Inquilino
Domingo en la mañana, último día en casa de sus padres. En pocas horas Sarah retornaría a la vida que había formado en la gran ciudad, y también conocería al nuevo inquilino.
¡El nuevo inquilino! Lo había olvidado. Con el susto del día de ayer, se había olvidado que Iris había metido a un extraño a la casa pero, ¿cómo dijo que se llamaba?
« Acuérdate Williams » pensaba mientras se enroscaba en las sabanas « ¿Jafet? No... ¿Jared? No... Acaso dijo ¿Jeremie? ¡Diablos porque no lo recuerdo! »
Con sus ojos cerrados y sintiendo a la señora pereza sobre su cuerpo, Sarah se mantuvo con su debate mental con respecto al nombre del nuevo compañero de habitación, hasta que, escucho como tocaban a la puerta de su habitación.
—¿Quién? —preguntó adormitada.
—Sarah, hija —habló su padre—. Iremos a la iglesia, ¿no quieres acompañarnos?
—No papá —respondió, mientras se tapaba hasta la cabeza con la sabana—. Discúlpame, en otra ocasión será.
—De acuerdo hija —dijo con algo de tristeza.
Toby había madrugado ese domingo y eso no era común en un niño de diez años, al contrario, debería actuar de la misma manera en la que Sarah había hecho pero no, él se encontraba arreglando su corbata mientras que el gnomo Hoggle, sentado en la cama, le miraba con curiosidad. El pequeñito siempre trataba de ser muy pulcro para ir a la iglesia, su madre le había inculcado tal cosa así siempre trataba de madrugar para arreglar su trajecito, que ninguna pizca de polvo le manchase y que las polillas no juguetearan sobre él.
—¿Y a donde se supone que vas? —interrumpió el gnomo curioso.
—A la iglesia —contestó el pequeñín mientras batallaba con su corbata. Hoggle solo mencionó "ahhh" mientras alzaba su cabeza extrañado. Toby a través del espejo le miró con su curiosidad—. No sabes lo que es una iglesia, ¿verdad? —cuestionó extrañado.
—No —respondió—. ¿Qué es?
—Pues... —soltó, mientras él se preguntaba que era una iglesia— Es un lugar, al que vas cada domingo para recibir como una especie de... de... —y se quedó pensativo.
El gnomo curioso miraba al niño quien parecía a ver olvidado las palabras para completar su oración, pero no era porque olvidase que decir más bien el comenzó a cuestionarse ¿Qué era la iglesia? Para su edad era muy curioso que se hiciera ese tipo de preguntas, pero ignorando sus pensamientos y volteó a mirar al gnomo con una leve sonrisa.
—Es un lugar —prosiguió—, en el cual vas a que te regañen por todo lo malo que hiciste en la semana.
La única reacción que el gnomo pudo realizar fue el de extrañarse. ¿Ir a un lugar para que te regañen? Era más sencillo que te amenazaran con la Ciénega del hedor eterno o el mar negro, eso infundía un terror para que no cometieses nada malvado. Sí que las tácticas del Rey de los Goblins eran efectivas, más que una iglesia. Toby notó la inconformidad de Hoggle, pero él también se sintió algo insatisfecho con la respuesta que le dio, pensando en cómo explicar mejor o, si se podía corregir lo que había dicho. Escucharon como tocaron a su puerta, ambos se asustaron y miraron hacia ella.
—¿Quién? —preguntó nervioso el niño.
—Toby ¿ya estás preparado, campeón? —respondió su padre.
—¡Ah! —Exclamó preocupado—. Si papá, ya bajo —respondió lo más natural posible.
—Muy bien te esperamos en el vestíbulo.
Toby suspiró aliviado, lo bueno que su padre no era como su madre, que entraba sin avisar a su recámara. Su padre dio la media vuelta, y preparado para andar hacia las escaleras, cuando de repente:
—¡Papá! —le llamó el pequeño.
—¿Qué pasa hijo? —preguntó extrañado.
—Ah... ¿Sarah nos acompañara?
—No hijo. Me temo que está indispuesta.
Y nuevamente los nervios regresaron. Su padre al no escucharle decir nada decidió ya no molestarle y esperarle en el vestíbulo junto a su madre; rápidamente el pequeño se acercó al armario, abrió la puerta y miró al gnomo.
