Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen a mi si no a Masami Kurumada, esto es sin ningún fin de lucro.
Capitulo 11: Medidas desesperadas.
—Seiya, ¿qué, qué haces aquí?—pregunto Miho con nerviosismo, sin inmutarse a invitar dentro a su visita.
—Perdona Miho que venga así, pero necesitaba hablar con alguien y que mejor que hacerlo con mi mejor amiga que no visitaba desde hace tiempo—comento con cierto chasco el santo, penetrando con familiaridad a la vivienda como lo había hecho infinidad de veces.
El santo observo la pequeña luz que provenía de la habitación de la chica y supuso que la había sorprendido en un momento de siesta, por lo que descanso de sus muletas en un sillón y le conversó:
—No te preocupes por mí, puedo esperar a que te cambies y platicamos, ¿te parece?—dijo el caballero amable ante la chica que aun no sabia que hacer ante la incertidumbre.
—Seiya, perdóname pero no es buen momento, preferiría que...—la morena continuaba hablando alterada ante el pegaso cuando la puerta de su habitación se abrió, llamando a la dama:
—Miho, ¿quién era?—preguntaba Jabu mientras se tallaba los ojos, adormilado. La desnudez del unicornio no paso desapercibida para Seiya, que observo sin expresión aparente a los dos habitantes de la casa entre aquel contrariado silencio.
Seiya, al sentirse intruso ante el dúo y comprendiendo por fin el extraño comportamiento de su amiga, decidió marcharse con su mirada baja.
—Ahora entiendo, mejor me voy. Lo siento.
El caballero de pegaso extrañamente se sentía afligido. De momento jamás espero ver al unicornio compartiendo habitación con una chica a la cual tenia muy reservada en su corazón. Quizá ver a su amiga, que casi era como su hermana en tal situación lo consternaba o quizá si, estaba celoso.
Miho se había mantenido inmóvil ante la figura inválida del hombre saliendo de su morada tanto Jabu miraba con expiación la escena.
Le dolía por alguna razón que el pegaso la encontrara con el unicornio, quizá porque en el fondo aun mantenía la esperanza viva de que el japonés estuviera a su lado; así que pretendiendo salvar su realidad, le gritó a la imagen del pegaso que se diluía entre la noche al borde de la puerta:
— ¡Seiya, lo siento!
La mirada azulada de la chica se inundo de nostalgia y tras un suspiro largo, lentamente cerró la puerta. El unicornio se despejo del sueño y se quedo quieto ante la sosegada Miho.
—Miho, ¿estas bien?—pregunto con cierta duda el argelino ante la pasmada silueta de la morena que aun mantenía pegada al portón, sin contestación.
—Creo que le sueño terminó. —suspiro con la mirada al suelo Jabu, para retornar de nuevo a la habitación y tomar sus ropas del suelo. —Sera mejor que me vaya.
Apenas la chica había entendido lo que sucedió ante sus ojos, cuando giró hacia el castaño:
—Jabu...tenemos que hablar.
En otra parte de Japón, cubierta por la oscura piel del día, un trío de amigos en las afueras de un bar, ayudaban a uno de ellos a levantarse del suelo, pues estaba ahogado en alcohol.
—Nachi, amigo no sabes cuanto lo siento, peor creo definitivamente que el sake no te ayudara a olvidar a Eris, mejor vamos a la mansión.
— ¡No! ya les dije que primero debo ir a una peluquería. Debo pintarme el cabello de rubio y así ella me amara. —replicaba bastante melancólico el santo del lobo ante Geki y Ban mientras sostenía una botella de licor. — ¡Eris te amo!
—Pobrecito, debemos llevarlo al psicólogo—murmuro el leoncillo levantando con un solo brazo a su compañero y caminando hacia un taxi junto con Ban.
Por su lado, Hyoga apenas había caminado un par de calles de la casa de Eris, se detuvo en medio de la calle, desesperado. En su mente corría a la misma imagen de la rubia destrozada y le clavaba su ansiedad en lo más hondo de su pecho. Tal vez era egoísta, pero necesitaba hacer algo para calmarse, ya no podía más con aquel miedo a perderla que quemaba en su conciencia. Entonces supo que en los momentos más solos, es cuando te das cuenta a quien realmente amas; se sentía estúpido al haber traicionado a Eris, y sin dudarlo, retorno en busca de la joven. Sin afectar el frio de la noche, sus pasos que en un principio había sido lentos, comenzaron a ser más rápidos conforme avanzaba hacia la casa de la chica.
