Terrence
Recuerdo que durante nuestra niñez, de las pocas veces que mamá nos traía a visitar a papá, la silla presidencial era sinónimo de diversión, podíamos reír sin parar mientras la hacíamos girar con cualquiera de nosotros en ella.
Durante nuestra adolescencia no queríamos que papá tocara el tema, ya que las veces que llegó a mencionarla decía: "Quien se siente en ella deberá velar por toda la familia"…
Ahora la miraba como la representación de la codicia, envidia y traición… Estática detrás del escritorio de papá, su reluciente aspecto impositivo de color negro, los posa brazos destellantes y sobre ella la imagen de mi padre en un gran cuadro…
Miré la imagen de mi padre, admirando las franjas plateadas en cada lado. La serenidad de su mirada y sus rasgos marcados por la preocupación en su frente.
Papá siempre ha sido la figura que representa lo sólido, lo firme, lo honesto… ¿Cuántas de esas canas habrán sido por momentos como este?
Pasé por detrás de la silla presidencial y miré la portátil frente a ella.
Sentí el deseo de sentarme en ella, reclinarme dejando que soporte todo mi peso y descansar las manos tal como lo hace papá y aún con todo lo estresante que puede ser este lugar, esbozar una sonrisa como la que le ilumina su rostro cada que nos ve llegar…
La fina pluma fuente con la que firma grandes y establecidos contratos…
El abre cartas filoso en su vaina, esperando no ser desplazado por los mensajes electrónicos, firme en su base de madera pulcra y pulida con aditamentos de acero y el nombre de mi padre en la cuchilla…
-¡Qué gran peso has cargado sobre tus hombros, papá! – No pude evitar que una traicionara lágrima se escapara de mis ojos recordando las tardes que corría al verle llegar y extendía sus fuertes brazos y me elevaba por los aires, depositaba un beso en la frente de mamá y despeinaba los cabellos bien acomodados de Mark.
Me dolía reconocer que en pocos días, la situación de la empresa, el tema de la tesis, la universidad, lo económico y otras cosas más, me dejaban poco tiempo para pensar en Candy.
Únicamente podía traerla a mis pensamientos y expresarle que le amaba, antes de dormir; cuando tenía un poco de tiempo para mí.
Podía sentir como con el paso de los días mi carácter y temperamento se moldeaban haciéndome diferente.
Deseaba con todo mi ser, en verdad, ser aquél chico de mantenimiento que no se preocupaba más que por ingresar a un almacén y tomar lo necesario para cumplir sus funciones en lugar de lo que me corresponde ahora, el buscar los recursos para solventar todas las necesidades empresariales, familiares y personales.
Cerré la puerta y me recargué en ella al salir de la oficina de papá.
Ya no era aquél Terrence que caía en las provocaciones de azar de Mark. No me sentaría más en el sofá de este lugar a jugar con las aplicaciones del móvil mientras papá resolvía todas las cosas.
El lugar que Margaret ocupara por mucho tiempo, ahora estaba vacío. El lugar que ocupara Candy ahora estaba ocupado. Era obvio que Margaret fuera movida de su lugar después de ayudar a Susana, aunque Margaret lo negara y asegurara a mi padre que ella le era leal; por esa razón papá no le despidió.
-Annie, en cuanto llegue mi padre le entrega estos documentos
-Sí – Sus ojos chispeaban debajo de su cabello negro. Moría por preguntarle una vez más si sabía algo de Candy, pero las palabras se rehusaron salir de mis labios.
-Hasta pronto.
-Hasta pronto – La palabra se frenó entre sus dientes y culminó –Señor
Sonreí –Sabes que me puedes llamar por mi nombre
-¿Cómo te llamo? ¿Terrence o Graum?
La miré fijamente, imaginando la escena con Candy.
