Ron vio a Rosalie coger dos tazas del armario de Hermione.

Ojalá no tuviera un culo tan gordo, aunque al menos tenía un sitio de donde agarrarse y después de todo, un polvo era un polvo. Se acercó furtivamente detrás de ella, enterró la cara en su cuello y le rodeó los pechos con las manos. Rosalie tenía unas tetas bonitas, jugosos melones. Ron gimió y presionó su erección contra su trasero.

—Hora de un polvito rápido —susurró. Rosalie se puso rígida.

Mierda. Siempre se olvidaba de que hablarle así siempre la apagaba.

—Te deseo, nena —dijo él.

—Hermione volverá pronto.

—No durante otros quince minutos. Mira el reloj. Son sólo las seis. Bueno, lo eran ahora que Ron lo había retrasado. —¿Acaso no sientes lo que me haces? —se restregó más duro contra ella.

Rosalie se retorció en sus brazos. —¿No puedes esperar?

—No. Ropa fuera. Ahora. Ron se sorprendió cuando Rosalie accedió.

Había esperado tener que persuadirla de quedarse en la cocina. Para cuando estuvo desnuda, su polla y pelotas dolían. Quería atascarse en el coño mojado de Rosalie y frotarse hasta el olvido, pero tenía que hacerlo durar. Ron se desabrochó los pantalones y sacó su polla. Vio ensancharse los ojos de Rosalie mientras se acariciaba su dura polla y él sonrió.

—¿Tienes preservativo? —preguntó ella.

—¿Necesito uno, caramelito? —la engatusó Ron—. Creo que estás con la píldora y ahora estamos prometidos. Él tenía una goma en el bolsillo pero no quería usarla.

Ron se sentía dividido entre el deseo de pegar un tirito y derramarse en el coñito de Rosalie o de rociarlo sobre la mesa de cocina de Hermine.

—¿Te saldrás? —Rosalie preguntó mientras pasaba sus manos a lo largo de su polla.

—Si es lo que quieres —en realidad, Ron haría lo que él quisiera pero el tiempo hacía tictac y tenía que estar ya casi acabando para cuando Hermione llegara a casa. Él giró a Rosalie de los hombros y la empujó boca abajo sobre la mesa.

—No aquí —dijo Rosalie— ¿No podemos ir a un dormitorio?

—No.

—Por favor.

—No, aquí o en ninguna parte. Ron la movió hasta que estuvo en buena posición para él, su coño bien abierto, pero su apretado ano era más atractivo. Era tentador, pero no la podía asustar, no, si quería que este juego durara. Le dio un golpecito en su abertura y Rosalie gimió.

Ron rió en silencio.

—¿Qué? —Rosalie preguntó.

—Me gusta cuando haces todos esos ruidos. En cierto modo era verdad, aunque Rosalie era el polvo más ruidoso que se hubiera echado alguna vez. Iban a volver loca a Hermione. Presionó más hacia adentro y se introdujo en la caliente hendidura de Rosalie. Ron gimió y sintió la risa de Rosalie bajo él. La puta idiota.


Hermione se aseguró de salir del trabajo a tiempo, corrió hasta la estación para asegurarse de coger el tren cuanto antes y volver a su apartamento como prometió. Por lo menos ya no le dolía el trasero. Miró desde abajo a su ventana y se preguntó cómo se las había arreglado para dejarse encendida la luz. No era algo que ella olvidara, ya que pagaba las facturas.

Había intentado llamar un par de veces a Rosalie, para decirle a qué hora llegaría a casa, pero tenía su teléfono apagado. Hermione abrió la puerta con llave, la empujó y dejó caer el bolso en el pasillo. Entonces se congeló. Podía oír a Rosalie y sonaba trastornada. Dividida entre la rabia porque Rosalie hubiera entrado ya en su apartamento y preocupada de que algo fuera mal, Hermione se precipitó a la cocina.

—Joder —jadeó.

Rosalie estaba desnuda sobre la mesa de la cocina, la cabeza vuelta hacia ella, sus manos agarrándose de la parte superior de las patas mientras Ron la bombeaba desde atrás.

—Hermione —Rosalie jadeó.

Hermione intentó moverse pero sus zapatos se habían convertido en botas de hormigón. Ron le miraba directamente, sus caderas como pistones machacando a su hermana. Sus ojos se estrecharon, su aliento a tirones y luego salió y roció su semen en la parte de atrás de Rosalie. Cuando le guiñó un ojo a Hermione, ésta escapó.