—Hoggle, te quedaras aquí hasta que regrese.
—¿En el armario? —inquirió molesto.
—Sí, creí que Sarah iría con nosotros pero no, se quedara aquí. Y si ella por algo te llegara a ver será todo un completo caos. No quiero que haga algún tipo de escándalo.
—¡Bah! —fue todo lo que gnomo se atrevió a decir.
Bajó de la cama y caminó rumbo a ese pequeño y apesto armario, la verdad era que ese lugar era tan desesperante como estar en casa y esperando a que lo lanzaran sobre la Ciénega del hedor eterno. Sin más que poder hacer se sentó en un pequeño rincón y miró al pequeño niño con unos ojos amenazantes.
—¡Espero y que esto se me sea recompensado! —gruñó
—Si Hoggle, te comprare una bolsa entera de dulces. ¡Palabra!
Y sin más que los dos se pudiesen decir Toby cerró la puerta. Término con los pequeños detalles que le faltaban y salió de su habitación. Llegando al vestíbulo vio como su madre buscaba algo con desesperación y su padre trataba de calmarla pero sin ningún éxito alguno.
—Irene, no es necesario que los lleves puestos —pudo escuchar decirle a su madre.
—¡Pero Robert! —Exclamó hecha furia—. ¡Te juro que los puse anoche aquí, no pudieron desaparecer así como así!
—¿De qué hablan? —preguntó el niño indiscretamente. Sí que últimamente andaba muy curioso.
—Unos aretes que tu mamá perdió.
—¡No los perdí Robert!
—Cariño, en serio no los necesitas. Así te vez hermosa, y si sigues buscando llegaremos tarde.
Irene observó con rabia a su marido y no hizo más que darse la vuelta y salir por la puerta principal hacia el coche. Robert suspiró con miedo y tomó las llaves para irse detrás de su mujer, en cambio, Toby se quedó meditando por los aretes de su madre. ¿Acaso Hoggle...? ¡Pues claro era lo más seguro! Amaba la joyería y los aretes eran una belleza en oro, había que reconocerlo. Sonrió para sí, salió de la casa y cerró con todas las precauciones debidas para poder ir a la iglesia.
Sarah aun debatiéndose en su cabeza, seguía moviéndose de un lado para otro de la cama. En realidad no quería levantarse, la pereza era potente pero entre más se revolvía en las sabanas más nombres derivados de la letra "J" llegaban a su cabeza.
« ¿Joseph? No... ¿Jordan? ¡No, Williams ni siquiera estas cercas! »
Era verdad, ¿cómo pudo olvidar el nombre? Ella recordaba que cuando Iris ese nombre su cuerpo se había estremecido. Pero ¿por qué ahora tenía que fallar su memoria? Rápidamente se sentó en la cama y pudo sentir un leve mareo por aquella velocidad que había generado y, al momento, escuchó el motor del vehículo en donde su familia iba a bordo. Al no sentir más el mareo se alzó de la cama y observó por la ventana como todos se iban rumbo a la iglesia, y sin más que poder hacer, Sarah pensó en realizar su rutina diaria: un baño, practicar una sonrisa falsa para el mundo, y vivir el día al ras.
Al haber realizado su ritual Sarah decidió seguir en pijamas, al cabo que la casa estaba vacía y era domingo, era una ley mantener las pijamas todo el día. Bajó a la cocina y decidió prepararse un desayuno sencillo: cereal y un pan tostado, no más. Al realizar su desayuno en menos de cinco minutos, se dirigió a la sala de estar, tomó asiento en un sillón individual y encendió el televisor. Un domingo en la mañana, ¿qué podría haber en la televisión? Caricaturas infantiles y noticias, así que la joven opto por las caricaturas ya que no quería escuchar las tragedias del mundo, no hoy.
