No tengo ningún derecho sobre los personajes y el universo de Mass Effect. El único propósito de este Fic es el de entretener.

Mayor Kyle

Monstruo

Desde el momento en que me adentré en la gruta pude percibir el aroma a muerte. Con cada paso, el ambiente era más pesado y sofocante, la peste de la sangre dificultaba el respirar y la pólvora asqueaba los sentidos. Era como una pesadilla, cuerpos por todos lados, tantos de mis hombres como de los esclavistas. Casi irreconocibles.

Los sobrevivientes me saludaban al paso con una leve sonrisa victoriosa. Podía ver en sus caras el peso de la batalla y el horror que vivieron, cubiertos de polvo y sangre. Al pasar junto a ellos perdía la mirada en sus ojos oscuros y sin brillo, eran como profundos pozos de oscuridad, sin vida y llenos de dolor.

Esa no había sido una victoria… fue una masacre.

– ¿Mayor? ¿Se encuentra bien?

Sus voces me parecían vagas, como susurros sordos ante el eco sobreviviente de las armas que se detonaron en aquella base subterránea… no, era la guarida del caos.

No le contesté al soldado, seguí adelante, adentrándome más en aquella pesadilla. ¿Cómo iba a saberlo yo? Sí, era un asalto bélico, pero… había resultado mucho peor de lo que cualquiera hubiera esperado. Con cada paso que daba resonaban aún en mis oídos las suplicas de mis hombre por dirección en aquel enfrentamiento. Como se me informaban de todas las bajas y la difícil situación en que se encontraban. Era demasiado… estaba por ordenarles la retirada, cuando escuché su voz sobre todas las demás.

El frio se apoderó de mí entre más me adentraba en la fosa de la muerte; en espeluznantes susurros se convirtieron las voces de mis soldados y las sombras parecían bestias a punto de saltar sobre mí.

–Mayor –se reportó uno de mis oficiales cuando llegué al final de la caverna.

–Informe –dije con una voz casi irreconocible para mí.

Con un saludo, mi oficial comenzó a soltarme una lista de hechos que me golpearon directo en el pecho como puñetazos. ¿Cuántos… cuántos habían perecido en ese infierno? Mi mente cayó en un remolino profundo de soledad y oscuridad ¿Era caso todo mi culpa?

–… lo últimos se rindieron y se encuentran en aquella puerta a la derecha. No hubiéramos logrado someterlos sin la guía de la teniente Shepard…

Cuando escuché su nombre fue como si un potente estallido hubiera despertado mi adormecido cerebro. Una oleada de recuerdos llegaron a mi mente como cascada: podía escuchar su voz en mis oídos por medio del intercomunicador, reprochándome mis decisiones, ignorando mis mandatos, anunciándome… la destrucción, como el mensajero de la muerte. Ella había sido… era todo su culpa.

– ¿A qué te refieres? –se quejó otro soldado, mientras yo pasaba junto a ellos en dirección de la puerta previamente indicada –. Casi hace que nos maten a todos.

–Hubiéramos muerto todos si no fuera por ella.

Yo no los escuché más. Me dirigí como autómata hacia la habitación donde se suponía encontrarse los prisioneros. Podía sentir latir mi corazón con fuerza en mi pecho como preámbulo del horror al otro lado de la puerta; mis sentidos me lo advertían, pero continué adelante. Qué error garrafal. Pronto me vi rodeado de cadáveres de los supuestos prisioneros, todos muertos por el tiro de gracia, y justo en medio de la habitación, la parca yacía de pie entre la sangre y la muerte, contemplando su obra.

– ¿Mayor? –fue el saludo de Shepard.

– ¿Qué significa todo esto? –las palabras brotaron de mi boca sin control.

–La supresión del enemigo.

– ¿Supresión? ¡Esto es una carnicería!

Traté en vano de encontrarle sentido, pero era imposible. Frente a mí se encontraba ella, la causante de tanto derramamiento de sangre. Se justificó con calma ante sus acciones como necesarias y la única salida. A como su perorata seguía, sus palabras se convirtieron en silbidos y su lengua en la de una serpiente. La enfrenté, pero ella me acusó de todo, de mi debilidad y mi falta de juicio en la batalla; insistía en haber salvado la situación y de hacer pagar a los culpables de ello.

Poco a poco, sentí como mi pecho se hundía. Mi corazón en vano intentaba continuar latiendo, pero sabía que sucumbiría pronto ante la culpa… sí, era mi culpa. Yo la había elegido, yo le había dado ese mando, yo había traído a ese monstruo al combate, yo era el responsable de sus acciones… y pagaría por ella.

Pude verla crecer ante mí como dragón, con las garras y colmillos en mi dirección, apunto de destrozar mi carne. En mi pánico solté un golpe. El impacto alejó a la bestia de mí, dejando en su lugar a una mujer rubia con la mejilla cubierta de sangre, y el rostro vuelto hacia la pared a causa del impacto.

– ¡¿Mayor?! –gritó una voz detrás de mí. Era uno de mis oficiales que me había seguido hasta aquella habitación. De nuevo volví el rostro hacia Shepard y su mirada estaba puesta en mí. Como carbones llameantes, sus ojos delataron sus intenciones. ¡¿Qué había hecho?!

Esa era mi pesadilla. Los años siguientes atormentaron mis sueños, desquiciando mi mente y llenando mi corazón de miedo. Me dieron de baja en la Alianza, me prescribieron medicamentos y terapia; no era lo que necesitaba… debía huir, protegerme… sobrevivir. Creía que los bioticos podrían protegerme de la bestia, aquella que me perseguía en sueños y me dejaba sin aliento, pero no fue así. Me encontró y llevo a cabo aquello que sus ojos de fuego delataron aquel momento. Pagué mi golpe, con sus garras desgarrándome.