CAPITULO 10

KONOHA: Misteriosos clanes

07 septiembre de 2007, 03.30h

Parque del Lago Ziva, Barrio Uchiha

El silencio reinaba en las calles de la villa. La oscuridad bañaba cada rincón de Konoha y únicamente los farolillos de las casas, con su tenue luz, eran capaces de romper la monotonía de los pasos. Una suave brisa procedente del bosque milenario, al oeste de Konoha, comenzaba a azotar la calurosa noche que bañaba el pueblo desde pasada media noche. Fue entonces cuando algunos de los pajarillos que dormían sobre las ramas de los árboles, despertaron de su ensueño y revolotearon de tallo en tallo, canturreando, en busca de un nuevo refugio donde conciliar una vez más su sueño, protegidos de la fría brisa que paulatinamente se incrementaba.

Ya tocaban casi las cuatro de la madrugada. A estas horas apenas ocurrían incidentes graves donde los ninjas tuviesen que intervenir, salvo emergencias por la salud de algún civil que requería atención médica. Por ello, el descenso en el número de patrullas nocturnas era considerable. Eran ocho los grupos encargados de vigilar Konoha, compuestos cada uno de estos por cuatro miembros. Complementaban el trabajo de la frontera, donde se situaban ocho patrullas más, fijas en cada una de las puertas que blindaban la villa. Los dieciséis equipos, exceptuando cuatro de ellos, estaban formados por Jounins Especializados en vigilancia y escolta. Mas los cuatro grupos restantes, eran equipos ANBU que turnaban su trabajo con el convoy de la mañana; existían puntos clave y conflictivos donde era preferible la presencia de los asesinos de élite, como era el caso de la casa del Hokage, el Puerto de Konoha, la Cárcel y el Cuartel General de los ANBU o el margen del barrio Uchiha, a pie del Parque 'Lago Ziva'. Los equipos ANBU permanecían siempre en sus posiciones y si necesitaban ayuda para atender algún incidente alejado de su situación o vigilar algún punto más lejano, recurrían a los compañeros ANBU de refuerzo nocturno, que aguardaban a la espera de su posible llamada en el interior del cuartel, patrullando por radio y desde las cámaras de la sala de vigilancia, que daban alcance a las calles principales y edificios emblemáticos de la villa. A diferencia de estos, los Jounin Especializados que no velaban en las puertas de la frontera, custodiaban las calles de Konoha, los parques, ríos y lagos, así como los edificios centenarios, de salud pública o gubernamentales, y las montañas y bosques que bordeaban los principales barrios residenciales de la aldea. Sus recorridos no cesaban nunca y constantemente informaban por radio de sus visiones, fuesen cuales fuesen. En el distrito central, en un edificio colindante a la Academia Ninja, a pie del camino principal del pueblo, se encontraban las Oficinas de Registros, donde se transcribían todas las anotaciones de cada grupo patrulla para tener el informe completo de lo sucedido. Era importante realizar estos trabajos ya que, tantos las cámaras como los mismos ninjas, no eran capaces de registrar cada movimiento en la villa, y de esta manera se complementaban los unos a los otros, creando un diario de Konoha donde se registraba lo que ocurría a cada segundo. En diversas ocasiones había servido para esclarecer diferentes tipos de delitos cometidos.

Toda esta información se adjuntaba (videos, grabaciones e informes) y posteriormente era guardada en el Archivo Intelectual de la villa. Un Archivo que residía en lugar oculto, protegido por un clan milenario que, generación tras generación, había sido protector del legado histórico de la zona. Nadie, más que los miembros del clan, tenía acceso a los archivos, conque eran los únicos que conocían el paradero de los documentos secretos de los ninjas. Cuentan que, antiguamente protegían los documentos mediante técnicas de barrera de sangre relacionadas con el 'ocultismo', capaces de albergar la materia en la 'nada'. Estas prácticas les hacían ser seres misteriosos y a la vez, victimas de leyendas sin fundamentos. Ciertamente, nadie podía demostrar lo contrario, ya que ningún habitante lo había visto, pero teniendo en cuenta la cantidad de informes, videos, archivos, grabaciones y otro tipo de documentos, que se habían acumulado durante los años pasados desde que se comenzó a guardar la información, era más que probable que se necesitaban diez casas como la del Hokage para guardar todos los documentos, y era por todos sabido que tal edificio o subterráneo no existía en Konoha. Por lo tanto, no tenían más remedio que creer la teoría de 'La Ocultación'.

El nombre de este clan era: Sahori. Actualmente eran cinco hermanas que convivían en la misma casa, situada al final del camino del parque 'Lago Ziva', tras unas pequeñas montañas. Eran unas chicas muy reservadas que jamás habían acudido a la academia ninja conque, pese a tener unos grandes conocimientos de las artes del ninjutsu, no se les reconocía ningún nivel. Tsunade y Shizune eran las únicas que tenían trato directo con ellas, sin embargo, era poco lo que podían explicar del clan Sahori. Eran muy tímidas y apenas salían al exterior si algún otro individuo estaba en los alrededores de su casa. Tanto el Hokage como Shizune las veían una vez a la semana, cuando pasaban al despacho del Godaime a recoger los informes acumulados de los últimos siete días y que por supuesto, ya habían sido estudiados, revisados y firmados por Tsunade. Sólo había algo muy peculiar en aquellas cinco hermanas que llamaba la atención de todo el mundo en la villa, y no era su actitud huraña, reacia o evasiva. Mucho más cercano que un carácter. Era su forma de vestir, o mejor dicho, de no vestir: Paseaban por el pueblo con la única protección en su cuerpo que una capa de chakra. Iban recubiertas, desde su cuello hasta la punta de los dedos de sus pies, mediante una fina capa en forma de escamas de serpiente, o quien sabe, de cualquier otro reptil. No sabrían decir cual, ya que no tenían oportunidad de aproximarse lo suficiente como para analizarlo. Eso sí, pese a ser todas idénticas, cual mellizos (altas, esbeltas, de cabello lacio y moreno, tan sumamente largo que casi llegaba a sus rodillas, pero tan descargado que curiosamente, pese a la acción del viento sobre éste, nunca llegaba a enredarse o despeinarse…como finos chorros de agua chocando), tenían una característica distintiva: El color de su chakra era diferente para cada una de las hermanas, luciendo distintos estampados en sus escamas, creando un efecto arco iris entre las cinco. Fuera de todos estos detalles, ya podréis imaginar que estas jóvenes levantaban pasiones en la villa, aunque todas sin futuro alguno. Para las Sahori lo único que importaba era la protección de su trabajo.