Mientras la joven Sarah disfrutaba de su desayuno y se entretenía de las series infantiles, con las cuales había tenido el placer de crecer, recordó a su amiga pelirroja. ¿Qué estaría haciendo la despistada de Iris? ¡Ah sí, disfrutando el atractivo visual del nuevo inquilino! Por unos momentos Sarah maldijo a Iris y trató de olvidar lo que había imaginado de su amiga siendo una pervertida- Cada vez que se iban a una discoteca Iris era una depredadora, así que no era de sorprenderse en que Iris estuviese como una loba aullándole al inquilino. Sarah chasqueó su lengua y miró el reloj, las nueve cuarenta y cinco. Era realidad que Iris no estaría despierta hoy a estas horas pero, ¿el nuevo compañero? ¿Estaría ahí? ¿Ya habría pasado la noche en el apartamento?
Mientras la cabeza de Sarah nadaba ahora en preguntas con respecto a la estancia del inquilino, sus preguntas se tornaron cada vez más oscuras, como por ejemplo: ¿Iris habría ido a los extremos de su cacería? O ¿Si el tipo ese era en realidad un asesino, violador etc.? La preocupación invadió a Sarah y mientras preguntas más extremas inundaban su cabeza, rápidamente cogió el teléfono y marcó hacía su hogar en la gran ciudad.
Primer timbre... segundo timbre... tercer timbre... ¡Cuarto timbre! Iris jamás dejaba pasar más de cuatro timbres en la línea. Los nervios de Sarah se habían intensificado al oír el sexto timbre. Ella colgó y volvió a marcar con desesperación. De nuevo los tres primeros timbres pasaron y Sarah no aguanto más, solo susurraba: "Iris, contesta. Iris contesta" cuando de repente:
—¿Bu... eno? —preguntaron con un enorme bostezo.
—¡Iris! —exclamó con felicidad.
—¿Sarah? —mencionó extrañada.
—¡Ay Iris! —Exclamó con más calma—. ¡Me alegro que me contestaras!
—Sarah —dijo molesta—, ¿sabes qué hora es?
—Son las... espera —dijo mientras buscaba el reloj—. Son las diez y quince de la mañana.
—¡Exacto! ¡¿Cómo te atreves a marcar a las diez de la mañana y en domingo?!
—Perdón Iris, es solo que me preocupe por ti.
—¿Te preocupaste por mí? —preguntó con otro enorme bostezo.
—Si Iris. Pero me alegra oír que estas bien.
—Pues estaba en el quinto sueño, y gracias por despertarme de mi sueño con David Bowie eres lo máximo.
Sarah no pudo evitar lanzar una risita por el sarcasmo de su amiga. ¡Oh! Ya deseaba que fueran las cinco de la tarde para que Iris estuviese aquí e irse.
—¡Iris!
—¿Qué pasa Sarah? —Preguntó extrañada—. Digo, si me estas marcando tan temprano es por dos razones, o me extrañas mucho o quieres que ya vaya por ti.
—Ambas Iris... Ambas.
—Williams, puedes sobrevivir siete horas más —nuevamente bostezó—. Mientras vamos por ti.
—¿Vamos? —cuestiono extrañada.
—Si el nuevo compañero y yo. ¿Acaso ya lo olvidaste?
—Iris —dijo muy seria— ¿Ya está instalado?
—Un noventa por ciento instalado. Ayer se dedicó a traer todas sus cosas y paso la noche aquí, pero la verdad, no sé si sea un flojo como nosotras o se allá escapado, déjame revisar.
—¡No Iris!... —gritó preocupada.
Sarah escuchó los pasos flojos de su amiga, ella seguía insistiendo que no fuese a checar nada que dejara todo así pero era inútil. Iris no tenía el teléfono en la oreja, estaba paseándose en su mano. De repente escuchó como Iris tocó una puerta, con un sonidito de una canción que por el momento Sarah no recordaba pero sabía que estaba de moda.
—¡Compañero! —llamó aun estando adormitada.
—¡Iris no! —continuó gritando Sarah
—¡Compañero, ¿estás despierto?!
—¡Iris!
—¡No me obligues a tirar la puerta, que si lo hago!
—¡Pelirroja hueca ¿qué no sabes lo que es "No"?!
Sarah percibió como Iris abría la puerta de la habitación. Ella sintió una pena terrible, tanto que, hasta casi término en el suelo de la sala por sentirse así; ni siquiera estaba allí, pero con el simple hecho de estar por el teléfono era más que suficiente para que la vergüenza le inundara el rostro. Rápidamente escuchó como Iris se cuestionaba con curiosidad y Sarah quedo ahora extrañada.
