Disclaimer: NADA ME PERTENECE. Los personajes son de Stephanie Meyer y la historia es de la escritora Natalie Ward.

CAPITULO 10

15 de Mayo de 1989

Trece años de edad.

—Vamos, Bella —dice mi madre—. Deja de arrastrar los pies, corazón, no falta mucho.

Estamos en Tesco comprando algunos víveres para la fiesta que está dando mi mamá esta noche. Ha pasado poco más de un año desde que desperté sin entender dónde estaba y en su mayor parte, ha sido bueno. Mi familia es buena, incluso si no pasamos mucho tiempo juntos. El viaje de compras de hoy es lo que usualmente clasificamos como tiempo de familia, pero en su mayoría estoy bien con eso.

—Hazme un favor —dice mamá, volteándose para verme—. Qué tal si vas y consigues estas cosas, e iré por el resto. Encontrémonos en el cajero en diez minutos y habremos terminado, ¿de acuerdo?

La miro, sabiendo que sus intenciones son buenas. Sabe que realmente no quiero estar aquí, que sólo lo estoy haciendo porque sé que es la única manera que pasemos tiempo juntas. Y sí quiero pasar tiempo con ella, sólo que desearía que fuese algo divertido. No comprando víveres.

—¿Bella? —pregunta.

—De acuerdo —digo, mirando mis pies.

Siento un brazo envolverse alrededor de mis hombros y levanto la mirada sorprendida. Mamá se encuentra de pie a mi lado, sonriendo. Pero es una sonrisa triste, e inmediatamente me siento mal, sabiendo que no es su culpa que ella y papá trabajen tantas horas.

—Vamos —dice apretando mi hombro—. Terminemos con esto y luego tomaremos chocolate juntas, ¿te suena bien?

Asiento, tomando la lista que sostiene para mí y me voy al pasillo de los lácteos. Estoy revisando la sección de los congeladores tratando de encontrar las cosas que pidió ella. Recogí una cesta en el camino, la cual ahora se encuentra colgando sobre mi brazo y realmente no estoy poniendo atención de adónde voy. Ahí es cuando golpeo un cuerpo firme.

Levanto la mirada. Pestañeo sorprendida. Y entonces mi corazón se detiene.

—¿Bella? —es todo lo que dice.

Y con esa única palabra, un millón de recuerdos regresan de golpe mientras miro al chico, quien ahora es casi un hombre, de pie frente a mí. Está usando una camisa Tesco, como si trabajase aquí y no puedo dejar de mirarlo fijamente.

—¿Bella? —repite y no puedo decir nada, sólo asentir.

Edward da un paso hacia mí y me jala en un abrazo, aplastándome contra su pecho, ahí parados en el pasillo de los lácteos de mi tienda local Tesco. Sigue siendo más alto que yo, pero ahora es más grande en otras cosas también.

—No puedo creer que hayas vuelto —dice—. ¿Por qué no me llamaste, dónde has estado, Bella? ¿Dónde fuiste?

Me separo de él un poco, dándome cuenta que no tiene idea de lo que me sucedió. No tuve oportunidad de decirle ese último día que estuvimos juntos porque estaba demasiado asustada. Y luego se me acabo el tiempo.

Oh no.

Tiempo.

El repiqueteo de mi reloj.

De pie parada en la ventana tratando de responderle a Edward.

El vio, el vio todo lo que sucedió esa noche. Oh Dios, desaparecí frente a él.

Trago mi saliva mientras levanto mi mirada hacia él. Edward me suelta, como si recordase que está en el trabajo y el abrazar a los clientes no es exactamente lo correcto.

—¿Bella? —repite y me doy cuenta que aún no le he respondido.

—Um —digo, sonando como una completa idiota.

¿Por qué estoy tan nerviosa? Este es Edward. El chico que me acompañaba hasta la escuela, el que prometió cuidarme y el que rescató a mi gato. Pero también es el chico que me pidió ser su novia.

Y eso es lo que me pone nerviosa. Porque ahora he recordado todo, me pregunto, ¿Edward también recuerda todo? ¿Recordará lo último que me preguntó antes de que desapareciera? El me vio desaparecer… oh Dios.

Respiro profundamente mientras finalmente lo veo a los ojos.

—Hola, Edward —digo, tratando de que mi voz suene normal.

La boca de Edward se curva en una media sonrisa cuando responde:

—Hola, Bella.

