La historia y los personajes no me pertenecen, es una adaptación del libro "La Bella de la Bestia" de Hannah Howell con los personajes de Naruto de Masashi Kishimoto.
Capítulo 10.
Gritos de bienvenida resonaron a lo largo y ancho de Uzushiogakure. De repente se desató una actividad frenética. Pero Hinata no se sorprendió al oírlo, pues sabía que Naruto había regresado. Había pasado demasiadas horas asomada a la ventana de la torre, desde donde lo vio llegar. Con lentitud, caminó hacia el vestíbulo para saludarlo. Con cada paso que dio se fue armando de la fortaleza necesaria para saludarlo con dignidad fría y distante. Lo había echado de menos mucho más de lo que esperaba y deseaba. Cada noche se le acabó haciendo eterna. Tuvo que llenar sus días de trabajo, porque de lo contrario el tiempo transcurría con demasiada lentitud. Naturalmente, no quería que Naruto lo supiera, o, por lo menos, prefería que de momento no se enterara, pues saberlo le daría una ventaja que sin duda el marido utilizaría de inmediato. Naruto la había herido, y ella pretendía que, como mínimo, se arrepintiera y prometiese enmendarse. No podía permitirle que pensara que tenía derecho a tratarla de esa manera y después comportarse como si nada hubiera cambiado. Si dejaba que eso sucediera, podría pasarse la vida soportando los dolores infligidos por su marido. Dudaba que él quisiera una esposa que tolerara esos desplantes, una esposa tan débil y tan falta de orgullo. La verdad era que el tiempo había atenuado la intensidad del dolor.
Paradójicamente, gracias al dolor había llegado a entender mejor las cosas. Lady Shion había dejado en Naruto una cicatriz profunda y Hinata sospechaba que a lo largo de los años otras mujeres hurgaron en la herida. Sin embargo, se sentía profundamente insultada porque él la comparase con su antigua amante, aunque estaba dispuesta a comprender que sintiese desconfianza. Podía y quería perdonarle, pero tenía que encontrar una manera de cambiar su forma de pensar.
Después de repasar mentalmente una y otra vez lo sucedido, ahora creía verlo con mayor claridad. Entendía la reacción de Naruto al verla tumbada debajo de Taruho: una profunda consternación se había reflejado en su rostro. Estaba segura de que, por un breve instante, había mezclado el pasado con el presente, y había visto a Shion y el ridículo que lo abrumara años atrás, en lugar de verla a ella y hacerse cargo del ataque del que era víctima. Su marido, en fin, se cegó en el momento menos oportuno, y por ello dejó de cumplir con su deber.
También era preciso considerar el largo tiempo que estuvieron separados. ¿Cómo lo había pasado Naruto? ¿Habría sucumbido otra vez a los encantos de Shion? ¿Al irse, cedió terreno y entregó a su marido a esa víbora? Hinata quería pensar que él era demasiado inteligente como para caer víctima de esa mujer de nuevo, pero la torturaba el hecho de que nunca le había dicho que ya no la amaba.
Muchas veces había oído que el tiempo lo curaba todo, y aunque su dolor era menor, en efecto, por el simple paso de los días, dudaba que estuviese realmente curada.
—Naruto ha regresado, Hinata.
La joven dama sonrió débilmente a Sakura, que estaba de pie en la parte de abajo de la escalera, con Natsu, que parecía igual de preocupada que ella. Respondió con frialdad.
—Ya me lo imaginaba.
—Entonces, ¿qué piensas hacer?
—Saludar a mi marido, como lo haría cualquier esposa cumplidora de su deber.
—Ay, Hinata.
—Sakura, sé que predicas el perdón. Es verdad; lo has hecho un día sí y otro también. Pues bien, estoy dispuesta a perdonar. Sin embargo, no se lo voy a poner fácil, no me echaré a sus pies. Lo que pasó no fue una nimiedad, no fue una pelea sin importancia. Se quedó sin hacer nada mientras intentaban violarme. Es cierto que ahora puedo entender las razones, pero eso sólo atenúa un poco el insulto y la sensación de traición. Piensa en lo que te digo: si me comporto como si nada hubiera sucedido, le restó importancia a su abominable comportamiento. Además, si él no viene con intención de enmendarse, sufriría más de lo que he sufrido, y me destruiría por dentro. No, Sakura, Naruto debe pedirme disculpas por lo menos, o con seguridad esta unión no tendrá futuro. —Terminó de bajar las escaleras—. También me gustaría que me diera una explicación, aunque entendería que no me diera ninguna. Puede ser que él mismo no entienda bien lo que pasó. —Hizo una pausa a una distancia prudente de la puerta, y después reanudó el discurso—. No voy a faltar a mis obligaciones como esposa, nunca me rebajaría de esa manera, que equivaldría también a avergonzar a mi familia. Sin embargo, si Naruto quiere algo más que frías obligaciones de este matrimonio, tendrá que enmendarse. —Luchó contra la tentación de suavizar su postura, de eliminar la dolorosa preocupación que se hacía evidente a los ojos de su prima—. Estaba pensando una cosa, Sakura...