Y cuando por fin llegó, se detuvo en seco frente a la casa. Tragó saliva y se frotó las manos ante su ímpetu, presionando con recelo el timbre. La chica, quien permanecía pasmada en su cama y con sus rodillas apresadas, se asombro ante el llamado del exterior. Con cierta desconfianza se aproximo a la puerta y pregunto quien era.
Con su voz seca y con sus ojos cerrados, el cisne contestó: —Eris, soy Hyoga. Por favor déjame explicarte.
La joven sintió que una ola de ira subía por su cuerpo gastándole las pocas energías que la mantenían de pie, vociferándole por detrás de la puerta que se marchara.
— ¡Déjame en paz Hyoga, vete de aquí!
— ¡Por favor, Eris!—gritaba al borde de la locura el santo, delineando con sus dedos la puerta como si acariciara a la dama— No quiero perderte y hare lo que sea necesario para que hables conmigo. ¿Y sabes?, estaré aquí toda la noche esperando poder escucharte.
El siberiano coloco su oído sobre la puerta intentando percibir la presencia de la chica mas al no oírla, se aproximo hacia una de las ventanas posteriores y se sentó en una especie de berrinche sobre el suelo. La chica decidió volver a su cama; y al pasar hacia su cuarto y mirar hacia afuera incidentalmente, observó la silueta del siberiano expectante ante ella.
La chica exasperada y notando la determinación que mantenía el caballero para lograr su cumplido, abrió la ventana y le discutió:
—Hyoga, ¿qué se supone que estas haciendo?
—Pues no se, quizá si me dejas resguardarme del frio en tu casa y me regalas unos minutos para explicarte, no cargues en tu conciencia mi muerte por hipotermia.
—Por mi puedes pasar toda la noche afuera. Llámale a tu alguien de Asgard para que te resguarde y a mi déjame en paz—contesto desafiante la rubia.
—Por favor Eris, dame solo un poco de tiempo y te juro que si después de ello no quieres verme, jamás volveré.
La chica resuelta, cerró la ventana ante la trémula silueta del cisne y sin conmoverse, se tumbó sobre su cama y se tapo los oídos con la almohada, intentando olvidar que la presencia del caballero estaba afuera.
Shiryu permanecía silencioso debajo del típico árbol de sus travesuras de niño en la inmensidad de la noche, sintiendo atento el aire intranquilo le golpeaba en su cara. Entonces se detuvo a analizar toda su vida. Y si, todo había comenzado en aquella mansión con pequeños niños envueltos en ilusiones, para alzar el vuelo de ahí y enfrentarse a un duro destino y que hasta ese momento, le había llevado a encontrarse con Shunrei. Ella, siempre a su lado, estando en las buenas y malas, en su salud y enfermedad, y ahora, regalándole un lazo eterno a su lado.
Era extraño saber que una parte de el y de ella se conjuntarían en un ser chiquito e imaginarse a una pequeña Shunrei corriendo a su lado o un afectuoso Shiryu siguiendo sus pasos le emocionaban.
Y como si la hubiera llamado con el pensamiento, la joven oriental se posó a su lado como quieta mariposa, tomándole la mano con ternura.
—Shiryu, quiero hablar contigo de lo sucedió.
—Shunrei—el dragón interrumpió con sus largos dedos la boca de la joven y le regalo una mirada serena—Perdóname, la verdad es que yo también presione demasiado. Lo siento, estoy muy nervioso y reacciono mal porque no se que se debe hacer uno cuando va ser papá y si lo estoy haciendo bien.
—Shiryu...—rió juguetona la joven y se posicionó de frente para poder alcanzar sus facciones—seguro lo harás bien, eres buena persona y además un increíble caballero. Yo confió en ti.
El chico se sintió reconfortando ante las palabras de su amada y sabía que quizá si se equivocaba, la joven con seguridad le guiaría y estaría a su lado para apoyarlo como todas aquellas veces que lo había hecho con sus ojos empañados; por lo que conmovido, le departió: — ¿Entonces me perdonaras?
