¡POR FIN!
¡Oh, por las tres murallas! He invertido horas en este capitulo. Tres días.
¡2940 palabras! ¡PARA UN SOLO CAPITULO!
Es el más largo hasta ahora *llora*
No esperen el drama... aún.
En este capitulo sean felices. Lo merecen(?)
¡GRACIAS POR TODOS LOS REVIEWS/FAV/FOLLOW!
Sin más, les dejo leer.
Ojalá les guste.
Disclaimer: Haikyuu! no me pertenece, es de Furudate Haruichi. (A quién buscaré en Japón para que termine de una vez con mi preocupación por la situación actual del manga)
Advertencias: Quizá ooc...
Capítulo 10: Tenía que pasar.
Las palabras que Kageyama le había dicho seguían retumbando en su cabeza. Si bien no se lo esperaba, el punto de haber salido era para rechazarle antes de que todo empeorara… no había podido evitar lo sucedido al final de todo.
Llegó al frente de la casa de Suga, y tomó un largo respiro; preparándose para el regaño que seguramente le esperaba dentro. Subió la cremallera de la chaqueta hasta su cuello y a grandes zancadas llegó a la puerta, abriéndola –Su deducción había acertado sobre que seguramente no estaría pasada con llave, gracias a la preocupación de Sugawara–.
– Estoy en casa. –Dijo en voz alta, cerrando la puerta tras de sí. Las luces de la cocina estaban encendidas y posiblemente el peli plateado se encontraba allí.
Caminó hasta el lugar muy despacio, tratando de huir de lo inevitable.
– ¿Sabes qué hora es? –A penas puso un pie en la cocina, Sugawara habló. Sorprendiéndole por completo y agarrándolo con la guardia baja. Estaba sentado en una de las sillas del comedor, de brazos cruzados y con la ropa de dormir puesta. Lo único visible en la mesa era una taza de café vacía. – ¿Tienes idea de lo preocupado que estaba?
Hinata llevó una de sus manos a la parte de atrás de su cuello, mientras maquinaba una excusa.
– Eh, había ido a casa a buscar unas cuantas cosas. Solo es eso. –Respondió rápidamente. Ignorando la primera pregunta del mayor. Porque en realidad no tenía ni la más mínima idea de que hora era.
Sugawara le miró, escaneándole. Si le conocía bien –Y suponía que así era– sabría que lo que le estaba diciendo era una mentira. Al parecer, era muy fácil de leer en cuanto a las emociones. Le miró directo a los ojos, y Hinata juró que se sentía como un juicio.
– Ah, ya veo. –Dijo sonriendo, mientras el aire amenazador se iba de su entorno. Hinata soltó un respiro aliviado. – Entonces no debo suponer que esa chaqueta es de alguno de los chicos del equipo.
Se congeló.
¿Así que si sabía que estaba mintiendo? ¿Acaso les había visto?
Las palabras no lograban salir de su boca.
– ¡No es de Kageyama, es mía! –Dijo rápidamente, arrepintiéndose al instante.
¡Piensa antes de hablar, demonios! Hinata se dijo a sí mismo. Cerró los ojos fuertemente, esperando alguna reacción de parte del mayor.
– Oh, así que es de Kageyama… sí, lo suponía. –Respondió tranquilo, colocándose una mano en la barbilla de manera pensativa.
El menor se sorprendió al escuchar las últimas palabras.
– ¿Lo suponía? ¿Cómo podrías saberlo? –Le preguntó.
Sugawara le miró sonriendo, no había borrado la sonrisa de su cara desde hacía un rato.
– Pues hoy fuimos a ver a Daichi, tiene un resfriado. El equipo se ofreció a ir a visitarle, y; ¿Adivina quién fue el único que no vino con nosotros? Lo cual no me pareció extraño, pero hasta Tsukkishima fue. Así que tenía mis dudas… –Dijo de manera calmada. – Y tu chaqueta está arriba, en tu maleta. –Agregó.
Hinata se quedó en silencio.
– No estoy enojado contigo, Hinata. No podría. –Dijo, poniéndose de pie y llevando la taza al fregadero. Se acercó hasta él y le acarició los cabellos. – Pero por favor, ten cuidado. Los sentimientos son una de las cosas con las que no se deben jugar, sobre todo si vienen de personas tan cerradas como Kageyama. Confío en que sabrás como resolver todo. –Le sonrió ampliamente de nuevo, apoyándole. Hinata estuvo a punto de soltar unas lágrimas. Al menos, alguien le apoyaba.
