Disclaimer: Todo lo que reconozcan como propiedad de Stephenie Meyer, lo es. La trama de esta historia es lo único que me pertenece.


Capítulo 10

Calma. No entres en pánico. Tranquila.

Después de que Jacob se bajara de mi auto y me dejara sola con este embarazo no planeado, esas son las palabras que he estado diciéndome a mí misma una y otra vez durante las pasadas siete horas.

Tiene que procesar la noticia. Su cerebro debe estar en shock. Dale un poco de tiempo.

Cuatro de esas horas las pasé encerrada en mi auto en el estacionamiento de la escuela, esperando que Jacob volviera con algo reconfortante para decir o hacer.

Pero no volvió.

A la hora del almuerzo, llegué a un horrible punto de desesperación. Bajé del auto con brusquedad, casi hiperventilando, y entré en el instituto buscándolo por todos lados, pero sin preguntar a nadie por él. La gente seguía mirándome como si estuviera loca mientras caminaba de un lado a otro, mirando en los lugares que suele estar, con un aspecto desaliñado y ansioso.

No estaba en ningún lugar del instituto.

Sam trató de hablar conmigo de nuevo cuando me asomé en la cafetería, pero lo esquivé y salí disparada de ahí antes de que su intensidad me provocara un ataque de histeria.

Estaba tan desesperada por encontrar a Jacob, que volví al auto y conduje por la ciudad, esperando encontrarlo en el restaurante de los Weber, el supermercado, la tienda de los Newton, el taller del Sr. Ateara… fui tan lejos como para conducir hasta su casa, donde su grosero padre con una botella de vodka en la mano me trató como una idiota por buscarlo en casa en horas de instituto. Incluso fui a la Push y lo busqué en la playa, al lugar donde me llevó aquella vez, bajo la fuerte lluvia.

Y no lo encontré.

Estaba empapada, helada, congestionada, sola y embarazada. Tenía náuseas. Me dolía la cabeza y el estómago.

Así que después de llorar otra desgarradora vez en medio de la desierta playa, resignada, conduje de vuelta a casa. Estaba tan cansada, sentía como si pudiera desmayarme en cualquier momento.

Al parecer, mamá estaba acompañando a la tía Reneé a la puerta, porque ambas venían caminando sonrientes hacia la puerta cuando entré en el vestíbulo a paso lento, mi cabello y ropa chorreando agua en el suelo de mármol. Se detuvieron abruptamente al verme y mamá emitió un grito ahogado por la sorpresa. Lo sabía, me veía como solo se podría describir como un desastre.

Era un desastre.

- ¿Renesmee? – preguntó la tía Reneé, como si quisiera comprobar que el deprimido y tembloroso pollo mojado frente a ella era realmente la hermosa hija de su mejor amiga.

- O-ol-vidé m-mi imper-meable – balbuceé con voz ronca, tiritando.

Mi garganta dolía. A juzgar por lo mal que me sentía, debí de haber pescado una enorme gripe. O tal vez mi garganta estaba así por lo fuerte que me permití llorar en la playa al estar consciente de que no había un alma allí, aunque, si hubiera habido alguien, nadie iba a escucharme bajo la fuerte lluvia.

- Dios mío – exclamó mamá, antes de apresurarse hacia mí – Debes estar congelándote con esa ropa mojada – me tomó por los hombros y me empujó suave, pero insistentemente, hacia adelante sin parar hasta que estuvimos en el baño de mi habitación.

Me hizo sentarme sobre la tapa del inodoro para que ella pudiera llenar la tina de agua caliente sin preocuparse de que mis temblorosas piernas no soportaran mi peso. Me quité la chaqueta mojada y la camiseta, empujando mis empapadas botas y calcetines con los pies. Cada movimiento que hacía era un esfuerzo, sentía como si estuviera bajo el agua.

Mamá terminó con la bañera y trató de ayudarme con el resto de la ropa, pero levanté una mano para que se detuviera – Está bien. Puedo hacerlo – murmuré.

