Capítulo 11: La violinista

La vida ¿Qué es? Una ilusión, ¿De qué? De vivir obviamente, la vida es una cosa tan efímera que resulta absurda y con poco sentido. Tan frágil que se puede acabar en un solo segundo, tan inestable que resulta casi impredecible. La vida es un comienzo ¿De qué? Del camino a la muerte por supuesto; de la cuna a la tumba, no importa qué hayas hecho en tu vida, no importa si fuiste rico o famoso, común o pobre; todos acaban muertos de todas formas. La muerte de una persona no es novedad, miles mueren a diario, ¿Qué diferencia hacen dos vidas?

En medio de aquella orgía sin pudor, en medio de aquellas parafilias extrañas, una castaña vestida verde que se abrazaba a su hermano pudo ver como una cuchilla con forma de cruz se aproximaba hasta ella. Demasiado rápido para sus sentidos nublados, para su mirada borrosa e inestable; su corazón fue atravesado con la filosa arma y le arrebató la vida en un abrir y cerrar de ojos. Cayendo al suelo con sus ojos puestos en un punto en el horizonte lejano, su cadáver estaba a punto de ser poseído por aquellos de mente enferma mientras su hermano veía sin creer la escena recién vivida, tratando de despertarla con sacudones y lágrimas por comprender que eso no era un sueño, que el cuerpo de su amada yacía sin vida frente a él mientras una horrenda criatura de lengua bífida los levantaba y arrastraba camino a un altar. Fueron puestos en el altar, al lado de lo que quedaba de los niños, fue contenido por una asquerosa anciana que unió sus bocas en un beso lleno de mierda y orina, pudo ver brillar el filo del hacha mientras era levantado y con un silbido de ultratumba descendió hasta el suelo cortando la cabeza de su hermana, su cuerpo dio un último espasmo y enseguida fue desvestido por aquellos monstruos, antes de unirse a su hermana en el otro mundo pudo ver como su cuerpo fue sodomizado y ultrajado, cortado y devorado, violada incluso por el agujero de su cuello y cubierta de orina, semen y mierda. Dio un grito desgarrador desde el fondo de su garganta al poder librarse de esa siniestra octogenaria y pudo escuchar la risa de esa criatura repulsiva. Su hora había llegado, el Guardián había triunfado y ya no había esperanza alguna; Liz y Bill luchaban lo mejor que podían pero la bruja no podía hacer mucho con una de sus manos cortada y a medio desangrarse, sin remedio, su vida se extinguió junto a la de los gemelos. Y Bill sólo pudo gritar de rabia ante todo lo que estaba ocurriendo frente a su ojo.

¿Qué diferencia hacen dos vidas? Mucha ¿Qué te hace especial? No importa si eres escritor, artista, músico o actor; ya hubo, ya los hay, y los habrá mejores que tú. No importa si eres religioso, ateo o agnóstico porque ya los hay. No eres un ser único ¿Qué te hace especial entonces? Lo único especial que comparten todos los humanos es que una sola vida hace la diferencia. La vida de unos y otros sería completamente diferente, otros ni siquiera existirían.

Bill pensaba todo esto mientras veía cómo un matrimonio joven enseñaba a caminar a su pequeña hija, con una mirada de confusión al no comprender al ser humano. Había destruido una línea de tiempo por completo y reordenado el destino, pero ahora no podía ver los futuros alternos ni ver qué podía hacer para remediarlo, su propia mente era ofuscada por un resplandor verdoso, aunque fuera el amo de la mente, cuando alguien intentaba cambiar el destino se metía en territorios ajenos, incluso del suyo. El destino y futuros alternos estaban prohibidos por ellas de seres potencialmente peligrosos.


El olor a azufre sin duda ahora la llenaba de una sensación que ya casi nunca sentía, miedo. Estaba arrodillada frente a su maestro y salvador, herida y con un gesto de preocupación en su rostro mientras el cabello le caía al frente de sus ojos, el Guardián estaba frente a ella, observándola con sus penetrantes ojos rojos; su cuerpo había tomado mas forma, la forma esquelética de color negro había desaparecido para dar paso a una piel grisácea, garras negras y una cornamenta un poco más pequeña además de unas pezuñas de total pelaje negro y ahora habiendo cobrado un poco más de altura se sentía más poderoso que antes, mas sin embargo la barrera que lo encarcelaba para no poder salir seguía igual de fuerte que antes y él no la podía romper o atravesar, Sara había llegado a su presencia como cualquier otro demonio al ser requerido o invocado. La pelinegra dio un trago de saliva que le irritó la garganta y no podía pronunciar palabra.

Fallaste. –le dijo finalmente y ella no podía estar más asustada, le había salvado la vida de una manera muy fácil y de ese mismo modo podía quitársela nuevamente y eso le preocupaba.

– ¿Me matará?–pronunció con su voz a punto de quebrarse

Puede que me hayas decepcionado, pero sería muy injusto de mi parte matarte sólo por un error después de una vida de triunfos y servicio leal. Te dejaré conservar tu vida.

–Muchas gracias, mi señor. –pudo por fin decir con su voz llena de alivio.

