Tenía la piel erizada, en un escalofrío continuo provocado por la intensa mirada del escritor, que se mantenía sobre ella. Notaba la respiración entrecortada y los latidos de su corazón se habían descontrolado. Nunca había sentido todo eso con tan poco. Una mirada. Una mirada de un azul profundo que nada tenía que ver con la mirada cristalina que la hacía sentir segura y en paz. Esta mirada oscura la hacia sentir la mujer más deseada de la faz de la tierra, y eso sólo lo había logrado él. Esperaba con los labios entreabiertos los besos que no llegaban, la estaba torturando acercándose lentamente a su boca sin llegar finalmente a la meta. Cuando parecía que por fin iba a saborear de nuevo esos labios él, con un rápido movimiento, hundió su boca en su cuello, haciéndola suspirar, no sabiendo si era por la rabia de un beso que no fue o por el placer que le producían sus labios en ese punto que habían descubierto, era su perdición.
No necesitaban palabras, se comunicaban a base de suspiros y gemidos de placer y sollozos y gruñidos de desesperación. Mientras notaba la lengua y los dientes del escritor bajando por su cuello y sus manos trabajando el resto de su piel, por el muslo y abdomen bajo su pijama, no podía hacer otra cosa que arañar su espalda mientras intentaba deshacerse de su camiseta, y elevar una de sus largas piernas para producir una fricción en la zona más sensible de Rick que solo hizo que la necesidad de sentirse piel con piel fuera creciendo.
La ropa voló por la habitación sin casi separarse unos centímetros del cuerpo cálido que deseaban complacer, y ya, libres de barreras, fueron conquistando palmo a palmo la piel del otro con sus manos y dedos urgentes, bocas y lenguas hambrientas y dientes y uñas despiadadas.
Entonces todo se volvió borroso. Su respiración entrecortada por la excitación se tornó más errática hasta el punto en el que notaba su pecho arder, un dolor tan agudo que no pudo evitar verse en el cementerio, ya que, igual que cuando le dispararon, unos ojos azules la miraban, una mirada de verdadero pánico. Podía oír la voz de Rick, aunque no conseguía distinguir lo que le decía.
Kate, Kate. Respira, por favor. Relájate. Suplicaba sin saber que hacer para ayudarla, sin dejar de acariciar su rostro y su cabello, intentando que se relajara.
Veía como su cara que hasta hace unos minutos reflejaba placer y deseo se contraía de dolor, mientras mantenía una mano en el pecho buscando aliviar la presión que le apretaba el pecho. Poco a poco su semblante se fue relajando al mismo tiempo que volvía a respirar profunda, y cada vez, más lentamente. Entonces Rick apoyó su espalda en el cabecero de la cama y atrajo el cuerpo de Kate sobre su pecho, y se dedicó a besar su cabeza y dejar caricias en su espalda, brazos, y donde llegasen las yemas de sus dedos. Notó que ya respiraba con normalidad, pero se quedaron así un rato más.
Sintió gotas resbalar por su pecho y enseguida supo que ella lloraba. Bajó su mirada y la miró mientras con su mano en el mentón levantó su cara para que le mirara.
Hey. Susurró. Ya está. Dijo secando sus mejillas con el pulgar. No llores, por favor.
Lo siento. Murmuró ella casi sin voz. Lo siento mucho. Sin dejar de llorar.
Shhhh. No te disculpes. Está todo bien. ¿Vale? Dijo mirándola a los ojos. Sólo tenemos que esperar un poco para… hacer esfuerzos. Dijo intentando quitarle importancia a la situación.
No, no. Yo… Bufó frustrada. Yo quiero… Bajó la mirada avergonzada.
Kate, ¿crees que yo no? Dijo bajito. Pero hay que hacer un esfuerzo, y más después de lo que acaba de pasar.
Ya, ya lo sé. Pero, después de todo lo que hemos esperado, precisamente ahora que podríamos… hacer tantas cosas juntos. No me refiero solo a… Se mordió el labio. Pero sobretodo no puedo esperar para volver a hacer el amor contigo, me resulta muy difícil… Dijo con la mirada llena de sinceridad y amor.
Te entiendo Kate, soy consciente de lo difícil que es tenerme al lado y no poder lanzarte a mis brazos. Dijo bromeando intentando sacarle una sonrisa. Sé que soy irresistible.
Idiota. Dijo con el ceño fruncido golpeándole en el pecho, pero no tardo en sonreír y volver a apoyarse sobre el pecho de Rick.
Se quedaron un momento en silencio, el cual Kate aprovechó para pensar y cuando se decidió, interrumpió el silencio.
Tal vez debería volver a mi apartamento. Y según lo dijo se arrepintió al sentir al escritor tensarse bajo su cuerpo.
¿Quieres irte? Preguntó intentando sonar lo más neutro posible, aunque falló en el intento.
No es que quiera irme Rick. Dijo mirándole a los ojos. Pero tal vez todo sería más fácil.
No. Nada sería más fácil. Quiero estar contigo, siempre. Al irme a dormir, al despertarme, desayunar juntos, comer y cenar en familia. Dijo sinceramente.
Kate se mordió en labio y no pudo evitar colocar sus manos sobre su cara y le llevó hasta sus labios para besarle y demostrarle el amor que sentía por él. Fue un beso dulce, tierno, que se alargó en el tiempo hasta que se separaron lentamente cuando sus pulmones protestaron por falta de oxígeno.
