Los personajes de Twilight no me pertenecen, y la historia tampoco, es de Cella Ella; solo me adjudico la traducción, la cual la hago con el respectivo permiso de la autora.

Por favor, colocar, si gustan, el link de la canción que aparece en medio del capítulo, aumenten el youtube al inicio, es para ambientar la escena, no se arrepentirán ;)

¡Disfrútenlo!


Capítulo 11 — El accidente

El día pasó con su monotonía de siempre, las clases más aburridas que nunca. Mi cabeza estaba que explotaba por culpa de haber comenzado el día como comenzó. Edward estaba cada vez más emocionado, no veía la hora de que llegara la cena y el ánimo de Edward solo hacía a mi dolor empeorar, estaba tensa con toda esta historia.

En la hora del receso me senté en la mesa de siempre, con mis amigos extraños y con Edward. Ángela y Mike ya estaban empezando a acostumbrarse a la presencia de Edward y eso me dejaba más tranquila.

Alice no comentó el hecho de que su hermano haya pasado la noche fuera de casa y agradecí a los Cielos por eso. Ya era bastante presión por hoy.

En la hora de la salida hui de todos, queriendo ir a casa lo más rápido posible, mi dolor de cabeza estaba insoportable y necesitaba mejorarme para la cena de más tarde. Edward me siguió y cuando iba a entrar en mi camioneta me detuvo, sus ojos demostraban preocupación.

—¿Algo va mal, Bella? —preguntó y suspiré, demasiado exhausta como para mentir.

—Solo un terrible dolor de cabeza, Edward —dije, cerrando los ojos, masajeando mis sienes.

—Entonces no puedes conducir, Bella. Vamos, te llevo a casa —siseó, quitándome de las manos las llaves de la camioneta.

Estaba demasiado débil como para replicar, por eso acepté de buena gana cuando Edward me acomodó en el asiento del copiloto en su Volvo.

—Bella, no estás fingiendo toda esta historia del dolor de cabeza solo para retrasar la cena, ¿no es cierto? —Edward preguntó cuándo ya habíamos salido de la escuela.

Lo miré con odio, haciendo que una punzada de dolor atravesara mi nuca.

—¿Será que soy tan infantil hasta el punto de que pienses que tendría una actitud como esa, Edward? ¡Y claro que no quiero la maldita cena hoy en la noche, pero de ahí a inventar una idiotez de esas, es demasiado! —gruñí, llevando las manos a mi nuca. Necesitaba de un baño caliente lo más rápido posible.

Edward se mordió el labio, reconsiderando.

—Está bien, fue una idiotez pensar que actuarias de esa manera. Discúlpame —susurró y solté un largo suspiro; todo lo que más quería en ese momento era llegar a casa.

—Uhum —gruñí, mis ojos perdidos en el paisaje que pasaba a nuestro alrededor.

Llegamos a casa unos cinco minutos después y salté del carro enseguida, necesitaba tomar una tableta, ya no soportaba más ese maldito dolor de cabeza. Edward no me siguió y lo agradecí mentalmente cuando vi al Volvo saliendo de mi calle.

Tomé dos aspirinas de una sola vez y me arrastré hasta mi cuarto, me zambullí entre las cobijas, apreciando el silencio que estaba instalado en la casa.

Me desperté unas tres horas después, sintiéndome mejor. Tomé un baño caliente, sintiéndome otra, lista para enfrentar la larga noche. Bajé y fui hacia la cocina, moviéndome para preparar la cena. Media hora después, estaba con la lasagna lista y las hojas para la ensalada lavadas y separadas.

Fue en ese momento que el teléfono sonó. Era Charlie, preguntando por si Edward cenaría con nosotros.

—Sí, papá, ya estoy alistando todo —informé mientras arreglaba las hojas para la ensalada.

—Está bien, Bells, estaré en casa a las 7 —Charlie dijo y en seguida colgué el teléfono.

Limpié la cocina y le di una general a la casa, completamente dispuesta, y el dolor de cabeza había desaparecido completamente. A las 6 subí al cuarto, a decidir que usaría. Me tardé media hora para escoger un pantalón negro y una blusa azul de cuello alto. Unas sandalias de taco alto combinaban muy bien.

Tomé mi celular y decidí llamar a Edward.

—Hola, amor. ¿El dolor de cabeza pasó? —preguntó apenas atendió el teléfono.