Se quedó de pie temblando, preguntándose cómo unos segundos podían parecer horas. No se había quedado de pie mirándolos ¿verdad? ¿Estaban en su mesa de cocina? Ron salió de la cocina llevando dos copas de vino.

Hermione tomó una sin pensar.

—¿Te ha gustado el espectáculo? —susurró—. Sé que te gusta mirar.

—¿Qué coño estás haciendo aquí? —le espetó Hermione.

Ron puso una expresión inocente en su cara. —Ayudar a Rosalie, ¿qué si no?

—¿Por qué creo que es mentira?

—Tenía curiosidad por saber si era aquella mesa o tú lo que me tuvo tan caliente aquella noche.

—Creo que te follarías cualquier cosa, Ron —dijo Hermione con una risita corta

—. De hecho, ¿por qué no te follaste solo la mesa?

—Pues prácticamente es lo que he hecho. Tu hermana es tan gruesa como un tablón. El vino tinto lo golpeó de lleno en la cara. Él jadeó y miró la mancha sobre su camisa blanca.

—Eso fue un error —le espetó. Rosalie sacó su cabeza por la puerta de la cocina

. —¿Sor-pué...? —llegó a toda prisa, alisándose la falda—. ¿Qué infiernos ha pasado?

—Hermione, mostrando su naturaleza celosa otra vez —dijo Ron.

Los hombros de Herione cayeron. Quería que los últimos cinco minutos nunca hubieran pasado. —Quítate la camisa para que la pueda lavar —dijo Rosalie, manteniendo los ojos apartados de Hermione.

—¿Qué estás haciendo aquí? —Hermione preguntó.

—Ron me ayudó a trasladar mis cosas. Bueno, todo lo que no estaba mojado.

El corazón de Hermione martilleaba mientras seguía a Rosalie y la camisa a la cocina.

—He estado llamándote para decirte cuándo estaría en casa. ¿Cómo entraste? Rosalie sacó su teléfono del bolso y lo miró.

—Ah, pensé que estaba conectado. Debo haberlo apagado. Lo siento. Mamá me dio la llave. No pensé que te importaría.

Hermione no quería enfrentarse a Rosalie sobre lo que había estado haciendo en su mesa de cocina, pero no podía ignorarlo. —Te dije a qué hora estaría en casa

—Pero es temprano —Rosalie echó un vistazo al reloj de cocina. Hermione miró su reloj. Ah, Ron era inteligente, tenía que concedérselo. Él lo había planeado, así ella se habría topado con ellos.

—Déjame ponerle a Hermione una copa de vino —dijo Ron—. Parece como si necesitara una.

Hermione volvió a la entrada para colgar su abrigo y poner sus zapatos sobre el trozo de alfombra extra que tenía junto a la puerta para no dejar entrar suciedad en el apartamento. Se mordió las mejillas cuando entró en la estancia principal y vio que una bomba llamada Rosalie había explotado. Ordenada y pulida no eran palabras que pudieran ser unidas al concepto de su hermana ni en un millón de años.

Rosalie y Ron la siguieron dentro. —¿Cómo es que te has traído tanto? —preguntó Hermione— Pensé que esto era sólo durante unos días.

¿En serio Rosalie necesitaba traerse cada muñeco de peluche que tenía? El sofá estaba ahogado entre animales. Cajas de CDS y DVDS estaban sin desembalar junto a la tele. Trasportines de plástico con las últimas obsesiones de manualidades de Rosalie habían sido amontonados sobre la pila de libros con los bordes de las páginas doblados.

—Papá dice que la compañía de seguros pagará para que se arregle y enyese el techo pero que va a llevar tiempo conseguir que vayan y hagan presupuestos y luego esperar a que hagan el trabajo. Habrá un montón de polvo.

Hermione estaba haciendo un cálculo rápido, pasando de días a semanas a malditos meses.

—Espero que no te sepa mal, pero puse mis ropas en tu habitación. Tú tienes muchas menos que yo, así que pensé que te podrías apañar con un vestidor más pequeño y... bueno —Rosalie se ruborizó.

Oh-oh, Anna pensó, sintiéndose como si un tanque bi-plaza le hubiera pasado por encima. No se necesitaba preguntarse quién lo conducía. Ron puso su brazo sobre el hombro de Rosalie. Hermione mantuvo sus ojos apartados de su pecho desnudo.

