Reconquístame

POV Emma

Regina tiene una manía muy linda de la que tal vez ni se haya dado cuenta, pero golpea varias veces en suelo con el pie derecho cuando está nerviosa. ¿Qué tiene eso de lindo? Viene de ella…¡eso me basta! Dicen que con la convivencia acabamos adquiriendo costumbres del otro. No llevamos tanto tiempo de intimidad, sin embargo, ahí estaba yo movimiento mi pie derecho rítmicamente como ella. ¡Dios! ¡Estoy realmente enamorada, muy enamorada! Un momento como este, y pensando trivialidades, pero que en el fondo eran completamente relevantes, pues estaban relacionadas directamente con la mujer que había cambiado mi rutina, mi vida por completo y con certeza aún cambiaría muchas cosas de mí.

El pasar de los minutos era una tortura. A cada segundo un latido más fuerte de mi corazón. Nunca fui religiosa, sin embargo, me encontré rezando para que Henry hubiera tenido éxito en su misión y para que mi esfuerzo no hubiese sido en vano. Sonreí al acordarme de él. No estaba muy apegada a los niños, pero sentí que aquel muchacho era especial. Se quedó con todo y trató todo lo que le dije con tanta delicadeza que al momento me sentí encantada con él.

«¡Henry, mi futuro está en tus manos, chico!» dije inclinando la cabeza y uniendo las manos por detrás.

Controlaba la hora en el móvil cada cierto tiempo y automáticamente vagaba la mirada por el sitio, primero para asegurarme de que todo estaba conforme a lo planeado y segundo, con la esperanza de que mi morena apareciese entre el follaje.

Me levanté y comencé a caminar en círculos, tan grande era mi ansiedad.

«Calma, Emma. Todo va a salir bien. Cuando se piensa positivamente, el universo conspira a tu favor»

Me decía aquello para tener el mando en mis emociones, pues nada debería salir mal. ¡Nada!

Fui a decirle unas palabras al violinista y en ese momento el toque estridente de mi teléfono me llamó la atención. Atendí deprisa sin mirar siquiera quién era.

«¿Diga?» mi respiración estaba entrecortada debido a mis emociones

«Emma…» el tono de voz de Graham era de aprensión

«Ah, Grah, eres tú…» no conseguí esconder mi frustración

«¿Dónde estás?» pareció preocupado

«¿Cómo que dónde estoy? ¿Ruby no te contó? Estoy en Central Park dándole una sorpresa a Regina y…»

«¿Ella está contigo?» mi amigo me interrumpió

«No, aún no ha llegado. Graham Humbert, ¿qué ha pasado? ¿Por qué me estás haciendo tantas preguntas? ¿Qué ha sucedido?»

«Jud…» esta vez lo interrumpí

«¡No! No me vengas ahora con judiíta. Te conozco muy bien para saber que algo anda mal. ¡No me pongas más nerviosa de lo que ya estoy y habla ya!»

«Yo…me acaban de pasar una información. Un accidente…Emma, tienes que calmarte, necesito que no te alteres…»

«¿Accidente? Graham, ¿qué mierda de accidente es ese?» mi voz estaba embargada por la aflicción

«Un Audi A5 negro, matrícula de Nueva York, con víctima mortal en la Octava Avenida»

«Ah, no, no, no…» mis ojos se llenaron de lágrimas y un grito se atoró en mi garganta «Grah, no…Regina no…»

«Ems, por favor, estoy de camino para comprobar en persona lo sucedido. No vamos a precipitarnos…»

«Es su coche, es aquí cerca, Graham, oh Dios mío, no…» un llanto compulsivo me abatió. El móvil cayó de mis manos en el momento en que enterré mi rostro en ellas.

Mi cabeza daba vueltas y parecía que había sido trasladada a otro plano, otra dimensión. No conseguí sentir mis miembros, no conseguía sentir nada a no ser un lacerante dolor. Las lágrimas se deslizaban, mojando mi rostro. Aquella noticia había sido tan impactante que fue inevitable la impresión.