— ¿Qué pensabas?
—Pues que tal vez la mejor cura para la herida de este matrimonio sea una buena sangría. —Sonrió irónicamente cuando vio que sus palabras habían incrementado la alarma en la expresión de Sakura.
— ¿Qué quieres decir? —preguntó su prima con un evidente tono de angustia.
Pero no hubo tiempo de que Hinata respondiera, pues Naruto y Sasuke entraron en el recinto en ese mismo instante. La joven esposa sintió que su corazón daba saltos de alegría y bienvenida, pero se controló y fue, impasible, a saludar a su marido. Sus pensamientos tomaron rápidamente un tinte carnal. Las cosas no podían seguir el curso que ella quería si se dejaba afectar tanto por la mera presencia de su hombre.
Tenía que apagar drásticamente el deseo que sentía. De lo contrario, Naruto lo intuiría, como siempre había hecho, y eso malograría todos sus planes. Hinata caminó hasta su marido y le ofreció la mejilla cuando él se inclinó para besarla.
—Saludos, marido. Y para ti, sir Sasuke. Su llegada es un poco sorpresiva, pero estoy segura de que ya están preparando las cosas para ustedes en el aposento. Cuando estén listos, se les servirá la cena. —Para sus adentros, Hinata se felicitó a sí misma por haber logrado un aire tan distante, cortés y digno.
—Gracias, mi señora —murmuró Sasuke, puesto que Naruto se había quedado paralizado y no podía hablar.
—Ah, Bek —llamó Hinata al chico cuando lo vio aparecer de improviso en el vestíbulo—, ¿serías tan amable de ayudar a tu padre y a sir Sasuke? Han preparado el baño para ambos en la habitación de sir Sasuke. Mientras tanto, iré a ver cómo va la cena. —Se apresuró a salir del recinto, temerosa de derrumbarse y que su fingimiento quedara al descubierto. Tenía que mantenerse firme hasta el final.
—Hola, Bek. —Finalmente Naruto logró hablar mientras seguía a su hijo escaleras arriba.
—Hola, papá. ¿Estás furioso conmigo porque me fui? —Bek miró con timidez a su padre.
—No. En el séquito real había muchos pajes, y los usé a ellos.
—Qué bien. Ella necesitaba que me quedara a su lado.
Naruto no pudo encontrar una respuesta adecuada a esa afirmación, así que se limitó a guardar silencio hasta que entraron en la habitación de Sasuke, donde habían preparado dos bañeras, una al lado de la otra, frente a una enorme chimenea. Naruto despidió secamente a las doncellas, y luego Bek los ayudó a quitarse la armadura.
Finalmente, despidió también al muchacho, pero más gentilmente.
—Definitivamente, sopla un viento helado por estos lares —murmuró Naruto mientras se metía en la bañera humeante.
—Sí, yo también he sentido ese aire. —A su vez, Sasuke se sumergió en su bañera, exhalando un suspiro de placer.
—Y yo me quedé paralizado como un buey estúpido. No pude emitir ni un solo sonido.
—Hinata todavía está aquí, Naruto. Ya es algo. Bien podría haberse ido a la casa de sus padres.
—Sí, aunque es difícil discernir qué significa eso. Parece tan tiesa, tan cortés...
Ella nunca se había comportado de esa manera.
—Al menos sigue estando al frente de tu hogar, y nos ha recibido como se debe.
— ¿Cómo se debe?
—Claro. Todo está en orden. Muchas esposas demuestran su descontento preparando baños de agua fría y cenas poco apetitosas —contestó Sasuke encogiéndose de hombros.
—Todavía no hemos cenado —bromeó Naruto débilmente—. Tal vez sea bazofia.
—Es cierto, pero la verdad es que no me imagino a Hinata haciendo algo así. — Sasuke suspiró y miró a su amigo con sincera compasión—. Puede que la venganza se manifieste sólo en la cama matrimonial.
Naruto gruñó y se hundió en el agua hasta los hombros.
—Sí, eso me temo. Allí se comportará tan cortés y sumisamente como lo hizo cuando nos saludó. Por las barbas de Cristo, creo que eso es más de lo que puedo soportar —murmuró, con el corazón compungido.
—Entonces habla con ella, hombre. Dile todo lo que tengas que decirle.
— ¿Aunque lo que le diga la haga verme como un soberano imbécil?
—Sí, aunque parezcas un soberano imbécil. No veo que tengas otra salida. Al fin y al cabo, lo eres.
—No, yo tampoco veo otra salida. —Naruto suspiró pesadamente, temiendo el momento de las explicaciones.
Pero, a pesar de ello, se aferró a la esperanza de encontrar alguna otra solución.
Lo sucedido aquel día en el jardín hacía que se sintiera como un completo idiota.
