10. Minami´s boogie

-Phichit no le dio un nombre a la canción de tu programa libre, Yuri- dijo la voz de Victor que sonaba exhausta y orgullosa al mismo tiempo pues por fin había podido ver a Yuri entrenando la rutina completa de su programa libre, el programa que los dos habían producido juntos.

-Yo le di uno…- dijo el muchacho de los ojos marrones quien sonreía de esa forma apacible que parecía ser ahora parte inamovible de sus labios.

-¿Cuál es?- preguntó el entrenador acercándose a su patinador sin poder procesar del todo todavía la maravilla que era ver sonreír de ese modo a Yuri, sabiendo además que él era uno de los motivos detrás de aquella sonrisa.

-Yuri on ice- declaró el japonés con confianza, sintiendo dentro de él que aquel era el nombre correcto que su canción debía tener.

Y es que aquel nombre había estado dando vueltas en su cabeza del mismo modo en el que la propia coreografía que acompañaría la canción de Phichit, lo había hecho; elegir aquel nombre había sido algo tan natural como respirar. Por la verdad, producir su programa libre al lado de Victor había sido una experiencia menos compleja de lo que él hubiera imaginado. Quizá antes aquel reto lo habría paralizado por completo y aunque la ansiedad había estado presente, la ansiedad de que sus ideas no fueran los suficientemente buenas para un coreógrafo de la talla de Victor Nikiforov, quien, cuando tomaba su papel de entrenador tenia aquella misma actitud estricta que no toleraba errores que Yakov le había heredado, lo cierto es que Victor había estado feliz con todo lo que él había aportado.

No es que temiera a Victor, no se trataba de eso, pero a veces, cuando su entrenador le hacía repetir las mismas secuencias de pasos hasta el cansancio o lo obligaba a llegar más allá de los límites de la flexibilidad y aguante de su cuerpo, Yuri recordaba que el hombre que desde su primer beso había dormido con él, podía ser también aquel general de cabello plateado que sin duda había heredado aquel modo espartano de entrenar de la larga tradición rusa de campeones que formaban a otros campeones sobre el hielo. Sin duda a Victor le encantaba dar órdenes y Yuri tenía que admitir que todas y cada una de ellas tenían una razón de ser porque nadie era capaz de negar que desde que Victor era su entrenador, su técnica sobre el hielo había mejorado en un cien por cien.

El miedo que Yuri sentía era fruto de la sensación de no estar a la altura de las expectativas de Victor dentro del hielo y por eso mismo, el pelinegro había temido de verdad no poder acompañar la música que Phichit le había regalado con un programa que excediera las expectativas no solo de Victor o de él mismo, sino de todo el mundo, pues ahora Yuri era consciente de que las competencias de verdad estaban a punto de iniciar y aunque su corazón latía lleno de emoción dentro de su pecho sabiendo que podría retomar su sueño y hacerlo más grande con la oportunidad que Victor le había regalado, el temor seguía ahí, rondándolo, aunque era verdad que la sonrisa de Victor, que las palabras de ánimo de Victor al terminar la práctica y sobre todo, los besos y caricias de Victor cuando se preparaban para descansar alejaban el miedo de él cuando éste empezaba a ser demasiado.

Y es que quizá Yuri nunca dejaría de temer, quizá aquella fuera su debilidad más grande y hubiera sido hermoso poder decir que el amor de Victor se había llevado aquel temor para siempre como sucedía en todas las historias de amor que se precien de serlo, pero la verdad era que quizá Victor no se llevaría aquella negrura que vivía en lo más hondo del alma de Yuri, pero si le haría ver al joven de los ojos marrones que sin duda alguna existían en el universo cosas más importantes que valían vencer ese miedo día a día.

Por eso, Yuri había decidido vencer aquel temor de jamás ser suficiente desde el primer momento en el que se había parado en medio de la pista para mostrarle a Victor una secuencia de pasos que no le había enseñado a nadie más. Lo cierto es que Yuri había estado preparando por varios años aquella coreografía que solo los ojos de Victor habían podido contemplar y el joven sintió desde el primer paso, desde el primer salto, que la historia que él contaría con la música de Phichit de fondo, era su propia historia.

Porque la canción que Phichit le había regalado era como aquella hoja en blanco que el escritor necesita para crear de la nada una historia maravillosa y eso era exactamente lo que Yuri estaba sintiendo al patinar aquella canción: que por fin podría contarle su historia al mundo, la historia de un hombre que había tenido que cruzar el infierno para tener una segunda oportunidad, la historia de un hombre que con el poder del amor, se estaba enfrentando a sus demonios dispuesto a salir victorioso de aquella guerra al lado de la persona que lo había cambiado todo en su vida.

-Es un nombre, precioso, Yuri…- dijo Victor abrazándolo por la espalda mientras veía cómo Yuri escribía el nombre de la pista en el disco donde estaba grabada.

-También he elegido mi tema para la temporada- dijo el chico, cerrando los ojos al sentir los labios de Victor resbalando en su mejilla.

-¿Cuál?- dijo Victor sintiendo dentro de su corazón que él ya conocía aquella respuesta.

-Amor…- dijo Yuri sonrojándose suavemente al contemplar los ojos azules de Victor - ¿crees que esté bien?

-Es el mejor tema posible- dijo el ruso con una sonrisa satisfecha- ¿A quién no le gustan las historias de amor?

-A Mari…- dijo el joven Katsuki haciendo reír a Victor-. Dijo que si nos vuelve a ver haciendo cosas de pareja ridículamente enamorada, pedirá tu deportación a Rusia y dejará que me lleves contigo…

-¡Claro que te llevaría conmigo!- dijo Victor riendo con calma- ¿Cómo se le ocurre a mi hermana mayor que puedo separarme de ti? Es decir, de verdad estoy sintiendo que ya te extraño y aun no es tiempo de dejarte ir a esa ridícula conferencia nacional en la que presentarás tu tema para la temporada ¿De verdad no podemos enviar a alguien en tu nombre? Y… ¿Puedes recordarme una vez más por qué no puedo ir?

-Porque eres un entrenador responsable y la Federación Japonesa de patinaje debe también certificarte como mi entrenador oficial- dijo Yuri sintiendo en su corazón un asomo de dolor al pensar que de verdad tendría que dejar a Victor por un día-. Después de la competencia local tendrás que ir a revisar el papeleo. La verdad creo que están haciendo todo esto porque no soportan la derrota que sufrieron a manos de tus abogados por mi culpa…

-Mis abogados no tuvieron nada que ver con eso- dijo Victor suspirando dramáticamente-. La verdad es que esos idiotas de la Federación no tenían argumentos de peso para no certificar al mejor patinador de Japón…

-¿A Minami Kenjirou?- dijo Yuri pensando en el joven patinador de 17 años quien era el mejor patinador de Japón en aquellos días y al que Yuri tendría que enfrentarse en las competencias locales dentro de una semana.

-Yuri Katsuki- dijo Victor con una mirada molesta que divirtió a Yuri, quien sonrió sin poder evitarlo-. Si vuelves a insinuar que tú no eres el mejor patinador de Japón, voy a pedirte el divorcio aunque sé que dejaras de decir tonterías porque no quieres romper mi corazón ni el corazón de tus padres ¿verdad?

-¿El divorcio?- dijo Yuri sin poder dejar de reír-. Victor, no estamos casados…

-¿Ah no?- dijo el ruso poniendo esa mirada triste que ponía a prueba la voluntad de Yuri-. Es que siento que he vivido toda mi vida a tu lado.

-Hace apenas cuatro meses que llegaste a Japón- dijo Yuri pensando en cómo aquellos días habían pasado tan rápidamente y aun así, el universo parecía haberse detenido para regalarles a él y a Victor un periodo de tiempo hecho solo de felicidad.

-¡Wow! ¿Tan poco?- dijo Victor haciendo que Yuri diera vuelta en sus brazos para poder mirarlo a los ojos-. Lo que quería decir es que lo que tenía antes de ti no podía llamarse vida, por eso es que he estado viviendo una vida de verdad desde que estoy a tu lado ¿me entiendes ahora? Esa es la razón de que pueda decir que he vivido toda mi vida de verdad a tu lado…

Yuri se quedó sin palabras ante aquella declaración hecha con una sinceridad capaz de desarmar incluso a sus miedos más grandes. Una de las cosas que había aprendido de Victor durante aquel tiempo, era que el príncipe del hielo no tenía ningún problema a la hora de poner sus sentimientos en palabras. Aquella era una habilidad que Yuri admiraba y envidiaba porque a él todavía le costaba un mundo entero poder decirle a Victor todo lo que éste le hacía sentir.

A veces Yuri quería decir cosas hermosas como aquella que Victor acababa de decirle, pero su naturaleza tímida y reservada lo instaba a poner en sus besos aquello no dicho que Victor jamás le reclamaba pues para el hombre de los ojos azules era más sencillo leer la luz de la mirada y el calor de los besos de Yuri que lo expresaban todo sin necesidad de decir nada.

-Vitya…- dijo el joven Katsuki quien guardaba aquella palabra para los momentos en los que se sentía más cercano y más enamorado de Victor Nikiforov como en aquel preciso instante-. Creo que en mi vida pasada salvé al mundo, solo eso explica que estés conmigo hoy…

-Quizá…- dijo Victor sintiendo calor dentro de él- ¿Quieres ir a casa ya? Creo que es tarde de nuevo y Hiroko no va a perdonarme que te pierdas la cena otra vez, ayer me hizo prometerle que no te haría trabajar hasta que tus pies sangraran… por cierto, mi Yuri ¿Por qué no me dijiste que estabas lastimado?