«¡Regina, mi Regina no! ¿Por qué estás haciendo esto conmigo, Dios mío? ¿Por qué te la llevaste sin tener la oportunidad de decirle cuánto la amaba? ¿Por qué?»

No sé cuánto tiempo me quedé allí, sufriendo ante un cruel infortunio. Tenía que reaccionar, necesitaba levantarme, pero no tenía fuerzas para eso, es más, para nada. Regina Mills, la propietaria del Jeunet, mi lugar preferido, se había marchado. Cuando entré por primera vez en aquella cafetería, nunca hubiera podido imaginar que aquella morena tan bonita traería a mi vida una pasión, un sentimiento tan fuerte y avasallador. Me privé de la felicidad durante toda mi vida debido a los convencionalismos. Estaba presa dentro de mí misma y ella me mostró la llave que abriría mi corazón, que me traería un mundo nuevo, una visión diferente de lo que es querer a alguien. Parece una tontería de adolescentes, pero no lo es. Para algunos, mis sentimientos no tenían ninguna importancia, pues sería muy pronto para hablar de apego. Puedo afirmar, categóricamente, que la amo. Ruby me dijo que el amor no entiende de plazos de tiempo y sí, es amor. Y ha sido preciso que perdiera la única oportunidad que he tenido de experimentar lo que es estar enamorada para darle su justo valor. ¿Qué haría ahora con la añoranza de los momentos que no he vivido con ella? ¿Con el arrepentimiento por no haberla tratado como se merece una mujer con ella? ¿Cómo conviviría con ese dolor?

«¿Emma?» escuché una voz que parecía resonar en mi mente «¿Emma? ¿Qué ocurre?» un toque me hizo estremecerme

¿Mi sufrimiento estaba sobrepasando los límites y estaba cayendo en la locura? No era posible. Alcé el rostro lentamente, no dando crédito a lo que veían mis ojos. Me quedé paralizada, boquiabierta ante lo que tenía delante de mis ojos.

«¿Regina?» la adrenalina corría por todo mi torrente sanguíneo, provocándome sensaciones hasta entonces ajenas a mí

«¿Emma, qué pasa? ¿Por qué estás llorando encogida aquí en el suelo?» Mills puso sus manos en mis hombros y me miraba con preocupación.

Una sonrisa nerviosa y aún incrédula se formó en mis labios. Me agarré a su cuello y me permití derrumbarme todavía más. Me aparté, le toqué el rostro, reparando en cada detalle, sonriendo, finalmente, aliviada, con la certeza de que no era un sueño, de que era real. Regina estaba viva, allí, delante de mí.

«¡He sentido tanto miedo! ¡Pensé que te había perdido y deseé morir contigo…» dije con cierta dificultad

«¿El qué? ¿Morir? ¿De qué estás hablando?»

«Graham acaba de llamarme y me dijo que había recibido la noticia de un accidente mortal en la Octava Avenida, un Audi negro. Yo…creí que eras tú…» me eché a llorar otra vez.

«Shuuuuu, calma, calma. Estoy aquí, viva. Estoy aquí, Swan» ella me abrazó fuerte, rodeándome con sus brazos y fue como si hubiese arrancado, con aquel gesto, todo mal de mi interior.

«Disculpa, yo solo…no pude controlarme ante la posibilidad de no poder volver a verte nunca más…perdona» intenté contenerme

«Me di cuenta de que había más tráfico de lo normal hacia el oeste. Ahora sé por qué. Probablemente fue debido a ese accidente. Como Henry me dijo que era urgente, preferí dar la vuelta y seguir por la 110th Street. Pero ya pasó. Está todo bien conmigo, con él…Hablando de eso…» Regina se separó un poco y miró a nuestro alrededor «¿Dónde está ese muchacho?»

«Es genial, ¿verdad?» me reí acordándome de él

«¿Genial? ¡Voy a matar a ese granuja!»

Me eché a reír ante aquel ataque de furia. Ella estaba delante de mí. Regina en su magnificencia …era todo lo que yo necesitaba.

