Capítulo once.

El fin de semana pasó sin mayores novedades y pronto llegó el lunes. Debían volver a trabajar, y por lo tanto a verse. Ninguno de los dos tenía ganas de cruzarse, porque eso significaría enfrentarse nuevamente con la dura realidad: ya no estaban juntos y esta vez no había vuelta atrás. Las cosas que se habían dicho habían sido muy duras y no había perdón que valga: ya estaba todo dicho. Ahora, sólo quedaba vender la casa y no habría otro lazo que los uniera más que su relación laboral, todo lo demás formaría parte del pasado y ambos debían acostumbrarse a vivir con eso. Aunque les doliera en el alma.

Ese lunes, Ginny había decidido llegar temprano a trabajar, para adelantar todo lo que pudiera y cruzarse con Harry lo menos posible. Cuando llegó, no había más que unas pocas personas y se dirigió directamente a la oficina.

Como esperaba, ésta también estaba vacía y pudo ponerse a trabajar rápidamente. Pero su cabeza estaba en todos lados menos en esa oficina. El fin de semana lo había pasado encerrada en el departamento de su amiga Luna, con quién se había amigado luego de la discusión en la casa de su hermano. Había estado buscando algún departamento donde vivir. Ya no podía vivir en el departamento de su amiga y con Harry no había vuelta atrás. No esta vez. No podía entender qué los había llevado a discutir de aquella manera o a terminar completamente su relación tan duramente. Ahora sólo le quedaba acostumbrarse a aquella vida, buscar un lugar dónde vivir y tratar de lidiar con Harry sólo cuando fuera indispensable.

Las horas pasaban y ella se iba poniendo más nerviosa. Harry ya debía estar por llegar y ella no tenía ganas de verlo. Estaba buscando la excusa perfecta para salir del trabajo cuando le llegó una carta. La abrió rápidamente y la leyó. Era de su amigo Marco. Le contaba que ya estaba de vuelta y que, si ella podía, se encontrarían esa misma tarde, en el bar al que solían ir luego del trabajo. Ella le respondió que sí inmediatamente. Hacía tanto que no lo veía y tenía tantas cosas que contarle que no podía esperar.

El tiempo siguió pasando y, finalmente, la tarde terminó. Harry jamás llegó a trabajar y Ginny fue avisada de ello, hacia las once de la mañana. Aparentemente, él estaba ocupado y ese día no podía presentarse en el trabajo. Ginny pensó que sólo era una de sus tontas excusas, pero internamente lo agradeció. Realmente, no tenía ganas de verlo.

A las cinco de la tarde, Ginny salió de su trabajo con destino al bar dónde se encontraría con su amigo Marco. Cuando ella llegó, él ya la estaba esperando. Al verla, se levantó de su asiento y corrió a abrazarla.

-Ginny, cariño, cómo te extrañé. Tengo tanto que contarte-le dijo, mientras la apretaba.

-Ay lo mismo digo, Marco. No sabes la falta que me hiciste. Qué bueno que ya estés aquí.

Se sentaron y ordenaron dos cervezas de manteca.

-Estoy bebiendo esto sólo porque es algo temprano y quiero mantener mi cordura, porque sino ya hubiera ordenado algo más fuerte-le dijo Ginny, dándole un largo trago a su cerveza.

-Querida, me parece que las cosas no han estado muy bien por estos lados, ¿no es así?.

-Realmente, no sabría definirte si todo lo que sucedió fue bueno o malo. Quizás fue lo mejor para cortar por lo sano. O quizás no...bah...no lo sé. Pero antes de empañar tu felicidad con mis penas, cuéntame todo. Quiero saberlo ya-exclamó la muchacha.

Él sonrió ampliamente y comenzó su relato.

-Te contaré todo. Al principio, apenas llegué, las cosas no estuvieron muy fáciles. Él se había mudado y no tuvo la delicadeza de darme su nueva dirección, así que estuve tres días investigando, hasta que lo encontré. Cuando lo fui a buscar, él estaba muy sorprendido. Me dijo que no se esperaba mi llegada... y él es una persona a la que no le gustan las sorpresas, todo lo contrario a mí. Imagínate cómo me puse cuándo me dijo eso, empecé a maquinar todo tipo de cosas horribles, desde que estaba con otro hasta que había dejado de quererme. Pero pasaron los días y todo comenzó a mejorar. Recorrimos toda la ciudad e hicimos todo tipo de paseos. Un día antes de volver para acá, él me dijo que tenía que hablarme de algo muy importante y yo me preocupé. Comenzó a hablar y contarme el verdadero motivo de su mal humor de los primeros días. Me dijo que estaba teniendo algunos problemas en el trabajo, porque había pedido un traslado y no se lo quería otorgar. Insistió e insistió y finalmente se lo otorgaron. ¿Y adivina a dónde lo trasladaron y por qué razón lo hizo?-preguntó Marco, aunque por la enorme sonrisa que tenía podía deducirse fácilmente la respuesta.

