Llovía
N. de A.: Sé que ha pasado mucho desde mi última actualización y lo lamento, pero mi vida es bastante complicada y no se dan las condiciones apropiadas para permitirme escribir. Un o una tal Pit me ha acusado de retrasarme en las actualizaciones para acumular reviews y quisiera contestarle a nivel particular: Siempre he agradecido los mensajes que me dejáis, cualquier autor decente ve ventajas en que otros critiquen su obra porque eso siempre ayuda a mejorar, pero no son indispensables para mí, seguiría escribiendo sin ellos porque necesito crear historias con la misma intensidad que respirar. Si no actualizo rápido se debe a que estoy trabajando a diario (mis padres tienen un restaurante y sólo cierran los lunes), al mismo tiempo tengo que terminar mi doctorado, cuidar de mi abuelo, mantener la casa limpia y, fundamental, sociabilizar con 4 grupos distintos de amigos y con mi novio; no tengo Internet en casa y mis ratos libres son a partir de las 10 de la noche, por lo que entenderás que no puedo ir a casa de otra persona a esas horas a pedirle que me deje trastear con fanfiction,net . Como extra, hace poco mi madre enfermó y se murió mi abuela. Resumiendo, tengo una vida que atender a diferencia de otros. Además, me niego a subir bazofia sólo por actualizar, si tengo tantos lectores es porque cuido tanto el argumento como la forma de escribir. Si tanta prisa tienes, Pit, hay un montón de fics que se actualizan más a menudo, así que, si tu única queja es mi ritmo de escritura, preferiría que te ahorraras los comentarios hasta que veas algo malo en mi estilo de redacción o en la trama.
Gracias a todos los que me leéis y me animáis. Disculpad mi retraso.
En cuanto a la música, he estado escuchando BSO de Naruto, 300, Final Fantasy.
E ÍCARO PERDIÓ LAS ALAS
Llovía. Era una lluvia gris, de esas que desdibujan el paisaje y convierten una jungla de rascacielos en un cuadro triste y levemente fantasmagórico. El hombre se levantó de uno de esos grandes butacones negros de oficina y fue a pararse frente al gran ventanal que presidía su despacho, observando sin verdadero interés los edificios y la brecha verde en medio de ellos que conformaba Central Park.
-¿No dices nada? – inquirió una suave voz femenina.
El interpelado giró la cabeza, para mirar por encima de su hombro a la despampanante mujer de sentada sobre el cristal de la mesa del despacho. Su cabello azul recogido en un moño resaltaba los finos rasgos de su rostro, parecía muy concentrada doblando meticulosamente uno de los folios apilados junto al ordenador portátil.
-¿Qué habría de decir? -.
-Sólo esperaba algo más de emoción por tu parte, la gente suele mostrarla cuando consigue sus objetivos… pero se me olvida que tú no eres una persona normal -.
-Realmente no he conseguido mis objetivos, Hannah, tu marido aún debe darme la autorización para recuperar lo que es mío -.
-Aguarda el momento oportuno, todavía estamos empantanados con el asunto de Orochimaru, en cuanto las aguas se calmen tendrás luz verde -. Dejó un sencillo pajarito de papel sobre la mesa y tomó el dossier que acababa de llegarles desde Japón – Después de todo, a él también le interesa -.
El hombre abandonó su posición junto al ventanal y se acercó a la esposa de su jefe. Sin emoción alguna, tomó la foto que presidía la carpeta llena de papeles y contempló al sonriente joven de cabello rubio y ojos azules.
-Los niños no deberían pasar demasiado tiempo alejados de sus padres -.
Hannah no dijo nada. Agarró a aquel hombre por la corbata y le atrajo hasta alcanzar aquella boca que nunca sonreía, hundiéndose en ella.
OooO
Sasuke corría por los pasillos del Hidden Village como si la vida le fuese en ello, luchando contra el agotamiento ocasionado por sus excesos de las últimas horas. Frenó para recuperar el aliento y se llevó una mano al pinganillo de la oreja.
-Puesto de control, aquí Sasuke – dijo entrecortadamente.
-Konbawa Sasuke – canturreó una voz femenina.
-Karin, menos mal, temía que le tocara a Tayuya -.
-¿Ocurre algo? Suenas agobiado -.
-Van a vender a Hinata a Aizawa, tengo que sacarla del local, dime dónde baila esta noche -.
-¡Tú eres tonto! ¡Si la ayudas echarás por la borda los últimos cuatro años de trabajo! ¡Van a matarte! -.
-¡Karin! – exigió.
-En la triple plataforma – informó ella en un bufido molesto – Intentaré distraer a seguridad tanto como pueda y te iré informando de sus movimientos, ten cuidado -.
-Arigato -.
-Ja, me vas a deber una muy gorda y pienso cobrármela -.
Sasuke llegó a las dobles puertas sin aliento, chocó con toda la fuerza de la carrera para abrirlas y se sumergió de cabeza en la marea humana de la pista de baile. Empujando sin piedad, sintiendo que no avanzaba con suficiente rapidez contra aquella muchedumbre sumida en el éxtasis de la música, el alcohol y las drogas, se abrió camino hacia la muchacha que danzaba subida en su podio ajena a lo que sucedía.
-¡Hinata! -.
-¿Sasuke-kun? -. Ella se acuclilló para escucharle, extrañada por el gesto descompuesto del usualmente hierático chico - ¿Qué pasa? -.
-¡Ven! -. La agarró por el brazo y la cogió al vuelo cuando cayó de las alturas – Estás en peligro -.
-¿Qué? -.
Sasuke localizó a los dos gorilas que caminaban hacia ellos. El pinganillo de su oreja vibró.
-Sasuke, han dado el aviso de llevar a Hinata a presencia de Kimimaro, salid de ahí enseguida – advirtió Karin.
-Mierda – maldijo él – Hinata, corre -.
Tirando de ella, el Uchida abrió paso hacia una de las salidas laterales. Sabía que intentar abandonar el local por una de las puertas, ya fuera la principal o de las de personal, era una estupidez, el único camino mínimamente viable era el garaje; aquel lugar no estaba tan controlado y su moto garantizaba una huida limpia.
-¿Qué ocurre? – preguntó Hinata, ya en los pasillos enmoquetados.
-Te han vendido a uno de los clientes -.
-¿¡Qué!? -.
-No grites, y tranquila, voy a sacarte de aquí -.
-Pero si se enteran que me ayudas tú también estarás en peligro -.
-Nunca me perdonaría si te hiciesen daño Hinata, seré un cabrón engreído y despreciable, pero aún no he llegado al punto de cruzarme de brazos si veo que alguien importante tiene problemas -. Sacó el móvil y llamó al último nombre de la agenda, la respuesta se la dio un buzón de voz – ¡Joder, es que ese usuratonkachi no puede tener el teléfono encendido nunca! -.
¿A quién más podía llamar que estuviese lo suficientemente cerca de Hidden Village?
-Hinata, ¿cuál es el número de Gaara? -.
Ella se lo dijo y se detuvieron en un rincón a recuperar el aliento mientras Sasuke llamaba. Tono, silencio, tono, silencio, tono; se mordió el labio, impaciente, respirando profundo contra las nauseas que pugnaban por adueñarse de su cuerpo.
-¿Quién es? -.
-Gaara no cuelgues, Hinata tiene problemas, necesito que vengas al Hi-Vi ya -.
-¿Qué salida? -.
-El garaje -.
-Estaré lo antes posible -.
Sasuke colgó y empujó a Hinata para que se pegase a la columna, cuatro tipos pasaron corriendo por el pasillo transversal sin detectarles.
-Karin – gruñó apretando el pinganillo - ¿Qué está pasando? -.
-Hago lo que puedo, pero Kimimaro me ha ordenado que coordine la búsqueda de Hinata y tengo que disimular -.
-Estamos en el segundo piso junto a las cabinas de karaoke, despeja el camino al garaje, no me importa cómo, pero hazlo -.
-Sasuke-kun, déjame – rogó Hinata – No quiero que nadie salga herido por mi culpa -.
-No -.
-Te matarán si se enteran que me estás ayudando -.
-No lo creo, aún soy el favorito del jefe, y quienes fijo me matarían si no te salvo son Gaara y tu hermano -. Agarró con fuerza su mano – Vamos, salgamos de aquí -.
Corrieron unos cuantos metros, atentos a cualquier sonido o presencia, hasta llegar a las escaleras. Aquel era el tramo más peligroso, puesto que no tendrían donde esconderse si alguien les interceptaba en su descenso al garaje. Hinata apretó la mano de Sasuke, sería valiente y no un estorbo, se lo debía por creer en ella y protegerla durante el último año.