—¿Qué pasa Iris? —preguntó a ver si esta vez le escuchaba.
La pelirroja puso el teléfono en su oreja y escuchó la pregunta de su amiga.
—No esta —dijo extrañada.
—¿Cómo que no está?
—¡No está! —Exclamó—. Su cama esta tendida y muy perfectamente. ¡Vaya Sarah definitivamente lo amaras!
—¿Y porque "lo amaré"? —preguntó seria.
—Es muy ordenado, demasiado para ser exactas
—¡Ay qué bien! ¿Le haremos fiesta? —soltó con sarcasmo.
—Ja, ja que divertida eres —respondió molesta—, pero en serio Sarah, yo creo que te supera en tu obsesión con el orden y la limpieza... genial dos maniacos obsesivos, lo que me faltaba.
—Déjate de payasadas. ¿Y en serio no está en algún lugar del departamento?
—Pues en la sala no estaba, vengo de ahí. Revisare el comedor.
Sarah poso su mano contra su frente ante el comentario de su amiga y a la vez por insistirle en que le buscase.
« ¡Sarah que estúpida eres! » por dentro se maldijo.
Volvió a escuchar los pasos de su amiga, pero estos se habían intensificado. ¿Así que lo adormitada se le había quitado, eh?
—¿Sarah?
—Aquí sigo.
—Pues no está en el comedor. Pero dejo una nota en la mesa.
—¡¿Y qué dice?! —preguntó alterada.
—¡Espera mujer, no comas ansias! ¡Caray! —Sarah resopló molesta ante el comentario de su amiga—. Dice, ¡ajam! —comenzó mientras se aclaraba la garganta. Sarah rodó sus ojos ante eso—: "Cabeza roja..." ¿Cabeza roja? —se preguntó molesta.
—¡Eres pelirroja ¿qué esperabas?! —Exclamó para fastidiarla—. Continúa.
—¡Ash! A veces me caes mal Williams...
—Yo también te amo, continua.
"Cabeza roja, tome una caminata matutina y de ahí me iré por el resto de mis cosas, pero estaré a tiempo para ir por nuestra compañera."
Al escuchar eso Sarah tragó salivaba con dificultad y pudo sentir un escalofrió recorrerle por la espalda.
—¡Wow! —soltó Iris.
—¿Qué? —preguntó Sarah alterada.
—¡Tiene... tiene una letra hermosa!
—¿Cómo?
—Es una caligrafía... tan... ¡Oh no puedo describírtela pero es magnífica! ¡Caray, ¿Este hombre que no tiene de perfecto?!
Sarah volvió a resoplar. ¿Cómo quería que le respondiera si ni siquiera lo conocía? Sí que esta pelirroja era fácil de impresionar.
—Pues... no lo sé Iris... no lo sé...
—Guardare la nota para la posteridad —dijo muy contenta—. Y ¡Vaya! Es todo un madrugador quien lo hubiese imaginado...
—Iris, me da lo mismo —continuó Sarah.
—¡Vaya que desinteresada te oyes!
—¿Acaso importa?
—Algo... —respondió seria— ¡No quiero que lo espantes Williams!
—¿¡Espantarlo?! —cuestión sorprendida.
—¡Si! ¡El compañero me agrada, y no quiero que lo espantes con tus reglas, tus manías, aunque en eso creo que son iguales, y tampoco quiero que le hagas malos modos!
—¡Por Dios Iris, ya también dime que no le diga que soy una loca! —exclamó Sarah en furia.
—¡Sarah!... —contestó sorprendida— ¡Sarah, ¿crees que te estoy llamando loca?!
—Prácticamente sí.
—¡Sarah, sabes perfectamente que jamás te he juzgado de loca! ¡Siempre te he apoyado y tú sabes que no me importaba el hecho de que ibas con el Doctor Henderson!
Silencio. Fue todo lo que inundo la sala de estar.
La llamada se volvió tensa en un abrir y cerrar de ojos. ¿Cómo fue posible?
—Iris... —habló preocupada.
—¿Si?
—Lo siento... no sé porque...explote.
—¡Ay Sarah! —Exclamó la pelirroja—. Perdóname tú, no debí decirte eso.