-No era nada grave- dijo el joven Katsuki sintiéndose un poco expuesto, él no había querido que Victor viera el estado de sus pies la noche anterior-. Había veces en las que terminaba en peor estado en Detroit, ya sabes, entrenaba hasta el límite de mis fuerzas porque quería patinar contigo y…

-Hay una diferencia muy grande entre trabajar hasta el límite de tus fuerzas y hacerte daño- dijo Victor mirándolo a los ojos con una mirada severa, con su mejor mirada de entrenador modelo-. Y como tu entrenador y como el hombre que le prometió a tus padres que cuidaría de ti no voy a permitir que te causes un daño innecesario ¿No sabes lo difícil que es enterarte por otras personas de que la persona que amas está lastimándose por culpa tuya?

-No es tu culpa- dijo Yuri sin poder evitar sonrojarse por algunas de las palabras de Victor-. Entrenador, Vitya… si vuelvo a sentir que he sobrepasado el límite te lo diré ¿Está bien?

-Y además de eso tendrás que besarme cuando yo te lo pida ¿Trato? - dijo Victor sin que le importara de verdad que Yuri obviara el hecho de que él era la persona a la que el príncipe del hielo amaba.

-Trato…- dijo Yuri sonriendo, sintiéndose completamente feliz-. Aunque eso hago ya todos los días ¿no crees?

-Multiplica los besos por dos, entonces- dijo Victor besándolo para dejar claro su argumento-. Y ahora vamos a casa, de verdad necesitas descansar. Falta una semana para la competencia local, lo sé, pero mañana tendrás el día libre, después de eso podremos continuar con el entrenamiento de un modo mejor. Por cierto, mi Yuri… el programa de Eros cada vez te resulta mejor…

Yuri se sonrojó con violencia al escuchar aquel halago y Victor rio tomándolo de la mano, guiándolo a casa, sabiendo que un día más de felicidad al lado de aquel hermoso y talentoso muchacho de cabello oscuro había terminado simplemente para darle paso a otro.

Victor se sentía completamente enamorado, más que eso si era sincero con él mismo. Aquello dos meses en los que Yuri y él se habían dedicado a descubrir aquel mundo nuevo al que solo pueden acceder las personas que han decidido descubrir el amor y lo que esto significa al lado de otra persona, habían sido mágicos. El hombre de los ojos azules sabía que en otras circunstancias aquella agradable y apacible rutina que se había establecido entre Yuri y él habría resultado un tanto chocante debido a la naturaleza impaciente e impulsiva que lo caracterizaba, pero en medio de la felicidad y las miles de emociones que Yuri le hacía sentir, ni siquiera había tenido tiempo de reprocharle algo a la vida.

Sí, Chris se había reído como imbécil al saber que Yuri lo tenía en "modo celibato" pero a él no le importaba de verdad. Porque había veces en las que el joven Katsuki parecía olvidarse del miedo y del mundo entero y dejaba que las manos de Victor se colara por debajo de su ropa y el ruso, había tenido que aprender a hacer que sus caricias fueran lentas y suaves, Victor había tenido que aprender a hacer que las puntas de sus dedos fueran como una lluvia cálida de verano sobre la piel del pelinegro quien al principio, parecía congelarse al sentir la piel de Victor rosándose con la suya propia.

A veces aquellas caricias elevaban la temperatura de los dos y los besos se volvían urgentes y violentos, algo que Yuri no notaba en medio de aquel calor y la sensación de las manos de Victor recorriéndolo, tocándolo en sitios que nadie más había tocado antes, acariciándolo de modo que el chico Katsuki se preguntaba qué habían estado haciendo antes de Victor aquellas terminación nerviosas que hacían que su cuerpo sintiera miles de cosas contradictorias y diferentes.

Victor pensaba que Yuri Katsuki estaba enseñándole algo más que el solo hecho de ser un buen entrenador para alguien, pues el ruso había descubierto que antes, estando solo en el hielo, él no había tenido que preocuparse por nadie que no fuera el mismo. Sí, Yakov estaba ahí para hacer su trabajo, pero ahora se daba cuenta de que para ser un buen entrenador, lo más importante era deshacerse de las propias expectativas y simplemente estar ahí para la persona que confiaba en ti. Y eso era lo que Victor estaba haciendo en el hielo y fuera de él: estaba caminando al ritmo de Yuri.

Además, cuando Chris se ponía pesado de verdad, no hacía falta más que recordarle al suizo que aunque él y Phichit Chulanont mantenían una activa amistad a larga distancia ahora que las competencias estaban cada vez más cerca, Chris aun no le había pedido al chico tailandés una cita de verdad. La mención de ese hecho, hacía que Chris amenazara de muerte a su mejor amigo y que se despidiera enunciando mil excusas que acababan por hacer reír a Victor.

Porque Victor ahora reía más, reía más que antes. Una noche, él y Yuri habían estado viendo su presentación en el Campeonato Mundial de aquel año y la sonrisa que el pentacampeón había tenido en sus labios no se parecía en nada a aquella sonrisa fácil que aparecía en su cara cada vez que Yuri… respiraba. Realmente él no sentía que era la misma persona que había llegado a Hasetsu, exhausta, sin pista alguna de lo que le traería el futuro y quizá, es que no lo era.

Porque aquel hombre que se sentía solo sin saberlo, aquel hombre que estaba triste sin darse cuenta de ello, definitivamente no habría sido capaz de amar a Yuri Katsuki como lo amaba en aquel justo momento al verlo sonreír al abrazar a su madre quien siempre le daba la bienvenida a casa como si Yuri hubiera estado lejos de Yutopia mil años y no las mismas horas de entrenamiento de siempre, y Victor sabía que quizá cuando Yuri tuviera que ir a la conferencia nacional que se celebraría en Tokio, él también lo recibiría del mismo modo en el que Hiroko lo había hecho. Porque lo amaba, porque ya no tenía miedo de darle ese nombre a lo que sentía, amaba a Yuri Katsuki.

Descubrir aquello, había sido una revelación súbita, uno de esos descubrimientos que llegan a ti sin que los busques, del mismo modo en el que el amor había llegado a la vida del príncipe del hielo. Él y Yuri habían estado descansando fuera del hotel, los primeros días de Agosto habían sido calurosos de verdad. Los dos estaban sentados sobre la hierba verde del jardín de Yutopia, era una noche despejada y llena de estrellas, la clase de noche en la que no hace falta decir nada porque los dos se sentían parte de ese todo armonioso que el mundo parecía ser a veces.

Había sido un día pesado, Yuri seguía teniendo problemas con el último salto de la coreografía de Eros, y Victor sabía que su pupilo estaba un poco triste. Pero bajo aquel cielo refulgente, quieto entre los brazos de Victor, Yuri pareció olvidarse de toda preocupación o simplemente se rindió ante el absoluto cansancio que sentía y se quedó dormido sobre el pecho de Victor.

El ruso sintió que dentro de su alma se anegaba todo el amor del que el universo estaba hecho ante aquella imagen, la imagen de Yuri que dormía al lado suyo en completa calma, como si aquel chico que lucía mil veces más frágil y sumamente joven, dormido entre sus brazos, fuera parte de aquel todo infinito que Victor Nikiforov jamás había sentido sino hasta ese instante.

Los ojos azules del hombre brillaron con toda la luz de las estrellas que parecían estar velando también el sueño de Yuri y entonces lo supo, lo supo con la fuerza de un hecho que no admite replica, con la constancia de los latidos de su corazón que no se atrevían ya a poner en duda que aquello que había detrás de su origen, era la vida de Yuri Katsuki y todo el amor que aquella vida les hacía sentir.

Porque Victor Nikiforov amaba a aquel hombre, al hombre que dormía entre sus brazos, al hombre que vivía en su corazón. Victor había sonreído ante aquella revelación y depositó un beso suave sobre los labios entreabiertos y cálidos de su amado quien sonrió en sueños, seguramente sintiendo su cercanía, y en silencio le prometió a Yuri amarlo hasta que su corazón dejara de latir, hasta que sus labios dejaran de pronunciar aquellas dos palabras que todo mundo moría por escuchar pero que muy pocas personas lograban sentir al ser pronunciadas.

-Te amo, mi Yuri…- había susurrado Victor en medio de la noche-. Pero por ahora, me guardaré de decirlo porque quizá tú no estés listo para decirlo todavía ¿Crees que voy muy rápido? Creo que pensé en decirte esto desde que me besaste por primera vez…

Por toda respuesta, Yuri volvió a sonreír sin despertarse y Victor se prometió hacerle saber lo que sentía a Yuri sin tantas palabras, sin asustarlo, sin arruinar de modo alguno aquella dicha que había tardado tanto tiempo en llegar a los dos.

Y quizá, Yuri también lo amaba porque si no fuera así ¿Por qué el pelinegro había decidido que el tema de su temporada fuera el amor? La gente dice que las acciones siempre son capaces de decir más que mil palabras y aunque Victor le había dicho a Yuri mil veces de modo indirecto que lo amaba, quizá aquella era la respuesta que Yuri tenia para él.

-Vicchan- dijo una voz al lado del ruso, trayéndolo de vuelta al presente, cosa que lo sobresaltó un poco pues no había visto llegar al padre de Yuri, tan perdido estaba en ver a su amado al lado de su madre.