Estaban a mitad de bajada cuando escucharon las voces que subían; dar marcha atrás no era una opción, no llegarían al rellano del segundo piso antes de ser descubiertos. Hinata ahogó un grito al tomar conciencia de una imponente presencia tras ellos.
-Juugo – musitó Sasuke, aliviado.
-Me envía Karin -. Se plantó al lado del chico moreno, ocultando con su cuerpo a la aterrorizada Hinata.
El grupo de gorilas de discoteca pasó de largo, apenas echándoles un ligero vistazo.
-Justo a tiempo, gracias Juugo – dijo Sasuke – Ahora vete, no deberías implicarte -.
-Os acompañaré un trecho, aún puedo seos de utilidad aunque sólo sea de pared portátil -.
-Como quieras -.
-Además, no tienes buen aspecto – acotó Juugo – Suigetsu me ha contado lo que estabas haciendo hace un rato -.
-Suigetsu debería dejar de vigilarme como si fuera mi hermana mayor – protestó Sasuke, más enojado consigo mismo que con el peliplateado.
Juugo cargó a caballito con Hinata y así pudieron correr con mayor celeridad. Karin les dirigía desde el centro de mando, advirtiéndoles de la ruta de cada grupo de búsqueda.
-Ya saben que la chica está intentando escapar, Sasuke, y que tú la ayudas, Kimimaro me ha ordenado que se lo diga a las patrullas, alguien vio como te la llevabas de la pista de baile -.
-De acuerdo, el subterfugio ya no sirve, tendremos que arriesgarnos e ir más rápido, si seguimos escondiéndonos bloquearán nuestra única vía de escape -.
-Haré una última cosa, pero eso también imposibilitará que contacte con vosotros -.
-¿Qué tramas Karin? -.
-Provocaré un cortocircuito en el sistema de comunicaciones, eso descordinará un rato a vuestros perseguidores y podréis huir -.
-Vete en cuanto lo hagas o tomarán represalias contra ti -.
-Tranquilo Sasuke, tengo mi salida asegurada -.
-Avisa a Suigetsu -.
-¿Es necesario? -.
-Lo es -.
-Vaaale, avisaré a ese cerebro aguado que tienes por amigo -.
-Nos vemos en un rato -.
-Más te vale -.
El Uchida se arrancó el pinganillo y encabezó la carrera hasta la última puerta, la entrada al aparcamiento. Nada más pisar el suelo de cemento, Sasuke intuyó que algo no andaba bien.
-Corred hacia la puerta, yo abro -.
Juugo obedeció con Hinata aún a cuestas. La chica se sujetó fuerte al cuello del gigantón y giró la cabeza para mirar a Sasuke, asistiendo espantada a como se le echaban encima varios tipos.
-¡Sasuke! -.
A puñetazos y patadas el moreno llegó hasta los botones que abrían la rampa de salida de vehículos, la activó de un golpe y plantó cara a sus atacantes. Estaba en clara minoría, destrozado físicamente y en cuanto alguno sacase un arma sus posibilidades se reducirían a cero, daba igual mientras Hinata pudiera escapar. Miró brevemente más allá de los hombres que le rodeaban y esbozó una cáustica sonrisa antes de volver a la pelea.
Juugo no esperó que la plancha de metal se alzase del todo, se quitó a Hinata de la espalda y la lanzó rodando a través del escaso hueco; ella gritó de sorpresa y de dolor cuando el cemento arañó sus piernas y brazos, y volvió a chillar al notar que la agarraban antes de poder ponerse en pie.
-Tranquila, Hinata, soy yo -.
-¿Gaara? – parpadeó ella.
-Sí, ¿y Sasuke? -.
-Dentro… ¡kamisama, no! ¡Sasuke-kun! ¡Juugo-san! -.
La puerta de metal dejó de subir y volvió a descender antes que nadie más saliera al exterior, por encima del chirriante sonido del metal se escuchaba el ruido de la brutal contienda. Un disparo hizo eco en el aparcamiento.
-¡Sasuke! – chilló Hinata totalmente histérica.
-Hinata, ven, tenemos que irnos -.
-¡No podemos abandonarles! -.
-¡Si nos quedamos te atraparán y el sacrificio de Sasuke habrá sido en vano! – gritó él a su vez – Te juro que volveré a sacarle de ese antro, pero primero necesito ponerte a salvo -.
Una llorosa Hinata se dejó arrastrar hasta la moto. Arrancaron nada más aparecer los primeros sicarios del Hi-Vi, justo a tiempo se perdieron entre el gentío y tráfico de la atestada noche tokiota. Haciendo uso del manos libres, Gaara procedió a llamar a todos y cada uno de sus amigos explicándoles la situación.
-No consigo localizar a Naruto – respondió a la pregunta de Sakura. – Tiene el móvil apagado o fuera de cobertura -.
-¿Dónde se mete ese baka cuando se le necesita? – gruñó la pelirrosa al otro lado de la línea.
-Hay que sacar a Uchida del Hi-Vi, con o sin la ayuda de Naruto, llegados este punto son capaces de matarle -.
Las manos de Hinata se crisparon en la cintura del pelirrojo.
OooO
-¡Achús! -.
Naruto se rascó la nariz, esperaba no estarse resfriando con tanto estornudo. Volvió a mirar por el gigantesco telescopio, observando los extraños juegos luminosos de las nebulosas y la estrella en particular que Shikamaru estudiaba. El joven prodigio tecleaba sin parar en un ordenador mientras iba comprobando cálculos y números abstractos que le facilitaban otras computadoras, mostraba la misma serenidad e indolente concentración que cuando jugaba una buena partida de shôgi. Resopló aburrido. Hacía dos días que estaban encerrados en el campus universitario de Mitaka, un centro dedicado a estudios astronómicos para el que Shikamaru trabajaba a tiempo parcial. Mientras él se sumergía en sus matemáticas, Naruto había paseado por los alrededores de la pequeña ciudad anclada en medio de la naturaleza y una serie de colinas cubiertas de nieve. El cambio de aires le había sentado bien, igual que las horas practicando snowboard, despejando su mente y parte de su apatía; a escasas horas de regresar al centro de Tokyo, sentía que había recargado pilas para sumirse de nuevo en el combate.
Volvió a mirar a Shikamaru. Durante todo el tiempo que llevaban en aquel "retiro místico a la soledad de la montaña", su amigo no le había importunado con preguntas ni una sola vez, pero siempre estaba dispuesto a escucharle cuando empezaba a despotricar contra Sasuke y a darle consejos al respecto, aunque Shikamaru puntualizaba que sólo aportaba su punto de vista y realmente no tenía por qué hacerle caso.
-Te llaman –. Naruto señaló al móvil que daba saltos por una mesa, iluminado pero sin emitir ruido alguno.
-Mira a ver quién es – dijo Shikamaru, sin apartar la mirada de las pantallas – Seguramente sea Temari, se mosquea si no hablo con ella por lo menos una vez al día -.
-A ver si acabas y nos vamos a cenar, que ya pasan de las diez, además el alien no para de gruñir – comentó señalando su estómago.
-¿A QUIÉN LLAMAS ALIEN, MOCOSO? -.
-Sólo era un chiste, Kyuubi -.
-CON MUY POCA GRACIA -.
-Como si los tuyos fueran para troncharse -.
-YO POSEO UN HUMOR REFINADO A LO LARGO DE LOS MILENIOS, DEMASIADO COMPLEJO PARA QUE UN NIÑATO COMO TÚ LO ENTIENDA -.
-Hablas igual que el abuelo -.
-TE ARRANCARÍA LA CABEZA DE UN MORDISCO SI PUDIERA -.
El rubio bajó por una escalerilla y tomó el saltarín móvil, arqueó una ceja al ver la pantalla.
-Es Neji -.
-Qué raro, contesta a ver qué quiere -.
-Io, Neji, soy Naruto -.
-¡Naruto, por fin, pensábamos que te había tragado la tierra! -.
-Neji, ¿qué pasa? -.
-Hay problemas, intentaron vender a Hinata en el Hidden Village, Sasuke consiguió sacarla a tiempo pero a él le atraparon -.
-¿¡Qué!? ¿Cuándo? ¿Habéis hecho algo? ¿Y si…? -.
-Calma, fue hace una hora, pensábamos llamar a la policía pero Gaara dice que eso sólo empeoraría las cosas, ha vuelto al Hi-Vi para negociar -.
-Arigato Neji, llama a Sakura y dile que tenga preparado un hueco en el hospital que dirige su madre, yo me encargo de Gaara, nos vemos allí -.
