Ranma ½ y todas sus situaciones y personajes son propiedad de Rumiko Takahashi. Hago esto por voluntad propia y sin fines de lucro.
Todo el olvido está lleno de memoria
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«Doy lo que puedo
y no tengo vergüenza
del sentimiento».
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(XI)
Ranma saltó el muro y entró en los terrenos del Instituto Furinkan con una Akane que se debatía en sus brazos. Corrió rápido hasta quedar a la sombra del edificio principal que proyectaba la luna.
—¿Quieres quedarte quieta? —le pidió a Akane cuando por fin la dejó en el suelo. Ella ya empezaba a moverse para poder darle una patada.
—¡¿Se puede saber qué te pasa? —exigió saber la chica mirándolo furiosa. Él solo agachó la cabeza, aceptando el aluvión de palabras que sabía que vendrían—. Desde que llegaste de tu dichoso viaje de entrenamiento esta mañana no me has hablado y cuando por fin te dignas a dirigirme la palabra ¡es para ordenarme que te acompañe! ¿Y qué ocurre? Pues que el señorito no entiende un «no» por respuesta y hace lo que le da la gana. ¿Te das cuenta del susto que me di cuando me tomaste así por sorpresa? ¡Podría haberte matado de un golpe, Ranma! ¿No podíamos por lo menos caminar como la gente normal? —terminó de decir resignada. Tomó aire para recuperarse.
—Lo lamento —replicó Ranma todavía cabizbajo—. Es que tenía que ser así. No podíamos hablar en la casa, iba a aparecer alguien, nos espiarían y todo se iba a arruinar.
—¿Qué pasa? —preguntó Akane frunciendo el ceño, prestando más atención. Se le formó una sensación en el estómago, ese presentimiento de malas noticias.
—A-Akane... tú... —Ranma dio un pequeño paso hacia adelante y movió su mano izquierda para tomar la derecha de ella. La chica se congeló—. Tú... ¡tienes que casarte conmigo! —exclamó levantando la cabeza y mirándola a los ojos.
Al observar la sorpresa en la cara de la muchacha se dio cuenta de su exabrupto, así que agregó en voz más suave.
—... Por favor.
Akane estaba estupefacta, y eso era poco todavía para describir su estado. Sentía la mano de su prometido temblar ligeramente en la suya y veía sus ojos bien abiertos, como pozos profundos cargados de sentimientos, oscurecidos por la sombra de la noche.
—¿Qué... qué... ? —no había atinado siquiera a moverse. ¿Era una broma? ¿Era real? ¿Deseaba aquello o lo hacía porque obtendría algo a cambio? Sintió el cerebro seco de ideas y pensamientos—. ¿Por... por qué... ?
Ranma la acercó hacia él en un movimiento brusco y la abrazó, apretándola de forma muy poco romántica. Akane tenía los ojos abiertos al máximo, lo escuchó hablar con voz suave y entrecortada en su oído.
—Escucha... presta atención porque... porque solo lo voy a decir una vez —tragó saliva y tomó aire apresurado—. No puedo... no puedo vivir sin ti... Todo el tiempo trato de empujarte lejos, pero vuelves a aparecer, sonriente o... o con ese gesto decidido, para ayudarme cuando más lo necesito. Lo intenté, de verdad, te juro que quise dejarte fuera de todos los problemas, pero aún así... aún cuando me fui a China y te dejé aquí ellos vinieron a buscarte y... —la apretó un poco más, con desesperación—. Pasaron cosas horribles y me sentí... Solo. Estaba vacío. Me di cuenta que si te pasaba algo entonces... nada, nada de lo que yo había hecho, o las cosas por las que vivía, nada tendría sentido... Entonces... es —se aclaró la garganta—... es necesario que te cases conmigo. Tengo que tenerte todo el tiempo cerca, tienes que estar donde pueda verte, tengo que saber que estás bien porque yo... yo te... —Ranma se detuvo, conteniendo el aliento, pensando que si hablaba el mundo a su alrededor iba a estallar. Akane abrió la boca, esperando que continuara hablando—. Akane yo... yo te quiero.
