Capítulo 11: Preparativos para la reunión
(Opening: You´re gonna go far, kid - The Offspring)
10 de febrero. Base Samurái, País de los campos de arroz.
Sin más que agregar el grupo conformado por Jubei, Asami, Ryo y otros samurái partieron de su base con dirección al sureste para cartografiar el área y comprobar la certeza de los mapas recién conseguidos. Así como ellos otros grupos habían partido con misiones similares en todas direcciones.
Dejando eso de lado, la base misma se preparaba para un evento de mucha importancia, la primera reunión de la Alianza Samurái en tierras ninjas, la cual se llevaría a cabo esa misma noche, y es por ello que toda la base estaba más que atareada preparando todo para el recibimiento de los siete daimyos, entre los cuales se encuentra el Shogun.
Entre todo el alboroto una mujer se paseaba más que tranquila con dirección a la torre centro de mando. Dicha mujer tiene una edad cercana a los 20 años, con una altura de poco más de 1.70, curiosamente su piel parece un tanto pálida, aunque es su color natural, con una complexión esbelta, adornada con unos atributos femeninos considerables y bien marcados, es dueña de una muy larga cabellera violeta, la cual llega más allá de su cintura y del mismo color serían sus intimidantes ojos, violetas y llenos de una soberbia sin igual, fusionada con una malicia innata. Dicha mujer carece de su armadura, vistiendo un kimono dorado con pantalones hakama blancos, todo hecho de la mayor calidad posible.
– Los organizadores han decidido servir una porción considerable de salmón dorado, arroz de la mejor calidad y sake traído personalmente por el comité del shogun, habrá también… – Todo esto lo decía un viejo hombre quien seguía a esa mujer antes mencionada.
– ¿Por qué se supone que esto me interesa? Me da igual lo que vayan a comer – Alegó ella notablemente aburrida mientras caminaba.
– Disculpe, señorita Reiko, pero usted dijo que quería participar en las actividades de la base. La única labor que pudimos asignarle es como miembro del comité organizador de la reunión – Explicó el viejo hombre tratando arduamente de seguirle el paso.
– ¿Quién fue el idiota que me asignó a eso? – Bufó algo ofendida.
– Me temo que fue su hermano mayor, el joven Kazuhiro, él creyó que… – Una vez más fue interrumpido por la mujer.
– Pues no quiero formar parte de este estúpido comité, es demasiado aburrido, quiero algo más interesante, algo divertido y emocionante – Sonrió mordiéndose los labios – Quiero conocer a esos famosos ninjas y enfrentarme a ellos.
– Lo siento, pero yo no puedo autorizar algo así, señorita. Además, no creo que la hija menor del clan Tokugawa deba hacer algo así… – Antes que dijera algo más, la mujer se dio vuelta encarándolo y tomándolo por el cuello.
– ¿Qué dijiste? – Le miró seria y con una sonrisa perversa – ¿Acaso crees que esos sujetos pueden vencerme?
– No, no, claro que no, mi señora. Usted es una guerrera de elite, dudo que haya alguien que pueda hacerle frente – Trataba de hablar el viejo mientras la chica solo sonreía.
– Claro que no, esos sujetos no son nada comparados conmigo, aun así quiero enfrentarme con ellos para divertirme. Hablaré con mi hermano – Rió un poco al verlo intimidado – Puedes regresar a la cocina viejo, no me interesan esas tonterías. Yo solo quiero divertirme peleando contra algo o alguien.
Sin más que decir apresuró su paso hacia el centro de mando donde se reuniría con su hermano, aunque él no lo supiera. Desde la distancia, en una de las cabañas asignadas a samuráis de bajo nivel, un joven observaba a esa perversa mujer, aunque la miraba con ojos encantados.
– Cielos, la señorita Reiko es preciosa – Comentó suspirando embobado. Estaba sentado desde una banca.
Este hombre, o más bien joven, posee una edad de 22 años, una estatura de 1.79. De complexión delgada pero con una musculatura marcada, cabello oscuro largo, sin embargo, destaca la cinta que lleva en su frente con el símbolo de su clan, sus ojos son del mismo color que su cabello, oscuros, posee una barba muy ligera, se le puede considerar un chico atractivo ante los ojos de las mujeres. A pesar de llevar una katana en su cintura, no lleva la armadura, solo unas ropas de descanso, kimono blanco y pantalones hakama negros.
– ¿Preciosa? Hiroshi – Comentó otro joven, quien estaba sentado a su lado leyendo un libro, notándose muy inmerso en su lectura – Se me ocurren muchas palabras para describirla, y "preciosa" seria de las ultimas.