POV Regina

Había acabado de salir del baño cuando oí el insistente toque del interfono. Con el albornoz y los cabellos mojados, fui apresuradamente a atender.

«¡Sí! (…) ¿Quién? ¡No conozco a ningún Henry? (…) Ah, sí, pero ¿qué hace ese chico aquí? (…) ¿Está solo? (…) ¿Está seguro de que no hay nadie con él, esperándolo fuera o algo así? (…) Está bien. Dígale que suba»

Colgué el aparato y fui corriendo a vestirme. Había visto y conversado con Henry unas pocas veces cuando pasaba por delante de la cafetería. Era un niño muy inteligente que había tenido, hasta el momento, una infancia muy infeliz. Fue abandonado por los padres y creció hasta los cinco años con un tío que lo maltrataba física y psicológicamente. En un fatídico día, la pobre criatura decidió escaparse y desde entonces vive vagando por las calles. Encontró un albergue donde pasa las noches y vive de los donativos y pequeños favores que se presta a hacer a los vecinos. Yo misma le di un buen dinero y bastante comida a cambio del favor de entregar el sobre con las entradas del musical que Emma quería tanto ver. Emma…su imagen invadió mis pensamientos, pero traté de concentrarme en la ropa que me pondría. Me puse un vestido corto de tejido ligero estampado en azul, blanco y rojo. No me daría tiempo a secarme el pelo, así que simplemente los peiné hacia atrás. En pocos minutos, el timbre sonó. Aún estaba algo aprensiva cuando fui a atender.

«¡Hola, Henry! ¿Todo bien? ¡Entra!» abrí espacio para que pasara

«Sí. No, no lo está, quiero decir…conmigo sí» tartamudeaba

«¿Aceptarías tomar agua, un jugo? ¿Quieres comer algo?» pregunté mientras observaba al muchacho recorriendo con su mirada la casa.

«¡Su casa es bonita!» sonreía

«Gracias, pero no has contestado a mi pregunta…¿quieres algo de beber o de comer?» percibí que miró hacia el reloj de la pared de la cocina y dudó antes de responder

«No quiero nada. Gracias»

«Entonces, ¿a qué debo el honor de tu visita?» indagué curiosa

«Necesito su ayuda» el chico dijo en un tono serio

«¿Mi ayuda? ¿En qué pudo ayudarte?»

«¿Se acuerda del favor que le hice? Pues ha llegado el momento de devolvérmelo»

«Sí, me acuerdo del favor que me hiciste, pero, ¿qué quieres de mí?» yo aún no entendía nada

«Tengo un buen amigo que está en Central Park, herido» parecía nervioso al hablar

«Y…»

«He pedido ayuda, pero nadie me ha creído. Se cayó entre aquellos arbustos y es difícil llegar hasta ahí. Las personas creen que es mentira mía, pero juro que es verdad, Regina ¡Por favor! ¡Ayúdeme a salvar a mi amigo!» esa historia me parecía una total locura, pero algo en aquellos ojos marrones me decían que le diera un voto de confianza, e hiciera lo que Henry pedía, o casi suplicaba.

«¿Estás seguro de que esto no es una trola, chico? Como lo sea, puede tener consecuencias muy serias» intenté que mi voz dejara transparentar seriedad

«¡Completamente seguro! Si fuese scout, daría mi palabra» reí de su broma «Ahora, ¿podemos marcharnos ya? Puede empeorar…»

«Está bien. Espera un segundo que voy a buscar mi DNI»

Corrí al cuarto, me puse unas sandalias, cogí mi bolso y salimos disparadamente al sitio que el muchacho me dijo. Durante el camino, nos encontramos con un atasco y el nerviosismo del chico se hizo evidente, haciendo que creyera por completo en el relato que me contó. Los minutos pasaban y el tráfico parecía no mejorar. Ya que era algo urgente, decidí dar la vuelta y coger un atajo que no nos haría perder tiempo. Un trayecto que normalmente no pasaría de 20 minutos, ya estaba durando 45. Henry estaba afligido, y me estaba dejando a mí con la misma sensación.