—Hum… sí, ya me pasó, Edward. Gracias —dije, sentándome en mi cama, aturdida con el sonido de su voz. Era increíble como Edward tenía el poder de afectarme, por menor que fueran sus actitudes.

—¿Todo listo para la cena? —Edward inquirió y di un largo suspiro, colocando mi mano sobre mi barbilla.

—Sí, creo que está todo listo, sí —gruñí, sin ánimo.

Edward percibió el cambio en mi tono y comentó:

—No te preocupes, Bella. Va a ir todo bien, confía en mí. Además de eso, Alice se auto invitó para cenar. No vas a estar sola, amor. —Solté una risita al oírlo decir eso.

Alice, siempre Alice. Tenía que agradecer mucho a Dios por ella haberme escogido como amiga.

—Está bien, Edward, ahora necesito colgar, tengo algunas cosas que hacer. Nos vemos más tarde —sisee y colgué el teléfono, ahora más tranquila.

Por lo menos Alice estaría de mi lado y no me dejaría meter la pata de ningún modo.

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A las 7:30 bajé y encontré a Charlie sentado en el sofá, bañado y cambiado de ropa. Papá estaba bastante elegante, parecía que la ocasión era bastante formal. Eso solo aumentó el malestar en mi estómago.

Charlie sonrió apenas entré en la sala.

—Uau, Bells, estás linda —murmuró y sonreí, sentándome a su lado.

—Gracias papá. Usted también está muy guapo —sisee y Charlie tocó mi cabello, acariciándome gentilmente.

—Elogio de hija no vale —papá bromeó y me reí.

—Igualmente.

En ese momento el timbre sonó y miré el reloj encima de la mesa de la sala, ocho en punto. Tenía que admitir: Edward era irritantemente puntual.

Me levanté, alisando mi pantalón, intentando limpiar el sudor de las manos, y me dirigí a la puerta.

Me llevé un susto al verlo, su apariencia era fantástica, con esa ropa negra que realzaba aún más sus ojos de un azul tan singular. Las manos de Edward traían un lindo ramo de rosas blancas; en el rostro, la sonrisa torcida de siempre. No pude dejar de hiperventilar frente a esa visión. Era demasiado perfecto.

Alice estaba linda, como siempre, su impecable cabello puntiagudo, su vestido simple, pero muy elegante. Le sonreí agradecida.

—¿Amor, ya te dije que te ves fabulosa de azul? —Edward preguntó al entregarme las rosas.

Sentí mi rostro arder, pero solté una risa débil, intentando disfrazar cuán agitada me dejaba.

—Gracias. También te ves lindo todo de negro. —Me voltee hacia Alice y murmuré—: tú también, Alice, ¡estas fantástica!

Alice retribuyó el elogio con una ancha sonrisa, una sonrisa que me recordaba a Edward en algunos aspectos.

Charlie apareció en el momento en el que Alice y Edward entraban en la casa.

Respiré profundo y tomé la mano de Edward, conduciéndolo hasta donde estaba Charlie.

—Papá, me gustaría que conocieras a Edward —murmuré, intentando no demostrar lo nerviosa que estaba—. Edward, este es mi papá, Charlie.

Edward extendió la mano para Charlie, quién la recibió educadamente.

—Jefe Swan —dijo Edward, su voz era muy formal—. Soy Edward Cullen, novio de Bella. Me gustaría decirle que estoy muy honrado con la invitación para cenar esta noche.

Charlie evaluó a Edward atentamente y yo estaba viendo las flores que estaban por desmoronarse, por la fuerza que hacia al sostenerlas.

—Es un placer conocerte, Cullen. Sé bienvenido a mi casa —Charlie siseó, su voz era seria, pero su rostro era sereno.

Edward sonrió y después murmuró:

—Gracias, Jefe. Estoy muy feliz con eso. —Se acercó a Alice y ella sonrió hacia Charlie.

—¿Cómo vas, pequeña? —Charlie preguntó mientras abrazaba a Alice cariñosamente. Mi papá adoraba a Alice y sabía que era mi mejor amiga.

—Todo bien, Charlie —Alice dijo, aun sonriendo.

Charlie me miró curioso al ver que estaba demasiado callada.

—Pronto, Bells, nadie murió, ¿lo ves? Ahora para de masacrar a las pobres flores y ve a ver si la cena está lista —Charlie bromeó y me sonrojé, avergonzada.

¿Había acabado? ¿Solo era eso? ¡Oh mi querido Dios, gracias por haberse acabado!