-¿Pasa algo, señor Katsuki?- dijo el ruso dirigiéndose con todo respeto hacia el hombre que le sonreía amigablemente a pesar de que sus ojos oscuros lucían un poco preocupados.

-Debo pedirte un favor- dijo Toshiya, haciendo un esfuerzo incomparable por comunicarse con Victor en inglés de forma directa.

-¿Acerca de Yuri?- dijo el ruso un poco asustado- ¿He hecho algo mal? Él me dijo que ustedes no verían con buena cara que los dos durmiéramos juntos a pesar de que no estamos casados todavía, pero si ese es el problema, puedo regresar a mi alcoba o mejor aún, puedo casarme de una vez con Yuri…

-No, no es eso Vicchan- dijo el hombre con aire divertido-. Nosotros entendemos, ustedes son jóvenes y es bueno que vivan juntos antes de decidir dar el gran paso. No te preocupes, no es eso. Es que Yuri está muy asustado, puedo sentirlo…

-¿Por qué?- dijo el hombre de los ojos azules observando al chico cuestión mientras éste preparaba la cena bajo las direcciones de su madre.

-Creo que está poniendo demasiada presión en él- dijo Toshiya observando a su hijo, recordando la última platica que los dos habían tenido-. Yuri quiere que recuperemos Yutopia a toda costa, dice que si gana el premio del Grand Prix podrá pagar la deuda total que mi familia tiene aún pero Vicchan, cuando Yuri se presiona demasiado, todo sale mal. Sé que no lo entiendes porque no lo has visto jamás en el estado en el que nosotros lo vimos antes, pero es algo terrible…

-Por eso está entrenando más de la cuenta ¿verdad?- dijo Victor sintiendo que la razón por la que Yuri no había querido que él viera sus pies lastimados era porque de verdad se había hecho daño.

-Sí, y seguirá dañándose si no hacemos algo- dijo el padre de Yuri con un tono triste que no le gustó nada a Victor-. A mí no quiso escucharme, traté de decirle que no debe salir al hielo a recuperar mi sueño, traté de decirle que el único sueño por el que debe preocuparse es el suyo. Yuri ha tenido que sufrir mucho por mi culpa Vicchan, yo le hice daño a mi hijo, yo dañé al hombre que amas… porque lo amas ¿Verdad?

-Claro que lo amo- dijo el ruso mirando a los ojos al hombre mayor frente a él- ¿Qué debo hacer?

-Explícale, a ti te escucha, siempre va a escucharte porque sé que también te ama- dijo el padre de Yuri con convicción-. Dile que no debe preocuparse por el dinero, dile que salga a competir pensando solamente en él, dile que puede ser egoísta ahora. Yuri siempre me ha hecho sentir orgulloso ¿sabes? Él no lo cree, es culpa del miedo que no lo crea, pero mi hijo jamás se rinde ¿sabes cuánta gente con la misma enfermedad que él ha sucumbido? Cuando perdimos el hotel, cuando Yuri estuvo enfermo por tres meses de verdad temimos lo peor. Creímos que Yuri quería morir, estaba muriendo lentamente delante de nosotros y no podíamos hacer nada…

-¿Estuvo tan mal?- susurró el hombre de los ojos azules recordando aquella carta llena de dolor que Yuri había escrito antes de caer en la negrura de la que hablaba su padre ahora.

-Fue horrible, Vicchan…- dijo el hombre sintiendo dolor al recordar-. Por eso no quiero que Yuri piense que va a decepcionarnos si no logra ganar, no quiero que él salga a competir sintiendo que nos debe algo cuando soy yo quien falló, fui yo quien no pudo sostener a su familia no mi hijo. Por eso debo pedirte esto, porque ahora tú eres parte de esta familia también ¿Le dirás a Yuri que compita por él solamente? No necesito que gane una medalla para saber que mi hijo es un ser valioso y fuerte, eso siempre lo he sabido y es hora de que él empiece a creerlo también…

Victor asintió sin saber qué más decir ante aquel discurso, el discurso de un padre preocupado, pero también el discurso de un padre que estaba sinceramente orgulloso de aquel chico precioso que en aquel mismo instante, les estaba dedicando a él y a Victor una sonrisa alegre, el tipo de sonrisa que Toshiya había creído se había perdido para siempre.

-Sé que algunas heridas son inevitables, sobre todo las que causa el amor, Vicchan- dijo el hombre dando por terminada aquella conversación- pero por favor sigue conservando esa sonrisa en los labios de Yuri ¿Quieres?

Victor volvió a asentir y Toshiya tomó aquello como una promesa que sería cumplida sin ponerlo en duda ni por un solo segundo. Él confiaba en el amor de Victor por su hijo y éste supo que no podía decepcionar a aquel hombre, ni mucho menos a su hijo quien los estaba llamando ahora a los dos para cenar. El hombre de los ojos azules le sonrió a Yuri, prometiéndose en silencio que cumpliría la petición de su suegro con creces porque Toshiya tenía razón: Yuri, su Yuri tenía que patinar para sentirse feliz consigo mismo, Yuri tenía que patinar por amor sí, pero no por el amor que sentía por él, sino por el amor con el que aquel chico de cabello negro había construido aquel enorme sueño del que Victor y el mundo entero eran apenas una pequeña parte…


¿Cómo había terminado abrazado a la espalda de Otabek Altin después de un largo día de entrenamiento normal? Bueno, esa era una pregunta para la cual Yuri Plisetsky no tenía todavía una respuesta.

El viento algo frío de los últimos días del verano ruso golpeaba su cara haciendo que sus mejillas se sonrojaran, o al menos aquella era una excusa convincente para explicar el rubor de su cara. Porque la cercanía con el cuerpo de aquel otro chico quien se había ofrecido a llevarlo a la casa en la que ahora vivía con Yakov y Lilia, no tenía nada que ver ¿o sí? No, claro que no, todo era culpa del frío.

Yuri miraba las calles de San Petersburgo desapareciendo en un borrón de velocidad, sin ponerse a pensar en el momento en el que tendría que enfrentarse una vez más a los ojos oscuros de Otabek. Y es que aquella mirada que parecía dispuesta a seguirlo a donde fuera era demasiado fuerte, demasiado expresiva a pesar de que el kazajo no solía decir muchas cosas y Yuri se sentía nervioso al estar en frente de él.

No solo se trataba del hecho de que el chico fuera mayor que él, el joven ruso había coincidido con chicos más jóvenes y más viejos que él la vida entera, pero Otabek no se parecía a nadie más que él hubiera conocido. Aquel joven era fuerte y misterioso, llamaba la atención a donde quiera que fuera y Yuri siempre terminaba mirándolo aunque hiciera el soberano esfuerzo de mirar hacia otro lado. Y es que mientras esperaban su turno para entrenar después de él, Mila le había contado miles de detalles acerca de la vida de Otabek, como por ejemplo que el kazajo se había negado a practicar ballet como la gran mayoría de patinadores artísticos solían hacer, inclinándose por explorar otros tipos de danza moderna que eran la nota de originalidad que lo caracterizaban dentro del hielo.

El joven Plisetsky había tenido que contener la emoción al ver los saltos del programa corto de Otabek, no quería darle más pretextos a Mila para que ésta se burlara de él de forma indefinida como lo había hecho todos aquellos días cuando la mención del nombre del kazajo se colaba entre los dos. Pero de todos modos, el rubio había tenido que aceptar que aquel chico era un competidor de altura, era un patinador al que valdría la pena enfrentarse.

Quizá era por eso que Yuri se sentía nervioso en su presencia, no es que aquel talento lo intimidara, vamos, él estaba totalmente seguro de sus propias virtudes pero es que Otabek… ¿Qué demonios tenia Otabek Altin? ¿Por qué rayos le estaba ocasionando todos aquellos quebraderos de cabeza? Vamos, Yuri ni siquiera se había planteado la idea de hablar con él, parecía de hecho que había estado evitándolo todo lo posible a diferencia de Mila, quien se había presentado ante el chico con una sonrisa amistosa que se contagió al otro joven quien habló con ella con amabilidad, cosa que hizo que Yuri saliera de la pista de hielo hecho una furia sin saber por qué.

No, no estaba enojado porque Otabek quisiera que Mila fuera su amiga y si aquellos dos terminaban juntos ciertamente a él no iba a importarle ni un poco. Otabek podía hacer lo que quisiera, pero ¿Por qué demonios no dejaba de mirarlo a él siempre? ¿Por qué no se iba a besuquear con Mila y lo dejaba en paz de una buena vez con aquella mirada fija que hacía que Yuri quisiera esconderse simplemente para detener toda la confusa maraña de sensaciones que aquellos ojos negros le causaban?

Ok, quizá era él quien debería estar un poco menos al pendiente del kazajo, pero aquello le resultaba imposible y esa necesidad, la necesidad de mirar al joven aquel era algo que Yuri no entendía y no quería entender. Porque aquello hacía que se sintiera ridículo, ridículo y asustado porque su corazón y su cuerpo estaban causándole serios problemas al pensar en Otabek. Y él no quería sentir nada, el Tigre ruso del hielo no podía rebajarse a sentir nada por nadie.

Ni siquiera en aquel momento en el que el olor a cuero de la chamarra de Otabek y el calor que emanaba de la piel del abdomen del kazajo sobre el que los brazos de Yuri estaban sujetos, estaban haciendo que su corazón estuviera al borde de un ataque. No, no quería empezar a actuar del mismo modo idiota en el que Mila, Georgie y Victor actuaban siempre que les gustaba alguien.