El equipo ANBU encargado de vigilar el borde del parque 'Lago Ziva' nunca se adentraba en el camino que traspasaba los límites del lago y conducía al bosque milenario, cerca de la casa del clan Sahori. Eran infinitas las leyendas que contaban de aquellas mujeres y ningún hombre quería caer en esas terribles historietas¿Para que arriesgar a averiguar si eran ciertas? Más valía prevenir que curar. En realidad, todo el miedo era porque las historias que contaban eran espantosas. Se decía que las mujeres del clan eran enormes boas, que por la noche adquirían su cuerpo de serpiente y engullían a sus presas vivas: jóvenes chicos estúpidos que habían caído en la tentación de su belleza, siguiéndolas hasta su casa, para después ser devorados. ¿Qué decir? Absurdas leyendas, como siempre indemostrables, pero en un pueblo, tan reales y creíbles que eran capaces de acobardar hasta al más valiente de los hombres; esta noche el escuadrón número cinco era el encargado de patrullar esa zona de la villa. Llevaban allí desde las diez de la noche y apenas les quedaban dos horas para poder plegar. Era en lo único que estaban pensando. Querían llegar a casa para echar un sueño, pero todavía no era la hora y debían mantenerse despiertos. Así que, formaron equipos de dos para entretenerse entre compañeros y agudizar su vigilancia. Dos de ellos eran muy jovencitos, apenas dieciocho años recién cumplidos y acababan de ascender al cuerpo, conque esta era su primera misión. Cuando el líder ANBU les contrató para realizarla creían que sería mucho más fácil, una simpleza e incluso uno de ellos se había llegado a quejar, porque consideraba que le estaban subestimando al contratarle para custodiar una calle. Sin embargo, no sabían que les esperaban ocho horas nocturnas, incesantes, de sueño cambiado y de monótona vigilancia en el más puro silencio. Sin duda alguna, una penitencia para dos jóvenes acostumbrados a la vida diurna. Los dos chavales luchaban contra su propio cuerpo que iba sucumbiendo al sueño y lentamente fenecía. Suerte de la brisa fresca que se había levantado hacía escasos minutos, siendo un punto a su favor, refrescándoles su cansado rostro. El líder le aconsejo que se sentasen juntos a vigilar, compartiendo la carga de las últimas horas de trabajo que les quedaban, y amablemente les comentó que si querían, sin descuidar su trabajo, podrían conversar lo más sigilosamente posible. Por supuesto les advirtió, que si tenía que llamarles la atención por escandalosos, en su informe constaría su mal trabajo y nunca más volverían a ser contratados para su escuadrón. Las horas que eran y el sueño que arrastraban, no contemplaban ningún tipo de amenaza por parte de su líder, sin embargo los jóvenes era los suficientemente listos como para comprenderle. Tras escuchar sus consejos, ambos se dirigieron al último árbol que regentaba el camino del parque y se situaron en la rama más alta, donde podrían divisar el paso de posibles individuos.

Al principio pensaron que lo mejor sería quedarse en pie sobre la rama, pero poco a poco, su propio cuerpo les obligaba a apoyarse contra el tronco, relajándose, deslizándose, hasta que finalmente terminaron sentados. Mientras sucumbían al cansancio, descuidaron su atención comentando antiguas misiones realizadas como ninjas inferiores. Abstraídos en uno de sus grandes relatos, no se percataron del fugaz movimiento que pasó bajo sus pies. Tiempo después y ya demasiado tarde, escucharon un sonido procedente del bosque que daba paso al barrio del clan Uchiha. Parecía el graznido de un ave, tal vez una lechuza, o quien sabe, a lo mejor había aullado un lobo…o tal vez algún animal legendario. La verdad es que no tenían ni la menor idea de que había sido, ni de quien o que lo había producido. En realidad ninguno de aquellos animales produjo aquel sonido, era la voz de un humano distorsionada por el viento, los ecos y por el trozo de tela que recubría su boca. De haber estado atentos cuando aquellos individuos pasaron bajo sus pies, ahora podrían salvar a quien quiera que fuese el que gritó, pero su atención se desvaneció:

¿Ha oído eso, líder? – Dijo uno de los jóvenes por el transmisor.

Sí, procedía de vuestro lado del bosque. ¿Habéis visto algo sospechoso? – Preguntó aparentemente serio.

No señor, por aquí no se mueve ni un alma. Tal vez haya sido un animal. – Dejó caer el chico sutilmente.

¿Quién sabe? Estamos cerca del Bosque Encantado y de la Casa del clan Sahori, 'Las Mujeres Boa', tal vez se hayan comido otra de sus estúpidas presas. – comentó el líder y cerrando el micro del transmisor se echó a reír conteniéndose, mediante gestos, con su compañero.

No bromee señor. No me gusta esa leyenda y el tema del Bosque Encantado menos. Me dijeron que 'allá iban las almas de los caídos en guerra por culpa de los traidores de sus compañeros, y que eran almas en pena que buscaban venganza eterna'. Todo el mundo lo sabe. Además, eso ha sido un aullido de un animal. – El joven ANBU comenzaba a ponerse nervioso, mientras agitaba una de sus manos temblorosa, intentando buscar el hombro de su compañero.