Alice me empujó hacia la cocina mientras Edward seguía hacia la sala, al lado de Charlie, que estaba viendo algún juego de baseball que pasaban en la TV.

—¿Viste, amiga? ¡Salió todo bien! —Alice sonrió, quitando las flores de mis manos, colocándolas en un jarrón lleno de agua.

Me pasé las manos por el cabello, sonriendo, todavía nerviosa.

—Ay, Alice, que bueno que viniste, no sé qué sería de mí sin ti aquí —confesé, mirándola con gratitud.

Alice sonrió y me abrazó cariñosamente.

—De nada, amiga, sabía que te iba a dar pánico, por eso decidí venir —dijo mientras yo abría el horno y sacaba la lasagna caliente, sin guantes de protección.

Alice me empujó hacia atrás, mientras se colocaba los guantes y sacaba la lasagna.

—Aun no estás bien, ¿eh, Bella? por poco te quemas —Alice siseó, colocando la lasagna encima de la mesa, que ya estaba arreglada.

—Sí, Alice, necesito de un tiempo para digerir todo esto. —Suspiré mirando hacia la sala, donde Edward y Charlie conversaban sobre el juego, como si fuesen viejos amigos.

—Qué bueno que se lleven bien, Bells —Alice comentó, colocando la ensalada en la mesa.

—Demasiado bien —murmuré, limpiando la barra con la toalla de mesa.

¿Pero que quería al final? ¿No era mejor que Charlie y Edward se hubiesen llevado bien? ¿O aún tenía la esperanza de ver un ataque de celos de Charlie por culpa de mi novio?

La verdad es que estaba empezando a creer que había sido demasiado fácil y la vida me había enseñado a nunca creer en que las cosas eran demasiado fáciles.

Alice tocó mi hombro, como si hubiese leído mis pensamientos.

—Por lo menos una vez fue fácil. Merecías eso. —Alice enseguida corrió hasta la sala, anunciando que la cena estaba servida.

"Por una vez en la vida" pensé, sonriendo al ver a Charlie y Edward conversando amigablemente mientras se dirigían a la cocina.

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Tiempo después…

—Uau, Bella, no parece que tú y Edward empezaron a salir hace tres meses —Alice comentó y la miré sorprendida.

Tres meses.

El número me despertó hacia un hecho: yo, Isabella Swan, era de novia de Edward Cullen hace tres meses. No pude dejar de sonreír.

Las personas ya se habían acostumbrado a mi noviazgo con Edward, o mejor, casi todas las personas. Jessica aún no había superado la patada en el trasero que se llevó de Edward. Y lo peor: la rubia tonta moría de rabia por haber sido cambiada por mí, la extraña.

Las personas hablaban por los corredores sobre mi noviazgo con Edward, pero eran pocas las charlas, algunas se trataban del tiempo que llevábamos juntos. Edward no tenía fama de salir por más de un mes con una chica.

Estábamos en la salida de la escuela, estaba esperando a Edward en el estacionamiento, con Alice a mi lado, era el día de él de llevarme a casa. Pero Edward se estaba demorando demasiado, hace casi quince minutos que habíamos salido de clases y él desapareció de repente.

—¿Alice, viste a Edward? —pregunté mientras ella se despedía de Jasper, el nerd del que ella estaba enamorada.

Los dos estaban casi enganchando un noviazgo, el chico finalmente tuvo el coraje de declarársele hace algunas semanas atrás. Alice estaba en las nubes y todo de lo que ella lograba hablar era sobre cómo Jasper era bueno, cómo era de gentil. Edward adoraba imitar a su hermana suspirando por las esquinas. Confieso que hallaba gracioso todo eso, pero Alice no.

—Bella, Edward estaba atrás de nosotros, ¿no es cierto? —Alice respondió, volteándose a prestarme atención, ahora que Jasper se había ido.

La miré confusa. ¿Dónde se había metido Edward?

Regresé a la escuela, ya me quería ir a casa y Edward se estaba demorando. La verdad es que debía estar hablando babosadas con esos, sus amigos idiotas.

Sí, el todavía conversaba con algunos, pero era cuando yo no estaba cerca.

Los corredores de la escuela estaba vacíos y vaguee, buscando a Edward. Me congelé al oír la conversa que se hacía eco por el corredor que llevaba a los vestidores femeninos. No podía ser.

—Ay, Edward, deja de hacerte el santo. Ayer en la fiesta de Daniel bien que te gustó besarme, ¿por qué no ahora? —Jessica decía, su estridente voz llegaba a mis oídos, irritándome inmediatamente.