Este otro joven, con una edad de 22 años también, un tanto más bajo, con 1.77 de estatura. De complexión delgada con una musculatura notable, poseedor de una belleza masculina envidiable con finos rasgos faciales, a la par de una fuerte y seria mirada. Su cabello es de color azabache bastante largo aunque lo lleva atado en una cola de caballo y sus ojos son azules. Este joven no posee una katana, ni armadura, lleva las mismas ropas que su compañero, aunque su kimono no posee mangas, destacando más sus rudos brazos, su arma se encuentra a su lado y es una yari.
– Por favor, Akira, tú que puedes saber de mujeres, no has tenido muchas parejas. Solo has tenido una, y no era muy atractiva ¿Verdad? – Alegó cruzado de brazos y ofendido por lo dicho acerca de Reiko.
– Al menos esa chica no estaba loca – Arqueo la ceja, tratando de seguir leyendo – A diferencia de la señorita Reiko, que es una demente y psicópata.
– Tú no sabes nada, esas son solo tonterías que la gente dice para difamarla – Bufó cruzándose de brazos.
– Pues tú tampoco has tenido muchas parejas, Hiroshi, más bien creo que no has tenido ninguna – Se escuchó una nueva voz, está la de una chica.
Ante ellos se hallaba una chica muy bien conocida. Siendo un año mayor que ese par, con 23, una estatura baja, llegando al 1.68. Poseedora de una figura delgada, aunque carente de atributos considerables, sin perder su figura femenina. Dueña de una larga cabellera café, la cual peina en una media coleta, con una par de bellos ojos verdes cual esmeralda, incluso con un pequeño brillo, creando así en ella una belleza encantadora. Al igual que sus compañeros no poseía armadura, si no más bien un kimono verde con artísticos diseños de olas de mar. Incluso carecía de una katana, solo llevaba en su mano una abanico con el que se refrescaba.
– Nadie pidió tu opinión Yura – Espetó un tanto sonrojado por lo dicho por su compañera. Acto seguido recibió un golpe en la cabeza por parte de ella.
– No le hables así a tu superior, tonto – Decía ella riendo mientras le alborotaba el cabello a Hiroshi y mantenía su cabeza abajo, haciendo gala de una mayor fuerza.
– No digas tonterías, solo eres un año mayor que nosotros – Alegaba tratando de zafarse de su agarre.
– Ustedes dos nunca cambiaran – Suspiró Akira, aunque sonriendo un poco, pues era esa actitud por parte de ese par era lo que le agradaba de ellos. Hasta que cierto pensamiento llegó a él – Oigan ¿No creen que faltar a nuestro trabajo fue mala idea?
– Vamos, Akira ¿Por qué sería malo? – Respondió Yura soltando a Hiroshi.
– Si, además que aburrido, estar horas y horas descargando caja, tras caja, somos samuráis no ashigarus – Agregó Hiroshi acomodándose el cabello.
– Bueno, eso es verdad. Sin embargo, no creo que a nuestra sensei le guste que faltemos al trabajo, es muy estricta en ese aspecto, como en todos – Cerró su libro, comenzado a preocuparse un poco.
– Despreocúpate, ella está muy ocupada trabajando en las misiones de reconocimiento, no sabrá que faltamos al trabajo – Sonrió Hiroshi bastante seguro y despreocupado.
Todo parecía tranquilo, los tres se quedaron un rato más, sentados en la banca sin saber que por detrás de ellos cierta persona se acercaba con unos fieros ojos asesinos que reflejaban furia únicamente. Se paró detrás un momento para mirarlos sin que ellos lo notaran.
– ¿No sienten un mal presentimiento? – Cuestionó Yura ante una rara sensación.
– Yura Kuriyama, Akira Tokisawa y Hiroshi Fujigawara – Enunció la voz de esa persona detrás de ellos, las cual era la voz de una mujer, bastante intimidante.
Los tres chicos abrieron los ojos al instante y tragaron saliva más que nerviosos.
– ¿Por qué no están trabajando, trio de holgazanes? – Cuestionó esa mujer de forma lenta, esperando una respuesta. Antes que los tres chicos se excusara, o huyeran, tres golpes en la cabeza los dejaron en el suelo, casi con el alma fuera.