-Pero… -.
Naruto colgó el teléfono y marcó el número de su amigo pelirrojo.
-Shikamaru, recoge nuestras cosas y ve arrancando el coche, nos volvemos a Tokyo ¡ya! -.
-Dame dos segundos -. El Noro tecleó un par de líneas más y desenchufó su portátil - ¿Qué ha pasado? -.
-Sasuke tiene problemas… joder, Gaara, cógelo… -.
-¿Shikamaru? – inquirió una voz amortiguada.
-No, soy Naruto, ¿dónde estás? -.
-En la moto de camino al Hi-Vi, ¿sabes lo que ha sucedido? -.
-Neji me ha puesto al corriente, Shikamaru y yo vamos hacia allá, tardaremos unas dos horas, quédate con Hinata y no hagas nada -.
-Pero eso es… -.
-Confía en mí, Gaara, no voy a perder a Sasuke una segunda vez -.
Naruto le lanzó el móvil a Shikamaru y sacó el propio. Nada más encenderlo saltaron las llamadas perdidas y el estómago se le contrajo ante la que decía "Sasuke-teme", buscó en la agenda un nombre y llamó mientras abandonaban el observatorio a todo correr.
-¿Naruto? -.
-Iruka-sensei, ha pasado algo grave en el Hi-Vi, Sasuke corre peligro, la policía tiene que intervenir de una maldita vez en ese lugar, si necesitan testigos o lo que sea nos tienen a Sasuke y a mí, ¡pero deben sacarle de allí! -.
-Naruto, calma, ¿qué ha pasado? – le pidió la calmada voz de Iruka.
-No sé mucho, sólo que iban a vender a una amiga nuestra a uno de los clientes del Hi-Vi, Sasuke la salvó pero a él le atraparon en la huida, de eso hace más de media hora y no sé que pueden llegar a hacerle por muy favorito de Orochimaru que sea -.
-Hablaré con mi jefe, creo que puedo organizar una redada con las pruebas que poseemos -.
-Arigato -.
-Te prometo que haré lo que pueda para salvar a Sasuke -.
-Llámeme cuando sepa algo -.
-Descuida -.
Shikamaru y Naruto cargaron sus parcos equipajes en el todoterreno, informaron al encargado de la residencia universitaria de su partida y abandonaron Mitaka a toda velocidad. Naruto miraba alternativamente por la ventanilla, al móvil que sujetaba fuertemente con la mano y al GPS del vehículo, sin parar de retorcerse inquieto en el asiento a cada segundo.
-O paras de una vez o te echo del coche en marcha – amenazó Shikamaru.
-Pero es que… -.
-Ponerte de los nervios no servirá de nada, sólo para sacarme de mis casillas -.
Naruto renegó algo por lo bajo, pero obedeció y procuró no exteriorizar en exceso su nerviosismo. El móvil empezó a sonar poco después.
-¿Iruka-sensei? – inquirió ansioso.
-Han autorizado el asalto policial al Hi-Vi, te informaré cuando todo acabe -.
-Arigato -.
-Tranquilo, seguro que Sasuke está bien -.
-Estaré tranquilo cuando le saquen de ese lugar -.
Colgó el teléfono y clavó los ojos en la carretera, maldiciendo por no poder teleportarse instantáneamente frente al Hidden Village.
OooO
Anko miró a su compañero cuando le oyó resoplar.
-¿Ocurre algo, Iruka? -.
-Sí, que llevo más de una hora pidiéndoles un favor a los dioses y no sé si me lo concederán, y eso que nunca les exigí nada antes de ahora -.
-Saldrá bien, ya lo verás, tenemos controlados todos los puntos estratégicos, incluso se ha enviado un equipo al aeropuerto, esta vez le cogeremos de pleno -.
-Yo también lo creo, de lo que no estoy tan seguro es de sacar con vida al joven Uchida del Hi-Vi -.
-Ese chaval es duro de pelar – sonrió Anko – Ya viste como nos ha estado vacilando durante meses a nosotros -.
-Iruka asintió y terminó de abrocharse el chaleco antibalas mientras su compañera conducía por la gran avenida que cruzaba Roppongi. Aparcaron el coche frente al imponente edificio del Hidden Village, justo al lado de una furgoneta cuyos ocupantes les saludaron con un gesto de cabeza.
-Es la primera vez que veo al jefe personarse durante una operación – comentó Anko, saliendo del coche para ponerse el chaleco.
-Después de más de seis años persiguiendo a Orochimaru, es lógico que quiera vigilar todo in situ -.
El ruido de la radio del coche les interrumpió.
-¿Todas las unidades en sus puestos? – preguntó el inspector jefe.
Cada grupo de asalto fue dando su confirmación.
-Recordad, la prioridad es detener a Orochimaru y sus colaboradores más cercanos, no disparéis a no ser que sea imprescindible. Uno de nuestros confidentes debe andar por alguna de las salas, le descubrieron así que no tendrá buen aspecto; es un chico de unos ventipocos años, pelo negro con reflejos azules y pintas de gogo. ¿Alguna duda…? De acuerdo, luz verde para actuar -.
Súbitamente, la calle fue invadida por una treintena de vehículos policiales. Agentes como Iruka y Anko acordonaron la zona, mientras las fuerzas especiales de asalto irrumpían violentamente en el edificio. Pronto empezaron las andanadas de disparos. Aquellos que huían del Hidden Village eran interceptados, esposados y puestos a buen recaudo dentro de los furgones para su futuro interrogatorio.
-¿Cómo va? – preguntó Iruka, asomándose dentro de la furgoneta sede del mando operativo.
-La planta baja está bajo control, ya nadie puede escapar – sonrió la encargada de supervisar las imágenes que enviaban las cámaras instaladas en algunos de los agentes que operaban en el interior.
-Ahora es cuando empezamos la limpieza por pisos, sacaremos hasta la última cucaracha que anida en ese antro – afirmó Sarutobi, contemplando las pantallas con severidad – Deberías volver a tu puesto, Iruka -.
-Lo sé, sólo quería saber si… -.
-Señor, aquí la unidad tres, deberían pedir una ambulancia – les llegó el aviso por radio.
-Pon su cámara… ¿qué ha ocurrido unidad 3? -.
-Hemos encontrado un herido en el garaje, señor, aunque no responde a la descripción del confidente -.
En uno de los monitores se veía en el suelo a un hombre bastante grande de cabello anaranjado, su aspecto era más que lamentable, lleno de contusiones y una fea brecha en la cabeza que parecía haber sangrado en abundancia.
-Sigan buscando al muchacho, las ambulancias están en camino -.
-¿Qué es ese ruido? -. Iruka salió de la furgoneta y miró al cielo con una mueca de estupefacción pintada en el rostro - ¡Un helicóptero! -.
-¡Unidades cinco y seis, suban inmediatamente a la azotea, el resto de unidades encárguense de cubrirles! – bramó Sarutobi a la radio.
Disparos, gritos, ruido de gente a la carrera, parecía como si una batalla campal se hubiera desatado en el último piso del Hidden Village. Y, entonces, la explosión. Un ala del edificio saltó por los aires, llenando la calle de escombros y fuego. Iruka no lo pensó, desenfundó la pistola y echó a correr hacia la entrada medio obstruida, creyó oír algún grito llamándole pero lo ignoró.
Dentro reinaba la oscuridad y una ligera humareda. Los aspersores contra incendios habían saltado, volviendo resbaladizo el suelo que carecía de moqueta. Iruka buscó la escalera para acceder a los pisos superiores, algo le decía que lo que buscaba estaba arriba. Se cruzó con otros policías, con clientes que huían más asustados del fuego que de la justicia y pedían que les sacaran de allí, con trabajadores igual de aterrados. Un verdadero caos. Sin aliento, a punto de matarse en un tramo medio derruido de escalera, alcanzó la azotea para descubrir a casi todos los miembros de los equipos cinco y seis yaciendo en el suelo. Rogó que sólo estuvieran heridos. El helicóptero alzaba el vuelo en esos momentos, Iruka corrió hacia él disparando a la vulnerable zona del motor y de la hélice; un hombre de cabello blanco se asomó y empujó una persona al vacío con una indolencia premeditada, justo encima del policía que se empeñaba en entorpecer su marcha. Iruka dejó de disparar y abrió los brazos atrapando aquel cuerpo, sintiendo como una bola de demolición el peso del impacto; cuando volvió a abrir los ojos, el helicóptero se alejaba rápidamente. Dolorido, apartó a quién le aplastaba, para reconocer instantáneamente aquella cara deshecha a golpes, la del joven Uchida.