—Jessica, cállate… —oí a Edward decir y las piernas me temblaron.

¿Cómo es eso? ¿Edward se había besado con Jessica la noche anterior?

Sabía que él había ido a una fiesta en la casa del idiota de Daniel, pero me había dicho que era una fiesta de solo chicos, una especie de club Masculino. ¿Desde cuándo Jessica hacía parte de ese club Masculino?

Me controle para no tirarme encima de esa rubia desabrida, necesitaba oír el resto de esa historia.

—Jessica, eso fue un error, fue solo un beso, estaba ebrio y tú también. —Sentí mi pecho apretarse al oír la voz de Edward.

¿Entonces era verdad, se había besado con Jessica? No podía ser, él no haría eso conmigo. Sentí mis ojos arder a causa de las lágrimas, mi cabeza daba vueltas y más vueltas.

—Jessica, yo… —Edward paró de habar apenas aparecí en el corredor, mi rostro era una máscara impenetrable, ahora necesitaba ser más fuerte que nunca.

Jessica sonrió al verme y cerré las manos en puños, luchando para no quebrarle todos los dientes a esa chica insoportable.

Ella se acercó lentamente a Edward y susurró:

—Bien, nos vemos más tarde, Edward. —Pasó a mi lado y evité mirarla, mis ojos estaba clavados en Edward. Él iba a pagar caro por todo lo que estaba haciendo conmigo.

Apenas nos quedamos solos Edward intentó comenzar:

—Bella, yo… —Lo detuve, haciendo un gesto para que parara.

—Ni una palabra, Edward. Ya oí lo que tenía que oír —sisee, intentando no mirar para esos malditos ojos.

—Bella, necesitas escucharme. No pasó nada, eso fue un engaño de Jessica —Edward dijo, su voz era suplicante. Eso solo sirvió para dejarme aún más irritada.

—Cállate, Edward. ¡Por todo lo más sagrado, calla esa mierda de boca! —gruñí, bufando de odio.

—Bella, necesito que me escuches… —pidió, pero lo interrumpí, apuntando a su cara con mi dedo.

—¿Para entender qué? ¿Qué de la nada sentiste las ganas de toquetearte con tu ex novia, y me quieres convencer que está todo bien? ¿Quién piensas que soy, Edward? —escupí esas palabras, mi quijada estaba temblando y luchaba para no dejar que las lágrimas cayeran.

No lloraba en frente de otros, nunca. No le iba dar el gustito de verme humillada de esa manera.

—Bella, por favor, escúchame —Edward imploró, asegurándome por los hombros.

Me aparté con rabia, gritando para ver si lograba apartar la punzada que atravesó a mi corazón.

—No quiero escuchar nada, Edward. ¡Continúas siendo un idiota, exactamente como esos, tus amigos gilipollas! Desde cuándo crees que está bien jugar con los sentimientos de los otros, ¿me dices? Eso fue cruel, pero siempre supe que me iba a arrepentir de haber aceptado ser tu novia, ¡sabía que iba a terminar en mierda! —gruñí, dando un golpe al aire.

Estaba con odio, pero era conmigo misma. Lo amaba e intenté creer que él me amaba de la misma manera, pero sabía que en el fondo solo me estaba engañando a mí misma, con toda esa payasada de cuentos románticos.

—Bella, no pasó nada entre Jessica y yo, ¡escúchame, por el amor de Dios! —Edward gritó y me carcajee, irónica.

—Hace unos momentos atrás confesaste que habías besado a Jessica, Edward. ¿O vas a negar en mi cara que dijiste eso? —solté, mi voz estaba transformada por la furia.

Edward me miró por un buen tiempo, intentando hallar las palabras. Pero no tenía nada que decir. Estaba en lo cierto: él era una canalla y siempre lo supe. Desde siempre.

—¿Lo estás viendo? ¡No tienes cómo mentir, porque sabes que es verdad! Ahora respóndeme, ¡¿cómo puedo creer que no te acostaste con Jessica si acabaste de confesar tu culpa?! —pregunté, sollozando sin lágrimas. "Aguanta firme, Bella, ya va a acabar" pensé, respirando hondo.

Edward se mordió el labio, sus ojos miraban a la nada.

Silencio. Era todo lo que teníamos ahora. El más absoluto silencio.