Por un instante pensé que esta situación pudo haberle beneficiado al quedarse en el sitio de Margaret, pero Candy no estaba más en la empresa…
No era más la empresa que Candy conoció y por tan solo una vez llegué a agradecer al cielo que ella no estuviera más aquí siendo Susana, socia igualitaria. Yo no podría defenderle de sus malos tratos porque ella era socia y yo el hijo de un socio, sin mencionar que papá estaba demasiado cargado de asuntos como para atender cosas de esta naturaleza. –Terrence
-Le llamarás Señor Grandchester – Intervino Susana ordenándole a Annie cómo dirigirse a mí
-Basta Susana – Atajé – Annie, te encargo mucho esos documentos, son importantes y puedes llamarme como te sientas más cómoda. Por último, conforma mi asistencia al evento de beneficencia…
Apresuré mis pasos ante la respuesta muda de Annie y de los pasos veloces de Susana para darme alcance y mantenerse a mi lado – No comprendo tu afán de relacionarte con ese tipo de personas… gracias a Dios que su amiguita se marchó comprendiendo que este no era su lugar
Detuve mi andar, la tomé bruscamente del brazo y entre sus traspiés la recargué en la pared – Entiéndeme de una vez, con Candy no te metas… ni con su recuerdo ¿Lo comprendes? – Fijé mi mirada enfurecida en la de ella.
Abandoné la empresa, sin nada en los pensamientos más que la cólera recorriendo mis venas, conduje hasta la universidad.
Necesitaba sacar la tensión de mi ser porque no me agradaba mucho en lo que me estaba convirtiendo…
-Está perfecta la redacción, Terrence
-Gracias, Señor, aprecio mucho su ayuda en todo este proceso
-Edítala y te veo el día de tu graduación – Estreché la mano de mi mentor.
Los ciclos comenzaban a cerrarse, etapas que nunca volverán más que en el recuerdo traído al presente en algún tema de conversación o en la expresión de alguna experiencia.
Después de presentar el archivo para la edición de mi tesis, al llegar a casa pasé a la recámara de mi madre… crecer dolía, madurar dolía más… - Iré con ustedes a la reunión de beneficencia
Mi madre no ocultó su alegría – Es grato escuchar que irás con nosotros, llevas tantos días en tu habitación
-También me alegra mucho saber que vendrás con nosotros – Papá palmeó mi hombro – Aunque es un evento organizado por damas, verás que sus esposos tendrán el deseo de invertir en muchas oportunidades presentes. Hijo, es tiempo que comiences a relacionarte con este medio.
-Creí que cada centavo debía ser custodiado y no gastarlo
-Piensa como empresario, hijo. Los centavos no son para gastarse sino para invertirse. Esto es una inversión…
-No comprendo muy bien
-Las relaciones interpersonales son una ganancia, Terry. Aprender a relacionarse es un arte.
Esta era la primera vez, de muchas, que asistiría a un evento de recaudación de fondos para el beneficio de una casa hogar.
No entendía en la totalidad como dar podría generar ganancias.
Anudaba mi corbata meditando en todo.
Pronto egresaría del pregrado.
Asumiría la responsabilidad de una vicepresidencia y papá quería que comenzara a representarlo en muchos de sus compromisos, de los cuales no me sentía completamente preparado.
Me indicaron mi lugar y recordé todas las veces que Mark y yo preferimos el antro a eventos de este tipo –Gracias
Las damas cotilleaban y emitían sonrisas y risitas poco escandalosas, los caballeros estaban regados por toda la sala en pequeños grupos de no más de cinco personas cuyo tema eran los negocios; cotilleo, al fin…
Busqué con la mirada a mis padres y dirigí mis pasos al encontrar a papá en medio de una plática que él dirigía.