Ranma sintió que la cara se le inflamaba como una brasa así que no soltó a su prometida para evitar que ella lo viera en un estado tan deplorable.
Akane por fin pestañeó y el movimiento barrió las lágrimas que tenía acumuladas en los ojos. Tuvo la sensación de que la noche se adelgazaba y la luz de la luna brillaba más, a pesar de que ella veía borroso. Se quedó quieta un poco más, tomando aire para no ahogarse con el llanto.
Mientras tanto, Ranma juntó otro poco de valor y tomó a la muchacha de los hombros para poder separarla un poco de sí.
—¿Y bien... qué... qué dices?
Entonces notó su rostro bañado en lágrimas y su gesto desesperado. «¡Diablos! ¿Qué pasa? Lo arruiné todo».
—No... no llores, por favor —le pidió haciendo movimientos con las manos.
—Esa es la peor propuesta de matrimonio de la que he sabido —dijo Akane secándose las lágrimas con las manos.
«¡No puede ser! Lo sabía, tendría que haberlo escrito para que quedara mejor. Soy un idiota. ¡Maldición!».
—Pero fue muy sincera —siguió diciendo la muchacha—. Sé que es algo que te sale del corazón, Ranma... y eso me hace feliz.
«¡Soy un genio!». Y Akane sonrió y el mundo de Ranma se sacudió y tembló.
—¿Eso quiere decir... ? —preguntó el artista marcial casi sin voz.
—Yo... yo también te quiero —aseguró ella sonrojándose, bajando la cabeza.
—Ah... —el alivio lo recorrió entero de súbito, partiéndolo como un rayo—. ¿Y... ?
Akane lo miró desconcertada.
—¿Y qué?
—Sobre lo que te dije... —la impaciencia lo carcomía y le hormigueaba en la punta de los dedos—. ¿Qué me... qué me dices?
—¡Oh! Eso —la chica se llevó un dedo a la barbilla y estuvo meditando un rato, curvando los labios en una pequeña sonrisa—. Creo que... acepto casarme contigo... con una condición —terminó muy seriamente.
El muchacho la miró con los ojos muy abiertos del susto.
—¿C-Cuál?
—Que ya no me insultes. Nada de «marimacho», o «tabla de planchar», o «idiota» o esa clase de cosas.
—Lo hago si tú dejas de golpearme —replicó Ranma también muy seriamente, como negociando una cuestión de estado.
—¡No lo hago porque quiera! —se defendió ella—. Te mereces muchos de esos golpes.
—Quizás —concedió él—, y digo quizás, pero no todos. Ya sabes que yo no busco las cosas que me pasan. ¡No tengo la culpa de todos los problemas que hay!
—¡Hay muchos que podrías evitar! —exclamó Akane, y después trató de dominarse. No podía ser que se pusieran a pelear en un momento así, no quería tener esa clase de recuerdo de un acontecimiento tan importante. Suspiró—. Está bien. Puedo intentarlo, intentarlo de verdad.
—Si tú lo intentas, yo también —replicó su prometido.
Después sonrió y ella le devolvió la sonrisa con timidez, entonces Ranma no pudo evitar abrazarla de nuevo, estrechándola y refugiándose en su cuello.
—Con más suavidad, Ranma. No puedo respirar —dijo Akane entre risas.
El muchacho aflojó el abrazo para que ella estuviera más cómoda y sonrió sin poder contenerse. El paso más difícil estaba dado, tendrían muchas dificultades que enfrentar a partir de ese momento, pero en aquel instante no le importaba lo más mínimo.
Akane se puso de puntillas para rodearle el cuello con los brazos y por primera vez fue consciente de algo: en su camisa podía sentir su propio perfume mezclado con el aroma de él.