—Bella, vamos a resolver esto bien, si no quieres ser más mi novia, dame por lo menos la oportunidad de explicarte todo esto, por lo menos déjame ser tu amigo —Edward intentó una vez más, y me limité a lanzarle una mirada malhumorada, la rabia creciendo dentro de mí.

—¿Amigos? ¡Nunca, Edward! Regresamos al punto de donde partimos. Regresas a ser mi enemigo —disparé furiosa.

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Gravity — Sara Bereilles

De pronto, me atrapé diciendo cosas que no debía. Pero las palabras se escurrían de mi boca sin que tuviera tiempo de colocarlas de vuelta.

—Y-yo n-no puedo ser tu amiga, Edward, porque no sé cómo ser tu amiga. Solo sé ser tu enemiga, o entonces… amarte —sisee y Edward me lanzó una larga mirada, sus ojos estaban llenos de lágrimas.

En ese momento una lágrima traicionera rodó por mi rostro, tomándome de sorpresa.

—Bella. —Edward se acercó, asegurándome—. ¿Amor, estás llorando? —preguntó, su voz estaba cargada y me di cuenta que también estaba llorando. ¡Qué gran actor era!

Me aparté de él, con enojo, mirándolo de arriba abajo. La lágrima ya se había secado en mi rostro y reí, burlándome.

—¿Llorar? ¿Por ti, por casualidad? —cuestioné, mirándolo con rabia—. Ni en un millón de años —dije y me aparté de él. Ya sentía el llanto querer invadirme, por eso necesitaba salir de allí lo más pronto posible—. Crúzate nuevamente en mi camino y juro que te rompo la cara —amenacé, intentando irme, pero Edward me detuvo, obligándome a mirarlo.

—¿Bella, acabas de decir que aún me amas y quieres que te deje ir? —Edward inquirió, las lágrimas inundando sus lindos ojos azules.

—¡Déjame en paz, Edward! No quiero verte nunca más. ¡Desaparece de mi vista! ¡Fuera de aquí! —dije con rabia. Él necesitaba dejarme ir.

De pronto, Edward se apartó, sus ojos estaban cargados de rabia y decepción. Se giró y se alejó de mí, caminando lo más rápido posible.

En cuestión segundos me encontraba completamente sola en el corredor, ahora silencioso. Fue ahí que me di cuenta de lo que había dicho. ¿Estaba loca o qué? No quería que Edward se fuera, mucho menos quería que me dejara.

Las lágrimas me abrumaron, haciéndome sollozar y tiritar como una niña miedosa.

Era increíble cómo un millón de años pasaban tan rápido.

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Edward's POV

Salí de la escuela furioso, mi mente estaba nublada por la ira, todo lo que más quería era ir a casa.

¿Quién pensaba que era Bella para decirme todo eso? ¿Por qué no creía ninguna palabra de lo que le había dicho?

Estaba con odio, hacia mí y Bella, más hacia mí que a ella. La verdad es que no creía aún que había terminado nuestra relación por una bestialidad como esa. ¿Será que Bella no podía confiar en mí? ¿Será que aún pensaba que estaba queriendo jugar con ella, aún después de todo lo que ya hice, intentando probar que era ella quien me gustaba?

Había estado con Jessica, pero fue solo un beso, estaba ebrio y ella se aprovechó de eso. Mientras tanto, Bella prefirió creerle a Jessica que a mí.

Encontré a Alice recostada en mi carro, impaciente. Apenas me vio comenzó:

—¿Edward, dónde estabas? Bella está como loca… —No dejé que completara la frase, no quería oír nada más y a nadie.

—¿Alice, me haces el favor de callarte y entrar al carro? Estoy con prisa —gruñí, ya dentro del carro.

Alice me miró asustada y al mismo tiempo confusa.

—¿Edward… y Bella? —preguntó. Recosté la cabeza en el volante, intentando controlar mi rabia.

—Entra al carro, Alice, o te juro que te dejo sola —dije entre dientes.

Alice no tenía nada que ver en mi pelea con Bella, pero me estaba irritando con todas esas preguntas. Entró en el carro y apenas cerró la puerta salí a alta velocidad, mis manos estaban firmes en el volante, como si quisiera enterrarlas ahí.

Alice me miraba atónita.

—¿Edward, qué pasó contigo? —preguntó, su voz estaba preocupada.

Di un largo suspiro y no desvié los ojos de la carretera al hablar.

—Bella terminó conmigo —gruñí, muy malhumorado.

Alice se quedó boquiabierta y comenzó:

¿Terminó? ¿Cómo así que terminó, Edward? ¿Qué hiciste? —chirrié los dientes apenas oí el tono de censura en la voz de mi hermana.