Yo también quiero estar contigo. Dijo apoyando su frente en la de él. Pero…
Nada de peros Kate, no somos dos críos que no puedan estar en el mismo sitio sin estar en la cama, ¿no? Vio como ella torcía el labio en una mueca. Míranos ahora mismo. Estamos completamente desnudos, abrazados, entre las sábanas, un poco sudados, hablando tranquilamente.
Es cierto. Dijo bajando la mirada desde los ojos de Rick hasta que la sábana le tapó la vista del cuerpo desnudo que tenía a su lado. Ahora que lo dices tal vez deberíamos vestirnos.
Tal vez tengas razón, pero no te vas a ir a tu apartamento. Dijo serio.
Bueno, supongo que algún día tendré que volver. Dijo notando la mirada seria de su novio sobre ella mientras se levantaba buscando ropa limpia en el armario. Al menos para recoger mis cosas. Dijo dejando al escritor confuso mirando la puerta del baño, por la que había desaparecido la detective.
Volvió en sí al escuchar el ruido del agua cayendo en la ducha y se levantó, recogió sus calzoncillos y se los puso. Fue recogiendo la ropa de ambos que seguía desperdigada por la habitación y la llevó para poner la lavadora más tarde. Mientras hacía la cama le pareció escuchar cómo le llamaban, pero lo dejó pasar. Cuando terminó de hacer la cama volvió a escuchar su nombre, esta vez reconoció la voz de Kate llamándolo y se extrañó. Abrió la puerta lo justo para asomar su cabeza.
Kate ¿estás bien? Preguntó viendo como ella abría la mampara de la ducha para asomar la cabeza igual que hacia el escritor por la puerta del baño.
Sí, bueno, necesito pedirte un favor. Dijo.
Claro, ¿qué pasa?
¿Me ayudas a lavarme el pelo? Es que me duele al levantar el brazo, me tira la cicatriz y… Soltó de carrerilla muy deprisa.
Kate, Kate, Kate. Tranquila. Dijo con una sonrisa tierna al verla tan nerviosa. Hazme un hueco.
Kate se hizo a un lado dándole la espalda y Rick entró en la ducha después de quitarse los calzoncillos, pensando en lo poco que le habían durado puestos. Cogió el bote de champú y se echó un poco sobre la palma de la mano, para después esparcirlo sobre con ambas manos sobre el pelo de la inspectora. Pronto el baño se inundó del vapor del agua caliente con olor a cerezas, y el escritor se perdió en el aroma afrutado masajeando el cuero cabelludo de su novia con delicadeza. Mientras el escritor le aclaraba el champú con gran cuidado Kate se sintió relajada y, cuando terminó de lavarle el pelo, se lo colocó a un lado y le besó la mejilla para después coger su esponja y enjabonarse. Kate se giró, observando a Rick y decidió salir de la ducha y colocarse su albornoz.
Suspiró frustrada intentando secarse el pelo con una toalla o peinarse, pero desistió al momento por el dolor. Al instante siguiente notó a Rick tras ella.
Dame, que te ayudo. Le pidió la toalla que mantenía en una de sus manos.
Ella se la extendió sin girarse y él se dedicó a secarle el pelo y luego se lo desenredó con cuidado. Kate sonrió al notar que el espejo poco a poco dejaba de estar empañado y empezaba a ver, cada vez más claramente al escritor concentrado peinándola. Cuando terminó, dejó el cepillo a un lado y se abrazó a su espalda durante unos minutos, hasta que la guio a la habitación, se vistieron en silencio, mirándose de vez en cuando de reojo y se fueron al salón, se sentaron en el sofá sin mirarse. La tensión se podía cortar con un cuchillo. Ambos sabían que sería complicado no dejarse llevar. Rick se preguntó cómo no le había hecho el amor contra la mampara de la ducha al verla desnuda y mojada a centímetros de él… Dios, tenía que pensar en otra cosa, o se volvería loco. Tenía que mantenerse a raya, por el bien de Kate. Por nada del mundo la haría sufrir, no quería verla igual que hace una hora, sin aliento, dolorida.
Ambos se volvieron para mirarse y se sonrieron sabiendo lo que pensaba el otro, y al final se recostaron sobre el respaldo del sofá y se abrazaron.
¿Crees que lo soportaremos? Preguntó Kate elevando la vista a los ojos de Rick.
Tendremos que hacer un esfuerzo, pero lo conseguiremos, siempre conseguimos lo que nos proponemos si estamos juntos.
Rick se inclinó para besarla despacio, y mientras acercaban sus bocas, cerrando los ojos…
¡Buenos días queridos! Irrumpió en el apartamento con energía Martha.
Se separaron rápidamente y miraron a la puerta, donde se encontraba la actriz con los zapatos en una mano y un pequeño bolso en otro.
Buenos días. Contestaron ambos, viendo como la pelirroja se dirigía directa a la cocina a ¿desayunar?
Parece que vamos a tener ayuda para mantener las manos quietas. Susurró el escritor besando la frente de Kate y volviendo a apoyarse en el sofá.
Kate seguía con la mirada a su… a la madre de Rick, que se preparaba un batido en la cocina.
Rick. Dijo esperando a que él le mirara. ¿De dónde viene tu madre a… Miró el reloj que en una de las paredes del loft. Casi las 11 de la mañana un jueves?
Pues… Se giró para mirar que, efectivamente ahí estaba su madre. La verdad… Dijo pasándose la mano por el pelo mirando a Kate y a su madre intermitentemente. Ni idea. Ya te acostumbrarás.
Y Kate se quedó un rato algo confusa, pero al final se encogió de hombros y se acomodó al lado de Rick, donde a los dos les terminó dando la risa por la situación tan absurda.