—Mmm si... ¿y tu? Yo también me equivoque al alejarte, ¿lo harás?—cuestionó Shunrei divirtiéndose con el mohín impaciente del caballero.
—Solo con una condición.
— ¿Cuál?—pregunto nerviosa la chica ante la mirada emocionada del caballero.
—Que aceptes casarte conmigo.
El silencio aterrador envolvió en un universo alterno a aquel par de amantes. Shunrei no comprendía lo que acaba de escuchar, sin embargo, su cuerpo reaccionaba tiritante ante las palabras del chico, pues aquellas palabras acababan con los pocos bríos que aun la mantenían con cordura. El caballero al ver la mirada asombrada de la oriental, le tomo sus manos, apretándolas a la altura de su pecho y le hablo:
—Yo se que todo esto esta pasando muy rápido, pero realmente quiero estar contigo y nuestro hijo para siempre, cuidándolos a cada instante.
—Shiryu, yo no se...
En otra parte de la iluminada ciudad de Japón, Ikki permanecía acostado sobre su cama con su cabeza hundida en una almohada, escuchando a un volumen bajo una canción a piano mientras Seika lo buscaba abriendo las diversas habitaciones de esa residencia. Al abrir una de las tantas habitaciones, Seika se aproximo con sigilo en la cual estaba el fénix, cerrando la puerta tras introducirse.
—Ikki, te encontré—dijo con simpatía la chica para que el moreno notara su presencia, sin embargo este no se movió de su posición; por lo que ella resignada, se sentó a su lado y le acaricio la espalda— ¿Estas bien?
El chico aturdido, se acomodo para enfrentarla y con sus ojos adormilados, le acarició la mejilla: —No lo se.
—Ya fue suficiente, Ikki. Desahógate y suelta todo aquello que tienes guardado. Dale el retorno a tu humanidad y ya no pienses más que el llanto es símbolo de fragilidad. Demuéstrame que sientes, que no se quede en tu mirada ese vacio y déjate amar—susurro la dama mientras reía ligeramente del aspecto desfachatado del moreno.
La chica tomó con sutileza el borde de sus facciones y las aproximó hacia sus labios, dándole un dulce y nostálgico beso.
—Esmeralda siempre ser parte de ti y eso nadie va a cambiarlo, pero llego de momento dejarla ir. Ella necesita saber que estarás bien para poder descansar porque seguramente cada día no lo hace al verte tan apartado.
El joven se profundizo en los ojos marrones de la chica e induciéndolo, se removió de su cama haciéndole un espacio a la castaña para que reposara a su lado y ella cómplice, le accedió.
—Viví entre sombras hasta hoy—comento melancólico el caballero mientras la rodeaba con sus brazos sobre la cama y cerraba sus ojos, intentando conciliar el sueño—Gracias Seika...por todo.
Seiya por fin había llegado a la mansión volviendo a su infierno personal, mas el silencio y calma que reinaba en la mansión le atrapaba. Subió desanimado las escaleras manteniendo el miedo de encontrarse con la dueña de la casa pues su confusión lo batía entre si insistir con Saory o dejarla ir tal cual ella se lo había pedido. Justo progresaba rumbo a su habitación cuando un sirviente saliendo de su cuarto le asusto.
—Muchacho Seiya que bueno que lo encuentro, la señorita Saory se fue al aeropuerto hace media hora y me dejo esta carta para usted.
— ¿Cómo que se fue?—cuestiono sorprendido el santo mientras recibía en sus manos el sobre.
—Si, se fue a Grecia. Pero si necesitaba decirle algo urgente, yo creo que aun la alcanza.
—No se si valga la pena pero gracias—termino el santo observando como el empleado se marchaba y al verse solo, abrió desesperado la carta.
Seiya:
Se que en este momento te debes de estar preguntando el porque me marche. Y es que así lo creo, creo que yo debo terminar mis años como Athena en Grecia y a tu lado, solo se que flaquearía y ¿sabes porqué? Porque solo tú puedes verme tal cual soy, como Saory y no como una diosa. Y la única forma de no enfrentarme a tus ojos, y de liberarte es por medio de esta. Todo aquello que sucedió esa tarde en el piano, quiero guardarlo como un recuerdo, quizá el mas hermoso de mi existencia terrenal. Hubiera querido decirte que también yo te amo pero seria seguirte lastimando, así que prefiero marcharme.