Finalmente, conseguimos entrar en Central Park. Como estábamos en el lado contrario del supuesto sitio donde su amigo se encontraba, tuvimos que darnos prisa. Henry empezó a caminar deprisa tirándome de la mano, haciéndome correr. Si no fuera un caso de "rescate de herido", sería hasta cómico ver a Regina Mills corriendo de la mano con un niño. Estábamos adentrándonos en una parte de césped, cerca de los arbustos, cuando, de repente, nos encontramos con varios farolillos dispuestos simétricamente, iluminando la zona.

«¿Qué significa esto?» le pregunté

Fue cuando, más al frente, al lado de una mesa para dos personas elegantemente preparada, vi a Swan, sentada de mala manera en la silla, llorando, encogida como un bebé arrinconado. Sentí un fuerte pinchazo en el pecho al ver tal escena. No tenía idea de que estaba pasando allí, el porqué de todo aquello, pero verla de aquella manera, tan indefensa y vulnerable, me preocupó, además de partir mi corazón. Instintivamente corrí hacia ella, sin prestar atención a nada más. Al ver cuánto lloraba, el temblor de su cuerpo y la desesperación en su voz al contarme el dolor que sintió al imaginarse que había sido la víctima del accidente, mis ojos lagrimearon. Una mezcla de sentimientos me impidió reflexionar. La abracé lo más fuerte que pude para calmarla a ella y calmarme yo.

Pasado el susto inicial, eché en falta a Henry. Lo busqué con la mirada por los alrededores, pero había desaparecido. Me enfadé por haber sido engañada por un niño de 10 años. A esas alturas, Emma estaba riendo de mis nervios, lo que me enfadó aún más.

«¿Vas a seguir riéndote de mí?» pregunté en tono serio

«No me estoy riendo de ti. Me estoy riendo de alivio. No sabes lo feliz que estoy por tenerte así, enfadada, aquí, delante de mí» la rubia se enjugaba las lágrimas que aún caían por su rostro.

«Ya que estás aliviada…» me senté «¿Me puedes decir qué significa esto? ¿Estás tú detrás de esa mentira de Henry, no?» le pregunté, mientras la miraba fijamente

«¡Perdóname!» Emma bajó la cabeza

«¿Perdonar, Swan? Mandas a un niño que vive en la calle a mi casa, me haces salir corriendo, conduciendo como una loca, imaginando que era algo realmente grave, para llegar aquí y ser otra más de tus brom…» ella se acercó de repente e interrumpió mi habla con un beso

«No te estoy pidiendo perdón por haber obligado a un niño a mentir y por haberte hecho correr» decía la rubia con la boca pegada en mí «No me arrepiento de absolutamente nada, pues era la única manera que encontré de traerte hasta mí» nuestras respiraciones estaban descompasadas y ella me miraba profundamente a los ojos «Te estoy pidiendo perdón por ser tan idiota y por no haberte dado el debido valor. Cuando saliste de mi apartamento el día que peleamos, cuando aquella puerta se cerró, y después, cuando me frustré en todos los intentos por verte, descubrí que mis días no tendrían más sentido si tú no formabas parte de ellos. Me di cuenta, Regina, que quizás no iba todas las mañanas al Jeunet por el café, y sí porque quedarme mirando cómo arreglabas las manzanas en el cesto der mimbre me daba cierto confort. Me gustaba mirarte y ni siquiera lo sabía »Emma suspiró y secó una lágrima que caía por mi rostro y de la que ni me había dado cuenta «Ver lo mucho que te herí con mi actitud infantil, me hizo pensar en varios aspectos de mi personalidad, en quién realmente soy, en lo que deseo para mí y la idea de ser una imbécil se volvió aún más fuerte porque no hay nada en este mundo que me impida amarte. El dolor de imaginar que habías sufrido ese accidente me hizo tener la certeza de que no quiero un futuro donde tú no estés, donde no pueda tomar mi macchiato leyendo mi libro preferido mientras te veo fingiendo cordialidad con tus clientes porque sé que no eres tan amable…»

«¡Swan!» la reprendí con un leve toque en los hombros

«Calma…» ella sonreía «Déjame terminar. Bueno, te pido perdón por haberme acobardado, pero puedo garantizarte que nunca más volverá a suceder»

«¿Y cómo puedes garantizarme eso?» le pregunté intentando beberme sus palabras

«Descubrí que no solo estoy enamorada de ti…» desvió la mirada y la posó en un hombre que hasta entonces yo no había visto.