Al convocar la cena formal todos los presentes ocupamos nuestros lugares – Hijo, ya conoces a George – Saludé ante la formalidad en la que papá daba lugar a las presentaciones –Ella es Rose Marie, la esposa de George
-Ellas son nuestras hijas – Mencionó George –Flammi y Luisa
-Es un gusto conocerles. Soy Terrence Grandchester
-Creo que te conozco de algún lugar – Mencionó Flammi
-Tal vez la universidad – Mencionó mamá de manera amena y para no generar tensión entre ella y la esposa de George
-No –Dijo risueña y con picardía – Estoy segura que no
-Algún club, tal vez – Dije sonriente
George interrumpió preguntando por Mark, fue obvia su interrupción que Luisa y Flammi rieron por lo bajo…
Era increíble que las chicas que tenía frente a mí pudieran ser las hijas de William White y que compartieran la familiaridad con George quien les llamaba hija
-Él se encuentra bien – Respondió papá inflando su pecho de orgullo por su primogénito – Ha logrado estabilizar la producción de la empresa y quiere encontrar un buen financiamiento que logre deshacer el trato con Leagan
Luisa aprovechó el silencio que se generó por un par de segundos –Ya recordé donde te he visto – Tomó su cartera de sus piernas y sacó el móvil. Pulsó y pasaba rápidamente el dedo sobre la pantalla táctil – Aquí… - Mostró la foto que me tomara con Candy en la fiesta de Annie –Te ves un poco diferente, pero creo que eres tú
El móvil pasó de mano en mano entre los presentes. Lo poco que había visto era suficiente para reconocer que era yo el de la foto y la compañía entre mis brazos - ¿De dónde sacaste esa foto? – Pregunté ingenuamente pensando en la remota posibilidad de alguna red social conectada con George, por cuestiones empresariales
-Nos la compartió Candy – Respondió Flammi con la diversión chispeando en sus ojos
El camarero interrumpió sirviendo el primer tiempo de alimentos
-¿Conocen a Candy?- Pregunté interesado
-Sí
-¿Saben de ella? ¿En dónde está? ¿Cómo puedo dar con ella?
-Terry no es momento – Dijo papá y George se removió en su asiento
Los ignoré y comencé con las interrogantes de nueva cuenta – Por favor, se los ruego…
-Sí la conocemos, es nuestra hermana menor – Soltó sin más, Luisa – Se fue con nuestro padre a Londres
Busqué la mirada de papá y la de George. Mamá y Rose Marie guardaron silencio -¿Ustedes lo sabían? – Cuestioné a mis padres sin importar el lugar. Sentía el golpe de cada latido de mi corazón en cada dedo, en las sienes, en la garganta…. -Candy es hija de ¿William White?
Candy
-Toma asiento, por favor – Conocía las miradas como la de Neil Leagan. Miradas prepotentes, carentes de criterio y que desnudaban con tan solo pasar por todo el cuerpo
-Gracias – Sostuve la mirada sin intimidarme. Tenía un objetivo enfrente y no me iría sin haberlo logrado
-Me intriga mucho que estés interesada en la empresa de Richard Grandchester, en realidad yo gestioné el soporte económico porque el terreno lo vale, pero la empresa es una pérdida total, basta mirar que Markus Grandchester ha postergado el pago de una cuota mensual… esperaré a que los plazos venzan y …
-Lo sé, he hablado con él, por ello estoy aquí – Atajé interrumpiendo su comentario mordaz
-Hablemos de negocios fuera de mi oficina, te invito una copa
-No cierro negocios en bares
Sus ojos se achicaron escudriñando mi respuesta –Ninguna chica se niega a acompañarme
-Me halaga ser la primera –Ironicé mi respuesta
-Te costará el 35% del total de capital invertido – Dijo sin más dando una cifra demasiado alta
-Quiero el desglose
-¿No confías en mi palabra?
-Sí, en lo que no confío es en mis oídos, así que para ello tengo mis ojos, créeme, son más confiables
Rió tan fuerte que abandonó su posición cómoda en el escritorio y tomó su lugar frente a su computador, las hojas de la impresora, rápidamente revelaban en diez cuartillas el contenido del trato de Mark con Leagan. – Quiero que vengas a tomar una copa conmigo, eres interesante, Candice White
-Bien, ¿Quieres el pago en transacción, cheque, acciones…?- Ignoré a propósito su petición
-¿Así tan rápido? ¿No quieres revisarlo con tus asesores?