La mujer quien los habían reprendido era esa sensei que antes habían mencionado. Con una estatura de 1.75 y una edad de 39 años, lo que la hacía una verdadera veterana y samurái de elite. Poseedora de belleza sin importar su edad. Cabello rojo suelto y largo, ojos azules ligeramente brillantes, una complexión delgada y de atributos de buen tamaño que ni la armadura logra ocultar, además de unas curvas femeninas que podrían volver loco a cualquiera. A diferencia de sus alumnos ella si poseía su armadura, esta, en color blanco con detalles en rojo, colores propios del clan al que sirve, el clan Ashikaga, además de llevar una capa con los mismos colores, lo que representa que es una samurái de muy alto nivel. Su arma, una gran naginata que lleva en su espalda.
– ¡¿Por qué carajos no están trabajando, idiotas?! – Exclamó furiosa a esos tres – ¿Acaso creen que por ser samuráis están exentos del trabajo? Pues no, aquí todos deben trabajar, solo trabajando entenderán las virtudes del camino del samurái, el trabajo nutre el alma y mejora el cuerpo, así que quiero que se disculpen por su indisciplina y se presenten de inmediato al puerto para trabajar tres turnos seguidos, y no van a comer hasta que yo lo diga.
– Lo sentimos, Ayako sensei – Dijeron los tres al unísono, entre asustados y arrepentidos mientras se arrodillaban para disculparse.
No era ni la primera ni la última vez que su sensei los reprendía, y sin importar cuantas veces lo haga no dejaba de ser intimidante y aterradora por su intensidad.
– ¿Acaso el puerto está aquí? Lárguense a trabajar ¡Ahora! – Gritó cruzada de brazos.
Tan rápido como pudieron salieron corriendo en dirección al puerto.
– Siempre me meto en problemas por su culpa – Bufó Yura.
– ¡Ja! Si claro, tú fuiste la que dijo que no quería trabajar y nos convenció – Agregó Hiroshi.
– Ya cállense, les dije que debíamos ir a trabajar o lo lamentaríamos, ahora trabajaremos tres turnos por su culpa – Alegó Akira.
Y discutiendo, como siempre, fue que no tuvieron más opción que irse a trabajar por horas. Desde la distancia su sensei, la señora Ayako Sendo les miraba atentamente para que no hicieran alguna treta y escaparan de su deber.
– Esos tres nunca van a cambiar – Se dijo así misma, no obstante ya no estaba molesta, les miraba con una tierna sonrisa, pues sin importar lo estricta o ruda que pareciera, esos tres eran muy queridos y apreciados por ella.
Ahora nos vamos al centro de mandos, donde se encontraba cierto grupo de samuráis temidos y famosos, al mando, el joven heredero del clan Tokugawa, Kazuhiro, junto a su inseparable y fiel guardaespaldas, Tetsuo. Junto a ellos, y desde hacía varios días se habían unido Tomoe y Kazuki, los cuatro estaban tranquilamente degustando un almuerzo dentro de la torre, en una de las tantas salas.
Ante ellos cuatro se encontraban dos hombres más arrodillados informando acerca de los resultados de la misión que les fue encomendada.
– Recorrimos y revisamos cincuenta kilómetros a la redonda, no hemos encontrado rastro alguno del hombre conocido como Orochimaru, sin embargo, nos topamos en diferentes ocasiones con miembros de su grupo, los conocidos ninjas del sonido. No fueron un reto ni una amenaza para nosotros, sin embargo, todos desconocían el paradero de su líder.
– ¿Entonces, me vas a decir que en estos días que estuviste fuera, no lograste encontrar rastro alguno de ese sujeto? – Cuestionó Kazuhiro de forma seria mirando a ese hombre frente a él.
– Me temo que no, señor. Ese sujeto, Orochimaru, debe esconderé muy bien para poder evadirme, incluso es probable que tenga un escondite del que pocas veces salga – Sugirió de forma seria, mostrando respeto, pero sin intimidarse ante el heredero.
– Si mal no recuerdo, a ti te llamaban "El amo de los bosques" Decían que nadie podía vencerte en las tierras de tu clan ¿No? – Comentó Kazuki un tanto curioso por los resultados de dicho hombre.
– Eso es verdad, hasta cierto punto, Kazuki. Sin embargo, ser bueno para esconderse no significa ser bueno para encontrar. Como dije, Orochimaru puede estar oculto en algún refugio y por ello no he sido capaz de hallarlo.
Solo un samurái responde al mote de "Amo de los bosques" Un campeón. Con 1.80 metros de estatura, piel ligeramente morena y de complexión delgada, usuario de una larga cabellera café, y uno fríos y serios ojos verdes. Portando su armadura samurái con los colores del clan al que sirve, en este caso rojo con negro, los colores del clan Takeda acompañada de su larga capa que representa su rango de campeón, y como arma un yumi el cual porta en su espalda y en su cintura una katana.