Sabía que había herido a Hinata, pero seguía teniendo la esperanza de que ella podría pensarlo con calma, entender lo que le había ocurrido y olvidar la involuntaria afrenta. A pesar de que sabía que debía disculparse y enmendarse, esperaba poder hacerlo sin tener que revivir todo el penoso incidente.
Para Naruto era una agonía pensar que, en adelante, Hinata no cumpliría en la cama más que por su sentido del deber. Se estremecía al pensarlo. No podía creer que un solo error, por grande que fuese, hubiera matado la pasión que sentía por él.
La necesitaba demasiado. La necesitaba como necesitaba comer y respirar.
—Vamos, amigo mío —le dijo Sasuke en tono suave mientras se secaba—, es mejor que salgas ya, antes de que te arrugues como una pasa.
—Me siento como si tuviera que enfrentarme al patíbulo —murmuró Naruto mientras salía de la bañera y empezaba a secarse.
—A veces las mujeres son más duras y letales que cualquier patíbulo. Así es la vida, amigo.
—Hay demasiadas probabilidades de que meta la pata otra vez.
—Tristemente, tienes razón. —Ya vestido, Sasuke se dispuso a salir de la habitación—. Cuando la cena esté servida, me tendrás a tu lado. Mientras tanto, espero pasar un momento a solas con Sakura.
Naruto agarró a su amigo del brazo y le advirtió:
—Nada de juegos con esa doncella.
—No es jugar lo que quiero hacer con ella —le respondió Sasuke, con una ligera y firme sonrisa.
Naruto vio en los ojos de Sasuke que le hablaba con sinceridad, y enseguida lo soltó.
—Entonces te deseo toda la suerte del mundo.
Naruto suspiró al ver salir a Sasuke de la habitación. Se alegraba por su amigo, y deseó que encontrara la recompensa que buscaba su corazón. Sin embargo, le pareció injusto que el destino pusiera ante sus ojos un amor naciente cuando su propio matrimonio se tambaleaba y el fracaso asomaba, amenazador, en el horizonte. Vio un futuro en el que, a medida que Hinata se fuera haciendo más fría con él, tendría que ver a Sasuke y a Sakura ponerse más cálidos el uno con el otro. No estaba muy seguro de tener la presencia de ánimo suficiente para soportar un castigo semejante.
Suspiró, espantó tales pensamientos y se preparó para enfrentarse a Hinata.
/
Cuando terminó de vestirse para la cena, Hinata se sentó frente al espejo para que Natsu pudiera arreglarle el peinado.
— ¿Has visto a Sakura? —Natsu no contestó, y Hinata la presionó en busca de respuesta—. ¿Y bien?
—Está con sir Sasuke, mi señora —replicó Natsu, en cuya voz era evidente el recelo.
— ¿Temes hablarme de ello a causa de mis problemas? —le preguntó Hinata con una sonrisa torcida. Y como Natsu se sonrojó, Hinata no tuvo más remedio que suspirar—. Pues no temas. Me alegro mucho por Sakura. Dime, ¿crees que las intenciones de sir Sasuke son honorables?
—Sí, lo creo. Es algo que puede verse en sus ojos.
—Bien. Es un buen hombre. Nuestra Sakura se merece lo mejor. Supongo que me ha hablado poco de esto debido a mis problemas con mi esposo, tal vez pensó que sería poco delicado, pues me traería dolorosas evocaciones. Es cierto que siento un poco de envidia, pero tengo que decirle que no necesita esconder o disimular su felicidad. Sakura es como mi hermana, y no puedo más que compartir su júbilo.
—Así como ella comparte tu dolor, mi señora —Natsu miró fijamente los ojos de Hinata en el espejo—. Quizá no tenga más remedio que ser impertinente...
— ¿Acaso alguna vez has sido otra cosa? —le respondió Hinata sonriéndole mientras Natsu le daba el toque final a su peinado.
—Pues creo que ahora voy a ser muy impertinente. Quisiera hablarte sobre tu matrimonio.
—Habla entonces. No soy tan tonta como para pensar que yo lo sé todo y tú no sabes nada. En un asunto tan grave como éste, sólo una idiota rechazaría el consejo que le ofrecen.
—Los hombres son unas criaturas extrañas.
—Esa no es una gran revelación, Natsu.
—Silencio, mi señora, que no he terminado. Los hombres pueden saber que han cometido un error, pero les cuesta trabajo disculparse. Cuanto más orgulloso sea un hombre, más se le atragantarán las palabras. Puede que sienta en su corazón y en su mente que debe decir las palabras de disculpa, pero éstas se le atascan en la garganta.
—Debo recibir una disculpa, Natsu. —Hablaba con una tranquila determinación, dispuesta a no permitir que nadie tratara de persuadirla.