—No, no tienes algo de razón con respecto a mi manera de actuar. Es verdad lo que me dices, tengo que conocer al tipo ese, ya luego lo juzgo.
—¡Ay Williams! —gorjeó—. La verdad no puedo enojarme contigo. Perdóname tú a mí. ¿Quién nos viera? ¿Peleando por un hombre? ¡Bah!
Sarah carcajeó ante el comentario de su amiga pelirroja.
Después de unas conversaciones más neutrales para amabas chicas, el tiempo había volado y ya eran alrededor de las once y media de la mañana. Despidiéndose para pronto verse, Sarah colgó la llamada, se alzó del sofá y fue directa a la cocina a limpiar los platos que había utilizado para desayunar. Mientras tanto el pobre gnomo Hoggle, se había estresado de estar encerrado en ese pequeño armario, pero debía de obedecer al pequeño Toby en no salir del lugar. En todo ese rato que estuvo encerrado pudo escuchar a la joven Sarah durante su llamada telefónica, aunque Hoggle no sabía cómo era que Sarah se comunicaba con otra persona, pero no importaba tanto, ¡Solo quería salir de ahí!
Era desesperante, incluso llegó a pensar que desearía estar en la Ciénega del hedor eterno que en ese diminuto lugar, pero tampoco quería estar frente al mar negro. Sin más que poder hacer Hoggle salió disparado del armario creando un torbellino de ropa y un fuerte sonido. Sarah quien aún lavaba los platos escuchó ese escándalo. La joven mujer alzó la mirada hacia el techo, extrañada por aquel sonido, cerró la llave del lavamanos y comenzó a caminar hacia las escaleras. Al llegar rápidamente las subió y quedó en medio del pasillo, pensando dónde provino aquel ruido. Hoggle por un momento se quedó quieto, analizando el tipo de sonido que había generado ¿Se escuchó muy fuerte? Sarah comenzó a caminar y se dirigió primero al cuarto de sus padres, abrió la puerta y nada, la ventana estaba completamente cerrada y todo parecía estar en su lugar. El pequeño gnomo, al escuchar como la joven había abierto una puerta, sintió un pánico terrible ¿Qué hacía ahora? Si Sarah le veía sería el fin. Buscando donde más esconderse miró la cama del pequeño y rápidamente se escondió debajo de ella. Sarah se acercó a la puerta del cuarto de Toby y la abrió, para mirar toda su ropa tirada en el suelo cerca del armario.
—¿Pero qué diablos? — se preguntó extrañada.
Se acercó ante todo el mar de ropa y se hincó para mirar todo con curiosidad. Hoggle le miraba por debajo de la cama, en el fondo tenía miedo de que le descubriera, si ella se agachaba un poquitito más le podía mirar, pero lo bueno era que le daba la espalda. Solo siguió mirándola. Sarah sacó una conclusión: probablemente Toby había acomodado mal su armario y la ropa se cayó. Con desgana tomó el resto de las cosas, se alzó y las puso en la cama. Decidida la joven se dispuso a doblar toda esa ropa y acomodarla bien en el armario, un pequeño cariño para ese armario que alguna vez fue suyo. Y así Sarah se puso a guardar cada ropa a la perfección, y comenzó a recordar lo que Iris le había comentado sobre su manía obsesiva, y... ¡Tenía razón! Pero no se lo haría saber nunca a Iris, porque si no, la pelirroja sería como una garrapata en una oreja diciéndole que ella estaba en lo correcto.
Sarah por un momento desvió su mirada hacia el buró en el que Toby mantenía todo los recuerdos de "Labyrinth" que alguna vez fueron de ella. Miraba con el ceño fruncido cada una de las piezas, se sentía incomoda, le molestaba verlas y parecía que ellas se molestaban en ver a Sarah. El coraje si era muto. Mientras trataba de doblar un pantalón, Sarah no soportaba el ambiente que se había generado en la habitación. ¡Por Dios eran unas simples figuras! Soltó la prenda con coraje y se acercó al buró y miró cada una de las piezas, con el ceño más fruncido, tomó con ambas manos cada una de las piezas he hizo que las miradas dieran hacia la pared. Cuando cogió la del Rey de los Goblins hizo un gesto como de fastidio.
—Tú... —mencionó fríamente, mientras tenía la figura en mano.