Sacó la radio, sujetándose el maltratado costado derecho.
-Aquí Iruka, estoy en la azotea, los equipos cinco y seis han caído, no sé cuantos heridos, yo mismo no puedo moverme, y he encontrado al confidente pero necesita atención médica de urgencia, apenas respira -.
-Enseguida llegarán los refuerzos – contestó la voz de su jefe – Y prepárate para un buen castigo después de desobedecer órdenes de semejante manera, ¿acaso querías suicidarte? -.
-Lo siento, Sarutobi-san, pero volvería a hacerlo -.
-Ya hablaremos cuando salgas del hospital -.
-Kimimaro iba en el helicóptero -.
-No irá muy lejos, no sin su jefe -.
OooO
Muy lejos del Hidden Village, en el Aeropuerto de Narita, un jet privado se preparaba para despegar con su propietario cómodamente instalado.
-¿Por qué no nos movemos? – exigió al rato de escuchar encenderse los motores.
-Señor, creo que no podremos despegar -.
-¿Cómo que no? -.
-Pregúnteselo a ellos – dijo el piloto, asomándose desde la cabina y señalando hacia las ventanillas.
Orochimaru se giró y descubrió varios coches de policía acercándose por la pista, rodeando el avión de un coro de luces parpadeantes.
-Abre la puerta – gruñó indignado, aquella era la tercera vez que la policía le retrasaba un viaje y la última, pensaba denunciarles a los altos mandos por acoso.
Salió al exterior con expresión enojada, encontrando varios cañones de pistola apuntándole.
-¿Qué significa todo esto? Exijo una explicación -.
-Kuro-san, tenemos una orden de arresto contra usted emitida por el Departamento Antivicio de Tokio y la Fiscalía – anunció el policía al mando – Esperamos que colabore y no nos obligue a usar la fuerza -.
Aquello no podía ser verdad, estaban de broma.
-No tienen nada contra mí -.
-Se le acusa de contrabando, extorsión, inducción al asesinato, proxenetismo, blanqueo de dinero, conspiración y un sin número de delitos de menor importancia, las pruebas son abundantes y se han incrementado tras la redada en el Hidden Village y sus oficinas de Ootemachi -.
Reconociendo que estaba en un callejón de salida, al menos de momento, Orochimaru bajó la escalerilla con toda la dignidad posible y permitió que le detuvieran. La Fiscalía. El nombre de Akatsuki cobró forma en su mente y lo maldijo, desde que dejó esa maldita organización no le habían dado tregua ni un solo minuto, pero si él caía ellos también se hundirían con él.
OooO
Simultáneamente a la detención en la pista privada, alguien aterrizaba procedente de la Costa Oeste americana. Un hombre de mirada desagradable, parco equipaje y la misión de asesinar a un personaje en particular.
En otra parte de la ciudad, Itachi veía las noticias y se enteraba de la finalización con éxito de la redada en el Hidden Village. Por octava vez llamó al móvil de su hijo pequeño, por octava vez saltó el contestador.
En la zona de Shinjuku, un chico peliplateado y una chica de cabello color rojo eléctrico recogían todo aquello que fuera de valor en la casa de Sasuke, un último favor si su líder y amigo sobrevivía.
Desde la acera de en frente, un numeroso público contemplaba la actuación policial en medio de Roppongi. Entre la muchedumbre un hombre de cabello gris cubierto por un sombrero y una gabardina que ocultaba su rostro. Era el final de Orochimaru, quizás ya era hora de hacer las maletas y servir a más grandes señores.
Tsunade salió a recibir las ambulancias con gran parte de su equipo, ella analizaba el estado del paciente en menos de medio minuto y ordenaba el procedimiento a seguir con él. Oyó una exclamación ahogada a su lado cuando arribó el siguiente herido, un joven al borde de la muerte, ya había tenido una parada durante el traslado según informaban los sanitarios. Tsunade dejó a otro gran médico organizando la zona de admisión y ella acompañó la camilla de aquel chico.
Akari también veía la televisión completamente sola en su casa, preocupada por la seguridad del chico al que amaba su hijo y la duda de llamar a Naruto para contarle lo que sucedía.
Sasori intuía que la situación empezaba a enrarecerse demasiado, Akatsuki no tardaría en tomar cartas en el asunto y la sangre acabaría por salpicarle. Un viaje a EEUU para supervisar sus negocios parecía una buena opción. Tomó el teléfono y reservó dos billetes, después de todo también necesitaría un abogado y Deidara se había adaptado muy bien a esa labor.
El anciano echó un ojo a su correo electrónico mientras escuchaba de fondo las noticias, uno de sus contactos enviaba una advertencia: "han encontrado al chico". Suspiró. Parecía que sus iguiente libro tendría que esperar.
Gaara cubrió a Hinata con una manta, ella siguió con la mirada clavada en la televisión y las manos aferrando con fuerza la taza de té. Ella era la culpable de aquel caos, por mucho que su amigo pelirrojo insistiera que no. Si perdían a Sasuke nunca se perdonaría a sí misma.
Un todoterreno entró en Tokyo a gran velocidad camino de uno de los hospitales del centro. El mensaje de Sakura era breve y conciso: "Tenemos a Sasuke, mi madre intenta salvarle la vida, ven cuanto antes".
OooO
Entraron corriendo al hospital haciendo caso omiso a las protestas de las enfermeras por alterar la tranquilidad del lugar. Tomaron uno de los grandes ascensores y Naruto pulsó repetidas veces el botón de la cuarta planta hasta ver que las puertas se cerraban.
-Calma, Naruto, recuerda que nos dijeron que todo estaba bajo control – intentó calmarle Shikamaru por veinteava vez.
-Me tranquilizaré cuando vea a ese bastardo respirando y a salvo -.
-Le quieres mucho, ¿verdad? – sonrió su amigo.
El rubio alzó la cabeza, para observar como cambiaban los números digitales que indicaban las plantas por las que pasaba el ascensor, respondiendo a la pregunta con un silencio culpable. Por fin, las puertas se abrieron en el cuarto piso revelando la presencia de una joven de pelo rosa y bata blanca.
-Sakura-chan, ¿dónde está? -.
-Tranquilo, Naruto, su vida ya no corre peligro -. Ella le tomó de las manos en un intento por reconfortarle, aunque sus propias manos parecían incapaces de parar de temblar.
Naruto respiró hondo. "Su vida ya no corre peligro", esas palabras parecían haberle dejado sin fuerzas, disipando gran parte de la angustia de las últimas horas.
-Quiero verle, Sakura-chan, por favor -.
-Le llevarán a cuidados intensivos en unos minutos, han tenido que operarle del bazo y arreglar una costilla que estaba dañando un pulmón… Le dieron una paliza inhumana, es una suerte que haya sobrevivido -.
Pasada la angustia, llegaba la ira. Naruto hizo crujir los nudillos, prometiendo homicidio inminente.
-¿Qué más? -.
-Un brazo y una pierna fracturados, costillas, contusiones variadas por todo el cuerpo -. Sakura sujetó el rostro moreno con ambas manos, obligándole a mirarla a los ojos – Está malherido pero a salvo, vivirá aunque tenga que pasar una larga temporada en el hospital, así que olvida eso de ir en plan vengativo justiciero por la ciudad -.
-Ya lo sé -. El rubio bajó la cabeza hasta apoyar la frente en el hombro de Sakura, dejándose abrazar – Es sólo que... a veces creo que estoy condenado a llegar tarde cuando él más me necesita -.
-No es cierto, le has salvado, pusiste en marcha la redada policial que consiguió rescatarle -.
-¿Dónde están los demás? – preguntó Shikamaru.
-Les he mandado a casa, como Sasuke-kun ha de pasar unos días en la UCI sólo puede acompañarle una persona, pensé que lo ideal es que se quedase Naruto – explicó la chica – Os avisaremos cuando Sasuke-kun recupere la conciencia y le pasen a planta, entonces organizaremos turnos de visita de dos o tres personas para no armar excesivo alboroto ni molestarle -.
-No, yo también me marcho – replicó Naruto.
-Pero… -.
-Nada, he llamado a su padre cuando veníamos hacia aquí, no tardará mucho en llegar – sonrió sin alegría – Aunque me gustaría ver a Sasuke antes de irme -.
-Te espero en el coche para acercarte a casa, tómate tu tiempo, no hay prisa – dijo Shikamaru.