¿Acaso no sabe como chilla un alma¿O, un hombre cuando es engullido por una serpiente? – zanjó el líder ANBU, mientras cerraba el transmisor por completo para evitar escuchar futuras réplicas del joven ninja y poder reírse plácidamente de la situación. Mientras, los dos jóvenes guardaban silencio, atentos a la oscuridad que les rodeaban, y que lentamente, con el miedo calado hasta los huesos, se cernía sobre ellos, haciéndose más densa y espesa que nunca.

KONOHA: Esperanzas para los reporteros

07 septiembre de 2007, 04.30h

Cordillera del Shodaime, Refugio de Danzo

Hacia el final de la codillera del clan Uchiha, sobrepasando el río subterráneo en dirección a las montañas del Shodaime, Sai había entrado en los túneles que le conducían al cuartel de Danzo. Le acompañaban los tres ANBU (compañeros de Yamato durante la misión en el Hostal Haruno) y sus dos rehenes: los reporteros Mitsui Fukada y Josh Aerlen. Éste último, quien había intentando gritar al ver luz entre las montañas del clan Uchiha, probablemente procedente de las farolas que iluminaban el fantasmagórico barrio. Lamentablemente, y para infortunio de los dos periodistas, pese a que el equipo ANBU que regentaba el barrio le había escuchado gritar, fue en vano, ya que le confundieron con un animal hambriento o una simple lechuza. Lo único que logró después del grito, fue una patada en el estómago que le dejó sin aliento y sin ganas de volver a intentarlo.

Sai y su equipo se dirigían a hacer entrega de los rehenes a los aliados de Danzo, cuando éste recordó que el viejo le había prometido una recompensa si completaba la misión que se había encomendado a Yamato. Sin embargo, Danzo no cumplió su palabra. A mitad de camino, Sai pensó que tampoco cumpliría su parte de la misión y que no pensaba arriesgar su vida ante aquellos aliados sin antes haber recibido su recompensa. Además, el trabajo que hacían ahora era parte de Yamato. A Sai únicamente le había pedido completar el secuestro de los dos periodistas y hacerle entrega a Danzo de éstos. No habían quedado en zanjar el contrato con sus aliados. Así que, cansado y harto de las arrogancias de Danzo, decidió retroceder a mitad de camino y dar a Yamato su trabajo. Una vez más, el resto de compañeros de la misión no estaban de acuerdo con las decisiones que tomaba Sai, eran demasiado individualistas y aunque constantemente en sus conversaciones hacía gala de las leyes que el viejo imponía, y pese a parecer el más leal y fiel de todos, a la hora de tomar las decisiones era el más personal y rebelde de todos. Sabían de sobras que la rebeldía de Sai le podía costar caro a ellos, pero por vez consecutiva no tenían más remedio que aceptar sus decisiones; casi alcanzaron el refugio de Danzo cuando un ANBU les detuvo. Portaba la máscara de la Grulla:

¿A dónde os dirigís? – Preguntó la Grulla.

Vamos a ver a Danzo para devolverle lo que es suyo. – dijo Sai.

¿No teníais órdenes de entregar esos dos a Akatsuki?

Así es, teníamos. Pero pensándolo mejor, no tengo ganas de ver las caras de esos 'pichacorta'. – Esbozó una sonrisa, que rápidamente se borró de su cara.

¿Les tienes miedo? – dijo la grulla entre risas, casi carcajadas.

No. Miedo les tendrá el que no ha hecho su trabajo y por su culpa, me lo han encomendado a mi. Éste no es mi equipo y ésta no era mi misión. Llevo trabajando desde las nueve de la mañana y simplemente quiero dormir. Y como comprenderás, no voy a dormir a medio camino con dos rehenes…así que, me vuelvo que tengo sueño. – Respondía Sai, más retorcido y sarcástico que nunca.

Eres un niño mimado. Te crees que por ser quien eres, este tipo de estupideces se pueden consentir y estas muy equivocado. La ley es clara y no tiene excepciones. Estas jodido Sai. – Gritaba encolerizada la grulla, mientras agitaba sus brazos fuertemente.

Mira niña…no me canses. Vete por ahí a que te folle un gallo antes de que te parta la máscara de una hostia. Cierra el pico que si alguien tiene las de perder aquí, esa eres tu, que haces de espía del Hokage. Te juegas el cuello de gallina que tienes y como se enteren, te van a usar para hacer caldo. Y créeme, si quiero que se enteren se enteran. Lárgate de mi vista antes de que cambie de opinión y te delate ante el Hokage. - Y tras esas palabras, Sai se dirigió al interior del refugio, mientras los otros le seguían los pasos.

Tienes muchos enemigos, chaval, muchos, ten cuidado donde duermes, que puede que mañana no despiertes. – La cólera era palpable en sus palabras, como también lo eran el temblor por el miedo a las represalias posibles de Sai.

¿La mato, líder? – Dijo uno de los ANBU. – Está amenazando de muerte a un superior.

Déjala¿de quién nos reiremos mañana si la matas hoy? – Sin más preámbulos, con una amplia sonrisa, continuó su paso ligero hacia la habitación de Danzo.

Tras la agitada conversación, se dirigían al interior del refugio en búsqueda de la habitación privada de Danzo. Dos discípulos de éste guardaban la entrada de la estancia, a la cual nadie podía acceder a altas horas de la madrugada. Sin embargo, Sai era el único que tenía permiso para hacerlo, fuese cual fuese la hora de su visita, así que los escoltas le permitieron el paso. Éste, antes de entrar, dio órdenes a sus compañeros para que se dirigiesen a la sala de espera y así recuperasen fuerzas y diesen algo de beber a los dos periodistas, mientras él se dirigía a comunicar su decisión al viejo.

