Los días pasaron y todo volvía a la normalidad. Rias, Asia e Issei le pidieron encarecidamente al azabache que ingresara al Club, pero este estaba reacio a entrar. Aunque luego de mucho insistir cedió.

- ¿Qué se supone que hacen aquí? – preguntó el Hyakuya sentado como "indio" en uno de los sillones y apoyando sus manos en las piernas.

-La mayoría de los miembros hacen contratos con las personas- respondió Rias sentada desde su escritorio.

-Entonces por eso solo estás tú- comentó y la pelirroja asintió.

-Es necesario para los demonios hacer contratos- el azabache prestaba total atención -De esa forma aumentamos nuestra influencia.

El chico asintió y luego fue donde la Gremory - ¿Qué haces?

Ella se sorprendió por la cercanía del azabache y un pequeño rubor se asomó por sus mejillas -Solo es papeleo, es mi trabajo como la Presidenta del Club.

-Cierto- exclamó enderezándose repentinamente - ¿Es necesario que te llame Buchou como los demás? – ella lo miró sorprendida -Digo, como todos lo hacen tal vez yo…

-No es necesario- respondió esbozando una sonrisa.

-Es un alivio- comentó volviendo a los sillones -Me gusta más Rias, me sentiría extraño comenzando a llamarte Buchou.

Sin darse cuenta la Gremory se había sonrojado totalmente, lo cual causó preocupación en el azabache - ¿Estás bien? Tu cara está roja.

-N-no es nada…- volteó el rostro para que no la siguiera viendo -Debe ser porque hay mucho calor.

-Tienes razón- apoyó el Hyakuya desbotonándose un poco la camisa y dejando a la vista su bien definido torso -Según las noticias son más de 30 grados.

Rias veía avergonzada como el azabache se tiraba aire con la mano. La visión que tenía de él no era muy inocente que digamos, estaba levemente sudado y algunos mechones de su cabello se pegaban a su rostro, sus labios ligeramente humedecidos se abrían sensualmente en busca de más oxígeno, y sus ojos, de un segundo a otro se enfocaron en ella.

- ¿Necesitas algo? – preguntó viendo a la chica directamente a los ojos

Ella se exaltó por la mirada del chico, sus ojos eran tan intensos y siempre brillaban de forma especial.

-Yu-san suele ser demasiado inocente para algunas cosas, muchas de ellas hacen que las chicas se sientan atraídas a él. Es como ver a un niño en el cuerpo de un adulto, él no piensa en que algunas de sus acciones puedan ser malinterpretadas por otros. Siempre piensa en el bienestar de los demás, y eso justamente lo hace atractivo.

-… Rias, Rias- llamaba el azabache muy cerca de la cara de la pelirroja.

- ¿Eh? – ella se sobresaltó por la cercanía y se hizo para atrás.

-Tal vez tienes fiebre- dijo él levantando el flequillo y tocando la frente de la chica con la suya.

Rias veía hipnotizada el rostro del chico, tenía sus ojos cerrados y una respiración calmada y relajada. Pudo notar que las pestañas del azabache eran extrañamente largas y crespas -Ahora que lo veo bien, tiene rasgos finos y delicados. Es muy atractivo.

El Hyakuya se separó de ella y abrió los ojos para verla nuevamente -Al parecer no es fiebre- la Gremory sacudió su cabeza para evitar esos pensamientos -Tal vez debas ir al médico.

-N-no es necesario- agitó ambas manos en negación -Solo debe ser la calor.

-Esperemos que así sea- comentó y luego caminó hacia el baño -No te importa que tome una ducha ¿Verdad? – la miró de reojo esperando su respuesta -No me gusta sentir el sudor en mi piel.

-No hay problema- respondió ella y vio como se adentraba al baño con una sonrisa -En qué estaba pensando- se reprochó mentalmente estirándose en su silla.

No es como si le gustara a la Gremory, pero debía admitir que la forma en como la llamaba y trataba la hacía sentir especial, tal vez más de lo que quería.

Estuvo divagando en sus pensamientos un buen tiempo hasta que escuchó la puerta del baño abrirse, con la mente más fría dirigió la vista hacia el azabache, pero lo que vio la dejó tal como estaba antes, o incluso peor.

El Hyakuya estaba de pie en medio de la sala, sin polera y con una toalla reposando en sus hombros. Tenía puestos sus pantalones, pero su cinturón estaba sin abrochar. Su cabello, completamente empapado, se pegaba a su rostro mientras pequeñas gotas de agua se deslizaban sensualmente por su cuello hasta llegar a su torso.

Recorrió todo el cuerpo del chico con la mirada y luego se posó en sus ojos, era increíble que alguien llegara a tener semejante iris. Ese color verde esmeralda nunca creyó verlo en unos ojos, pero ahí los tenía en frente. Mirandola directamente a ella.

Cuando se dio cuenta de lo que estaba haciendo volteó inmediatamente la vista. Se suponía que no caería de nuevo, pero sus ojos parecían llamarla. Volvió a mirarlo, y se sonrojó de nuevo. Yuichiro la estaba mirando con una sonrisa.

-Demasiado inocente no alcanza Shinoa- pensó mientras el azabache estornudaba por una brisa de aire -Deberías ponerte tu camisa, sino te vas a resfriar.

-Eso me gustaría, pero está llena de sudor y no quiero usarla- ella suspiro cansada, es como un niño.

-Ve a sentarte- señaló el sillón y aunque confundido, el azabache obedeció sin protestar -Al menos debes asegurarte de secar bien tu cabello- regañó pasando la toalla por el pelo del chico.

Rias intentaba por todos los medios no mirar directamente al azabache, sabía que si lo hacía volvería a sonrojarse. Estuvo unos cuantos minutos en esa tarea, pero lo que nunca se esperó fue que todos los demás miembros del Club llegaran, al mismo tiempo.

-Por fin llegan chicos- dijo el Hyakuya con la cabeza tapada por la toalla.

La Gremory se giró hacia la puerta de entrada y vio a todo su séquito. Akeno la miraba de forma sugestiva. Koneko simplemente intentaba no mirar. Kiba sonreía de forma nerviosa, e Issei trataba por todos los medios que Asia no siguiera mirando aquella escena.

Y es que simplemente era una escena única, la pelirroja estaba de pie entre la piernas del azabache secando cariñosamente la cabellera del chico. Un rubor no tardó en aparecer en sus mejillas.

-Fufufu, lamentamos interrumpir a los tortolitos- comentó Akeno adentrándose a la cocina para preparar té.

- ¡Akeno! – gritó indignada y aun más sonrojada la chica yendo detrás de su amiga.

- ¿Eh? Rias no me dejes así- habló el Hyakuya aun sentado en el sillón.

La aludida se devolvió y desde el marco de la puerta gritó - ¡Puedes secarte el cabello tu solo! – acto seguido desapareció detrás de la puerta.

-Yo puedo secarte el cabello Yu-san- la rubia se acercó y continuo la tarea que la Gremory dejó a medias.

-Gracias Asia- esbozó una sonrisa y aun sin ver, supo que ella también sonreía.

Pero no pasó mucho tiempo para que el de ojos esmeraldas sintiera dos miradas asesinas, él trató de ignorarlas y no prestarles atención. Él valoraba su vida, o al menos su tranquilidad.