Y aquí va el último capítulo :) Espero que les haya gustado la historia
Capítulo 10
Keldarion blandía su espada derribando a todos los nórdicos que se le ponían por delante. Su objetivo era una de las chozas donde sabía que estaba su hermano. Los gemelos de Rivendell estaban a su lado, añadiendo su fuerza al asalto. Era obvio que los nórdicos no tenían ninguna oportunidad frente al poderoso batallón de elfos del Bosque Negro.
El comandante Linden estaba al mando, pero dejó que el príncipe heredero hiciera lo que quisiera, pues sabía cuánto deseaba rescatar a su hermano. El rostro del príncipe estaba lleno de ira y determinación. Su cabello negro se arremolinaba a su alrededor con sus gráciles movimientos, mientras que su espada brillaba bajo el sol de la tarde.
Sus ojos se entrecerraron cuando vio salir al líder de los hombres por la puerta. Azmir también lo vio. ¡Este es el asesino de mi hijo! Gritando de rabia, el hombre levantó la espada e intentó cortar el cuello de Keldarion, pero el príncipe lo esquivó y golpeó la parte posterior de la cabeza de Azmir con la empuñadura de su espada. El hombre intentó levantarse, pero los gemelos ya estaban sobre él.
"¡Atadlo! –ordenó Keldarion-. Quiero que viva"
Con eso, el príncipe giró sobre sus talones y se dirigió hacia la puerta. Tras deshacerse de algunos nórdicos más, por fin la atravesó y empezó a buscar a su hermano.
"¿Legolas? ¡¿Legolas?! –buscó en las tres habitaciones y encontró a su hermano en la última. Lo primero que pensó Keldarion al verlo en el suelo tan quieto fue que ya estaba muerto-. ¡No! ¡Legolas!"
Cuando abrazó a su hermano, se sintió aliviado al ver que aún respiraba, pero estaba muy pálido. Pálido como un muerto…
"¿Legolas?"
"¿Cómo está?" –preguntó Elladan en voz baja. Tras atar a Azmir y dejarlo bajo la vigilancia de Linden, él y Elrohir siguieron a su amigo.
Keldarion sacudió la cabeza, preocupado.
"No sé. No responde –entonces vio las cadenas en las muñecas y tobillos de Legolas-. ¡Lo han encadenado como a un animal salvaje! ¡Son unas bestias!"
Elrohir también se había arrodillado junto a los dos príncipes. Tocó la frente de Legolas y se estremeció, sorprendido.
"¡Está congelado! ¿Qué le han hecho?"
"Él… intentó… revivir… al cadáver…" –dijo una voz débil desde la esquina de la habitación. Fue Hamil, que estaba siendo atendido por Elladan.
Sus ojos se abrieron en estado de shock.
"¡¿Qué?! –exclamó Keldarion-. ¿Qué estás diciendo, muchacho?"
Hamil se sentó con la ayuda de Elladan, haciendo una mueca de dolor.
"Oí cómo lo obligaban… a curar al hijo de mi señor, a que le devolviera la vida… si no me matarían… Y lo hizo… durante muchas horas, pero Garret seguía muerto…"
Keldarion se quedó mirando al muchacho con la boca abierta.
"¡¿Me estás diciendo que el hombre que está ahí afuera era tu amo y que usó a mi hermano para traer de vuelta a su hijo muerto?!"
El muchacho se encogió sobre sí mismo al ver la ira en el rostro del príncipe.
"S… sí, mi señor. Pero eso no es todo. Tu… tu hermano tuvo que curar a los heridos durante todo el día de ayer."
Los elfos jadearon, horrorizados. ¿Cómo se habían atrevido a usar a Legolas de esa forma? Keldarion abrazó a su hermano más fuerte y contempló su rostro. ¿Qué le pasaba a Legolas ahora? ¿Había ido demasiado lejos?
Legolas se movió de repente y abrió los ojos.
"Kel…"
"Sí, hermano. He venido –Keldarion forzó una sonrisa-. ¿Estás loco, pequeño? ¿Qué es eso de que has intentado sanar a un cadáver?"
"Kel, me estoy muriendo…" –dijo Legolas débilmente sin haber escuchado la broma de su hermano. Los gemelos se miraron con preocupación. La verdad es que parecía que Legolas estaba al borde de la muerte.