– Sato Imagawa, campeón principal del clan Takeda, me has decepcionado, no pensé que alguien como tú pudiera fallar en una misión tan simple – Alegó Kazuhiro mirando al campeón con cierta molestia.
– Si usted me lo permite, puedo retomar la búsqueda, tarde o temprano podré dar con ese sujeto, después de todo, solo llevo dos días en su búsqueda – Sugirió sin intimidarse u ofenderse mirando al heredero.
– Parece que llego en el momento más apropiado – Comentó la voz de una mujer ya antes vista por la base. Todos volvieron la mirada a la entrada de la sala para divisar a la hija menor del clan Tokugawa y hermana menor de Kazuhiro, Reiko – Llevo días esperando algo para divertirme, y esto me parece adecuado – Agregó sonriendo mientras entraba.
– Reiko – Suspiró con cierta pesadez Kazuhiro solo al escuchar la voz de su hermana – ¿Qué haces aquí?
– ¿Pues tu qué crees hermanito? – Sonrió y se acercó a él abrazándolo por detrás con bastante cariño – Tenía muchas ganas de verte, tonto – Al tiempo le dio un sonoro beso en la mejilla. Marcándole el labial en la mejilla.
Los samurái allí presentes se extrañaron tanto al ver tal demostración de afecto, impropia de los miembros del clan Tokugawa. Kazuhiro solo carraspeo un tanto avergonzado por la actitud de ella.
– Tomoe, Kazuki, Tetsuo, solicito que se retiren por este momento – Ordenó el heredero, a lo que los tres campeones obedecieron sin objetar nada – Sato, tú y tu cachorro esperen fuera.
El campeón Takeda solo asintió y junto a su joven acompañante se retiraron de la habitación. Una vez fuera los dos se sentaron cerca a la puerta para esperar la continuación de su reunión.
– Sensei ¿Quién es esa mujer? – Cuestionó el joven a su mentor de forma susurrante.
– Es una mujer a la que no quieres conocer, Kido – fue lo que su mentor respondió con una voz baja y de forma seria.
– ¿Por qué dice eso, sensei? No parece una chica mala o algo así ¿También es una samurái? – Insistió el joven
– De las peores mujeres samurái que existen. No te fíes de su lindo rostro o su suave voz, ella es un peligro y muchos han perecido por subestimarla. Es sádica, demente y psicópata, justo la clase de personas que nunca deberían gobernar, pues solo piensan en el caos y la guerra.
Ante las terrible descripción de su maestro, el joven Kido no podía dejar de pensar en esa mujer, realmente no parecía nada de lo que su sensei decía. Estaba bastante intrigado por ella.
Dicho joven es el discípulo único de Sato. De baja estatura 1.58 metros y con solo 18 años de edad era, posiblemente, un samurái demasiado joven para algunos, pues la edad más baja en la que se considera normal obtener el título de samurái es de 20 años. Poseedor de una complexión delgada, una alborotada y encrespada cabellera color castaño cenizo, un par de ojos en color marrón notando una mirada vigilante. Al igual que su maestro, porta su armadura con los colores del clan Takeda, negro con rojo, y como arma una nodachi que trae en su espalda.
Mientras tanto, dentro de dicha sala los hermanos tenían una pequeña discusión.
– Ya te dije que no, Reiko. No vas a salir de la base hasta que padre esté aquí y él lo autorice – Afirmó de forma seria y con brazos cruzados Kazuhiro. Sentado frente a ella.
– ¿Y por qué no? Sabes perfectamente que yo puedo ser más útil haya afuera, luchando, que aquí vigilando el estúpido estofado. Quiero luchar, quiero conocer y asesinar a esos ninjas – Insistió también cruzada de brazos y molesta.
– No puedo dejar que salgas, no conocemos a ese sujeto, Orochimaru. No puedo arriesgarte así, además en esa misión ya está Sato Imagawa, tarde o temprano él lo encontrará. Y se acabó, A hora, por favor, retírate – Se puso de pie y señaló la puerta dándole la espalda.
Sin embardo, Reiko no se daría por vencida tan fácilmente, sabia como convencer a tu hermano mayor. Se acercó por detrás y puso sus manos en los hombros de él.
– Hagamos un trato, hermanito – Le susurró – Déjame salir a buscarlo, acompañaré y ayudaré a Sato hasta hallarlo y darle muerte a ese ninja – Decía mientras lentamente masajeaba los hombros de su hermano.
– ¿Qué clase de trato es ese? – Arqueo la ceja mirándola sobre su hombro, una tanto extrañado por ese raro masaje y tono de voz.