Sakura guió a Naruto por los pasillos a la zona de UCI. Un amplio cristal dejaba ver del otro lado a Tsunade conversando con dos médicos más, mientras cuatro enfermeras terminaban de acomodar al paciente en la cama y le conectaban las máquinas que controlarían su estado. La rabia volvió a reverberar en su interior casi hasta el punto de resultar doloroso el reprimirla, la parte de sí mismo regida por Kyuubi exigía sangre a cambio del daño sufrido por su compañero.
-Como ves, respira por sí mismo y no ha sufrido ninguna crisis, tardará en recuperarse pero seguramente lo hará sin secuelas, es muy fuerte -.
-¿Puedo entrar? -. Naruto apoyó una mano en el cristal.
-Esperemos a que salga mi madre y le preguntamos -.
Unos minutos después los sanitarios abandonaban la habitación. Tsunade reparó en la pareja de jóvenes y sonrió afable.
-Se encuentra estable. La operación se realizó rápida y sin contratiempos, así que, si no surgen complicaciones, podremos mandarle a planta en unos días. Necesitará descanso en grandes cantidades y mucho trabajo de rehabilitación, pero creo que podré devolvértelo como nuevo -.
-Arigato, Tsunade-baachan -. Naruto inclinó la cabeza - ¿Puedo entrar? -.
-Que Sakura te proporcione ropa, mascarilla y guantes, ahora mismo Sasuke está muy débil y una infección, por pequeña que fuese, resultaría muy dañina -. Tsunade le revolvió el cabello en un gesto cariñoso y de ánimo – Ahora debo ocuparme de los otros heridos -.
Sakura condujo a Naruto a una especie de vestidor y le facilitó las prendas adecuadas. Envuelto en varias capas de plástico aséptico, por fin Naruto entró en la habitación y se acercó a la cama. El herido descansaba placidamente gracias a la cantidad de sedantes en vena que le habían puesto; su pálida cara se había convertido en un mapa de moratones, sobre la sábana descansaba el brazo derecho envuelto en una ostentosa escayola, idéntica a la que lucía la pierna del mismo lado. Dubitativo, rozó el cabello negro, siguiendo por la frente y la mejilla.
-Orochimaru ha sido detenido y tu padre viene hacia aquí para ocuparse de ti, seguramente hagáis las paces y todo en tu vida empiece a funcionar como debió ser desde un principio. He cumplido mi misión, te he salvado, así que procuraré mantenerme lejos y dejar de ser un inconveniente. Sólo quería despedirme, aunque no estés despierto. Sayonara, Sasuke -.
-NO SEAS ESTÚPIDO, MOCOSO, ESTO NO HA TERMINADO -.
-No pienso permanecer más tiempo cerca de él, sólo he conseguido que casi lo maten -.
-ESTO HUBIERA OCURRIDO AUNQUE TÚ NO HUBIESES INTERVENIDO, HASTA ES PROBABLE QUE EL UCHIHA ESTUVIESE MUERTO DE NO SER POR TI -.
-Me da igual… aunque tengas razón, necesito alejarme de él un tiempo y a él seguro le sucederá algo parecido -.
-COMO QUIERAS, TÚ ERES EL QUE DOMINA EL CUERPO, POR DESGRACIA, YO SÓLO PUEDO OPINAR -.
Naruto permaneció unos minutos más allí de pie, estático, contemplando al chico del que se había enamorado sin remedio, ya fuera por obra del destino o por accidente, y entonces dio media vuelta sin mirar atrás. No vio a Sakura, quizás Itachi había llegado y le estaba enseñando donde prepararse antes de entrar a ver a su hijo, mejor así, no tenía ganas de hablar con nadie.
Como prometiera, Shikamaru le esperaba en el aparcamiento dormitando dentro del todoterreno. Naruto abrió la puerta del copiloto y se sentó sin decir una palabra. Su amigo, inteligente y discreto, se limitó a arrancar y llevarle hasta las afueras de la ciudad donde estaba su casa con una madre preocupada y un hermano histérico.
-Arigato, Shikamaru, en serio, has hecho mucho más de lo que parece – esbozó una pequeña sonrisa de gratitud al bajar del vehículo.
-Para eso están los amigos, llama si necesitas cualquier cosa -.
-Lo haré, que descanses -.
-Ja na! -.
El todoterreno regresó a la carretera. Naruto se echó la mochila al hombro y cruzó las puertas de la urbanización después de saludar al guardia de seguridad. Caminó muy despacio, notando como la angustia de las últimas horas se sumaba a la acumulada antes de escapar a Mitaka, se ahogaba, no podía respirar. Llegó al portal del edificio Konoha y pulsó el telefonillo.
-¿Quién es? – preguntó una voz soñolienta.
-John, soy yo -.
-¿Naruto? ¡Maldito idiota! ¿¡dónde cojones te habías metido!? Mamá estaba muy preocupada. Sube que te voy a dar collejas hasta en el carnet de identidad -.
-¿Te importa… bajar a buscarme? -.
El telefonillo hizo un ruido raro y dos minutos después John aparecía en el portal con un plumas rojo apenas tapando el pijama, su expresión de mosqueo sustituida por otra de absoluto desasosiego, al encontrar a su hermano pequeño sentado al borde de los maceteros con la mirada perdida.
-¿Naruto? ¿qué ha pasado? -. Se acuclilló ante él y le apartó los mechones rubios de la cara – Naruto -.
No hubo respuesta, simplemente se abrazó a él y rompió a llorar. Jonh devolvió el abrazo, transmitiendo seguridad y cariño, intentando recordar la última vez que había visto derrumbarse a Naruto de semejante manera y no encontrando ninguna. Aquel llanto era diferente, transmitía tanto dolor y angustia que John notó como él mismo empezaba a llorar sin poder evitarlo.
Los dos estuvieron así un buen rato, hasta que a Jonh empezaron a dormírsele las piernas y los brazos de aguantar el peso de su no tan pequeño hermano. Apartó un poco a Naruto y le palmeó la cabeza.
-¿Mejor? -.
-Perdona… -.
-Mañana hablaremos, ahora vamos a casa antes que agarremos un trancazo de los gordos -. Recogió la mochila del suelo y tiró de Naruto – Venga -.
Montaron en el ascensor, fue cuando el más joven reparó en los restos de lágrimas en la cara de su hermano.
-¿Tú…? -.
-¿Eh? -. Jonh le miró.
-También has llorado – señaló Naruto.
Él sonrió y la luz artificial jugó con sus rasgos tornándolos más adultos.
-Porque tú no podías llorar por todo -. Le rodeó los hombros con un brazo – Siempre te guardas los problemas, escondiéndolos detrás de esa deslumbrante sonrisa que consigue engañar a todos, incluso a mí. Deberías abandonar esa mala costumbre y confiar en tu familia o tus amigos, aunque te resulte difícil o vergonzoso, no soportaría ver como te hundes igual que hace unos años -.
-No se trata de la misma situación -.
La puerta del ascensor se abrió y ambos echaron a andar hacia la puerta de su casa. John exigió silencio nada más entrar llevándose un dedo a los labios y le señaló la cocina. Naruto consintió en continuar la conversación en compañía de una bebida caliente.
-Naruto, ¿qué ha sucedido? – preguntó John, dejando una taza de cacao ante su hermano.
-He estado intentando ayudar a un amigo, para que dejase un estilo de vida muy parecido al que yo llevaba cuando estábamos en Nueva York -. Dio un trago – No sólo fallé, sino que conseguí que me odiara y me hiciera daño… deja de poner esa cara de homicida porque no fue daño físico, ya soy mayorcito para patear cabezas por mí mismo -.
-Así que te deprimiste y por eso has sido como un alma en pena el último mes -.
-Supongo… -.
-Y por eso te fugaste hace tres días -.
-Exagerado, sólo fui con Shikamaru al campus universitario de Mitaka, pensó que me vendría bien un cambio de aires para aclarar las ideas -.
-No parece haber funcionado -.
-Funcionó, pero esta noche llamó Neji para decirme que casi matan de una paliza a mi amigo -. Naruto apoyó las manos en la mesa y la cabeza sobre ellas – Salvó a una chica de ser violada y la tomaron con él, ahora está hospitalizado -.
-¿Es grave? -.
-Bastante, pero su vida no corre peligro, sólo tendrá que pasar una larga temporada en el hospital y quedará como nuevo, al menos eso me han prometido -.
-Tiene que ver con la redada en el sitio ese de Roppongi, el Hidden Village – afirmó más que preguntó John – Mamá se ha tragado todos los programas y telediarios especiales sobre ello -.
-Sí, tiene que ver con ese lugar – reconoció Naruto.