Si tan solo esas imágenes le llegaran de forma consciente tal vez podría dominarlas y sacarles el mejor provecho. Quizás podría retenerlas y explorarlas. Tal vez podría desentrañar si eran realmente recuerdos o solo imaginaciones suyas, deseos de cómo hubiera querido que fueran las cosas. Akane estaba sentada en el porche de la casa, disfrutando de la brisa fresca de la mañana y con la cabeza hecha un lío, como solía ser habitual en aquellos días.
Estaba triste, quizá un tanto deprimida, por no poder aclarar su mente y saber la verdadera razón de su problema. Si era verdad que ella, de alguna manera, había querido olvidar ¿por qué su cerebro se empecinaba en traer recuerdos una y otra vez? ¿Por qué casi todo lo que recordaba eran momentos alegres? ¿Había una parte de ella que se negaba a olvidar? Quizá solo en sueños era capaz de tomar las memorias como lo que eran y no agregarles ni quitarles nada de acuerdo al humor que tuviera, y así se presentaban realmente como habían pasado, así se tornaban en verdad parte de su vida, ¿sería posible?
Miró hacia el patio, donde Ranma y su padre estaban enfrascados en una lucha por ver quién golpeaba al otro primero. El muchacho le dio una patada al hombre de anteojos y lo mandó directo al estanque; un panda gordo y malhumorado se levantó del agua.
—Toma un poco de limonada antes de empezar las clases —le ofreció Kasumi alcanzándole un vaso.
La muchacha miró a su hermana mayor, estaba un poco inclinada hacia ella, con el cabello castaño cayéndole sobre el hombro izquierdo y una eterna sonrisa en el rostro.
—Gracias, Kasumi —replicó aceptando la bebida.
Un poco más allá, el panda había conseguido, a su vez, remojar a su hijo en el estanque y ahora estaba teniendo un encuentro de puñetazos y patadas con una mujer que tenía el cabello trenzado y un gi bastante grande para su cuerpo.
—Por nada, Akane.
Kasumi caminó con pasos suaves por las tablas del pasillo y al llegar a la entrada de la sala se paró de puntillas para poder colgar de uno de los tirantes de madera un fuurin.
—Parece que este año el verano se va a adelantar —comentó.
El pequeño badajo del adorno comenzó a moverse con la suave brisa, lo que hizo que la campanilla emitiera un sonido diáfano y tranquilizante que opacó por un momento los chillidos y ruidos que hacían en el patio la mujer pelirroja y el panda.
Kasumi suspiró.
—Hermana —Akane levantó la vista de su vaso de limonada—, quiero preguntarte algo.
—Dime, Akane.
—Yo... nosotros... ¿tu creés que nosotros somos felices?
La muchacha desvió la vista un momento para mirar al panda arrojando un cartel hacia la mujer con la que peleaba.
—Oye, viejo, te estás volviendo muy flojo —se burló Ranma esquivando el golpe con un salto.
Kasumi comprendió que ese «nosotros» no se refería exactamente a toda la familia. Sonrió.
—La respuesta a esa pregunta solo la tienes tú, hermanita —le dijo con dulzura y Akane agachó la cabeza, entre avergonzada y abrumada—. La felicidad... es algo muy subjetivo. A veces no podemos comprender cómo una persona es feliz aún en circunstancias difíciles.
—Se supone... —comenzó Akane lentamente—, se supone que uno se casa para ser feliz para siempre.
—Bueno, contigo y con Ranma las cosas nunca funcionaron de forma común y corriente ¿verdad? —Kasumi soltó una risita—. Además, ¿en serio te casaste porque querías vivir feliz para siempre? Nunca me imaginé eso.
Kasumi estuvo pensativa un momento, de pie en el umbral de la sala. El fuurin volvió a hacer un sonido tintineante. Finalmente la mujer entró y se dirigió a la cocina.