En el interior, Danzo yacía dormido sobre su majestuoso tálamo. La habitación era un gran complejo que desprendía riqueza en toda su estructura. Pese a estar oculta en una gruta a través de las montañas, ésta no carecía de ventanas. La había hecho construir al final de una de las grutas que conducía hacia el precipicio de la más sinuosa montaña de la cordillera del Shodai. Era imposible acceder por aquellas ventanas al interior de la habitación y no precisamente por su situación, ya que cualquier ninja podría caminar por las colinas y quedar descolgado (gracias a la concentración de chakra en sus pies), pudiendo llegar hasta dichas ventanas con total facilidad. Imposible su acceso porque Danzo había encargado camuflarlas mediante técnicas ninja que ni el Ojo Blanco del clan Hyuga o el Sharingan del clan Uchiha podrían detectar. Únicamente, aquellos privilegiados que tenían acceso a su habitación, sabían la situación interior (conocían las vistas de las ventanas desde el interior) de éstas, pero desconocían la situación exterior, es decir, no sabía a que altura externa de la montaña se encontraban dichas ventanas. Era más que evidente que Danzo desconfiaba de sus propios discípulos y tenía miedo de que le pudiesen delatar; éste no era el único privilegio del que disfrutaba el viejo. La decoración de la estancia era todo un lujo. La gran cama, así como los armarios, las cómodas y las cajoneras que completaban la habitación, además de las mesas y sillas, marcos de cuadros y demás artilugios decorativos o mobiliarios de ésta, eran piezas únicas talladas a mano por el gran artesano de Konoha. Un viejo artista y ebanista llamado Nobu. Antiguamente había sido el creador del mobiliario de las casas y castillos de los máximos mandatarios de las villas y feudos, siendo pintor de grandes cuadros de batallas y alianzas, que adornaban las estancias de dichos hombres de poder. En concreto, en los muebles que poseía Danzo, habían grabados y representaciones de las batallas del viejo Nidaime y su compañero Shodaime, primeros Hokages de la Villa Oculta de la Hoja. Incluso en algunos de los grabados se podían ver talladas hazañas de Sandaime en su juventud. Sin embargo no había resquicio de Danzo en ninguna de las historias. El cabezal de la cama lo guardaban las caras de los grandes Kages de la villa, enfrentados cara a cara. Estos muebles, así como la ropa de cama, las cortinas bordadas de hilos de oro y plata o las mismas figuras y cuadros que adornaban la estancia, habían sido robados por el viejo tullido Danzo. Durante su época joven (y algo más mayor, también), tras la muerte de los dos primeros Hokages de la villa y el ascenso al poder de Sarutobi como Sandaime de Konoha, Danzo había sido el rival directo de éste en su lucha por la sucesión de poder. Sin embargo, los ideales radicales de Danzo, no gustaron a los consejeros y máximos mandatarios del país del Fuego, quienes veían a Danzo como el mejor líder estratega de sus tierras. No obstante, pese a que éste consideraba que tenía dichas cualidades y estaba de acuerdo con ellos en ese aspecto, consideraba que Sarutobi no estaba preparado para el mandato y ablandaría las leyes de la villa, convirtiendo a los ninjas en líderes de guardería. Ya que sus esfuerzos por recuperar el poder y ser participativo en las estrategias de la villa fueron en vano, decidió tomarse la justicia por su mano, fundando su propio escuadrón ninjas libres. Camufló sus verdaderas intenciones bajo doctrinas y leyes permitidas en la villa y consiguió la licencia para trabajar con sus escuadrones como ninjas oficiales del País del Fuego. Durante diversos años complementaron misiones de alto riesgo siempre con gran éxito, aumentando así su reputación en la villa frente a los consejeros, hasta adquirir el respeto de un Sage. De lo que no eran conscientes los consejeros era de la trama real que se ocultaba tras los planes de Danzo: Secuestros, robos, asesinatos y conspiraciones a la aldea. Infinidad de traiciones que a día de hoy los mandatarios siguen desconociendo. Incluso, parte de sus actuales escuadrones desconocen quienes son sus aliados y para quien trabajan. La gran desgracia para la villa es que desconocía y desconocen, haber subvencionado las atrocidades de Danzo y por supuesto, haber inflado sus riquezas.

Sai era el único que quedaba con vida que sabía toda la verdad de Danzo. Éste no había vivido con él todo el tiempo que había fundado alianzas de escuadrones ANBU ya que era muy joven, apenas tenía veintiséis años, sin embargo, había depositado en él toda su confianza. Danzo era un viejo tullido de setenta y un años y temía por su vida. Ansiaba hallar una solución que prolongase su vida y quería contactar con Orochimaru para pactar con él un remedio, pero la vieja serpiente no daba señales de vida. Sai había convivido con él desde que quedó huérfano, cuando su hermano murió en manos del destino. Sai se entregó en cuerpo y mente al viejo y se convirtió en un ser sin sentimientos, incapaz de comprender los sentimientos humanos. Sin embargo, el paso de los años y el contacto con diversas personas en las diferentes misiones que completaba le fueron haciendo entender y familiarizarse con las emociones humanas. No obstante, de cara a Danzo, Sai jamás mostraba un resquicio de sentimiento, continuaba haciendo su papel insensible e insulso de siempre. Sabía que debía guardarse ese as en la manga. Había escuchado miles de veces esa frase de su propio maestro y todo lo que sabía era gracias a él. Como siempre dicen, el alumno supera al maestro y en este caso, si Danzo era retorcido, Sai lo sería el doble. En cualquiera caso, Danzo contaba con ese factor y no se dejaría sorprender así como así.