-Demasiadas emociones, enano -. John sonrió y revolvió el rebelde pelo de su hermano, tranquilo en apariencia, pero mentalmente intrigado por quién sería el misterioso amigo que no aparecía en la agenda que su hermano guardaba por si el móvil se le estropeaba o perdía – Date una ducha rápida y a dormir, que tu neurona debe andar exhausta -.
-Por una vez, estoy de acuerdo contigo -. Se estiró hasta crujir la espalda – Mañana no me hagáis madrugar mucho -.
Salieron al pasillo, fue cuando escucharon las apresuradas pisadas de alguien descalzo y, de repente, Naruto se vio firmemente rodeado por los brazos de su madre.
-¿Mamá? -.
-¿Por qué no puedes ser un niño normal? Me vas a matar a sustos -.
-Eso ya se lo he dicho yo – acotó John.
-¿Te importa si me echas la bronca mañana? Creo que me voy a quedar inconsciente de un momento a otro – propuso Naruto.
-De acuerdo -. Akari le dio un beso y permitió que se fuera a su habitación tras achucharle un poco más.
-Mamá, ¿qué pasa? Normalmente el histérico con Naruto soy yo -.
-Ha llamado el abuelo, ya sabes que conserva unos cuantos "amigos" al otro lado del charco… tu padre nos ha localizado -.
-Naruto y yo ya no somos niños, podemos defendernos solos – saltó John, vehemente – Además, aunque nos haya encontrado, no puede hacer nada porque estamos en otro país, sus garras no pueden ser tan largas -.
-Lo son y nada le detendrá hasta tener a Naruto -. Akari respiró hondo – No le digas nada a tu hermano de momento, bastantes quebraderos de cabeza tiene por ahora, barajaremos nuestras opciones y ya veremos qué hacemos -.
-Como quieras -.
John la vio desaparecer dentro de su habitación, frustrado por no poder proteger a su familia.
OooO
La oscuridad le rodeaba. Se incorporó para contemplar un campo infinito bajo un cielo negro.
La soledad se respiraba. El viento agitó sus ropas blancas, sin frío, sin calor.
Alguien le llamaba. Avanzó en la dirección que una voz silenciosa dictaba.
Una herida se abrió en el árido suelo, un ancho río que sólo reflejaba tinieblas. Paró justo al borde y contempló su imagen flotando en la negrura. Era él, pero no era él. De repente, las sombras cobraron sustancia, rodeándole, asfixiándole, hiriéndole. Perdió pie y cayó al agua, devorado por las tinieblas. No había miedo porque era lo que debía suceder, cerraría los ojos y todo desaparecería, pero sus ojos localizaron a un chico rubio en la orilla contraria, gritaba y extendía una mano hacia él… y surgió el angustioso deseo de alcanzar aquella mano…
-¡Sasuke! -.
Abrió los ojos sobresaltado. Esta vez identificó una habitación blanca con una de las paredes de cristal. Desorientado, intentó recordar qué hacía allí, entonces le asaltaron los recuerdos de la brutal paliza, la explosión. Intentó incorporarse en vano, era demasiado doloroso. Una mano se posó en su hombro.
-Tranquilo, estás a salvo -.
-¿Kakashi? – inquirió con voz rota. Su mirada fue del preocupado rostro de su hermano a la escayola que adornaba su brazo y los cables que le conectaban a los monitores junto a la cama.
-No intentes hablar mucho, ni moverte tampoco, llevas tres días inconsciente después de lo ocurrido en el Hi-Vi, cuando te trajeron no sabían si sobrevivirías -. El peligris le acarició el pelo después de pulsar el botón que avisaba a las enfermeras – Papá y yo debimos sacarte de ese lugar hace mucho tiempo, aunque hubiera sido a rastras -.
-¿Qué pasó? -.
-Tu adorable y cándido rubito desencadenó una de las mayores operaciones policiales a nivel nacional desde la Segunda Guerra Mundial – sonrió Kakashi – Creo que, si la poli no le hubiera hecho caso, él habría ido en persona a devastar ese antro con tal de salvarte. Han detenido a Orochimaru y desmantelado toda su organización, aunque algunos de sus secuaces andan sueltos por ahí; el juicio tendrá lugar en cuanto tú seas capaz de ponerte en pie y hablar como una persona normal -.
-¿Hinata? -.
-A salvo, la sacaste a tiempo, ototo -. El joven editor le palmeó la cabeza – Buen trabajo -.
-Deja de tocarme las narices, algún día me levantaré de esta cama y te patearé los huevos –. Sasuke contrajo el rostro en una mueca de dolor por moverse más de la cuenta.
-Tan simpático como siempre, parece que eso no te lo quitan ni a golpes -. Kakashi tomó una silla y se sentó junto a la cama – Mamá llega esta tarde desde Fukui, me turnaré con ella para cuidarte mientras estés ingresado. Papá se quedó pegado a ti los dos primeros días, hasta asegurarse que te sacarían de la UCI, ahora ha ido a preparar el juicio de Orochimaru con sus colegas de Akatsuki, no quiere que se le escape. Le diré a tus amigos que ya estás despierto, todos andaban deseosos de visitarte, sobre todo los Hyuuga -.
-No quiero ver a nadie -.
-Deberías abandonar esa pose de dios caído en desgracia y empezar a comportarte como el humano que eras, hace unos años la gente te apreciaba ototo-baka… ¿sabes? estuviste oficialmente muerto casi un minuto y, sólo kamisama sabe por qué, se te dio otra oportunidad -.
Sasuke giró la cabeza hacia la ventana e ignoró a su hermano mayor. Kakashi resopló, pensando que colgarle por la dichosa ventana a lo mejor le hacía reaccionar, o quizás no, le habían tirado de un helicóptero y el muy cenutrio seguía igual de cabezón.
Una pareja de enfermeras entró al cuarto y empezó a revisar al convaleciente, friéndole a preguntas para asegurarse que su cerebro funcionaba adecuadamente.
-Salgo un momento, voy a por algo de beber -.
El peligris abandonó la habitación, saludó a los dos policías que custodiaban la puerta y caminó con aire abatido por el pasillo.
-¿Kakashi-kun? -.
-Io, Sakura – sonrió a la joven – Hacía tiempo que no te veía, cada día estás más guapa -.
-Arigato – rió ella - ¿Has venido a ver a Sasuke-kun? -.
-Soy su niñera hasta que llegue mi madre -.
-Se recupera rápido -.
-Lo sé, ya anda gruñendo y con el nubarrón encima de esa cabezota tan dura que tiene, ni las experiencias traumáticas pueden con él -.
-Avisaré a mi madre para que venga a hacerle un reconocimiento completo. Es muy buena señal que haya despertado tan pronto, temíamos que recayera en el coma; ahora podremos pasarle a planta -.
-Le debemos la vida de ese idiota a tu madre, tuvo la suerte que le enviaran aquí – sonrió Kakashi.
-No, eso fue cosa de Naruto, dio aviso para que fuera este hospital el que enviara ambulancias a la redada, en las otras habitaciones de esta planta hay policías heridos y algunos trabajadores y clientes del Hi-Vi – explicó Sakura.
-Ese chico es sorprendente -.
-Es único, lástima que Sasuke-kun no sepa apreciarle en su justa medida -.
-No como tú, ¿ne? -.
La pelirrosa se sonrojó brevemente. Desde que alcanzaba a recordar, Kakashi siempre había poseído una innata habilidad para saber lo que pensaba y ponerla en ridículo.
-Perdona, sólo bromeaba -. Se estiró haciendo crujir los huesos – Ando más preocupado de lo habitual y necesito despejarme -.
-¿Quieres ir a tomar un té? -.
-¿No quieres ver a Sasuke primero? -.
-Le conozco, ahora necesita estar solo y pensar, han pasado demasiadas cosas que debe asimilar -. Sakura echó a andar por el pasillo - ¿Y bien? ¿Qué te tiene tan preocupado, señor editor? -.
-Nada del trabajo, esa es, últimamente, la parte más tranquila de mi existencia – suspiró el peligris - ¿Sasuke te habló alguna vez de nuestra familia? – añadió de repente.
-No entiendo -.
-Mi padre tiene un hermano, vive en Nueva York, su mujer se llama Hannah, posee una gran compañía y no se lleva bien con él, eso es todo lo que sabemos Sasuke y yo. Sería un caso más de típicos problemas familiares, sino fuera porque cada vez que tía Hannah contacta con mi padre pasa algo malo -.
-¿Algo malo? -.
-El divorcio de mis padres o el que Sasuke se metiera en el Hidden Village, por ejemplo – explicó Kakashi.
