Hola mis amigas :D hoy me puse al día escribiendo este fic (sueñen que haya estudiado o hecho algo que la gente podría considerar productivo xD). Tuve un día de mierda, asi que decidí hacer lo que me gusta en vez de leer cosas aburridas que no me gustan. Estuve enferma como por dos semanas, y simplemente tenía ganas de escribir un poco más de esta historia. Por cierto, no le quedan más de cinco capitulos si me pongo a pensar. MUCHISIMAS MUCHISIMAS GRACIAS a los que la siguen y me dejan review, porque lo valoro mucho y es en serio n.n Les dejo otro cap :D


[Flash Back]

Cuando Tweek caminaba a paso lento y tímido por los pasillos de la escuela, con sus libros de Historia y Biología entre sus brazos, evitaba todas las miradas despectivas que le dirigían los alumnos mayores y las mujeres de lengua larga y afilada. Bajaba la mirada y pasaba desapercibido por todos, no quería llamar la atención, deseaba ser invisible. Era un niño pequeño, hace cinco años o quizás un poco más de tiempo, el rubio era un niño que no tenía ningún interés en particular, ninguna meta o deseo fresco como la mayoría de los niños de su edad. Claro, él únicamente quería terminar la escuela para dejar de sentirse incomodo en todo momento. Quizás sus temblores, titubeos y torpeza al hablar habían provocado que lo tacharan de raro por el resto de su clase y las demás clases. Pero él ya sabía cómo lidiar con eso y fingía que los comentarios hirientes a sus espaldas ya no le afectaban.

Un día como cualquier otro, un idiota derrama un vaso de café sobre toda su ropa. Ese mismo idiota, al parecer, había comprado ese café con el único objetivo de arrojárselo encima y reírse con el resto de sus amigos. Luego de burlarse de él y de reírse de forma grotesca y escandalosa, el grupo pasa a su costado y se retira, no sin antes mirarlo de arriba hacia abajo con asco y lástima.

Tweek cierra los ojos y baja la cabeza, porque sabía que era el centro de atención de todo el maldito pasillo y que las risas a sus espaldas eran de seguro por su ridículo estado y apariencia. Intenta respirar hondo y hace un gran esfuerzo por tragar saliva y deshacer el nudo en la garganta que no tardaría en desencadenar lágrimas si no pensaba en algo menos angustiante que su situación actual.

Si, odiaba a la escuela y no tenía más de dos amigos, pero desgraciadamente debía seguir concurriendo por muchos años más. En resumen, resistir la tortura por muchos años.

Sus pensamientos acostumbrados se detienen cuando mira al frente, se sorprende un poco al ver a un chico enfrente de él, mirándolo con seriedad y al parecer sin intenciones de abrir la boca. Tweek arquea una ceja, porque se da cuenta de que ese chico iba a su clase y de hecho, formaba parte del grupo de "chicos populares". Suficiente razón para sospechar de que quizás detrás de él llevaba otro vaso de café para lanzarle un segundo proyectil en la mera cara. A la mierda, si tenía que hacerlo, que fuera en ese momento y ya, no quería perder más el tiempo.

Los músculos del rostro de Tweek se relajan cuando ese chico extiende su mano hacía él, sujetando un libro con ésta. El rubio reconoce el libro, era uno que utilizaba en su clase anterior. ¡Ya recordaba! Compartía esa clase con ese chico raro y serio que le estaba devolviendo el libro.

-Ahh. Gra…- Pero Tweek detiene su agradecimiento hacía él, porque al posar sus ojos en los de Craig, siente una punzada en el pecho. Era vértigo, adrenalina, ¿Miedo? Era todo eso unido en un sentimiento horrible y extraño que le revolvía el estómago. Los ojos azules oscuro de ese chico y la intensidad de su mirada que no titubeaba al penetrarle sus ojos para espiar en su alma, esa profundidad envidiable que hacía que Tweek experimentara un vacío ajeno e indescriptible, eso lo hacía estremecerse y sentirse intimidado. Ya no controlaba sus emociones y de hecho sentía sus piernas temblar por semejante choque de miradas.

Por reflejo, toma el libro que le estaba ofreciendo el pelinegro y trata de abrir la boca para volver a balbucear un torpe "gracias". Pero se había quedado sin habla, de su garganta no salía ni un mísero sonido y eso lo comienza a desesperar. Cuando se dio cuenta, aquel chico ya no estaba enfrente de él, ya se había ido y ni siquiera le había agradecido o preguntado su maldito nombre. Tweek analiza lo sucedido, ese pelinegro no se había reído de su patético estado ni se había fijado a su alrededor ni por un segundo para corroborar si las demás personas se reían de él también por andar "hablando" con un chico raro y diferente como lo era el rubio.