Con un impecable uniforme de camarero, le entregó una caja de terciopelo negro. La rubia tocó delicadamente mi brazo, señalándome que me levantara. Sus nervios eran visibles, y aún más los míos por no saber sus intenciones. Emma abrió el objeto y se giró hacia mí, y eso hizo que aguantara la respiración por la sorpresa.

«Emma, ¿qué estás haciendo?» le pregunté incrédula

«Esto no es una aventura, algo que tenemos y que no significa nada. Necesito que confíes en mí» sacó una de las alianzas, cogió mi mano derecha y me puso el anillo «Te amo, Regina. ¡Créeme! No haría nada de esto si no estuviera realmente arrepentida de mi error y si no tuviera la certeza de lo que quiero y de lo que siento. Dame un segunda oportunidad para probarte que me voy a esforzar para esta vez hacerlo todo correctamente»

Yo no podía dejar de mirar la brillante alianza de plata. Me sentí confusa. Aquella mujer conseguía llevarme del infierno al cielo en segundos. Era imposible definir sentimientos o medirlos. Estaba boquiabierta con la actitud de Swan. Me parecía todo surreal. Miré alrededor, observando cada detalle del sitio. Todo delicadamente adornado trayendo un encantador clima. Entonces, volví a centrar mi atención en la rubia que tenía delante. ¡Cielos! ¡Qué hermosa era! Emma vestía un mono largo azul claro, los cabellos estaban recogidos en una cola de caballo y, a pesar del maquillaje corrido por el llanto, estaba bellísima con su sonrisa en los labios. La sonrisa que hizo de mí una mujer enamorada, la sonrisa que también me hacía sonreír.

«Algunas cosas han pasado que me han obligado a cambiar radicalmente de estilo de vida y siempre llamé a eso una segunda oportunidad. Obviamente nunca le damos importancia a esa expresión hasta que de verdad la necesitamos. Como dije cuando me pediste salir, todo entre nosotras estaba avanzando muy rápidamente y…» interrumpí mis palabras cuando la rubia bajó la cabeza en un claro gesto de desilusión «¡Hey, mírame! Ya te dije que cuando le vas a pedir a una mujer salir tienes que mirarla a los ojos» Sonreí «Aquella noche quedé profundamente herida, Swan, porque había acabado de tomar conciencia de cómo había desperdiciado mi tiempo al negarme demostrar sentimientos hacia alguien. Vagué de cama en cama, varias mujeres han estado en mis brazos, y viví muy bien así hasta que…hasta que apareciste tú y lo pusiste todo boca abajo. Estos días en que hemos estado separadas me han hecho comprender por qué todo eso me dolió tanto…Yo también…» mi voz flaqueaba, no por falta de valor, sino por la emoción «Yo también te amo» sonreíamos y enseguida vino un beso apresado, pero intensamente cariñoso.

«He echado esto tanto de menos…» dijo Emma rozando sus labios en mi piel «Creo que ahora es el momento en que también colocas la alianza en mi dedo…» reí ante su tono infantil. Cogí su mano derecha y lo puse finalmente el anillo.

«Todo esto es hermoso, pero necesitamos hablar sobre esta relación, aclarar algunos puntos importantes para que una no hiera a la otra, para que todo pueda fluir»

«Claro, ¿pero no tienes hambre?» me preguntó con mirada traviesa

«¿Hambre? ¿Has preparado una cena, Swan?» pregunté curiosa

«¡Pues claro que sí! ¿Piensas que todo esto es una decoración sin sentido? Tenemos un menú francés»

«¿Ah sí? Entonces…¡vamos a cenar!» asentí

Emma retiró la silla para que me sentara, y se sentó ella enseguida a mi frente. A continuación escuché el sonido de un violín tocando una linda melodía. El camarero, el mismo que le había dado la caja, trajo los platos. Yo estaba encantada con el cuidado que había tenido con los detalles.