-Te dije que confío más en mi vista que en mis oídos
Volvió a reír – Debe ser muy importante para ti tener ese contrato
-Así es –le extendí para emitir su firma
En cuanto puso la rúbrica era mi tiempo para celebrar, ahora tenía a dos de los grandes de Londres en mi poder – Es un placer hacer tratos contigo
-Espero que estés consciente de que lo que acabas de hacer es ilegal, violaste el trato con un cliente y has vendido su boleta de financiamiento sin notificación legal – Palideció. Reír en este momento sería algo grosero de mi parte así que opté por sonreír –Si no quieres verte en desventajas harás todo lo que yo te diga en el momento en el que yo lo pida
Golpeó con mano en puño repetidamente el escritorio donde se sentó para flirtear conmigo –No cabe duda, eres igual a tu padre
-Por eso los White, somos los mejores, que de eso no te quede duda.
Entre mis condiciones era que el porcentual de intereses se aplicara a fideicomisos para poder generar recursos que tal vez en algún momento podría compartirlos con los Grandchester, pero al menos su empresa estaba más segura en mi poder que en el de Leagan, quien sin miramientos recibió una fuerte cantidad de dinero y acciones. Agradecí ofertar primero antes de tener que acudir a las subastas que, según los reportes, solían hacer a final de año. Subastas donde algunos empresarios intentaban recuperar sus boletas de fideicomisos arriesgándose a competir contra otro ofertante.
Ser discretos, era la otra condicionante. Leagan tenía más que perder que yo…
Me sentía ufana y victoriosa, sin embargo no tenía con quien celebrar. Papá se encontraba lejos, Mark no comprendería el motivo del festejo y yo me sentía culpable al tomar ventaja sobre su situación económica; pero en verdad, lo único que deseaba era ayudar por el aprecio que tenía a él y en especial a Graum… a quien amo con todo mi ser…
-Grey, debo viajar a América – Dijo Mark intentando ocultar su preocupación
-¿Tan pronto? ¿Es tiempo de la graduación de tu hermano?
-No, es un problema familiar – Tomó aire- papá se ha puesto grave y mamá demanda que acuda a su lado
-¿Es muy grave? – Pregunté con sinceridad
-No lo sé. Perdona por despedirme así, por teléfono
-No te preocupes. ¿A qué hora sale tu vuelo?
-En un par de horas, estoy en fila para adquirir tiket.
-¿No era más fácil por la web?
-No, no había sistema y me falta poco para llegar a mostrador
-Te veré en el aeropuerto
-Gracias.
Tomé un taxi y rogué llegar pronto.
Él me esperaba, su rostro no se veía bien y yo no supe si era o no momento de decirle la verdad y preferí invitarle un café aprovechando los minutos antes que ingresara a la sala de arribos
-Todo estará bien –Puse mi mano en la de él
-Es lo que más deseo – Dijo un tanto desesperado – No puedo hacer nada desde aquí y… tantas horas de vuelo
-Es mejor que en barco – Le sonreí
Esbozó una sonrisa y acarició mis dedos con los suyos
-Mark, me llamo Candice White Ardley – Solté sin imaginar el daño que podía añadir a su preocupación
Retiró su mano de la mía y envolvió su café con ellas –Es una broma ¿Cierto?
Negué con la cabeza
- ¿Me estás diciendo que eres hija de William White? – Desvió su mirada de la mía - ¡Vaya! Sí que he sido un tonto
-Mark – De pronto me sentí estúpidamente cobarde al intentar darle explicaciones al Grandchester equivocado – Hay algo más
Levantó una ceja y si no tenía el valor de mencionarlo ahora tal vez no lo haría -Fui novia de Terrence… Graum Baker
Abrió sus ojos llenos de sorpresa. Apretó con fuerza moderada el vaso con contenido caliente que sostenía en las manos. – Mi vuelo está pronto a salir
-Mark… por favor - Supliqué
-¿Por qué ahora? ¿No comprendes por lo que estoy pasando?
