LA VIDA QUE QUIERO
CAPÍTULO XI
Advertencia: El siguiente capítulo contiene escenas explícitas de abuso sexual. Si piensas que puedo herir tu sensibilidad con este escrito por favor abstente de leer y continúa hasta el siguiente capítulo.
En una habitación completamente oscura, ella se movía inquietamente alrededor de la cama individual. Seguramente era otro de esos fatídicos episodios de insomnio que venía sufriendo desde meses atrás, cuando su madre tuvo que abandonar la ciudad, quedándose ella sola.
Permanecía viviendo con su prima, pero es como si estuviese en completa soledad pues la chica parecía más una extraña con ella, que una prima.
De repente, su olfato se inundó de un incómodo olor a licor. Se revolvió más en las sábanas, tratando de respirar hondo para no tener que levantarse a vomitar.
Instantes después, sintió una ráfaga de viento, consecuencia de que alguien llegó a descubrirle de las mantas. En seguida sintió sobre su cuerpo el desagradable peso de un hombre, que no era más que el marido de otra persona, pero que en ese momento quería poseerla precisamente a ella.
Se revolvió violentamente debajo de ese pestilente cuerpo que destilaba licor por todos sus poros, pero el peso era tanto que apenas y lograría zafarse.
Él le tomó ambas muñecas, posándolas cada una a un lado de su cabeza y al mismo tiempo comenzaba a besar su rostro y cuello, con ansias, con asquerosa desesperación.
"Déjame" intentó gritar ella, pero por una extraña e ilógica razón, su garganta se bloqueó, dando paso únicamente a unos suaves quejidos.
Ella seguía revoloteándose con todo lo que sus fuerzas le permitían. Entonces, él soltó sus muñecas para dar paso a un golpe en su mejilla.
-¡No te hagas del rogar! ¡Serás mía!
Entonces, rasgó su ropa y comenzó a manosearla sin límites, comenzando por lastimar sus senos, tocándolos rudamente, al mismo tiempo que hacía igual con sus muslos hasta subir a su entrepierna, en donde sin límites, la tocó violentamente. Ella manoteaba… pero no podía quitárselo de encima.
Al fin, pudo articular palabra
-¡Déjame! ¡Déjame en paz! ¡Yo no soy Elisa! ¡Me estás confundiendo! – gritaba entre sollozos
-¡Ya sé quién eres!
-¡Entonces déjame!
-Aprovechemos que la estúpida de Elisa no llegará… verás cómo te hago disfrutar…
Sin ninguna vergüenza, y con todo el descaro del mundo, comenzó a penetrarla violentamente, ignorando los gritos y llantos de ella, ignorando las súplicas que le hacían saber que no siguiera, que se detuviera.
Entre más manoteaba ella, él más la golpeaba. Por esa razón, ya no hacía ningún intento por defenderse. Se limitó a llorar, se limitó a intentar con todas sus fuerzas bloquear su mente y pensar en otra cosa.
Parecía un horrible sueño, una espantosa pesadilla. Su cuerpo comenzaba a sangrar debido a la rudeza del acto. Las lágrimas no paraban de brotar pero sus fuerzas parecían desvanecerse más.
De repente, el rostro del hombre cambiaba… todo a su alrededor se transformó… ya no estaba en el mismo lugar, era otra recámara…
Observó de nuevo al hombre que estaba encima de ella y no era el marido de Elisa ya. Era Anthony… lo reconoció por sus resplandecientes ojos azul cielo y su cabello tan rubio como el sol, pero en su semblante se notaba un dejo de humillación, pero eso a ella no le importó, pues siguió exigiendo.
-¡Más! ¡Más, por Dios Anthony! ¡Pégame más!
Dudoso, accedió. Pero en su rostro se veía reflejado claramente un sentimiento de desesperación, por lo que decidió no seguir accediendo a las órdenes.
Se quitó de encima, y se sentó al borde de la cama, tocándose la cabeza con ambas manos.
Ella se levantó después, lo abrazó por detrás y comenzó a besarlo salvajemente.
-¿Qué sucede? – Preguntó ella - ¡Compláceme! ¡Anda! ¡Hazlo!
-¡No puedo más con esto Candy! – Se levantó y comenzó a vestirse - ¡No puedo más! ¡Ya no te soporto! ¡Estás loca! ¡Estás asquerosamente loca!
Dio un portazo tan duro que hizo que ella brincara del susto. Después de ese brinco, abrió los ojos para descubrir que encima de ella dormía plácidamente otro hombre.