Esta vez el Guardián tenía algo planeado para todos, y eso involucraba a una más de sus extensiones, por mucho que sus poderes fueran bastante triviales, sin duda una pequeña visita de su músico personal les daría a todos una buena razón para cuestionarse si su cordura estaba a punto de esfumarse. Alimentarse de la desesperación y la desesperanza de sus víctimas era un bocado que no estaba dispuesto a desperdiciar, las órdenes esta vez eran divertirse, no matar, y ella estaba dispuesta a tener mucha diversión con toda la gente de Gravity Falls.


Una tras otra las cervezas se apresuraban por su garganta, tan rápido que ni siquiera las saboreaba, sus ojeras alcanzaban ya un punto desagradable, no había dormido absolutamente nada en casi tres días, su corazón estaba acelerado, su mirada comenzaba a volverse borrosa y algunas veces escuchaba susurros. Estaba sentado en el viejo sofá del porche de la cabaña viendo como Stan llevaba en un nuevo recorrido a más turistas mientras Sally se hacía cargo de la tienda, Soos reparaba por segunda vez el carro de golf y Mabel no estaba por ninguna parte, algo que resultaba molesto era que no lo necesitaban para nada aunque él mismo ofreciera su ayuda.

"Será que me consideran un inútil ¿Acaso piensan que no puedo hacer nada? No deberían pensar eso, he salvado esta maldita cabaña en varias ocasiones, eso es algo que nadie ha hecho".

Se enojó, mientras bebía los últimos tres sorbos de su octava cerveza decidió volver adentro. En su habitación, Mabel estaba dibujando, sus dibujos tan coloridos y llenos de vida se habían convertido en trazos de espanto y horror; los colores vivos y los dibujos creativos eran ahora oscuros y deprimentes, calaveras, animales horrorosos y paisajes oscuros adornaban ahora las páginas de su bloc de dibujo. Después de ver las creaciones tan poco creativas dejó a un lado su cuaderno y se frotó los ojos con las manos, después las observó y no pudo estar más asqueada, sus uñas estaban mordidas y pequeños trozos de piel se desprendían de los bordes. Ella podía conciliar el sueño pronto, el dormir se convirtió en el escape a todas las visiones de ese asqueroso momento en aquella fiesta. Su hermano entró a la habitación, con un paso rápido y torpe, se tropezó con la esquina de su cama sin llegar a caerse y de un cajón de su buró sacó su billetera y la abrió para contar su dinero.

–Hola, Dipi-dy. –saludó ella con voz suave, él no contestó. – ¿A dónde vas?

–A dar una vuelta. –contestó indiferente, sin siquiera dirigirle la mirada.

–Te acompaño. –ella se levantó de su cama para dirigirse con él a la puerta, pero Dipper la vio con una mirada que ella pocas veces había visto, estaba enojado y por un momento su mirada le dio miedo, sus ojos rojos, las pupilas dilatadas y las ojeras le daban un aspecto casi demencial.

–Quiero estar solo, Mabel. –su voz era diferente, cargada de ira y sin decir más se fue por la puerta, unos segundos más tarde ella escuchó un gran portazo. Estaba preocupada por él, se limpió unas lágrimas que brotaron por sus ojos, quizás un rato en "sueterlandia" le tranquilizarían.


Gideon y Pacifica estaban en la mansión, ella estaba en el baño, su mirada puesta en el reflejo del espejo, sólo se veía a sí misma, esperaba encontrar algo, ni siquiera sabía qué era lo que buscaba pero ahí estaba. Gideon veía una fotografía en uno de los anuarios de la biblioteca de Pacifica, una fotografía de cuando llegó al pueblo y sus padres lo sostenían como a un niño pequeño en brazos, dio una sonrisa decepcionada de su actitud de por aquel entonces, si pudiera regresar en el tiempo iría a esa época para hacer todo de nuevo, hacerlo bien. Una disculpa con sus padres, ser un amigo sincero de los Pines y ganarse el corazón de Pacifica como debía, en todo el tiempo que llevaba en el pueblo no había ido a visitar la tumba de sus padres, iría por la tarde, después de hacer que Pacifica durmiera un poco; las constantes pesadillas que sufría la rubia lo preocupaban, pues en estas mencionaba a un tal Paul, no podía dormir ni siquiera una hora porque al poco rato comenzaba a moverse, llorar y gimotear en sueños. Y a pesar de sus reiteradas insistencias por hablar con ella, seguía mostrándose indiferente al tema y en una ocasión hasta le había gritado por no dejar de insistir. Algo que tampoco podía dejar de notar en esas noches, era un cuervo que miraba curioso por su ventana.


Candy y Grenda les hacían compañía a sus primos en el lugar en que se celebraría el festival Woodstick, Johnny se fumaba un cigarro mientras los demás comían una bolsa de papas fritas y un refresco, sus aspectos también eran deplorables y no se acordaban de absolutamente nada, pero a diferencia de lo gemelos y Pacifica, ellos sonreían al recordar el dicho de una película "no te acuerdas de nada porque obviamente fue genial", su aspecto cansado se debía a la intrusión de los demonios en sus sueños y a que los ponían a tener sueños húmedos muy reales, incluso habían llegado al orgasmo en múltiples ocasiones, era como una satisfactoria parálisis de sueño.