"¡No! ¡No vas a morir! –gritó Keldarion con vehemencia-. ¿Por qué piensas eso? ¡Te llevaremos a casa, te mimaremos y te mejorarás!"
Legolas sonrió débilmente.
"Me encantaría… eso. Pero no me queda mucho tiempo. La muerte del mortal… ya está dentro de mí…"
Se produjo un momento de silencio y luego los tres elfos gritaron:
"¡¿Qué?!"
"¿Cómo es posible?" –Elladan miraba a Legolas de pies a cabeza como buscando algún signo de muerte.
"Yo… le di demasiado… y lo absorbí todo… incluyendo la muerte. Me está comiendo vivo… tira de mí… con los muertos… Tengo que encontrar otra forma de vida… para deshacerme de ella…"
"Entonces dámelo" –dijo Keldarion sin dudarlo, sujetando la mano de Legolas con la suya.
"No –dijo Legolas débilmente, tirando de su mano-. Te… mataría…"
Los ojos de Keldarion se estrecharon durante un momento justo antes de colocar a Legolas en sus brazos, ponerse en pie y salir corriendo al exterior. Elladan recogió al muchacho y también lo siguieron.
Linden levantó la vista cuando Keldarion se acercó.
"Su alteza, ¿cómo está el príncipe Legolas?"
"Está mal, Linden" –respondió.
Azmir, que estaba arrodillado en el suelo con los brazos atados a la espalda, se sorprendió. ¿Su alteza? ¿Príncipe? ¿Capturé a un príncipe elfo? ¡Maldita sea! ¡Si lo hubiera sabido habría pedido un abundante rescate! Levantó la cabeza y vio la furia ardiente en la cara del príncipe de pelo negro. O tal vez no.
A pesar de lo enojado que estaba, Keldarion tuvo mucho cuidado cuando se arrodilló para sentar a Legolas en el suelo junto al líder de los nórdicos.
"Aquí tienes, Legolas. La forma de vida que necesitas."
Acunado en los brazos de su hermano, Legolas miró fijamente a Azmir. Luego, lentamente, levantó su mano derecha y la puso sobre la frente de Azmir. El hombre se estremeció al tacto y abrió mucho los ojos.
"¿Qué estás haciendo?"
"¿Quieres a tu hijo, humano? Te llevaré con él" –dijo Legolas suavemente.
Al principio, Azmir solo sintió la extraña frialdad que emanaba de los dedos de Legolas y se extendía por su cuerpo. Pero entonces pudo sentir también la horrible oscuridad que lo atrajo a lugares desconocidos. Azmir empezó a sufrir violentos espasmos, con los ojos saltones, pero Legolas siguió sin apartarse. Tenía que sacarlo todo. Un poco más. Solo un poco más…
Legolas estaba brillando mientras realizaba el esfuerzo extenuante y todo lo que podían hacer los demás era mirar con asombro, sobre todo los otros nórdicos capturados. Todos observaban el espectáculo con expresiones de terror y asombro. Ni siquiera los elfos habían visto algo así. Sabían que Legolas era un poderoso sanador, pero era algo difícil de asimilar el saber que también podía causar un dolor enorme con un solo toque.
Un terrible grito brotó de la garganta de Azmir y, como si hubiera sido golpeado por un rayo, su cuerpo salió disparado varios metros hacia atrás. Cayó y se quedó inmóvil, muerto.
El brazo de Legolas cayó sin fuerzas a su lado y sus ojos se cerraron al quedarse completamente sin energía. Todo había terminado…
Keldarion y los gemelos lo miraron con preocupación.
"Él… no está muerto, ¿no? Lo ha sacado del todo, ¿no?" –preguntaba Elrohir.
Keldarion asintió.
"Creo que sí. Está inconsciente."
"Vamos a llevarlo a casa, alteza" –sugirió Linden en voz baja, quitándose la capa y cubriendo con ella al príncipe que estaba vestido tan solo con sus polainas.
"Sí. Vamos a casa" –respondió Keldarion, pero vaciló cuando sus ojos volvieron a posarse en las cadenas que ataban a su hermano.
"Aquí, encontré la llave –dijo Elrohir acabando de inspeccionar el cuerpo de Azmir-. La encontré en el bolsillo de su abrigo."
El sol estaba a punto de ponerse cuando finalmente llegaron al Bosque Negro.