Akane frunció el ceño. «No, Kasumi. Me casé porque...». Y trató de completar la frase, pero no pudo. Volvió a mirar al panda, que ahora estaba tirado en el patio como un muñeco de felpa cualquiera, y a la pelirroja, sentada cerca con las piernas cruzadas, apoyando el codo en una de las rodillas y descansando la barbilla en la palma de la mano.
—Así no me ayudas a entrenar, ¿sabías? —murmuró aburrida mirando al panda.
«Has derrotado a tu maestro, ahora tu entrenamiento está completo», decía el cartel que sacó de la nada el panda.
Ranma le dio un golpe con el letrero de madera.
—¡Si así fuera, mi entrenamiento hubiera terminado a los 12! Esa es solo una excusa para tu pereza —se quejó, decepcionada, la mujer de trenza.
«Solo soy un lindo panda», escribió a continuación el susodicho animal.
—Bah... voy a buscar agua caliente —comentó Ranma levantándose.
Cruzó cerca de Akane sin mirarla.
—¿Dónde estará ese viejo verde cuando se lo necesita? Podría ayudarme ahora... son todos unos ineptos —iba murmurando.
Akane lo siguió con la mirada, sorprendida, hasta que él se perdió dentro de la casa. Al volver la vista al patio se encontró de frente con el panda que la observaba pestañeando. La muchacha dio un respingo.
«Deben trabajar más en las muestras de afecto. Así nunca nos darán un heredero» decía el cartel que levantó con una de sus patas.
—¡Tío Genma! Por favor —habló Akane casi escandalizada.
Se bebió el contenido de su vaso de un solo trago. Al principio hizo una mueca de desagrado al sentir el impacto del sabor ácido, poco a poco el paladar se acostumbró y sintió que su garganta se refrescaba con la bebida. Satisfecha, degustó la dulzura del final del vaso y se relamió los labios pensativa mientras miraba el recipiente vacío.
Le entregó el vaso al panda, que seguía observándola con el cartel levantado, y se encaminó al dojo.
El animal giró el letrero: «Yo también quiero un poco de limonada», pero allí no había nadie para leer su petición.
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En la tarde, Akane vio una pequeña figura que saltaba sobre el muro de la casa acercándose cada vez más hacia donde ella estaba. Era pequeña y parecía llevar un gran bulto sobre la espalda que distorsionaba su silueta.
—¡Te he extrañado mucho, querida Akane! —exclamó un viejito con voz rasposa saltando hacia ella. Akane le dio un puñetazo por inercia cuando la figura amenazaba acercarse demasiado a sus pechos.
El viejo rebotó en el atado que tenía en la espalda y volvió a estar de pie. La miró con lágrimas en los ojos y el rostro compungido.
—¿Este es el saludo que recibe un pobre ancianito cuando ha pasado tantos días lejos de casa? —preguntó con voz llorosa.
—Maestro Happosai —murmuró Akane.
—Sí, soy yo. He estado reuniendo un interesante botín —replicó el viejo sonriendo complacido—. Pero planeo agrandar mi colección y necesitaré la ayuda de mis fieles discípulos para encontrar las mejores prendas de los alrededores, por eso volví. ¡Soun y Genma, prepárense! Nos iremos en viaje de entrenamiento —exclamó al viento, mientras Akane suspiraba resignada.
—Pronto mi colección será la mejor y la más bonita de Japón —agregó Happosai con los ojos brillantes de emoción.
Dio varios saltos hacia el interior de la casa.
—Nos vemos más tarde, Akane —la saludó con una sonrisa inocente.
—Ah —acertó a decir la muchacha mientras lo observaba irse.
Ranma venía desde el dojo y se detuvo a su lado.
—¿Qué ocurre?
—Mm... nada —Akane sacudió la cabeza—. El maestro Happosai acaba de estar aquí. Se ve exactamente igual —comentó con cierto asombro.
Ranma se encogió de hombros.
—Ese viejo tiene más de 300 años —dijo—, unos pocos años más no se le notarían en nada. Pero ¿está en la casa?
—Sí, parece que vino con la idea de llevarse a nuestros padres de entrenamiento.