-Eso es absurdo desde cualquier punto de vista racional -.
-Amenazaron a mi madre, Sakura -.
-¿¡Qué!? -.
Entraron en la cafetería y ocuparon una de las mesas. Nadie parecía demasiado interesado en una joven doctora conversando con un hombre de aire distraído. Kakashi se hizo con un par de tazas de té antes de retomar la historia.
-Quiero que entiendas por qué te cuento esto; eres la mejor amiga de Sasuke, necesito que alguien le vigile y Naruto no es una opción ahora mismo -. Esperó a ver un asentimiento por parte de Sakura – Durante los últimos tres años me he dedicado a investigar cuanto he podido sobre nuestra familia y hay demasiados puntos oscuros. Tía Hannah volvió a contactar con mi padre hace poco, justo antes que se desencadenara todo este caos en torno al Hidden Village, le envió varios mails que él desechó sin abrir, supongo que porque imaginaba lo que decían -. Kakashi sacó un papel plegado del bolsillo – Lee -.
Ella desdobló la hoja a medio camino de la curiosidad y una extraña inquietud.
Itachi, hace días que intento hablar contigo de manera urgente. Tu hermano está seriamente molesto con tu incapacidad para respetar las directrices que te dieron en su momento, insiste que Tokyo no es tu parque de juegos particular. Enviaremos a Zetsu para zanjar lo de Orochimaru, no podemos arriesgarnos, ni aún encerrada una serpiente deja de ser peligrosa. Una vez esté solucionado ese inconveniente, queremos que dejes de jugar al fiscal honrado y te persones en Nueva York, sino obedeces las consecuencias pueden ser bastante perjudiciales.
-Da que pensar – opinó Sakura, tras releerlo un par de veces.
-Ya ni siquiera sé si confiar en mi padre -.
-Itachi-san no es mala persona -.
-Eso quisiera creer, pero nunca ha dejado de manipular las cosas a su antojo y beneficio, incluso a su familia, somos su tapadera -.
-¿Por qué me lo cuentas? -.
-Ya te lo he dicho, eres la mejor amiga de Sasuke – sonrió Kakashi – He encontrado alguien que puede ayudarme a meter la cabeza más profundamente en el asunto, pero necesito saber que mi hermano va a quedar en buenas manos -.
-Dijiste que tu madre venía a cuidar de él -.
-No es lo mismo, necesita a sus amigos, reconstruir aquello que tenía a los quince años antes de empezar a degenerar y convertirse en lo que es ahora. No es sólo vigilarle, quiero que le ayudes a salir a flote -.
-Yo sola no puedo hacer eso – protestó Sakura.
-No estás sola, tus amigos siguen ahí y Naruto también, si alguien puede convencerle de que perdone al cazurro de mi hermano, ésa eres tú -.
La joven agrió el gesto, para después suspirar resignada.
-Haré lo que pueda, pero deja de poner esa cara de perro desvalido -.
-¡Arigato! -.
-Eres tan manipulador como tu padre -.
-No hace falta insultar, Sakura -.
OooO
Los días siguientes se sucedieron casi con monotonía. Naruto acudía a clase y al entrenamiento y luego regresaba a casa directamente, vigilado en todo momento por una escolta policial de incógnito. Aún no habían encontrado a Kimimaro y otros peligrosos colaboradores de Orochimaru, así que debían protegerle por lo que pudieran tramar. Akari se hizo cargo de todo el papeleo y tramitaciones de cara al juicio al que su hijo pequeño habría de asistir, pospuesto hasta que el principal testigo pudiera levantarse de la cama de hospital y narrar detalladamente todo cuanto sucedía tras las paredes del Hidden Village.
John se marchó del país unos días más tarde, al Master intensivo en Relaciones Internacionales en Washington, aunque lo hizo a regañadientes ante la expectativa de dejar solo a su adorado hermanito en las circunstancias tan desagradables que atravesaba. Naruto juró llamarle todos los días para que no se preocupara, mientras la madre de ambos obligó a Naruto a desdecirse y que las conversaciones fueran por Internet, que luego llegaba la factura de teléfono y se dejaba la mitad del sueldo por las paranoias de su hijo mayor.
-Naruto -.
El chico dejó de pasar a ordenador unos apuntes para mirar a su madre, asomada a la puerta de su habitación.
-Ya sé que tengo que colocar mi cuarto, pero ahora estoy… -.
-No es eso, sólo quería saber cómo estaba Sasuke -.
-Ah, Sakura-chan dice que cada vez pasa más tiempo despierto, le han retirado la mayoría de los sedantes y ha empezado a tomar líquidos, sopas y esas cosas -.
-¿No has ido a visitarle? -.
Naruto devolvió la mirada a la pantalla, dando la espalda a su madre.
-¿Puedes explicarme el motivo de no ir a verle? – preguntó Akari.
-Tengo mis motivos, con eso debería bastarte -.
-No, porque a veces te obcecas en algo y cierras los ojos a cualquier otra opción -.
-Esta vez no es una discusión tonta, me humilló de una manera horrible hasta hacerme sentir… - intentó encontrar una palabra que definiera el choque de emociones que significaba pensar en Sasuke y desistió. – Sasuke es como una droga, adictivo y te hace sentir bien, hasta que se te pasan los efectos y llega la resaca… o hasta que te mata -.
-Es una forma un tanto cruda de describirle -.
-Sakura-chan opina que es como un agujero negro, elige la que más te guste -.
-Naruto, mírame – dijo Akari, al tiempo que se sentaba en la cama.
-¿Y ahora qué? – gruñó él, obedeciendo.
-Durante el tiempo que habéis estado saliendo, Sasuke no te hizo daño ni una sola vez ¿cierto? -.
-Bueno… no, pero… -.
-Sin embargo, de la noche a la mañana se convierte en un demonio, ¿se te ha ocurrido pararte a pensar qué pudo suceder para que Sasuke se comportara así? -.
El joven rubio la miró con expresión confusa.
-Tú mismo dijiste una vez que Sasuke es muy retorcido, que no reacciona como una persona normal, sino que ante las amenazas… -.
-Hace daño a los demás para protegerse -.
La mente de Naruto trabajaba a toda velocidad uniendo cabos. El Uchida ya había usado esa técnica anteriormente, apartó a Sakura acostándose con Gaara y al propio Gaara haciendo daño a Lee, perdidos sus principales puntos de apoyo fue fácil aislarse de los demás.Algo se está cociendo en el Hi-Vi, algo importante, y creo que Sasuke-kun está metido en ello, me preocupa que se le escape de las manos.De repente, las palabras de Hinata cobraron sentido. Anko le dijo que gracias a él habían atrapado a Orochimaru e impedido una operación de contrabando a gran escala entre EEUU y Japón, si Sasuke se vio involucrado de alguna forma era más que probable que pensara que ponía en peligro a las personas que le rodeaban, empezando por su pareja.
-¡Será capullo! – exclamó Naruto, dándose una palmada en la frente - ¿Cómo no lo vi? -.
-Creo que porque eres incapaz de ser objetivo cuando se trata de Sasuke, pierdes perspectiva, mister psicólogo – sonrió su madre.
-De todas formas, no pienso ir a verle – musitó el rubio, mirando a su izquierda con aire enojado.
-Ahora estás siendo infantil -.
-No tienes ni idea de lo que hizo, aunque fuera para protegerme, fue de una manera tan retorcida que a ningún tío normal se le pasaría por la cabeza y que posiblemente me ha creado traumas para lo que me resta de vida -.
-Hijo, qué exagerado eres, ni que hubiera intentado violarte -.
Naruto notó como un rojo encendido se apoderaba de su cara, al tiempo que la rabia y vergüenza desencadenaban un ligero temblor por todo su cuerpo. Ante la muda afirmación de su hijo, Akari abrió mucho los ojos por el estupor para luego entrecerrarlos de una manera peligrosa.
-¿En qué habitación dices que estaba ese bastardo? -.
-Mamá, olvídalo, bastante tenemos con el juicio del Hidden Village para que te detengan a ti por homicidio -.
-Puedo alegar enajenación mental transitoria, cualquier jurado lo entendería -.
-Y yo creo que por fin he descubierto de dónde ha sacado John ciertas tendencias -. Naruto suspiró y retomó su trabajo en el ordenador – En serio, no pasó nada, sólo quería que le odiara y lo ha conseguido, punto final -.
-Mi niño -.
-¡Mamá, agh, suelta! -.
Akari estrujó a Naruto en un fuerte abrazo maternal, que le dejó completamente despeinado y más abochornado aún.
-De momento no diremos a John ni una palabra de todo esto -.