Su cuerpo estalló en sollozos. Fue una pesadilla espantosa, una pesadilla que la venía atormentado muy seguido.
Trató de ocultar el llanto pero no lo logró. Terry comenzó a despertarse dándose cuenta de lo que sucedía.
-¿Qué sucede Candy? – preguntó él aún con un tono somnoliento
-Nada – respondió hipando
-Estás llorando ¿Qué pasa? Dime – ahora se escuchaba preocupado
-Tuve una pesadilla, eso es todo
-¿Qué soñaste?
-Nada importante
-Y por nada importante ¿Lloras así?
-¡No me cuestiones más! – siguió llorando
-Hermosa ¿No confías en mí?
-¿Quieres que confíe en ti, Terry?
-Por supuesto, Candy, puedes confiar en mí… te he dicho que te apoyo en lo que sea
-Entonces – susurró, al mismo tiempo que tomaba una de las manos de Terry para acomodarla en su mejilla que aún seguía inundada de lágrimas – pégame… pégame y haz con mi cuerpo todo lo que quieras…
La mirada de Terry se transformó para dar paso a la sorpresa. De inmediato negó con la cabeza, quitó su mano de la mejilla de ella y se apartó, acomodándose a un lado de ella.
-Eso nunca… eso nunca – seguía negando con la cabeza
-¿Por qué? – Preguntó ella, levantándose y acomodándose encima de él. Ambos estaban aún desnudos - ¿No te atreves? ¿Eh? ¡No te atreves!
Entonces, fuertemente Terry la apartó de allí, quitándosela de encima, recostándola en la cama nuevamente para después él, cuestionarla.
-¿Qué si no me atrevo? – En su mirada había ya desesperación - ¡Dices que no me atrevo! ¿Cómo piensas que voy a acceder a algo así? – Decía exaltado - ¿Por qué Candy? ¿Por qué me pides eso?
-¡Porque no valgo nada! – volvió a estallar en sollozos - ¡Porque soy una mujer sucia! ¡Usada! ¡No valgo nada! ¡Anda, ven y dame mi merecido!
Terry ya no sabía qué pensar. La miraba completamente sorprendido, cuestionándose sobre esa actitud tan extraña en ella.
Entonces recordó lo que alguna vez, semanas atrás, le platicara Charlie sobre su vida. Por lo tanto, no pudo culparla. Hizo acopio de toda su paciencia para ayudarla. La seguía mirando a los ojos, encogiéndosele el corazón al verla así, en ese estado, y diciendo tanta tontería…
Se acercó poco a poco a ella y ya estando sus rostros frente a frente, la abrazó, acurrucándola suavemente sobre su pecho, acariciando su cabello y calmándola, con el fin de lograr que dejara de llorar.
-No vuelvas a decir algo así – le hablaba con infinita ternura.
-Es la verdad, Terry – aún lloraba
-No, eso no es verdad – levantó su rostro con el fin de que lo mirara a los ojos – mi vida… eres una mujer excepcional, admirable y muy valiosa. Permíteme ayudarte, hermosa, confía en mí y dime porque te ofendes a ti misma tan cruelmente
-Lo siento – susurró
-No, no tienes porque…
-¡Me violó! – lo interrumpió. Los espasmos en su cuerpo se violentaron a causa del llanto por hacer esta confesión – y no lo supero Terry ¡No lo supero!
-Tranquila – seguía acariciándola – tranquila, hermosa – se acomodaron abrazados en el lecho. Terry decidió no abrumarla más con preguntas innecesarias que pudieran entristecerla más.
Candy al fin logró calmar un poco su llanto. Se aferró mas al abrazo que le regalaba Terry, y tomó valor para decirle
-Perdóname
-No tienes nada de qué pedir perdón, Candy
-Sí, si lo tengo… me he comportado como una tonta… debes pensar que estoy loca, que…
-Shhh – la interrumpió cariñosamente – yo no pienso nada. Yo te amo, por lo tanto estoy a tu lado en cualquier circunstancia – la besó tiernamente a los labios – yo no pienso nada, mi amor – decía sobre sus labios – solo te mostraré lo que realmente mereces
Y entonces se apoderó apasionadamente de su boca y sus manos hacían lo mismo alrededor de su cintura.
-Así es como tú mereces ser amada – seguía diciendo mientras la hacía presa de caricias enternecedoras pero a la vez tan pasionales.
Acomodó sus caderas en medio de las piernas de ella y comenzó nuevamente la aventura de amarse.