—Lo que significa que los llevará a robar ropa íntima por varios pueblos —acotó Ranma.
—Y a varios restaurantes, para después irse sin pagar y dejarlos a ellos trabajando en recompensa —indicó Akane.
—Sí... —Ranma se quedó pensativo—. Tal vez sea mejor así —murmuró después.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Akane.
Pero él no pudo responder, de pronto se escuchó un fuerte ruido. Vieron que se desquebrajaba una parte de la pared que rodeaba la casa y después los trozos saltaron por todas partes dejando un agujero. Por ahí apareció una bella mujer de pelo largo y púrpura, usando un diminuto vestido de estilo chino.
—¡Ni-hao! —saludó la recién llegada sonriendo y levantando un brazo.
—Shampoo —murmuró Akane desganada.
—Hola —suspiró Ranma con cansancio.
—Sigues sin aprender a usar las puertas, ¿eh? —preguntó Akane alzando una ceja.
—Shampoo venir a ver antiguo airen —explicó la amazona—. Estar preocupada, hace mucho tiempo que no ver. ¿Chica violenta sigue siendo muy violenta?
—Ehh... estoy bien —dijo Ranma evadiendo hábilmente la pregunta.
Shampoo se acercó a él para mirarlo atentamente, después le tocó la cara y le palpó el pecho.
—Ranma más delgado —comentó—. Y muy pálido, además. Chica violenta no hacerlo bien como esposa, antiguo airen elegir mal. Pero Shampoo estar disponible si arrepentirse.
Ranma vio su pequeña sonrisa y el brillo en su mirada cuando veía de reojo hacia Akane. Eso era algo que nunca cambiaría, las palabras de Shampoo y la reacción automática de su esposa como si apretaran un botón eran irremediables. No importaba cuánto amor, devoción o pasión pudiera demostrar él, cuando Shampoo aparecía todas las inseguridades de Akane volvían a la superficie y luego había muchos gritos y golpes. Y él tenía que tenerla en sus brazos toda la noche para hacerla entender... bueno, no es que eso le importara, lo malo era la parte de los golpes, porque siempre iban dirigidos a él, claro está.
Akane se levantó de su lugar como un resorte.
—¿Se te ofrece algo en particular? —preguntó apretando los dientes.
—Solo venir de visita —dijo Shampoo inocentemente—. Bisabuela enviar a Japón para supervisar a Mousse en el Neko-hanten.
—¿Supervisar a Mousse? —preguntó Ranma frunciendo el ceño.
—Tonto Mousse hace mucho no ir a China a informar sobre marcha del negocio —dijo la amazona mirando fastidiada hacia un costado—. Shampoo tener que venir personalmente a ver.
—Ah, bueno, no te preocupes —dijo Akane—, él se veía bastante bien cuando lo vimos.
—Sí, estaba muy contento con esa camarera nueva —agregó Ranma alegre.
—¿Camarera nueva? Shampoo no saber nada sobre camarera nueva —dijo la mujer con el ceño fruncido.
—Mousse contrató a una chica para ayudarlo —explicó Ranma entrelazando las manos detrás de la cabeza en una postura relajada—. Es una chica muy bonita.
Shampoo y Akane le dirigieron la misma mirada cortante.
—Chico-pato no deber hacer cosas sin consultar a Shampoo y bisabuela de Shampoo —replicó la amazona—. Esto no poder quedar así. Mousse escuchará a Shampoo atentamente.
—Tampoco es tan grave —dijo Ranma—, es solo para ayudarlo en el restaurante. Y lo hace muy bien, además.
Ese comentario pareció poner más furiosa a la amazona. Akane tuvo pena por el muchacho chino y se sintió con el deber de intervenir de alguna manera por su bien.
—Lo hace por ti —dijo mirándola—. Todo lo hace pensando en ti, aunque tú no sepas apreciarlo.
Shampoo levantó una ceja.
—¿Chica violenta intentar decir a Shampoo qué hacer?