Y sin más que hacer la volteó. Al sentirse un poco mejor terminó con lo que había empezado, acomodo la parte del armario y salió de la habitación. Hoggle al ver cerrar la puerta suspiro de alivio.
El tiempo voló y su familia llegó después del mediodía con comida preparada, Irene había tomado esa costumbre de no realizar comida casera en domingo y mejor preferiría comprar para la familia. Así que realizaron la comida en familia, tranquilos sin ningún tipo de pláticas que pudieran generar alguna discusión innecesaria y comieron tranquilamente. Terminaron y Sarah no hizo más que esperar a que las cinco llegaran y que Iris estuviese tocando a la puerta exactamente a esa hora, ni un minuto más ni un minuto menos. Pero mientras Sarah esperaba, ella y Toby volvían a pasar un tiempo de hermanos mirando el televisor y disfrutando un postre.
—Toby —llamó. El pequeñín con la boca llena de un pedazo de pay volteó a mirarle.
—¿Si? —preguntó con la boca llena.
—No hables cuando tengas comida en la boca, te vez mal —él volteó los ojos, tenían que ser las mismas frases de su madre—. Toby ¿sabes? Nunca pensé que fueses tan desordenado.
—¿Desordenado? —cuestionó sorprendido, aun con la boca llena.
—¡Sí! No sé qué acomodos haces en tu armario pero se cayó toda tu ropa, y pues, como dejaste la puerta abierta todo se desparramo en el suelo.
Toby extrañado no hizo más que pasarse el pedazo de pay con dificultad. Él era un niño muy ordenado, se lucía por ello, pero no pudo más que pensar:
« ¡Hoggle! »
—Me sorprendió ver todo así...
—Es que... andaba hoy muy aprisa por llegar a la iglesia —se excusó—, y luego mamá perdió unos aretes y fue peor el acelerarme. Pero créeme Sarah no soy desordenado.
—Pues parecía que sí... pero no discutamos por ello, ¿va?
—Si por favor... ¿Y hoy te vas? —preguntó para no generar un silencio incómodo.
—Me temo que sí Toby
—¿Y tardarás en venir a vernos? —cuestionó un tanto triste.
—¡No Toby! —Exclamó la joven—. Tratare de venir más seguido, es que a veces el trabajo me aprisiona mucho... —dijo, tratando de justificarse.
—Y hablando de ello, ¿veras a Lily?
—¡Claro! Cuando regrese a trabajar veré a Lily. ¿Por qué? —Preguntó un tanto juguetona—. ¿Tienes algo para ella?
—¡Si! —Exclamó el pequeñín—. Le hice una carta, que me gustaría que el entregaras cuando la veas.
—¡Por supuesto, Toby! —Dijo muy contenta—. Antes de que me vaya me la das y yo cuando entre a trabajar se la daré.
—¡Gracias Sarah! —le exclamó con una enorme sonrisa.
El tiempo pareció ser eterno. Sarah miraba el reloj sin despegar los ojos de él. Un minuto para las cinco y en su cabeza no paraba de rezar que la pelirroja llegara, pero a la vez, se había difundido un miedo porque el nuevo inquilino estaría con ella. ¡Ah que caos! No sabía que pensar, no sabía ya en qué lugar estar. Por unos momentos quería desaparecer, cuando un claxon se escuchó afuera de la casa de los Williams, Las cinco y una marcaba el reloj e Iris había llegado. Había que prepararse para todo. Sarah ya tenía sus maletas en la puerta, abrió esta última y con algo de pánico miro hacia el coche, ahí estaba Iris. Esa chica de rizos ondulado, con el cabello esponjado por culpa del clima y de pelaje rojizos jugando con el naranja, estaba en el asiento del piloto mirando hacia la casa pero Sarah, aun con sus sentimientos de temor, vio al asiento de copiloto. Estaba vacío.
—¡Williams! —Gritó—. ¡Ya estoy aquí!
Sus padres y Toby se asomaron para mirar el escándalo que la jovencita realizaba, a veces los padres de la azabache se cuestionaban: ¿Cómo era posible que viviesen juntas?
—¡Hola señor y señora Williams! —exclamó al verles.