Se sostiene el pecho con una mano y con la otra, sostiene el libro con mucha fuerza. Jadea un poco y se da la vuelta para ver si dentro de su panorama visual, podía encontrarlo entre la multitud, pero ya se había perdido. Sentía su respiración irregular y un poco agitada, su corazón bombeaba de la misma manera y no sabía por qué, trata de despejar su cabeza y la agita un poco.

Pero igualmente esa adrenalina no se disipaba de su cuerpo. Primero se siente un idiota por no haberle dicho ni una sola palabra y siente una imperiosa necesidad de agradecerle, pero luego esos pensamientos son reemplazados por ansiedad.

Ansiedad, ansiedad, ansiedad. Que quizás con un litro de café, podría llegar a disminuir un poco.

No importaba si no sabía su nombre, lo averiguaría como fuera.


Los años seguían pasando y la mayoría de sus reacciones pasaban desapercibidas por sus amigos. Nadie notaba su comportamiento y daba igual, porque Tweek buscaba ser ignorado y estar solo.

Solo y observando desde lo lejos lo único que le interesaba en la vida y el único escape de su realidad a un mundo que él consideraba perfecto y sin falla alguna. El mundo de sus ojos que lo llevaba a crear una inmensidad de sueños hermosos que quería concretar, un sentimiento privilegiado que no se podía comparar con ningún otro y que le daba no solo un motivo para seguir adelante y soportar su infierno, sino que también le daba un motivo para vivir.

El rubio estaba en el interior de uno de los casilleros en los vestidores de hombres, había logrado conseguir el escondite perfecto durante años y nadie lo había atrapado. Estando adentro, abría levemente la puerta y observaba con detenimiento a la única persona que le interesaba de todos esos chicos. Tenía suerte, todos se retiraban y el único que siempre quedaba al final era Craig, porque le encantaba tomarse su tiempo luego de ducharse. Tweek entrecierra sus ojos y se abraza a sí mismo, sin poder dejar de observar a Tucker mientras revisaba el interior de su mochila.

"Lo miraba como un sueño imposible de lograr... como cuando un perro de la calle busca un hogar en cualquier persona que transite cerca de su ser, como cuando observas el cielo con la certeza de que jamás podrás tocarlo con la puntita de tus dedos."

Se sabía toda la rutina de Craig Tucker, con que personas se juntaba a almorzar o que actividades extras tomaba luego de la escuela. Sabía el motivo de sus faltas o de sus permisos para salir de clase, casi siempre los lunes quería fumar en la azotea y daba la excusa de ir al baño. Sabía de sus relaciones amorosas y de amistad, había estado con una gran cantidad de chicas en cosas serias y temporales, y en relaciones liberales y duraderas. Su personalidad era algo brusca a la hora de defenderse y ser hostil, él nunca presentaba titubeos o dudas ante cada respuesta y si sentía algún tipo de confusión, prefería quedarse en absoluto silencio. Al parecer prefería pasar desapercibido la mayoría del tiempo y desgraciadamente no lo conseguía ya que su forma de ser llamaba la atención aunque no lo quisiera así.

No le gustaban los gritos o el ruido a su alrededor porque cuando sus amigos hablaban, se colocaba sus auriculares, también lo hacía en las clases que al parecer odiaba, que eran matemáticas y regularmente Biología o Geografía. Tenía fama de ser infiel ya que muchos rumores decían que lo estaba siendo con Annie, su actual pareja. Pero nadie podía corroborarlo con pruebas firmes. Muchos podrían clasificarlo aburrido, frio en cuanto a dar concejos y opiniones sobre ciertos asuntos, taciturno y totalmente natural al momento reaccionar. Tenía un atractivo físico que lo hacía permanecer en el grupo de los bastardos populares, pero estaba seguro que su belleza nunca era tomada en cuenta por él mismo y que de hecho, no le importaba para nada. No era consciente de ella y por eso quizás le parecía inexplicable ser un imán natural.

"Como cuando algo es tan contrario a ti que ni siquiera se te ocurre pensar que algún día lo tendrás... mi corazón se encogía al pensar en lo poco probable que era tenerlo, apretaba mis labios para no gritarle que era un tonto por no verme, porque todos los días moría por él."