Todos conversaban tranquilos sin notar una presencia lejos de ellos, la figura esbelta de una chica que llevaba una falda de color negro y una blusa roja, su cabello café suelto y sus ojos estaban ocultos tras unos lentes; lo resaltable de esta mujer era un violín que descansaba entre su hombro y mejilla mientras interpretaba una hermosa melodía que se perdía en el aire. Cuando la melodía llegó a su fin, simplemente se levantó de su lugar y se fue.


Después de todo el día dando vueltas por el pueblo por fin se detuvo a descansar, sentía que se desmayaría en cualquier momento pero trataba de resistir, su cuerpo le comenzaba a pedir algo de comer pero su boca se negaba a dejarlo probar algo de alimento, el asco lo invadía y las arcadas desechaban todo antes de que incluso lo masticara, ya era de tarde. Estaba sentado en una de las bancas de plaza cuando se comenzó a sentir mal por su actitud con Mabel, ella no tenía la culpa de nada, se disculparía con ella al llegar a la cabaña, revisó su reloj y vio que apenas eran las seis en punto, cerró sus ojos para descansarlos un poco, sentía como si le hubieran echado un puñado de arena en los ojos. Sus sentidos estaban tan torpes por la falta de sueño y el alcohol que había consumido que no escuchaba la melodía que era interpretada justo al lado suyo.

–Bonito lugar. –escuchó la voz de una chica y volteó para encontrarse con una atractiva chica de cabello café y lentes que le dirigía una sonrisa amistosa, un violín de color negro descansaba en sus piernas.

– ¿Disculpa?

–Dije "bonito lugar", en mi ciudad no hay lugares así.

–No es común que en las ciudades haya tranquilidad tampoco.

La chica sostuvo de nuevo su instrumento y comenzó a interpretar otra pieza musical con mucha destreza y perfección, Dipper estaba impresionado, por lo visto el arte y la música eran representadas por las más hermosas mujeres que había visto las cuales eran su hermana Mabel y la chica frente a él.

– ¿Te gusta? Se llama "El trino del Diablo*"

–Que nombre tan curioso, pero sí, me gusta.

– ¿Hay alguna canción que quieras escuchar? Descuida, no te cobraré.

–A decir verdad, no sé nada de música clásica.

–No sólo la música clásica se puede interpretar con un violín.

–Tienes razón. Lo siento.

–Es bastante difícil sostener una mentira ¿No te parece?

Dipper se confundió por el cambio tan repentino de conversación por parte de la chica, se rio un poco confundido antes de responderle, la voz de la chica, que era un poco suave, se hizo más fuerte. Pero su mirada también había cambiado, era diferente, llena de indiferencia y frialdad.

– ¿A qué te refieres?

–Me refiero a que sostener una mentira puede traer serias consecuencias.

–Bueno, no siempre. Sostener una mentira para hacer un bien a alguien no es tan difícil.

– ¿Tú crees?

–Sí, no tiene nada de malo mentir para no herir a alguien, eso creo.

Las cuerdas seguían siendo atacadas por la destreza de la chica al mover el arco, Dipper vio a su alrededor y pudo ver que la plaza estaba totalmente vacía, estaban ellos dos y algunos cuervos que se sostenían de un cable eléctrico, le daban la impresión de que los estaban observando; un poco inquieto pudo ver que efectivamente los estaban observando, los cuervos tenían los ojos rojos, unos cuantos dieron un graznido. Se talló un poco los ojos.

–Yo no lo creo, mentir para no herir a alguien es algo muy bajo.

– ¿Por qué lo dices?

–Imagínate que tu hermana es diagnosticada con cáncer, pero ella decide no decirte nada para no preocuparte, al cabo de unos meses muere y al preguntar la causa te dicen que fue cáncer ¿Cómo te sentirías entonces? Mintió para no herirte, ella sabía lo mucho que podía herirte si te decía que tenía una enfermedad terminal.

–Bueno, hay casos aislados como ese, pero no me imagino quién podría mentir sobre su salud.

–Te sorprendería saberlo.

La canción ya había acabado, y ella inició con otra pieza, el himno a la alegría. Los cuervos habían bajado del cable eléctrico y estaban frente a ellos, todavía observándolos, Dipper estaba más intranquilo que antes, comenzaba a ponerse nervioso. La chica se mantuvo en silencio por otros segundos mientras la melodía seguía y seguía, ella estaba muy tranquila tocando su violín bajo la mirada nerviosa del castaño, ninguna persona pasaba a su lado y por alguna razón no se escuchaban las voces de la gente.

–La gente suele mentir todo el tiempo, todo el mundo miente y eso es una acción bastante cobarde, al igual que mentir para un bien propio.

–Bueno, nunca lo había visto desde esa perspectiva. Pero no sé por qué hablo de esto contigo.

Los cuervos volaron y se pusieron frente a ellos, a sólo un escaso metro de distancia, eran siete y ponían sus ojos diminutos sobre Dipper, tres de ellos dieron un graznido que lo perturbó, volteó para ver a la chica pero ella seguía muy tranquila, no parecía sentir la presencia de esos peculiares cuervos. Entonces cayó en cuenta, tanto que incluso se le heló la sangre y el sueño se le fue para ser remplazado por un terror que iba en aumento, sin saber por qué.