-¿A Inglaterra?-le preguntó Ginny con interés. Él asintió y ella lanzó un chillido de júbilo. Él también lo hizo y se abrazaron con emoción. Algunas personas los miraban mal, pero a ellos les importó muy poco.

-Qué feliz que me pone todo esto, Marco. Por fin, todo lo que querías se está cumpliendo. Está viviendo en tu casa, ¿no es así?.

-Así es. Se mudó conmigo y, por supuesto, que pidió el traslado por mí. Me dijo que quiere tener una relación seria y, si es posible, para toda la vida. Casi me muero de amor cuando me dijo esto. Todavía no puedo creer la suerte que tuve. Igulmente, me lo merecía, luego de sufrir tanto por su jodida personalidad.

Ambos rieron y siguieron bebiendo sus cervezas, mientras charlaban.

-De más está decir que quiero conocerlo lo antes posible, Marco. Me muero por saber quién es ese hombre misterioso.

Marco sonrió con picardía y le respondió:

-Oh querida Ginny, lo conocerás mucho antes de lo que te imaginas.

-¿A qué te refieres, Marco?, ¿qué estás escodiendo?-le pregunto ella, suspicaz.

-Nada, nada. Ya lo verás por ti misma-le respondió él, echándole una mirada a su reloj de pulsera. Al levantar la vista, vio que su amiga Ginny estaba mirando fijamente hacia la entrada del lugar, como si hubiera visto alguien conocido.

-¿Qué te sucede, Ginny?-le preguntó él, al tiempo que se giraba para mirar al lugar donde su amiga tenía fija su vista. A continuación, sonrió y se paró para recibir a la persona que se acercaba a la mesa. Justamente la misma persona a la que Ginny le había clavado la vista desde que entró al lugar. Se trataba de un hombre un poco mayor que Ginny, alto y muy rubio, con ojos grises y un tono de voz tan peculiar que era imposible de no reconocer. Estaba algo cambiado, eso era cierto, pero no tanto como para no reconocerlo. Éste se acercó hasta Marco y lo abrazó, para luego percatarse de la presencia de una persona que lo miraba como si hubiera visto a un fantasma, o al menos a alguien que no veía hacía unos cuantos años.

-Ginny, quiero presentarte a mi pareja, él es...

-Draco Malfoy...

-Ginevra Weasley...

Ambos se miraban cómo si no pudieran creerlo y Marco se turnaba para mirarlos a ambos, asombrado de que se conocieran.

-¿Se conocen?-preguntó el moreno.

-Así es, ¿cómo has estado, Draco?, tanto tiempo sin verte-Ginny fue la primera en reaccionar y saludar al joven. Luego de haberse portado tan mal, Draco se arrepintió de todo lo que había hecho y la Orden del Fénix se encargó de protegerlo. Algunos de sus amigos, como Ron y Harry, nunca lo terminaron de aceptar pero ella había sido una de las que mejor lo había tomado y logró trabar una especie de amistad con el joven, hasta que él partió al extranjero y nunca más volvieron a saber nada de él... hasta ese momento.

-Ginny, qué enorme sorpresa, no puedo creerlo...-decía él, sin salir del shock. Ella le sonrió y él le sonrió de vuelta. Luego de la sorpresa inicial, los tres se sentaron y se pusieron a charlar. Draco y Ginny le contaron a Marco cómo era que se conocían y Draco les comentó el por qué nunca le había hablado a Marco de su pasado: recordarlo era recordar la muerte de toda su familia a manos de Voldemort. Afortunadamente, Ginny logró cambiar de tema antes de que el joven se entristeciera y se pusieron a charlar de otros temas.

-¿Cuándo volverás al trabajo, Marco?, se te extraña mucho por allí-le preguntó Ginny, mientras bebía un trago del Whisky de Fuego que había acabado por ordenar.

-Pasado mañana, aún tengo algunas cosas por resolver-le respondió él.

-De acuerdo. No sabes lo feliz que me pone que hayas regresado. La persona que pusieron para reemplazarte no era precisamente digna de mi devoción-le contó ella.-De sola recordarla me pongo de mal humor.

-No sabía que habían contratado a alguien. ¿Quién me robó mi lugar?-preguntó el moreno, con humor.

-No te preocupes, afortunadamente ya no está trabajando. Se trata de una antigua compañera de Hogwarts, probablemente Draco se acuerde, Cho Chang.

-Claro que la recuerdo. Fue novia de Potter, ¿no es así?.

Ginny asintió y siguió bebiendo. Marco rió brevemente y le contestó:

-Ahora entiendo por qué la odiabas...hablando de Harry, cuéntame qué sucedió.

-Marco, no estábamos hablando de Harry...