Tweek siempre estaba observando a Craig, todos los días de escuela. Lo veía en los cambios de hora, cuando charlaba con sus amigos, cuando salía de la escuela y se marchaba a su casa. Se había sorprendido al saber que sus dos amigos, Token y Clyde, también llevaban una buena relación con él. El rubio nunca mostró en público lo que sentía y nunca daba rastros de su arduo labor diario. Se conformaba con verlo y averiguar por sí mismo, cosas sobre Tucker. Verlo pasar por el pasillo a través de las ventanas de su salón, y morir de emoción cuando llegaban a compartir clases juntos y sentir su aroma cerca. Verlo cerca, en realidad, ya era motivo de su alegría. Se tomaba tanto trabajo en revisarle la vida y en estar pendiente de ella a cada minuto, que a veces olvidaba que él tenía una propia y que la estaba dejando de lado.

Tweek, desde su no tan cómoda posición dentro de ese casillero, no puede evitar sentir una especie de descarga eléctrica a través de su columna vertebral, un pequeño shock que lo hace asustarse. Un pensamiento terrible se estaba formando en su cabeza, se cubre la boca y abre bien los ojos sin despegar su mirada de Craig a lo lejos.

Si nunca le hablaba a Craig y se limitaba a observarlo durante los años que sobraban de secundaria… si continuaba espiándolo sin jamás tener un contacto de otro tipo…

¿Qué sucedería después? Al terminar la secundaria, ¿No volvería a verlo jamás?

Luego de un tiempo, Craig abandona los vestidores, sin sospechar nada ni oír ningún ruido proveniente de allí. Tweek sale de su escondite diez minutos después, sintiendo una opresión horrible en su pecho y un nudo en la garganta que no podía deshacer ni con el más feliz de sus pensamientos. Cuando sale a caminar por los pasillos como si nada estuviera pasando, se choca de frente con uno de sus amigos, ya que permanecía con la mirada baja sin ver por donde caminaba.

La idea era tan impactante, lo amargaba y angustiaba de mil formas diferentes. ¿Cómo podría vivir sin fantasear con la existencia de Craig en el mundo que había imaginado, donde eran ellos dos solos sin que el resto de la humanidad los fastidiara? ¿Cómo vivir sin la perfección de su amado y sin sus virtudes a la vista, sin su rostro, su caminar, su aroma, el sonido de su voz?

¿De dónde sacaría el valor de hablarle…? ¿Cómo se atrevería a sobrepasar la línea que siempre había temido pasar, entre ser nadie y ser alguien en la vida de Craig Tucker?

-¿Estás bien? – Su amigo y compañero, Token, observa que ciertas lagrimas traicioneras emergen de sus ojos y se derraman sobre sus mejillas. El pobre chico limpia sus lágrimas rápidamente para continuar caminando junto a él como si no sucediera nada.

-Si.- Le contesta para concluir con una sonrisa... sin decirle nada más aparte de eso.

"Los que más sufren son quiénes callan su tristeza, limpian sus lágrimas y fingen una sonrisa perfecta".


Debía hacerlo entonces. Era la idea más estúpida del mundo, pero la presión de su corazón le estaba jugando en contra últimamente. Craig no era sobresaliente en eso de las relaciones y mucho menos era homosexual, o sea que la idea de confesarle sus sentimientos era MALA en cualquier sentido que se pudiera analizar.

Pero… en una simple charla… nadie saldría lastimado. Sólo sería una vez, no podía ser algo tan malo. Era estúpido porque que alguien te viniera a hablar de la nada era extraño, y mucho más si en cinco o seis años no cruzaste más de diez palabras con aquella persona.

Tweek estaba ahí, temblando detrás de un árbol y observando con total claridad que Craig Tucker estaba leyendo un libro en un parque público que estaba relativamente vacío por ser un día de semana. Y todos saben que los alumnos ejemplares van a la escuela los días de semana. Pero ese no era el caso para ninguno de los dos. El rubio sabía que Craig solía faltar los jueves o viernes porque eran días que llegaban casi a ser parte del fin de semana y él se caracterizaba por ser algo perezoso. Los días en que faltaba, siempre iba a ese parque que se ubicaba cerca de su casa y leía algún libro o se recostaba en alguna banca a escuchar música desde sus auriculares.