Eran las cuatro de la madrugada. El clima era tan confortante, estaba todo alrededor muy fresco, por lo que ellos permanecían tapados únicamente con una fina sábana.
Los movimientos de la pareja comenzaron por ser sutiles, pero conforme sus cuerpos lo demandaban empezaron a subir la velocidad, la fuerza y la intensidad.
En cada vaivén Terry le demostraba a Candy que una pareja puede amarse intensamente sin llegar a prescindir de los impactos que ella deseaba.
Mordisqueaba delicadamente sus orejas. Jalaba sutilmente su cabello para alzar su cabeza con el fin de saborear su cuello. Con sus manos apretaba suavemente desde sus muslos, glúteos y cintura, subiendo hasta sus senos, que los trató con la mayor delicadeza pero al mismo tiempo con caricias firmes.
Ella se aferraba a todo el cuerpo de su amante. También lo besaba con delirio, lo acariciaba con vehemencia, mientras se dejaba amar…
En todas las horas que transcurrieron en la madrugada, ellos dos se amaron sin límites, llegando al extremo placer, a ese clímax que todas las parejas anhelan cuando se entregan en cuerpo y alma.
Amanecieron abrazados, besándose y haciendo el amor incontables veces.
Dando las diez de la mañana, se estiraban satisfactoriamente bajo la sábana. Candy se levantó a abrir las cortinas. La ventana de esa habitación brindaba una espectacular vista hacia el mar.
Por su parte, Terry se levantó para dirigirse de inmediato a preparar la ducha. Salió nuevamente y vio que Candy seguía de pie frente a la ventana, tal vez admirando el paisaje.
La sorprendió abrazándola por detrás, pasando sus brazos por su cintura y besando la hendidura de su cuello.
-Buenos días, hermosa
-Buenos días – dijo ella luciendo una esplendorosa sonrisa
-¿Me acompañas? – preguntó él
-¿Puedo saber a dónde?
-Pues a la ducha
Ella se sonrojó de pies a cabeza. Terry lo notó, pero le sonrió seductoramente al mismo tiempo que la dirigía al cuarto del baño, sin pedirle permiso. Es ahora su mujer, así es que con ella compartiría de ahora en adelante todo.
No se tardaron mucho allí dentro, la verdad es que estaban tan ansiosos por salir nuevamente a disfrutar de la playa y de sus amigos, pero aún así, hicieron el amor nuevamente allí. Ambos sabían que ya en la noche es que tendrían tiempo de sobra para los dos solos.
Tan frescos, rozagantes, ataviados en ropa adecuada para el clima, salieron de esa habitación abrazados, sonriendo y muy felices.
Al llegar a la recepción, se toparon con Annie, quien muy preocupada se abalanzó a los brazos de Candy. Terry al ver la escena se apartó un poco para darles a las amigas la oportunidad de conversar.
-¡Amiga!
-¿Qué sucede Annie? Me asustas
-¡No! Susto el que tú me pegaste anoche
-¿Yo?
-¡No apareciste en toda la noche a la habitación!
-Ah bueno… es que – titubeaba, sonrojada, muy apeada
-¡No ni me digas! ¡Si ya sé por qué! Cuando vi que eran las dos de la madrugada y tú no volvías fui a la habitación de los chicos. Charlie me aseguró que estabas con Terry así es que llamó a la recepción del hotel para saber si había otra reservación a nombre de Terry ¡Y mira nada más! ¡Salen con que sí! ¿Te costaba mucho avisarme que no llegarías?
-Lo siento Annie, es que todo fue tan… de repente y
-Jajajajaja – reía la chica a carcajadas - ¡Es broma Candy! Estoy tan alegre por ti… y dime ¿Terry y tú…? – preguntó, insinuante
-¡Annie! – Respingó sonrojada – te platico después – aseguró al voltear a su alrededor y notar que todos sus compañeros se aglomeraban allí para hacer los siguientes planes.
-Eso quiere decir que sí – brincaba emocionada
-¡Annie! Compórtate, no quiero que todo el mundo se entere
-Me tienes que contar detalles
-¡Sí, sí! Después
Salieron entonces a la avenida. Esta vez visitarían una playa distinta, por lo que abordaron los autos y emprendieron la marcha. En una hora aproximadamente llegaron a su destino.
Era una playa gigantesca. No se le veía el fin de extremo a extremo. Todo alrededor era precioso. Las olas en esa playa eran más agresivas, y no tardaron en notar de inmediato a muchos surfistas haciendo obras de arte en esas olas.