– ¿Cómo sabes que tengo una hermana?

Ella dio una sonrisa siniestra, los cuervos dieron un graznido todos juntos y comenzaron a volar alrededor suyo, trataba de ahuyentarlos mientras veía que aquella chica se desvanecía entre las plumas negras que volaban de un lado a otro. Cuando por fin pudo quitarse aquellas aves de encima se encontró en un escenario que no podía ser real, por lo menos desde su punto de vista, estaba en su casa en Piedmont.


Gideon había logrado que Pacifica se durmiera, le arropó con las sábanas de su cama y salió al patio trasero de la mansión con la laptop de su novia en los brazos, comenzó a investigar en internet aquel pueblo de donde venía su amigo James. Era un hombre de familia ya mayor pero el recuerdo de su esposa e hijo lo motivaban para seguir ahí con la esperanza de escapar algún día, siempre le contaba como sentía que cuando intentaba recordar parte de su vida antes de aparecer en las afueras de Oregón y fuera internado en Westin Hills su cabeza comenzaba a dolerle. Era una suerte que pudiera recordar el nombre del pueblo de donde venía, investigaría para ver si podía contactar con su familia y escribirles la carta por un e-mail. El reloj de la computadora marcaba las seis en punto.

–Veamos, Woodville. –el buscador le dio resultados de muchas cosas menos del pueblo. –estúpida internet.

Siguió intentando varias ocasiones y revisando más allá de las dos páginas de resultados que normalmente la gente no revisaba, incluso llegó a la décima página pero seguía sin encontrar algo, estaba a punto de abandonar su búsqueda cuando un resultado le llamó la atención.


Woodville, el misterioso pueblo que desapareció

Woodville fue un pueblo cercano a Maine que misteriosamente desapareció hace ya casi 30 años, los testimonios de los lugareños aseguran una y otra vez que jamás existió ese pueblo, pero estas cosas pierden su credibilidad con el testimonio de los más viejos; quienes no solo aseguran que existió ese pueblo sino que incluso viajaron y hablaron con los pobladores.

Más increíble es el hecho de que algunos hasta tienen fotografías tomadas en el parque de ese pueblo.

La siguiente entrada del blog eran unas fotografías de muy baja resolución seguido de un mapa en el que se mostraba a Maine y unos kilómetros más al sur se podía ver la supuesta localización de Woodville, las fotografías mostraban a un pueblo creciente, como lo debió de ser el mismo Gravity Falls en sus inicios, solo que este tenía un aire más deprimente.

Muchos aseguran que Woodville es el pueblo que actualmente se conoce como Glasrock pero es demasiado lejano a donde se supone existió Woodville; otro dato que desmiente esta teoría es el hecho de que Glasrock fue fundado desde antes de que Woodville desapareciera.

Había otra entrada del blog con más fotografías, entre ellas la de un mapa de hace 50 años y uno actual, en el más antiguo se veía Woodville, mas no en el actual. Siguió más abajo.

Desde aquí las teorías vuelan; desde una ilusión, un pueblo fantasma y hasta una repetición de la misma Atlántida.

Pero la más interesante de estas teorías es una que dice que el día antes de desaparecer, se escucharon explosiones muy potentes con dirección a ese pueblo, siendo estas escuchadas por los pobladores de Glasrock.

Las siguientes fotografías mostraban a un hombre anciano con barba acompañado de un niño pequeño.

Este hombre fue muy amable en darnos más datos que respaldan esta teoría.

Incluso fue testigo de las explosiones y asegura que jamás habían escuchado algo igual.

Hay quienes incluso aseguran que fue una conspiración del gobierno.

Las fotografías siguientes ya no eran tantas, solo unas que ponían los logos del servicio secreto y otras ponían "imagen no disponible"

¿Tú que crees?

¿Conspiración o leyenda?

Buenas noches.


–Yo creo que James de verdad estaba loco, pero esto sin duda es muy…

Sus palabras fueron interrumpidas por un cuervo que se detuvo frente a él y dio un graznido, arqueó una ceja y después de esto pudo ver como varios cuervos más lo rodeaban, se puso algo nervioso y se asustó por el sonido del violín que empezó de repente. Sentada en una silla a lo lejos estaba una mujer, en el comedor del patio también había cuervos que lo miraban fijamente.

– ¿Tú quién eres?–le preguntó Gideon.

–Una vieja conocida de Pacifica ¿Cómo estás, Gideon?

– ¿Cómo sabes mi nombre? Y responde a mi pregunta ¿Quién eres?

Gideon estaba enojado y asustado al mismo tiempo, ella dio una risa malvada y en ese instante Gideon se vio rodeado por los siete cuervos y una inmensa oscuridad que lo cubrió todo; los catorce ojos rojos de los cuervos se transformaron en las luces de emergencia de un lugar al que no quería volver, el hospital psiquiátrico Westin Hills. Sin entender lo que sucedía se empezó a asustar cada vez más, su rostro se puso más pálido de lo normal al ver salir a su padre de ahí con una mirada de tristeza.