Tweek se maldice más de diez veces en un minuto, porque era un jodido acosador de mierda, un obsesionado psicópata que se sabía toda la vida de Craig porque lo había estado observando, siguiendo y averiguando todas sus actividades como un perfecto demente.

Pero era en esa oportunidad o nunca, debía hablarle aunque sea una vez para darse un poco de valor a sí mismo. Anhelaba volver a sentir sus ojos sobre él y robarle aunque sea segundos de su atención.

"Contemplaba a mi deseo más profundo, más inconcluso. Estaba en ese parque, sentado en aquella banca vieja que acostumbraba ocupar. Con su viejo gorro azul de pompón amarillo. Mis pulmones prologaron un hondo suspiro que me ahogaba, sí, me ahogaba antes de poder hablarle a esa persona tan importante en mi vida."

Se arma de valor y camina sin soltar aire que retenía en sus pulmones. No lo piensa, porque si lo hacía reiteradas veces, se arrepentiría hasta morir. Sencillamente se sienta a un costado de Craig, en lo que sobraba de la banca, y baja la cabeza soltando todo el aire que estaba reteniendo.

Sentía que los latidos de su corazón harían estallar su pecho, los escuchaba tan fuerte. Hace un esfuerzo para no jadear en busca de aire, se sentía sofocado por toda la presión que estaba sufriendo. Una gota de sudor se estaba deslizando por su mejilla y su cuerpo se estaba acalorando mucho. La palabra nervios no abarcaba lo suficiente para describir para todo lo que estaba sintiendo. Mira de reojo el libro que hojeaba Craig, con su típica expresión nula y desinteresada y vuelve a armarse de valor para hablar.

-¿Qué estás… leyendo?- Aprieta sus puños contra sus rodillas y le ruega a todos los dioses que su pregunta no sea ignorada. Craig solía hacer eso a veces, ignorar las cosas que no le interesaban, incluyendo palabras de profesores, amigos, enemigos, mujeres, etc. Aunque no sabía si lo hacía también con perfectos extraños.

El silencio reina por mínimo cinco minutos, una eternidad de tortura mental para Tweek. Pero mierda, ¿Qué no era obvio que iba a ser ignorado? Craig no le contestaba ni a sus supuestos amigos, ¿En qué carajo pensaba cuando había considerado que podría contestarle a él si ni siquiera…?

-La búsqueda de Perséfone: los enteógenos y los orígenes de la religión.- La respuesta de Craig, mas allá de que había tardado bastante en llegar, había sido clara y en un tono de voz neutro, no había despegado sus ojos de las paginas amarillentas del libro. Tweek había logrado algo, un minúsculo avance, había escuchado su voz tan cerca hablarle a él y a nadie más, se sentía la persona más afortunada y feliz del mundo y hubiera saltado de la alegría si no hubiera sido por…

-¿Ese libro es… sobre…?- Murmura y titubea un poco su pregunta sin poder finalizarla, ya que Craig gira su cabeza enteramente hacia él y por primera vez forma una mueca hostil y amenazante hacia Tweek. Ese gesto causa que al rubio se le hiele la sangre.

-¿Algún problema con eso?-

-¡No! ¡Yo, en realidad…! Tengo un amigo, en la escuela, que leyó ese libro… él tiene problemas de concentración porque ha sido adicto por varios años y… conozco el libro por eso.- Tweek finge como nunca, normalidad. Se apresura en inventar algo para que Craig dejara de mirarlo con ganas de mandarlo a la mierda por violar su preciada soledad. Además conocía el libro de casualidad. No obstante, su mentira parecía haber funcionado, porque la expresión de Tucker se había relajado en menos de un segundo.

-¿Es en serio?- Pregunta curioso, la presencia de Tweek ya no era un cero a la izquierda al parecer. Le estaba robando su atención, lo miraba con calma y sin una gota de agresividad. El rubio le asiente sin dejar de contemplar sus orbes claras, al borde de quedar hipnotizado.

"El día en el que desvió su mirada del libro que leía y fijo sus claros ojos en los míos… yo ya lo había decidido."

-Si… eh… b-bueno…-

-El libro no trata de la drogadicción en totalidad, en realidad no está fijado en ser informativo. Leo esto porque ya me leí la mayoría de los libros útiles y antes de seguir inyectándome droga los fines de semana, me gustaría saber en cuanto tiempo podría llegar a morir o si me volveré retrasado mental en algún momento.-

Tweek escuchaba su voz y quedaba anonadado, pero al mismo tiempo debía seguir la conversación que por suerte y obra del destino, parecía interesarle a Craig. No podía darse el lujo de quedarse callado.