Llegaron todos a un restaurant que ofrecía una generosa vista a la playa. Pidieron una enorme mesa para veinticinco personas para así disfrutar todos a gusto del desayuno, que consistió en una gran variedad de mariscos, pero Terry, por su vegetarianismo, desentonó en todo, causando las burlas de algunos de sus compañeros, pero al ver que al chico no le importaba en absoluto, lo ignoraron.
Por supuesto, todos se veían muy contentos pero el principal tema de conversación eran Candy y Terry.
Al escuchar sus nombres, ellos voltearon a ver a todos sus compañeros con interrogantes en el rostro.
-Sí, ustedes – dijo Archie – se desaparecieron toda la noche ¿Por qué será? ¡Auch! – se quejó al recibir un puntapié de Annie, para indicarle que dejara de ser un entrometido
-¿Pues porque será? – exclamó Charlie, sonriente
-Les rogaría que cambiaran el tema de conversación – exclamó Terry al notar que Candy se sentía muy incómoda – si no quieren que les arruine a todos las vacaciones – sentenció con un brillo especial en la mirada que les hacía notar a todos lo realmente molesto que estaba
Entonces todos se apenaron y quedaron callados. Neal fue entonces quien decidió rescatar el momento.
-Oigan, por cierto, Charlie perdió una apuesta anoche
Muchos de los presentes se mostraron muy interesados entonces.
-¡Es verdad! – Exclamó Archie – ¡No sabes jugar póker! Así es que tendrás que cumplir la apuesta
-¿Qué apostaron? – preguntó Annie
-Correría desnudo en la playa – aseguró John, el hermano de Charlie, a las grandes carcajadas
Y entonces, fue inevitable que los demás presentes también estallaran en risas.
-A mi no me apenaría nada – aseguró Charlie – pero pobrecitos de ustedes que realmente se quieren asustar
-¿Con tus miserias? – preguntó Archie
-¡Ya quisieras!
Entonces se enfrascaron en unas ridículas bromas de hombría, en las que las chicas se aburrieron y decidieron terminar rápidamente sus alimentos para ir de inmediato a correr por la arena.
Fue toda una semana agotadora, pero fantástica.
Cada día los chicos se esmeraban en buscar recorrer los mejores lugares en Florida. Todos los días realizaban actividades distintas, pero en su mayoría, el escenario protagonista era una playa.
Pasaron los días demasiado rápido para todos. Nadie quería que se terminaran las grandiosas vacaciones, pero no podían impedirlo.
Terry y Candy, como cada noche, se escabullían un rato en alguna playa para caminar o simplemente recostarse.
Faltaban ya solo dos días para que la aventura terminase. Todos regresarían al congelante clima de chicago a seguir con sus vidas.
Mirando hacia el horizonte, admirando a las estrellas, ambos novios se regalaban afecto y compañía.
Desde aquella primera noche que pasaran juntos, Candy ya jamás había tocado ese delicado tema que la perturbaba tanto.
Y para satisfacción de ella, Terry no había hecho tampoco algún comentario. No porque le incomodara el tema o no le importara, sino porque sabía que era un asunto muy fuerte que de no ser tratado con la delicadeza adecuada, el estado emocional de ella se vendría completamente abajo.
Candy siempre estaba sonriente y alegre, pero de vez en vez, Terry notaba que ella se quedaba en silencio, observando un punto fijo y entristeciendo su mirada, sin razón aparente.
Él se prometió a si mismo llenarse de paciencia para ayudarla. Si bien era cierto, ella se veía feliz, la realidad era que ese suceso en su vida la había marcado a tal grado de perder de repente la razón, como sucedió en esa primera noche.
Recordó entonces, cuando Terry encontró a Anthony conversando con Candy, que ella le contó varios detalles de su relación con él.
Pero no recordaba que le contara algo respecto a la intimidad que compartía con su ex novio.
Si Anthony era su pareja en aquel entonces que sucedió eso tan cruel ¿Por qué no se apoyó en él? O dicho de otra manera ¿Él nunca habría hecho el intento de apoyarla?
Terry pensaba a menudo sobre ello. Planeaba hacer algo al respecto una vez que terminaran las vacaciones.
La semana entrante irían a Houston a visitar a la madre de ella, por lo tanto, Terry no deseaba aún comentar nada ni hacer nada hasta que viera a su mamá.
Ya una vez volviendo a las rutinas normales, se encargaría de ello, de apoyarla, de brindarle toda la ayuda necesaria para que la chica supere aquél fatídico suceso que la ha dejado tan mal.
Continuará…