En el momento en que Sai cruzó la puerta, Danzó despertó, pero simuló estar dormido a la espera de la acción de Sai. Sin embargo, éste conocía al viejo demasiado como para caer en una trampa tan estúpida:

No he ido a entregar la mercancía. – dijo Sai lacónicamente. – Estoy cansado y quiero dormir, igual que tu haces. Ese era trabajo de Yamato y aún no me has pagado mi recompensa.

Sai, aunque esa misión se encomendó a Yamato, poco después tú asumiste el mando y por lo tanto debes terminarla…

No. Me marcho a dormir. – Siseó mientras daba media vuelta para irse de la habitación.

No puedes desobedecer las órdenes a tu antojo y marcharte sin más. La ley te obliga a obedecerme, si no lo haces, te cortarán el cuello. – Comenzaba a irritarse Danzo y su voz se resquebrajaba.

No estoy desobedeciendo nada. Mi misión era traerte a ti a los periodistas hasta el refugio de la cascada y eso ya lo he cumplido. Igualmente te aconsejo que no me amenaces con gilipolleces de ese tipo. Si intentas matarme huiré hacia la casa del Hokage y contaré todo lo que sé. No te esfuerces viejo, antes de morir en tus manos, prefiero morir en las manos del Hokage. Deja de acelerarte no sea que te de un ataque al corazón…debes de cuidar más tu salud. – Terció Sai mientras esbozaba una de sus sádicas muecas de risa. Al tiempo, cambio su semblante por su atroz mirada seria y marchó.

No tienes vergüenza…yo te he criado…no puedes hacerme esto…no puedes… - y tras el último puedes, se echó a reír a carcajada limpia. El viejo pensaba que Sai creía que éste comía en la palma de su mano y lo que el joven no sabía es que el viejo ya contaba con ello.

Mientras, en la sala de espera, los ANBU que habían acompañado a Sai comentaban los sucedido y como veían el futuro del chico. Los periodistas, ahora liberadas sus bocas del vendaje, comentaban que había ocurrido con el cobre y el libro. Cuando Sai y los demás llegaron por primera vez al cuartel que había tras las cascadas,(un cuartel separado varios quilómetros del que residían ahora), nada más salir del Hostal Haruno, estos entregaron a Danzo todo el material incautado a los periodistas en sus respectivas habitaciones y a estos mismos. El primer objeto que Danzo analizó fue el cofre legendario. Lo alzó ante sus ojos, girándolo en el aire, analizando cada uno de sus lados, y reposándolo sobre la mesa, lo fue deslizando para estudiar cada uno de sus grabados tallados a mano. Con una lupa analizaba minuciosamente las incrustaciones de oro que yacían en la madera y cuando parecía satisfecho con lo visto, se decidió por abrirlo. Nadie allí sabía que el libro que había en el interior era falso. Incluso los mismos periodistas creían haber perdido para siempre el libro de 'Leyendas Ocultas de Konoha', pero no era así. El libro se quedó en la habitación del Hostal Haruno que había ocupado Mitsui Fukada en su estancia, a la espera de ser recogido por su próximo dueño. Cuando Danzo abrió el cofre, en el interior continuaba el libro que había encontrado el "ninja maceta" (¿Recordáis al ninja que robó la maceta de las manos de Mitsui, para más tarde pasar a ser llamado el "el ninja cofre" ya que no se deshacía de él, llevándolo bajo el brazo?) Entre polvo y una portada muy desgastada por los supuestos años, Danzo pudo leer: "Leyendas de Konoha". Una cuerda rodeaban el ancho del libro y lo mantenía cerrado. Mitsui se percató de aquel detalle, como también lo hizo del grueso del libro, de su color, del material de que parecía estar hecho y del título de éste. Guardo su compostura como puedo, pero deseaba dar saltos de alegría: Estaba completamente seguro de que aquel no era el libro de Leyendas Ocultas, y no sabía porque, pero eso le daba esperanzas. Danzo lo analizó minuciosamente como lo había hecho anteriormente con el cofre. Poco después, cerró el libro, lo introdujo en el cofre y concluyó afirmando "Es el auténtico". En ese momento Josh suspiró, pero Mitsui seguía queriendo creer que el libro los había engañado a todos por algún motivo. Estaba seguro, tenía esperanzas de ello; ahora, recordando lo sucedido horas atrás quería intercambiar impresiones con su compañero abatido:

Shhhh…! Josh! Eh!… - susurraba muy suave Mitsui, mientras Josh le atendía rápidamente sin hacer ningún tipo de señal.

Dime tío… - la conversación se desarrollaba en un murmullo continuo, casi tan flojo que a veces las voces de los ANBU les obligaba a repetir las cosas dos o tres veces para lograr escucharse.

¿Recuerdas el libro?

Claro¿Qué pasó?

Ese libro no es el nuestro…

¿Lo escondiste?

No, no, que va… - Mitsui intentaba vigilar que los ANBU no les escuchasen, pero no podía verles porque les habían puesto en un hueco que sobraba entre los sofás de la estancia y la pared, de espaldas a estos mirando a la pared, por lo que era imposible verles y saber si les estaban mirando o vigilando. Confiaba en que la conversión de estos fuese continuada. – Estoy seguro de que lo encontraron…

¿Entonces?

Creo que el libro les engañó

Pero¿Qué dices?¿Cómo?

Que sí, escucha…no sé como, pero sé que no es el nuestro…

¿Por qué?

No sé, tengo una corazonada…

Venga ya…estamos perdidos tío…

No, no, Josh! Escucha: antes de que sucediese todo esto…

Eh! Escoria¿Estáis hablando¿No estaréis conspirando verdad? – Uno de los ANBU les había pillado y cortó la conversación de Mitsui en seco. El corazón de los reporteros se salía del pecho. - ¿Creéis que soy gilipollas? Os estoy escuchando!