—No pensamos que te importara que nos quedáramos con la cama de dos plazas mientras tú duermes en la de una plaza. Será sólo durante una o dos semanas —dijo Rosalie.

La cabeza de Hermione palpitó. Le costaba recordar un momento en el que hubiera estado más enfadada.

—Ron no se va a quedar aquí también.

—Desde luego que no —dijo él—. Tengo mi propio apartamento. Le ofrecí a Rosalie quedarse conmigo pero vivo muy lejos de su escuela y esto pareció una oportunidad ideal para reuniros las dos, reconstruir vuestra amistad y hablar de la boda.

Hermione no podía creérselo. Quería reírse, gritar, llorar. Quería chocar los talones y desear volver a Kansas. Primero, quería darle con un garrote a Ron.

—¿Está bien si me quedo tu cuarto, Hermione? Si no, puedo volver a trasladar mis cosas.

No, joder, no está bien.

Hermione se había quedado temporalmente muda. Su frenético cerebro intentó calcular las implicaciones de tener a Rosalie allí, de tener a Ron allí. No importaba desde qué ángulo lo mirara, eran malas noticias. Ron y Rosalie en su cama. Ron y Rosalie sobre su mesa de cocina. Ambos en su cuarto de baño.

—Podrías haber esperado —dijo Hermione—. ¿Cómo te sentirías si yo hubiera aterrizado sobre ti y hubiera cogido tu cuarto?

—Bueno, desde luego yo te habría dejado tenerlo. Hermione apretó los dientes. El hecho que Rosalie lo pensara, y Hermione sabía que verdaderamente lo pensaba, echó dudas sobre sus sospechas de que fuera Ron el que hubiera manipulado la situación. Hermione abrió la boca para sugerirle a Rosalie que le pidiera a su compañía de seguros que le alquilara un sitio y entonces Ron lanzó a Rosalie a sus brazos.

—Dale un abrazo a Hermione. Esto es muy amable por su parte. Vuestros padres van a estar emocionados al ver que hacéis las paces.

Mientras Rosalie la rodeaba con los brazos, Ron miró fijamente a los ojos de Hermione. Él sacaba y metía la lengua como una serpiente, con inequívoca implicación sexual.

—No sabes cuánto significa esto para mí —dijo Rosalie y se retiró del flojo abrazo de Hermione para volverse al abrazo de Ron.

—Como gesto de gratitud, os voy a comprar la cena, chicas. ¿Qué os apetece? ¿Indio? ¿Tailandés? ¿Pizza? —preguntó Ron.

—Me da igual —dijo Hermione y se escapó a lo que era su nuevo dormitorio. Cerró la puerta y se apoyó contra ella. Toda su ropa había sido echada sobre la cama. Rosalie no se había molestado en colgarlas. Hermione se vino abajo. Esto no iba a ir bien. No quería a Rosalie viviendo con ella, pero si Ron pensaba que podía quedarse a dormir también, era algo totalmente inaceptable. ¿Pero qué podía hacer? ¿Echar a Rosalie? ¿Empaquetar y encontrase un hotel barato? Si existiera un hotel barato en Londres Hermione se lo plantearía, pero ¿por qué tenían que echarla de su casa?

Pon una fecha límite, pensó Anna. Dos semanas, no más.

Y Ron no se quedaría a pasar la noche. Los fines de semana Rosalie podía irse a casa de Ron. Podría sobrevivir dos semanas, ¿no? Una hora más tarde, Hermione se preguntaba si podría sobrevivir otros dos minutos. Ron y Rosalie estaban estirados uno sobre el otro en su sofá, los muñequitos tirados por el suelo, viendo lo que les apetecía en su televisión, bebiéndose su vino. De acuerdo, Ron había pagado la pizza, pero el bastardo pidió pepperoni en una y anchoas en la otra, y ninguna de las dos cosas le gustaba a Hermione .

Tal vez podía crearse su propia inundación. Aquel pensamiento la dejó congelada. El apartamento de Rosalie inundado ¿era un accidente o lo había planeado Ron?

Hermione se golpeó la cabeza con la mano. Date un respiro. Estaba empezando a asustarse a sí misma. ¿Cuán paranoica se iba a volver? Aún y así... Rosalie había dicho que el tipo de arriba ni siquiera se había dado un baño esta mañana y Ron se las había apañado para entrar en el apartamento de Hermione aquella vez. Asumiendo que Hermione no se estaba volviendo loca y que Ron lo había orquestado de alguna manera, ¿qué motivo podría tener para que Rosalie estuviera en su apartamento? ¿O era él el que quería estar en su apartamento? Hermione empujó una cómoda delante de la puerta. Mejor segura que lamentarlo.