Le sonrió también en respuesta.
– ¡Vayamos a dormir! –Le dijo alegre, corriendo escaleras arriba animadamente.
Definitivamente tenía que parar todo aquello. Al día siguiente era sábado. Era comienzo del fin de semana. Lo que daba inicio al principio de una nueva.
Una completamente nueva.
-XX-
– ¡No tengo idea de que hacer! –Hinata repitió por onceava vez en menos de 5 minutos aquella frase. Caminaba de un lado a otro en la sala mientras desde la cocina se escuchaban los huevos friéndose y el olor a pan tostado llenaba el aire. Suga rio en respuesta, de alguna manera; le causaba gracia lo que le estaba ocurriendo, aunque estaba mal hacerlo.
– Simplemente no puedo creer que no hablaran entre ustedes para saber dónde quedarían. –Habló Daichi desde la cocina. Estaba sentado en el comedor, desayunando.
En la mañana se había despertado muy temprano, abriendo la puerta a un Daichi recuperado de su resfriado que venía a visitar a su pareja. Había tenido que despertar al mayor rápidamente. Descubriendo minutos más tarde que estaban los tres solos en la casa, cuando leyeron la pequeña nota adherida al refrigerador de parte de los padres del peli plateado.
«Fuimos a casa de los abuelos, y más tarde hay club de bordados. Me llevo a tu padre conmigo, besos. P.D.: Cuida de tu huésped»
Hinata se preguntó cómo lucirían los padres de su senpai. A pesar de llevar una semana en la casa, no los había visto ni una sola vez. Había olvidado el tema cuando habían entrado a la cocina para preparar el desayuno, y bostezando ampliamente la palabra sábado y cita chocaron contra él.
– ¡Mi cita con Kageyama! –Gritó, poniéndose de pie y corriendo a la sala. Daichi había saltado en su puesto y Sugawara casi había tumbado al suelo la docena de huevos que tenía en sus manos.
– ¿Tiene una cita con Kageyama? –Había escuchado susurrar a Daichi. Cayó en cuenta minutos más tarde que el capitán de su equipo sabía que era él, pero le restó importancia, concentrándose en el verdadero problema.
– ¿Y qué es lo que te preocupa, Hinata? –Había preguntado Suga, el sonido de la mantequilla siendo puesta en la sartén se escuchó luego de su pregunta.
– ¡No sé en donde nos vamos a ver! ¡No tengo idea de que hacer! –Había respondido desesperado, y comenzado a dar vueltas a la sala, alrededor del sillón, de la lámpara, pasando por la ventana y repitiendo el circuito hasta perder la cuenta.
Y por eso se encontraba en esa situación. Sus senpais seguían en la cocina, posiblemente desayunando. Le habían dejado que hiciera sus berrinches en la sala y escucharlo repetir la misma frase más de veinte veces, cuando el hambre le hizo entrar a donde se encontraban.
Un plato con un sándwich de huevo le esperaba en el puesto vacío de la mesa donde ambos comían.
Luego de llenar sus estómagos se fueron al sillón, donde los mayores se sentaron a leer un rato. Hinata pensó que parecían una pareja de casados. Sugawara aún andaba en sus pijamas, al igual que Hinata; que todavía llevaba puesta la chaqueta de Kageyama desde el día anterior. Rehusándose a quitársela con la excusa de que se confundiría con alguna de las de ellos.
– Todavía no puedo creer que hayan sido tan despistados como para no planear bien su encuentro. –Habló Suga mientras pasaba una página del libro que leía, estaba acostado de espaldas en el sillón y tenía la cabeza recostada en las piernas de Daichi, que se encontraba sumergido en la lectura en completo silencio.
– Yo no puedo creer que haya dormido con la chaqueta puesta. ¿No tienes calor? –Habló el pelinegro, sin detener su lectura. Suga le vio en manera de regaño, para luego mirar a Hinata sonriendo, al ver que este se había sonrojado.