Se que serás feliz aquí en Japon, tienes a mucha gente que te aprecia y otras tantas que te aman, me encantara verte feliz algún día y saber que estas bien, aunque en el fondo hubiera querido ser yo quién estuviera a tu mi caballero, hasta siempre.
Atentamente Saory.
Al terminar de leer, el santo con sus ojos al borde del llanto, sintió la necesidad de salir a buscarla por lo que sin pensarlo mas ,se acomodo las muletas y camino lo mas pronto que pudo hacia el exterior.
El chico solo sentía el ímpetu por salir corriendo y poder alcanzarla e incluso en esos momentos lamentaba su condición inválida. Abordo un taxi y en su pensamiento solo una pregunta corría angustiada:
— ¿Si me amas, porque me dejarías? No te vayas, Saory no lo hagas...
Mientras tanto, June y Shun disfrutaban de la noche, acurrucados uno sobre otro en la cama de la chica con algunas botanas mientras observaban el televisor cuando el sonido del teléfono, les alerto.
— ¿Quién podrá ser a esta hora?—pregunto semidormido el santo de las cadenas mientras se removía del abrazo de la joven.
—No lo se, igual contestare—comento la amazona mientras con pereza se removía de los brazos del japonés, siendo alcanzada antes de irse por una de sus manos.
—No lo hagas, no te vayas de aquí—susurro con un mohín divertido, Shun.
—Shun, puede ser algo importante, solo serán unos segundos—contestó la chica mientras se aproximaba hacia el mueble que sostenía el teléfono y alzaba la bocina.
—Hola.
—June, soy yo, Reda—hablo una voz desgarrada a través del teléfono mientras la rubia se acomodaba el cabello—Solo quiero que sepas que siempre te voy amar y que a pesar de que Shun este a tu lado ahora, yo no voy a olvidarte.
La rubia al escuchar a su compañero se respingo y pasó su expresión inquietada.
—Reda, ¿porqué estas diciendo todas esas cosas?—pregunto con cierta duda la amazona. Shun, por su parte se levanto de la cama turbado y se acerco hacia donde estaba la rubia, escuchando atento.
—Solo les pido que sean felices, es todo. —musito con la voz quebrantada el pelirrojo— Me quitare de su camino y así no tendrás que preocuparte por mi.
— ¿Dónde estas Reda? , escuchame, ire a verte.
— ¿Vendrías por mi?—pregunto con cierta malicia el hombre tras la bocina— Promete que vendrás conmigo y te juro esperare a verte. Aun estoy en el hotel donde nos vimos la última vez.
Y tras pronunciar estas ultimas palabras, el teléfono se descolgó dejando a la rubia con preguntas y desazón.
— ¿Qué sucede June?
—Reda estaba mal, se escuchaba afectado y me inquieta, jamás lo había sentido así. Iré a verlo.
—Yo te acompaño—añadió el caballero de las cadenas sosteniéndole la mano con solidaridad y junto a camaleón, salieron a toda prisa de la habitación con rumbo al hotel de su compañero. Tomaron un taxi y tras unos minutos de incertidumbre, llegaron al lugar.
June suspiro al estar frente al hotel, trayendo a su mente algunos recuerdos de la última ocasión que había permanecido ahí. Dudo unos segundos al entrar, sintiendo como una extraña angustia le recorría como si le invitara a no ingresar, mas al sentir la presencia de Shun a su lado ,la seguridad se recobraba en su ser. Pronto caminaron hacia las escaleras y arribaron al número de habitación donde se encontraba su compañero de niñez .Al estar frente a la puerta, el silencio turbador y los constantes movimientos intranquilos de Shun, atormentaban a la rubia.
— ¿Estas segura que no quieres que te entre?—comento preocupado el santo. Y es que algo andaba mal, aquella llamada era demasiado peculiar y quizá no debía confiar en sus sentidos, pero las veces que había hecho no se equivocaron y esa vez, algo no andaba bien.
—Confía en mi, estaré bien—musito la amazona depositando un suave beso sobre sus labios para sosegar al de mirada esmeralda.