-Mi amigo… suele tener problemas para estudiar o para prestar atención en clases. Fue a varios médicos y bien, lo está dejando. Dijo que es lo más saludable, el síndrome de abstinencia es muy problemático, pero creo que puede lograrlo.-

-Pero yo… no creo ser adicto. He pasado tiempo sin fumar y no he experimentado el síndrome de abstinencia. En realidad, a veces varío las cosas para no hacerme dependiente a las pastillas. Ya sabes, fumo y luego bebo. Todos los libros dicen que es lo peor que uno puede hacer, pero hasta ahora no he muerto y no quiero ser un maldito adicto que únicamente se droga.- Razona entrecerrando sus ojos con aburrimiento, pero Tweek hace una notable expresión de horror y se lleva ambas manos a la boca, temiendo obviamente por el bienestar físico de Craig. Siempre lo había visto en las fiestas, fumando y bebiendo hasta no poder más, pero nunca había considerado que si lo seguía haciendo con mucha frecuencia podría llegar a morir o a dañarse seriamente. Era imposible no preocuparse, pero si lo demostraba, su actitud le parecería extraña al pelinegro.

-Dios… Y si no lo recomiendan, ¿Por qué lo haces o por qué estás leyendo los libros?-

-Porque empecé con algo un poco más fuerte hace una semana y en eso si debo ser cuidadoso.-

Tweek permanece callado y analiza la expresión de aquel hombre que lo volvía loco, que deseaba besar todas las noches y con el que soñaba desde hace ya tantos años. La verdad era que, conocía a la perfección la vida de Craig Tucker desde el exterior, todas las emociones que mostraba y muchos detalles que no iban más allá de sus actividades. Se había conmovido, su alma había sido corrompida y estrujada al entender que en los ojos de ese hombre, existía un vacío que no podía comprender y que quizás nunca podría si no se volvía completamente cercano a su persona.

Cosa que tal vez nunca ocurriría, porque Tweek era un observador e involucrarse hasta hacerse amigo de Craig era una petición demasiado complicada, empezando por el rango de escala social en el que ambos estaban. Eran opuestos y diferentes, dos seres humanos que no podían ser compatibles.

-¿Por qué lo haces, Craig?-

Los ojos de Tucker se abren un poco más, era un gesto de incertidumbre hacia Tweek, quien reacciona y comprende que había pronunciado su nombre. Ahora sabría que lo conocía y que no eran perfectos extraños después de todo, ¡Acababa de arruinarlo todo! El rubio se queda en estado alerta, preparándose mentalmente a lo que fuera a decirle el pelinegro al respecto.

Craig abre la boca, al parecer estaba a punto de preguntarle algo. Pero luego la cierra y le desvía la mirada de una manera totalmente evasiva. Cierra el libro con ambas manos y se pone de pie, gira y comienza a caminar en el sentido en donde estaba sentado Tweek, dispuesto a marcharse. Él permanecía congelado en su posición, sin poder articular palabra. Oye a la perfección la última oración de Craig antes de retirarse de ese parque.

-Porque estoy aburrido de vivir, Tweek.-

Tweek jadea sorprendido, más bien atónito al oír sus nombre de los labios de la persona más importante que tenía en el mundo. No detiene a Tucker, él se marcha sin decir nada más. Pero el rubio se sonroja a escasos segundos de largarse a llorar de la felicidad, se cubre el rostro con ambas manos y tiembla muy abrumado. Estaba sonriendo a pesar de que su rostro estaba empezando a empaparse en lágrimas. Después de todo, había decidido que ese hombre sería irremplazable en su vida y que nada ni nadie podría igualarlo jamás.

"Si tan sólo… tuviera la oportunidad de explorar mi mente, si tuviera el tiempo y la paciencia de intentar armarme a mí, la persona más desarmada que existe. No se arrepentiría porque yo haría lo humanamente posible para que día a día la monotonía no exista en nuestra vida."

[Fin del Flash Back]

"El constante aumento de esa fragancia de verano…

Quiero sentirlo a tu lado.

Aquellos momentos en que puede que sientas que no hay nada más…

Piensa que hay tesoros que valen más que las joyas.

Deja que este momento sea envuelto por una suave luz solar

Y que sea protegido por siempre."

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