– ¡No quería confundirla! –Respondió en voz alta. Se sentó en la alfombra, metiendo las manos en los bolsillos de la chaqueta, sintiendo en una de ellas el roce con un papel.
Lo sacó rápidamente, desdoblándolo y leyendo lo que se encontraba escrito en él. Descubriendo la dirección y la hora del encuentro de su cita, en la letra de Kageyama.
– ¡WUAH! –Gritó, sorprendiendo a ambos chicos, que le vieron preocupados. Les sonrió en respuesta y corrió escaleras arriba a cambiarse de ropa.
De otra manera, llegaría tarde a su cita.
-XX-
Un montón de camisas volaban por los aires de la habitación de Sugawara. Después de sacar las camisas que había sacado de su casa la última vez, había atacado al closet del mayor. Sacando todas las camisas, y probando cual se vería menos varonil en él. Después de todo era una chica, y la única prenda que poseía era el uniforme.
Probablemente no era un experto en las citas, pero ir en el uniforme no le convencía. Y ya había tenido una mala experiencia con ropa de hombres, y la manera extraña con la que lucía en ellas.
– ¡No hay nada que ponerme! –Gritó con desesperación. Por unos segundos juró sonar como una chica de verdad.
Observó el reloj colgado en la pared de la habitación de Suga, le quedaban veinte minutos para poder estar listo y en el lugar donde se suponía se encontrarían.
Buscó entre la pila de ropa hasta encontrar la camisa más pequeña de todas, y se la colocó. Le quedaba grande. Hizo un sonido molesto al ver su reflejo en el espejo.
– ¡Me veo como un chico! –Suspiró, tenía un toque metalero debido al cabello despeinado. Parecía vocalista de alguna banda genial.
– El punto es que, de hecho; eres un chico. –La voz de Sugawara le sorprendió, estaba apoyado en el marco de la entrada de su habitación, observándole de brazos cruzados y con su habitual sonrisa.
Hinata sonrió ante el comentario. Por supuesto que era un chico, pero eso Kageyama no lo sabía.
Una punzada de dolor le sacudió en el estómago, donde habitualmente sentía aquel extraño sentimiento tan cálido.
– Puedes agarrar uno de mis sweaters, así te verás menos… ¿Masculino? Aunque no creo que eso sea un problema. –Le coloco un sweater azul marino en los hombros. Hinata se lo puso rápidamente, descubriendo que no quedaba del todo mal.
Miró al reloj de nuevo, sorprendiéndose al ver que quedaban menos de diez minutos para su cita.
– ¡Oh, Dios! ¡Llego tarde! –Dijo apresurándose. Se puso el tenis y antes de salir de la habitación, tomó a Sugawara por los hombros. – ¡Gracias Sugawara-san!
Y salió corriendo de allí, con la chaqueta de Kageyama en sus manos.
Sugawara bajó las escaleras, encontrándose a Daichi que miraba por la ventana, probablemente viéndole irse.
– No le dijiste que no se peinó, ¿Cierto? –Le comentó, volteando a verle al borde de la risa.
– Deja que se diviertan. –Le respondió riéndose mientras cerraba la puerta de su casa, que el menor había dejado abierta.
-XX-
Hinata corría entre la multitud, disculpándose unas cuantas veces con algunas personas que se atravesaban en su carrera. A pesar de haber salido con unos cuantos minutos de adelanto, y de haber corrido lo más rápido que podía; no contaba con que aquel sábado todas las familias, parejas o adolescentes decidieran salir también. Por lo que le había tomado diez minutos llegar a la parada de autobús, gracias al tráfico humano. Kageyama estaba de pie al lado de las banquetas, mirando al reloj que cargaba en su muñeca con una mueca de preocupación.
– ¡Kageyama! –Le gritó. Llamando la atención de la mayoría de las personas que se encontraban allí y del mencionado. Hinata se maravilló al ver como su rostro se iluminaba. De nuevo aquel sentimiento ya conocido se sentaba en su estómago, al mismo tiempo que volvía a doler.
– Hey. –Le contestó. Hinata esperaba al menos un regaño digno del Rey, pero no se molestó con la simple respuesta. Observó cómo le miraba, inspeccionando lo que cargaba puesto. No pudo evitar sonrojarse ante su evidente escaneo. Le escuchó soltar una risilla, lo que le sorprendió por completo.