«Tengo que agradecerle a Ruby por haberme ayudado. ¿Está todo bonito, no?»

«Aún no me puedo creer que hayas hecho todo esto por mí» dije para después tomar un sorbo del vino que nos había sido servido

«¿Y por quién más lo haría?» sonrió

La cena transcurrió maravillosamente bien. Emma y yo tuvimos la conversación que deberíamos haber tenido con anterioridad. Le expuse todo lo que consideraba de extrema importancia, lo que esperaba de esa relación. No quería solo a una mujer para que estuviera a mi lado como un florero. Si estábamos dispuestas a comenzar una relación, que fuera en cuerpo y alma. Soy una mujer de objetivos claros, determinada y necesito tener a mi lado a alguien que me inspire confianza, alguien que muestre seguridad. Le pedí a Swan que hiciera lo mismo, que dejara claros sus sentimientos y esperanzas ante lo que vendría. Determinamos que, de ahora en adelante, la base estaría en una relación sana, fundada en el respeto ante la opinión y los deseos de la otra. Me sentí realmente aliviada después de descargar lo que tenía trabado en la garganta. Era un recomienzo: sin amarras, sin máscaras, solo ella y yo, desnudas de cualquier impresión ruin de lo que había sucedido.

La noche seguía y el momento de marcharnos se acercaba…

«Está todo maravilloso, cariño, pero creo que ya es algo tarde. Casi es de madrugada…» dije bebiendo agua

«Tienes razón. Voy a liberar al camarero y al violinista y nos vamos a casa» la rubia se levantó y me dio un beso en la cabeza

«Está bien» asentí

En pocos minutos volvió

«¡Listo! Nos podemos ir. Ellos se encargarán de todo aquí» ella sonreía

«Ok….¿Dónde está tu coche?» pregunté

«No vine en coche. Tendrás que llevarme a casa…» Emma respondió en tono malicioso

«¿Fue a propósito?» pregunté sin creer en los planos hechos por aquella mujer

«¡No!» rio, agarrándome por la cintura y hablándome al oído «el mecánico aún no ha conseguido la pieza que le falta y me pidió unos días más. Solo eso…»

«Hum…ya» me solté de sus brazos «Voy a fingir que me lo creo. Venga, vamos. Te dejo en casa»

Me adelanté. Era obvio que formaba todo parte del plan, pero le seguiría el juego. Swan juega conmigo sabiendo cuánto me gusta jugar y lo que estoy dispuesta a hacer para no perder…¡nunca!

Continuamos hacia su casa, conversando sobre tonterías y, como me imaginaba, me invitó, de una forma infantil y necesitada, a subir. Estuve de acuerdo, ya teniendo en la mente lo que iría a pasar.

«No hay nada mejor como estar en casa, en paz…» la rubia dijo mientras se tiraba en el sofá

«Hay algunas cosas mejores, sí…» cargué mi voz de sensualidad, sentándome a su lado, cogiendo una revista que estaba encima de la mesita, y fingiendo desinterés.

«¿El qué? ¿Puedes decírmelo?» inclinó su cuerpo hacia mí, yendo hacia mi cuello»

«Hey, calma. ¿Qué piensas que estás haciendo?» la aparté delicadamente con las manos

«Te quiero a ti, Regina, Hemos pasado tanto tiempo lejos la una de la otra. Ya no aguanto más estas ganas » sus palabras salieron arrastradas y percibí su excitación

«¿Me quieres? Prueba que es verdad. ¡Reconquístame, Swan!»

«Haré cualquier cosa, lo que sea necesario» sus manos fueron hacia mi nuca, atrayéndome hacia un beso, que interrumpí segundos después.

Me levanté sin previas explicaciones, fui hasta la mesa del comedor, cogí una silla y la puse en el centro de la sala.