—Lo entiendo, sí, y estoy de acuerdo contigo. Tienes razón en lo esencial. Dejar que un hombre piense que puede hacer cualquier cosa sin pagar las consecuencias de sus actos, aunque sean consecuencias ligeras, es darle licencia para que actúe como le venga en gana sin tener en consideración ninguna palabra ni acto. Pero puede suceder que esa disculpa no llegue tan directa o tan bellamente como tú querrías.
Algunos hombres no tienen ninguna destreza con las palabras. Si una no los escucha con atención y mucho cuidado, puede escapársele el verdadero significado de lo que están diciendo. ¿Que es necesario que un día expliquen por qué hicieron lo que hicieron? Puede que ese día nunca llegue, porque puede ser que ni siquiera ellos mismos sepan la razón por la cual actuaron de determinada manera.
—Me he preguntado eso mismo muchas veces: si Naruto entiende o no lo que hizo —murmuró Hinata.
—Los hombres, al parecer, no prestan mucha atención a la razón de ser de las cosas. Si lo que hicieron los hace parecer imbéciles, se niegan a profundizar con detalle en lo ocurrido. Les da miedo y vergüenza. Por tanto, la disculpa llegará aún con mayor dificultad. Lo que el hombre quiere es que ese tipo de sucesos se desvanezca de la memoria. Y si se disculpa, lo hará con brusquedad y rapidez. A ningún hombre le gusta ver arruinado su orgullo.
—Y Naruto es un hombre orgulloso.
—Sí, mi señora. Un hombre muy orgulloso a su manera. Y, desde luego, nada hábil con las palabras, si me permites decirlo.
—Puedes; no es más que la verdad.
—Pero tiene un corazón noble. Si ha cometido un error, lo sabe bien. Estoy segura de que tratará de compensarte, mi señora, pero me parece que va a necesitar un oído aguzado que sepa escucharlo e interpretarlo bien.
—Un oído muy, muy aguzado —convino Hinata—. A menos que mi señor se vea obligado a recurrir a una elocuencia modesta.
— ¿Qué quieres decir? —le preguntó Natsu frunciendo el ceño, sin entender del todo a Hinata.
—Hay una cosa que he aprendido sobre los hombres: algunos necesitan el estímulo de la ira para soltar la lengua. Lo que les cuesta trabajo decir en un momento tranquilo y sosegado pueden gritarlo y bramarlo con facilidad cuando se enfadan. —Natsu empezó a sonreír, y Hinata la imitó—. Lo que hay que hacer es prender la yesca para que se declare el incendio.
—Pero ten cuidado. Tú no quieres que el incendio se descontrole y se convierta en un desastre.
—Ah, estoy segura de que Naruto nunca me haría daño. Conoce bastante bien su propia fuerza. Sí, sé que podría reducir a polvo todo lo que hay a mi alrededor, pero jamás me golpearía a mí.
—Sería terrible que te arrancase la cabeza de los hombros.
—No, incluso loco de ira, siempre tendrá en mente que soy pequeña y físicamente débil. —Hinata se puso de pie y se echó un último vistazo en el espejo—.
Así que si escuchas truenos, rayos y centellas dentro de estas paredes, no te alarmes ni prestes atención, todo está fríamente calculado. Oiré las palabras que anhelo aunque me quede sorda para lograrlo. —Compartió una carcajada con Natsu.
Hinata esperaba mantener la misma actitud valerosa en presencia del Demonio Rojo. Estaba convencida de que exacerbar la impresionante ira de Naruto era la mejor manera de obligarlo a que dijera lo debido. Tampoco tenía ninguna duda sobre lo que le había dicho a Natsu: Naruto nunca le haría daño. Lo que la preocupaba era lo que él podría revelarle; había estado al alcance de lady Shion durante casi un mes.
— ¿Mi señora? —la llamó Natsu cuando Hinata se disponía a salir de la habitación.
— ¿Más consejos? —preguntó Hinata con una sonrisa.
—Sí. No permitas que lord Naruto te altere demasiado cuando esté furioso. Sería poco conveniente, teniendo en cuenta tu estado.
— ¿Mi estado? —Hinata habló calmadamente, con la certeza de que Natsu estaba a punto de confirmar algo que ella había empezado a sospechar hacía un tiempo.
—Llevas un bebé en el vientre. Seguro que ya lo sabías.
—Lo sospechaba, pero ¿estás segura? —murmuró Hinata, al tiempo que posaba la mano sobre su estómago.
—Sí. El periodo no te ha llegado tres, casi cuatro veces. Has estado indispuesta, aunque sólo ligeramente, por las mañanas. Sí, y tu figura está cambiando. Tengo pocas dudas de que llevas el hijo de lord Naruto en tu seno.
— ¿Sabes mucho de esto?
—Sólo un poco.
— ¿Hay algo que no deba hacer? —Fue imposible para Hinata evitar que las mejillas se le sonrojaran intensamente, lo que fue más útil que cualquier palabra que pudiera decir para que Natsu entendiera a qué se refería.