Oh no. No. No. No acaba de pensar eso. No. No.

La motocicleta de Otabek se detuvo de repente frente a una cafetería algo solitaria haciendo que las mejillas de Yuri se colorearan de forma alarmante. Aquella no era la casa de Yakov ¿Por qué demonios el kazajo lo había llevado a aquel lugar?

-¿Te importa si entramos?- dijo Otabek sintiéndose un poco intranquilo pero sabiendo que había llegado el momento de decirle a Yuri todo lo que le había querido decir desde el primero de sus días en Rusia.

-Si no llego a las siete a casa, Lilia se pondrá hecha una furia- dijo el rubio sabiendo que su excusa sonaba patética-. No puedo quedarme…

-Yuri, son las cuatro…- dijo el kazajo con una sonrisa amigable que hizo que el corazón de Yuri se saltara uno de sus latidos-. No te preocupes, hablé con Yakov y dijo que te haría bien distraerte un poco. Dice que has estado un poco solo desde que Victor se fue y…

-No necesito que salgas conmigo por lastima- dijo el joven mirando al suelo-. Debiste invitar a Mila a este lugar, no a mí…

-No es lastima- dijo Otabek con calma-. Quiero hablar contigo de algo importante ¿Puedes dejarme decirlo? Si después de eso quieres irte, no hay problema, yo mismo te llevaré a casa ¿Vale?

Yuri se quedó en silencio después de esa declaración y asintió sin saber qué más hacer ante las palabras de Otabek quien sintió que la primera batalla estaba ganada. El joven kazajo guio al ruso dentro del local que lucía confortable y un poco vacío, sintiendo que no iba a arruinar aquella oportunidad, la oportunidad que había estado esperando desde hacía más de un mes.

Ciertamente, tenía que admitir que Yuri Plisetsky era un maestro a la hora de evitar a las personas que él no quería cerca y aunque descubrir que él no estaba en la lista de personas gratas del chico rubio quien era además un prodigio sobre el hielo, le había causado un poco de dolor. Y es que al parecer, Yuri tampoco lo recordaba de aquella concentración de verano de Yakov en la que los dos habían tomado parte como novicios.

Había algo en Yuri, en la seriedad con la que Yuri se tomaba la vida que siempre había llamado la atención de Otabek. Desde el primer momento, ver a aquel pequeño niño tres años menor que él que parecía saber qué era lo que quería de una mejor forma que él, lo había maravillado. Además, Yuri Plisetsky tampoco parecía ser una persona de muchos amigos, aquella aura de soledad era algo que Otabek conocía muy bien y el kazajo pensaba que quizá aquel punto de partida en común haría que él y Yuri fueran amigos porque la verdad era que Otabek deseaba desesperadamente encontrarse con una persona que pudiera entenderlo, que pudiera entender aquella soledad dentro de él.

-Bueno ¿Qué quieres decirme?- dijo Yuri evitando mirar al chico frente a él, queriendo que aquella estúpida situación se terminara de una buena vez.

-¿Quieres ser mi amigo?- dijo Otabek de forma directa, sabiendo que quizá había sonado estúpido pero sin que aquello le importara de verdad.

-¿Qué?- dijo Yuri sin entender bien del todo aquella pregunta.

-Desde que vine por primera vez a Rusia, supe que tú y yo podíamos entendernos bien, creo que los dos somos iguales…- dijo el mayor de los dos haciendo que Yuri volteara a mirarlo con evidente confusión en aquel rostro delicado que resultaba simplemente bello.

-No te entiendo- dijo el joven Plisetsky con sinceridad- ¿Ya habías venido antes a Rusia?

-Ya sabía que no me recordarías, suelo ser una persona bastante olvidable- dijo Otabek haciendo que la tensión de Yuri se diluyera un poco-. Es decir, comparado contigo y con los demás novicios rusos, yo no era alguien digno de tener en cuenta, no cuando me negaba con ganas a practicar ballet…

-¡Oh!- dijo Yuri con una sonrisa divertida que hizo que Otabek dejara de temer también- ¡Eres tú! ¡El niño al que pasaron a mi clase de novicios porque la entrenadora de la división junior no toleraba que alguien no quisiera hacer ballet!

-¿Recuerdas eso?- dijo Otabek riendo alegremente.

-¡Claro, fuiste una leyenda por años!- dijo el rubio sin darse cuenta de que estaba charlando animadamente con su nuevo compañero de pista-. La señora Mariskova no dejó de repetir aquella historia como una advertencia de lo que un patinador no debía hacer. Aunque creo que después de verte en el mundial de este año, ha dejado de contarle a todo el mundo lo que hiciste ¡Con que eres tú!

-Me declaro culpable…- dijo Otabek sintiéndose maravillado al ver a Yuri riendo otra vez-. Pensé que todos se habían olvidado de eso, la señora Mariskova no debe estar feliz de saber que he regresado a Rusia una vez más.

-¡Bah! ¿Qué más da lo que piense esa vieja bruja?- dijo Yuri sin dejar de sonreír-. Demuéstrale que sigue equivocada al llamarte un mal ejemplo, es decir, he visto tus programas para el Grand Prix, no sabía que alguien que no practicaba ballet pudiera hacer lo que tú haces, eres genial Otabek…

Yuri se quedó callado, sintiéndose completamente idiota por lo que acababa de decir pero aun así, no pudo despegar sus ojos verdes de la sonrisa sincera y cálida que sus palabras habían puesto en los labios del kazajo.

-No más genial de lo que eres tú, Yuri Plisetsky- dijo el mayor con calma-. De verdad estoy asustado, creo que vas a patearle el trasero a todo mundo en la división sénior esta temporada…

-Quizá pueda dejar que te quedes con la plata- dijo el rubio con una seguridad enorme que hizo reír al kazajo-. Ya sabes, es lo que los amigos hacen ¿no?

-Supongo…- dijo Otabek sabiendo que aquella era la forma en la que Yuri contestaría a su primera pregunta-. Aunque ¿sabes algo? Jamás he tenido un amigo de verdad.

-Yo tampoco- dijo Yuri sintiendo que aquellas palabras salían de su boca sin pedirle permiso-. Otabek… ¿Estás seguro de que quieres ser amigo de alguien como yo? No soy divertido como Mila, ni siquiera podría ir a beber contigo o… bueno, esas cosas que los demás chicos hacen en los días libres y…

-Podemos hablar simplemente, como ahora- dijo el kazajo haciendo que Yuri se sintiera en calma- ¿Por qué tenemos que hacer lo que los demás hacen? Somos dos personas geniales ¿no? Ya encontraremos muchas formas de hacer enojar a Yakov y a mi entrenador los dos juntos…

Yuri rio al escuchar aquellas palabras y Otabek se unió a aquella risa sabiendo que lograr lo que más había querido hacer desde que llegara a Rusia había resultado sencillo y él esperaba, que aquella tarde de risas que los dos parecían estar disfrutando, fuera solo el inicio de una historia que el kazajo no se sentía capaz de vivir al lado de alguien que no fuera aquel chico hermoso y fuerte que estaba haciendo que él se cuestionara mil cosas acerca de los secretos que podían habitar a un corazón humano que de repente parece latir de forma distinta ante la presencia de una sola persona, de esa persona que estaba de hecho, riendo en frente de él…


El Centro de Convenciones del hotel en el que se llevaría a cabo la conferencia nacional en la que los patinadores de la Federación Japonesa estaban reunidos, era un hervidero de rumores y miradas que se estrellaban en la piel de Yuri Katsuki haciéndole sentirse nervioso y fuera de lugar, del mismo modo en el que se había sentido antes de patinar en la primera competencia oficial en la que había participado dos días antes.

A pesar de que durante aquella competencia que había sido su presentación oficial como patinador de Victor Nikiforov, el joven había recuperado credibilidad ante los medios y ante la propia federación que ya no podía poner en duda su talento, Yuri se sentía inquieto y nervioso, después de todo estaba a punto de hablar para millones de personas a lo largo y ancho del país, estaba a punto de presentar ante todo el mundo un tema que seguramente causaría controversia y miles de preguntas, pero no habría querido cambiar nada.

Porque había sido el amor de Victor el que lo había llevado a aquel lugar, había sido el amor incondicional de su familia el que lo motivaba a seguir adelante. Las asignaciones para los eventos que disputaría en su camino al Grand Prix Final habían sido anunciadas días antes y Yuri ya sabía que tendría que empezar a luchar en la Copa de China en octubre, para después regresar al país natal de Victor para disputar la Copa Rostelecom en Rusia.

Aquella noticia había hecho que Victor sonriera con algo de burla pues el príncipe del hielo estaba seguro de que aquella asignación para Yuri había sido algo de sobra preparado, pero el hombre de los ojos azules se había guardado de decirlo. Victor sabía que todo mundo lo quería de vuelta en Rusia pero no para recibirlos a él y a su patinador con los brazos abiertos, sino para ponerlos a prueba y para provocar un enfrentamiento que le daría la vuelta al mundo por el morbo que causaría: el Yuri japonés contra el Yuri ruso, el fracaso de Victor Nikiforov contra el nuevo talento que alzaría a Rusia como el país rey del deporte una vez más.

Pero Yuri no se había percatado de nada de eso, así que había aceptado las asignaciones con menos esfuerzo que su entrenador. La guerra estaba a punto de empezar, ya había empezado y Yuri no tenía que hacer nada más que seguir adelante. No estaba solo, Victor le había hecho entender de un modo muy claro que no estaba solo, que jamás tendría que estarlo.