-Bueno, pero ahora sí lo estamos haciendo, así mejor que empieces a contarme-le dijo él, con sorna.

Ella resopló y se tomó unos instantes antes de contestar.

-¿Y, Ginny?, ¿vas a contarnos?-ahora fue el turno de Draco para hablar.

-Tranquilos, sólo me estaba preparando psicológicamente para hacerlo-y se bebió de un trago lo que quedaba en su vaso.-Ahora estoy lista.-y comenzó con su relato, aclarándole a Draco un par de cosas que no entendía.-...las cosas empeoraron, al punto que el viernes discutimos muy mal, nos dijimos muchas cosas feas y terminamos diciendo que venderíamos la casa y cortaríamos todo, para siempre.

-Ay amiga, no puedo creerlo. Yo que pensaba que volverían a estar juntos-dijo Marco, realmente triste por su amiga.

-Tanto Potter como tú no son más que un par de tontos, con todo respeto. Si me permites decírtelo, la pelea que tuvieron fue por celos, por lo que es evidente que aún se quieren. No entiendo por qué no resuelven las cosas de una vez y vuelven a estar juntos, como es su destino desde siempre-opinó Draco, con su habitual franqueza.

Ginny negó con la cabeza.

-Esta vez no hay vuelta atrás, fuimos demasiado lejos y ahora lo mejor que podemos hacer es cortar con todo, vender la casa y no volver a hablar más del tema.

-Honestamente, no sé como lo harán. Venderán la casa y cortaran con todo, pero no te olvides que siguen trabajando juntos y, por sobre todas las cosas, él es como si fuera parte de tu familia. Si tus padres lo hubieran adoptado, su relación hubiera sido bastante incestuosa-comentó Draco.

Ginny sonrió levemente y le contestó:

-Ya veremos. Pero no hablemos más de cosas tristes, ¿por qué no me cuentan con lujo de detalles su viajecito?.

Y de ese modo, los tres se pusieron a conversar de temas más alegres, haciendo que la joven se olvidara, al menos por un rato, del tema que tan preocupada la tenía.

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A la mañana siguiente, hizo acto de presencia el desaparecido Harry. Estaba muy serio y ojeroso, como si no hubiera pegado un ojo en toda la noche. Cuando Ginny llegó a la oficina, él estaba allí, preparándose para una misión de poca importancia, a la que ya habían pactado que iría él.

Al verla entrar, una sombra cruzó su rostro y sólo la saludo con un movimiento de la cabeza, a lo que ella respondió del mismo modo.

Durante diez minutos, un silencio sepulcral reinó en el lugar, sólo roto por los pasos apresurados de Harry, quién iba de un lado hacia otro de la oficina, recolectando material para su misión. Ginny, mientras tanto, trataba de concentrarse en un informe que debía entregar, pero le resultaba imposible hacerlo. Estaba muy nerviosa y la alterada presencia de Harry no la ayudaba para nada.

Finalmente, Harry ya estaba listo para marcharse, cuando se dirigió a Ginny.

-Quería avisarte que ayer hablé con Dean y Seamus por la venta de la casa. Ya arreglé todos los detalles. Si estás de acuerdo, sólo debes avisarles y ellos se encargaran de todo-le dijo Harry, con tono solemne, ocultando la angustia que le generaba lo que le estaba anunciando.

-De acuerdo, hablaré con ellos. Gracias por ocuparte-le contestó ella, también muy seria.

-No es nada. Apenas se venda, tomaremos el dinero y lo repartiremos, como habíamos pactado. Debo irme, luego hablaremos-y de ese modo, Harry dejó la oficina, ocultándolo su dolor.

Ginny se derrumbó en su silla, tratando de calmarse y pensando cómo haría para lidiar con eso, cada día que compartiera la oficina con él. Tomó un pergamino y comenzó a escribir una larga carta, dirigida a "Thomas & Finnigan Bienes Raíces", dándoles su consentimiento para que se encargaran de todo lo referido a la venta de la casa.

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Hola a todos!!!

Sé que deben tener ganas de matarme y no puedo culparlos por eso. Luego de no sé cuántos meses sin actualizar, les dejo un capítulo tan corto. Les pido disculpas, pero realmente no tuve ni tiempo ni inspiración para escribir. Finalmente, hoy me asaltó la inspiración y ya sé cómo voy a terminar la historia. Por eso, quise dejarles al menos un capítulo corto y prometerles que, sí o sí, antes del lanzamiento del Séptimo Libro en inglés, la historia va a estar terminada y publicada.

Agradezco a todos por seguir la historia y por dejarme rr´s, especialmente a Jazu Potter----gracias por el PM, creo que fue lo me hizo decidirme a seguir escribiendo...

Ahora me despido, voy a ver si escribo algo más antes de irme a dormir.

Besos!!

01.34am

10.07.07