Capítulo 10 ''Miedos de media noche''

Unos pasos producidos por unos pies descalzos se oían corretear por el pasillo del piso de arriba de la casa de los Miranda. Eran las dos de la mañana y todos dormían cuando la puerta de la habitación de Pepa Miranda se abrió. Los pasos fueron bajando la velocidad y se acercaron de puntillas a la cama de esta.

- Pepa, despierta.- dijo un susurro.

En aquel momento Pepa notó como alguien le daba pequeños golpecitos en el hombro.

- Silvia, tienes que ir al médico a que te miren la vejiga. Que esto ya no es normal, que es la sexta vez esta semana que me despiertas para que te acompañe al baño.- dijo la pequeña morena con voz ronca del sueño y los ojos aún cerrados.

- Que no es eso, si acabo de volver de allí...- contestó de nuevo el susurro.

- Bueno, pues te prometo que tampoco hay ningún monstruo detrás de la puerta de la habitación. Es la sombra de la farola de la calle que se refleja.- dijo entonces la niña girandose de espaldas a la pelirroja.

- Tampoco es eso... Esque no puedo dormir.- dijo la pelirroja con una voz algo triste.

Al oír esto, Pepa se incorporó intentando abrir los ojos que le pesaban del sueño.

- A ver, sube.- contestó la morena señalando con la palma de su mano su cama.

Silvia trepó por la cama y se metió entre las sábanas al lado de Pepa. Ambas niñas se recostaron en la cama una de cara a la otra.

- ¿Por qué no puedes dormir?.- preguntó Pepa volviendo a cerrar los ojos.

- Esque... mañana nos vamos por la mañana y estoy tan nerviosa que no puedo dormir.- contestó la pelirroja entre susurros.

Pepa abrió los ojos y vió la triste cara de Silvia pegada a la almohada. Entonces recordó todo lo que habían hecho aquel verano y el cariño que le había cogido a Silvia y se entristeció. Pero ella no era de esas que lo exteriorizaban asi que se levantó de su cama cogiendo una larga almohada y la sábana.

- Sígueme pelirroja.- le susurró Pepa a Silvia señalando a la puerta con la cabeza. Esta se levantó extrañada, pero sin hacer ninguna pregunta ya que para cuando raccionó, Pepa ya había salido de la habitación.

- ¿A dónde vamos?.- preguntó Silvia en voz baja mientras que caminaban con cuidado de no hacer ruido por el pasillo.

- Ya lo verás, al lugar más bonito de toda Sevilla.- dijo Pepa sonriente.

Subieron unas escaleras y llegaron a arriba del todo donde había una puerta roja de metal, algo oxidada y vieja. Pepa le entregó la sábana y la almohada a Silvia en mano y cuidadosamente abrió en pestillo de la puerta, apartandose para que Silvia pudiera entrar primero en señal de cortesía.

Al entrar o mejor dicho salir por esa puerta, Silvia observó que estaban en el ''tejado'' de la casa. Enrealidad esa casa no tenía tejado, sino que en lo alto del todo había una terraza donde se podía subir y se veía todo el pueblo. Al ver tales vistas Silvia quedó boquiabierta.

- Pelirroja, que te van a entrar moscas.- dijo Pepa comenzando a reir con aspecto algo cansada.

- Esto es alucinante, se ve todo.- dijo Silvia aún sin cerrar la boca.

- Y más que lo va a ser, cierra los ojos.- ordenó cariñosamente la morena.

- Pepa...- respondió la pelirroja algo desconfiada.

- Confía en mi, cierra los ojos.- dijo esta sin perder la sonrisa.

- Esta bien.- dijo la pelirroja cerrando los ojos.

Pepa aprovechó y colocó la sábana en el suelo y la almohada encima. Acto seguido ayudó a Silvia a sentarse sobre esta, dandole la mano y ayudandola a bajar lentamente. Cuando esta ya estaba tumbada sobre la sábana y con los ojos aún cerrados, Pepa se tumbó a su lado.

- Abre los ojos pelirroja.- susurró la niña dulcemente con una amplia sonrisa.

- ¡Guau! Es impresionante ¡Cuántas estrellas!.- dijo la pelirroja con voz de estar alucinando.

- Bonito ¿eh?.- dijo la morena.- Esto siempre relaja mucho ¿A que ya estás mejor?.- preguntó Pepa girando la cabeza hacia su amiga.

- Sí.- dijo la pelirroja haciendo una pausa antes de proseguir.- Pero te voy a hechar mucho de menos Pepa.- aclaró Silvia agarrando la mano de esta.

Pepa miró sus dos manos unidas y luego miró la cara de la pelirroja más sonriente que nunca e iluminada por la luz de las estrellas y no pudo evitar sonreir.

- ¡Mira una estrella fugaz!.- exclamó Silvia señalando con la otra mano al cielo.

- ¡Corre pide un deseo!.- respondió Pepa. Ambas cerraron los ojos muy fuerte y formularon su deseo en sus mentes.

- ¿Los has pedido?.- preguntó Silvia girandose para mirar a la morena.

- Sí, ¿y tú?.- preguntó esta.

- También.- dijo sonriendo ampliamente.

- ¿Y qué has pedido?.- preguntó Pepa divertida en un tono calmado.

- No te lo puedo decir.- respondió la pelirroja con una pequeña risita.- Si no no se cumplirá y quiero que se cumpla.- dijo Silvia e hizo una pausa girando la mirada de nuevo a Pepa.- Necesitamos que se cumpla.- aclaró la pelirroja mirando dulcemente a la morena.

- ¿Sabes una cosa Silvia? Yo también te voy a hechar de menos.- dijo la morena pegandose a su amiga más y ahí se quedaron mirando la estrellas.

A la mañana siguiente se despertaron muy temprano. Pepa ayudó a Silvia a hacer su maleta y tras desayunar ambas esperaron en el salón viendo la televisión a que llegaran Paco y don Lorenzo.

Cuando estos llegaron cargaron las maletas en el coche y tras unas despedidas algo húmedas y tristes, montaron en el coche excepto Silvia.

- Te hecharé de menos Pepa, espero que nos volvamos a ver pronto.- dijo la pelirroja abrazando a la ya antes mencionada.

- Ya verás como si. ¿Pero no te olvides de mi mientras tanto, eh?.- dijo Pepa divertida y amenzante con el dedo.

- Eso es imposible, además para que están las pulseras.- dijo la pelirroja antes de volver a abrazar a Pepa. Después de unos segundos de abrazó, la morena se separó de la pelirroja y plantó un beso en su mejilla.

- ¡Anda tira que ya sabemos como se pone el viejo si no!.- dijo Pepa sonriendo tristemente pero intentando que no se notara.

- Adiós Pepa.- dijo Silvia antes de subir al coche y mover la mano por la ventanilla en señal de despedida.

Después de que el coche arrancara, Pepa entró cabizbaja en su casa y fue cuando vió sobre la mesita de café la pulsera que le había regalado a Silvia con su nombre. Al percatarse la agarró y salió de casa corriendo detrás del coche gritando el nombre de ''Silvia''. Corrió por unos minutos pero fue inútil y ante sus ojos vió el coche desvanecerse a lo lejos.

Pepa miró la pulsera que agarraba en sus mano y luego volvió a mirar con cara melancólica en la dirección por donde se había ido el coche. ¿Se acordaría Silvia de ella y todo lo que habían pasado la próxima vez que se vieran?