– Escucha. Cuando corte la cabeza de ese sujeto te la traeré y le dirás a padre que era un poderoso líder ninja con un enorme ejército que amenazaba con atacar nuestra base – Sonrió y se colocó frente a él rápidamente – El sujeto era muy fuerte, no obstante, no fue rival para tu inteligencia y poder, hermanito. Le diremos a padre que tu solo lo asesinaste junto a sus ninjas. Es un trato justo hermanito, déjame divertirme y saciar mi sed de sangre y tu podrás llevarte todo el crédito – Le miró a los ojos con una enorme y perversa sonrisa.
Kazuhiro la miró a sus siniestros ojos violetas, él sabía perfectamente las capacidades asesinas que su hermanita posee, si ella se propone algo lo cumple, pero desconocer las habilidades y fuerza de ese sujeto lo hacían sentirse inseguro. Al final era un trato justo.
– Bien, saldrás en busca de Orochimaru, pero te acompañará Sato y su cachorro. Quiero que además lleves a otro samurái que pueda ayudarte si la situación se pone difícil – No pudo negarse ante esa propuesta y terminó por aceptar.
– No te preocupes por eso, Miyuki irá conmigo. Gracias hermano – Sonrió enormemente y dejó sobre el rostro de su hermano decenas de besos.
Sin más que agregar Reiko salió a toda velocidad en busca de su compañera y gran amiga, al tiempo que Kazuhiro informó a Sato y Kido la integración de su hermana y otra persona a la misión de encontrar a Orochimaru.
En una de las cabañas de lujo medio, es decir, que no son de los samurái novatos o normales, pero tampoco de los de elite, si no de los de nivel intermedio. Con la ventaja que esa cabaña era para una sola persona, dándole mucho espacio. En la habitación principal se encontraba una mujer pasando uno de los momentos de indecisión más comunes que pueden ocurrir a una mujer, decidir que vestir ese día.
– Maldita sea, esto no me gusta, ya lo he usado muchas veces, además que está muy arrugado por el viaje – Arrojó otro vestido a la cama, en la cual ya había dejado todos los atuendos descartados.
Una chica de 23 años de edad, una estatura de 1.80, lo que la hace alta, de complexión delgada, notablemente ágil y de bellas curvas. Su cabello es corto y de un color cobrizo, sus ojos son color azul marino y ligeramente rasgados, dándole un toque exótico a su atractivo. De momento, estaba en ropa interior pues aun no elegía un atuendo, su ropa interior era de color blanca, por cierto.
La chica seguía rebuscando entre sus equipaje un vestuario que le agradara, hasta que de la nada la puerta de su habitación fue abierta.
– Sea quien sea no tengo tiempo, así que lárgate antes que… – No pudo decir nada más, pues sintió un agudo dolor en una zona bastante sensible. Al instante saltó hasta caer al suelo soltado un chillido agudo y llevándose las manos al trasero – ¿Qué te pasa? – Alegó con unas lágrimas amenazando con salir de sus ojos.
– Técnica secreta samurái: Ataque de los dedos del dragón – La autora de dicho ataque era la misma Reiko, quien le aplicó un kancho a su amiga. Técnica también conocida por los ninjas como mil años de muerte – Como siempre, dejas tu retaguardia desprevenida, Miyuki Hitoyo, eso no se hace – Agregó sonriendo y tratando de contener la carcajada.
– Tú y tus estupideces, si sigues haciendo eso no podré casarme ¿Qué diablos quieres, Reiko? – Se levantó sobándose el trasero.
– ¿Se puede saber qué haces en ropa interior? – Cuestionó Reiko.
– Pues lo que hace la gente normal en ropa interior, vistiéndome. Ahora vete que no he elegido un atuendo que me guste – Regresó a buscar algo para ponerse.
– No te preocupes, Miyuki, ya elegí algo para ti. Tu armadura, pues nos vamos en una misión, y no quiero un no por respuesta. Voy a prepararme, te veo en la salida en treinta minutos o vengo y te llevo a la fuerza – Más que sugerencia fue una orden. Sin más que decir solo se fue.
– Estúpida, solo viene a ordenar cosas – Bufó resignada sin poder alegar nada.
Las horas pasaron y pasaron hasta que la noche cayó y todo estaba ya listo para recibir a los daimyos y sus herederos. Las naves insignias de cada clan se acercaron a la playa para desembarcar a esas importantes personas. Todos los soldados, samuráis y ashigarus por igual se formaron para dar la bienvenida a los líderes de la gran Alianza Samurái.
(Ending: Dont say goodbye - Skillet)