Dipper estaba asustado, de repente había aparecido en su casa de Piedmont, eso no era posible. Su cabeza daba vueltas y su mirada se posicionaba sobre todo lo que lo rodeaba, todo parecía tan real, el sonido de las llaves en la puerta lo hizo ponerse alerta, unos cuchicheos seguidos de risas lo confundieron. Enseguida vio cómo su hermana entraba en la casa tomada de la mano de otro chico, esto lo hizo arquear una ceja. El teléfono comenzó a sonar y ella contestó.

–Diga… ¡ah! Hola Dipi-dy… sí, verás, no puedo hablar ahora, estoy ocupada. Tengo que hacer una tarea de la escuela con Miriam, nos vemos.

Ella colgó el teléfono y recibió un abrazo que le sacó una sonrisa, después comenzó a besarse con ese chico y lentamente subieron por las escaleras, antes de que pudieran perderse de la mirada de Dipper, éste pudo ver como su hermana se dejaba manosear mientras subían, obviamente a su habitación.

– ¿Qué es esto? ¿Qué diablos es este lugar?

–Un pequeño futuro cercano "Dipi-dy". –la voz de la violinista lo hizo recuperar un poco de consciencia.

– ¿Futuro cercano? Pero ella y yo somos…

– ¿Qué? ¿De verdad creías que ella te sería fiel por un año entero? Ja, eres más ingenuo de lo que pareces, Dipper.

El violín comenzó a producir otra melodía, más rápida pero por alguna razón esta era más desesperante y Dipper comenzó a ponerse histérico. Buscaba con mucha impaciencia a esa violinista por toda la casa pero lo único que escuchaba era ese desesperante violín resonar hasta lo más profundo de su mente.

–Jajá Dipper, no puedo creer que estés tan desesperado por esto, eres más débil de lo que yo me imaginaba.

– ¡Muéstrate, maldita! ¡Da la cara!


Como una ilusión demasiado vívida, ahora Gideon se encontraba dentro del auto de su padre, estaba estacionado en un sucio y maloliente callejón, su padre no paraba de beber de una botella de tequila, vaciándola con tanta impaciencia que incluso se le resbalaba por la comisura de los labios. Gideon sólo podía ver espantado aquella escena, sin poder evitar que su padre siguiera bebiendo, pudo ver que vomitaba sobre el asiento y el suelo del coche, su obeso cuerpo ahora estaba torciéndose de tales maneras mientras balbuceaba y lloraba cosas que Gideon no podía entender.

–Padre, por favor deja eso. –lloraba Gideon angustiado.

–No te escucha, Gideon, recuerda que ya está muerto, esto es lo que pasó después de aquella visita que te hizo, la última.

– ¿Por qué me muestras esto? ¿Quién diablos eres tú?

¿Qué fue lo que hice mal?–la voz de su padre se escuchó por todo el espacio de la ilusión llamando la atención de Gideon. –le di todo mi cariño y amor, todo lo que necesitaba para ser feliz y Gideon solo lo desperdició ¿Qué hice mal? No le faltaba nada, lo consentía y mimaba.

–Mira como despreciaste a tu padre, Gideon. Hiciste que incluso se suicidara para no tener que volver a verte o sufrir por tu causa.

– ¡Cállate, mientes! ¡Él se accidentó, no se suicidó!

– ¿Estás seguro?

La ilusión cambió totalmente otra vez y ahora se encontraban en marcha sobre la carretera, la mirada torva de su padre, sus ojos hundidos en el dolor y su expresión de amargura turbaron a Gideon nuevamente, al mirar por la ventana del asiento del conductor pudo un letrero que decía: East Maple 2km. Los movimientos de su padre sobre el volante eran torpes, descuidados y bastante malos, Gideon se tambaleaba dentro del auto, al saber lo que venía no pudo sino tratar de hacer despertar a su padre, su desesperación alcanzaba el punto máximo cuando vio un auto que se aproximaba a ellos y su padre no movía el volante.

Esto es lo que merezco, este es mi castigo por haber criado tan mal a mi hijo.

–No, papá, reacciona por favor reacciona ¡LO SIENTO!

Lo único que Gideon pudo escuchar fue el sonido de ambos autos al impactarse seguido de una oscuridad profunda y anormal. La ilusión volvió a cambiar y ahora estaba frente a ambos autos estrellados, el del otro conductor no le importaba, fue a ver a su padre y lo que vio lo llenó de horror y odio a sí mismo. Los ojos de su padre se posaban en él, su cuello había sido destrozado y los huesos de las vértebras salían por entre su carne mientras se desangraba, su cara había impactado contra el volante y ahora era irreconocible por tanta sangre que escurría por su frente y varios dientes ahora le faltaban de la boca. Gideon pasó sus manos por su cabeza, ese escenario de pesadilla se quedaría por siempre en su memoria.

– ¡NO! ¡POR FAVOR, DETENTE!–gritaba Gideon con toda la fuerza de sus pulmones mientras se deshacía de llanto en el suelo, golpeándolo una y otra vez con sus puños, de fondo se escuchaban el sonido del violín y la risa socarrona de su portadora.