Draco se sentó en su coche mirando el apartamento de Hermione . Había calculado qué ventanas eran las suyas y la luz estaba encendida, pero no se movió. ¿Qué le iba a decir? ¿Cómo explicar cómo sabía dónde vivía sin sonar como el acosador del que ella ya se había quejado? Probablemente se asustaría en cuanto abriera la puerta. Pero Draco esperaba que no tuviera que decir nada. Esperaba que ella lo mirara, y le diera la oportunidad de soltarle que no estaba casado, que no era su casa si no la de su hermana y entonces ella se arrojaría a sus brazos.

Lo siguiente era estar desnudos en una cama. Recuperando un ramo de flores del asiento de pasajeros, Draco salió del coche. Se coló en el vestíbulo detrás de otro residente y subió las escaleras de dos en dos. Su corazón revoloteaba de entusiasmo con la idea de verla otra vez. Si no había comido, la llevaría a comer. Si lo había hecho, bueno, se le ocurría algo que a él le gustaría que ella comiera. Y él también. Se sonrió.

A Draco se le hacía la boca agua con la idea de enterrar su cara entre sus piernas, lamiéndola y chupándola hasta que se corriera en su cara. Se le revolvió la polla en los pantalones. Llamó dos veces a la puerta.

—¿Sí?

Draco era rápido como un relámpago, preguntas y respuestas volando por su cabeza. ¿Apartamento incorrecto? No. ¿Era este tipo
el novio de Hermione ? ¿Ella había mentido? ¿O Draco estaba llegando a una conclusión equivocada como le había pasado a ella? ¿Su hermano? Aunque ella no había mencionado a ninguno. No había ninguna razón para echarse atrás ahora.

—Busco a Hermione Granger .

—Piérdete. Le cerró la puerta en la cara. Draco se quedó de pie mirándola por un momento, preguntándose si valía la pena volver a llamar. ¿Y que le dieran un puñetazo en la cara? Soltó una risa corta y bajó de nuevo las escaleras.


Theo era un experto en quedarse en las sombras. Había pasado demasiadas horas de su vida profesional mirando y esperando a que pasara algo, sólo para descubrir que nunca sucedió nada. Ojalá esta vez no lo hiciera. Draco había aparcado en la calle del apartamento de Hermione , y se sentó en el coche durante tanto tiempo que Theo se preguntaba qué coño le estaba pasando por la cabeza. ¿Intentando pensar lo que iba a decir? ¿Preguntándose si debía arrancar el coche y volver a casa con Theo? Cuando Draco salió del coche sostenía flores. Theo suspiró y siguió esperando.

Había cosas que quería saber, que tenía que saber. Qué aspecto tenía Hermione, qué era lo que tenía a Draco tan cautivado y cuánto tiempo iba a pasar Draco allí. Sus preguntas fueron contestadas pero no de la manera que Theo esperaba. Draco surgió un poco después de que hubiera entrado. Echó las flores en el jardín delantero del apartamento, se subió a su coche, y lo puso en marcha.

Jodidamente deprisa, el idiota. ¿Qué había pasado dentro? ¿Se lo contaría Draco? Incluso mientras Theo cruzaba la calle y llamaba al timbre de Hermione, se iba diciendo que no lo debía hacer. Sería fácil inventarse un nombre y pretender que no había estado nunca aquí. Pero la necesidad de hacer lo correcto estaba inculcado en Theo, incluso si en el proceso él acababa dolido. Si Hermione no le había dado a Draco la oportunidad de explicarle que no estaba casado, tal vez se la daría a un amigo.

Theo apretó otra vez el timbre.

—¿Sí? La voz de un hombre, y tal vez eso le dijo a Theo todo lo que tenía que saber.

Cambió de táctica. —Inspector de policía Nott para hablar con Hermione Granger. —

Joder, le iban a pillar por hacer esto. Sonó la puerta abriéndose y Theo empujó. Cuando llegó al piso había un tío con pantalones oscuros y una camiseta azul ceñida apoyado contra el marco de la puerta. Era alto, con cabello un poco largo, rojo y despienado y una boca que sonreía cuando sus ojos no lo hacían. Cuando Theo llegó, una rubia de pelo lacio se puso a su lado. Hermione. Theo estaba sorprendido. No era el tipo que pensaba que le gustaría a Draco. Era guapa, pero baja y ligeramente regordeta.