—Ah, sí, ahora hasta tú vienes a acusarme. Soy un idiota por intentar hacer lo correcto y, cuando comento un error, por menor que sea, ya me mandan a la mierda. ¡Estoy cansado de eso, Alice! —exploté gritando.

El velocímetro indicaba que íbamos a 100 km/h

Alice se puso nerviosa al verme alterado y dijo:

—Calma, Edward, estás manejando, intenta calmarte.

Di un largo suspiro, comenzando a reducir la velocidad del carro. Pero en el segundo siguiente el carro patinó con alguna cosa y giramos por la carretera. De repente, el mundo pasó delante de mis ojos, de forma lenta y perezosa.

Un último pensamiento se me ocurrió: Bella, necesitaba disculparme con ella, hacer que me escuche, necesitaba decirle que la amaba y cuán idiota había sido con toda esta historia.

Y después, el carro se chocó contra un poste y me hundí en la más profunda oscuridad.

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Bella's POV

Me desperté con el timbre estridente del teléfono, sintiéndome más desorientada que nunca. Apenas llegué a casa me había tomado dos tabletas de analgésicos, estaba más destruida que nunca. Edward no podía haber hecho eso conmigo, él no tenía derecho de herirme de esa forma.

Salí de la cama, cogiendo el teléfono que insistía en timbrar.

—Aló. —Mi voz era apenas un hilo.

—Bella, es tu papá. Querida, necesito hablar una cosa contigo —Charlie dijo, su voz estaba nerviosa y eso inmediatamente me dejó en alerta.

—¿Q-qué pasó? —pregunté, sintiendo ya una punzada de dolor en el pecho.

—Pasó un accidente, Bells. Un accidente con Edward y Alice —Charlie murmuró y de repente sentí a todas mis fuerzas siendo removidas.

No, no, por favor, Edward no sería tan idiota de haberme hecho eso, él no sería capaz de haberme dejado de esa forma.

Dejé que el teléfono cayera al suelo y salí corriendo hacia mi cuarto, no me importaba más nada. Necesitaba verlo, necesitaba saber si Edward estaba bien, si se había lastimado. ¿Y Alice? ¿Cómo estaba ella? ¡Ah, Dios Mío, protégelos!

Me demoré un siglo para encajar la llave en el contacto de mi carro, las lágrimas me cegaban y rezaba para llegar al hospital entera. Apenas llegué empujé las puertas de la entrada, de forma un poco exagerada, reflejo del dolor en mi pecho, que era insoportable, y que me golpeaba, dejándome sin aire.

Me encontré de frente con Esme, quien estaba inconsolable. Apenas la vi, di salida a todo el dolor que me abrumaba, por primera vez llorando, sin importarme ser débil. Esme me abrazó fuerte y lloramos en silencio.

—¿Esme… como están ellos? —pregunté, limpiándome las lágrimas, conteniendo un sollozo.

Esme sorbió la nariz y después murmuró, su voz cargada de dolor:

—Alice… ella, ella está en coma. —Al pronunciar esas palabras lloró aún más y sentí el dolor otra vez abrumarme.

Alice no, ella no merecía eso. ¡Dios, no dejes que mi amiga muera!

Pasé las manos por mi cabello, desesperada y limpié mis ojos con la manga de la camisa.

—¿Y… y Edward? —pregunté, temiendo la respuesta.

Esme tembló un poco, luchando contra el dolor al hablar:

—Él e-estaba aquí hace poco. Edward solo sufrió algunos arañazos, Bella, ya fue dado de alta. —Al oír eso no pude dejar de sentir un alivio, apenas una parte del peso siendo quitado de mi corazón.

Miré a Esme con determinación y dije:

—Voy por él, Esme. Edward me debe necesitar. —Ya me dirigía hacia afuera del hospital.

De pronto, todo lo que había vivido esa tarde, todo parecía muy distante. Y ahora, era sin duda, más importante que antes.


Cella, MUITO OBRIGADA


Hasta aquí llego, por hoy :D

:( el accidente estuvo feo :S y más en este momento, peleados u.u pobre Edward, pobre Bella… Alice…

¿Qué opinan? ¿Qué les pareció el capítulo? Espero con ansias sus comentarios.

Gracias infinitas por los favoritos, alertar, visitas clandestinas a leer, reviews :3 una forma de pago genial.

Nos leemos pronto.

Beijos

Merce