«Ven aquí» ordené

«¿Qué es esto?» preguntó sin entender, caminando hacia mí

Jugueteé un momento con mis dedos trazado la deliciosa curva de sus pechos, después subí hasta los hombros. Mi gesto hizo que las ropas que cubrían el cuerpo de Swan fuesen al suelo.

«¡Ahora siéntate!» otra orden, sin embargo con más vehemencia

«¿Qué?» parecía haberse asustado

«Mandé que te sentaras y quiero que te quedes bien quietita. Solo…mira»

Cogí mi móvil de mi bolso, escogí una de mis canciones preferidas para momentos íntimos y la puse.

«I've been thinking bout ya

Are you thinking boy me?

I know I went crazy

But you were wrong…"

Siguiendo el ritmo de la melodía fui moviendo mi cuerpo, acercándome a Emma que me devoraba con la mirada. Mordí el lóbulo de su oreja y tracé el camino hacia su cuello con mi lengua, sonriendo maliciosamente después. Me separé y le di la espalda, sentándome en su regazo, lo que hizo que mi vestido, ya corto, se levantara aún más exponiendo mis muslos. De inmediato, ella apretó mi cintura y pude sentir su respiración en mi nuca. Miré por encima del hombro y sentí placer al ver a la rubia con los ojos cerrados y la boca abierta como si estuviera en trance. Eso me atizó aún más. Comencé a moverme lentamente haciendo que mi trasero rozara con su vagina.

«Ahhhh…» ella no contuvo un gemido

«…oh, baby, cause

Missing you is way too hard to do

I'd rather be fucking you

Do you mind if I give you love

Cause I just wanna give you love

Won't you tell me if I'm doing too much

Missing you is way too hard to do…»

Yo bailaba entre sus piernas, a la vez clavaba mis unas en sus muslos, arañándola. De vez en cuando yo alzaba el trasero colocándolo frente a su rostro. Swan no estaba para nada inhibida, y dejaba que los suaves gemidos salieran de su boca. Me coloqué de pie, y le lancé una mirada cargada de sensualidad. Lentamente, me quité el vestido, quedándome solo con la lencería negra. Sonriendo, me senté de frente, y volví a moverme, esta vez, besándole los labios. Mordí el inferior antes de descender por su cuello, depositando leves lamidas y mordidas. Nuestras vaginas se rozaban, causándome una ola de estremecimientos por toda la columna. Sus manos se paseaban por mi cuerpo y por su aspecto, estaba segura de la tensión tan grande que ella estaba sintiendo. Restregué mis pechos aun con el sujetador por su boca, permitiendo que ella los lamiese. Emma estaba extremadamente excitada. Yo también. Nuestros cuerpos ardían de deseo y, aún sin ver, tenía la certeza de que su clítoris estaba hinchado y latía, anunciando un pre-gozo, así como el mío. Tomé su rostro entre mis manos y la besé con voracidad, con prisa, con fuerza, en una danza increíblemente placentera de nuestras lenguas. Cesé aquella tortura sexual, me levanté y me vestí.

«¿Qué…qué estás haciendo?» me preguntó la rubia jadeante, sin entender «¿Qué piensas que estás haciendo, Regina?»

«¿Qué ocurre, cariño? ¿Por qué todo ese asombro?» me hice la desatendida, mientras guardaba el móvil en el bolso, y me lo colocaba en el hombro derecho.

«Estás de broma, ¿no? ¡Mira en el estado que me has puesto!» dijo señalando la mancha clara que su excitación había dejado en la tela fina de sus bragas.

Me acerqué, coloqué mi mano en su vagina, masajeando lentamente y susurrándole al oído

«¿No estás satisfecha? Busca una forma de verme de nuevo…¿Te acuerdas de eso, señorita Swan?»

Sonreí maliciosa al término de mis palabras y caminé lentamente, moviendo mis caderas de forma sensual. Antes de cerrar la puerta tras de mí, me giré hacia Emma, le guiñé un ojo y le mandé un beso volado.

La noche había estado llena de emociones y la madrugada estaría colmada por la tensión reprimida del sexo no consumado.