—Esta es la señorita Granger —dijo el tipo—. Soy Ronald Weasley, su prometido.

Ah, joder.

—¿Podemos ver su identificación? —preguntó el tipo.

Theo abrió su cartera. El tipo la miró atentamente. Demasiado atentamente, joder.

—¿Esto es por el robo cerca de la fiesta a la que fuimos el sábado? —preguntó.

—¿Quién le dijo que fue un robo? —Theo no había dicho robo, pero supuso que era una conjetura razonable.

—Llamé para ver a los Smith un poco después de que usted los hubo visitado —Ron se giró hacia a Hermione —. Llevé a Hannah algunas flores como gesto de gratitud. Olvidé decírtelo.

—Eres un completo encanto —dijo la mujer. Theo quería desaparecer. Su voz era chillona. ¿Qué podía ver Draco que él no pudiera?

—Me dijeron que un policía había pedido los detalles de cada uno de la fiesta. Estoy sorprendido de que no nos haya venido a ver hasta ahora. Theo estaba en arenas movedizas y lo estaban atrapando a gran velocidad. Cuanto antes saliera de allí, mejor. Olvídate de pedir entrar, quería largarse por las escaleras.

—¿Vio a alguien actuando sospechosamente? —preguntó Theo diligentemente.

—Sólo el baile de Colin —dijo la mujer con una risa tonta. El sonido atravesó a Theo directamente.

—¿En cuanto a usted? —preguntó a Ron.

—No, nada.

—Correcto, les agradezco su tiempo. Se dio vuelta para irse.

—¿Quiere darme su tarjeta en caso de que me viniera algo a la memora? —preguntó el tipo.

No, joder, Theo no quería. Se llevó la mano al bolsillo como si buscara y sacudió su cabeza. —Ah, di la última esta tarde. No se preocupe. Si entonces no vio nada no necesitaré contactarle de nuevo.

Mientras Theo conducía su corazón se aligeraba más y más. Hermione estaba comprometida. No quería a Draco. Draco no la tendría incluso si ella lo quería. Ella había echado la última canita al aire y había atrapado a Draco en su red. Aunque Theo se preguntaba cómo Draco había podido contactarla teniendo un novio en la reserva. Tal vez se había peleado con él en la fiesta y por eso se subió a la cerca. No importaba. Nada importaba porque Hermione Granger era historia. Theo no fue directamente a casa. Le había dicho a Draco que estaba de vigilancia así que tuvo que hacerlo realista. Se fue a la oficina, una productiva hora de trabajo administrativo, y volvió al apartamento.

Draco estaba echado sobre el sofá. Había una botella medio vacía de tequila junto a un cartón de zumo de naranja sobre la mesita de café.

—¿Estás borracho? —preguntó Theo.

—No, completamente sobrio... completamente sobrio...

Mierda. Theo se mordió el labio, tanto divertido como alarmado. En todo el tiempo que lo conocía, nunca antes había visto a Draco borracho. El tipo ya tenía suficiente cuerda sin tener que beber alcohol.

—Pensaba que estabas clavando estacas —masculló Draco.

Theo se rió. —De vigilancia*. Vi lo que necesitaba ver. Conclusión satisfactoria.

Draco estiró una temblorosa mano hacia la botella. Theo la puso fuera de su alcance. —Creo que ya tuviste bastante, amigo.

Draco parecía como si se lo fuera a discutir y luego cambió de idea. Theo apartó las piernas de Draco y se sentó en el sofá junto a él. —¿Qué te pasa?

Draco alzó la vista, mirándolo con sus ojos grandes, oscuros. —Ya sabes qué coño pasa.

A Theo se le encogió el estómago. No era posible que Draco supiera que lo había estado vigilando. ¿O sí? —¿Hermione? —preguntó Theo.

Draco asintió. —Fuiste a su apartamento —el corazón de Theo palpitaba. En realidad no lo había formulado en forma de pregunta. Draco asintió. —¿Qué pasó?

—Un tipo abrió la puerta.

—Ah —tenía que ser el prometido que Theo había visto.

