Nicholas hizo una visita a la alcaldía. No lo tenía previsto, pero era urgente ver a Swinton para discutir un tema de vital importancia.

–Señor, no puede entrar sin una cita. ¡Señor! –rogó la recepcionista.

Nick entró a la oficina de la alcaldesa más molesto que nunca.

–Lo siento, señora Swinton, pero no quería escuchar y no le pude detener... –se lamentó la angustiada ratona.

–No se preocupe, señorita Muston. Por favor, déjenos solos –dijo la alcaldesa. –Jefe Wilde, ¿a qué debo esta visita?

–Sabes bien por qué estoy aquí.

–¡Oh, claro! ¡Nuestra ambiciosa coneja! Su tía sólo pudo desatar una guerra en toda la ciudad. Pero ésta, se está volviendo global. Trabaja muy duro para superar a su predecesora, debes estar orgulloso.

–¡Ya cállate de una vez y deja de fingir! Sé que tú la pusiste en esto. No pudo ser tan difícil. Una pista aquí, otra allá, el resto lo hizo sola. Así que ella se "tropieza" con una organización criminal y otra vez se pone en peligro mortal. Esto hace forzosa la intervención del ZPD. Nos apresuramos, meses de trabajo como encubiertos, arrestamos a un puñado de criminales sin importancia mientras los cabecillas escapan así de fácil. Igual que cierta porcina que conozco.

–¿Por qué lo dices, Wilde? Yo no sé porqué eres tan reticente conmigo.

–¡Y todavía lo preguntas! ¡Qué descaro! Ya puedes darte una palmada en el tocino, Swinton. Pero hubo algo en lo que no acertaste esta vez.

–¿En qué?

–No conseguiste matar a Hopps. Subestimar a los conejos es un error muy fácil de cometer.

–¿Y? ¿Eso es todo lo que tenías que decirme? –fijó la mirada en unas hojas que Nick le dio.

–Mientras estaba ocupada manteniéndose con vida, Hopps logró desenterrar todo tipo de cosas. Como esos registros, transacciones bancarias, fotografías. ¡Y adivina qué! Todo conectado con un cerdo lavador de dinero y un traficante de pieles. ¿Te suena conocido?

La alcaldesa alzó la vista con temor grabado en su rostro.

–Puedes quedarte con esos papeles si quieres –señaló los documentos que Swinton sostenía –tengo más en la estación.

–Esto no prueba nada. El alcalde tiene reuniones y negocios con oficiales extranjeros. Es parte del trabajo. No hay suficiente para condenar a nadie, lo sabes. ¿Quieres un trago?

–Por favor –respondió alargando la pata hacia el vaso que la alcaldesa le tendía –Puede que tengas razón, pero no necesito una condena para acabar con tu carrera política. Si la gente no lo aprueba, te lo harán saber.

–¡¿Crees que puedes usar al pueblo contra mí?! –ya no contenía su enojo y sus palabras se volvieron gritos.

–Las elecciones se llevarán a cabo muy pronto y he visto a mejores alcaldes hundirse por menos. ¿Recuerdas a Ketchikan y su equipo de buceo? ¡Arruinado! ¡Y él ni siquiera era un criminal!

–No has perdido tu sentido del humor, viejo zorro astuto. ¡La voz del pueblo! Yo poseo la prensa y los medios. Así que yo controlo la opinión pública. La última vez que revisé, eras el zorro más odiado de la ciudad. Debido a la reputación de tu especie, debo decir que te ganaste el mérito.

»Si hay alguien dentro de esta oficina que podría ser sacrificado por la opinión popular, no soy yo. Sólo una equivocación tuya... no, no necesitas equivocarte. Sigue haciendo tu trabajo y te odiarán por ello.

»No importa qué tan fieles sean los policías hacia ti, eventualmente una herida perforará tu espalda y yo estaré justo ahí para... –masticó –¡comerte como a un insecto!

»Pero sabes que todo podría evitarse. ¿Para qué pierdes los años que te quedan de vida sirviendo a una ciudad que no lo valora? Y sobre todo cuando por muchos motivos deberías odiarla. Si firmas esto, tendrás un cómodo retiro en un tranquilo lugar del Distrito Nocturno, y también todo el alcohol que desees.

–¿Piensas que todos somos unos alcohólicos como tú?

La alcaldesa le extendió una hoja sin tomar en cuenta su comentario. Era la renuncia del jefe del ZPD. Sólo bastaba firmarla y todo quedaría por escrito.

Él se acercó y se inclinó sobre la hoja con el bolígrafo-zanahoria en la pata.