Las mejillas del joven Katsuki se encendieron un poco al tiempo que la mujer encargada de la logística del evento lo llamaba a ocupar su lugar en la fila de asientos designados para los patinadores que competirían aquella temporada. Como era evidente que el regreso de Yuri Katsuki era la noticia que los medios venderían aquel día, los organizadores habían dejado la participación de Yuri en la conferencia hasta el final de la velada, así que Yuri tendría que esperar al menos una hora antes de que fuera su turno de hablar, cosa que el chico agradeció pues jamás le había gustado ser el primero en salir al ruedo.

Mientras las luces de las cámaras se centraban en su cara, Yuri dejó que las imágenes de los últimos días pasaran de nuevo por su mente, como la película de momentos en los que de verdad había estado angustiado. La cercanía de las competencias y la certeza de saber que estaba a punto de probar su valía ante todo el mundo, habían hecho que el viejo miedo regresara con fuerza. A veces, cuando se despertaba en medio de la noche con el cuerpo de Victor durmiendo a su lado, Yuri se sentía tan mal que la única forma de liberarse de aquella sensación de estar atrapado era escapar de los brazos de su entrenador para correr al Ice Castle a entrenar una vez más.

Él sabía que no debía estar forzando a su cuerpo de aquel modo antes de una competencia pero no podía evitarlo. El peso del sueño que estaba a punto de empezar a soñar de nuevo aunado a la presión de no querer decepcionar a nadie, de no querer decepcionar a Victor estaba ahí, atacando de nuevo. A veces había querido decirle al hombre de los ojos azules de todo aquello, pero no quería preocuparlo, no quería que sus ojos se llenaran de tristeza por su culpa.

Porque Yuri ya se sentía lo suficientemente culpable por estar obligando a Victor a estar al lado de una persona que no podía darle ni la mitad de las cosas que Victor estaba entregándole. Sí, sin duda aquel hombre que parecía adorarlo con todo el corazón se veía feliz, hacía que Yuri se sintiera feliz también pero el joven Katsuki sentía que aquello no era suficiente. Porque algo en su interior brillaba de dicha y dolía al mismo tiempo cada vez que Victor se refería a él como "la persona que amo", cosa que Yuri no podía decirle con la misma facilidad; además, estaba el hecho de que Yuri no podía ni siquiera dejar que su cuerpo se perdiera en aquella nebulosa de magia y de locura que las manos de Victor convocaban cada vez que vagaban por su piel.

Yuri podía culpar a su inexperiencia las veces que quisiera, pero él sabía que aquello que le impedía entregarse a Victor en aquel nivel era puro terror, simple miedo de sentir que Victor se iría una vez que tuviera aquello. Sí, Yuko le había dicho que aquello jamás pasaría, todo mundo parecía estar seguro de que Victor lo amaba, menos él. Y aquello era preocupante y también lo era el hecho de saber que él tenía en sus manos la solución perfecta a los problemas de su familia, que si de verdad ganaba el Grand Prix Final, podría recuperar Yutopia pero… ¿Y si no? ¿Sus padres podrían perdonarlo una vez más por arruinarlo todo?

Eran aquellas ideas las que lo torturaban y lo instaban a entrenar de nuevo una y mil veces sin que Victor estuviera ahí aunque ya habían tenido aquella platica días antes acerca de que Yuri estaba haciéndose daño, pero el joven Katsuki sabía que no podía parar. Él estaba seguro de que tenía que entrenar más que los demás, mil veces más porque había dejado de hacerlo cinco años seguidos a diferencia de los demás patinadores que no habían perdido el ritmo de las competencias oficiales.

Por eso, la noche anterior a la competencia local en la que se enfrentaría al campeón nacional, Minami Kenjirou, Yuri había regresado a casa en la madrugada, con sus patines de navaja dorada bajo el brazo y sus pies escociendo de dolor dentro de sus zapatos deportivos. Incluso él podía sentir que aquella noche de verdad se había excedido pero no había existido otra forma de calmar su mente, él había tenido que hacer aquello.

El joven había corrido hacia las aguas termales para aliviar el dolor de sus pies, pero la voz preocupada de alguien que lo llamaba desde el comedor de Yutopia hizo que se congelara a medio camino. Victor estaba ahí, mirándolo fijamente con sus ojos azules llenos de tristeza y de tensión, cosa que hizo que el corazón de Yuri se hundiera en su pecho al verse descubierto.

-Victor…- dijo el muchacho sintiéndose tonto y además sin ninguna excusa convincente que pudiera explicar su comportamiento.

-Pensé que había quedado claro que no te harías daño- dijo el ruso, hablando en ese tono serio y profesional que le daba una idea a Yuri de que Victor de verdad estaba enojado.

-Lo siento…- dijo Yuri mordiendo sus labios, sintiéndose idiota por el tono patético de su disculpa.

-¿Lo sientes?- dijo Victor acercándose a él, tomándolo de la mano con firmeza para llevarlo a los vestidores que estaban fuera de las aguas termales para que Yuri se sentara sobre una de las bancas, quitando los zapatos deportivos de Yuri quien soltó un gemido de dolor cuando los dedos de Victor se posaron sobre su piel lastimada por la que corrían finas gotas de sangre-. Soy yo quien lo siente, mi Yuri, todo esto es mi culpa…

Victor se quedó quieto, mirando el daño que Yuri se había hecho sin saber qué más decir mientras el pelinegro lo miraba con un dejo de confusión en sus ojos marrones. Victor se alejó de él simplemente para ir por el botiquín de primeros auxilios que Mari había colocado en aquel sitio y se acercó a Yuri para limpiar el desastre existente en los pies de su patinador.

-Victor, no es tu culpa…- dijo Yuri sintiendo el amor con el que el hombre de los ojos azules estaba tratando sus heridas, sus dedos que tantas sensaciones extrañas podían causarle, estaban ahora ocupados en curar el daño, en alejar el dolor físico. Las puntas de los dedos de Victor, también podían sanar y Yuri lo supo en aquel preciso instante.

-Claro que sí, soy un fraude como entrenador- dijo el ruso concentrado en desinfectar aquellas heridas-. Creo que aun no entiendo del todo el alcance del miedo que sientes, Yuri, creo que di por hecho que ya no lo sentías, fui un estúpido, incluso tu padre trató de advertírmelo y yo simplemente no lo vi…

-Vitya, no es tu culpa- dijo Yuri sintiéndose cada vez más tonto con aquella situación-. No puedes evitarlo todo ¿entiendes? Es mi culpa, soy yo el que soy débil…

-No eres débil, Yuri- dijo Victor con convicción, seriamente, de ese modo que no admitía replica-. Mi trabajo como tu entrenador es estar ahí cuando lo necesites, es saber qué es lo que necesitas, pero más que eso, Yuri, soy el hombre que te ama ¿Por qué permito que te hagas daño entonces? ¿Qué clase de amor es ese?

-Vitya…- dijo Yuri atrayendo los ojos azules de su amado hacia él-. Este es un amor que no es perfecto y que tampoco necesita serlo. Fui yo quien se equivocó, fue mi error porque no quería hacerte daño a ti. No puedes protegerme siempre y yo tampoco podré protegerte a ti…

-Yuri…- dijo el ruso sin despegar sus pupilas de aquel joven que le hablaba ahora desde el corazón.

-¿Puedes perdonarme? – Dijo el joven Katsuki entrelazando sus dedos a los de Victor-. Creo que este mundo siempre va a hacernos daño, nosotros mismos nos causaremos dolor, como yo lo he hecho ahora pero… yo sé que siempre me ayudarás a soportarlo y Victor… sé que me equivoqué pero ¿No podrías simplemente abrazarme? Me estoy muriendo de miedo, Vitya, me muero de miedo porque mi sueño ahora es demasiado real y sé que debí decírtelo antes y evitar todo esto…

Por toda respuesta, el hombre de los ojos azules rodeó el cuerpo delgado de Yuri, pegándolo a su pecho, sabiendo que todo lo que el pelinegro había dicho le había costado mucho esfuerzo. Él seguía sintiéndose culpable, pero ya no había lugar ahí para más reclamos. Él estaba ahí para alejar el miedo una vez más, para sanar a Yuri, para salvarlo de la oscuridad. Y Yuri estaba ahí para él, sentía los dedos del pelinegro aferrándose a su espalda y el mundo pareció correcto otra vez. Porque los dos estaban juntos, ninguno de los dos era perfecto pero estaban uno a lado del otro y eso era cuanto importaba.

Se quedaron así un largo rato hasta que el tibio sol de la mañana les dio la bienvenida al día oficial de la competencia local de Yuri y Victor sintió que su patinador se estremecía ante aquel hecho.

-Vamos a que tomes un baño- dijo el hombre de los ojos azules tomando la mano de Yuri, ayudándolo a levantarse-. Voy a vendar tus pies, vas a dormir toda la mañana y solo entrenarás durante el calentamiento antes de la competencia…

-Pero Victor…

-Nada de peros, lo harás- dijo el ruso con firmeza-. Yuri, no vas a exigirte de más aun, esto es una competencia local solamente. Sí, debes de tomar en serio a los competidores jóvenes, sobre todo a Minami Kenjirou, pero ninguno de ellos está a tu nivel. Hemos trabajado demasiado en tus rutinas, sé que presentarás algo digno de ti el día de hoy y mañana también. Confío en ti Yuri, y tú debes de confiar en ti…

-Pero…

-Nueva regla- dijo Victor ayudándolo a desvestirse y desvistiéndose a sí mismo para entrar con Yuri a las aguas termales-. Cada vez que digas "pero" tendrás que besarme mil veces y te prohibiré comer Katsudon, no me importa que Hiroko amenace con desheredarme.

