba, que parecía ser una habitación de huéspedes.

Un quejido. Miró al frente.

Otra cama.

Marceline estaba sentada, mirandolo confundida.

Iba a preguntarle qué sabía, iba a preguntarle si estaba bien, iba a preguntarle en donde estaban, pero un ruido llegó a ellos, luego otro, y otro. Ruidos suaves, aterciopelados, lentos y confusos.

Eran voces, susurros.

Y agradeció que no estuvieran en su cabeza, agradeció no haberse vuelto loco, porque con todas las cosas que habían pasado en poco tiempo, era inhumanamente posible no perder los estribos.

Con un movimiento de cabeza le indicó a Marceline la puerta. Ella, con la cabeza también, asintió.

Con cuidado ambos se pusieron de pie y caminaron sigilosamente hacia la puerta. No tener zapatos era una ventaja pues el piso, se notaba, era de madera. Una vez que estuvieron parados en el marco de la puerta, las voces les fueron llegando más claro.

-No se supone que fuera ella-. Dijo la voz de un hombre que les resulto familiar.

-Jamás dijimos que fuera la princesa-. le contestó al hombre la voz de una mujer, que igual era demaciado familiar. Se miraron, ambos interrogantes, ambos queriendo respuestas, ambos sabiendo que el otro no las sabía. Las voces llegaron a ellos nuevamente.

-Todo apuntaba a que ella lo fuera, no puede ser la vampiro- La voz del hombre sonaba confiada, como si supiera que lo que decía era la verdad y que no cabían otras posibilidades.

Él miró a Marceline con mucha confusión. Ella le devolvió una mirada que dejaba en claro que no tenía idea de nada, solo sabía que estaban hablando de ella, era bastante obvio.

-Sin embargo el medallón respondió ante ella, y es ella la que esta en un cuarto junto al humano, no la princesa-. La voz sonó desafiante.

-Puede ser que sea un error-. Contestó el hombre con el mismo tono.

-Puede que lo del humano también sea un error-. Se miraron nuevamente confundidos. ¿Que estaba pasando?

-No seas tonta, es el único humano-.

-Eso es porque no he buscado bien, bien podría haber otros-.

-Sabes perfectamente que eso no es verdad, pero si hablamos de la vampira...-.

-¡Ella es única!-. Las voces hablaban cada vez más alto, y poco a poco ellos las iban reconociendo.

-¡Él también!-. Estaba claro para los dos de quienes eran las voces, y estaban sorprendidos... No podían creerlo.

-¡Shh! Los despertarás... Bueno, ambos son únicos, creo que no vale la pena discutirlo, de todos modos nuestras opiniones no cuentan. Ellos estan unidos y estarán unidos siempre por cosas que no alcanzaremos nunca a comprender, se aman y es hora de que lo aceptemos-.

Una tabla de madera del piso sonó, revelando su ubicación, revelando que habían estado escuchando. No podían saber quién era el culpable, pues los dos habían retrocedido un paso en shock, ambos pensando que habían revelado su secreto, ambos pensando que su amistad acabaría, ambos con una sensación de vacío y desesperanza enorme. Nisiquiera se miraban, no podían, no se sentían lo suficientemente valientes.

En poco tiempo Jake y Rox estuvieron en la puerta, frente a ellos.

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Estaban los 4 sentados en la mesa del comedor de la casa de Rox. Les habían explicado a Finn y a ella que los transportaron ahí por seguridad, que le habían dicho a su padre que había fallado la prueba y que había vuelto a su vida normal, pues su padre representaba un peligro para su destino.

Les habían explicado que los medallones los elijieron a Finn y a ella por una razón, que ellos estaban conectados de algunas formas y que en el interior de cada uno había algo especial, les habían dicho que el resto lo tenían que descubrir por su cuenta.

No tocaron en nignún momento el tema del amor.

Era demaciado, pero si les explicaron parte de lo que escucharon. Les dijeron que habían pensado que la dulce princesa era la que debía portar el medallón, pero que el medallón nunca la eligió a ella, sino a Marceline, el día que fue a pedirle a Rox el árbol y por eso se lo entregó. Luego les dijeron que Rox estuvo como loca por todo el mundo buscando al otro portador del medallón, pero dió toda la vuelta sin encontrarlo y al final tuvo que volver a su casa, en donde buscó más información sobre los medallónes y encontró en algunos libros ocultos una vieja profecía que decía que los portadores de los medallones eran siempre un humano y un vampiro, y ahí fue cuando contactó a Jake.

Les dijeron que era importante que estuvieran alertas a los cambios que empezaran a tener, que a los 19 años una profecía tenía que cumplirse, una profecía que nisiquiera Rox y Jake sabían.

Luego, con sus dudas y temores, los dejaron solos.

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Tenían 2 meses.