–Cualquier rencor que tengas contra mí, mantenlo entre nosotros. No quiero verla convertida en una pieza de tu juego. Si algo le sucede, juro que caerás. Incluso si yo tengo que caer contigo.

"Aléjate de Hopps" eran las letras que Wilde plasmó en lugar de su firma.

–Bien, pero le das muy poco crédito. Ella no es una simple pieza. Es un arma. ¡Una pistola cargada apuntándote directamente al corazón! ¡Oh, si supieras! Fue muy divertido crear los encabezados. "CONEJA POLICÍA ASESINADA: JEFE ZORRO CAUSA LA MUERTE DE OTRO CONEJO EN EL ZPD". Tenías razón, la subestimé. Simplemente se rehusaba a morir. Supongo que ese rasgo pasa por generaciones, ¿no? –ella lo miró con burla en las pupilas –¡No me digas! ¿Eso tocó una fibra sensible? Han pasado años... ¿cuántos? Si no mal recuerdo, veinte. Das pena. Cualquier animal emocionalmente sano lo hubiera ya superado. En fin, no me acercaré a tu nuevo juguete. Tienes mi palabra.

–Sí, tengo tu palabra. Gracias.

–Tan difícil fue tratar de asesinarla como cuando otra de su misma familia se me escapó. Sin embargo, no duró mucho.

Al descubrirse ella misma, tuvo la certeza de que el animal que tenía enfrente se volvería loco y discretamente llamó a seguridad.

Lo de Judy había sido una trampa. No hacía falta nada más que ver la sonrisa demente de la alcaldesa al revivir lo que tanto le había costado a él asimilar. Sus palabras eran de satisfacción. No pudo contener el insulto que acudió a su boca y avanzó unos pasos para quedar frente a la porcina. Varios miembros del personal de seguridad se apostaron en la puerta en ese preciso momento.

Quiso golpearla o matarla, pero ya no tenía caso. Lo que hiciera no devolvería a Judy a la vida, sólo se torturaba él mismo. Salió de la oficina de la alcaldesa y no volvió la vista.

Judy salió del auto en cuanto se escuchó el balazo. Era cerca del cementerio y no esperó a que se le dieran instrucciones o siquiera a que su pareja fuera con ella. Simplemente corrió al lugar, tratando de esconderse detrás de las lápidas para que el criminal no la viera.

Él no tardó demasiado en ir tras de Judy. La buscaba con la mirada, pero no había rastro de la coneja gris por ningún lado. Desesperado, pensó en gritar su nombre, rechazando la idea prontamente. Si los descubrían podría ser fatal. Sus vidas estaban pendiendo de un hilo y lo sabían.

Ella se encontró de frente al sujeto con el arma en la mano. En esa ocasión no llevaba demasiados dardos tranquilizantes. Trató de serenarse y habló al criminal.

–Deje el arma en el suelo.

El animal la miró con suspicacia.

–Vienes sola.

Ella no respondió, solamente repitió "deje el arma en el suelo". El sujeto era una hiena, su rostro no se dejaba ver por la penumbra, sin embargo se distinguía bien su figura recortada contra la luz de los faroles.

Judy hizo el primer movimiento y disparó. Grave fue su error, y se dio cuenta de ello cuando escuchó otro balazo procedente del arma que tenía enfrente. Gimió de dolor, porque a diferencia de ella, la hiena había acertado en el brazo de Judy. Ella no se dejó vencer por el dolor y la sangre que comenzaba a salir a borbotones. Sus tejidos se habían desgarrado, pero luego se ocuparía de ello. Lo primordial era dejar inconsciente a la hiena.

El compañero de la coneja se sobresaltó al oír el estruendo que la bala había causado. Corrió hacia donde escuchó el ruido y encontró una desagradable escena. Judy sangraba del brazo izquierdo, pero seguía apuntando su pistola al sujeto y él a su vez apuntaba el cañón hacia Judy. Otro disparo, esta vez la hiena no logró dar en el blanco elegido y Judy aprovechó una distracción para disparar su dardo. La hiena cayó casi al instante y ella no perdió tiempo para esposarlo. Su compañero la ayudó, pues ya se le estaba haciendo más difícil maniobrar.

–Judy, ¿por qué has hecho eso? ¿Qué pasa por tu cabeza? Pudiste haber muerto –dijo Nick irritado.

–Es mi deber –fue la respuesta de la oficial.

Él vendó su brazo con la corbata y la abrazó.

–Estuve a punto de perderte. No vuelvas a hacer eso.

Ella se sintió culpable y también lo abrazó con el brazo sano. No obstante, su pequeño momento de relajación no duró mucho. Detrás de ellos otro atronador disparo surcó el aire. En su trayectoria casi dio en la espalda del zorro. A tiempo lograron quitarse del peligro.