Yuri sonrió sin querer y Victor supo que por aquella vez Yuri y él volvían a estar en la misma sintonía. Los dos entraron a las aguas termales y Victor pegó a Yuri a su cuerpo, sintiendo la piel mojada del japonés pegada a la suya, sintiéndose más cercano a él no solo por la desnudez de sus cuerpos sino por el simple y maravilloso hecho de haber hablado con él sin tapujos, de poder estar con él y con nadie más de aquel modo.

Las manos de Yuri seguían aferradas a su espalda, mientras los dedos de Victor se aferraban a las caderas del muchacho que se amoldaban perfectamente a las palmas de sus manos. Victor sentía que el corazón de Yuri latía justamente encima de su pecho, mientras los labios del pelinegro besaban la piel de su hombro con suavidad.

Victor sonrío y dejó que sus manos subieran por los costados de Yuri, paseando sobre los músculos tensos de su patinador quien había sometido a su cuerpo a más trabajo del necesario. Las manos de Victor paseaban por toda su piel, haciendo que el joven Katsuki temblara de placer, pero también de deseo. Él también quería tocar del mismo modo a Victor pero se sentía mortalmente cansado. Fue por eso que el chico se separó un poco del ruso para ofrecerle sus labios a Victor quien sin pensarlo, empezó a besarlo de ese modo suave y dulce que hacía que Yuri perdiera la cabeza.

Y ahí estaban los dos, desnudos en cuerpo y alma, besándose al alba, las manos de Victor tocando tanta piel como fuera posible, acercando a Yuri a él, invitándolo a tocar también su piel que estaba ardiendo en el deseo de ser tocada por aquellas manos suaves y largas que ahora resbalaban por su espalda, urgiéndolo a estar más cerca de él.

Yuri rompió el beso minutos después, su cuerpo se sentía caliente y una innegable erección golpeaba uno de los muslos de Victor quien sonrió ante las mejillas sonrojadas del joven de los ojos marrones quien lucía adorablemente avergonzado por la situación en la que se encontraban.

-Puedo encargarme de eso…- dijo Victor en un tono suave y seductor que hizo que el cuerpo de Yuri temblara mientras las manos del ruso resbalaban por su columna vertebral y seguían la curva de su cintura, bajando por su vientre hasta enredarse en la piel caliente y ahora dura de su miembro.

-Victor…- susurró Yuri al sentir la presión de los dedos de aquel hombre resbalando por aquella piel extremadamente sensible.

-No tienes que hacer nada por mí, mi Yuri…- dijo el ruso besando sus labios suavemente sin dejar de tocarlo-. Quiero hacer esto por ti y solo por ti ¿entiendes? Déjate llevar, quizá lo necesites y te lo debo por ser un entrenador tan malo.

-Vitya…- dijo Yuri sintiendo que su voz se quebraba al sentir que el tacto de Victor se hacía más firme sobre su piel.

Aquello era nuevo, los dedos de Victor acariciándolo de aquel modo lo hacían ver estrellas. Todo era placentero y por primera vez en aquellos meses, el placer era más grande que el miedo. Porque Yuri sentía placer, un placer nuevo y mil veces distinto que hacía que sus piernas temblaran y que de sus labios atrapados por la boca de Victor, salieron sonidos de satisfacción pura que lo avergonzaron un poco.

-Eso es…- dijo Victor sobre sus labios sin disminuir la velocidad de sus caricias- ¿Quieres tocarme también?

Yuri asintió casi imperceptiblemente y dejó que sus manos trémulas e inseguras se aferraran a la piel de Victor. El pelinegro jamás había tocado a Victor de aquel modo pero no encontró desagradable aquella forma dura y palpitante que parecía latir bajo sus caricias. Victor sintió que algo estallaba dentro de él al sentir los dedos de Yuri tocándolo con timidez. Él esperaba no haber asustado al japonés quien seguía besándolo de forma desordenada sin dejar de acariciarlo. Aquello sin duda era una locura por la que Victor tendría que arrepentirse después pero no en ese momento porque los dedos tímidos de Yuri estaban elevándolo al mismo cielo. Aquello era increíble, no estaba haciendo nada que no hubiera hecho ya antes pero con Yuri las sensaciones parecían multiplicarse por mil.

Porque aquel beso tenía dentro de sí todo el calor del universo, porque los dedos de los dos tocando la piel desnuda del otro por primera vez, sin preocuparse de si era o no correcto, de si era o no demasiado rápido, era simplemente genial. El cuerpo de Yuri entre sus brazos, los sonidos de placer puro que escapaban de sus labios sin que pudieran reprimirlos eran sin duda la mejor forma de intentar olvidarse del mundo y de la competencia que estaba esperando por ellos aquella misma tarde.

Yuri se dejó ir minutos después, sintiéndose un poco apenado del placer enorme que lo recorrió de pies a cabeza una vez que su esencia se liberara sobre los dedos de su amado quien lo miraba como si se tratara de la criatura más hermosa de la tierra y quién lo acompañó en la liberación después de un rato, haciendo que Yuri sintiera la cálida esencia de Victor en sus manos.

Sí, sin duda habían hecho una locura pero Yuri, con las mejillas sonrojadas y la respiración entrecortada no encontró tiempo para sentirse culpable o muerto de vergüenza. Porque había hecho aquello con Victor, porque Victor lo había dejado hacer aquello a su ritmo, sin pedirle nada más de lo que había estado dispuesto a entregarle.

-Quiero que por la tarde salgas a patinar con una sola idea en la mente, mi Yuri…- dijo Victor sin despegarlo de él, sintiendo todavía en su interior el enorme placer que las caricias de Yuri le habían hecho sentir.

-¿Cuál?- dijo Yuri mirándose en aquellos ojos azules llenos de amor.

-Que estás patinando porque este es tu sueño- dijo Victor con calma, deseando que Yuri entendiera cada una de sus palabras-. Que nadie más que tú y ese sueño importan de verdad. No pienses en mí, yo siempre estaré orgulloso de ti pase lo que pase, pasará lo mismo con tu familia. Patina con la seguridad de que no decepcionarás a nadie Yuri, pero sobre todo, más que el amor que sientas por los demás, piensa en el amor que le tienes a tu sueño, el amor que sientes por ti…

"El amor que sientes por ti…"

Aquellas palabras vagaban por la mente de Yuri mientras el aplauso tranquilo de los periodistas llenaba la sala de la conferencia. La primera de las patinadoras sénior que representaría a Japón en el Grand Prix, había terminado de presentar su tema y Yuri se sintió un poco avergonzado de haber aplaudido con bastante retraso, pero aquellas palabras de Victor eran algo que nadie le había dicho jamás… sentir amor por él mismo no era algo en lo que Yuri hubiera trabajado antes ¿Cómo podría hacer aquello?

El joven suspiró atrayendo la mirada de la pareja de patinadores que estaba a su lado, quienes le sonrieron con un dejo de respeto y admiración a lo que Yuri respondió con una sonrisa un poco avergonzada. Aun le costaba creer que hubiera personas más allá de su familia y de sus amigos que lo apoyaran, que demostraran admirarlo como aquellos jóvenes patinadores que estaban a su lado, o como el campeón nacional Minami Kenjirou.

Y es que al presentarse en aquella competencia local, Yuri había temido que aquel joven rival suyo fuera la clase de persona que se burlaría de él por intentarlo de nuevo cuando parecía que era ya muy tarde. Fue por eso, que cuando Minami se paró delante de él para pedirle con toda la deferencia de un alumno a su superior, que lo mirara mientras llevaba a cabo una de las primeras rutinas que Yuri había realizado como patinador, algo en el corazón del joven Katsuki pareció surgir por primera vez, algo parecido al orgullo y a la satisfacción de ver que alguien reconocía lo que él había hecho antes de que su sueño se terminara abruptamente.

-Te admiro totalmente, Yuri Katsuki- había dicho el joven con su cabello rubio matizado con mechones rojizos que le daba un aire algo infantil-. Toda mi vida soñé con patinar en el mismo hielo que tú, sé que estoy haciendo el ridículo ahora pero no me importa ¡Esperé tanto por este momento! Vas a dar lo mejor de ti ¿Verdad? ¡Oh, Yuri! ¡Casi no pude dormir al saber que te vería! ¿Te tomarás una foto conmigo al final de la competencia? ¡Luces tan hermoso! ¡Señor Nikiforov! ¿Puedo robarme a su patinador? Yuri ¿Serás mi entrenador cuando te retires?

-Yo… no lo sé- contestó Yuri sintiéndose abrumado por la sincera admiración de Minami.

-¡No lo sabe!- dijo el joven con los ojos brillantes- ¡No es un sí, pero tampoco es un no! ¡Dios, tengo esperanza! Yuri ¿Quieres salir conmigo algún día? ¡Oh por Dios! ¡Eres tan adorable cuando te sonrojas! ¿Podemos tomarnos una foto ya?

-Al final de la competencia- dijo Victor sabiendo que tenía que salvar a Yuri de aquel fan que le resultaba adorable de algún modo.