Lince, déjalos. No son nuestros rehenes. Si llegan a manos de los aliados con un solo rasguño nos aniquilarán. – Terció otro mientras se retiraba hacia la despensa de la sala de espera a coger más bebida. En ese mismo momento Mitsui aprovechó para terminar su frase.

Josh…el libro contará nuestra historia al siguiente que lo encuentre. Con un poco de suerte nos salvarán!

Mitsui¿qué estás diciendo¿Te has vuelto loco¿Crees la historia del libro¿Crees que esta vivo?

Creo en lo que vi y he visto al libro mutar en directo.

Déjame, quiero dormir y no despertar…

Josh…

Mitsui no quería molestar más a su compañero, entendía su situación. Nunca creyeron que venir a la villa les depararía este futuro tan incierto. Sin embargo estaba dispuesto a albergar esperanza para él y para su amigo y compañero de trabajo. Creía sinceramente lo que había dicho sobre el libro, tenía fe ciega en ello y eso sería lo que le daría fuerzas para seguir luchando de ahora en adelante. Nada más terminar su charla con Josh los ANBU regresaron a la sala de espera y se sentaron en los sofás, justo a la espalda de los dos periodistas. Fukada paró atención a lo que decían:

No tengo ningún tipo de ganas de dirigirme a la cueva de los sicópatas esos…

Tío¿No me jodas que te dan miedo?

No es eso, pero tío, vale que nosotros tenemos unos principios y que seremos unos asesinos sin piedad, sí puede, pero tenemos unas leyes…¿Qué leyes tiene esa gente?

La del más fuerte…

Tu calla jodido estúpido que mira en el lío que nos has metido.

No fue él, ha sido culpa de Yamato. Si hiciese su trabajo alguna vez sin entretenerse en mamarrachadas…pero siempre tiene que actuar por libre y hacer su propia justicia…

Tío o te callas o te meto.

Mitsui no podía verles, únicamente escuchaba sus voces distorsionadas por las máscaras, pero podía contar hasta tres personas, tres voces distintas. Dos estaban sentados en el sofá que le daba espalda a él y el tercero algo más lejos, de cara e estos. Fukada intentaba reconocer las voces y asociarlas a un hábito en su lenguaje y a un número. Ahora podía parecer absurdo, pero tal vez, más adelante le podría ser de utilidad. Además, que importaba, no tenía nada más que hacer, así que se puso a analizarles.

Eh! Haya paz…nosotros tres vamos a ser compañeros siempre, por lo que debemos estar unidos, así que lo mejor será llevarnos bien.

Tiene razón.

Sí, es verdad! – Había conseguido el orden de las tres voces, primero, segundo y tercero, ahora nada más necesitaba un toque distintivo.

No debimos hacer entrega del cofre al puñetero viejo, no nos ha dado nada. Si lo llego a saber cuando lo encontré, lo hubiese escondido. – dijo el segundo, por lo que por fin sabía quien era. Era el ninja que encontró en el Hostal Haruno, en la habitación de Fukada, el cofre del libro. El ninja maceta y posteriormente el ninja cofre. Claro, ya sabía quien era. No recordaba su máscara, pero juraría que era porque todos llevaban la misma, la del lince.

Si, por lo menos podría pagarnos algo, pero bueno ¿quién es el listo que le esconde algo a Sai? Él lo hubiese encontrado y nos hubiese matado de saber que lo habíamos ocultado. – dijo el primero. La voz de éste no le sonaba de nada, tal vez era porque era el ninja que quedaba oculto en la recepción del Hostal Haruno, el que no llegaron a ver.

Ahora da igual. Que le jodan! Tengo ganas de pirarme de una puta vez a casa, joder, mira que hora es, casi van a dar las 5 de la mañana, hostias! – sin duda ese fue el 3º y el mal hablado, no podía confundirle. Además de su irritante tono de voz, su vocabulario, a tres insultos por frase le hacía merecedor del título de deslenguado. Éste era el tipo que había estado amenazando a Josh con un kunai, cuando Mitsui entró en la habitación, no cabía duda, recordaba su voz perfectamente y su dejadez en el habla.

Espero que nos dejen ir y le carguen el muerto a otro…

Si tío!

Justo en ese instante Sai entró en la sala con un semblante muy serio. Parecía bastante enfadado, así que los ANBU callaron y no mediaron palabra con él. Se acercó a los rehenes y mirándoles las pupilas les preguntó si había podido beber agua, a lo que contestaron que sí. Súbitamente se levantó y dirigiéndose a los ANBU dijo:

Me marcho a casa. Haced lo mismo. Dejad aquí a los rehenes. Que Yamato mueva el culo y haga su trabajo. Este es el informe que he redactado. En el constan vuestras horas de trabajo conmigo, lo que suplen las horas de trabajo diarias. Nadie podrá recriminaros nada si os vais, estáis bajo mi responsabilidad y yo digo que podéis marcharos. – Lanzó una copia del informe sobre la mesa y se retiró.