—No —respondió Natsu, sonrojándose también un poco—. Puedes yacer. Pero no permitas que tu cuerpo se canse demasiado ni que sufra accidentes o golpes ¿Es un mal momento para esto?
—Pues no es el mejor momento, Natsu. —Hinata suspiró y se dirigió al salón principal.
Saber que estaba embarazada produjo a Hinata una extraña mezcla de sentimientos. Amaba a Naruto, lo amaba tanto que a veces se asustaba de la intensidad de sus sentimientos, así que la embargó una verdadera euforia por llevar en su seno a un hijo suyo. Pero, por ahora, tenía que esconder esas emociones.
Primero debía aclarar lo que había entre ellos, pero temía el giro que podían dar las cosas si no lograba su propósito. Era probable que el dolor que sentía se intensificara.
La fingida frialdad que le demostraba a su marido podría volverse verdadera, dejar de ser un simple instrumento para empujarlo a disculparse. Si se distanciaban, sería espantoso para ella y para su hijo.
—Hinata...
Ésta se sobresaltó, lo que le obligó a salir de sus oscuros pensamientos. Vio a
Sakura.
—Me has asustado. ¿Qué haces escondida ahí? —Sakura emergió de las sombras del nicho que había debajo de las escaleras.
—Quería hablar contigo antes de que nos reuniéramos con los hombres.
—Es sorprendente cómo los problemas amorosos le sueltan la lengua a las personas —murmuró Hinata, pero Sakura hizo caso omiso del comentario.
—Sé lo que piensas hacer. ¿Estás segura de que tienes que hacerlo enfadar?
—Sí, tengo que hacerlo.
—Ay, Hinata. No me parece que sea buena idea.
—De esa manera se verá obligado a hablar. Es muy importante que lo haga.
— ¿Pero estás segura de que quieres escuchar todo lo que tiene que decir?
—No, no lo estoy en absoluto, pero lo voy a escuchar de todas maneras. Sé cuál es tu preocupación, Sakura, y créeme que la comparto. Dejé solo a mi hombre, al alcance de una víbora que no tenía reparos en decir abiertamente que lo quería para ella. Naruto pudo haber sucumbido fácilmente a sus encantos otra vez. Pero creo que podría perdonarlo por eso.
— ¿Estás segura?
—Sí. Sabía lo que podía suceder si lo dejaba solo en la corte.
— ¿Entonces por qué lo dejaste?
— ¿Realmente crees que Naruto y yo habríamos podido solucionar nuestros problemas estando en la corte? ¿En medio del desprecio, las intrigas y la traición que reinan allí?
—No, por supuesto que no —respondió Sakura al tiempo que negaba con la cabeza.
—También hay que tener en cuenta que yo me sentía muy herida y necesitaba tiempo para serenarme. Estaba demasiado dolida y probablemente lo habría alejado de mí. Entonces sí que lo habría visto irse con otra, y eso hubiera empeorado nuestros problemas.
—No puedo creer que Naruto pueda romper sus votos matrimoniales, es un hombre de honor.
—Es muy honorable. Una vez me dijo que nunca tendría una amante mientras yo no tuviera uno, y mientras no lo echara de mi cama. —Hinata asintió con la cabeza cuando Sakura hizo una mueca—. Sí, es posible que Naruto haya considerado mi partida como un equivalente a la acción de echarlo de mi cama.
Sakura caminó hacia su prima, se paró delante de ella y le cogió afectuosamente las manos.
—Pero eso no quiere decir que haya hecho algo indebido.
—Es cierto. Pero sé que él es un hombre bastante fogoso. —Hinata sonrió ligeramente cuando Sakura se sonrojó—. Después de una batalla se pone muy ardiente, y dudo mucho de que el rey haya permitido que la espada de Naruto se oxidara. Necesita proclamar a los cuatro vientos que está vivo, y supongo que ningún hombre puede pensar en una mejor manera de hacerlo que acostarse con una mujer, puesto que es algo que complace todos sus sentidos. Naruto ha pasado demasiadas noches en una cama vacía...
—Igual que tú —la interrumpió Sakura, después de que se sonrojara todavía más que antes.
—Sí, por eso me gustaría pensar que no tiene que acostarse con otra mujer cada vez que estemos separados, aunque sea por mucho tiempo. O cuando hemos tenido una pelea. Sin embargo, creo que puedo entenderlo, por lo menos esta vez. No estamos hablando de una riña pequeña y sin importancia —suspiró—. Sólo rezo para que, si se ha desfogado, por lo menos no haya sido con lady Shion.
— ¿Debido a lo que hubo entre ellos?
—Debido a lo que tal vez todavía existe entre ellos. Naruto nunca me ha dicho que ya no la ama, sólo afirma una y otra vez que procura evitarla.
Sakura sacudió la cabeza con fuerza.
—No, no puede amar a una mujer como ésa, y menos cuando te tiene a ti.