-Claro, claro…- dijo el joven con una enorme sonrisa que hizo que el sonrojo de Yuri se elevara aún más-. Da lo mejor de ti, Yuri, eres mi ídolo de toda la vida pero no pienso ponértelo fácil. Vénceme con lo mejor que tengas, será un honor decir que el legendario y hermoso Yuri Katsuki acabó conmigo ¡Dios! ¡Buena suerte!

-Gracias…- dijo Yuri con una tímida sonrisa-. Y Minami…

-¡Dijiste mi nombre!- dijo el chico sintiendo que podría morir de felicidad en aquel mismo instante.

-Da lo mejor de ti también- dijo Yuri sonriendo con un poco más de confianza-. Voy a pensar en lo de ser tu entrenador, siempre he tenido el sueño de entrenar a la próxima estrella del patinaje japonés y creo que todo mundo dice que ese, serás tú…

Por toda respuesta, los ojos del chico se llenaron de lágrimas y abrazó a Yuri de forma rápida antes de soltarlo y correr hacia su entrenadora quien miraba a Yuri y a Victor con un dejo de disculpa que los dos hombres recibieron con un par de sonrisas divertidas.

-Con que, entrenarás a este chico…- dijo Victor sin poder evitar acercarse de más a Yuri aunque los dos habían estado de acuerdo en que no querían que su historia de amor fuera publica todavía.

-Tiene mucho talento y es lindo, me recuerda a alguien…- dijo Yuri sintiendo una extraña paz en su corazón a pesar de que la competencia que tanto había temido estaba por iniciar.

-¿A quién te recuerda?- dijo Victor sintiéndose un poco más tranquilo con la sonrisa de Yuri.

-A mí…- dijo el pelinegro haciendo que Victor riera divertido-. Aunque él tiene más agallas que yo para acercarse a su ídolo ¿No crees?

-¡Oh Yuri!- dijo Victor riendo divertido-. Al menos tengo el consuelo de que su ídolo no terminará loco de amor por él ¿Verdad? Porque tu ídolo sin duda alguna no pudo libarse de tu encanto…

-Vitya…- dijo Yuri mirando a los ojos a su entrenador, perdiéndose en ellos por más tiempo del necesario, haciendo que todos los flashes se estrellaran sobre el elegante entrenador ruso que vestía un traje negro que atraía todas las miradas sobre él.

-¿Te he dicho ya que mi traje te queda mil veces mejor a ti?- dijo Victor con ganas de olvidarse del mundo y besar a su pupilo en frente de todos-. Haz que nadie olvide a tu Eros, Yuri.

Después de esas palabras y de que Victor lo abrazara con fuerza ante de dejarlo entrar a la pista, Yuri había patinado Eros de una forma en la que no había podido hacerlo en los entrenamientos. Durante su presentación, el chico había cautivado a la audiencia con los movimientos sensuales de su cuerpo, si bien, no habían podido aterrizar algunos de sus saltos.

Todo mundo, desde el público hasta los demás patinadores jóvenes y sobre todo los jueces, habían visto en Yuri una energía nueva que salía a borbotones de su cuerpo, una energía que brillaba en sus ojos marrones que de vez en cuando se posaban en el azul de los de Victor y era en esos momentos en los que Yuri sabía perfectamente que su Eros había cambiado porque él tampoco era el mismo, no después de lo que había pasado con Victor en las aguas termales, porque si bien aún era inexperto en muchas cosas de las artes del amor, él sabía que aquello que Victor le había hecho sentir aquella madrugada, se parecía mucho a lo que la música de su coreografía quería transmitir…

-Y ahora, presentamos al patinador masculino que representará a Japón en el Grand Prix después de cinco años de no competir oficialmente- dijo el maestro de ceremonias trayendo a Yuri al presente de un modo nada agradable-. Con ustedes Yuri Katsuki, presentando el tema con el que competirá esta temporada al lado de su entrenador, Victor Nikiforov…

Yuri se levantó de su silla sintiendo que el nombre de Victor retumbaba por toda la habitación. El muchacho sentía el latido de su corazón repitiendo aquel mismo nombre, deseando que Victor pudiera escucharlo, que Victor estuviera mirándolo una vez más. Porque el joven Katsuki había decidido que había llegado el momento de contarle al mundo entero lo que Victor había hecho surgir en él, lo que Victor había traído a su vida aun si era de aquel modo, un poco indirecto, sin poner la naturaleza de su relación en muchas palabras pero aun así, queriendo que Victor lo entendiera.

Porque Victor hacía que aquel sueño fuera real y también, le daba color a ese sueño con la seguridad de sus ojos azules, con el calor de sus palabras y de sus caricias. Y es que mientras Yuri patinaba su programa libre, mientras presentaba por primera vez "Yuri on ice", el chico había sentido dentro de él aquella emoción pura de estar haciendo una vez más aquello que había amado desde pequeño. Mientras el piano de la música que Phichit le había regalado sonaba y sus pies se movían al compás de aquella melodía, Yuri había sentido aquel amor que Victor le había pedido sentir: el amor por él mismo, el amor por su sueño, el amor que una persona solamente puede sentir cuando se da cuenta de que está haciendo exactamente lo que soñó hacer toda la vida y que uno es exactamente la persona que siempre había soñado ser.

Y aquel amor era sublime y maravilloso y Victor también lo había traído de vuelta, y Yuri quería que todo el mundo supiera aquello, que lo supieran de una buena vez. Sí, estaba rompiendo su propia promesa de mantener en secreto la verdadera naturaleza de su relación con Victor pero no importaba, aquel anuncio era algo que él tenía que hacer.

-Mi tema de esta temporada es el amor…- dijo el joven y un murmullo inevitable se dejó oír en toda la sala-. Quiero hablar de amor porque eso es lo que ha mantenido viva mi carrera a pesar de todo, porque eso es lo que me ha salvado una y mil veces de rendirme. Si no fuera por el amor de mi familia, por el amor de mis amigos y de todas las personas que me apoyan, yo no estaría aquí. Pero también quiero hablar de un amor diferente, de ese amor que te toma por sorpresa, del amor que no esperas, del amor del que casi te has olvidado pero el que, cuando encuentras y conoces, te hace fuerte, te hace crecer.

Las palabras de Yuri se quedaron flotando en el aire mientras los dedos de los reporteros tecleaban la que sin duda sería la noticia del día, pendientes de todas y cada una de las palabras de Yuri Katsuki.

-Quiero hablar del amor que Victor trajo a mi vida, de esa emoción para la que al inicio no tenía un nombre, pero a la que ahora puedo llamar amor con seguridad- dijo el joven, haciendo que los reporteros empezaran a cuestionarse el sentido real de aquella declaración-. Porque Victor es la primera persona a la que he querido aferrarme, sé que él es el único ser al que he amado y quizá él sea la única persona a la que amaré el resto de mi vida y no quiero dejarlo ir. Por eso y porque gracias a él puedo tener este sueño de vuelta y un sueño aún más grande a su lado, es que hoy me siento con el valor de decir que ganaré una medalla en el Grand Prix Final, Victor y yo lo lograremos. También quiero agradecer su apoyo, gracias a quien todavía confía en mí. Haré que Japón se sienta feliz de tenerme como su patinador, con Victor y el poder del amor confío en empezar a hacer real por fin la historia que quiero escribir desde que soy un niño…

Todo mundo se quedó pasmado por la declaración hecha por Yuri, quien seguía sonriendo con confianza a la cámara sin saber que en Hasetsu, los ojos azules de Victor estaban llenos de lágrimas de dicha pura que hicieron que Yuko, quien estaba viendo la conferencia con los Katsuki y su familia, abrazara al príncipe del hielo quien parecía al borde de un ataque cardiaco a causa de la felicidad que las palabras de Yuri le habían causado. Y Victor deseó estar al lado del pelinegro, deseó estar a su lado y abrazarlo hasta fundirse con él, besarlo hasta que el oxígeno del mundo se terminara, amarlo como si ese fuera el único sentido de su vida.

Pero de vuelta en Tokio, Yuri sabía que acababa de declarar su amor en televisión nacional pero había dejado de temer. Aquel era un mensaje que tenía que ser dicho y ahora que lo había hecho no quería preocupare por lo que todo el mundo estaba pensando. En aquel instante, el joven solo quería volver a casa y encontrar refugio en los brazos de Victor. Todavía faltaba un mes para la primera competencia del Gran Prix y aunque sabía que los entrenamientos subirían de intensidad, también sabía que podía enfrentarse al mundo entero y a él mismo, con la ayuda de su entrenador que era el hombre al que amaba también, al lado suyo.

Mientras tanto, en Rusia Otabek Altin y Yuri Plisetsky, quienes estaban descansando un poco del entrenamiento a la hora de la comida, miraban la presentación del tema de Yuri en una emisión especial de las noticias nacionales que empezaban a especular los mil y un significados escondidos en las palabras de Yuri Katsuki al respecto de su otrora príncipe del hielo.

-¿Por qué le dan tantas vueltas?- dijo el rubio mirando a Yuri Katsuki mientras sonreía con confianza delante de las cámaras de televisión.

-¿A qué te refieres?- dijo Otabek sintiendo que aquel Japonés era sin duda valiente al dar una declaración como aquella.

-Bueno, es obvio que Katsuki está gritándole a todo mundo que está enamorado de Victor y que Victor también lo ama- dijo el chico levantando los hombros- ¿Por qué no dicen eso? Es decir, Yuko ha estado enviándome fotos donde esos dos son asquerosamente empalagosos el uno con el otro ¿Qué otro significado pueden tener las palabras del japonés?