Thranduil entró en silencio a la habitación de Legolas y encontró a sus dos hijos profundamente dormidos. Legolas estaba acurrucado sobre su costado en la cama, cubierto con varias capas de mantas hasta los hombros. Y Keldarion descansaba en un enorme sofá que había acercado a la cama, con sus elegantes dedos envueltos alrededor de una de las manos inertes de su hermano.
Desde que había traído a Legolas a casa el día anterior, Keldarion no había dejado su lado. Había permanecido despierto toda la noche, temeroso de que Legolas se desvaneciera sin que se diera cuenta. Las heridas en la espalda y las demás contusiones habían sido tratadas, pero Legolas seguía sin recuperar la consciencia.
Entonces, el príncipe mayor se despertó.
"Oh, hola padre –se enderezó y se frotó los ojos antes de inclinarse sobre su hermano-. Todavía no despierta."
El rey sonrió suavemente.
"No te preocupes, Kel. Necesita descansar."
"Sí, lo sé. ¿Pero no debería haberse despertado ya?" –Keldarion comprobó el pulso y la respiración de su hermano. Eran normales, pero su piel todavía estaba fría.
Thranduil se sentó en la cama y miró a sus dos hijos, sintiendo tanto orgullo y amor por ellos que le dio la sensación de que su corazón podría estallarle. ¡Mira lo maravillosos que son! Los he criado bien. Me gustaría que estuvieras aquí para verlos, Marwana.
"Lo que le hicieron esos hombres fue terrible –dijo Keldarion de repente, todavía un enojado-. Lo utilizaron, lo manipularon para usar sus poderes, casi lo matan. Padre, ¡deberías haber visto cómo canalizaba la muerte! ¡Fue increíble! No sabía que podía hacer eso."
"Un manyan está lleno de misterios, hijo. Los he visto en tu madre muchas veces –respondió Thranduil, acariciando los cabellos dorados de su hijo menor-. Siempre hay que esperar lo inesperado."
"¡Legolas está lleno de sorpresas, independientemente de ser un manyan! –rio Keldarion, pero luego se puso serio-. Fallé en protegerle, a pesar de que lo había prometido."
Thranduil negó con la cabeza.
"Deja de culparte por ello. No lo puedes proteger todo el tiempo –dijo. Keldarion levantó la vista al sentir la mano reconfortante de su padre en el hombro. El rey continuó-. Con alguien tan testarudo como Legolas es imposible. Está obligado a encontrar problemas una y otra vez."
La puerta se abrió de repente y entraron los hermanos de Rivendell.
"¿Se ha despertado?" –preguntó Elladan en voz baja.
"Todavía no" –contestó Keldarion.
"En realidad acabo de hacerlo" –dijo la voz de Legolas.
Los otros se volvieron hacia él al instante y dejaron escapar un suspiro de alivio al ver sus ojos brillantes y lúcidos.
"¡Ya era hora! –exclamó Keldarion, dándole un abrazo rápido-. ¿Qué te llevó tanto tiempo?"
"Lo siento –dijo Legolas, con la voz todavía inestable-. Tenía bastante miedo de despertar, la verdad."
"¿Y eso por qué?" –preguntó Thranduil. Cogió la mano de su hijo menor y frunció el ceño al notarla fría.
Legolas sonrió débilmente.
"Bueno, siempre que despertaba los últimos días pasaba algo malo; me despertaba empapado, o aparecía de repente encadenado en un lugar desconocido… o sentía manos por todo mi cuerpo…"
"¡¿Que hicieron qué?! –gritaron los otros elfos, horrorizados, imaginando un montón de cosas horribles que podían haberle hecho.
"Tranquilos, ese estúpido hombre tuerto lamentó haberlo hecho. Está muerto. Le rompí el ojo –entonces les dijo que era la razón por la que lo habían flagelado, haciendo que los demás maldijeran. Legolas hizo una mueca cuando continuó: El tuerto pensó que era una chica."
Keldarion y los gemelos estallaron en carcajadas.
"¿Ves? –dijo Elrohir-. ¡Tenía razón! ¡Pareces una doncella!"
"Sí, ¿y qué palabra usaste exactamente, Ell? ¿Vergonzosamente guapo?" –añadió Keldarion, riéndose otra vez.
Los labios de Thranduil temblaban con la risa contenida, mientras Legolas miraba a su hermano y amigos.
"Ja. Ja. Ja. ¡Qué gracioso!"
Intentando controlar la risa, Thranduil le preguntó:
"¿Cómo te sientes?"