—Ahora debes saber que el corazón no acepta que lo guíen, va donde quiere ir.
—Entonces es un tonto —le dijo Sakura cruzando los brazos sobre el pecho y negando con la cabeza.
—Sí, puede ser. —Intercambió una leve sonrisa con Sakura pero enseguida se puso seria otra vez—. En serio, me gustaría saber si Naruto sigue enamorado de Shion, aunque se me desgarre el corazón si me dice que es así.
—Sí, pero al menos sabrías a qué atenerte, sabrías a qué te enfrentas.
Hinata asintió e hizo un gesto con las manos que denotaba la impotencia que sentía.
—Por ahora no sé si Shion se interpone realmente entre nosotros, o si sólo estoy dejando que mis temores me cieguen.
—Pues yo todavía no estoy segura de que tus métodos sean los mejores, pero sí veo que tienes razón al pensar que hay que hacer algo. El matrimonio es un vínculo que no puede romperse, y el tuyo parece realmente prometedor. Sí, definitivamente, bien merece una pelea.
—Ya ves. Y también hay otra razón por la cual hay que cerrar esta brecha, y rápido... Estoy embarazada.
— ¿Estás segura?
Preguntó Sakura abriendo los ojos de par en par y soltando un grito de sorpresa al tiempo que miraba fijamente el abdomen de Hinata.
—Yo ya lo sospechaba y Natsu acaba de darme su opinión experta sobre el particular.
Sakura abrazó a Hinata y después dio un paso atrás. La expresión de su rostro pasó entonces de la alegría a la preocupación.
—Ay, Hinata, entonces no debes hacer que Naruto se enfurezca contigo.
—Es un temor lógico, pero estoy segura de que no me hará daño. A diferencia de muchos hombres, él es consciente de su fuerza, y por eso es cauteloso cuando levanta el brazo a alguien. Sí, puede ser que me amenace lo indecible, pero sé con certeza que nunca me golpearía. Ya te lo he dicho varias veces, Sakura, tienes que confiar en que así es. —Hinata pudo ver en la expresión de Sakura que su prima todavía no tenía esa confianza.
—No sé de dónde sacas el valor de pensar siquiera una cosa así. —Sakura suspiró mientras retomaban el camino hacia el salón principal—. Tal vez Naruto se sienta tan apenado por lo sucedido que sea incapaz de ponerse furioso.
Hinata se rio ligeramente y tomó a Sakura del brazo.
—Sienta o no sienta culpa, mi marido siempre puede ponerse furioso si uno sabe cómo provocarlo.
/
Cuando Naruto vio entrar a Hinata en el salón principal del brazo de Sakura, se preparó para lo que sabía que podía ser una prueba difícil. Se juró a sí mismo que trataría de controlar su temperamento explosivo. Era él quien merecía una reprimenda, no Hinata. Sin embargo, cuando ella lo saludó con el mismo tono cortés que usaba para Sasuke mientras se sentaba a su lado en la mesa, se dio cuenta de que mantener bajo control su temperamento iba a requerir bastante más fortaleza de la esperada.
De repente Naruto cayó en la cuenta de que Hinata le estaba hablando de la misma manera que solía hacerlo con los cortesanos que la lisonjeaban: con cortesía indiferente. Este descubrimiento hizo que tuviera que apretar los dientes. En la voz de su esposa no había ni rastro del tono de intimidad de pareja con el que por lo general le hablaba. Nunca lo había notado, pero ahora era evidente que el timbre amoroso había desaparecido, y lo echó mucho de menos. Y ahora, mirándola con recelo mientras les servían, perdió casi toda esperanza de recuperarlo.
Después de unos momentos de pesado silencio, en los que sólo se escuchaban los sonidos de la gente comiendo, Naruto decidió lanzarse.
—Has logrado un montón de cosas aquí en Uzushiogakure.
—Sí, pero todavía queda mucho por hacer —contestó Hinata, y bebió un largo trago de su copa de vino.
—Ya he terminado los cuarenta días de servicio que le debía al rey, así que puedo quedarme y echaros una mano.
—Como quieras. —No se sorprendió al ver que la mano que Naruto tenía sobre la mesa se apretaba con fuerza.
Por su parte, él se dijo que lo mejor que podía hacer para enfriar su ya acalorado temperamento era pensar en otra cosa. Se dio la vuelta hacia Sakura y le habló.
—Me alegra ver que estás recuperada de la dolencia que te aquejaba. —Se preguntó, un poco extrañado, por qué Sakura parecía tan nerviosa.
—Gracias, mi señor. Janet fue la mejor de las enfermeras.
Puesto que Naruto no sabía quién era Janet, se valió de ello para mantener a Sakura hablando un poco más de tiempo, lo que le ayudó a sosegarse ligeramente, a pesar de que sus pensamientos seguían concentrados en su distante esposa.