Ella me miró como si no estuviera segura de eso y yo solo quería que saliera del baño ya. Su indecisión duró unos largos segundos en los que yo apreté mis dientes con fuerza, pero al final se dio por vencida y salió diciendo que gritara si necesitaba algo. En cuanto la puerta se cerró detrás de mamá, me levanté y giré tan rápido como pude para levantar la tapa del retrete y vomitar amarga bilis. Podría decirse que era gracioso que los síntomas de embarazo no se activaran hasta que me enteré de que lo estaba. Podría decirse.

Para mí no era nada gracioso.

El baño se sintió realmente bien porque de verdad que estaba congelándome. Metida en el reconfortante agua caliente, traté con todas mis fuerzas de no pensar en nada referente a lo que estaba pasándome en este momento y casi lo conseguí, por lo que no quería salir de allí, pero el dolor de cabeza seguía martillando mi cerebro y mi nariz estaba más allá de congestionada, además, la tía Reneé tocaba la puerta urgiéndome a dejar de estar mojada.

Después de salir de mi armario con mi suavecita pijama y mi peluda bata designada especialmente para resfriados que Bella me regaló la navidad pasada, la tía Reneé señaló el banquito de mi peinadora con su dedo índice, así que fui hacia ella y me senté obedientemente.

Acarició la bata en el área de mis hombros y me sonrió por el espejo – Esta bata es especialmente para resfriados, ¿no?

- ¿Cómo lo sabes? – pregunté con voz baja y ronca.

- Cuando Bella tenía once años, le compré una enorme bata igual a esta en un bazar en Turquía. Ella fingió que la detestaba por sus brillantes colores, pero tu madre dijo que se envolvía en la bata cada vez que se enfermaba o se sentía triste – tiró de unos cuanto pelos de la bata color arco iris distraídamente – Como si necesitara a su mami y la reconfortara llevar algo que representara aunque sea un pedacito de mí.

Todos sabíamos que la tía Reneé había estado bastante ausente en la vida de sus hijos durante mucho tiempo debido a que estuvo atrapada en un horrible matrimonio con un imbécil y que esa era la razón por la cual pareciera que mis padres tuvieran la paternidad de Emmett y Bella compartida con los tíos Swan, pero la tía Reneé había rectificado eso luego de deshacerse de aquel hombre y se convirtió en una entregada madre, abuela, tía y esposa después de aquello.

Ella se quedó en silencio por un rato, perdida en sus errores del pasado, antes de sacudir la cabeza y sonreír ampliamente – Ahora – dijo tomando mi largo y pesado cabello mojado – Sequemos esta hermosa cabellera para que estés completamente seca.

Tomó el secador de pelo de mi baño y empezó a secar mi cabello lenta y cuidadosamente, mechón por mechón, mientras canturreaba una canción que el ruido del secador no me dejaba distinguir. Me relajé. Se sentía bien tener sus manos en mi cabeza y me sentaba maravilloso que alguien me mimara y cuidara de mí en este momento en el que me sentía tan desamparada.

Una lágrima salió de mi ojo derecho y la enjuagué rápidamente antes de que llegara a la mitad de mi mejilla, pero cuando miré hacia la tía Reneé por el espejo para comprobar que no me hubiera vista llorar, ella estaba mirándome de vuelta con comprensión, como si supiera qué me tenía tan triste. Mi estómago se revolvió nerviosamente, pero me obligué a mantenerme tranquila porque no había manera de que supiera lo que me pasaba.

Cuando bajé la mirada, ella sacudió mi pelo completamente seco y metió sus dedos en ellos para masajear un poco mi cuero cabelludo. Luego se detuvo repentinamente – Oh, vete a la mierda, Elizabeth Masen…

Levanté la vista – ¿Eh?

- Tu abuela – dijo mientras rodaba sus ojos con fastidio - ¿Sabes? Nunca me cayó bien. Ella era realmente hermosa, pero era malditamente irritable, y snob, y yo le daba gracias a Dios que Esme era completamente igual a su padre.

Parpadeé, sorprendida – Se supone que no debes hablar mal de los muertos.