-No pensaba hacerlo, si tú das miedo no quiero pensar qué podría hacer mi hermano si se enterase -.
-Te queremos mucho, por eso reaccionamos así -. Ella sonrió – Termina tus deberes, yo mientras prepararé la cena -.
-Vale… ah, mamá -.
-¿Sí, cariño? -.
-Yo también te quiero -.
Akari amplió su sonrisa, feliz y orgullosa de ser la madre de semejante muchacho.
El sonido del timbre del telefonillo interrumpió tan entrañable momento. Naruto retomó su tarea, pensando si lo de ir a visitar a Sasuke sería una buena idea, mientras su madre iba a atender al visitante.
-¡Naruto, ven! -.
El rubio salió intrigado al pasillo. No había quedado con ninguno de sus amigos ese día, todos andaban muy ocupados con sus trabajos o preparando los exámenes finales. Akari sonreía con cierto deje de perversa satisfacción.
-¿Quién era? -.
-Uno de tus amigos -.
-Pero si yo no esperaba a nadie, ¿ha pasado algo? -.
-Creo que no, sólo quería verte -.
Llamaron entonces a la puerta. Naruto abrió, ligeramente escamado por la actitud tan rara de su madre, y lo primero que recibió fue un abrazo tan fuerte que casi se cae al suelo. A costa de un gran esfuerzo, consiguió despegar un poco a la persona lapa para identificarle.
-¿¡Sai!? – exclamó sobresaltado.
-Hello Naruto -.
-Sai, suéltale, no va a salir corriendo a ningún lado – le reprendió una voz masculina.
-¿Yamato? ¿Pero qué hacéis aquí vosotros dos? – interrogó el rubio, consiguiendo hacer un espacio entre su cuerpo y el de Sai. El conocido flash de memoria consiguió atontarle un poco, hacía tiempo que no sufría ninguno y encontrar de sopetón a los dos antiguos anbus no andaba en sus previsiones para ese día.
-Tu hermano dijo que andabas muy depre, le sugerí a Sai que te llamase, pero ya sabes que es un poco radical con sus decisiones y prefirió hacer un viaje para animarte en persona -.
-Exacto, se debe apoyar a los amigos y el contacto físico es necesario a tal fin – remarcó el joven moreno, que hace un instante ostentaba el complejo de lapa.
-Mamá, ¿tú sabías algo? -.
-Nada, ya sabes que tu hermano va por libre – sonrió Akari – Pasad al salón, prepararé té y un aperitivo -.
-No debería molestarse, señora Kishimoto, hemos aparecido sin avisar y… – dijo Yamato.
-Sai es el mejor amigo de mi hijo en L.A., es lo menos que puedo hacer después que se tomara tantas molestias en venir a Tokyo -.
Sai agarró de la mano al rubio sin perder la sonrisa en ningún momento.
-Nosotros vamos a la habitación de Naruto, se necesita privacidad para que un amigo le cuente cosas al otro -.
-Muy bien, os llevaré la merienda al cuarto -.
-Thanks miss Kishimoto -.
Los dos chicos se refugiaron en los dominios de Naruto.
-Esto está igual, tienes incluso los mismos posters – comentó Sai, nada más entrar, curioseando por las estanterías.
Naruto sonrió divertido. Lo cierto es que Sai tampoco había cambiado en el medio año que llevaban separados, conservaba esa forma de ser tan extraña producto de sus pequeños problemas mentales; no llegaba a la categoría de autista, pero le resultaba difícil entender las emociones humanas o sentir empatía por quienes le rodeaban, por eso siempre se había comunicado a través de sus pinturas, hasta llegar a ser el precoz artista que se rifaban las principales salas de exposiciones de EEUU. Sus excentricidades llegaban incluso a la ropa, sólo usaba el blanco, el negro y la amplia escala de grises intermedia; ese día vestía una chaqueta negra de cuello tipo mao con bordados, blancos igual que los pantalones.
-¿Qué ha pasado? – preguntó de repente, abandonando su pose despistada.
-Siéntate –. Naruto le señaló la cama – La historia es muy larga -.
-Tengo todo el tiempo del mundo, me he largado sin comunicárselo a nadie, así que las revistas se volverán un poco locas buscando al nuevo genio de la pintura contemporánea – sonrió como siempre.
Sin saber ya cuántas veces habría contado la misma historia, Naruto relató sus peripecias del último medio año con sólo una diferencia, no omitió ni un detalle, incluso le mencionó lo de Kyuubi.
-¿Eso es todo? -.
-Sí -. Naruto arqueó una ceja, ¿era él o Sai parecía enfadado? Sería toda una novedad con los problemas que padecía para expresar sus emociones - ¿Ocurre algo? -.
-Claro que ocurre, jurabas y perjurabas que jamás te enrollarías con un tío, y ahora te encuentro asegurando que ese Uchida es tu alma gemela; se suponía que cuando descubrieras tu lado gay sería conmigo, no con el primero que se te cruzara por delante -.
El rubio abrió mucho los ojos y empezó a partirse de risa.
-¿Lo que he dicho es gracioso? No pretendía serlo – dijo Sai, extrañado.
-Lo sé, pero para mí es algo tronchante, pensaba que me dirías cualquier cosa menos ésa – rió Naruto – No imaginaba que creerías todo lo que me ha pasado -.
-Tú no tienes motivos para mentirme y yo no tengo motivos para desconfiar de ti, es así de simple -.
-Hum, supongo que es cierto, nadie se inventaría la historia de un zorro demoníaco -.
-Sai tomó una de las galletas de la bandeja que les dejase Akari en algún momento de la conversación. La mordisqueo con desgana, casi con aire pensativo.
-¿Perdonarás a Uchida? -.
-No es tan fácil, no se trata de perdonarle o no, sé, que aunque siguiera cabreado con él, no podría evitar… bueno… quererle -.
-Dicen que lo mejor para olvidar un amor es tener otro nuevo, quizás deberías intentar salir conmigo, eso te daría perspectiva -.
-En realidad, te la daría a ti – gruñó Naruto, mirándole de refilón – A veces me pregunto qué tipo de libros lees para sacar información sobre emociones y sentimientos -.
-Siempre me has gustado – reconoció sin tapujos su amigo -, desde que llegaste a L.A. con esa pinta de cachorrillo apaleado, incapaz de confiar en nadie -.
-Todos alucinaron bastante cuando te acercaste a hablar conmigo en las canchas, nunca habías querido sociabilizar por iniciativa propia, siempre me pregunté qué pasó por tu cabeza en ese momento -.
-No necesitaba tratar con nadie hasta que tú apareciste, yo sabía que, de alguna forma, también eras distinto -. Sai alcanzó su taza de té y la apuró con tranquilidad.
-Dos bichos raros que simpatizaron – sonrió Naruto, divertido.
El moreno se encogió de hombros.
-Eres la única persona que ha despertado algún tipo de sentimiento en mí -.
-Eso es muy bonito – se burló el rubio.
-Mis libros dicen que no debes reírte de una expresión sincera de afecto, es de mala educación -.
-Y hay otros que dicen que un tío no debería decirle a otro que le despierta sentimientos -.
-Tú estás enamorado de un hombre y yo soy gay, ¿no es absurdo andarse con remilgos en semejantes circunstancias? -.
-Argh, me sacas de mis casillas – protestó Naruto, saltando de la cama y dando un par de vueltas por la habitación antes de volver a sentarse.
-No era mi intención, no hay nada que me mueva a… ¿cómo se dice?... picarte, eso -.
-Lo sé, y eso hace que me frustre doblemente -.
Sai le rodeó en un cariñoso abrazo que Naruto se vio incapaz de romper, llevaban sin verse más de seis meses ¿qué más daba si se dejaba achuchar un poco?
-Has cambiado, ya no te pone nervioso el contacto físico conmigo – observó Sai, como quién habla de la reproducción de las medusas.
-Sasuke es un fan declarado del "contacto físico", he acabado por acostumbrarme a que otro tío invada mi espacio personal -. Se rascó la cara con aire pensativo – Creo que, quizás, yo te gusto porque de forma inconsciente recuerdas tu vida pasada como ninja… bueno, te presentaré a los otros para asegurarnos. ¿Qué te parece la id…? -.
Naruto vio interrumpida su pregunta por la repentina aparición de la boca de Sai sobre la suya; al principio le dejó hacer demasiado sorprendido para reaccionar, pero apenas unos segundos después le mandaba al suelo de un empellón.
-¡¡Sai!! – gritó rojo como un tomate con insolación.
Y Sai, simplemente, se echó a reír.
OooO