Nos quedamos de pie mirándonos y no puedo evitar sentir que el tiempo se está acabando de nuevo. Necesito encontrar a mi mamá, necesito encontrar las cosas que me pidió y luego ir a encontrarme con ella.

—Yo, um… así que… —No sé qué decir, cómo siquiera comenzar a explicar esto.

—¿Dónde has estado? —pregunta Edward. Es la pregunta más obvia, pero también es la que no sé cómo responder—. ¿A dónde fuiste esa noche, Bella?

—¿Bella? —escucho decir a mi madre y tanto como desearía quedarme, sé que necesito irme.

Miro a Edward.

—¿A qué hora sales? —pregunto rápidamente, no queriendo que esto termine aún.

—¿Qué?

—Trabajo —repito—. ¿A qué hora terminas? Puedo verte en alguna parte, cualquier parte, lo explicaré todo, lo prometo. —Mis palabras son apresuradas, todas las cosas que quería decir hace dos años, a punto de salirse de mí ahora. Repentinamente necesito que entienda, que sepa lo que sucedió. Repentinamente, sólo quiero que Edward sepa todo.

Edward me mira fijamente.

—Salgo a las cuatro —dice—. Puedo verte donde quieras.

Estoy calculando el mejor lugar entre mi casa y Tesco.

—¿Qué tal el parque que está sobre la calle Finbury? —le pregunto—. ¿Puedo verte ahí a las cuatro?

Edward está asintiendo aun antes de que termine la frase.

—Prométeme —dice cuando doy un paso atrás—. Prométeme que estarás ahí, que no desaparecerás.

Asiento.

—Lo prometo —digo, justo cuando mi madre dice:

—Oh, ahí estas, vamos cariño, tenemos que irnos.

Veo como Edward levanta su mirada hacia mi madre. El impacto es obvio, sus ojos se agrandan y su boca está ligeramente abierta. Él se voltea hacia mí y le imploro que no haga la pregunta, no aquí donde ella puede escuchar.

—Tu madre —susurra—. ¿Ella es…?

Asiento, levantando un dedo hacia mis labios para silenciarlo.

—Lo sé —susurro—. Lo explicaré —añado y después me doy rápidamente la vuelta y camino hacia mi madre, sabiendo que no he encontrado una sola cosa de las que me pidió.

Pero he encontrado lo que me ha hecho falta todo este tiempo.

Llego al parque a las tres treinta, no queriendo arriesgarme a no encontrarme con Edward. No podría soportar si él llegara a pensar que he desaparecido nuevamente. Tengo suerte de haberlo encontrado tan rápidamente y no puedo creer que después de todo este tiempo él haya estado tan cerca. Ahora recuerdo donde está su casa, puedo recordar donde solía vivir y la familia que solía tener antes de esta. Me pregunto qué le habrá sucedido a esa casa y la gente que la habitaba. Me pregunto qué sucedió cuando ellos despertaron y ya no estaba durmiendo en mi cama.

Me subo a las barras de mono y espero. El sol está brillando y aún esta cálido. Justo después de las cuatro, veo a Edward caminando hacia el parque. Está cargando una mochila y tiene un suéter atado a la cintura. No puedo detener mi sonrisa cuando lo veo dirigirse hacia mí. Ha crecido tanto.

Edward no dice nada mientras se sube y se sienta a mi lado. Observo cuando abre su mochila, sacando dos sodas y dos barras de chocolate. Me da uno de cada uno y ambos nos sentamos en silencio mientras comemos nuestro aperitivo. Está tan cerca que puedo sentir la calidez de su cuerpo, pero no lo suficiente para que nuestros cuerpos estén tocándose.

Es gracioso, pero se siente extraño estar con él nuevamente. Aunque es extraño de manera agradable, porque ahora lo recuerdo, puedo recordar todas las cosas buenas que me gustan de él. Recuerdo que Edward es mi mejor amigo y que también ha sido mi mejor amigo en mis otras vidas también. No puedo creer que en algún momento pude olvidar esto.

Pero, por primera vez desde que conozco a Edward, me siento un poco extraña estando cerca de él. El mirarlo caminar hacia mí, teniéndolo ahora sentado tan cerca mío, el recuerdo de su abrazo en el supermercado. Está haciendo que mi pecho se me contraiga y que mi corazón lata un poco más rápido de lo usual. No lo entiendo. No sé lo que está sucediendo.