-Yuri, a veces a la gente le asusta que otras personas puedan hablar de amor de la forma en la que Yuri Katsuki lo hizo- dijo el joven kazajo con una sonrisa tranquila que hizo que las mejillas del rubio se sonrojaran un poco- ¿Sabes algo? No creo que Yuri sea asqueroso, creo que fue valiente. Es decir, gritarle al mundo tu amor a pesar de que sabes que ese mundo no entenderá lo que estás sintiendo y que lo más seguro es que condene lo que sientes y se burle de ti es un acto temerario ¿No lo crees?

-¿Ahora resulta que eres fan del cerdo?- dijo Yuri sintiendo un poco de resentimiento contra el japonés cursi aquel.

-Me gustan las personas que no temen decir lo que sienten- dijo Otabek mirándolo directamente a los ojos-. Debería aprender algo de Katsuki ¿sabes? Aunque debo admitir que jamás seré igual de valiente que él…

El rubio se quedó en silencio observando fijamente a su amigo. Él sabía que había algo que Otabek no estaba diciéndole pero no quiso preguntarle, la verdad es que él tampoco era tan valiente o tan idiota como Yuri Katsuki y además, el joven de los ojos verdes no sabía si en verdad quería saber aquel secreto que su amigo, aquel amigo que lo hacía sentirse tan confundido a veces, estaba ocultándole.

A varios kilómetros de San Petersburgo, Christophe Giacometti compartía una video-llamada con un emocionado Phichit Chulanont que se había declarado sin pedirle consentimiento a nadie, padrino de la boda de Victor Nikiforov y Yuri Katsuki después de haber escuchado la declaración de amor de su mejor amigo que ahora estaba dándole la vuelta al mundo.

-¡Fue sencillamente hermoso!- dijo Phichit con ganas de ponerse a saltar en medio de la pista y Chris sonrió al escuchar los gritos de Celestino Cialdini en el fondo de la imagen, urgiendo a Phichit a volver al entrenamiento.

-¿Crees que Vitya siga vivo?- dijo Chris sin borrar la sonrisa de sus labios ahora que el tailandés estaba hablando con él.

-¡Más le vale!- dijo el joven Chulanont elevando dos octavas de pura emoción el tono de su voz-. No puede morir ahora, después de esto la boda Victuri es un hecho ¡Oh Chris! ¡Tienes que planear ya tu discurso! Serás el padrino de Victor ¿No es así? Estoy seguro de que podremos compartir un montón de anécdotas para hacer que los dos se mueran de vergüenza durante el brindis…

-¿Victuri?- dijo el suizo sonriendo alegremente, siempre era todo un deleite hablar con Phichit cuando éste estaba totalmente emocionado por algo.

-Así los llaman ahora ¿No has visto las redes sociales, acaso?- dijo el chico quien había sido por cierto, quien había llamado así a la que era ahora la pareja más famosa del mundo del patinaje artístico-. Pero no estás respondiendo mi pregunta…

-Supongo que sí, seré el padrino- dijo Chris con un falso suspiro de exasperación-. Pero… ¿Sabes algo? Creo que tengo una mejor idea para el discurso del brindis, pero no te la diré ahora…

-¿Por qué no?- dijo Phichit con aire ofendido- ¡Te llamé a ti primero que a nadie para compartir mi emoción!

-Claro, claro…- dijo Chris con esa sonrisa seductora que hacía que Phichit perdiera el aliento de forma alarmante.

-¿Chris?- dijo el tailandés empezando a sentirse nervioso- ¿Por qué no quieres decirme?

-Te lo diré si aceptas salir conmigo antes de la Copa de China- dijo el suizo haciendo que la sonrisa del otro joven se llenará de incredulidad y de alegría al mismo tiempo-. Que dices, guapo ¿Saldrás conmigo o tengo que dedicarte un discurso de veinte minutos en televisión nacional acerca de por qué me gustas y por qué creo que pasarías un buen rato a mi lado?

-Me gusta la idea del discurso, pero todo mundo dirá que quieres copiarle a Yuri- dijo Phichit sin poder evitar mostrar su emoción-. Chris… ¿De verdad te gusto?

-Eres encantador y sin duda alguna voy a dejarte ganar en la competencia a la que los dos hemos sido asignados si me dejas besarte…- dijo Chris de esa forma directa que lo caracterizaba-. Claro que me gustas, que tu mejor y bobo amigo no haya visto lo perfecto que eres, no es culpa tuya…

Phichit sonrió sin poder creerlo del todo, sus mejillas estaban sonrojadas y se sentía nervioso porque jamás había tenido una cita de verdad con un hombre como Chris. Pero quizá era tiempo de empezar a descubrir otras cosas, quizá era tiempo de dejar que algo nuevo brotara dentro de él. Yuri había sido valiente al proclamar su amor al mundo, pero también era cierto que plantearse la idea de querer volver a sentir amor por alguien más también requería tener un tipo especial de valentía que Phichit estaba sintiendo en aquel mismo instante.

-Creo que tenemos una cita, señor Giacometti- dijo Phichit haciendo que Chris frunciera los labios al escuchar la palabra "señor"-. Y por cierto, si con ello te saco de combate, quizá te bese desde que me encuentre contigo en el aeropuerto ¿Qué opinas?

-Es la mejor idea que has tenido en mucho tiempo- dijo Chris sintiéndose emocionado de pronto-. Te veré en unos días entonces y voy a cobrarme en serio esta promesa ¿entiendes?

Phichit sonrió y Chris le devolvió la sonrisa. El suizo había estado burlándose de Victor durante todo aquel tiempo, pero quizá él también estaba a punto de convertirse en un idiota enamorado como su mejor amigo.

Pero, del otro lado del mundo, en medio de una habitación solitaria en una enorme mansión de Canadá, Jean-Jacques Leroy uno de los patinadores de más renombre en aquella temporada, miraba las declaraciones de Yuri Katsuki con una sonrisa llena de burla y de coraje, mientras que una joven de cabello oscuro replicaba aquella sonrisa mientras estaba entre sus brazos.

-Jamás pensé que Victor Nikiforov cayera tan bajo- dijo el joven con burla- ¿Puedes creerlo, Isabella? El tipo estaba asustado de competir contra mí, por eso se retiró antes de que pudiera enfrentarlo, pero ¿Llegar al punto de fingir estar enamorado de ese idiota japonés y hacer que Katsuki declarara todas estas idioteces? ¡Todo esto es un ardid para que nadie pierda de vista a su patinador! ¡No es más que un truco de publicidad!

-El chico japonés parece sincero, J.J.- dijo la joven mirando a su novio con devoción- ¿Por qué estás tan molesto?

-Victor solo está engañando a ese pobre chico- dijo J.J. con un odio que Isabella jamás había escuchado en su voz-. Eso es lo que él hace ¿sabes? Usa a la gente en su beneficio, por eso está usando a Yuri Katsuki ahora. Victor no quiere salir de los reflectores y un romance de en sueño con su patinador logrará precisamente eso ¿No crees?

Isabella asintió sin entender del todo el resentimiento que había en la voz de J.J. mientras el chico, quien aquel año había cumplido veintidós años recordaba aquella noche en la que guiado por la admiración y las copas de más que había bebido a escondidas durante el Banquete del campeonato mundial, había jugado con fuego al tener una aventura con aquel dios del patinaje que a la mañana siguiente, no lo había recordado al encontrarse con él en el aeropuerto de Tokio.

Y aquello era algo que J.J. jamás le perdonaría, porque si Victor era el príncipe del hielo, J.J. era el rey y él en persona iba a encargarse de hacer que Victor se arrepintiera de varias cosas: primero, de haberlo ignorado después de haberlo usado aquella noche que los dos habían compartido. Segundo, se arrepentiría de haber abandonado el hielo antes de tiempo y tercero, sin duda alguna se arrepentiría de haber cambiado a un rey por el amor mediocre de un maldito don nadie japonés que había venido a echar a perder sus planes…


NDA¡ Hola a todos después de un largo tiempo¡ (Para mí fue largo xD)

Bien, siento que tengo muchas cosas por las cuales disculparme. Primero que nada por dejar pasar tanto tiempo entre actualizaciones, en mi defensa diré que la vida adulta no es divertida y ah, tenía demasiado trabajo atrasado, por eso me he tardado un poco con este capítulo que emm... sí, es demasiado largo xD

A modo de advertencia-disculpa debo decir que llega un momento en todas mis historias en las que simplemente escribo demasiado, tenía demasiadas cosas que contar y eso hice so... espero que no haya quedado tan mal este capítulo, me ha costado un poco escribirlo por demasiadas cosas, ojalá no haya quedado tan mal :D Por cierto, no me sentía cómoda con la edad real de J.J por eso le aumenté un par de añitos más para que su relación con Victor no me causara problemas existenciales y no diré más al respecto.

Y bueno, mil gracias de nuevo por estar conmigo en esta historia. Espero que les siga gustando, todavía me faltan muchas cosas por contar :) Espero volver a mi ritmo de actualización semanal y si todo sale bien la próxima semana además del capítulo 11 de esta historia, espero poder compartir con ustedes un especial de San Valentín porque cursi y porque viva el amor xD

Como sea, espero con emoción sus comentarios al respecto de este capítulo largo como fila del banco, no sean tímidos :) Saludos a todos y abrazos de oso por ser parte de esta historia :D