Hey, hey, ya estoy aquí. Esta vez creo que no he tardado tanto. La verdad aquí tengo poco que decir así que… Nos vemos abajo.

Y como siempre, iCarly no me pertenece.

-¡Sam! ¡Sam! – gritaba Carly corriendo por los pasillos del instituto.

-Así que crees… ¿crees que he mejorado? – Le preguntaba la rubia a Ashley en el momento en el que Carly se abalanzó sobre ella.

-Ves con cuidado – Se quejó Ashley.

-Tú, cállate – Dijo Carly señalándole amenazadoramente.

-¿Qué pasa Carly? ¿A qué viene tanto nerviosismo?

-Freddie se ha desmayado.

-¿¡Cómo? Me estás tomando el pelo ¿verdad?

-No. Me lo acaba de decir la enfermera. Ha entrado en la enfermería y se ha desplomado. Un segundo estaba de pie y al siguiente estaba tirado en el suelo.

-¿Dónde está?

-Se lo han llevado a casa.

Sin pensarlo dos veces, Sam salió corriendo.

Le faltaban todavía varias horas de clase antes de que acabara el horario lectivo, sabía que saltárselas perjudicaría sus notas y todo eso, pero le daba absolutamente igual. Tenía ganas de matar a Freddie por mentirle y decirle que comía y dormía… pero a la vez, tenía miedo.

Freddie era de las pocas personas que de un modo u otro, la había hecho sentirse especial al menos una vez en la vida, y eso no mucha gente lo había conseguido hacer. Era la única persona que la entendía, la entendía incluso en las veces que Carly no lo hacía. Y, lo más importante de todo, era su mejor amienemigo. Era Freddie Benson, el chico al que llevaba atormentando desde siempre y, sin embargo, siempre había estado a su lado.

En el momento en que Carly le contó lo que le había pasado, las clases, los exámenes, que la expulsaran, la universidad, todo dejó de importarle.

Y, también sintió que algo nacía dentro de ella, algo pequeño, tan insignificante, que dejó de darle importancia automáticamente, pero que, sin embargo, estaba ahí.

Corría por la ciudad como alma que llevaba el diablo, se escurría entre la gente y entre los coches, hasta que por fin llegó al edificio de apartamentos donde vivía el productor técnico de iCarly.

Ignoró los gritos de Lewbert y se dirigió hacia las escaleras y subió hasta la octava planta, donde se paró para recuperar el aliento y calmarse para no empezar a gritar como una descosida si la loca…quiero decir… si la madre de Freddie no le dejaba entrar.

Respiró hondo varias veces hasta que volvió a respirar con normalidad, avanzó unos pasos, y llamó a la puerta del apartamento de Freddie, la cual, tras unos segundos se abrió.

-¿Qué quieres?

-¿Puedo ver a Freddie? Por favor – Dijo con voz suplicante.

-No. Está enfermo.

-Lo sé, es por eso por lo que necesito verle por favor. Me quitaré hasta los calcetines si así me dejas pasar – Dijo quitándose los zapatos y los calcetines y levantándolos para que la madre de Freddie los viera.

-Está muy débil.

-Vamos, no voy a darle una paliza. Me he escapado del instituto a pesar de que por eso puede que no pueda ir a la universidad con tu hijo y con Carly, solo para venir a verle.

-No se…

-Por favor – Volvió a suplicar ella.

-Está bien – Dijo resoplando – Pero no le atosigues mucho.

-Tranquila.

La rubia sonrió y avanzó por el pasillo hasta llegar a la puerta de la habitación de Freddie.

Llamó, algo poco común en ella, y como respuesta recibió un pequeño gruñido, el cual ella interpretó como una invitación a entrar.

Abrió la puerta y vio a Freddie metido en la cama, pálido y con un enorme chichón en la frente provocado por el golpe que se había dado al caer al suelo. Cerró la puerta y se quedó allí en silencio observándole. Hasta que por fin habló.

-Eres… un… maldito… idiota, Freddie Benson.

-Hola Sam, sí tranquila estoy bien, gracias por preocuparte – Dijo él en tono irónico.

-Sí, eso me dijiste ayer, antes de ayer y todos los días hasta que hoy te has desplomado en el suelo.

Él se quedó callado.