2 meses para que sufrieran cambios, para cumplir una profesía.

Pero había algo que no entendía, él cumpliría 19 años en dos meses, pero... ¿No Marceline ya tenía más de mil años?

Con un cuidado que no sabía por qué utilizaba, la miró por el rabillo del ojo. Estaba sentada a un lado de él, con las manos entrelazadas en su regazo y la cabeza gacha, creando con su increíble cabello azabache una especie de cortina que le impedía ver su rostro. Lo sentía, sentía que algo andaba mal.

-¿Todo bien?-. Le preguntó lo más casual que pudo. Marcy levantó la vista de golpe, sorprendida, y él se sientió avergonzado por haberla distraído, pues parecía que estaba pensando en algo importante. Nisiquiera lo miraba.

-Si, todo esta bien-. Dijo no muy convencida. Él empezó a preocuparse, Marceline no solía guardarse las cosas, normalmente ella decía lo que fuese que tuviera en mente y más si le desagradaba o si no estaba de acuerdo, ella era directa, aveces incluso era mordaz. En todo caso, cuando estaba de muy buen humor o cuando hablaba con alguien que apreciaba, procuraba ser sutil, pero ahora nisiquiera hablaba y eso lo hacía sentir... Mal. Ella siempre hablaba, ella siempre le hablaba.

¿Cuando cambió eso?.

¿Fue acaso en que Jake y Rox dijeron que estaban enamorados?.

¿Por qué?.

Y se sintió miserable y ¿por qué no? enojado también. Se sintió estúpido por haber llegado a considerar algunas horas atrás hablarle a Marceline sobre sus sentimientos, eso era presisamente lo que quería evitar, era esa actitud, era ese tono de voz apagado en ella que no le transmitía nada.

Era por eso que dudaba.

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-Bien-. Fue la palabra firme y enojada que Marceline escuchó.

Y no era que no quisiese contarle a Finn sus angustias, era simplemente que estaba avergonzada por las palabras de Jake y Rox.

Y si a eso le sumaba lo odioso que era estar experimentando esos sentimientos cada vez que miraba a Finn... Esaba azorada, no solo sentía profundamente el enojo o la verguenza, no solo era el frío y los sonrojos, era todo. Se sentía cansada, vulnerable, triste y ahora lo sentía de verdad, ya no era pensar estoy cansada, ahora era sentir el cansancio, era el dolor en los pies, lo pesados que se sentían sus párpados, era sentir que todo movimiento que hacía le salía torpe y lento.

Era tan extraño.

Y eso no hacía más que entristecerla. Siempre se consideró a sí misma como alguien independiente, capaz de hacer cualquier cosa en cualquier momento y en cualquier lugar. Ahora sentía todo lo contrario.

Se sentía esclava de su propio cuerpo.

Miró a Finn a los ojos, sin ocultarle nada. No tenía ganas de andar explicando nada, solo quería ir a dormir.

Finn le devolvió una mirada preocupada, una mirada de cuentame todo con un brillo de puedes confiar en mi, pero era demaciado, todo era demaciado, no quería hablar de eso, mucho menos con Finn pues tendría que explicarle los sonrojos, el temblor en sus manos, tendría que explicarle cosas que solo le pasaban con él, y no se sentía capaz de hacerlo sin echarse a llorar mientras le confesaba sus sentimientos.

En verdad necesitaba descansar.

Se levantó de la silla y caminó rumbo a la habitación en donde se había despertado, que segun Jake y Rox compartiría con Finn, pero antes de salir del comedor, se detuvo. No podía dejarlo así, simplemente... No podía. No podía decir nada, no podía quedarse callada, viendo como el cielo en los ojos de Finn se nublaba.

-Todo el mundo tiene secretos-.

Puede ser que no le estuviera diciendo la verdad, pero...

Tampoco le estaba mintiendo.

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No tengo idea de donde saqué tiempo para hacer esto, pero... Aqui esta:D

Tengo que decirlo... ¿Ya vieron el capítulo de I Remember you? Estoy muy emocionada, yo acabo de verlo, les juro que lloré. Fue confuso, fue impactante, fue... como una epifanía. Así de increíble

Bueno, volviendo al tema del capítulo... Espero que les haya gustado:3

Gracias a esas personas que se toman el tiempo de dejarme un review, de agregar mi historia a favoritos y de ponerme en alerta. Es por ustedes que sigo aquí, ustedes me dan animos para continuar, los quiero tanto :D

Si, muy cursi, pero es la verdad y bueno, ¿Que se le va a hacer? :p

¿Cuál es el nombre de la mascota de Marceline?

Ya saben, al que responda primero y que esté escrito correctamente, le dedico el próximo capítulo*-*.

Me retiro señores, no olviden dejar un Review, chaito:3