– ¿Acaso te has reído? –Preguntó de manera sarcástica.
Ah, seguro era por sus ropas. Por supuesto que luces como un hombre, que esperaba.
– Tu cabello es un enigma. –Respondió con su típico tono de voz, mientras miraba a su cabello. Si bien no se había peinado –incluso cuando se despertó– el correr a toda velocidad y la brisa chocando de lleno contra su rostro no había hecho más que empeorar su situación.
Hinata sacudió la cabeza, alborotando aún más su cabello.
– Como sea. –Le dijo poniendo sus ojos en blanco. Si había algo que no haría –aparte de ponerse una falda de nuevo en su vida– era peinarse. No lo hacía, y no lo haría. Fin de la historia.
– Toma, gracias. –Le ofreció la chaqueta que aun tenia enredada en sus brazos.
Kageyama la agarró, respondiéndole un de nada casi en susurro.
– Me pregunto… –Comentó cuando el bus había llegado a la parada, y hacían fila para subir. Kageyama le miró, esperando por que hablara. – ¿Qué habría pasado si no miraba ese papel? O peor, si no aceptaba la cita.
Miró a Kageyama, sonriendo de manera audaz.
– En el primer caso, hubiera estado parado como un idiota el resto del día aquí. Esperando por ti. –Dijo tranquilo mientras veía hacia adelante en la fila. Hinata se sonrojó. ¿Le hubiera esperado?
– Y si no hubieras aceptado la cita… –Entonces le miró fijamente, notando su sonrojo y retomando la vista hacia adelante. – No había previsto ese escenario, para ser sincero.
La gente iba avanzando, y ellos ya casi llegaban al inicio. A Hinata nunca le habían gustado las filas ni las colas largas, pero esta se había hecho extremadamente corta. Cuando en realidad no era así.
– Hablas como si hubieras estado muy seguro de ti mismo. –Comentó luego de un rato. – Pero aún puedo rechazarte, ¿Sabes? –Añadió. Esperaba que Kageyama no se lo tomara en serio. Volteó a verle, sorprendiéndose al notar la mirada intensa de esos ojos oscuros en los suyos. Soltó una risilla nerviosa mientras miraba a otro lado.
Esto será difícil.
-XX-
– ¿El acuario? –Dijo somnoliento cuándo bajaron del bus. Frente a ellos se alzaba el letrero con el nombre del enorme lugar. Habían sido alrededor de veinte minutos en el bus, y él se había quedado completamente dormido. Se sentía mal por Kageyama –y por su cómodo hombro–, pero al menos había evadido las conversaciones personales.
– Sí, pensé que sería bueno venir. Hace un tiempo que no lo hago. –Le respondió, metiendo las manos en la chaqueta que se había tenido que poner –por pereza y no tener donde guardarla–.
Hinata se estiró, levantando las manos lo más alto que podía y bostezando. Entonces miró a Kageyama, esperando por alguna reacción de su parte.
– Entonces, ¡vamos! –Agarró la mano de Kageyama y corrió con él hasta las taquillas de boletería, que se comenzaban a llenar de personas.
Llegaron hasta la fila a tiempo antes que las demás familias, comprando rápido los boletos. Hinata había soltado la mano de Kageyama, pero sostenía entre sus dedos la manga de la chaqueta.
Kageyama pagó por los boletos y le entregó el suyo, encaminándose ambos hacia la entrada.
– Que maravillosa pareja. Mira que chica tan linda, y él es todo un caballero.
Hinata escuchó el comentario, proveniente de dos mujeres que esperaban en la fila de la boletería. No pudo evitar sonreír ampliamente, observando a Kageyama; que no había escuchado el comentario.
Si fuera un chico ahora mismo, nos veríamos extraños. O no hubiéramos venido acá en primer lugar.
O peor, Kageyama nunca me hubiese notado. No más que como a un compañero.
Su risa se borró cuando comenzó a pesar en ello. Bajó la cabeza ante los pensamientos negativos que su cerebro había querido darle en aquel momento.
Entraron por fin al acuario, caminaban por un pasillo recto y largo rodeado de un vidrio transparente lleno de agua. Hinata olvidó por unos minutos lo que le apesadumbraba* segundos antes. Se maravilló ante la gran cantidad de peces de diferentes tamaños y colores. Y se asombró al ver como un delfín nadaba sobre ellos.