-¿Por qué me has mentido? ¿Por qué lo has hecho? Sabías, sabes, y de sobra, que puedes contar conmigo, entonces… ¿por qué me has mentido?

Silencio de nuevo.

-No te haces una idea de lo que mucho que me he preocupado cuando tu eterna enamorada me ha contado lo que te había pasado…

-No empieces ahora con lo de Carly…

-Lo de Carly ahora es lo de menos, el tema es por qué no me contaste lo que te pasaba.

-Porque no hay nada que contar Sam. Llevaba unos días comiendo y durmiendo mal por los exámenes. Se ve que me ha dado un bajón de tensión eso es todo.

-Ya no sé si creerte Freddie…

-No me digas eso por favor. Dime lo que quieras, que me odias, que me quieres partir las piernas, pero no me digas que no confías en mí, por favor.

-Si quieres que confíe en té, deja de mentirme. La única cosa que puede hacer que deje de confiar el ti eres tú mismo.

-No te he mentido. Nunca lo he hecho Sam. Si me pasara algo grave te lo habría contado, pero en este caso no hay nada más que contar que lo que ya sabes – Dijo mirándola a los ojos.

-¿Lo dices enserio?

-Palabra de friki.

-Está bien. Te creo. Y ahora sí, ¿cómo estás? – Dijo ella sentándose en el borde de la cama.

-Me duele la cabeza bastante por el golpe, pero por el resto no me quejo.

-Te diste un buen golpe – Dijo ella examinando el chichón – pero siguen sin dejar marcas tan grandes como las que dejan los puños de mamita – Terminó orgullosamente.

-Pero te aseguro que este duele tanto como los tuyos.

-Vaya… estás perdiendo resistencia al dolor… tendré que pegarte más seguidamente.

Y, vaya que si cumplió su palabra, pues en ese momento, le dio a Freddie un golpe en el hombro.

-¿Y esto por qué? ¿No crees que ya estoy bastante magullado? – Se quejó

-Eso te pasa por preocuparme y por ser tan debilucho. Y agradece que solo te haya dado un golpe.

El chico soltó una pequeña risita a pesar del dolor.

-Una preguntita.

-Dime.

-¿Ya has decidido que canción vas a cantar el sábado?

-No, la verdad es que no y se me está acabando el tiempo…

-Mira – Dijo señalando su escritorio – ahí encima hay un CD en una caja naranja. Cógelo, llévatelo y escúchalo. Solo es una canción, puede que te sirva.

Ella obedeció y cogió el CD.

-Viniendo de ti, seguro que no es nada buena.

-Tú escúchalo – Dijo bostezando.

-Tienes sueño. Me voy, te dejo dormir.

-No, tranquila.

-Apenas puedes abrir los ojos. Descansa, yo iré a vaciar la nevera de Carly.

-Vale. Nos vemos mañana.

-Mejórate y come.

-Sí mamá.

Y con esto, salió de casa de Freddie y se dirigió al apartamento de los Shay. Entró y se encontró con Spencer, el cuál le pidió que hiciera de modelo para él. Y ella, para matar el tiempo le echó una mano.

Unas horas más tarde, Carly volvió de clase y en el salón de los Shay había una enorme escultura de Sam mordiendo un trozo de jamón.

-¿Has ido a ver a Freddie?

-Sí. Está bien. Solo estaba un poco cansado y con hambre. Un bajón de tensión.

-Menos mal que solo ha sido un susto.

-Sí, menos mal.

Las dos chicas subieron a la habitación de la morena y se sentó cada una en su sofá.

-¿Por qué de repente te preocupas tanto por Freddie?

-No me digas que estás celosa por eso – Se burló.

-Sam, hablo enserio.

-Es mi amigo.

-Pero le odias.

-¿Cuándo he dicho yo que le odie?

Entonces Carly la miró con cara de ¿me estás tomando el pelo?

-Si me dices cuantas veces NO has dicho que le odias acabaremos antes.

-Mira, puede que nos odiemos mutuamente, pero es un odio raro, es nuestro odio personal. Somos los mejores amienemigos y lo sabes. Es normal que me preocupe por él si vienes corriendo y me gritas que se ha desmayado. Me preocuparían también por Gibby si le pasara, a pesar de que todos los días le torture de una manera u otra.

-Yo tengo un mal presentimiento…

-¿Sobre qué?

-Tengo la extraña sensación que todo esto es por culpa de Ashley.