—Iris, que milagro verte —mencionó Irene—. Pero pasa, Sarah te ha esperado con tremendas ansias.
—Lo se señora Williams —respondió con una enorme sonrisa mientras abría la puerta del coche.
Cuando Iris abría la puerta, Sarah no despisto en buscar más al fondo del vehículo al famoso inquilino. Pero nada, estaban todos los lugares vacíos. Iris se acercó a la familia Williams, a los patriarcas los saludó con un beso y abrazo, y, a Toby le acarició la cabeza revolviéndole su cabello. Toby odiaba que ella hiciera eso pero era una chica divertida. Cuando Iris volteó a mirar a Sarah la notó sorprendida observando hacia el coche como una completa boba.
—¿Quieres que te salude o qué? —preguntó Iris al ver a Sarah volverla a la realidad.
—No, no... es solo que... ¿Y el tipo?
—¡Ah! —Exclamó—. No pudo venir.
—¿Ah cual tipo? —preguntó el padre de Sarah un tanto preocupado.
—¿Qué Sarah no les contó?
—¿Contarnos qué? —prosiguió Iris.
—Que tenemos un nuevo compañero de habitación, se mudó apenas ayer.
—¿Un compañero de habitación? —soltó Robert Williams muy preocupado.
—¡Si! —exclamó la pelirroja muy contenta. Sarah quería matarla.
—¿Se refieren a un hombre? —ahora fue el turno de Irene, pero ella no se notaba preocupada o molesta, más bien animada.
—Sí, ¿verdad? —dijo Iris mientras le daba un codazo a Sarah en el estómago.
—¿Pero cómo es posible que tengan un compañero hombre?
—¡Papá, por favor! —exclamó Sarah por lo bajo.
—Señor Williams usted no se altere. Son los años noventa es otra época, ya no son los cincuentas —dijo Iris como si nada para calmarle, pero de nada sirvió.
Mientras la conversación parecía que avanzaba, Sarah trató de cortarla en pedirle ayuda a la pelirroja con sus maletas y esta le obedeció. Entre las dos subieron las maletas y Sarah se acercó a su familia, abrazó a su padre, quien le abrazo con mucha fuerza y a su oído le susurraba que cualquier cosa que pasara le llamase y que tuviera cuidado con ese compañero nuevo. El turno le seguía a Irene ambas se abrazaron con suavidad e Irene le susurró a la joven que ignorara a su padre, y que ella entendía un compañero masculino de habitación, solo que no se dejara llevar por las hormonas y Sarah se puso roja, era la primera vez que ella le daba un tipo de consejo así, cuando casi siempre le arreglaba las citas. El siguiente y último fue Toby, el que más le dolía a Sarah, se hincó para mirarse a los ojos y ambos hermanos se abrazaron con fuerza, queriendo que no los separaran.
—Sarah... regresa pronto —dijo el niño muy triste.
—Lo haré Toby, pronto estaré de vuelta. Lo prometo.
Aquel abrazo duro unos momentos, en los cuales solo sus tres testigos les contemplaban con una mezcla de ternura y melancolía. Para los hermanos el abrazo fue extremadamente corto y al momento de separarse, Sarah y Toby tenían sus miradas cristalinas. Las lágrimas querían salir pero los dos trataron de controlarse.
—¿Tienes la carta para Lily? —preguntó Sarah entrecortada.
Toby sin decir nada movió su cabeza con un sí y de la bolsa de su pantalón sacó una carta arrugada que solo decía con una caligrafía infantil: "De Toby para Lily, ¡SOLO QUE LILY LO LEA!"
Sarah vio la carta, la tomó y la guardó en su chaleco.
—Se la haré llegar. Toby, cuídate mucho. Por favor.
—Tú también Sarah, cuídate. Te quiero.
—Yo también te quiero.
Un último abrazo y Sarah se alzó, para decir hasta pronto. Ambas jóvenes subieron al coche, Iris se despidió sonando el claxon mientras encendía el coche, la familia alzo las manos para decir adiós y miraron como el coche se alejaba y salía hacia la avenida principal. Sarah al no ver más a su familia suspiró con amargura, pero sentía un peso menos en su cuerpo. Pero el único que estaría en su conciencia sería Toby, él no podía ser un peso para ella. Nunca.