Judy se levantó con una nueva descarga de adrenalina y actuó rápidamente. Disparo tras disparo acertó en las extremidades de los tres sujetos que aparecieron.

...

Llegó airada con el jefe, harta ya de servir en parquímetros. Había demostrado todo su valor al ayudarles a los demás oficiales a atrapar criminales de la asociación delictiva.

Antes de hablar, tomó un profundo respiro y se dio coraje para afrontar al zorro. Él le daba la espalda, aparentemente ignorante de que se encontraba a unos pasos de ella en la misma habitación.

–Señor, estoy cansada de que la única tarea que se me asigne sea parquímetros. Le solicito que me de un caso de verdad, algo de relevancia. Fui capaz de derrotar a un cocodrilo yo sola. Se lo pido. No; le exijo que me de un caso –el incesante movimiento de su nariz evidenciaba su impaciencia.

Nick al principio había sido tomado por sorpresa, pero desde sus años de juventud fue un gran maestro de la actuación. Esperó un rato por si ella tenía algo que agregar. Esa fascinación suya por el peligro haría que la coneja tuviera un desenlace fatal, lo sabía por experiencia. Tal vez si lograba lastimarla, ella no volviera a caer ante la tentación de resolver casos.

–¿En serio?

–Sí. Usted... desperdicia mi talento. Cada día que me tengo que colocar ese traje de... payaso, los crímenes siguen sin resolverse. Zootopia necesita mi acción. Puedo ser un miembro importante en el ZPD, pero sólo lo demostraré si usted me da la oportunidad. Aunque yo... ¡no necesito demostrarle nada! ¡Sé de lo que soy capaz! Me gradué de la Academia con notas sobresalientes y fui asignada aquí, al Distrito 1, porque soy la mejor.

–No. –July se vio reflejada en las gafas que el zorro llevaba –La alcaldía te asignó aquí para manipularme.

–¿Qué? Eso no es...

–¿Cierto? Claro que lo es. Pero este mandato de vigilancia indiscreta no será un problema por más tiempo. La pregunta es, ¿qué significa esto para ti?

–Para mí...

–Parece significar que tu destino se vuelve mero capricho del jefe de la policía. ¿Crees que él te dejará quedarte si cuestionas su habilidad para decidir qué es mejor para su ciudad?

»Dime si esta historia te resulta familiar: La hija número doscientos y tantos de una familia de granjeros consigue un trabajo de ensueño en el distrito más prestigioso de Zootopia. Aquí ella podrá destacar de la multitud, ¡así tal vez mamá y papá noten su existencia!

»Y todo para darse cuenta que... ¡oopsy! Sigue siendo una de cientos, y sus padres no la extrañarían ni aunque pudieran recordar su nombre.

–No...

–¿Y ese trabajo del que se ha sentido tan orgullosa? ¡Doble oopsy! ¡Ella en realidad no ha ganado en lo absoluto! Es sólo un objeto que ha sido usado por un cerdo corrupto en la alcaldía para apuñalar a otro despreciable animal en la policía.

»Y oopsy número tres, linda, su gran oportunidad de probar su valía resulta ser una trampa de la cual tiene suerte de sobrevivir. Pero gracias a su inocente interferencia, les permite a los criminales realizar sus maldades durante los años siguientes.

»Pronto teme por su trabajo, esperando la misericordia de su desalmado superior. Y con todas las pretenciones de lado, quedan expuestos como lo que realmente son. Viejo zorro malvado, inútil coneja.

–Yo no soy inútil –su voz se quebraba.

–Quizá no... pero eres una decepción.

El mundo se vino abajo para ella apenas Wilde pronunció lo anterior.

–¿Por qué te convertiste en policía, Hopps? ¿Fue para servir y proteger a los demás? ¿Para levantarte en la madrugada, determinada a volver este mundo un lugar mejor durante el día? ¿O fue para destacar? Lo hiciste por eso, ya fuera para convertirte en la favorita de tus padres o para ser la oveja negra en la familia. Supongo que no importa en tanto te haga 'la Hopps' de la que todos hablan. La que ellos recuerdan.

»A todo lo que sirves es a tu propio ego. No necesitamos en el ZPD policías que no tengan la causa por encima del renombre.

»Así que si quieres ser recordada por algo y ser útil, continúa en tu área, es decir, parquímetros. Tu cuota aumentó. Doscientas dos multas antes del mediodía. Será mejor que empieces ya, el tiempo corre.

La coneja se quedó congelada en el mismo sitio, sin atreverse a respirar.

Nick no añadió nada. Se fue directamente a su oficina y escuchó la voz de Judy en su cabeza que le reprochaba su comportamiento.