Su hermana fue a dar al suelo, la bofetada había sido tan fuerte que incluso la mandó al suelo, ella no podía resistir mucho tiempo, su conciencia se iba con cada segundo que pasaba y él no podía hacer otra cosa más que tragarse su rabia mientras veía con odio al hombre frente a ella, el amante de su madre; por más que Dipper quisiera golpearlo para defender a su hermana no podía, era como ser un fantasma otra vez, sus puños atravesaban a aquel hombre que no sólo se había dado el gusto de violar a su novia una y otra vez sino que incluso la golpeaba y humillaba mientras consumaba el horrible acto.

– ¿Verdad que te gusta, pequeña zorra?–preguntaba ese hombre con una sonrisa creciendo en su rostro mientras Mabel se arrastraba sangrando por el suelo con las últimas fuerzas que le quedaban.

– ¡Ya déjala!–volvió a gritar Dipper arrojándose sobre el torturador.

En ese momento la ilusión cambió y todo se cubrió de negro, el violín interpretaba esta vez una canción de sonidos estridentes, como si en vez de frotar las cuerdas suavemente sólo se esforzaran por hacer que produjeran chirridos casi infernales.

–De verdad eres alguien muy aburrido, Dipi-dy ¿Hay algo a lo que de verdad tengas miedo? Aparte de ver sufrir a alguien de tu familia.

La ilusión cambió de nuevo y ahora se encontraba en un cuarto lleno de espejos, en cada uno se reflejaban los rostros de sus amigos, de Stan y Sally, de Soos y Melody. Todos comenzaron a gritar cosas que Dipper temía. ¡Asqueroso! ¡Desesperado! ¡Inmoral! ¡Depravado! ¡Pervertido! ¡Repugnante! Todos los rostros gritaban aquellas cosas que hacían eco en la mente de Dipper desde que tenía doce años y se enamoró de su hermana, pero Dipper no se dejaría vencer por lo que de antemano sabía que era una ilusión, nada de eso era real. Comenzó a golpear y romper los espejos con sus puños, uno a uno todos se hacían pedazos y Dipper pisaba los que caían rotos al suelo, estaba gruñendo de furia, no se dejaría vencer tan fácil. Una vez que todos los espejos estuvieron rotos todo quedó en negro otra vez, su rostro se había vuelto rojo y recuperando algo de compostura pudo articular palabra.

–Tendrás que hacer algo mejor que eso si quieres vencerme.

–Aceptaría el desafío, pero no vine a matarte, vine a jugar con ustedes.

– ¿Ustedes? ¡Si le tocaste un cabello a mi hermana…!

–Tranquilo, a ella no le hice nada, me divertí mucho con ustedes dos, son más interesantes que la demás gente de este sucio pueblo.

– ¿Cómo que "ustedes dos", a quien más…?

–Estoy segura de que podrás dar con la otra persona, siendo que ahora son amigos no será mucho problema. Adiós Dipi-dy.

Con esas últimas palabras, Dipper se despertó, un poco agitado pero seguía sentado en esa banca, la gente pasaba a su lado, algunos lo veían y se decían cosas después de reírse un poco. Otra vez fue presa del cansancio, la ira que sentía se había disipado, se levantó de la banca, su corazón seguía acelerado y sus ojos amenazaban con cerrarse en cualquier momento, asegurándose de que no le faltaba nada en los bolsillos partió con rumbo a la cabaña del misterio.


Ahora Gideon se encontraba en su antigua casa, era de noche afuera y estaba en el segundo piso, comenzó a recorrer el pasillo limpiándose las lágrimas de su rostro; los cuadros con rostros de payaso a los que su padre era aficionado le daban un aspecto terrorífico a su hogar, comenzó a escuchar el llanto de una mujer, le parecía tan similar al de Pacifica que se acercó porque la idea de que fuera ella le provocó terror, no soportaría ver sufrir de algún modo a la rubia. El sonido del llanto lo guio a la sala de estar de su casa. El violín sonaba de fondo casi imperceptible para sus oídos, pero seguía presente, al acercarse pudo comprobar que quien lloraba era su madre, sentada en el viejo sofá de su casa. El rostro se le iluminó al verla de nuevo, cuando fue confinado en Westin Hills ella se había negado a ir a verlo una sola vez, le provocaba vergüenza.

–Madre, ¿Cómo estás?

–Ya te lo dije, pequeño idiota, ella no puede escucharte porque ya está muerta. No pierdas tu tiempo.

–Sólo déjame vivir esta ilusión sin hacerme sufrir, llevo mucho tiempo sin verla.

–Lo siento, pero eso no sería divertido.

Su madre se levantó del sofá y comenzó a caminar todavía llorando hasta el segundo piso, Gideon la seguía de cerca, en el fondo de su ser todavía esperaba que pudiera evitar el funesto desenlace de su madre. Sus pasos eran lentos y el rubio se llenaba de una intensa desesperación al no poder apartar a su madre, ella entró a su recámara y del armario sacó una escopeta, la misma escopeta con la que Gideon había amenazado a los Pines y se sentó en la cama. Gideon no quería ver pero la malvada violinista siempre hacía quedar la ilusión frente a él y sus párpados se negaban a cerrarse.