Poco después y tras leer el informe, los tres ANBU imitaron a su ya antiguo Sai y se marcharon a casa, no sin antes dar de beber por última vez a los reporteros. Mitsui vio como se retiraban lentamente y pensó que tal vez, al fin y al cabo, si que había sido inútil reconocer sus voces, ya que seguramente no les volvería ver nunca más, pero bueno, por intentarlo no se perdió nada. Ahora empezaba una nueva tarea: la de desatarse y intentar huir. Maniatado se arrastró, ayudándose del empuje de sus pies, hasta las manos de su amigo y comenzó la función: No tenía mucho que hacer contra las cuerdas superresistentes de los ninjas, pero los nudos había sido lo suyo siempre, y un nudo, por muy fuerte que fuese la cuerda, siempre se podía deshacer. Su padre había sido marinero y aunque cuando era pequeño odiaba que su padre le obligase a aprenderse todos los nudos de los marineros, ahora se lo agradecía en el alma, de no ser por él, jamás podría desatarse de aquellas cuerdas. Por suerte y para su satisfacción, el ANBU que le había atado era un hombre muy fuerte, pero nulo para realizar nudo y era facilísimo deshacerlo. Explicó paso a paso y lentamente a su compañero Josh el proceso para desatarle, mientras él mismo le desataba. Cuando ya lo tenía liberado, Josh se puso manos a la obra y demostró que las rápidas enseñanzas de su amigo habían sido efectivas. Una vez desatados, los dos se colocaron contra el sofá y planearon simular estar caídos y dormidos si alguien entraba en la habitación. Mientras tanto, planificarían su huída, tal vez más difícil que su supervivencia en el interior de aquel refugio como rehenes.

KONOHA¿Final de un Sueño?

07 septiembre de 2007, 05.10h

Caras de los Hokages, Residencia del Hokage

Sai se dirigía a su casa caminando por el Parque de los Hokages. Desde las caras de estos alcanzaba a ver el patio de la residencia privada del Godaime. Sorprendentemente a las cinco de la madrugada había luz en las ventanas y parecía que todo había vuelto a la normalidad. Los ANBU que vigilaban la casa y que sobre la media noche yacían tendidos en el patio, ahora estaban en sus puestos de vigilancia. Sai se alegraba de haber terminado su misión en el Hostal Haruno a tiempo, ya que con la escolta del Hokage despierta y atenta a posibles movimientos, hubiese sido muy difícil complementar la misión con éxito. No estaba muy seguro de que había provocado que la escolta del Hokage hubiese sufrido aquel ataque que los dejó fuera de control durante las horas que seguían a la media noche, pero ahora poco le importaba las causas, lo único que sabía es que fuese lo que fuera le hizo un gran favor. Sin más rodeos, continuó su camino, paseando por las calles de la villa a la vista de los vigilantes nocturnos, para así evitar posibles sospechas de estos.

En el interior de la casa del Hokage se encontraban Tsunade y su discípula Shizune, planificando la próxima jornada de trabajo, mientras que Sakura y Naruto seguían analizando a Sasuke y el extraño niño dragón Sen Ikari, que yacían tendidos en el futón. Durante las horas previas, tras el despertar de Shizune y Sakura, y después de la incorporación de Naruto al grupo, habiéndoles explicado lo sucedido durante la noche, Tsunade aprovechó para salir al exterior del jardín de la casa privada del Hokage y poner a la orden del día a los equipos ANBU de vigilancia. Al igual que Tsunade había caído en la trampa del dragón imperial, viviendo la paranoica experiencia que le hizo reencontrarse con el alma de Dan, o la sumisión de Shizune y Sakura en el sueño profundo que las envolvió en el invernadero, los ANBU que escoltaban los alrededores de la finca del Godaime habían sido derrotados por un genjutsu, provocado por los dragones del clan Ikari. Durante horas habían quedado tendidos sobre la hierba, creyendo que continuaban con su trabajo de vigilancia, mientras que a ojos de los demás individuos, como era el caso de Naruto, restaban en el suelo, malheridos, destrozados y en algunos casos, muertos decapitados. Las imágenes del genjutsu eran terribles, bañaban el jardín de rojo, con vísceras de sus vigilantes y eso fue lo que provocó la desesperación de Naruto por entrar en la residencia en búsqueda del Hokage. Éste último despertó a los ANBU de su ensueño y les explicó lo sucedido. Avergonzados por la situación y su falta de reacción y por lo tanto, su falta de profesionalidad, el líder ANBU procedió a disculparse en nombre de su equipo y presentó al Godaime su dimisión, sin embargo, éste ni le escuchó. Sabía perfectamente que era muy difícil resistirse a las habilidades de los dragones del clan Ikari, e incluso, ella misma había caído en la trampa, por lo que sería una gran hipocresía por su parte aceptar la dimisión de su líder escolta. Sin más reparos, Tsunade les ordenó volver a sus filas y continuar con su trabajo hasta nueva orden. Antes de nada, debía consultar con los consejeros todo lo ocurrido. Comenzaba a pensar que había sido un gran error por su parte no contar con ellos cuando tomó la decisión de traer a Hikaru Sen Ikari. Después de hablar pausadamente con ellos, volvió al interior, donde se dispuso a planificar con Shizune su agenda laboral, esperando el despertar de Sen o de Sasuke, o tal vez de ambos.

Ya tocaban las cinco y media de la madrugada, cuando por fin, Sasuke abrió los ojos. Por momentos tenía la mirada perdida, sus pupilas eran vidriosas y parecía estar perdido en el inframundo, cuando, súbitamente su sharingan hizo aparición. Se incorporó sobre sus aposentos y miró a su alrededor, aturdido, sorprendido, tal vez asustado, como si buscase algo, como si estuviese perdido, sin orientación, hasta que finalmente dio con lo que buscaba: Ikari. Sus ojos se quedaron perplejos ante el chico. No sabían que es lo que veía a través de sus pupilas, pero debía ser algo majestuoso, ya que su tez comenzaba a mostrar una mueca de felicidad. Sakura no sabía como reaccionar, estaba deseando abrazarle, lanzarse sobre él, pero Sasuke les había mirado como si no existiesen, como si no hubiese nadie en la habitación más que él y Sen Ikari. Poco a poco, Sasuke fue acercando su mano hacia la cara del niño y antes de que sus yemas pudiesen rozar la mejilla de éste, el dragón despertó. Un remolino de chakra, de color blanco pálido, se fue formando sobre el cuerpo del niño, mutando en pequeños dragones que finalmente conformaron un gran dragón blanco del tamaño del joven Sen. No era un cuerpo real como lo había sido antaño el dragón que dormía sobre la cómoda de Tsunade, ahora era más bien un espectro, igual que el que había sido en presencia de Orochimaru y Sasuke en la habitación del hospital. Sin dar más tiempo a Sasuke, el dragón procedió a hablar:

Uchiha Sasuke… - varias voces al unísono pronunciaron su nombre. Eran los diversos dragones que formaban el espectro del dragón Imperial de Ikari. – aún no hemos terminado contigo. Tu corazón está perdido en el Limbo, pero nosotros no podemos ayudarte más. Debes verles, debes mirarles a los ojos, has de encontrarles y volverás al camino, volverás a la luz… - El resto de los presentes en la habitación, escuchaban atónitos las palabras del dragón, intentando comprender que significaban, pero era difícil.