Draco echó otra vez la cabeza hacia el borde del sofá y gimió. —Mierda, pensaba que... Joder, Ojalá la hubieras conocido, Theo. Es tan mona. Es toda piernas y brazos y algo en ella me recuerda a mí. De hecho, joder, es clavadita a mí, solo que no. Te encantaría. Tanto cabello desordenado, pechos que se te deshacen en la boca, labios tan suaves y dulces, querrías comértelos. Estaba tan dispuesta, tan gentil.

—Tal vez no era lo que tenía que ser —dijo Theo, pensando que eso tenía que ser lo más patético que había dicho en su vida.

Draco se echó el brazo sobre los ojos. —Ella era exactamente la adecuada.

¿Qué? ¿Bajita y un poco rechoncha con una voz que podría rallar
el queso? Theo siempre pensó que le iban las altas de huesos pequeños, una mujer delicada.

—Alta y guapísima. Ni siquiera me importó que tuviera el pelo rizado. Sé que nos gustan las de pelo lacio, pero, joder, era clavadita a mí. Jesús.

Theo se obligó a seguir acariciando el muslo de Draco. —¿Tiene el pelo rizado?

—Sí, algo esponjado y salvaje.

—¿Esto es posible? Draco apartó el brazo para mirarlo.

El pulso de Theo brincaba. Algo no iba bien. —¿El pelo de qué color?

—Como… como castaño.

— ¿No era rubia?

Draco resopló y negó. —¡Que no! Es de cabello castaño.

Theo sumó dos más dos muy rápido. De acuerdo, tal vez le dieron cinco, pero tenía la sensación de que había sumado algo. Ronald Weasley había presentado a la mujer como señorita Granger. Theo había asumido que era Hermione pero parecía probable que fuera su hermana, Rosalie. ¿Entonces el empleo de "señorita" había sido para confundirlo a propósito? Si era así, ¿por qué?

Y joder, ¿qué iba a hacer Theo? Si le decía la verdad a Draco, se estaría metiendo de lleno en la mierda. Otra vez. Theo miró al hombre que amaba.

No tenía elección. —El tipo que viste ¿era alto, de constitución parecida a la mía, pelo rojo, camiseta azul, pantalones de traje? ¿Con leve acento del sur de Londres?

Draco se puso todo derecho. No dijo nada, solamente miró fijamente a Theo y parpadeó. Theo suspiró. —Su nombre es Ronald Weasley. Quise saber cómo era Hermione. Te vi ir a su apartamento, vi cómo te ibas poco después y tiraste las flores. Subí y pedí hablar con Hermione. Weasley contestó a la puerta y me presentó a su prometida.

Draco se puso rígido. —Bonita mujer pero no hay modo de llamarla alta. Curvilínea y un muy lacio cabello rubio. Me imagino que era Rosalie Grange.

—Joder. Will inspiró profundamente. —Ron. El bastardo de mierda —siseó Draco—. La puta conspiradora. Yo asumí que... oh, joder. Theo esperó a que Draco diera el siguiente paso. A pesar del exceso de alcohol, no le llevó mucho tiempo.

—¿Eres mi guardián? —preguntó Draco, sin un solo rastro de embriaguez.

—Yo... —Theo quería decir que lo había hecho porque lo amaba pero no podía encontrar las palabras, no quería pronunciarlas sabiendo que Draco no le diría lo mismo.

—¿Pensaste que me lo guardaría para mí? ¿Qué te apartaría de mi vida?

. —No sé, Draco.

—Ella me habló de ese tipo. Él intenta joderle la vida. Es un acosador. Nunca salió con él, pero él finge que sí. Ahora está con su hermana e intenta darle celos a Hermione. Cuando lo vi, asumí que... Pero ¿su hermana está allí?

—Sí.

Draco se levantó. —Quiero ver a Hermione.

—No esta noche. Es tarde. Estás bebido. Draco se dejó caer otra vez en el sofá.

—De acuerdo. Mañana. ¿Puedes averiguar dónde trabaja?

—Probablemente.

—¿Lo harás? ¿Por favor? ¿Me llamarás? La mandíbula de Theo se apretó pero asintió.

—Ven aquí —dijo Draco.

Theo se colocó entre sus brazos. —Somos una pareja, Theo. Nada hará cambiar eso.

Ojalá Will pudiera creérselo.


*Notas de la traductora: Juego de palabras completamente intraducible: staked out por stalkeout, es decir, "clavar estacas" por "vigilancia". La única diferencia es el espacio entre las dos palabras, de ahí que Will se riera.