-De… ¿Ash? ¿¡Cómo puedes acusarla sin pruebas?

-No la estoy acusando por eso mismo. Simplemente he dicho que todo esto le está pasando a Freddie desde que vino a decirnos que te iba a ayudar con lo del concurso.

-¡Ella no es tan mala como aparenta ser! ¡Es imposible que esté maltratando a Freddie! Carly, el nerd es un idiota pero no lo es tanto.

-¿Por qué te pones así?

-Porque sabes que aunque tenga mala leche, no tolero las injusticias, y tu acusación es una de ellas.

-¿¡Y la posibilidad de que una zorra implacable esté maltratando a tu mejor amigo no lo es?

-No puedes demostrar nada.

-Sam, estás cambiando, y lo peor de todo es que tú no te das cuenta.

-¿¡Te has planteado en algún momento que puede que me guste más cómo soy ahora?

Se produjo un incómodo silencio en la habitación y la tensión se podía cortar con un cuchillo.

La verdad era que Carly nunca se había planteado aquella pregunta, nunca se había planteado la idea de que a Sam le gustara más su nueva yo, porque estaba segura de que era feliz.

Sin embargo, antes de que pudiera reaccionar, la rubia cogió sus cosas y se fue, dejando a Carly sola con sus pensamientos.

Al cabo de una hora…

-¡¿Y dijo que yo estaba maltratando a Freddie?

-Como lo oyes.

-¿¡Pero cómo puede tener esa facilidad para acusar a las personas? Mañana cuando la pille por banda la voy a dejar calva no, lo siguiente.

-No le hagas nada. Yo no creo que le estés haciendo nada al idiota y Carly es muy paranoica y en seguida saca sus propias conclusiones de todo. Es un defecto suyo.

-Pero…

-Si te acusara delante de todo el instituto sí que te dejaría que la dejaras calva, pero no lo va a hacer, así que dejemos el tema y vamos a ensayar.

-Está bien, te haré caso.

Sí, iba a hacerle caso, pero Carly ya sospechaba de ella y eso no era nada bueno. Tendría que andar con pies de plomo a partir de ahora.

Pasó la tarde, y como siempre, Ashley llevó a Sam a su casa.

Esta se duchó y cenó con su madre, que tampoco estaba del todo contenta con la nueva actitud de su hija.

-No quiero que acabes como yo.

Eso fue lo único que pudo decir, porque Sam al escucharlo se levantó de la mesa y se encerró en habitación. Se tumbó en la cama, cojín en mano (o más bien en cara) y se puso a gritar para soltar toda la rabia acumulada.

No contenta con eso, empezó a aporrear el cojín que había gastado para amortiguar sus gritos, después se puso a darle patadas al armario y finalmente estampó la mochila contra la pared, desparramando todos los libros por el suelo y rompiendo la caja del CD que le había dado Freddie.

Se acercó al montón de trastos y cogió la caja rota para comprobar que el disco estaba bien. Lo sacó, lo metió en su mini cadena, se tumbó de nuevo en la cama, ahora más relajada y le dio al play.

Entonces unas leves notas de piano llenaron su habitación.

A medida que la canción avanzaba, aquello que había nacido en su interior esa mañana, resurgió de sus cenizas, esa vez con bastante más fuerza. Y eso hizo que Sam se estremeciera un poco. No sabía que era aquella sensación que invadía su cuerpo en ese momento, pero quería saber por qué lo hacía.

La canción terminó dejando la habitación de nuevo en silencio y a Sam con una media sonrisa en la cara.

-Ya tengo la canción perfecta.

Hasta aquí. Sé que el final no es muy allá, no es una cosa apoteósica, pero puede dejar su intriga jejeje

A ver, pensaba hacer un capitulo por cada día de la semana del fic hasta que llegara el día del programa y toda la parafernalia, pero he pensado que puede quedar un poco largo, ¿vosotros que opináis?

Después, un dato sobre todos los reviews, me hace mucha gracia que todos estáis como mal por cómo lo pasa Freddie en este fic, y he de recalcar, que a mí tampoco me gusta, pero fue una idea que me vino y tenía que escribirla jajajaja

Y bueno creo que ya está todo. Dejad vuestros reviews poniendo lo que queráis, como digo siempre, vivimos en un mundo libre.

Besos ^^