Empezó a trenzar mi cabello con vigor – Ya lo sé, pero es que acabo de darme cuenta de que aún cuando murió, siguió siendo un irritable trasero - suspiró cuando la miré, en blanco – Mira, ella me odiaba, ¿si? Porque como dije hace un minuto, era una snob y no me creía a la altura para ser la mejor amiga de su hija. Eso no significaba ningún dolor para mí porque yo también odiaba a la perra. Odiaba sus entrañas, pero le tenía un desagrado especial a su salvaje cabello de color extraño que la hacía verse perfecta, así que dejaba caer comentarios sarcásticos a su alrededor acerca de su estúpido cabello y ella me miraba como si solo fuera una pobre niña resentida por lo genial que era. Y luego ella murió, tus padres se casaron y tuvieron dos bebés que eran completamente iguales a su padre, pero desentonando su aspecto con un extraño color de cabello que no poseía ninguno de sus padres, sino su fallecida abuela materna - arrugó su nariz – Mi segunda bebé se enamoró de su primer bebé y resulta ser que mis nietos… sangre… ¡vinieron a este mundo con el mismo extraño cabello de esa irritable mujer! ¡Es como si hubiera movido los hilos desde el más allá con el propósito de joderme!

- Uhm… karma, ¿tal vez? – dije, perpleja por su arrebato.

Se cruzó de brazos, enfurruñada - Oh, no, nada de karma. Fue obra de esa perra, estoy segura.

Antes de que me diera cuenta, había estallado en risas. Era gracioso que ella simplemente explotara en un alboroto por algo tan absurdo como nuestro color de cabello, pero la tía Reneé era así de rara y loca. Y la amaba. No se tenía que averiguar mucho para saber de dónde Bella había sacado su personalidad ocurrente.

Suspirando para calmar mis risotadas, me encontré con la complacida mirada de la tía Reneé y mi corazón se calentó. Dejé de reírme al instante, pero le ofrecí una pequeña sonrisa de agradecimiento mientras luchaba por no romper a llorar.

Ella se acuclilló frente a mí, tomó mis manos con una de la suyas y me secó una lágrima terca con la otra – Sea quien sea, es un idiota – dijo suavemente – Y no merece tus lágrimas.

Bajé la cabeza y sorbí por la nariz, intentando con todas mis fuerzas no sucumbir a las lágrimas. Quería decirle. Quería decirle para que me ayudara, porque estaba asustada y no sabía qué iba a hacer con esto, pero no me atrevía a hacerlo.

Volví a sorber por la nariz y asentí, porque ella tenía razón. Jacob era un maldito idiota.

- ¿No quieres decirme lo que sucedió con ese idiota? – preguntó. Sacudí la cabeza – ¿Ni a tu mami? – volví a sacudir la cabeza y ella se quedó callada unos segundos antes de apretar mis manos – Está bien, lo entiendo. No tienes que decirlo si no quieres, solo espero que Sam no golpee a nadie. O quizás sí - resoplé justo cuando la puerta se abrió y la tía Reneé me pasó la mano por la cara con brusquedad – Vamos, cariño, solo fue una trenza, no tiré tan fuerte. Eres una blandengue.

Levanté la manga de mi bata para secar bien mi rostro y sorbí por la nariz por enésima vez para recibir el caldo de pollo que mamá me había traído. Mi estómago se revolvió con fatiga por el delicioso olor y traté de recordar cuándo fue la última vez que comí, pero no podía recordarlo. Así que empecé a comer inmediatamente y repetí cuando no estuve satisfecha con solo un tazón.

Al terminar, mamá quería que durmiera un poco después de haberme dado una pastilla para la fiebre, la cual fingí tomar, pero como me sentía demasiado llena como para estar en una posición horizontal e intranquila para descansar, me senté en el diván de mi ventana y me abrigué lo más que pude para que mamá y la tía Reneé pudieran besarme las mejillas e irse tranquilas.

Allí sentada miré ausente por la ventana, pensé continuamente en qué demonios voy a hacer con este embarazo, seguí sorbiendo por mi congestionada nariz y revisé mi teléfono por primera vez desde que hablé con Sam por mensajes de texto ayer. Tenía cuarenta y siete llamadas perdidas y catorce mensajes: diez llamadas y cinco mensajes de Rachel, siete llamadas y dos mensajes de Rebecca y treinta llamadas y siete mensajes de Sam.

Ignoré todo eso y revisé cuidadosamente, casi con obsesión, por alguna llamada o mensaje de Jacob, pero era algo estúpido e inútil de hacer ya que él no tiene mi número ni yo el suyo…

Sabes que las cosas van a ir terriblemente mal cuando estás embarazada y ni siquiera tienes el número de teléfono del padre de tu bebé.