El solo pensamiento del tonto de Mousse haciendo de las suyas en el restaurante con otra chica alrededor le había molestado más de lo que quería admitir. ¿Acaso el muchacho ya no le juraría amor eterno en cuanto la viera? Maldición, se le había quitado el buen humor de volver a Japón y poder ver a Ranma.
—Solo intento decir que Mousse te quiere de verdad —explicó Akane—. Deberías tratarlo mejor, aunque solo fuera por amistad.
La amazona se cruzó de brazos y empezó a dar golpecitos en el suelo con un pie.
—Shampoo conocer a Mousse hace mucho, mucho tiempo. Shampoo conocerlo mejor que nadie y saber cómo tratar. Tonto chico-pato solo hacer cosas que enfurecen a Shampoo.
—Como quieras —replicó Akane rodando los ojos, sabía que no podría cambiar la actitud de la muchacha china solo con algunas palabras.
Shampoo se acercó un paso hacia ella con una mano en la cintura. Akane se llevó una mano al pecho, retrocediendo instintivamente; al ver eso, Ranma frunció el ceño desconcertado. Sabía que su esposa podía enfurecerse, pero nunca se amedrentaba con Shampoo, y ahora parecía que quería huir de ahí.
—Shampoo pertenecer a tribu legendaria de amazonas de China —indicó la muchacha de cabello púrpura—, amazonas saber cómo tratar hombres. Amazonas solo ser atentas y amables con esposo, porque esposo ser útil a propósito de la tribu. Shampoo conocer más de hombres que Akane, porque Shampoo hermosa y deseable, no haber duda —agregó dando otro paso hacia adelante con una mirada entre desafiante y seductora.
—¡No, Shampoo! —exclamó Akane adelantando una mano como si fuera un escudo. Retrocedió un paso—. No te acerques a mí.
La amazona avanzó un poco más, contoneando las caderas y mostrando su bonita figura sin ningún recato.
—¿Por qué? —preguntó—. ¿Chica violenta no soportar la verdad que Shampoo contar? ¿Chica violenta no soportar visión de femineidad? Faltar mucho para igualar a Shampoo, ¿verdad? Admitirlo, ¿sí? —pidió con una sonrisa deslumbrante y su mejor cara de inocencia. Tal vez ya no podría tener al artista marcial como marido, pero disfrutaría de hacer enojar a Akane y provocar una pequeña pelea conyugal.
Ranma se cruzó de brazos suspirando hastiado. Las cosas estaban tomando el rumbo que normalmente tenían, pero él se estaba cansando de la situación, y la cara de su esposa no auguraba nada bueno.
—De verdad, Shampoo —pidió de nuevo Akane, y casi horrorizada vio que la mujer china se acercaba cada vez más—. No, por favor —declaró con una mueca de repulsión—. ¡No te acerques, tu perfume apesta!... Oh, no... creo que voy a vomitar —se tapó la boca con una mano y corrió al interior de la casa.
Ranma y Shampoo observaron con total incredulidad su despavorido escape, pestañearon al unísono y después se miraron. El gesto de desconcierto de Shampoo fue reemplazado lentamente por una expresión fiera y un ceño fruncido. Ranma trató de sonreír mientras una gota de sudor le resbalaba por la sien.
—Eh... je-je —el muchacho se rascó la nuca confuso—. Vaya... qué repentino, ¿verdad? —fue su espléndido comentario.
—Akane burlarse de Shampoo —sentenció la amazona con voz dura—. Ranma pagar por desaire —apretó ambos puños conteniendo la ira.
—Oye, no es necesario ponerse así —advirtió el muchacho intentando calmar los ánimos.
Sopesó rápidamente sus posibilidades, podía evadir sus ataques y desarmarla, pero se le haría realmente difícil golpearla. Detestaba tener que golpear mujeres (o a cualquier adversario, en realidad) si no había una verdadera razón de peso. Pero si no la derrotaba no podría deshacerse de ella con rapidez. Chasqueó la lengua.
