Disclaimer: Los personajes de la saga Crepúsculo son propiedad de
Stephenie Meyer y su casa editorial.
El resto de los personajes son propiedad de "Mirgru"
Advertencia: Posee contenido adulto y lenguaje explícito.
Solo para mayores de 18 años.
Historia original, se prohíbe su copia parcial o total sin permiso del autor
El riesgo de amar
Capitulo 10 – Bella
Disculpas
- Hey Bella, volviste. - Sentí la voz de Mike tras de mí.
Era increíble que tras años de negativas a sus insinuaciones, no hubiera desviado su atención de mí.
- Solo fueron tres días. Aunque talvez tenga que mantener el reposo hasta el próximo Lunes. - Expliqué. - Este es Mike Newton, trabajo en su tienda de artículos deportivos. - Dije a la vez que le presentaba a Alice con un gesto.
- Ya nos conocíamos. Nos vemos en el almuerzo. - Saludó Alice a la vez que tironeaba de mí llevándome a los casilleros.
- ¿Cual es el apuro? - Pregunté sonriendo.
- Tengo un regalo para ti. Hace tres días que espera en mi casillero. - Contestó sacando una bolsa de la más cara boutique del pueblo.
- O no Alice. Esto es demasiado. Yo tendría que darte obsequios por haberme ayudado en estos días.
Me ruboricé al recordar como este pequeño diablillo se había colado en mi vida con tanta facilidad. Me trajo las tareas y los apuntes de cada día perdido. Aunque me desagradara su hermano, tenía que reconocer que su caligrafía era hermosa. Claramente se distinguía sus notas, resaltando pulcritud e inteligencia en sus anotaciones. Mentalmente me pregunté porque esos hábitos no los copiaba en su vida diaria, ya que se había revolcado con Lauren Mallory a dos días de conocerla. Era una fácil que daba pena. Por lo menos sabía quién había ganado la apuesta. Me pregunto que opinaría de ello Jessica, que se proclamaba como la nueva novia de Masen.
O si … ya me había acostumbrado a su verdadero apellido, aunque para mi fuera para siempre el "Idiota de Cullen" o "Cullineitor como le decían mis amigos por la forma en que torcía la sonrisa y saludaba a la chicas. Era un verdadero imbécil y se había ganado mi total antipatía. Sonreí al recordar como vacié los tres cubos de basura de la casa de los Mallory en su flamante auto. Por lo menos me había cobrado su ofensa y según me contó Alice, el echo fue tan penoso que hasta había llorado. Ja ja ja.
- ¿En quién piensas? - Soltó Alice al verme ida.
- En nada, en nada. Veamos que me trajiste. - Y me apresuré a poner mis libros entre mis piernas, para abrir la bolsa con mi mano buena.
Una hermosa blusa de color verde azulado apareció dentro de ella y la extendí para admirarla. En verdad era de muy buen gusto, aunque no me veía luciendo tan arreglada. - Alice es …
- Preciosa y se verá fenomenal en ti. - Susurró una voz aterciopelada al lado de mi oído.
Del susto se me aflojaron las piernas y los libros terminaron desparramados por el suelo. Me agaché sin contestar, ni girarme. Sabía quién era. Lo que me desconcertaba era el cumplido.
- Edward casi la matas del susto. No ves que aún no está compuesta. - Le recriminó Alice a la vez que me ayudaba a levantar los libros.
- Lo siento, no fue con intención. - Dijo él arrodillándose a mi lado y juntando las hojas que se habían desparramado por el suelo.
Me sentía torpe por su cercanía y presentí que el rubor ganaba mi rostro. Sentí sus ojos fijarse en mí. Su mirada recorrió el cabestrillo y algo en él se suavizó.
- ¿Qué te pasó? - Su voz fue dulce y cortes.
- Una caída absurda y me hice mal el hombro. - Respondí ante su amabilidad. De repente nuestros dedos se tocaron al recoger el mismo papel y una corriente eléctrica nos sacudió a los dos. Le miré incrédula y el mismo rubor cubrió nuestros rostros. Se levantó como un resorte, imitando mi acción instintiva que me decía: Sal corriendo.
Alice desde abajo, nos observó intrigada.
- Lo siento, no fue con intención. - Volvió a repetir visiblemente avergonzado.
- Ya lo dijiste. - Murmuré bajito.
- No lo de ahora. Por lo del otro día. Discúlpame. - Sus ojos verdes intensos brillaron fijos en los míos.
Con que así se sentían las chicas, cuando las deslumbraba con su mirada. No podía negar que la sensación era aturdidora. Unas mariposas revolotearon creando una incomodidad placentera en mi abdomen y sin querer contesté.
- Ya pasó. No fue nada Edward. - Largué aumentando mi sonrojo.
- ¿Amigos entonces?- Extendía su mano hacia mí.
La tomé pretendiendo darle un apretón amistoso, como los que le daba a Jacob, cuando la corriente nuevamente apareció en el roce. El miró sorprendido nuestras manos y dijo:
- Te advierto que no seré un buen amigo para ti. - Me desconcertó.
- Sobreviviré. - Sonreí ante su mirada de asombro.
Se alejó y casi vislumbré una sonrisa en su cara perfecta.
- ¿Qué fue eso? - Interrogó Alice que se nos había quedando mirando.
- Una disculpa. ¿Creo? - Contesté levantando mis hombros.
- No, no. Mi hermano es malo. No caigas en sus redes. - Se apresuró a decir mientras que me arrastraba hacia el baño.
No pude ni protestar, cuando Alice se metió al cubículo conmigo para ayudarme a sacar mi holgado buzo.
- Pero Bella. ¿Qué pintas traes? Ese hombro está terrible. - Expresó al ver el morado color de mi piel. - ¿Y estas otras marcas? ¿Cómo te las hiciste?. Su preocupación parecía genuina, pero no me atrevía a confiar en ella.
- Soy muy torpe. Colecciono accidentes. - Bromee a la vez que me colocaba la blusa nueva. Quería que no siguiera viendo mis cicatrices.
- Te queda fantástica. Unos pantalones de tu talle y serías una modelo. En verdad no entiendo porque te empeñas en usar esta ropa tan enorme, si tienes un cuerpo de lo más formado. - Corrigió Alice a la vez que habría la puerta del baño.
Un coro de risitas, se coló desde afuera. Lauren y Jessica me miraban con malicia. Me mordí el labio pensando en los comentarios que el habernos encontrado provocaría. Encima eran las chicas de Edward. ¿Sus chicas?
- Alice, me había olvidado contarte que ya tienes nueva cuñada: Jessica. - Le indiqué sonriendo. Jessi pareció encantada, aunque a Lauren se le salían los ojos. Así que agregué. - Y Lauren aquí presente es la que se lo cogió primero. Así que no sé … ¿Será un empate?
Apenas tuve tiempo de volver a cambiarme, cuando la pelea comenzó.
Salimos dejando un escándalo en el baño.