—¿Qué sucedió esa noche, Bella? —me pregunta Edward eventualmente, sus piernas columpiándose bajo él.

Estoy viendo fijamente sus pies preguntándome cómo se supone que voy a contestar esa pregunta. Vio por sí mismo lo que sucedió, desaparecí. No sé cuanta más información pueda darle, porque no sé mucho más tampoco. Aún no he logrado comprender por qué me sucede esto.

Edward aún está esperando mi respuesta, así que respiro profundamente y sólo digo la cosa más obvia en la que puedo pensar.

—Desaparecí.

—Sip, eso lo sé, tontita —dice, su pie golpea el mío suavemente—. Lo vi suceder, ¿recuerdas?

—Lo viste —repito, preguntándome cómo demonios puede estar tan calmado con todo eso. Me refiero a que, desaparecí.

—Estabas viéndome esa noche, Bella. Sabes que lo vi.

Aunque sólo ahora. Sólo ahora que recuerdo que el existe es que recuerdo todas las cosas que sucedieron antes.

—Sí, respecto a eso —digo, finalmente mirándolo.

—¿Qué? —pregunta Edward, sus ojos encuentran los míos. El luce completamente serio, como si realmente quisiera saber qué me había sucedido y no encontrara nada de esto extraño. No estoy exactamente segura de cómo es que estamos teniendo una conversación sobre el hecho que haya desaparecido frente a sus ojos sin que ninguno de nosotros se altere.

—No lo recuerdo —le digo tranquilamente.

—¿Qué quieres decir? —Su voz es suave, como si no quisiera asustarme.

Respiro profundamente mientras trato de poner mi confusión en palabras.

—Desaparezco —repito—. Pero cuando lo hago, despierto en una vida distinta y no recuerdo nada antes de ese momento —digo, mis ojos han regresado a mirar sus pies—. Sólo sé de alguna manera que es diferente a la vida que tenía antes, pero eso es todo.

—Espera, un segundo —dice—. Cuando desapareces y despiertas en algún otro lugar, ¿no recuerdas dónde estabas la noche anterior?

Asiento, todavía sin mirarlo.

—No, no recuerdo nada antes de eso —le digo, preguntándome si a continuación hará la pregunta más obvia.

Siento los dedos de Edward cuando gentilmente tocan los míos y cuando veo nuestras manos, las cuales ahora se encuentran lado a lado entre nosotros y sobre la banca, puedo ver que su dedo chiquito está envuelto alrededor del mío.

—Pero me recuerdas —dice suavemente—. Las dos veces que sucedió, me recuerdas tan pronto como me vez.

Exhalo audiblemente. Edward es listo, por supuesto que hará las preguntas correctas. Y casi acierta.

—Sí te recuerdo —le digo, aun viendo nuestros pies—. Pero al mismo tiempo no lo hago.

—No lo entiendo —dice—. ¿Qué quieres decir, con que al mismo tiempo no lo haces?

Levanto mis ojos a los suyos, deseando poder explicar esto de una manera que tuviera sentido.

—Edward, cuando me voy, no recuerdo nada. No recuerdo mi vida anterior o nada de lo que sucedió en ellas. Despierto el siguiente día, sabiendo que algo es diferente, que esta no es la vida que tenía el día anterior, pero no recuerdo cómo o por qué. —Me detengo y tomo otro poco de aire antes de continuar. Esta es la parte más extraña, porque es la que no tiene sentido—. Y no te recuerdo en absoluto —digo suavemente.

—Pero cuando me vez, lo haces —dice Edward, sonando aún más confundido—. Me recuerdas inmediatamente. Lo vi suceder hoy, Bella. Lo vi suceder la última vez cuando nos mudamos al lado de tu casa, eso es lo que sucedió entonces, ¿no es así?

—Sí, lo sé. Cuando te veo, te recuerdo —le digo, ignorando la última parte de lo que dijo.

—Pero qué, ¿no me recuerdas hasta que me vez?

—Correcto —digo, asintiéndole.

—Ya veo —dice Edward, nuevamente mirando nuestras manos unidas—. ¿Pasa algo más cuando me ves? —pregunta, sorprendiéndome. No es la pregunta que esperaba que hiciera.