—Ranma prepararse para sufrimiento —dijo la mujer.
—Vamos, Shampoo... Ya te derroté una vez —comenzó el muchacho con confianza—. Sabes que no hay nada que puedas hacer para vence...
Con los ojos abiertos como platos vio cómo la amazona se encaminaba al pequeño estanque del patio y se zambullía sin dudarlo. A los pocos segundos, salió de allí una gatita de suave pelaje rosado ondeando su cola.
El cabello de Ranma se crispó mientras todos sus músculos se tensionaban por los nervios. Tragó saliva mientras retrocedía con desesperación.
—Ga-ga-ga... —empezó a balbucear. Tenía la garganta seca y movía frenéticamente la cabeza buscando una vía de escape—. Ga-gato —dijo con voz entrecortada y agitando las manos—. Aléjate, aléjate de mí —pidió mientras empezaba a correr.
Pero la intención de la gatita no era esa. Lo persiguió mientras el artista marcial corría en círculos por el patio gritando como un bebé. De un ágil salto subió hasta su cabeza y se aferró allí.
—¡Quítenmelo! ¡Quítenmelo! ¡Gaaaaaaaatooooooooooooo! —fue el aullido que se escuchó en cinco calles a la redonda.
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«Esto es asqueroso», pensó Akane mientras se lavaba los dientes. De pronto el aroma a flores del perfume que llevaba Shampoo le había dado unas náuseas terribles; de solo recordarlo ahora volvía a sentir arcadas. Suspiró enjuagándose la boca y cuando levantó la cabeza y se miró al espejo, escuchó los gritos que venían del patio. ¿Qué estaría ocurriendo ahora?
Cuando salió afuera el panorama que se presentaba era uno que no llamaba para nada la atención en esa casa. Ranma corría por el patio con lágrimas en los ojos dando gritos que muy bien podían ser catalogados como «de niña», mientras Shampoo (transformada en gata) oficiaba como su sombrero y no parecía tener intención de moverse.
Akane volvió a suspirar y se masajeó la frente un momento antes de entrar en acción. Dio grandes pasos hasta el centro del patio y detuvo a Ranma por un brazo cuando él pasaba a su lado. El muchacho ni siquiera se dio cuenta que no seguía moviéndose.
—¡Quítenmelo! ¡Quítenmelo! ¡QUÍTENMELO!
Akane tomó a la gata por la piel del lomo y la levantó.
—Lo lamento, Shampoo, no es nada personal —avisó mirándola a los ojos. El animal la observó con expresión interrogante.
Seguidamente, Akane la lanzó lo más lejos que pudo por sobre el muro de la casa mientras la gatita soltaba un maullido.
—¡Te enviaremos la ropa al Neko-hanten! —gritó hacia el lugar por donde Shampoo había desaparecido.
Ranma estaba a su lado, temblando, con el rostro desencajado y todavía murmurando «Ga-gato». Ella lo llevó hasta el pasillo exterior de la casa y le dio unos golpecitos en la mejilla.
—Ya estás bien —lo animó y se sentó a su lado. Las puntas de los dedos de sus pies rozaban el suelo—. ¿Se puede saber qué pasó mientras no estuve para que terminaran así? Supuse que Shampoo tenía muchas más ganas de abrazarte como humana que como...
Se detuvo de pronto y miró hacia abajo. Ranma había acomodado silenciosamente la cabeza en su regazo y tenía el cuerpo hecho un ovillo como si fuera un niño pequeño. Akane se lo quedó mirando con los ojos abiertos de par en par mientras él le abrazaba las rodillas con un brazo.
La muchacha levantó una mano y la dejó un rato suspendida en el aire hasta por fin decidirse a acariciarle el cabello con suavidad. Ranma se estremeció.
—Tranquilo, ya pasó —murmuró Akane.
La campanilla de viento emitió un tintineo.
Por un momento estuvieron así los dos mientras ella le apartaba el cabello de la cara.