Nunca creí que diría esto, pero… te odio, Gideon. Convertiste mi vida en un infierno y por eso te odio. –las últimas palabras de su madre hicieron que Gideon comenzara a llorar otra vez y antes de que pudiera acercarse, ella puso el cañón del arma en su boca y jaló el gatillo.

El fuerte sonido del disparo de la escopeta lo hizo temblar, su cabeza había reventado y manchaba la pared de la habitación, la escopeta cayó hacia un lado de la cama y su cuerpo se desparramó por los cobertores cubriéndolos de sangre, quedaban la mandíbula todavía con algunos dientes y la lengua se movía en un espasmo de ultratumba. En ese preciso instante el cuerpo se descompuso en gusanos e insectos rastreros, dejando tras de sí un rastro de cenizas y huesos, una ilusión de algo que él había provocado.

– ¿Sabes todo lo que darían los Pines por haber tenido unos padres tan atentos como los tuyos? ¿Sabes lo mucho que Pacifica se hubiera alegrado de tener a padres tan generosos con ella? Claro que no lo sabes, no te importa nadie más, sólo tú, pequeño gusano asqueroso y egoísta.

– ¡Ya cállate!

–Ya me he divertido suficiente contigo, Gideon. Resultaste más interesante que Dipper.


Tan rápido como empezó, todo terminó. Gideon se despertó sudando en exceso, cuando esa chica apareció, el sol se estaba poniendo y todavía no había cambiado mucho la atmósfera. Movió la computadora y esta se encendió mostrándole la hora, las seis y media, habían pasado treinta minutos. Dando un suspiro cansado volvió a entrar en la mansión, dejó la laptop de Pacifica sobre un mueble de la sala y fue a la cocina, Tony estaba sacando algo del horno y cuando lo vio lo saludó con la cabeza, Gideon contestó de igual modo.

– ¿Te sientes bien? Te ves… enfermo.

–Tuve un mal sueño, je, creo que Pacifica me pegó sus pesadillas.

Se mantuvieron en silencio por otros minutos, lo que Tony había sacado del horno era lasaña y a Gideon inmediatamente le rugió el estómago, esperaron a que se enfriara un poco para despertar a Pacifica y así cenar juntos. Comenzaron a conversar de cosas sin sentido, las típicas charlas del clima que servían para no estar en un silencio incómodo.


Dipper había llegado a la cabaña, ya no había nadie afuera y Stan había cerrado la tienda, entró con mucha prisa y se encontró con sus tíos, Soos y Melody arreglando ciertos detalles para la boda del robusto, su tía abrió la boca con una impresión fuera de sí. Se acercó a Dipper y tomándolo por las mejillas comenzó a revisarlo por todos lados, observando sus ojeras y su aspecto de cansancio.

– ¡Dipper Pines! Mírate ¿Hace cuánto que no duermes?

–Je, no lo sé ¿Tres días?

– ¿Tres días?

– ¿Qué estás loco hijo? Ve adormir. –le dijo Stan uniéndose a su esposa.

–A la orden.

Dicho esto, Dipper subió torpemente las escaleras hasta su habitación. Dentro estaba Mabel, acababa de ducharse y se cepillaba el cabello frente al espejo, todavía un poco triste por la actitud de su hermano hace unas horas. Dipper entró viendo ya muy borroso, pero pudo distinguir a Mabel que había volteado al verlo entrar en el cuarto. Sonriendo se acercó hasta ella, la abrazó por la cintura, ella comenzó a reír por la actitud de su hermano y antes de que pudiera preguntarle algo, Dipper la capturó en un beso que ella correspondió inmediatamente, después permanecieron abrazados por un par de minutos hasta que Dipper comenzó a hablar.

–Lo siento, Mabs, por lo de hace rato.

–Vamos, Dip, no es para tanto. –ella se apartó un poco y pudo verlo a la cara. –pero mira cómo estás, necesitas dormir.

Se dirigió con él hasta su cama y trató de acostarlo pero no contaba con Dipper, que la sujetó para que se acostara con él, y dio resultado, entre risas ambos cayeron sobre el colchón. Dipper besaba a su hermana mientras su mente le pedía que avanzaran a algo más pero su cuerpo ya estaba agotado, se limitó a abrazar de nueva cuenta a Mabel mientras dejaba que el sueño lo venciera. Puso su cabeza en el pecho de Mabel, estaba muy cómodo en esa posición.

–Te amo, Mabs.

–Yo también te amo, Dipi-dy. Dulces sueños.

Ella le dio un beso en la frente a su hermano mientras dejaba escapar un bostezo, también estaba un poco cansada y le haría compañía a su hermano. Unas horas más tarde Stan y Sally subieron a ver cómo estaban pues no habían escuchado ruido en un buen rato, ambos dieron una sonrisa al encontrarse con la escena frente a ellos, los gemelos dormían abrazados, era una escena bastante adorable pero Sally no pudo evitar ver que Dipper tenía su cabeza puesta en el pecho de su hermana y que su mano rodeaba su cintura, le pareció curioso. Stan les quitó los zapatos a ambos y ellos dos ni lo sintieron, después Sally los arropó con el cobertor de la cama de Mabel.