Entonces buscó otro tema para hablar con Hinata. Nunca le había sido tan difícil hacerlo, por lo que se dio cuenta de que siempre era ella la que mantenía viva la conversación, descargándolo suavemente de la penosa obligación de hablar. Pero ahora no tenía esa sutil ayuda y debía arreglárselas solo. Le estaba resultando extremadamente difícil.
— ¿No se ha presentado ningún problema? —Naruto se maldijo para sus adentros por iniciar la charla con una salida tan pobre.
—Ni uno solo. ¿Quieres más vino, marido?
Naruto asintió con la cabeza, secamente. Ella hizo una señal a un paje para que le sirviera más vino en su copa. Hinata le estaba provocando, estaba seguro de ello. Se mostraba parca en palabras adrede, pues siempre había sido más hábil en el arte de la conversación que él. Lo dejaba en ridículo con toda la intención del mundo. El enojo se empezó a apoderar de él, pero luchó por no perder los estribos.
Cada vez que podía, Hinata observaba a Naruto con discreción. Era fácil ver que su furia iba en aumento, aunque también era evidente que luchaba por controlarse.
Pero lo que a ella realmente le interesaba eran los otros sentimientos que reflejaba el rostro de su marido. Podía adivinar un rastro de temor en sus hermosos ojos. La joven se preguntó si él compartiría su temor de que la herida que le había causado no se cerrase nunca, destruyendo así un matrimonio que era tan esperanzador. También percibió un vestigio de culpa, lo que la complació, pero rezó para que fuera sólo por lo que había sucedido en el jardín y no por algo que Naruto hubiera hecho después de que ella abandonara la corte.
Un rápido vistazo a Sasuke fue suficiente para que Hinata se diera cuenta de que había adivinado ya su estratagema. El hecho de que el amigo de su marido estuviera tan obviamente divertido no le sirvió de freno. Incluso pensó que podría ayudarla en su objetivo. Naruto no soportaría que Sasuke se riera en semejante trance; si eso pasara se enfadaría todavía más.
Se volvió para mirar a su marido de nuevo. Estaba dispuesta a presionarlo todo lo que fuera necesario. Era lo mejor, si quería que sus problemas se resolvieran lo más rápido posible. Estar sentada tan cerca de él hizo que su cuerpo se rebelara, recordándole el largo tiempo que habían estado separados. Lo deseaba, quería que
Naruto la tomara entre sus brazos, la llevara a la cama y le hiciera el amor hasta que ambos estuvieran tan exhaustos que no pudieran moverse. Sabía que entregarse a él ayudaría a que el dolor que sentía se calmara un poco, pero también sabía que sólo serviría para alargar el problema. Tenía que solucionarlo ya, en aquel mismo instante.
Hinata temió que los pensamientos lujuriosos que se le pasaban por la cabeza se hicieran evidentes en su rostro, y decidió concentrarse en el postre que les estaban sirviendo. Naruto la conocía demasiado bien, y al menor descuido podría leer en sus ojos que el deseo le hervía en la sangre. Pero era demasiado pronto para que él supiera lo mucho que ella lo seguía deseando. Tal vez, pensó Hinata, si su marido temía que la frialdad que ella le demostraba en el trato se extendiera a la habitación, el necesario estallido se produciría antes. Ése era un temor que podía exacerbar con facilidad su ya de por sí explosivo temperamento.
Naruto trató de esforzarse por parecer tranquilo, y continuó con la conversación.
—El rey nos mandó hacer incursiones contra grupos de rebeldes y ladrones.
—Tengo entendido que hay muchos. —Hinata se obligó a no pensar en el peligro que había corrido su marido.
Naruto rechinó los dientes.
—Y me hirieron en una de esas incursiones.
Hinata sintió que el corazón le daba un vuelco. Luchó por mantener la calma, y con un gran esfuerzo logró contenerse y no precipitarse hacia Naruto en busca de cualquier herida nueva que pudiera tener en el cuerpo. Igualmente difícil fue hablar en un tono frío e imperturbable, pero, cuando finalmente pudo hacerlo, sintió que había tenido éxito en su propósito.
—Al parecer estás totalmente curado.
Naruto recordó su apasionada reacción la otra vez que lo hirieron, y semejante indiferencia lo decepcionó dolorosamente.
—Sí.
Hinata luchó por esconder lo divertida que le parecía la reacción de Naruto, que parecía un chiquillo enfurruñado.
— ¿Quieres que Janet le eche un vistazo a la herida? Tiene ciertas habilidades curativas.
—No, no quiero que Janet le eche un vistazo a la herida —gruñó.
—Como desees, marido.
—Me llamo Naruto —le espetó, y luego bebió bruscamente de su copa de vino, en un vano intento de recuperar su ligeramente perdida compostura.
—Sí, lo sé —murmuró Hinata abriendo de par en par los ojos, en un gesto destinado a fingir profunda inocencia, mezclada con una pizca de temor por la salud mental de su marido.
— ¿Entonces por qué no lo usas?