¿Ya he dicho que estoy jodida?

Me sobresalté al sentirme siendo movida y cuando abrí lo ojos estaba siendo trasladada por alguien a mi cama desde el diván. Mi corazón y estómago saltaron a la vida cuando noté que ese alguien llevaba puesta una chaqueta negra de cuero. Abrí la boca y levanté la cabeza, pero me detuve cuando no vi cabello largo y negro ni piel olivácea sino cabello corto cobrizo y piel pálida. Me dieron ganas de llorar. Estaba harta de lloriquear. Sam me puso en la cama y trató de sacar la manta de debajo de mí sin darse cuenta que estaba despierta, así que me aclaré la garganta para despejar el nudo que empezaba a formarse y poder hablar.

- Oh, hey – susurró Sam antes de que pudiera decir algo.

- Hola – dije con voz ronca.

- La abuela Esme dijo que llegaste a casa mojada y enferma – dijo quitándome algunas hebras de cabello de la cara, luego hizo una larga pausa mientras me miraba fijamente – Y la abuela Reneé me dijo en voz baja que iba a encargarse de cubrirme si golpeaba a algún bastardo imbécil.

Hice una mueca, la tía Reneé era fabulosa, pero no era buena guardando secretos. Incluso me sorprende que no le haya dicho nada a mamá. Aún.

En cuanto abrí la boca para fingir que no tenía idea de qué estaba hablando la tía Reneé, Sam levantó una mano para detenerme – No. Prefiero que seas honesta y me digas que no quieres decirme lo que pasó a que me digas una mentira que sabes que no voy a creer – suspiró como si estuviera agotado – Me considero un chico grande que puede hacerse cargo de sus mierdas, pero sigo creyendo que aún eres esa pequeña niña que tengo que proteger de los niños malos. Y a pesar de que he pasado mi vida intentando que nada te lastime, de todas formas no he podido evitar que resultaras con un corazón roto – resopló – De un corazón roto es precisamente de lo que he estado tratando de protegerte tan ferozmente, y de cualquier manera, saliste con algún chico misterioso que hizo el maldito asunto mal. Supongo que era inevitable…

Me quedé en silencio temiendo llorar incontrolablemente si hablaba. O decirle la verdad. ¿Por qué simplemente no se lo decía? Iba… iba a enterarse de todos modos, ¿no?

Pero no me atrevía a decirlo. Tenía miedo.

Cuando pasó un rato largo y seguí mirándolo asustada, sin decir nada, él volvió a suspirar, mirándome con suavidad – Tranquila, no voy a exigir que me digas quién te ha dejado tan mal como para que te enfermaras, aunque me gustaría hacerlo. Es más, no debí haberlo hecho esta mañana, lo siento, son tus asuntos.

Me senté y lo abracé fuerte porque lo necesitaba y porque me sentía realmente mal por mentirle – Te quiero, Sam – murmuré entrecortadamente – Lo siento.

Él me correspondió el fuerte abrazo – ¿Eso significa que vas a decírmelo? Mis nudillos pican - resoplé y sacudí la cabeza, pero no lo solté, enterré mi rostro en el hueco de su cuello en su lugar – Está bien, está bien. Ya lo sé. Solo espero que no vuelvas con ese imbécil luego de esto.

Ojalá pudiera solo encontrar a ese imbécil, porque no pude hacerlo por el resto de la semana.


Hola! Como está?

Espero que les haya gustado el cap. Jacob desapareció, Nessie está enloqueciendo estando completamente sola en esta situación y ha preocupado a su familia.

He tardado eones en actualizar y si están enojadas, pues con toda su razón. Literalmente acabo de terminar con este capítulo y he decidido subirlo inmediatamente porque ha sido mucha espera, la verdad es que no tengo lap (otra vez) y fue casi imposible escribir el cap de esa manera.

Espero que pueda escribir más seguido ya que finalmente tengo una computadora disponible cerca, aunque no es mía.

Gracias por sus comentarios y por esperar pacientemente por mí, nuevamente me disculpo por la espera.

Les mando un beso y un abrazo, nos leemos en el próximo cap.

Bye!