– ¿Estás bien? –Le preguntó Kageyama cuando habían recorrido todo el pasillo.
Habían llegado a una sala enorme, con un vidrio gigante que llegaba hasta el techo. Si lo de antes había sido asombroso, ahora lo era más. Hinata se preguntó qué pasaría si se llegara a romper. Se abofeteo internamente por lo que había pensado.
– Sí, claro. –Respondió rápidamente.
– Antes te noté un poco decaída. –Le comentó mientras miraba a un cardumen de peces nadando por cerca de donde se encontraban parados.
Hinata recordó sus pensamientos de hacía unos minutos atrás, y la depresión volvió a invadirlo.
Debería decirle ahora.
Sintió como se volvía más liviano y se mareaba rápidamente. Estuvo a punto de chocar con el suelo cuando el pelinegro le atrapó.
– ¡Hey! ¿Qué te sucede? –Le preguntó de nuevo, sentándolo en una de las bancas mientras se ponía en cuclillas en frente de él. Hinata se agarró la cabeza, que le dolía a horrores.
– Nada, nada. Soy… le tengo alergia a los delfines. –Comentó riendo, y restándole importancia al tema con un movimiento de manos.
Kageyama le miró, no convencido del todo.
– ¿Acaso es eso posible? –Preguntó entonces.
Hinata le miró directamente a los ojos, justo al borde de romper a reír a carcajadas.
– No seas tonto. –Soltó simplemente, en un tono de voz bajo. Su cabeza volvió a doler, y llevo rápidamente una mano a sus ojos, tapándolos. Kageyama notó su acción y se levantó.
– Buscaré agua. No tardo. –Le informó, alejándose a pasos apresurados de la banca.
Hinata miró al suelo, detallando la losa, que repetía el patrón de blanco y gris. Su vista se volvió borrosa de un momento a otro, asustándole por completo.
Se levantó rápidamente, perdiendo un poco el equilibrio debido a un mareo por el repentino movimiento. Buscó rápidamente con la mirada a Kageyama, encontrándolo a un par de pasos de allí, volviendo con la botella de agua entre sus manos.
No, no puede ser…
Kageyama le vio, y se apresuró a donde estaba. Hinata le sonrió antes de perder el conocimiento.
No ahora.
¡Dejen revieewww! Porque mis ojeras son bonitas, y porque esto quedó largo en contra de mi voluntad. Review sensual.
Antes que nada: disculpen cualquier error, tengo sueño t_t. Y es un largo capítulo. Creo que me lo sé de tantas veces que lo leí (y gracias al arreglo del borrador), pero igual mientras escribo edito las cosas... aunque a veces no salga como deseo.
*Apesadumbraba... Significa triste, afligido, disgustado.
¡Dios! Tuve que buscar la conjugacion de la palabra, y ni así estoy segura de que la usé de la manera correcta. Disculpen por eso también t_t
¡Ah! El lugar a donde fueron... me inspiré en el Acuario de Kagoshima, en Japón. Pueden buscar en Google Imagenes para que lo vean, es precioso.
Bueno, creo que ya saben lo que se viene. Odio ser tan predecible, pero no se puede evitar...
Espero que les haya gustado el capitulo... creo que Tobio me quedó muy hablador. Ugh T_T
Corté bastantes escenas, sin darme cuenta habia escrito 1700 palabras, y aún iba a la mitad.
Me quedé como ¡¿AH?!
#SucesoRandomDeLaSemana
¿Sabian que busqué algo sobre que HQ! solo lo leen chicas? (cosas que pasan por mi cabeza) y apareció esta fic.
Sí... casi meto la cabeza en un hoyo. Pero también me sentí feliz.
Pero más como que quería meter la cabeza en un hoyo.
Pero feliz(?)
En fin, queria decirles eso. xD
No me alargaré más aquí, esto parecerá testamento.
Nos leemos el miercoles(?)
O el jueves, o viernes... esos tres días.
Me iré a ver la pelicula de Doushitemo Furetakunai. Ya saben, para llorar un rato.
*Se va al rincón*
Ya, ya, no me alargo más.
¡Gracias por leer hasta acá!
¡Nos leemos pronto!