-Precisamente por esa razón, creí que debía ser sincera
-Me ilusioné contigo
-Te dije que lo único que podía ofrecerte era mi amistad
-¿Terry lo sabe?
-No. Cuando supe quién era él, yo… - Bajé la cabeza llena de vergüenza por reconocer mi cobardía – yo, simplemente hui… sin dar explicaciones
-Mi hermano ha sufrido por ti
-Y yo por él
Miró su reloj, se levantó y creí que se iría sin decir más.
Sin esperarlo se posicionó a mi costado, tocó mi hombro; levanté mi mirada hasta encontrarme con la de él. – Ven acá tonta – Tiró de mi mano.
Olía bien – Mark – Dije con la frente pegada en su hombro - ¿Podemos ser amigos?
-Podemos, Candy White… pero mi hermano debe saber en donde estás y quien eres
-Me siento cobarde.
-Toma el riesgo. Jamás le había visto enamorado de verdad. – Se separó de mí y apretó mi mentón – Sé que te ama. Me lo ha dicho muchas veces.
Lo miré marcharse al escuchar en el altavoz el arribo a su avión.
En el interior de mi bolsa tenía algo para Terrence, envuelto en un fino estuche y con una nota escrita, hermosamente detallada con gráficos pero nada explícita de mi parte. "Felicidades por tu graduación" con Cariño: C.W.A.
Corrí tras Mark quien se detuvo un par de segundos – Entrégaselo el día de su graduación – Dije con el aliento entrecortado
- En sus propias manos en el momento adecuado –Sonrió – Hasta pronto
-Envíame noticias
-Lo haré – Dijo retomando sus pasos
-Sabes que puedes contar conmigo
Asintió sin mirarme más.
Regresé sobre mis pasos y me sentí una vez más sola.
Sabía que podía contar con mi padre, como la mayoría de veces, por vía telefónica. Pero cuando estábamos juntos podíamos comer rosquillas de maíz mientras mirábamos una película, bueno, que él no terminaba de ver porque casi siempre le dominaba el cansancio.
Papá era la persona perfecta como padre, como proveedor, amaba a su esposa y a las hijas que engendraron con amor y yo tantas veces deseé ser parte sanguínea de esa familia.
-Papá, hay algo importante que debo decirte
-Salgo de una reunión en treinta minutos y te llamaré
-Tal vez no tenga tiempo para responderte, cerraré el trato, papá. Quería que lo supieras y que te sintieras orgulloso de mí
-Lo estoy hija, tú eres mi más grande orgullo… saldré por la tarde a Londres, tal vez alcance llegar a la cena
-Te estaré esperando, te amo papá.
-Y yo a ti hija.
De los departamentos que visité, uno me gustó muchísimo y estaba segura que papá daría el consentimiento.
Estaba aprendiendo a moverme en esta nueva ciudad. Aunque en algunas ocasiones había visitado Londres, no era lo mismo a vivir aquí.
Elevé al cielo una plegaria a favor de Richard posicionándome como hija, si algo le pasara a mi padre yo moriría…
Terminé con los deberes de la universidad.
Llevé los documentos al notario para el cierre del trato por el cual vine hasta Londres.
Nuevamente me sentí sola echando de menos las pláticas amenas y divertidas de Mark. Extrañaba a Graum y mencionaba tantas veces al día su nombre; algunas veces entre gratos recuerdos, otras más entre finas lágrimas por nuestra falta de sinceridad, y otras más ente suspiros y planes a futuro.
Papá conocía a los hijos de Richard; tal vez si yo le hubiera enseñado las fotos con Graum él pudo haberle identificado y desde entonces prohibirme salir con él así como me rogó mantenerme lejos de Mark.
Que mamá se opusiera a mi relación con Graum al pensar que se trataba de alguien inferior a mis recursos económicos no me importó, pero no puedo decir lo mismo de la opinión de papá. Esta pesa mucho sobre mí y tal vez por eso ahora sea conveniente ser cobarde… pero, si por ser cobarde ¿pierdo al amor de mi vida?
Debía resolver esto y pronto…
Quizás en la cena con papá.