– ¿Eso es normal?–le preguntó Sally cuando salieron de su habitación.

–Era más normal en los primeros dos veranos.


A la mañana siguiente Mabel recibió un mensaje de Pacifica, era el día libre de Tony y los invitaba a desayunar en su casa con ella y Gideon. Las dos parejas estaban en la mesa del patio trasero, todos miraban cómo Dipper se llenaba la boca con los postres que estaban en la mesa, había tomado una gran porción de todo y lo estaba reduciendo a migajas en un santiamén.

–Muestra algo de modales, Dipi-dy. –le regañó su hermana.

–Descuida, Mabel, cuando pasas tanto tiempo sin comer algo en lo último en lo que piensas es en los modales ¿Cierto Gideon?–el mencionado asintió sonriente.

Los cuatros siguieron desayunando tranquilos, era la mañana tranquila del 20 de Junio, un día muy especial. Un día que era especial por la visita de alguien muy peculiar.

El día se fue rápido, más turistas, más cosas que ver. Mientras las horas se iban dando paso a la noche, Gravity Falls se hundía en su propia miseria, una miseria que no era visible para todos. Pero quienes vivían en esta, tristes y sin esperanza de consuelo, temían porque la noche llegaba, se apresuraba cayendo. Nadie se escondía, eso era inútil, a la media noche del 20 de Junio, cuando el día llegaba a su fin, "Él" aparecía y jamás se iba sin llevarse a alguien consigo, dejando tras de sí nada más que el recuerdo de quien fue su víctima junto a un cadáver.

Después de todo el día andando por el pueblo recorriendo sus lugares favoritos, los lugares de sus recuerdos más felices, ahora descansaba frente a su cabaña, solitaria como siempre. Su hermano Aaron le había enseñado a hacerlo cuando eran niños y como dicen "lo que bien se aprende nunca se olvida". Ya faltaban cinco minutos para la media noche y los pocos que creían que escondiéndose podían librarse de la funesta visita que se aproximaba, luchaban por encontrar un lugar lo suficientemente seguro. Pero Liz, a pesar de saber la visita que estaba a punto de llegar al pueblo, no se movía de su lugar, ella sabía que huir solo lo podía enfurecer además de que era inútil pues siempre encontraría a aquellos que necesiten ser visitados por "Él".

En la cabaña del misterio, Sally pudo ver al curioso reloj de búho marcar con ambas manecillas el número doce, sostenía un resultado médico en sus manos. En la mansión Northwest, Pacifica escuchó el reloj de su comedor dar las doce campanadas mientras sostenía una copa de vino en sus manos, sentada en una de las tantas sillas de ese comedor solitario y sombrío. Gideon pudo ver como la torre del reloj marcaba la media noche desde el cementerio. Stan lo pudo ver en su reloj de pulso sentado en su laboratorio. Así, varios habitantes de Gravity Falls pudieron ver la hora, para unos solo era el final de un día cualquiera, pero para quienes conocían la leyenda, era el principio de sus últimos momentos de vida. Lentamente la atmósfera en donde estaba sentada Liz se comenzó a cubrir de una espesa niebla de color verde, la bruja dejó de lado su taza de café para abrir sus ojos, unos pasos se escuchaban acercándose hasta donde estaba ella, lentamente por entre la niebla apareció un joven vestido con un traje negro, cubierto con una capa del mismo color, su camisa era ajustada por una corbata de moño. Su aspecto era parecido al de Bill, llevaba un sombrero de copa adornando su cabeza y cubriendo su cabello que era un poco largo, llevaba también un bastón a pesar de no necesitarlo y unos guantes, su aspecto era de un hombre elegante del pasado, incluso sus zapatos estaban impecables. Se le quedaba viendo a Liz con su gesto solemne y mirada penetrante para finalizar con una sonrisa débil y un poco atemorizante.

–Edward Mordrake*. –pronunció la bruja.

–Muy buenas noches, Alyssa.

El elegante joven se quitó el sombrero de la cabeza e hizo una reverencia a modo de presentación para Liz, la cual pudo ver un rostro deforme y monstruoso en la parte de atrás de su cabeza.


El Trino del Diablo: La historia detrás de esta hermosa pieza musical inicia con un sueño, Giuseppe Tartini la compuso después de soñar que el diablo era su sirviente, en un momento del sueño le dio su violín para que tocara algo y se sorprendió tanto al escuchar esa melodía que despertó; cuando la quiso tocar de memoria en su violín, a pesar de ser una muy buena composición, él dijo que no se comparaba a la que el diablo tocaba en su sueño.

Edward Mordrake: Fue un hombre de una alta sociedad inglesa que tenía un rostro adicional en la parte posterior de su cabeza, cuenta la leyenda que le suplicaba a los médicos que le extirparan "su cara diabólica" pues esta le susurraba cosas que se escuchaban solo en el infierno; los médicos nada podían hacer porque en ese tiempo la ciencia médica no era tan avanzada como ahora. Se suicidó a los 23 años ahorcándose, otra cosa que cuenta la leyenda es que su cara no podía comer o hablar pero podía reír y llorar.