—Si —digo suavemente, mi corazón golpea tan fuerte en mi pecho, que me pregunto si él también puede escucharlo—. Cuando finalmente te veo y te recuerdo, todo lo demás también regresa. Todas las cosas que he olvidado, todas las cosas que sucedieron antes, todas repentinamente regresan inundándome. Tú… —digo, inclinando mi cabeza para que no pueda ver mi rostro—. Tú me haces recordarlo todo, Edward.

Siento como si mis mejillas se hubieran puesto rojas. Ni siquiera sé por qué estoy avergonzada por el hecho de que le acabo de decir a Edward que él es la llave para liberar mis recuerdos. Es la verdad y aunque no pueda explicarlo, tampoco puedo cambiarlo.

Edward no dice nada por lo que parecen siglos y eventualmente, tengo que voltear para verlo. Cuando lo hago, lo encuentro mirándome fijamente con una extraña expresión en su rostro. Está confundido, pero hay una parte más grande de él que está intrigado y hay una pequeña sonrisa en su rostro también, casi como si estuviera feliz.

—Así que, ¿te hago recordarlo todo? —dice finalmente.

Asiento, incapaz de quitarle los ojos de encima.

—Lo haces.

Sonríe ante mi respuesta.

—Pero si no me puedes recordar en un comienzo, ¿cómo es que me recuerdas cuando me ves? —pregunta.

Me encojo de hombros, aun cuando sé exactamente cómo. Ya no estoy avergonzada. Edward está siendo sorprendentemente sereno con todo esto y sé que nunca se burlaría de mí al respecto. Podrá hacer bromas de vez en cuando, pero no por maldad. Edward no es así. Y ahora mismo, está genuinamente interesado en tratar de saber cómo funciona todo esto.

—Realmente no lo sé —digo eventualmente—. Cuando te mudaste a la casa de al lado y escuché tu voz por primera vez, me sonó conocida, pero aún no recordaba. Después al sólo verte, recordé. Al igual que hoy. Tan pronto te vi, todo volvió a mí. Todo lo que había olvidado, repentinamente vuelve —digo, mi voz es un susurro—. Y todo es gracias a ti.

Edward no dice nada, sólo me mira como si tratase de hacer que todo tuviera sentido.

—Me pregunto si sólo es con verme —dice eventualmente—. Digo, el oír mi voz no te hizo recordar, ¿verdad?

—No —le digo—. Era conocida, pero no me hizo recordarte. Supongo que, si hubiera escuchado por más tiempo, tal vez lo habría hecho, pero ¿quién sabe? ¿Qué más piensas que podría hacerme recordar?

Edward se encoje de hombros.

—No lo sé, ¿qué tal si escuchas mi nombre o algo así?

Ahora es mi turno de encoger los hombros.

—No lo sé.

Edward me sonríe.

—Bueno, tal vez lo averigüemos la próxima vez —dice y aún sigo sin creer que esté tan calmado con todo esto.

—Tal vez —digo, esperando que no haya una próxima vez—. Pero si sabes que intentaría encontrarte, ¿cierto?

—¿Qué quieres decir? —pregunta Edward.

—Digo, si llegara a recordar —digo, mirándolo—. No es como si quisiera olvidarte, Edward.

Edward me devuelve la mirada.

—Esperaría que no, Bella —dice, con una sonrisa descarada en su rostro—. Porque nunca te olvidé.

Súbitamente he perdido mi voz. No sé lo que está pasando aquí, por qué repentinamente las cosas se sienten tan… diferentes entre nosotros. ¿Qué es lo que ha ocurrido esta vez que hace todo tan diferente?

—Es muy extraño, ¿verdad? —digo finalmente, pateando el pie de Edward en un intento desesperado de aligerar la atmosfera y alejar esta nueva cosa entre nosotros. Veo como Edward ligeramente me devuelve la patadita antes de enganchar nuestros tobillos, para que nuestros pies queden unidos. Eso hizo que mi palpitante corazón se saltara un latido y cuando levanto la mirada para ver su rostro, veo que Edward está mirando nuestras manos aún unidas.

Lo miro, tratando de averiguar qué está pensando. Justo cuando estoy a punto de preguntar, finalmente se voltea para verme y susurra:

—De hecho, creo que es grandioso.

Y súbitamente, mi corazón no sólo está palpitando fuertemente en mi pecho, ahora también hay mariposas revoloteando en mi estómago.

¿Qué me está haciendo?

¿Y cómo es que él está bien con todo esto?