—Como quieras, Naruto. ¿Te apetece más fruta? —le preguntó, ofreciéndole un recipiente con piezas variadas.
Hinata a duras penas pudo contener un salto nervioso cuando él tomó con enorme agresividad una manzana de la fuente. Le pareció que gruñía al tiempo que masticaba la manzana. La risa empezó a juguetear por dentro, pero rápidamente la acalló.
Nunca se había propuesto con tanto ahínco y de forma tan premeditada enfurecer a alguien. Y en su opinión, Naruto nunca había luchado con tanta fuerza por no dejar que su temperamento se descontrolara. Empezó a temer que se viniera abajo por el esfuerzo. Le pareció que estaba bastante congestionado y que tenía los ojos algo fuera de las órbitas. Entonces deseó que su marido no pudiera contenerse más, y no sólo por el bien del matrimonio, sino también por el de su salud. Se le estaban acabando las ideas para irritarlo más. Reprimiendo otro impulso de reírse, pensó que contener dentro del cuerpo toda esa ira debía de ser una tortura para el organismo de Naruto.
Cada palabra fría y cortés que Hinata pronunció irritó más y más a Naruto. Esa actitud de su esposa le recordaba cómo eran las cosas antes del desastre del jardín.
Los recuerdos eran veneno que le corría lentamente por las venas y le pudría las entrañas. No tuvo dudas de que esa cena se le indigestaría tarde o temprano.
Naruto terminó de comer su manzana mientras tamborileaba con los dedos sobre el brazo de la silla. De repente notó con enfado que Hinata hablaba muy entusiasmada con Sasuke y Sakura. Fue como si le hubieran puesto sal sobre una herida abierta. Empezó a sentirse como un extraño en su propia casa. Ni siquiera lo trataban con la cortesía que se dispensa a un invitado. Se dijo que Sasuke y Sakura no le habían hecho ningún daño a Hinata, a diferencia de él, y que era lógico que hablasen con ella, pero eso no sirvió para aplacar su temperamento. No era realmente a Hinata a quien iba dirigida toda su furia; lo que lo hacía rabiar era la situación en la que se encontraba y el hecho doloroso de que había sido él mismo el causante de todo.
Decidió hacer un último esfuerzo consciente y volvió a dirigirse a su mujer.
— ¿Qué otros planes tienes pensados para Uzushiogakure?
—No hago planes a largo plazo, voy día a día.
—Ya veo. ¿Qué planes tienes para mañana, entonces?
—Pensaba trabajar en el jardín, en las plantas.
— ¿Qué plantas?
—Las usuales.
—Por supuesto. ¿Piensas hacer un jardín como el de tu padre?
—Si así lo deseas tú, mi señor, así lo haré.
—Pensé que tú lo querías así.
—Sería muy agradable.
—Entonces siémbralo.
—Como quieras, marido. ¿Te apetece más vino?
— ¿Tienes intención de hacerme beber hasta que caiga inconsciente?
—Lo que te complazca, mi señor.
Hinata se preguntó si sería bueno para Naruto que apretara tanto los dientes. Se dio un respiro para dirigirle una suave sonrisa a Sakura, que tenía los ojos abiertos de par en par, en clara expresión de temor y preocupación. Hinata se dio cuenta, al toparse con la mirada de Sasuke, de que los ojos le rebosaban de risa contenida.
Rápidamente desvió la mirada cuando él le guiñó un ojo.
La tormenta de furia que crecía dentro de Naruto se estaba volviendo casi palpable. Hinata se obligó a no sonreír, por mucho que saborease su ya próxima victoria. Fue todo un desafío para su ingenio buscar respuestas cortas y comentarios corteses. Naruto fue haciendo preguntas más y más astutas, que requerían respuestas más largas, más elaboradas. Hinata sabía que cada lacónica y fría respuesta que le daba era nuevo combustible que avivaba la llama que crecía dentro de él. El juego la divertía enormemente. Supuso que se debía a que era como coquetear con el peligro: la emoción del riesgo. Mientras los otros comensales observaban lo que sucedía, el salón se fue quedando en silencio, y todos los ojos se fijaron en ella, lo que confirmó su opinión de que muy pocos se atreverían a azuzar a propósito al Demonio Rojo como ella lo estaba haciendo.
— ¿Te fue de ayuda Bek? —dijo Naruto, que sentía que le faltaba aliento. Estaba tan lleno de ira que le costaba trabajo respirar.
—Sí. ¿Te apetece otra fruta?
—No —gruñó él.
—Como quieras, marido.
Entonces se preparó. El instinto le dijo que había roto la última amarra de la cordura del Demonio Rojo.
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Chan chan chan…
Perdón los deje varios días sin actualizar, pero ya saben cómo son ahorita las festividades :D
Por cierto, Feliz Navidad a todos \n.n/
Gracias Hinata Hyuga –NxH por la observación, las tomo como consejos constructivos.
Saludos