Ikari…tu… - apenas susurraba Sasuke, como si le faltase la voz, como si se le quebrase el alma.

No debes forzar tu alma, apenas te sostiene un hilo de esperanza…no hables más hasta que no consigas verles…mírala, debes verla, ella te está esperando – terció el dragón a fin de evitar que Sasuke pudiese caer enfermo una vez más.

Sasuke llevaba varios años enfermo en el hospital de Konoha. Sus compañeros habían conseguido rescatarle de las manos de Orochimaru, pero realmente nunca dieron la misión por exitosa, ya que cuando volvieron a Konoha con Sasuke, únicamente traían el cuerpo inerte de éste. Los años que había pasado con la vieja serpiente le habían mermado el cuerpo, pero sobretodo el alma. El pacto que hizo con el diablo por vencer a su hermano le costó caro. Nunca tuvo que aceptar entrenarse con Orochimaru para ser más fuerte y así poder vengar a su clan. El viejo sage le usó de experimento y jugó con su alma, probando nuevas técnicas que le pudiesen dar la vida eterna. Sasuke perdió la voluntad de vivir en todos los sentidos, de él únicamente quedaba su cuerpo, que se movía si le movían, de no ser así, únicamente yacía en su lecho, a la espera de su muerte. Cuando Naruto y Sakura le encontraron por segunda vez, tras su primer encuentro, en el cual Sasuke había sido un excelente ninja activo al cual no pudieron derrotar, de éste sólo quedaba su mermado cuerpo. No les reconocía, no les miraba, no les hablaba, ni tan si quiera tenía voluntad para caminar. En la guarida de Orochimaru hallaron diversos cuerpos en el mismo estado e incluso, pudieron recopilar información acerca de los experimentos, que les hizo perder la esperanza de recuperar a Sasuke para siempre. Un terrible diagnóstico constaba en el historial de Sasuke: al parecer Orochimaru le había hecho una lobotomía, que no era más que la ablación de los lóbulos del cerebro. Literalmente, le había cortado parte del cerebro, provocando así su pérdida de conocimiento. Además, el sello maldito había corrompido su corazón hasta el punto de dejarle sin sentimiento alguno. En definitiva, volvían a la villa de la hoja con un vegetal. La resolución final de la misión de rescate de Sasuke, destrozó las mentes de Sakura y Naruto, que habían crecido luchando por poder devolver a su amigo al camino del bien, de la esperanza, a su lado, pero ahora¿Qué podían hacer con él? Era el final de un sueño inalcanzable. Sin embargo, desde la llegada de Ikari a Konoha y tras su visita en el hospital, cuando expulsó a Orochimaru de la habitación de este, Sasuke había recuperado el habla, o por lo menos la conciencia. Eso significaba que no estaba todo perdido, que el diagnóstico era erróneo, que alguien había engañado a Orochimaru con los experimentos. En cualquier caso, aún quedaban cosas por hacer. El dragón Ikari había conseguido limpiar el alma de Sasuke del sello maldito y sin que nadie se diese cuenta, había borrado el veneno del sello maldito de su cuerpo, por lo que ahora, el alma de Sasuke estaba limpia, pero Ikari no podía sentir por él, eso únicamente lo podía hacer Sasuke y a eso era a lo que le estaba instando. Necesitaba hacerle ver a los suyos, volver a la vida, salir del limbo donde aún yacía, perdido en el mundo de los muertos.

Sakura se aproximó a Sasuke, quien aún miraba hacia el niño Ikari. Ella reposó una mano sobre su hombro a la espera de que esté reaccionase de cualquier forma, pero que lo hiciese. Lentamente, Sasuke comenzó a girarse. Parecía que había notado una presencia. Sus ojos miraban al más allá, perdidos. Sakura se percató de que no la veía y comenzaba a entender las palabras del dragón, tenía que hacerle volver, Sasuke no estaba con ellos. Una lágrima comenzó a resbalar por el rostro de la joven Haruno. Armada de valor, se arrodilló ante Sasuke y agarrándole por las dos manos, girándole hacia ella, se volcó hacia su cara para susurrarle al oído una dulce melodía:

Cierro mis ojos… para que tú no sientas ningún miedo. Cierra tus ojos, para escuchar mi voz diciendo amor, para decirte… hoy de verdad lo mucho que te quiero…para creerme, para pensar que no me escucharás. Cierra tus ojos, para que yo te quiera libremente, para que tú no me mires y yo no tiembles y pueda darte mi amor tal como es… Cierro mis ojos, para que beses mis manos y mi frente, para que corran tus dedos por mi piel. Yo no te veré…yo no te veré, puedes hacer lo que quieras conmigo… No te miraré, no te miraré… hasta que tú me lo pidas amor… - Su voz se quebró y su primera lágrima de golpeó el dedo índice de Sasuke, que se deslizaba por la mejilla de Sakura, deshaciendo su camino, hasta llegar al lagrima, donde recogió con su pulgar el resto de lágrimas para retirarlas. – Sasuke-kun…

…Sa-ku…ra