Durante el camino, Iris le contó a Sarah que el inquilino no pudo acompañarla porque aún estaba instalando sus cosas en el apartamento, pero que ahí estaba. Solo era cuestión de llegar y que lo conociera. Ahora Sarah sentía la preocupación de este sujeto, nuevamente a su cabeza vino el recuerdo de su nombre, pero aún no lo visualizaba. Ahora era un buen momento para preguntarle a Iris, ¿cuál era su bendito nombre? Pero por más que Sarah quería hablar, ni una palabra salía de su boca. ¿Por qué?
Pasado el rato de escuchar canciones en la radio y cantar como locas, Sarah notó la entrada a la gran ciudad. ¡Ah, sus nuevas raíces! En el fondo las extrañaba. Miró los edificios enormes, el embotellamiento de coches, el interminable ruido que navegaba por la ciudad y su más pura contaminación, sí que había extrañado este ambiente. Pero la lluvia aquí era más fuerte que en casa, y parecía que este tipo de clima iba para un buen rato. Al notar las calles conocidas Sarah sentía el ritmo de su corazón andar al mil por hora. Unos pocos minutos más y conocería al inquilino nuevo... unos pocos minutos más.
—¡Y llegamos mi pequeña Sarah! —exclamó Iris mientras entraba al estacionamiento del edificio.
El corazón ya no latía al mil por hora, más bien iba a velocidad luz. Ahora pensaba en que quería regresar a casa, y no subir por ese elevador para llegar a su piso. Sin saber que su cuerpo lo había puesto en modo automático, Sarah bajó del coche, esperó a Iris a que abriera el maletero y sacó todo su equipaje. Se acercaron al elevador y subieron a hasta el décimo piso.
Unos pocos minutos más...
Al llegar las puertas se abrieron y las chicas caminaron por el pasillo rumbo a su apartamento, en pocos segundos estaban frente a la puerta del hogar el cual Sarah habitaba desde hace ocho años.
—¿Lista Williams? —preguntó con una enorme sonrisa.
Unos segundos más...
—No —contestó ella con mucha dificultad.
—Así me gusta.
Iris puso la llave en el cerrajero, le giró y abrió la puerta. Ella entró primero y no pudo evitar sonreír.
—¡Aquí estas! —Exclamó—. ¡Ya hemos llegado! Mira Sarah —dijo mientras volteaba a mirarla—, te presento a Jareth —Sarah quien entró por detrás de Iris, al escuchar ese nombre su corazón se detuvo—. Jareth —le llamó Iris—. Ella es Sarah —mencionó mientras se hacía a un lado para que ella pudiera verlo mejor.
Y al mirarle Sarah había perdido todo sentido de vida.
Jareth, con sus manos metidas en su pantalón, tenía su mirada puesta en la ventana. Parecía que contemplaba la lluvia, pero al oír a la pelirroja solo movió su mirada para observar ambas chicas. Lleva un traje en saco estilo ochentero, color crema y una camisa en celeste. A pesar de estar de antaño su elegancia hacia que todo el look pasado se le perdonase; su cabello rubio, peinado en un perfecto estilo de lado y sus ojos... ¡Por Dios sus ojos! Su lado derecho, el cual predominaba al verle, era de color azul, un color tan habitual entre la gente, pero tan diferente a la vez; y el lado izquierdo, un poco escondido, notó que su pupila se encontraba muy dilatada y lo hacía ver que tenía otro color, como un color ocre.
Sarah había muerto. Jareth, al ver la expresión de la joven, mostró una enorme sonrisa y comenzó a moverse hacia ellas.
—¡Me alegro que llegaran! —Exclamó. Sarah al oírle su voz sintió como los vellos de sus brazos y nuca se erizaban—. Ya comenzaba a preocuparme.
—Fue un largo viaje por la lluvia, pero ya estamos aquí.
Jareth se detuvo delante de las dos damas, y aun con su sonrisa, no dejó de mirar a Sarah.
—Mucho gusto Sarah —mencionó mientras extendía su mano para saludarla.
Aun en estado de shock, Sarah vio al inquilino sin poder ocultar su expresión de terror y miedo, miraba en él a nada más ni nada menos que al Rey de los Goblins.
Parte 1 – Tormento – Fin.
N/A:
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