Al entrar, la chica observo alrededor de la habitación un desorden abrumador y en un rincón junto al teléfono, a su compañero pelirrojo abrazado a sus rodillas, escondiendo su cara. Al sentirla llegar, el hombre le miro dejando ver su rostro intranquilo ante su presencia.
—June, que bueno que estas aquí—comento el caballero, haciendo que la rubia se acercara hacia el con compasión. La chica se arrodillo para quedar a su altura y le acaricio con ternura la cabeza:
—Reda, ¿estas bien?
El pelirrojo le miro con ternura y le tomó la mano que le acarició para pasarla por su rostro con aprehensión.
—Ahora lo estoy, contigo a mi lado. Ahora se que te importo y que nos podremos ir juntos a Grecia. Todo volverá a ser como antes.
La amazona espiró resignada y le dialogó:
—Reda no te confundas, vine por que estaba preocupada por ti, porque soy tu amiga, pero no pienso irme contigo a ningún lado.
Lleno de ansiedad y sin tener noticia en las afueras de la habitación, Shun no se resistió mas y comenzó a entreabrir la puerta, observando la silueta de June próxima a la de Reda, quien permanecía quebrantable en el suelo.
— ¡¿Todo es por él, por ese estúpido?—vociferó el pelirrojo con reproche hacia la amazona y segundos después una ola de rabia corrió por sus venas al observar la mirada inquieta de Andrómeda tras la puerta.
— ¡Ya basta Reda!—ordeno la rubia alejándose de la presencia de su compañero mientras al notar su mirada penetrante en la puerta, se percató de la figura de su amado.
—Shun.
Intempestivamente el pelirrojo se levanto del suelo y empezó a arder en cólera, allegándose poco a poco hacia el portón ante la perturbada amazona.
— ¡Maldición, todo es por tu culpa, si te hubieras muerto ella estaría conmigo pero ya que no sucedio, entonces te matare yo como debí de hacerlo en un principio!—gritó el pelirrojo con gran furia mientras comenzaba a sacar una daga que traía debajo de su camisa.
Y sin pensarlo mas, Reda se abalanzó con furor sobre el caballero de las cadenas mientras June, alarmada se alzaba del piso para intentarlos separar. Andrómeda golpeó su espalda con la pared y acorralado, sostenía con firmeza las muñecas de su compañero mientras Reda intentaba clavar el arma con violencia sobre su piel.
— ¡Cálmate Reda!—exigía Shun mientras mantenía sus ojos firmes ante las manos que sostenían la daga a la altura de sus caderas.
Los tres mortales empezaron a forcejear con la daga entre las manos con intentos desesperados por conseguir el arma, permaneciendo al borde de la ansiedad y adrenalina. En ese momento, quien mantuviera más resistencia y pudiera mantenerse en ese duelo, seria quien sobreviviría, así que no había oportunidad de perder.
Y en el momento en que una mano flaqueó, la daga se enterró con violencia y de una sola estocada en el vientre de unos de los opositores, demostrándoles a los individuos cuando un líquido escarlata y caliente caía sobre el trio de manos. Las miradas de desconcierto se cruzaron en aquel escenario inaudito, sin comprender en que momento aquel forcejeo les había llevado a tanto. Fue entonces que la silueta herida fue cayendo en los brazos de otra que empezaba a gritar desesperada su nombre intentando con ello que sus ojos no se apagaran con aquella tarde.
Continuara...
¿Quién fue acuchillado y por quien, acaso Shun? ¿Quizá Shunrei rechazo a Shiryu?¿Eris perdonara al cisne feliz?¿Seiya dejara ir a Athena?¿ y qué sucederá con Ikki?, todo esto y mas el prox capi.
Bueno pues que mas les digo lindos lectores y grillines malditos, mas que mi claro agradecimiento desde el fondo de mi corazón, el próximo capitulo será inesperado y programado para la semana siguiente, quizá el mas loco que haya escrito, ojala les guste!
Sakura Li, Alishaluz, Mel-gothic, legendary, tot12(gracias por todas las cosas bonitas que me escribes ,realmente me subes el animo), Chris hana (gracias por tu perspectiva, me hizo recapacitar muchísimo y releer mi fic varias veces y creo que tienes toda la razón respecto al dragoncin y la chinita),Sweet Victory (que honor que estes aquí,mil gracias) y aquel que se ha perdido en el camino,gracias.