"Muy cansado… y un poco débil, pero estaré bien. Dame unos días para recuperarme y estaré como nuevo."
"Eso es bueno –dijo Thranduil, pero entonces entrecerró los ojos-. ¿Pero es cierto? ¿Que escapaste para tomar cerveza?"
La sonrisa de Legolas desapareció al instante. ¡Caray! ¡Estoy en problemas!
"Err… sí, padre."
"¡Debería castigarte!" –la voz de Thranduil aumentó de volumen y los otros tres elfos empezaron a ponerse nerviosos.
El príncipe más joven bajó los ojos.
"Fue solo una cerveza… bueno, en realidad dos."
"¿Dos?" –los ojos del rey se abrieron como platos.
"¡Está bien, está bien! ¡Tres vasos! ¿Qué hay de malo?"
"Apuesto a que todavía te acuerdas de la resaca, ¿no, Legolas?" –añadió Keldarion, pero dejó de sonreír cuando su padre lo taladró con la mirada.
"Y vosotros… -dijo Thranduil, señalando a Keldarion y los gemelos-. ¡Los tres sois responsables de que haya probado esa bebida!"
"¡¿Nosotros?!" –exclamaron en estado de shock.
"Sí. ¡Y no me queda más remedio que castigaros!"
"¡Vamos, padre! ¡Legolas nos obligó!" –protestó Keldarion.
"¡No, no lo hice! ¡Me seguisteis libremente!"
"¡Legolas, nos chantajeaste!"
"¿Solo por decir que me iba aunque fuera solo? Eso no es chantaje. Es lo que yo llamo persuasión estratégica."
"¡Estratégico mi culo!"
"¡Niños! –rugió Thranduil. Los jóvenes dieron un salto del susto y miraron al rey con incertidumbre. Thranduil tenía los brazos cruzados sobre el pecho y los observaba erguido y con el rostro impasible-. Por introducir a este joven inocente a dicha bebida horrible…"
Elladan resopló: "¿Inocente?"
Thranduil miró al elfo más joven antes de que continuó:
"Os condeno a los tres… -con esto, el rostro de Thranduil se iluminó con una enorme sonrisa-. … ¡a un día entero trabajando en las cocinas!"
"¡¿Qué?! No…" –se quejaron los jóvenes.
"¡Padre! ¡Eso es demasiado!" –dijo Keldarion.
"¿Por qué nosotros? ¿Qué pasa con él?" –Elrohir señaló a Legolas que se reía como loco.
"Se está recuperando, así que se libra. Después de todo, ha pasado la peor parte –respondió el rey, dirigiéndose a la puerta-. Empezáis a trabajar hoy. ¡Qué ganas de probar la comida, muchachos!" –y con eso salió de la habitación, sonriendo.
Keldarion y los gemelos se volvieron hacia Legolas, que no paraba de reír. Empezaron a acercársele amenazadoramente, pero entonces el rey volvió a aparecer en la puerta.
"¡Oh, me olvidé una cosa! Nada de arrojarlo al estanque del jardín, ¿de acuerdo? O responderéis ante mí" –luego desapareció una vez más.
Legolas dejó de reír cuando los demás siguieron acercándosele.
"Err… chicos. ¿Qué estáis haciendo?"
"Él dijo que no te lanzáramos al estanque del jardín" –dijo Elladan.
"Sí, pero no dijo nada del riachuelo del patio trasero" –Keldarion sonreía maliciosamente.
"¡No! ¡Esperad! ¡Aahhh! ¡Bajadme ahora mismo!" –gritó Legolas cuando lo agarraron por los brazos y las piernas y lo sacaron de la habitación.
Un rato más tarde, desde el balcón, Thranduil podía oír los gritos de su hijo más joven.
"¡Padre! ¡Ayúdame!"
Entonces vio pasar a los chicos hacia el arroyo que estaba detrás del palacio. Linden se rio entre dientes a su lado.
"Bueno, eso fue interesante. ¿Vas a ayudarlo, mi señor?"
Thranduil se rio.
"No."
Los dos se quedaron allí riéndose mientras escucharon finalmente el sonido de una gran salpicadura, seguido del salvaje grito de Legolas y las carcajadas de los demás.
Todo volvía a estar en orden en el Bosque Negro… pero solo hasta que los chicos volvieran a meterse en otro lío.
Pero eso ya es otra historia.
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