—¿Qué ocurrió con el muro? —preguntó Nodoka apareciendo por la puerta de la sala.
En menos de un segundo Ranma se había incorporado y estaba sentado junto a Akane como si la escena anterior nunca hubiera ocurrido. La muchacha se descubrió de pronto acariciando el vacío.
—Tuvimos una visita —le respondió Ranma a su madre encogiéndose de hombros—. Luego lo repararemos.
—Ya veo —replicó la mujer. Después soltó una risita—. Pueden continuar con lo que hacían, eran realmente un par de enamorados. Lamento haberlos molestado, hijo.
Y se fue.
Akane tenía la cara roja y no se atrevió a mirar a Ranma. Los dos se quedaron sentados uno junto al otro, sin moverse. Después de un rato ella empezó a sonreír, parecía que después de todo, las cosas no habían cambiado tanto.
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Continuará…
Este capítulo va para Jade, por la insistencia.
Nota de autora: Lamento haberlos hecho esperar y más tomando en cuenta que este capítulo no aclara nada sobre lo que todos quieren saber, pero es que tuve algunos problemas para la ubicación de las escenas. Espero que de todas maneras les guste y voy a tratar de no tardar mucho para el próximo.
"Fuurin" se traduce como "campanilla de viento" o "campanilla que evoca al viento", y es ese adorno con una campana pequeña y una cuerda, que generalmente tiene un papel con algo escrito, y se cuelga en las casas en Japón cuando empieza el verano. Estoy segura que todos lo han visto en algún animé o en el propio manga.
Kikko: Gracias por leer. Bueno, yo también espero que Akane recupere pronto la memoria y a ver si pasa todo lo que esperás. Saludos.
Karyn: Hola. Sí, ya sabía que esa última parte del capítulo los iba a tomar por sorpresa, pero bueno, tenía que pasar. Te mando un beso.
Nora: Ah, esa es la gran pregunta jaja. La continuación está acá, ya sé que no tan pronto como la querías, pero ¿qué se va a hacer? Saludos.
Cjs: Hola. Si querés te podés anotar al linchamiento público de Ranma que se está armando. La inscripción cuesta 1000 yens :) Saludos.
Ross: Hola, gracias por leer. Sí, te aconsejo que sigas inhalando y exhalando, es bueno para la salud. n_n Te mando un saludo.
Mariana: Muchas gracias por leer y escribirme. Me alegro de que te guste, aunque igual me odies. Tenés que aprender que en realidad en el fondo yo soy muy mala. Te mando un beso.
Any-chan: Hola, gracias por leer. Seguí haciéndote ideas nomás, para eso está la imaginación. Espero que te siga gustando. Saludos.
Barby: Sí, lo soy, lo admito. Pero el capítulo debía terminar ahí, te lo aseguro jeje. Gracias por pasar a leer. Te mando un beso.
Alita: Para nosotros sería divertido eso, pero supongo que para ella no jaja. Gracias por leer y comentar. Besos.
Magdal: Gracias a vos por leer. Las cosas se van a resolver... a su debido tiempo :). Besos.
Eve: Quisiera contarte todo, pero entonces ¿qué gracia tendría leer? Te agradezco por comentar. Saludos.
Sakura: Sí, soy mala, era hora de que se dieran cuenta jeje. A ver si te gusta este capítulo. Te mando un beso.
Belli: No, no llores... aún no es tiempo muahaha... Espero que este capítulo te haya hecho sonreír un poquito. Besos.
Romina: ¿Será que lo que pensás es lo que va a pasar? Mmm, no lo sé, no lo sé. Besos.
Linaakane: ¡Ánimo! Después de la tormenta siempre sale el sol. Espero que te guste este capítulo. Saludos.
Eiika: Hola. No puedo responder a tus preguntas, lo siento mucho jaja. Vas a tener que leer. Te mando un saludo.
Gracias a todos los que se pasan a leer. Hasta la próxima.
Romina
